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Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe vol.22 no.1 Santiago mayo 2013

http://dx.doi.org/10.7764/psykhe.22.1.630 

PSYKHE 2013, Vol. 22, N˚ 1, 111-123

 

Juan Serapio Lois (1844-1913): Pionero de la Psicología Científica en Chile

 

Juan Serapio Lois (1844-1913): Pioneer of Scientific Psychology in Chile

 

Gonzalo Salas

Universidad Católica del Maule


El artículo releva la obra de Juan Serapio Lois y el contexto de la época en la que vivió. Las investigaciones relacionadas con la historia de la psicología en Chile plantean el inicio de la ciencia psicológica en el país en 1889, al llegar al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile el Dr. Jorge Enrique Schneider. Sin embargo, el avance de la historiografía permite observar en Lois al pionero adelantado, quien realiza una importante obra influenciado por el pensamiento positivista de Auguste Comte. El presente trabajo se aborda desde la metodología rizomática para la historia de la psicología y busca determinar las razones por las cuales Lois debe ser considerado un pionero de la psicología científica en Chile.

Palabras clave: Juan Serapio Lois, historia, psicología, pionero, Copiapó


The article highlights Juan Serapio Lois´ work, and the context of the time in which he lived. Research concerning the history of psychology in Chile sets the beginning of psychological science in the country during 1889, when Dr. Jorge Enrique Schneider arrived at the Instituto Pedagógico of Universidad de Chile. However, the progress of historiography has identified Lois as an advanced pioneer, who performed important work influenced by Auguste Comte´s positivist thinking. The present study follows the rhizomatic methodology for the history of psychology and seeks to determine the reasons why Lois must be considered a pioneer of Chilean scientific psychology.

Keywords: Juan Serapio Lois, history, psychology, pioneer, Copiapó


 

La historia de la psicología en Chile debe tener una relevancia crucial en la formación profesional y científica de los psicólogos, tanto en pregrado como en postgrado. En este contexto Kaulino y Stecher (2008) plantearon que el estudio en esta materia se encuentra en un incipiente estado de desarrollo. Sin embargo, es crucial agregar que se ha avanzado considerablemente de la expresión "en pañales" (Salas, 2002, Noviembre) argüida en el II Congreso Latinoamericano de Estudiantes de Psicología, desarrollado en Arica, Chile, donde se hizo alusión al escaso interés y producción en la historia de la psicología nacional. Este cambio se ha comenzado a suscitar durante los últimos siete años, lo cual se vislumbra con una serie de libros que han generado contribuciones significativas (Laborda & Quezada, 2010; Luco, 2010; Rodríguez & Villegas, 2007; Salas & Lizama, 2009; Villegas & Rodríguez, 2005; Winkler, 2007). Por otra parte, es importante mencionar la creación de la Red Chilena de Historia de la Psicología, fundada el 12 de Noviembre del año 2011, cuya pretensión es convertirse al mediano plazo en una sociedad científica, lo cual puede concebir un interesante escenario que permitirá a los/as historiadores/as de la psicología chilena mantenerse al tanto de sus trabajos, desarrollar un trabajo en red y concretar el desarrollo de nuevas propuestas de investigación.

El objetivo del presente artículo es presentar una síntesis de la vida, obra y acontecimientos más culminantes que rodearon el trabajo de Juan Serapio Lois Cañas, pionero de la psicología científica en Chile, quien desde Copiapó desarrolló un trascendental trabajo que articula diversos temas relacionados con la psicología, en una época denominada psicología sin psicólogos (Vezzetti, 1988). Si bien su llegada a Copiapó fue en el año 1871, el período más activo de su producción fue entre los años 1877, cuando publicó Hijiene Práctica, Pública y Privada Destinada al Uso General (Lois, 1877), y 1907, año en que terminó de escribir Estudio Científico del Cristianismo, Considerado Lógica, Moral y Políticamente (Lois, 1907). Si bien estos trabajos tuvieron una relevante impronta en el mundo científico, es Elementos de Filosofía Positiva (Lois, 1889) el trabajo que goza del mayor estatus en la producción intelectual del autor.

Desde un prisma metodológico, se utilizan tres textos de referencia que generan un abordaje comprensivo y crítico de la temática a tratar. Estos son: La Historiografía del Siglo XX. Desde la Objetividad Científica al Desafío Postmoderno (Iggers, 2012), Historia Crítica de la Psicología (Merani, 1976) y Metodología Para la Historia de la Psicología (Rosa, Huertas & Blanco, 1996). La confluencia de estos trabajos permite la creación de un nuevo modelo de investigación que se encuentra en proceso de elaboración y se denomina metodología rizomática para la historia de la psicología (Salas, 2012). Esta metodología busca un punto de proximidad entre las historias internistas y externistas de la psicología, evitando la dicotomía, y tiene como base el trabajo de archivo en el cual se encuentra gran parte de la evidencia historiográfica. Por otra parte, se considera un acervo de fuentes primarias y secundarias, dado que ambas son indispensables para recrear el paisaje y acercarse a los contenidos tratados.

Concepto de Pionero de la Psicología

Los libros de historia de la psicología relacionados con la vida y obra de los pioneros de la psicología se han escrito fundamentalmente en manuales de habla inglesa (Fancher, 2008; Fancher & Rutherford, 2011; Fuller, 2007; Kimble, Wertheimer & White, 1996), aunque existen excepciones, como el apasionante libro del psicólogo colombiano Rubén Ardila, denominado Los Pioneros de la Psicología (Ardila, 1971), en el que se realizan cuidadosas biografías de 13 pioneros de la psicología mundial, entre los que se incluye a autores clásicos, como Wundt, Pavlov y Freud, en conjunto con autores hispanoparlantes, como Mira y López e Ingenieros. En la introducción del libro se plantea que los pioneros convirtieron a la psicología contemporánea en una disciplina pujante, basada en una sólida metodología científica, fundaron escuela y abrieron un nuevo camino que seguiría siendo recorrido después por centenares (Ardila, 1971).

Ahora bien, en lo que respecta a las características que debe tener un pionero para ser considerado como tal, el historiador de la psicología paraguaya, García (2007), sugiere que para ser pionero de la psicología este debe adjudicarse todas o al menos algunas de las siguientes cualidades: (a) los pioneros fueron autores de libros, artículos, folletos, opúsculos u otros escritos susceptibles de encuadrarse en el área de la psicología; (b) contribuyeron a la psicología como materia independiente; (c) difundieron en el medio local la obra, ideas o las teorías de los autores que se reconocen como exponentes de la psicología; (d) ejercieron la investigación activa, ya sea original o de replicación; (e) colaboraron activamente en los distintos niveles de organización institucional que hicieron posible el afianzamiento de la psicología; (f) fundaron los primeros laboratorios psicológicos y/o institutos de enseñanza; (g) reunieron en torno suyo a una pléyade de discípulos y seguidores y (h) muchos pioneros fueron emigrados de otras naciones, fundamentalmente europeas. Al final de este trabajo se podrá visualizar cuáles de estas características son cumplidas por Juan Serapio Lois.

Contextualización y Aspectos Biográficos

Juan Serapio Lois Cañas nació en Santiago de Chile el 4 de Junio de 1844 (Lois & Vergara, 1956), mientras en Chile era presidente de la República Manuel Bulnes. En el mismo año de su nacimiento España reconoce, mediante un tratado, la independencia y soberanía de la República de Chile. Sin embargo, no es posible, a pesar de diversas instancias, terminar las negociaciones de límites con Argentina y Bolivia. Dos años antes había fallecido Bernardo O´Higgins en Lima, Perú el 24 de Octubre de 1842 (Concha & Maltés, 2008).

En esa época se desarrollaba en Chile la formalización de un sistema educativo público, gratuito, sostenido y administrado por el Estado. El gobierno de Manuel Bulnes fue un momento fundacional, tras el establecimiento de una primera institucionalidad educativa organizada en torno al Ministerio de Justicia, Culto e Instrucción Pública, la Universidad de Chile, operando como superintendencia, y la primera Escuela Normal de Preceptores, las dos últimas fundadas en 1842 (Ponce de León, 2010).

Sus progenitores fueron Benigno Lois Saravia y Tránsito Cañas, ambos de situación socioeconómica acomodada. Benigno Lois hizo su renta con un estanco de tabaco y como recaudador municipal de Santiago. Tránsito Cañas, hermana de Blas Cañas y de una respetada y conocida familia de la capital, falleció en el incendio de la iglesia La Compañía de Jesús el 8 de Diciembre de 1863. Un examen de literatura e historia que debía rendir Juan Serapio en el Instituto Nacional lo liberó de asistir a la fiesta religiosa, que fue trágica. Benigno Lois sobrevivió al incendio y siete años después de la muerte de su esposa falleció, dejando a su hijo cumplimentar sus estudios en el Instituto Nacional (Lois & Vergara, 1956).

Juan Serapio Lois ingresó posteriormente a la Universidad de Chile para cursar la carrera de medicina, tras desempeñarse en el intertanto como profesor en el Instituto Nacional, ayudado por el rector Diego Barros Arana. Enseñó los idiomas de inglés, francés, latín y griego. Egresó en 1871 con el título de médico y ese mismo año viajó a Copiapó para ejercer las cátedras de filosofía, literatura, castellano y gramática en el Liceo de Hombres de la nortina ciudad. Durante las tardes desempeñaba su profesión de médico cirujano en un consultorio que tenía en calle Atacama (Jónico, 1999, Febrero 10). En 1873 contrajo matrimonio en Copiapó con Raquel Fraga Cumplido, hija de padres de sangre minera, quien infiltró empuje y valor a su esposo.

El historiador Vial (1981) esclarece que previo a su permanencia en Copiapó y durante algunos años de habitar en esa ciudad, Lois había sido un hombre religioso. Su biografía anota una estrecha amistad con el obispo Guillermo Juan Carter; sin embargo, esta fue rota por un lío monetario, ya que una adinerada viuda -tía política de Lois- falleció legando todos sus bienes a la iglesia. Carter era culpado por aquella maniobra testamentaria. Lois tuvo una fuerte lucha interior por su fe católica, hasta que se unió de forma definitiva a la campaña positivista desarrollada por Valentín Letelier, también profesor en el liceo copiapino e ingresó a la logia masónica Orden y Libertad, cambiando radicalmente su concepción religiosa por un afanoso pensamiento laico (Jónico, 1999, Febrero 10). Hasta el momento se desconocen los argumentos que puedan permitir la comprensión de dicha transformación. En 1878 Lois fundó la academia literaria y en 1882, en el mismo liceo, creó la Sociedad Literaria Augusto Comte, en homenaje al sociólogo francés y fundador de la escuela positivista. A juicio de Álvarez (2008, Julio 9), Lois era una de las personas más representativas de Copiapó, avezado matemático, educador y formador de la juventud en los principios positivistas, racionalistas y librepensadores e inflexible luchador por la separación de la Iglesia y el Estado y por la educación laica para hombres y mujeres.

En l889 editó la primera versión de su obra Elementos de Filosofía Positiva, ejerciendo, además, como alcalde de la comuna, a la par con su rol de director del diario El Atacameño; incluso fue impulsor de la Ley de Instrucción Primaria Obligatoria, anticipándose medio siglo a su promulgación oficial. En 1901 Lois fue elegido presidente de la Asamblea Radical y, en una ceremonia realizada en la Alameda de Copiapó, Lois demostró una gran admiración por su patriarca Manuel Antonio Matta, a quien dedicó las siguientes palabras: "Bien merecía el bronce, quien fue ejemplo de virtudes, porque a la probidad política, unía la probidad moral y social" (Jónico, 1999, Febrero 10, p. 6). El 6 de Julio de 1906 fue nombrado en Santiago presidente de la Sociedad de Amigos de la Ciencia y miembro académico de la Facultad de Medicina y Farmacia de la Universidad de Chile (Jónico, 1999, Febrero 10).

Según Vial (1981), en Copiapó se centró su existencia futura hasta el final, siendo ocasionalmente director y permanentemente profesor en los liceos masculino y femenino, periodista, alcalde, político, conferenciante, médico, escritor de libros filosóficos y textos escolares y miembro de innúmeras sociedades culturales y progresistas.

En 1908, luego de superar los 40 años de servir abnegadamente a la comunidad copiapina, Lois sufrió un infarto cerebral y su hijo Arturo lo trasladó semiparalizado a Tal Tal, donde falleció el 9 de Febrero de 1913. El 1 de Noviembre de 1941, en una recordada y multitudinaria romería, sus restos mortales fueron trasladados desde Tal Tal al Cementerio General de Copiapó, donde reposan (Lois & Vergara, 1956).

Copiapó y el Zeitgeist de la Época

Para comprender la relevancia de Copiapó es necesario hacer alusión al paisaje de la época en el Chile de la segunda mitad del siglo XIX. La voz alemana Zeitgeist significa espíritu de los tiempos y es así como en 1875 Copiapó se transformaba en una de las ciudades más ricas y prósperas del país: rica por la minería de su departamento y su provincia, próspera por la misma riqueza, por el bienestar general de su población y por sus instituciones de cultura. La ciudad tenía monumentos públicos, tradiciones y leyendas de siglos. El orgullo local no olvidaba que allí había silbado por primera vez la locomotora en el hemisferio austral del mundo y que había estirado sus rieles la primera red ferroviaria de Chile (Galdames, 1937).

Las instituciones culturales se habían desarrollado a un tiempo con las fuentes de riqueza y con los impulsos de civismo. La ciudad tenía tres diarios y más de algún periódico o revista. Colegios particulares, escuelas públicas y privadas había en número superior a cualquier otro centro de población equivalente. Círculos literarios, ligas de protección para estudiantes y asociaciones de mutualidad obrera las había también, acaso solo comparables con sus congéneres de la capital. El dinero circulaba en abundancia para fines mundanos, pero daba su parte a la cultura (Galdames, 1937).

Por otra parte, Letelier (1878a) agregaba que la industria salitrera generaba para Chile una abundante fuente de riquezas, existiendo numerosos industriales emprendedores resueltos a efectuar la explotación de aquella sustancia en el norte. La gran poeta chilena, Gabriela Mistral, en su memoria sobre Chile también mencionaba a Copiapó como una ciudad valiosa en el norte, por ser el antiguo centro minero del país (Mistral, 1957).

En este contexto, la psicología científica se fue gestando de forma paulatina en las ciudades de Copiapó y Santiago. Sin embargo, es en la primera donde se habría comenzado a desarrollar, con aproximadamente una década de anterioridad respecto de Santiago. Si se considera el contexto planteado, no es casualidad que el primer laboratorio de psicología experimental creado en Chile se fundara en Copiapó en el año 1905, por el destacado educador Rómulo Peña Maturana (Bravo, 2004; Poblete, 1980, 1995; Salas, 2010a, 2011; Salas & Lizama, 2009). Este laboratorio, fundado en la Escuela Normal de Copiapó, fue desarrollado con la finalidad de medir la inteligencia, el vigor intelectual, la resistencia física y calificar científicamente al alumnado (Ramírez & Navarrete, 1932).

Rómulo Peña estuvo en Alemania entre los años 1889 y 1893, donde se incorporó primariamente al Seminario Real de Maestros de Dresde, estudiando pedagogía, ciencias naturales y matemáticas, para posteriormente insertarse en la Escuela Politécnica Superior de la misma ciudad para estudiar filosofía, psicología comparada y pedagogía. En 1892 ingresó a la Universidad de Leipzig para completar sus estudios de filosofía y psicología. En aquel contexto se impregnó del trabajo de Wilhelm Wundt y otros eminentes hombres de ciencia, como Ostwald, Heinze, Hoffmann y Richter, entre otros (Figueroa, 1932).

Llama curiosamente la atención no encontrar menciones -en las fuentes bibliográficas disponibles- que vinculen a Juan Serapio Lois con Rómulo Peña, considerando los intereses comunes relacionados con la filosofía, la psicología y la educación.

El Positivismo y la Influencia de Comte

Para comprender el esquema desde el cual Lois expandió su trabajo es necesario reseñar un breve desarrollo del paradigma positivista. Hacer referencia al positivismo es denominar al conjunto de ideas que caracterizó los inicios del pensamiento sociológico, a través de las obras de Comte y Saint Simon (Fernández, 2008).

Si bien la noción "positivismo" es un concepto polisémico que encierra una connotación histórica, epistemológica y filosófica, es posible entenderlo como una corriente filosófica, científica y cultural que se desarrolla en Europa decimonónica a partir de las ideas de Augusto Comte… (Saldivia, 2004, p. 1)

Fue Comte quien formó su gran sistema positivo, incorporando esta ciencia particular a la ciencia general (Letelier, 1878b, 1879) y fue el primero que dio el nombre de positivismo a dicha filosofía. El mismo Wilhelm Wundt, en su ignorada y escasamente valorada Introducción a la Filosofía (Wundt, 1912), planteó que el positivismo se originó casi al mismo tiempo en Inglaterra, Francia y Alemania y su objeto fue hacer un estudio de la filosofía de la realidad, atendiendo exclusivamente a los hechos.

Este positivismo se caracteriza por enfatizar la importancia del método y de la ciencia como fenómeno social que posibilita un ascenso inevitable hacia el progreso social y moral. Encierra, por tanto, las ideas propias de dicha cosmovisión que se difundieron principalmente a partir de la obra de Comte: Cours de philosophie positive (1830-1842), más las de autores como J. Stuart Mill y otros, las cuales se desarrollan con una extraña fuerza tanto en Europa como en los países recién independizados de América. (Saldivia, 2004, p. 1)

Augusto Comte escribió en 1852 el libro Catecismo Positivista o Exposición Resumida de la Religión Universal (Comte, 1852/1982). En dicha época el golpe de Estado de Napoleón III marcaba todo el acontecer político-social de la época y con ello se ponía fin al periodo revolucionario abierto a partir de 1848.

En el prólogo de ese libro el Sr. Bilbao mencionaba que Comte caracterizaba al Estado positivo en los siguientes términos: En primer lugar, por el establecimiento metódico de la subordinación de la imaginación a la observación, es decir, la recusación de los viejos métodos de conocimiento basados en la simple actividad especulativa del sujeto y que, a su vez, era consecuencia de plantearse problemas que no admitían solución. En segundo lugar, ponía fin a las pretensiones, tanto de la teología como de la metafísica, de desarrollar el conocimiento absoluto; por el contrario, el positivismo establecía la referencia a cada tiempo y lugar como principio que determinaba el contenido del conocimiento. En tercer lugar, el espíritu positivo presentaba una dimensión eminentemente práctica (Comte, 1852/1982).

Así, el objeto del conocimiento científico de la realidad es la previsión de los hechos mediante la puesta en claro de sus relaciones de sucesión. Comte vislumbró al positivismo como una religión, lo que se distingue en la siguiente expresión:

El dogma fundamental de la religión universal se resume, pues, en la existencia constatada de un orden inmutable, al cual están sometidos todos los acontecimientos. Este orden es a la vez "objetivo" y "subjetivo", en otros términos, conviene tanto al "objeto" observado como al "sujeto" observador. Las leyes físicas suponen leyes lógicas y recíprocamente las leyes lógicas suponen leyes físicas. (…) Toda la filosofía positiva reposa, pues, sobre esta doble armonía entre el objeto y el sujeto. Tal orden solo puede ser constatado, nunca explicado. Proporciona la única fuente posible de toda explicación razonable, que consiste siempre en referir cada acontecimiento particular a las leyes generales, que a partir de entonces, es susceptible de previsión sistemática, única meta de la verdadera ciencia. (Comte, 1852/1982, p. 81)

El mismo Comte (1875) mencionó que existía, sin duda, una importante analogía entre su filosofía positiva y lo que los sabios ingleses entendieron desde Newton por filosofía natural. La filosofía positiva se dirigía en general a todo quien busca la fuente segura de la verdad y espera comprender la verdadera posición del hombre en el universo (Littre, 1875, citado en Comte, 1875). Posteriormente, en Principios de Filosofía Positiva Comte (1875) realizó una aclaración del concepto filosofía positiva cuando aludió que:

[Empleó la palabra] Filosofía, en la acepción que le daban los antiguos i particularmente Aristóteles, para los cuales esa palabra designaba el sistema general de las concepciones humanas; i, añadiendo la palabra positiva, consideró que esta materia especial de filosofía, consiste en considerar que las teorías, en cualquier orden de ideas que sea, tienen por objeto únicamente la coordinación de los hechos observados, es lo que constituye el tercero i último estado de la filosofía general, primitivamente teolójica i en seguida metafísica, como lo explico desde la primera lección. (pp. 66-67)

Sin lugar a dudas, con el paso de los años el movimiento positivista habría sido el soporte teórico y la antesala del conductismo, creado por John Watson, del cual se aceptó consensuadamente su inicio con la publicación del artículo "Psychology as the Behaviorist Views it" (Watson, 1913), divulgado en la prestigiosa revista Psychological Review. Este trabajo, junto con las conferencias previas dadas por Watson en Columbia en 1912, provocaron una resistencia semejante a la que suscitara la primera publicación del clásico libro El Origen de las Especies, escrito por Charles Darwin (Watson, 1947).

El Positivismo en Chile

En Chile, el positivismo se difunde con una clara impronta francesa, esto es, que prima la tendencia de Comte. Dicha corriente principia a difundirse desde 1873 con la fundación en Santiago, de la Academia de Bellas Letras, organizada por un grupo de entusiastas intelectuales dirigidos por José Victorino Lastarria, quienes persiguen cultivar la literatura no solo como un arte sino además como un medio para la expresión de la verdad, según las reglas y exigencias de las obras científicas de Comte y en conformidad con los hechos demostrados de un modo positivo. Entre estos hombres públicos que asisten a las discusiones están Manuel Antonio Matta, B. Vicuña Mackenna, Diego Barros Arana, José Manuel Balmaceda, Miguel Luis Amunategui, los Hnos. Lagarrigue, Valentín Letelier, y por cierto, el líder: José Victorino Lastarria, quien ya se había declarado positivista en 1868; luego de leer por 1ra vez la obra de Comte: Cours de Philosophie positive. Por tanto, en rigor de la cronología, este sería el momento histórico que corresponde a la génesis del positivismo en Chile. Años más tarde, en 1874, Lastarria publica su trabajo: Lecciones de Política positiva, donde emplea el método positivo para el análisis de los estudios sociológicos, políticos y administrativos. (Saldivia, 2004, p. 1)

Lois, positivista de cuño lastarrino, fundó en Copiapó El Positivista: Periódico Filosófico, Literario, Científico i Moral. El periódico se editó entre los años 1886 y1889, pero funcionó casi como una extensión del también diario copiapino El Atacameño y como órgano de difusión de la Sociedad Escuela Augusto Comte. Este periódico fue un antecedente que casi 60 años más tarde se volvería a encontrar en una publicación positivista denominada El Sociócrata (1936-1938) que adhirió, además, a las reivindicaciones políticas y sociales de las clases proletarias (Memoria Chilena, 2004).

Según Saldivia (2004):

En los años ochenta del siglo XIX chileno, continúa la labor de divulgación del positivismo, ahora con nuevos simpatizantes entre estos, el educador Eugenio María de Hostos (portorriqueño 1839-1903), quien permanece en el país en dos períodos; primero entre los años 1872 y 1873 y luego entre 1888 y 1898. Este autor escribe frecuentemente en la Revista de Chile, difundiendo algunas nociones comtianas, en especial en lo referente a la educación a favor de la mujer y acerca de la conveniencia de incorporarlas a las carreras de las distintas ciencias aplicadas. (p. 1)

Valentín Letelier (1879) ilustró con fervor que el positivismo explicaba todos los fenómenos del mundo por las propiedades inmanentes de la materia, vigorizaba el raciocinio mediante el estudio de las matemáticas y hacía fuerte los estudios con métodos científicos adecuados. Saldivia (2011) enfatizó lo anterior, planteando que la cuestión filosófica del positivismo se relacionaba no solo con el rigor científico, sino también con la preocupación social. Ya en 1897 Lois comenzó a manifestar su visión positivista, adicionando un cambio radical a lo planteado anteriormente por Vial. Como fue mencionado, Lois, de ser un hombre religioso, pasó a ser una persona agnóstica, lo cual se vislumbró en un par de trabajos, el primero denominado Estudio Científico del Cristianismo, Considerado Lójica, Moral i Políticamente (Lois, 1897/1908) y el segundo, Tiqueolojía o Tratado de la Suerte (Lois, 1907). En el primero, con mucha sagacidad y precisión conceptual, intentó fundamentar de forma científica la no existencia de Dios, lo cual se puede corroborar en la siguiente frase: "Cada día, se van convenciendo las personas sensatas, de que toda la concepción acerca de uno o muchos dioses, viene a parar en el absurdo" (Lois, 1897/1908, p. 26). En este trabajo se burló de la teología y los teólogos, aludiendo que ellos llamaban ciencia a sus creencias y los refutaba, mencionando que no existía ciencia que consistiera en creer y que no existía ciencia como la teología, la cual daba por hecho todo lo que se concebía o imaginaba. En este sentido, agregó, a modo de ejemplo, que nadie cree en la aritmética de forma burda, lo cual ironizó explícitamente:

Dos y dos son cuatro, porque se conoce, se sabe, no se cree, porque solo se cree lo que se imagina. (…) En la teología, nada se sabe, todo se imagina, luego la teología no es ciencia, aunque se le aplique esa palabra. Se creyó que el cielo era una bóveda colocada por Dios, sobre la tierra, pero nada se sabía sobre ella, lo que no se sabe se imagina, luego los astrónomos, llegaron al fin, a conocer que no había tal bóveda, ni palacio alguno de Dios encima de ella, sino espacio indefinido en que los astros se hallan diseminados. (Lois, 1897/1908, p. 26)

El pensamiento positivista habría influenciado totalmente su visión de la religión y sus principales cosmovisiones de la vida. En el texto Tiqueolojía también expresó su coherencia con la visión positivista. Dicha obra versó sobre el antropomorfismo, el cual se relacionaba, a su juicio, con las diferentes explicaciones de los fenómenos vitales, la forma humana que se entrega a las causas de las cosas como efecto de actos humanos o semejantes a lo que los hombres ejecutamos.

Impresionaba, por otra parte, su conocimiento de la obra de Theodule Ribot, el más relevante psicólogo de la historia de la psicología científica francesa (Salas, 2010b), a quien parafraseó refiriendo que "las emociones reviven junto con imágenes sensitivas que como originariamente confusas o en parte fantásticas, aparecen extrañas, extraordinarias, maravillosas por tanto dan la concepción de lo sobrenatural" (Lois, 1907, p. 15). Lois se habría instruido de la importante obra de Ribot, denominada La Psicología de los Sentimientos (Ribot, 1896/1924).

Filosofía Positiva y Psicología Científica

Elementos de Filosofía Positiva fue publicado en Copiapó al mismo tiempo que el presidente José Manuel Balmaceda firmara el decreto del 29 de Abril de 1889, que diera origen al Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile (Salas & Lizama, 2009). Cuando se acordaron las bases orgánicas, el Sr. Federico Puga Borne ordenó al Ministro de Chile en Berlín el 25 de Mayo que contratara a seis profesores alemanes de instrucción superior, entre los que habría inmigrado el Dr. Jorge Enrique Schneider a enseñar pedagogía y filosofía (Letelier, 1940). Lois habría tenido contacto directo con Schneider. De hecho, en el prólogo de Elementos de Lójica hace alusión al programa de lógica aprobado por el Honorable Consejo de Instrucción, que fuera propuesto por el profesor Schneider al Instituto Pedagógico (Lois, 1899), lo cual se puede testificar al revisar el Programa de Pedagojía (Schneider, 1895) y la inclusión de lógica en dicha materia.

Volviendo al texto Elementos de Filosofía Positiva, específicamente en el apartado relacionado con la filosofía, Lois vinculaba el progreso efectivo de la civilización general a la vida práctica del hombre y de la humanidad. La vida afectiva la consideraba como el elemento superior que los verdaderos filósofos debían sistematizar, a fin de disponer el camino necesario para la marcha ordenada y progresiva de la civilización humana. Consideraba, al igual que Comte, que el afecto superior al cual se debían subordinan los afectos egoístas y afectos de tal importancia, como el amor a la familia y a la patria, era el amor a la humanidad (Lois, 1906a).

En el prólogo de la segunda edición del libro de 1906 el autor mencionaba lo siguiente:

El agregado de la sicología i la sociología que aparecerán en el segundo tomo, se destina a los que deseen profundizar la filosofía i ejercitar en las ciencias mentales. No obstante, varias partes de estas pueden utilizarlas profesores i alumnos como un desarrollo mayor de la materia de este primer tomo. (Lois, 1906a, p. 39)

Esta segunda edición fue dedicada a Valentín Letelier, ex rector de la Universidad de Chile, quien fuera uno de los grandes amigos de Lois, fundamentalmente en materias de ciencia.

La definición de psicología que Lois emitió en su obra fue: "la ciencia que se dedica al estudio de los fenómenos mentales…", agregando que "por esto los lójicos dan a su ciencia una base sicolójica" (Lois, 1906a, p. 41).

En este contexto, el autor realizó en innumerables ocasiones la diferencia entre psicología metafísica y psicología positiva, con la cual él adhirió, esbozando lo siguiente:

La sicolojía para los teólogos y metafísicos es la ciencia que se ocupa del alma, sus facultades, operaciones i conocimientos, del modo como adquiere estos i de la naturaleza i destino del alma misma. La sicolojía positiva es la ciencia que tiene por objeto el conocimiento de las leyes naturales que rijen la evolución de los fenómenos mentales para preverlos i adaptar el hombre a la humanidad. (Lois, 1908, p. 5)

Es importante aclarar que la psicología positiva definida por Lois en 1908 no tiene ninguna relación con la psicología positiva descrita en la actualidad por Seligman y Csikszentmihalyi (2000), como la ciencia de la experiencia positiva que, orientada desde la subjetividad, se focaliza en estudiar los rasgos individuales y las emociones positivas para permitir el desarrollo de una mejor calidad de vida. Ardila (2002) también describe que la psicología positiva en la actualidad se ocupa de estudiar variables como el optimismo, la felicidad, la creatividad y la salud, en oposición a la enfermedad.

Siguiendo con lo anterior y respecto del estudio de los fenómenos mentales, Lois (1908) volvió a parafrasear a Comte, señalando lo siguiente: "Tal estudio no podría ser abordado con alguna esperanza de éxito verdaderamente capital, sino cuando las principales concepciones científicas relativas a la vida orgánica, i en seguida, las nociones más elementales de la vida animal hubieran sido al menos bosquejeadas" (pp. 3-4).

Arturo Lois y Mario Vergara (1956) plantearon que Juan Serapio Lois divulgó como nadie todos los adelantos de la psicología y pedagogía de esa época. Dio a conocer, además de Ribot, que triunfaba como psicólogo, a Ramón y Cajal como biólogo y a Payot como profesor de educación de la voluntad. Venturino (1917) agregó que también se dedicó al estudio de los lógicos fundamentales como Aristóteles, Stuart Mill, Bain y Wundt, lo cual hizo resaltar, además de su molde pedagógico, sus avances en psicología. Lois dedicó gran parte de su vida científica a leer a dichos autores y dio importancia a los fenómenos del subconsciente. Desarrolló las ideas del yo y su formación en numerosas páginas de su obra. Puede decirse que sus conocimientos estaban al día en esta materia y aún hoy sus explicaciones satisfacen notablemente.

Su obra es no solo una síntesis relevante, sino un pensamiento original sobre el estudio de las ciencias naturales y la filosofía de las ciencias sociales, otorgando la importancia de la psicología en temáticas como las doctrinas del yo, los sentimientos en general, la inteligencia, la voluntad y la lógica. Venturino (1917) aclaraba que este trabajo merecía el calificativo de obra, porque fue un trabajo completo y profundo, que Arturo Lois y Mario Vergara (1956) acentuaran, añadiendo que Lois fue "el primero en Chile que estudió la psicología con criterio científico y dándole su importancia para la pedagogía" (p. 34).

Higiene, Medicina Social y Filosofía de la Medicina

Durante toda la época de su producción científica Lois no se olvidó de su condición de médico. La higiene pública era uno de los temas relevantes en la salud chilena a fines del siglo XIX y comienzos del XX. Así lo denotan las publicaciones periódicas de la época, como la Revista de Hijiene, (Instituto de Hijiene de Santiago, 1894/1924), el Boletín de Hijiene i Demografía (Instituto de Hijiene de Santiago, 1898/1921) y los Archivos del Consejo de Hijiene de Valparaíso (Consejo de Hijiene de Valparaíso, 1896/1903).

Lois se había adelantado a esta tendencia publicando Hijiene Práctica, Pública i Privada, Destinada al Uso General (Lois, 1877). En este sentido, indicaba que para ser lógico "es menester convenir que solo el médico es capaz de conocer a fondo la hijiene; pues, no puede desconocerse que la fisiolojia y anatomía son las ciencias que constituyen la base principal de la hijiene" (Lois, 1877, p. 6). Definió la higiene como "un arte que tiene por objeto conservar la salud, perfeccionándola" (Lois, 1877, p. 1). El objetivo de la higiene es conservar la salud, lo cual implicaba necesariamente la prolongación de la vida, que no es otra cosa que la conservación indefinida de la salud. En sus palabras, el estudio de la higiene consistía en:

1. Reconocer todas las cosas que influyen adversa o favorablemente en la perfección de nuestra salud; es este el estudio de los ajentes.

2. Reconocer los diferentes cambios de que son susceptibles, i que puedan influir en nuestra salud.

3. Reconocer las circunstancias variables de nuestro cuerpo, según las cuales aquellos pueden perfeccionar o empeorar nuestra salud. (Lois, 1877, p. 6)

Si bien en su trabajo Lois no abordó de forma directa el tema de la higiene mental, este se puede considerar un paso muy adelantado en esta temática, la que se consolidaría en 1931 con la fundación de la Liga Chilena de Higiene Mental y que, como mencionara el Dr. Salvador Allende (1933) -posteriormente presidente de la República-, el programa de la higiene mental debía abarcar la comprensión íntegra de diversos factores de índole psicosocial.

Lois buscaba enfatizar la importancia de la higiene, debido a que esta alejaría lo más posible toda ocasión de enfermedad y su preservación tenía lugar en razón de la oposición planteada por el autor entre los estados de enfermedad y de salud, pues conservando el último estado se evitaría caer en el primero. Es importante acotar a este respecto que ya en las décadas del 20 y 30 los estudios de higiene mental también se venían realizando en Argentina, por medio de la Liga Argentina de Higiene Mental (Kirsch, 2001a, 2001b), que se habría creado un año antes que en Chile.

El trabajo de Lois en estas materias no se quedó ahí; en 1906 publicó uno de sus últimos trabajos, denominado Filosofía de la Medicina (Lois, 1906b), con lo que se denota la importancia otorgada por el autor a la teorización y comprensión de la filosofía de la ciencia. Él mismo aclaró que la medicina formaba parte del sistema científico y que, como tal, no podía estar en pugna ni dejarse de relacionar con todos los conocimientos humanos, debiendo mantener una coordinación y una interdependencia sistemática. Las ciencias debían prestarse auxilio y la medicina debía ayudar al progreso de las demás, así como estas coadyuvan al progreso de la medicina (Lois, 1906b). En base a estas palabras se puede comprender el carácter de científico integral de Lois, quien no solo fue médico, filósofo y sociólogo, sino también uno de los primeros "psicólogos" en el período pre-profesional de la psicología.

Consideraciones Finales

Se ha realizado un recorrido por los aspectos más destacables de la vida y obra de Juan Serapio Lois Cañas y su relación con la incipiente psicología científica que se comenzaba a distinguir en Chile, fundamentalmente a partir de su citada obra Elementos de Filosofía Positiva. Si bien Andrés Bello ya había trazado algunos lineamientos en su teoría del entendimiento, editada por primera vez -aunque de forma incompleta- entre los años 1843 y 1844 en la primera revista científica de la Universidad de Chile, El Crepúsculo: Periódico Literario y Científico (Cartagena, González & Lastra, 2011), la principal diferencia entre el gran trabajo de Bello y el de Lois es que el de este último habría logrado una mayor amplitud y un reconocimiento explícito de la psicología como ciencia. Sin embargo, hay que reconocer que Lois no fue el primero que habló de psicología en Chile, pues el mismo Andrés Bello había mencionado a la psicología mental como una parte de la filosofía del entendimiento (Bello, 1881) y Vicente Padín, profesor de anatomía y fisiología del Instituto Nacional, había realizado una importante valoración de la inteligencia y su relación con los centros cerebrales y la moral (Padín, 1849, 1855).

Es importante destacar el trabajo de Lois por su impronta, originalidad y coherencia con el paradigma comtiano, positivista de base, que siguió el autor durante toda su vida intelectual. Este modelo fue integrando y dotando de un claro principio orientador a sus trabajos publicados. En base a lo investigado hasta el momento, es posible plantear que Lois fue realmente el primer pionero autóctono de la psicología científica en Chile, adelantándose incluso a los pioneros alemanes Schneider y Mann, que llegaron a Chile desde el año 1889.

En lo que dice relación con la discusión historiográfica -historia internista o historia externista-, se puede plantear que es relevante considerar ambas visiones, no desde un prisma dicotómico, sino más bien integrador, ya que el trabajo de Lois se vio favorecido por su condición de gran hombre, lo que, junto al devenir de un contexto sociocultural, político y económico favorecedor para el desarrollo de la ciencia, le permitió una amplia productividad y liderazgo.

Procede aclarar cuáles de las ocho características enunciadas por García (2007) para ser considerado pionero de la psicología dicen relación con Lois. En este sentido, se reconoce el cumplimiento cabal de al menos la mitad de ellas, las cuales fueron planteadas de forma transversal en diversos momentos del artículo:

1. Fue autor de los diversos libros ya descritos e incluso editor responsable del periódico El Positivista (Lois, 1886/1889), órgano de difusión de la Sociedad Escuela Augusto Comte, y redactor del diario El Atacameño (Lois & Vergara, 1956), en todos los cuales plasmaba sus escritos filosóficos, sociológicos y psicológicos.

2. Contribuyó con la enseñanza de la psicología, debiendo agregarse a lo ya esgrimido que el 26 de Marzo de 1883 abrió la primera cátedra de psicología en el Liceo de Copiapó (Lois & Vergara, 1956).

3. Introdujo y difundió en la cultura local las teorías de autores que se reconocen como exponentes de la psicología. En el catálogo de su biblioteca existían textos de Kant, Spencer y Wundt, entre otros. Esta biblioteca se incendió en gran parte el 12 de Febrero de 1902, junto con su residencia en calle Atacama 61, en Copiapó.

4. Ejerció la investigación de forma activa, ya sea original o de replicación. Su biógrafo Agustín Venturino (1917, 1918) planteó que Lois dio al mundo un sistema bastante inspirado en el aritmético o algebraico, refundiéndolo para las más sabias experiencias pedagógicas, pues empezando desde lo más simple llegaba a lo más complejo y los conceptos los conectaba de una forma que pocos podrían hacerlo.

Respecto al último punto, no queda totalmente claro a qué sistema se refiere Venturino; sin embargo, como se ha aclarado en diversos momentos del artículo, Lois fue un claro defensor del positivismo de Comte.

Es relevante esclarecer que el presente trabajo es una primera aproximación al relevamiento de la obra de Juan Serapio Lois, "nuestro pionero autóctono", por lo tanto, no tuvo como objetivo realizar un análisis excelso, ya que es el primer trabajo de corte historiográfico que se realiza sobre el autor desde el ámbito de la historia de la psicología, por lo cual su parsimonia representa un avance gradual para el estado del arte en la materia.

Como planteara Chatelet (1999), el historiador sabe que la lectura que ofrece de un trabajo no es definitiva y que no lo dice todo, por lo que sabe también que pueden existir documentos que se le han escapado o relatos que ha ignorado. En este sentido, la obra de historia es una presentación del pasado que debe ser profundizada y ensanchada continuamente. Eso es lo que procede realizar con el trabajo de Lois y con el de todos los autores con los que la historia de la psicología en Chile tiene deudas. Es necesaria la realización de nuevos trabajos sobre otros pioneros y pioneras, como Jorge Enrique Schneider, Wilhelm Mann, Rómulo Peña Maturana, Amanda Labarca, Luis Tirapegui, Ernestina Pérez, Eloísa Díaz, Andrés Bello y Valentín Letelier, solo por mencionar algunos/as autores/as cuya presentación será de gran preeminencia para avanzar en la reconstrucción de la memoria histórica de la psicología en Chile.

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Fecha de recepción: Enero de 2012.
Fecha de aceptación: Octubre de 2012.

Gonzalo Salas Contreras, Departamento de Psicología, Universidad Católica del Maule, Talca, Chile.

La correspondencia relativa a este artículo debe ser dirigida a Gonzalo Salas Contreras, Facultad de Ciencias de la Salud, Departamento de Psicología, Universidad Católica del Maule, Avda. San Miguel 3605, Talca, Chile. E-mail: gsalas@ucm.cl

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