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Psykhe (Santiago)

versión On-line ISSN 0718-2228

Psykhe vol.25 no.1 Santiago mayo 2016

http://dx.doi.org/10.7764/psykhe.25.1.814 

PSYKHE 2016, 25(1), 1-18 doi:10.7764/psykhe.25.1.814

ARTICULOS REGULARES

REGULAR ARTICLES

 

Sentido de Comunidad Como Fuente de Bienestar en Poblaciones Socialmente Vulnerables de Lima, Perú

 

Sense of Community as a Source of Well-Being in Socially Vulnerable Populations in Lima, Peru

 

Rosa María Cueto*, Agustín Espinosa*, Henry Guillén*, Miguel Seminario*

* Pontificia Universidad Católica del Perú


Estudios en contextos socialmente vulnerables sugieren que la identificación con el entorno social inmediato tiene efectos en el bienestar. Dichas relaciones cobran relevancia en contextos en los que las estrategias colectivas son necesarias para la supervivencia y el desarrollo familiar y comunitario. Esta investigación exploró la relación entre el sentido de comunidad (SC) y las expresiones subjetivas, psicológicas y sociales del bienestar en una muestra intencionada de mujeres y varones de barrios urbano-marginales de Lima Metropolitana (N = 150). A través de un estudio cuantitativo se encontraron relaciones significativas entre las dimensiones del SC y distintos aspectos del bienestar. El tiempo de residencia en la comunidad se asoció directamente con mayores niveles de SC y con algunas dimensiones del bienestar psicológico y social. Se realizó un análisis de ruta, cuyo resultado sugiere un modelo recursivo, en el cual el SC influye en el bienestar social y este, a su vez, en el bienestar psicológico. El bienestar subjetivo es impactado por el psicológico, mientras que el aspecto cognitivo del bienestar subjetivo fortalece, a su vez, el SC.

Palabras clave: bienestar psicológico, bienestar social, bienestar subjetivo, sentido de comunidad, contexto vulnerable


Studies conducted in socially vulnerable contexts suggest that identification with the immediate social environment influences well-being. These relationships become relevant in contexts where collective strategies are necessary for the survival and development of families and communities. The present study explored the relationship between the sense of community (SC) and the subjective, psychological, and social manifestations of well-being in a purposive simple of women and men living in Lima’s slums (N = 150). A quantitative study showed significant relationships between the dimensions of SC and several manifestations of well-being. The length of residence in the community was directly associated with higher levels of SC and with some dimensions of psychological and social well-being. A path analysis was conducted, whose results suggest a recursive model in which the SC influences social well-being, with the latter also having an effect on psychological well-being. Subjective well-being is influenced by psychological well-being, while at the same time the cognitive aspect of subjective well-being strengthens the SC.

Keywords: psychological well-being, social well-being, subjective well-being, sense of community, vulnerable context


 

Se consideran contextos de vulnerabilidad social a aquellos en los cuales las condiciones materiales y los recursos para solventar las necesidades básicas resultan insuficientes, lo que generalmente se acompaña de debilidades, tanto a nivel de las capacidades individuales como de las colectivas, para hacer frente a las situaciones de privación (Arriagada, 2005; Filgueira, 2001, Junio; Pizarro, 2001). En Perú las poblaciones asentadas precariamente en las periferias de las ciudades presentan una serie de características que las ubican por debajo de la línea de pobreza, encontrándose, por ello, en situación de vulnerabilidad. Las familias que habitan estos asentamientos provienen de distintos lugares del interior del país y, al asentarse precariamente en las ciudades, suelen enfrentar un conjunto de limitaciones relacionadas con el acceso a servicios básicos, el estado de las viviendas, la seguridad y el empleo (Cueto, 2011; Francke, 1996; Instituto Nacional de Estadística e Informática, 2001, 2013), condiciones de vida que son compartidas por los y las participantes de este estudio.

Se ha encontrado que las condiciones que mantienen en pobreza a estos sectores sociales pueden generar pautas de desorganización comunitaria y familiar, así como actitudes y valores interpersonales que podrían provocar frustración, agresividad y/o distancia psicológica, limitando las probabilidades de establecer lazos comunitarios (Balbuena, 2013; La Barrera, Espinosa, Cueto & Ferrándiz, 2012; Freire, 2012; Silva, 2000, citado en Palomar & Pérez, 2003; Távara, 2012) y afectando negativamente la percepción de apoyo social y la calidad de vida (Balbuena, 2013; Freire, 2012; Gracia & Herrero, 2006; La Barrera et al., 2012; Sánchez, 2000; Távara, 2012).

A pesar de lo anterior, se señala también que las condiciones adversas podrían ser un motor para la generación de procesos colectivos promotores del involucramiento y compromiso de las y los habitantes con ciertas metas orientadas a provocar cambios favorables en el entorno (Montero, 2004, 2006). Así, estas poblaciones suelen apostar por la construcción de redes de soporte para la superación de sus difíciles condiciones de vida (Bayón, 2012; Cueto, Seminario & Balbuena, 2015; Ráez, 1998; Ráez, Niño de Guzmán, Martínez & Rossel, 1991; Távara, 2012). Este despliegue de estrategias colectivas y la percepción de apoyo social tendrían un efecto positivo en el ajuste psicológico, la satisfacción con el entorno social, las sensaciones de confianza interpersonal y control, el autoconcepto y la autoestima (Cohen, Gottlieb & Underwood, 2000; El Troudi, Harnecker & Bonilla, 2005; Gracia & Herrero, 2006; Hombrados, 2010; Palomar, Lanzagorta & Hernández, 2004; Palomar & Pérez, 2003; Ríos & Moreno, 2010; Sánchez, 1991; Vásquez, 2008).

De ahí la pertinencia de recuperar percepciones y valoraciones desde las personas en situación de vulnerabilidad social para, desde allí, comprender lógicas de acción colectivas e individuales en la búsqueda de mejoras en la calidad de vida (Bayón, 2012; Dakduk, González & Malavé, 2010; Small, Harding & Lamont, 2010, citado en Bayón, 2012).

Por lo anterior, la presente investigación tuvo el propósito de aproximarse al estudio de los fenómenos psicológicos implicados en el desarrollo de relaciones sociales y acciones colectivas y su vinculación con indicadores de bienestar y satisfacción derivados de aspectos individuales y del entorno social en comunidades en condiciones de vulnerabilidad social, con el fin de dar luces respecto de cómo la adherencia a un colectivo de relevancia para los individuos impactaría en su subjetividad, tal como lo sugieren los estudios previos.

Comunidad y Sentido de Comunidad

Se define comunidad como una unidad simbólica relacionada con la vida en común (Hombrados, 2010), así como un espacio dinámico e intersubjetivo caracterizado principalmente por la pertenencia, la interrelación y la cultura compartida por sus miembros, y cuya finalidad es responder a las demandas del entorno y satisfacer las necesidades compartidas (Krause, 2007; Martínez, 2006). La comunidad es también el escenario de la construcción de relaciones humanas y valores interpersonales vinculados al conocimiento de los y las demás, a la conciencia del colectivo y de una situación de vida compartida, así como a la búsqueda de cambio social a través de la organización y la cohesión social (Montero, 2004; Sánchez, 2007).

Por su parte, el sentido de comunidad (SC) se define como el sentimiento de pertenencia a una comunidad, así como la percepción de interdependencia entre sus miembros, por la cual cada miembro del colectivo se siente importante para los demás y para el grupo (Sánchez, 2007). De este modo, el SC favorece el surgimiento de un compromiso conjunto por la satisfacción de las necesidades grupales, psicológicas y materiales (McMillan & Chavis, 1986).

El SC es un constructo de estructura multidimensional, organizado en cuatro componentes: membresía, influencia, integración y satisfacción de necesidades y conexión emocional (McMillan & Chavis, 1986; Sarason, 1974). La membresía se define como el sentimiento de pertenecer a una red de relaciones sociales que brinda la posibilidad de diferenciar entre quienes forman parte de la comunidad y quienes no, a partir de los siguientes elementos: (a) límites geográficos y simbólicos que protegen la intimidad grupal; (b) seguridad emocional y confianza para la expresión de sentimientos y la satisfacción de necesidades afectivas; (c) sentidos de pertenencia e identificación, relacionados con la creencia y expectativa de que se está inserto/a en un grupo al cual se pertenece; (d) inversión personal, sustentada en el esfuerzo por buscar ser aceptado/a en el grupo, junto con la percepción de que a cambio el individuo tiene un lugar en el colectivo y (e) historia y sistema simbólico compartidos, generados en la convivencia y la aprehensión de acontecimientos y símbolos propios de la comunidad, brindando un sentimiento de identificación y reconocimiento (Maya Jariego, 2004; McMillan & Chavis, 1986).

El segundo componente se refiere a la influencia recíproca entre las acciones de la comunidad y las del individuo. Mientras se perciba que se ejerce un mayor poder e influencia sobre el colectivo, se experimentará mayor atracción hacia el mismo, lo que favorecerá el consenso y la cohesión comunitaria (McMillan & Chavis, 1986; Montero, 2004, 2006; Sánchez, 2007).

El tercer componente está vinculado con la integración de los miembros y la satisfacción de sus necesidades como funciones principales de una comunidad, que se transforman en metas colectivas priorizadas por el grupo. Así, las comunidades fortalecidas brindarán a sus miembros la capacidad de satisfacer sus necesidades por sí mismos, para lo cual favorecerán el intercambio de recursos (Hombrados, 2010; McMillan & Chavis, 1986; Sánchez, 2007).

El último componente del SC, la conexión emocional, se relaciona con los lazos afectivos entre el individuo y el colectivo, originados tanto en la búsqueda conjunta por dar solución a problemas comunes como en la superación de crisis individuales y grupales a través de la creación de redes, lo que redundaría en un incremento en la percepción de apoyo social (Hombrados, 2010; Maya Jariego, 2004; McMillan & Chavis, 1986; Montero, 2006).

Távara (2012) sugiere que los cuatro componentes del SC podrían organizarse en pares, considerando su foco y naturaleza subjetiva-simbólica. Así, las dimensiones conexión emocional y membresía se referirían a una evaluación subjetiva respecto de la vinculación individual con la comunidad, mientras que las dimensiones de influencia y satisfacción de necesidades hacen referencia a componentes de estructura más pragmática y concreta.

Se tiene evidencia respecto de la relación entre el SC y los niveles de satisfacción con la comunidad, en tanto el primero reforzaría las relaciones entre los miembros del colectivo, potenciándose, así, la percepción de control sobre el entorno (Maya Jariego, 2004). También se ha visto que la evaluación de las características del entorno físico en que se habita y la percepción respecto de la influencia y acción de las organizaciones vecinales afectan los indicadores de SC (Maya Jariego, 1996).

El SC es, entonces, el resultado de un balance subjetivo respecto de la pertenencia grupal y sus correlatos emocionales y prácticos derivados del intercambio y la vivencia individual y compartida en la búsqueda cotidiana de satisfacer necesidades en diversos planos. De ahí la vinculación teórica y empírica entre el SC y las diferentes perspectivas psicológicas respecto del bienestar.

Bienestar y Sentido de Comunidad

El bienestar individual ha sido estudiado por la psicología principalmente desde dos perspectivas: la perspectiva hedónica, que plantea el bienestar en términos de la búsqueda del placer y la evitación del displacer y lo aborda a través del concepto de bienestar subjetivo (Diener, Suh, Lucas & Smith, 1999) y la perspectiva eudaimónica, uno de cuyos constructos representativos es el bienestar psicológico. Desde esta perspectiva, se define el bienestar como la evaluación del individuo acerca de su desarrollo personal y su funcionamiento psicológico (Peterson, Park & Seligman, 2005; Ryan & Deci, 2001; Ryff & Singer, 2008).

El bienestar subjetivo ha sido conceptualizado también como aquellas conclusiones a las cuales se arriba al momento de realizar una evaluación global de la propia vida (Gómez, Villegas de Posada, Barrera & Cruz, 2007) sobre la base de dos elementos principales: una evaluación cognitiva resultante del análisis acerca de las condiciones y circunstancias vitales actuales, denominada satisfacción con la vida, y una respuesta afectiva, referida al balance entre afectos positivos y negativos experimentados en el día a día (Diener & Ryan, 2009). Se señala que el componente cognitivo tenderá a ser más estable, mientras que el balance de afectos podría cambiar en plazos relativamente cortos de tiempo (Triadó & Villar, 2008).

El bienestar psicológico, por su parte, hace referencia a la autorrealización y, principalmente, a la evaluación respecto del desarrollo de una vida con propósitos importantes (Ryff & Singer, 2008). Casullo (2002) menciona que el bienestar psicológico implica también la capacidad percibida de lidiar con emociones negativas y enfrentarlas de manera saludable, logrando darle un significado a cada experiencia.

Con el fin de medir el bienestar psicológico, el modelo multidimensional de bienestar psicológico presenta seis dimensiones que consideran aspectos vinculados con la autorrealización, el funcionamiento mental positivo y el ciclo vital. Las dimensiones del modelo son las siguientes: (a) autonomía, referida a la libertad para actuar, plantear y tomar decisiones, independientemente de la opinión de los demás; (b) dominio del entorno, relacionado con las competencias personales para modificar el entorno con el fin de satisfacer necesidades y valores individuales; (c) crecimiento personal, vinculado al sentimiento de crecimiento y expansión personales y relacionado directamente con el autoconocimiento y la autoeficacia; (d) relaciones positivas con otros, que da cuenta de las competencias personales para lograr el establecimiento de relaciones cálidas, satisfactorias y confiables con los demás; (e) sentido de la vida, que hace referencia a la conciencia del pasado y el presente, así como a la capacidad para establecer metas, propósitos y dirección de la vida y (f) autoaceptación, descrita como la capacidad para mantener una actitud positiva a nivel personal (Ryff & Singer, 2008).

Mientras el bienestar subjetivo refleja las sensaciones positivas relacionadas con las vivencias experimentadas a lo largo de la vida y la ausencia de problemas y de sufrimiento, así como la comparación entre la situación actual y ciertos estándares que juzgamos deseables, el bienestar psicológico se relaciona con la claridad percibida en términos de metas de vida, de las capacidades para alcanzarlas, superar obstáculos y encontrar el sentido de la propia existencia (Triadó & Villar, 2008). Cabe señalar que los estudios reportan asociaciones directas entre el componente cognitivo del bienestar subjetivo y el bienestar psicológico, principalmente en sus dimensiones de autoaceptación, dominio del entorno y crecimiento personal (Fuentes, 2005; Triadó & Villar, 2008). Se sugiere, además, que el bienestar psicológico sería un antecedente del bienestar subjetivo (Kashdan, Biswas-Diener & King, 2008; Vázquez & Castilla, 2007), transitando así desde un nivel más específico y particular de evaluación hacia un ámbito más global e integrador.

Por otra parte, se considera al bienestar social como una medida referida a la valoración que hace el individuo acerca de su entorno social próximo, así como al balance respecto de su propio funcionamiento dentro del mismo (Blanco & Díaz, 2005; Keyes, 1998). Keyes (1998) plantea cinco dimensiones del bienestar social: (a) integración social, que evalúa la calidad de las relaciones sociales establecidas por el individuo; (b) aceptación social, que estima la percepción de pertenencia al colectivo, con énfasis en la confianza, aceptación y actitudes positivas hacia los demás; (c) contribución social, que comprende la percepción de que se es valioso para su comunidad; (d) actualización social, vinculada con la percepción de la propia comunidad como dinámica, direccionada, con metas y objetivos claros y (e) coherencia social, que evalúa la percepción de la capacidad individual para entender la dinámica social.

A nivel empírico se han encontrado vinculaciones entre el bienestar en sus diferentes medidas y el SC. Así, un estudio con población rural de la costa norte del Perú encontró asociaciones entre el SC y las dimensiones de aceptación social y contribución social del bienestar social, así como entre el SC y la dimensión de propósito en la vida del bienestar psicológico (Balbuena, 2012). Por otro lado, existe evidencia que sostiene que el SC actuaría como una variable predictora del bienestar social (Albanesi, Cicognani & Zani, 2007) y del bienestar psicológico (Vega & Pereira, 2012).

Resulta relevante señalar la vinculación teórica entre el SC y la perspectiva de la identidad social, que deriva de los elementos de membresía y vinculación afectiva con el colectivo, contenidos en ambas propuestas teóricas (Tajfel, 1981/1984; Tajfel & Turner, 1979/2001). Desde la perspectiva de la identidad social, se reportan asociaciones entre la identificación con el colectivo y los niveles de bienestar subjetivo y social, con un efecto más directo en el segundo (Espinosa & Tapia, 2011). Asimismo, se ha reportado que la identificación con el colectivo, especialmente la valoración de la pertenencia al mismo, se vincula de manera directa con las dimensiones de crecimiento personal, autonomía y propósito en la vida del bienestar psicológico, así como con las dimensiones de contribución e integración social del bienestar social (Arellano, 2011). Se ha establecido que el sentimiento de pertenencia al colectivo, al favorecer la participación en actividades en beneficio de la comunidad, impactaría positivamente en el bienestar social (Cicognani et al., 2007).

Por otra parte, se señala que ciertos procesos sociales, como la migración y el empobrecimiento de algunos sectores, parecen tener impacto en las dinámicas colectivas y, por lo tanto, en el bienestar derivado de ellas, específicamente en términos del bienestar social y subjetivo (Balbuena, 2013; Herrero, Gracia, Fuente & Lila, 2012; La Barrera et al., 2012), dado que estos procesos sociales conllevarían la adopción de nuevas pautas de convivencia entre los miembros que conforman la comunidad (Ariza & de Oliveira, 2007; Balbuena, 2013;

La Barrera et al., 2012), así como la percepción de desintegración y desorden social (Herrero et al., 2012). Estas situaciones, a su vez, provocarían conflictos y disturbios emocionales que a mediano plazo incrementarían la vulnerabilidad social (Luthar, 2003; Marques & Kohler, 2000; Vásquez, 2008).

Pese a las limitaciones que implican las condiciones de vida en contextos de pobreza, se tiene evidencia de que aun en situación de vulnerabilidad social los colectivos pueden desarrollar estrategias orientadas a enfrentar con éxito las condiciones de precariedad en las que viven (Bebbington, 2005; Becoña, 2006). Lo anterior tendría un impacto positivo en los niveles de satisfacción con el entorno social y con las propias condiciones de vida, al tiempo de propiciar el desarrollo de alternativas orientadas a la superación de las dificultades individuales y colectivas (Becoña, 2006; Cueto, 2011; Montero, 2004).

A partir de lo revisado, es posible sostener que el SC, como proceso identitario sustentado en la vinculación cognitiva y afectiva con el espacio en el que se habita, tendría algún impacto en los planos individual y social del bienestar (Arellano, 2011; La Barrera et al., 2012). Así, el SC funcionaría como un factor asociado a las diferentes dimensiones del bienestar, originadas en los esfuerzos colectivos por satisfacer necesidades básicas en contextos de desigualdad y exclusión (Balbuena, 2013; La Barrera et al., 2012; Távara, 2012). Lo anterior sugiere una lógica de retroalimentación entre ambos procesos: el SC vinculado con el espacio de vida, concretamente el vecindario, y los niveles de bienestar en el ámbito individual y social de los sujetos que lo habitan (Hombrados, 2010).

Asimismo, la evidencia encontrada en estudios que incluyen diversas variables de identificación permite sugerir que los diferentes tipos de bienestar se relacionarían entre sí en una lógica que va desde los niveles más colectivos (bienestar social) a los individuales y de procesos de mayor a menor complejidad (bienestar psicológico y bienestar subjetivo) (Balbuena, 2013; Espinosa, Schmitz & Rottenbacher, 2013; Freire, 2012; Genna & Espinosa, 2012).

Dado lo anteriormente visto, queda claro que el estudio de los procesos de identificación social y su relación con el bienestar cobra especial relevancia en contextos de vulnerabilidad, en tanto las condiciones de vida tendrían un efecto en cada uno de estos procesos. De otro lado, la evidencia sugiere una relación entre el SC y las distintas dimensiones del bienestar y, a su vez, una interacción entre estas. De ahí surgió como interés para la presente investigación evaluar de forma integrada los diferentes aspectos y dimensiones del bienestar y del SC en un contexto de pobreza urbana y detectar la relación entre estas variables, así como explorar la configuración de las diferentes dimensiones del bienestar, tomando como punto de partida el SC como proceso identitario afincado en el barrio de residencia. Así propuesto, este estudio permitiría delinear futuras intervenciones para el fortalecimiento comunitario y el bienestar de los/as pobladores/as de las zonas incluidas en la presente investigación.

Objetivo e Hipótesis del Estudio

El presente estudio tuvo como objetivo general analizar las relaciones entre el SC y los diferentes tipos de bienestar en un conjunto de personas que viven en contextos socialmente vulnerables en Lima Metropolitana.

Asimismo, se plantearon como hipótesis que: (a) el SC funciona como un factor predictor del bienestar subjetivo, psicológico y social, a partir de lo encontrado en estudios previos que vinculan estos procesos (Albanesi et al., 2007; Balbuena, 2013; Cicognani et al., 2007; Hombrados, 2010; Távara, 2012) y (b) el bienestar social incide en el bienestar psicológico y estos dos, a su vez, inciden en el bienestar subjetivo, a partir de lo encontrado en estudios que vinculan las diferentes dimensiones de bienestar (Arellano, 2011; Espinosa, Ferrándiz, Cueto & Pain, 2013; Kashdan et al., 2008; Vázquez & Castilla, 2007).

Método

Participantes

Todos los participantes eran adultos/as residentes en tres comunidades (conocidas como Asentamientos Humanos) ubicadas en zonas socialmente vulnerables del distrito de San Juan de Miraflores en Lima, Perú (N = 150). El tamaño de la muestra fue establecido atendiendo a los criterios que determinan el número adecuado de sujetos para realizar los análisis estadísticos en estudios de diseños no probabilísticos, esto es, cinco sujetos como mínimo por ítem de la escala (Argibay, 2009).

La elección intencionada de las comunidades se debió al interés por levantar información que permitiera delinear una futura intervención orientada al fortalecimiento comunitario y bienestar de los/as pobladores/as de esas comunidades específicamente.

Para la selección intencionada de los/as participantes se buscó a quienes cumplieran con los siguientes criterios: ser mayores de edad, residir un año como mínimo en la zona de investigación y tener disponibilidad para acceder a la aplicación de los instrumentos. Las edades de los/as participantes fluctuaban entre 18 y 68 años (M = 35,2, DE = 10,0), el 74,3% nació en Lima y el 64,7% es de sexo masculino. Con respecto al nivel educativo, el 17,6% tenía estudios primarios (completos o incompletos) o educación pre-escolar, 36,5% tenía secundaria o estudios técnicos incompletos, 38,5% tenía secundaria o estudios técnicos completos y el 6,8%, estudios superiores (el 0,7% no precisó su nivel de educación). En relación con la ocupación, el 47,9% se dedicaba a actividades dentro del hogar, principalmente como ama de casa, el 18,1% realizaba trabajos esporádicos, el 11,8% era obrero/a, un 11,1% se dedicaba al comercio en pequeños negocios propios, el 4,9% era empleado en negocios no propios, el 3,5% hacía trabajos de artesanía, el 1,4%, trabajos técnicos y el 1,4% era estudiante. Respecto del estado civil, el 19,3% era soltero/a, 49,3%, conviviente, 18,7%, casado/a, el 12,0% era separado/a o divorciado/a y el 0,7% era viudo/a. El 27,0% de los participantes participaba en actividades vecinales, asambleas y/o trabajos colectivos en la comunidad. El 49,3% de los/as participantes habitaba el lugar menos de 10 años.

Instrumentos

Se elaboró un cuestionario conteniendo las escalas a utilizar, además de una ficha de datos sociodemográficos, según se detalla a continuación.

Datos sociodemográficos. Se consignó información relativa a edad, sexo, grado de instrucción, tiempo de residencia en la comunidad, ocupación y participación en actividades de la comunidad. Para ello se formularon preguntas cerradas de opción múltiple al inicio del cuestionario.

Sense of Community Index 2 (SCI2; Chavis, Lee & Acosta, 2008, Junio). Se utilizó la versión adaptada por Távara (2012), que fuera utilizada con pobladores/as de zonas urbano-marginales de Lima. El índice está compuesto por 24 ítems que se evalúan en una escala de 1 a 4, siendo 1 = Para nada y 4 = Mucho. Asimismo, incluye una pregunta inicial ¿Qué tan importante es para usted tener un sentido de comunidad con los miembros de su comunidad? que se responde en una escala tipo Likert de 1 a 6, en la que: 1 = Prefiero no ser parte de esta comunidad y 6 = Muy importante. Los ítems restantes conforman cuatro dimensiones cuya consistencia interna fue evaluada a través de alfa de Cronbach: integración y satisfacción de necesidades (e.g., Mi comunidad me ayuda a satisfacer mis necesidades importantes), a = 0,76; influencia (e.g., Siento que influyo sobre cómo es la comunidad), a = 0,62; membresía (e.g., Puedo reconocer a la mayoría de los miembros de esta comunidad), a = 0,69, y conexión emocional compartida (e.g., Espero ser parte de esta comunidad por mucho tiempo), a = 0,75. La escala total reportó una consistencia interna, medida a través de alfa de Cronbach, de 0,90.

Scale of Psychological Well-Being (SPWB; Ryff, 1989). Se utilizó la adaptación de Arellano (2011) para población rural de la costa peruana de la versión en castellano de Blanco y Díaz (2005). Consta de 19 ítems que se responden en una escala Likert de 1 a 6, en que: 1 = Completamente en desacuerdo y 6 = Completamente de acuerdo. Mide seis dimensiones del bienestar psicológico, cuya consistencia interna fue medida a través de alfa de Cronbach: auto aceptación (e.g., Cuando pienso en mi vida, estoy contento con cómo me ha ido), a = 0,53; relaciones positivas con otros (e.g., No tengo muchas personas que quieran escucharme cuando necesito hablar), a = 0,36; autonomía (e.g., Tiendo a preocuparme sobre lo que otra gente piense de mí), a = 0,46; dominio del entorno (e.g., Me resulta difícil dirigir mi vida de manera satisfactoria), a = 0,56; propósito en la vida (e.g., Tengo clara la dirección y el objetivo de mi vida), a = 0,43, y crecimiento personal (e.g., Para mí, la vida ha sido un proceso continuo de cambio y crecimiento), a = 0,52. La escala total tuvo una consistencia interna de 0,69 en el presente estudio. Es importante mencionar que para el desarrollo del estudio se tomaron en cuenta puntuaciones con coeficientes alfa de Cronbach de nivel moderado y alto (a > 0,50), según el criterio de Cohen (Mezulis, Abramson, Hyde & Hankin, 2004). En el caso de obtener niveles menores de consistencia interna, se observaron resultados en estudios con las mismas escalas y se vio la pertinencia de incluir estos en el análisis y discusión de los resultados, atendiendo también a la postura de Mezulis et al. (2004), quienes plantean que escalas que apelan a la autopresentación tienden a presentar cierta tendencia estable a maximizar los atributos positivos y minimizar los negativos. Debido a lo anterior, se optó por no considerar los resultados relacionados con la dimensión Relaciones positivas con otros y mantener los de las dimensiones Autonomía y Propósito en la vida, que, aunque obtuvieron coeficientes menores a 0,5, presentaron esta misma tendencia en otros estudios revisados (Arellano, 2011; Balbuena, 2013).

Escala de Bienestar Social (Keyes, 1998). Se empleó la adaptación para población rural de la costa peruana (Arellano, 2011) de la versión de Blanco y Díaz (2005). Consta de 15 ítems que se puntúan en una escala Likert de 1 a 5, siendo 1 = Completamente en desacuerdo y 5 = Completamente de acuerdo. Los ítems conforman cinco áreas, cuya consistencia interna fue medida a través de alfa de Cronbach: aceptación social (e.g., Creo que no se debe confiar en la gente), a = 0,44; actualización social (e.g., Para mí el progreso social es algo que no existe), a = 0,56; coherencia social (e.g., No entiendo lo que está pasando en el mundo), a = 0,44; contribución social (e.g., No tengo nada importante que ofrecer a la sociedad), a = 0,51, e integración social (e.g., Me siento cercano a otra gente), a = 0,57. Para el presente estudio se obtuvo una consistencia interna general de 0,66. De igual forma, siguiendo el criterio de Mezulis et al. (2004), se conservaron para los análisis dimensiones con coeficientes menores a 0,5 y que presentaron esta misma tendencia en estudios previos; tal fue el caso de aceptación social y coherencia social (Arellano, 2011, Balbuena, 2013; Guillén, 2013).

Medidas de bienestar subjetivo: Se utilizaron dos cuestionarios para medir el bienestar subjetivo, atendiendo a las dos dimensiones del constructo señaladas en la literatura. La dimensión cognitiva se midió mediante la Escala de Satisfacción con la Vida, mientras que el componente afectivo se midió a través de la Escala de Balance Emocional. Los resultados de ambas medidas, aunque analizados por separado, fueron integrados y relacionados en el análisis de senderos.

Escala de Satisfacción con la Vida (Diener, Emmons, Larsen & Griffin, 1985). Se usó la versión en castellano de la escala de Satisfacción con la Vida (SWLS) empleada en distintos estudios en el Perú (Arellano, 2011; Cornejo, 2005; Espinosa & Tapia, 2011). El instrumento consta de cinco ítems que evalúan la satisfacción en general de la persona respecto de su vida. Ejemplos de estos ítems son: “Mi vida, en casi todo, responde a mis aspiraciones o metas” y “Estoy satisfecho con mi vida”. La escala de respuesta consta de 7 puntos, desde 1 = No, en absoluto hasta 7 = Sí, totalmente. Para el presente estudio se obtuvo una consistencia interna, medida a través de alfa de Cronbach, de 0,77.

Escala de Balance Emocional. Se utilizó la versión en español de la escala de Afecto Positivo y Negativo (PANAS) diseñada por Watson, Clark y Tellegen (1988) y usada en investigaciones desarrolladas en el Perú (Cornejo, 2005; Guillén, 2013). La escala se compone de 20 ítems diseñados para medir la afectividad positiva (e.g., Entusiasmado/a, Inspirado/a) y negativa (e.g., Disgustado/a, Miedoso/a) que la persona experimentó en el último mes. Los ítems poseen un formato de respuesta tipo Likert de cinco puntos, desde 1 = Nada o casi nada hasta 5 = Muchísimo. Para la presente investigación el coeficiente alfa de Cronbach para la evaluación de la consistencia interna de la escala fue 0,77 para el afecto positivo y 0,76 para el negativo.

Procedimiento

El contacto con los/as participantes del estudio se realizó a partir de coordinaciones previas con líderes y lideresas de la zona y profesionales que laboran en instituciones con presencia en el lugar. Las escalas se aplicaron con apoyo de un grupo de investigadores/as previamente capacitados/as. La aplicación fue de 40 minutos en promedio por participante. Considerando las preferencias y comodidad de los/as participantes, los instrumentos fueron aplicados en la mayoría de los casos en sus domicilios y, en otras ocasiones, en lugares públicos apropiados. La recolección de información se realizó durante cuatro meses.

Los/as participantes fueron informados/as acerca de los objetivos y características del estudio a través de un consentimiento informado que debían leer y firmar antes de iniciar la aplicación de las escalas. Teniendo en cuenta los cuidados éticos correspondientes al tratamiento de temas potencialmente sensibles y movilizadores para los y las participantes, se aplicaron las escalas de manera individual y privada y se derivó a los/as mismos/as a los servicios legales y/o psicológicos existentes en la zona cuando lo requirieron.

Análisis de Datos

Se realizaron análisis de las propiedades psicométricas de las escalas: estadísticos descriptivos, correlacionales (r lineal de Pearson) y de regresión, utilizando el programa SPSS.

Luego se realizó un análisis de ruta o senderos, utilizando el programa AMOS, para evaluar el ajuste del modelo hipotético propuesto a partir de la revisión teórica y establecer un nuevo modelo que presentara mejores indicadores de ajuste. Para evaluar el ajuste de los modelos se utilizaron los siguientes índices: X2/gl, el índice comparativo de Bentler-Bonett (CFI), el índice normalizado de Bentler-Bonett (NFI) y la raíz del error cuadrático medio de aproximación (RMSEA) de Steiger-Lind. Se consideraron como valores mínimos de un adecuado ajuste: X2/gl < 3, CFI y NFI > 0,9 y RMSEA < 0,08 (Batista & Coenders, 2000; Bollen, 1989; Kline, 2005; Ruiz, Pardo & San Martín, 2010; Schumacker & Lomax, 2004).

Mediante la prueba de Mann-Whitney se compararon los puntajes obtenidos en las escalas entre quienes llevaban más de 10 años viviendo en su comunidad y los que llevaban menos de 10 años. A través de la prueba de Wilcoxon se compararon los puntajes obtenidos en las medidas de balance emocional positivo y negativo. Finalmente, con el fin de establecer diferencias entre los puntajes obtenidos en cada una de las dimensiones de las medidas de bienestar y de sentido de comunidad se realizaron análisis no paramétricos para más de dos muestras relacionadas, mediante la prueba de Friedman.

Resultados

Descriptivos de las Variables

Como se muestra en la Tabla 1, los resultados reportaron puntuaciones medias y altas en SC y sus dimensiones, resultando mayor que el resto de las dimensiones de la escala la dimensión Conexión emocional compartida, Q = 138,47, p < 0,001. Respecto del bienestar subjetivo, los datos reflejan puntajes altos en la satisfacción con la vida. En relación con el componente emocional de esta variable, se obtuvo, a través de la prueba de Wilcoxon, que el balance emocional positivo resultó mayor que el negativo, Z = 4,60, p < 0,001. Por otro lado, el bienestar psicológico arrojó puntajes medios y altos, tanto en el total como en sus dimensiones, siendo la dimensión Crecimiento personal la que obtuvo un puntaje medio mayor que el resto de las dimensiones, Q = 64,37, p < 0,001. Finalmente, el bienestar social y sus dimensiones reflejaron puntajes medios y altos, tanto en su total como en las dimensiones que lo componen, siendo la dimensión Integración social la que presentó un puntaje medio mayor que el resto de las dimensiones, Q = 115,33, p < 0,001.

Se obtuvieron puntajes mayores en el grupo de más tiempo de residencia en la comunidad en el puntaje general de sentido de comunidad, Z = -4,19, p < 0,001, y en las dimensiones Membresía, Z = -3,63, p < 0,001, Influencia, Z = -3,82, p < 0,001, Conexión emocional compartida, Z = -3,49, p < 0,001, y Satisfacción de necesidades, Z = -3,89, p < 0,001. Similares resultados se obtuvieron en la dimensión Integración social del bienestar social, Z = -2,92, p < 0,001, y en la dimensión Dominio del entorno, Z = -3,33, p < 0,001, del bienestar psicológico.

Tabla 1
Descriptivos de las Variables


Relaciones Entre las Medidas de Bienestar

Como se muestra en la Tabla 2, los resultados reflejan una correlación medianamente alta entre bienestar psicológico y satisfacción con la vida. Al mismo tiempo, estas dos variables presentan correlaciones medianamente bajas con el puntaje total de bienestar social. Respecto de las dimensiones de las medidas de bienestar, se presentan correlaciones medianamente altas entre la satisfacción con la vida y las dimensiones Crecimiento personal y Auto aceptación del bienestar psicológico, así como bajas entre las dimensiones Autonomía y Dominio del entorno del bienestar psicológico y las dimensiones Integración social y Aceptación social del bienestar social, respectivamente. Respecto del puntaje total de bienestar psicológico, este presenta correlaciones bajas con la dimensión Integración social del bienestar social, así como con el balance emocional positivo. Las dimensiones del bienestar psicológico Auto aceptación y Crecimiento personal presentan correlaciones bajas o medianamente bajas con el puntaje total de bienestar social y su dimensión Integración social. La dimensión Autonomía del bienestar psicológico presenta una correlación medianamente baja con la dimensión Coherencia social y baja con la dimensión Integración social, ambas del bienestar social. La dimensión Coherencia social del bienestar social presentó una correlación baja tanto con el balance emocional positivo como negativo. Finalmente, se evidencia una correlación alta entre el balance emocional positivo y negativo.

Tabla 2
Correlaciones Entre Variables de Bienestar

Relaciones Entre Sentido de Comunidad y Tipos de Bienestar

Como se muestra en la Tabla 3, el puntaje global de SC presentó una correlación medianamente baja con el puntaje total de bienestar social y de igual forma con las dimensiones Crecimiento personal del bienestar psicológico y Aceptación social del bienestar social y medianamente alta con Integración social del bienestar social. Respecto de las dimensiones del SC, la Satisfacción de necesidades presenta correlaciones medianamente bajas con el puntaje total de bienestar social, así como con sus dimensiones Integración social y Aceptación social. Por su parte, la dimensión Membresía del SC presenta una correlación medianamente baja con el puntaje total del bienestar psicológico y sus dimensiones Crecimiento personal y Propósito en la vida; de semejante nivel son las correlaciones encontradas entre esa dimensión del SC y el puntaje total del bienestar social y sus dimensiones Integración social y Aceptación social. Respecto de la dimensión Influencia del SC, se observan correlaciones medianamente bajas con las dimensiones Auto aceptación y Crecimiento personal del bienestar psicológico, la dimensión Aceptación social del bienestar social y la satisfacción con la vida. En cambio, la correlación entre esa dimensión y la dimensión Integración social del SC fue medianamente alta. Finalmente, la dimensión Conexión emocional compartida del SC se correlacionó en un nivel medianamente bajo únicamente con la dimensión Integración social del bienestar social.

Finalmente, con el fin de analizar globalmente los vínculos entre las variables de estudio se realizó un análisis de senderos, con base tanto en la literatura revisada acerca de las relaciones entre el SC y el bienestar (Albanesi et al., 2007; Balbuena, 2013; Cicognani et al., 2007; Hombrados, 2010; Távara, 2012) como en los resultados obtenidos a nivel correlacional, proponiéndose un modelo hipotético (ver Figura 1).

El modelo graficado en la Figura 1 no obtuvo un ajuste adecuado a los datos, ya que, si bien los índices CFI y NFI presentaron valores adecuados (0,926 y 0,917, respectivamente), no lo hicieron ?2/gl ni RMSEA (5,918 y 0,248, respectivamente).

Por tal motivo, se propuso un modelo alternativo en el que se reestructuraron las relaciones entre las variables del estudio, basado en la mayor evidencia respecto de la relación entre los procesos de identificación con el colectivo (entre ellos el SC) y el bienestar en el contexto peruano (Arellano, 2011; Balbuena, 2013; Espinosa, Ferrándiz et al., 2013; Espinosa & Tapia, 2011; Genna & Espinosa, 2012), así como en las evidencias previas respecto de las dinámicas de configuración de las relaciones entre los diferentes niveles del bienestar (Arellano, 2011; Genna & Espinosa, 2012; Kashdan et al., 2008; Vázquez & Castilla, 2007).

Así, se propuso que un mayor SC impactaría positivamente en la percepción de la dinámica adscrita al grupo de referencia (bienestar social) y esto, a su vez, funcionaría como un factor de impacto en el bienestar psicológico. Lo anterior derivaría en un fortalecimiento del bienestar subjetivo, tanto cognitivo (satisfacción con la vida) como afectivo (balance emocional–PANAS). A su vez, la satisfacción con la vida, directamente influenciada por la lógica descrita, terminaría también por fortalecer el SC, configurando una ruta de retorno.

Este modelo alternativo (Ver Figura 2) obtuvo un buen nivel de ajuste con respecto a los datos, permitiendo eliminar las relaciones no significativas. En este caso, los niveles de ajuste son aceptables: ?2/gl = 0,513, CFI = 1, NFI = 0,975, RMSEA = 0,000.

Tabla 3
Correlaciones Entre Sentido de Comunidad y Bienestar

Figura 1. Análisis de senderos del modelo hipotético.
*** p < 0,001; **p < 0,01.

Figura 2. Análisis de senderos del modelo alternativo.
*** p < 0,001; ** p < 0,01; * p < 0,05.

Discusión y Conclusiones

Los puntajes obtenidos en las dimensiones de SC estarían indicando que la identificación y apego hacia la comunidad y sus miembros descansaría de modo importante sobre procesos vinculados con el plano psicológico y afectivo (McMillan & Chavis, 1986), cuya centralidad en la conformación de las comunidades ha sido señalada previamente (Montero, 2004; Musitu & Buelga, 2004; Sánchez, 2007). Lo anterior concuerda con estudios que reportan puntajes mayores en las dimensiones Membresía y Conexión emocional sobre las de Integración y satisfacción de necesidades e Influencia en la escala de SC (Balbuena, 2013; Távara, 2012).

A juzgar por los hallazgos, si bien los miembros de la comunidad se identifican con esta y establecen lazos afectivos entre sí, lo anterior no necesariamente conllevaría al surgimiento de acciones colectivas orientadas a la búsqueda del bien común, así como tampoco aseguraría la percepción de interdependencia entre quienes conviven en el mismo espacio (Balbuena, 2013; La Barrera et al., 2012; Távara, 2012). En este caso, los lazos de confianza y la cohesión social estarían funcionando como un elemento facilitador de la identificación y la valoración del colectivo, aunque no estarían generando percepciones positivas respecto de la posibilidad de influenciar en el devenir del mismo ni en el logro de metas compartidas. Lo anterior tendría su origen en la vivencia común de condiciones sociales adversas, así como en una memoria compartida de dificultades y fracasos en la búsqueda de impactar positivamente en sus condiciones de vida (Balbuena, 2013; La Barrera et al., 2012).

Dado lo anterior, serían entonces las emociones positivas generadas en la interacción social las que se asociarían con la construcción del colectivo y la identificación con el mismo, no así la satisfacción de necesidades derivada de su pertenencia a este (Távara, 2012). En este caso, las dinámicas de convivencia tendrían un correlato en el bienestar de sus miembros, en el sentido que se discutirá en las líneas siguientes.

Lo expuesto anteriormente daría pie a plantear a modo de hipótesis que, en ciertos contextos, la identificación con la comunidad y la vinculación afectiva con ella se asociarían directamente con la satisfacción de necesidades de identidad y afecto, más que con la satisfacción de requerimientos de tipo más concreto y/o relacionados al plano económico y la subsistencia (Max-Neef, Elizalde & Hopenhayn, 1986). Al respecto, se ha encontrado que la participación en acciones colectivas con carga afectiva y simbólica (celebraciones, rituales, entre otros) genera un impacto positivo en el bienestar y cohesión sociales (Balbuena, 2013; Freire, 2012), lo cual, a su vez, promovería el compromiso con la comunidad (Montero, 2004, 2006), siendo este compromiso un componente conceptualmente relacionado con la dimensión Influencia del SC.

Por su parte, los puntajes obtenidos en las diferentes escalas de bienestar indicarían que, en general, las personas encuestadas se sienten satisfechas con sus vidas y con la relación establecida con su entorno social, lo que les permite experimentar emociones positivas. Estos resultados parecerían contrastar con las condiciones de vida de los y las participantes, quienes, en tanto habitantes de asentamientos precarios, sufren de una serie de deficiencias en servicios (agua, alcantarillado, caminos, entre otros), así como de dificultades para sostener económicamente a sus familias (Cueto, 2011; Espinosa & Tapia, 2011; Hombrados, 2010). Al respecto, si bien se ha encontrado evidencia anterior sobre la relación inversa entre el bienestar subjetivo y la satisfacción con la vida, por una parte, y los ingresos y el empleo, por otra (Diener & Ryan, 2009; Diener, Sandvik, Seidlitz & Diener, 1993), esta relación no se ha podido establecer en el caso de la muestra del presente estudio.

Más bien, de cara a los resultados encontrados, se presume que los factores que estarían sustentando las percepciones de bienestar de los pobladores de la muestra estarían principalmente vinculados con las posibilidades de actualización del potencial humano, el despliegue de capacidades individuales y el desempeño a nivel personal y social, considerando los puntajes obtenidos en las dimensiones de bienestar psicológico. Lo anterior se ubica en el ámbito de la perspectiva eudaimónica del bienestar (Ryan & Deci, 2001). De ahí que es posible suponer que elementos como la evaluación de los contactos interpersonales y la interacción social en el barrio (Ríos & Moreno, 2009; Sánchez, 1991), las percepciones de control e influencia en el entorno (Calderón & Bustos, 2007; Hombrados, 2010; Ríos & Moreno, 2010; Wiesenfeld & Sánchez, 2009) y las sensaciones de confianza, compromiso e interés en la comunidad (El Troudi et al., 2005; Montero, 2004), vinculados con la perspectiva señalada, estarían ejerciendo un impacto positivo en los niveles de bienestar. Las situaciones anteriores son, a su vez, coherentes con el despliegue de las capacidades y estrategias necesarias para dar respuesta a los desafíos de un entorno socialmente vulnerable.

Así, los resultados confirmarían la idea de que no en todos los casos la satisfacción con los diferentes ámbitos de la vida se ve afectada negativamente por las condiciones adversas del contexto (Rojas, 2011; Sen, 1999/2000; Távara, 2012). Por el contrario, la experiencia de sentirse parte de un colectivo de relevancia para la construcción de la identidad y para el desarrollo de proyectos individuales contribuiría con la sensación de control sobre la propia vida, con la vinculación positiva con otros y con el arraigo con el espacio de convivencia (Maya Jariego, 2004; Távara, 2012). En este caso, la vulnerabilidad social no va de la mano con la insatisfacción frente a la propia existencia ni frente a las capacidades de acción y de logro personales.

Los resultados obtenidos respecto de las asociaciones entre el SC y las diferentes dimensiones del bienestar apoyan la hipótesis planteada y concuerdan con estudios que reportan relaciones directas entre los procesos identitarios (con los que se vincula conceptualmente el SC) y sus correlatos afectivos y comportamentales (Albanesi et al., 2007; Arellano, 2011; Balbuena, 2013; Cicognani et al., 2007; Espinosa, Schmitz et al., 2013; La Barrera et al., 2012).

Es posible sostener, entonces, que, en la medida en que los pobladores se sientan parte de un colectivo que les brinda soporte principalmente emocional e identitario, se verá favorecida su percepción de bienestar en diversos niveles. Lo anterior es consistente con estudios que establecen una relación entre la identificación con una categoría social y la evaluación positiva respecto de la satisfacción con la vida (Morrison, Tay & Diener, 2011) y de las características psicológicas que reconocen en ellos, y que los beneficiarían a ellos mismos y al colectivo del cual se sienten parte (Arellano, 2011; Balbuena, 2013; Espinosa & Tapia, 2011; La Barrera et al., 2012). En este caso, el SC estaría teniendo un impacto favorable tanto a nivel del bienestar subjetivo como del psicológico, a través, en este último caso, del bienestar social.

Así, el análisis de ruta apoya parcialmente la hipótesis planteada respecto de la configuración de los niveles de bienestar. El modelo con mejor ajuste propone que el efecto de la adherencia psicológica y afectiva al medio (evaluados a través del SC) en el bienestar psicológico estaría mediado por los niveles de bienestar social. Asimismo, el bienestar subjetivo se vería antecedido por el bienestar psicológico, lo que concuerda con estudios previos que señalan esta dirección en la relación entre ambas variables (Kashdan et al., 2008; Vázquez & Castilla, 2007). Este modelo alternativo se propone retomando las evidencias obtenidas del estudio de procesos identitarios en el Perú y su relación con el bienestar, en el que sistemáticamente se encuentran relaciones más consistentes entre la identificación con el colectivo y el bienestar social, frente al bienestar psicológico y subjetivo (Arellano, 2011; Espinosa, Schmitz et al., 2013), debido, posiblemente, a que ambos procesos comparten un ámbito de referencia común, el contexto social inmediato.

Visto lo anterior, es posible concluir que, para el caso del presente estudio, el bienestar derivado de los aspectos más individuales (bienestar psicológico y subjetivo) se vería mediatizado por los niveles de satisfacción derivados del entorno social (bienestar social) y que este nivel de satisfacción derivaría principalmente de los niveles de membresía y conexión emocional del SC. Cabe señalar, también, que de modo directo e indirecto los niveles de bienestar tendrían un impacto en la construcción del SC, lo cual sugiere una significativa retroalimentación entre los constructos.

Así, los resultados obtenidos del análisis de ruta permiten establecer un modelo integrador que encuentra respaldo en los hallazgos reportados respecto de las relaciones parciales obtenidas entre las medidas de SC y procesos de identificación colectiva y diferentes niveles de bienestar en estudios previos en el contexto peruano (Balbuena, 2013; Genna & Espinosa, 2012; La Barrera et al., 2012).

De otro lado, y considerando el contexto de aplicación, los resultados se complementan con las propuestas de diversos autores que concluyen que los contextos de vulnerabilidad social llevan a los miembros de las comunidades a generar pautas de convivencia que permiten hacer frente a la precariedad y mantener niveles de satisfacción (Bebbington, 2005; Becoña, 2006; Montero, 2004; Távara, 2012). Estas nuevas prácticas colectivas derivarían, a su vez, en mayores niveles de cohesión social generada por el contacto cara a cara y posibilitarían a los miembros del colectivo generar una conciencia común favorable al desarrollo de posibles acciones conjuntas (Hombrados, 2010), elementos constituyentes del SC (Maya Jariego, 2004; Montero, 2004). Lo anterior incrementaría la percepción de apoyo social, aunque, como ya se ha sugerido, ello no redundaría necesariamente en el logro de mejoras concretas en la calidad de vida (Maya Jariego, 2004).

Al respecto, estudios sobre redes de apoyo social en contextos de vulnerabilidad han encontrado que estas, si bien resuelven situaciones de crisis, no resultan en todos los casos beneficiosas a largo plazo, en tanto el uso de los recursos escasos de estas redes —compuestas por sujetos en similares condiciones de precariedad— resulta en un debilitamiento de las mismas, lo que, inclusive, incrementaría la vulnerabilidad y naturalizaría la precariedad (Bayón, 2012; Duhau & Giglia, 2008; González de la Rocha, 2001). Asimismo, la acción en pos de satisfacer necesidades individuales y/o familiares podría generar conflictos a nivel de las relaciones cercanas, si es que estas no están acompañadas por una percepción de interdependencia (tal como sucede en el caso de la muestra) que asegure que el desarrollo de estas acciones no afectará a los demás. De no ser así, las estrategias desplegadas individual y/o familiarmente podrían interpretarse como individualistas y contrarias a la misma construcción de comunidad (Balbuena, 2013; La Barrera et al., 2012), lo que afectaría tanto al SC como a los niveles de bienestar, principalmente en aquellas dimensiones que evalúan la vinculación con el entorno social inmediato. Lo señalado anteriormente constituye un conjunto de elementos que valdría la pena explorar con mayor profundidad en contextos de similares características.

Con todo, es posible afirmar que, en esta muestra en particular, la fortaleza en la constitución del SC, que implica procesos de identificación y compromiso afectivo con la comunidad, promueve la percepción de un entorno social predecible, facilitador del logro de metas personales y al que se está efectivamente integrado. Lo anterior genera satisfacción y bienestar derivado tanto del entorno social como de las características psicológicas personales y del balance en general de la propia vida. En concordancia con esto, estas relaciones favorables se ven beneficiadas por el tiempo de residencia en el espacio compartido, dado que, consecuentemente, el tiempo facilitaría el contacto interpersonal y la sensación de familiaridad con los/as vecinos/as.

Los resultados obtenidos en el estudio sugieren que la comunidad estaría brindando a los participantes del estudio suficientes expectativas de vida y proyección a futuro. La comunidad funcionaría como un espacio de vida y de desarrollo que permite a sus habitantes construir proyectos familiares e individuales, así como establecer relaciones con otros/as y desplegar valores interpersonales (Montero, 2004; Sánchez, 2007), lo cual se ubica, más bien, en un plano simbólico y existencial, antes que concreto o material.

Asimismo, permiten aproximarse a la salud mental y el bienestar de pobladores de una comunidad en condiciones de carencia económica. Desde una comprensión amplia de la salud mental, que la considera sustentada en el despliegue de capacidades y la búsqueda de bienestar (Organización Mundial de la Salud, 2004), en el caso de la comunidad del estudio las relaciones interpersonales y la vida en colectivo podrían mitigar el impacto perjudicial de las condiciones de carencia material y económica en la subjetividad y las emociones de los pobladores, siendo fuente de satisfacción y bienestar.

Por otro lado, desde la psicología social comunitaria se entiende que la construcción de la comunidad se da, en principio, en el plano de la identificación con el grupo y espacio que se habita, para, desde allí, promover acciones en beneficio del colectivo (Bilewicz & Wójcik, 2010; Freire, 2012; Maya Jariego, 2004; Musitu & Buelga, 2004). En este sentido, el estudio evidenciaría cómo la comunidad actúa sobre la base de las conexiones entre el sujeto y su entorno social, confirmándose el hecho de que el espacio comunitario está conformado por sujetos que lo construyen y al mismo tiempo se ven impactados por lo que suceda en las dinámicas de relación con los otros suscitadas en este ámbito; inclusive cuando las características del entorno implican grandes desafíos para la supervivencia. Así, la construcción de comunidad se presenta como un camino de ida y vuelta entre la identificación y el bienestar derivado del colectivo y el balance positivo de la propia vida. De allí que el fortalecimiento de los sujetos y de la comunidad se potenciarían mutuamente.

Así, aparece un escenario particular que podría contradecir al sentido común: en el caso de la muestra estudiada, en primer lugar, la existencia de un SC no descansa sobre la posibilidad de obtener beneficios materiales por la pertenencia a la misma y, en segundo lugar, el SC que se evidencia en la muestra no parece estar acompañado de una percepción compartida respecto de una acción colectiva efectivamente presente en el espacio comunitario. Cabe plantearse, entonces, la necesidad de continuar profundizando en los factores específicos que contribuyen a incrementar los niveles de bienestar de las poblaciones socialmente vulnerables, así como en el peso del SC en este proceso. Se subraya la pertinencia de la comprobación empírica de modelos que vinculen estos constructos y permitan identificar la influencia de las características materiales y sociales particulares de los contextos de vulnerabilidad en los que se presentan.

Finalmente, los resultados plantean un desafío para las intervenciones comunitarias, en tanto orientan el foco de la atención y la acción colectiva no a la obtención de recursos materiales y logros visibles, sino más bien al fortalecimiento de los lazos interpersonales y la promoción de experiencias de vida satisfactorias al interior de la comunidad. Fortalecer la comunidad, el SC y el bienestar, desde esta perspectiva, pasa por adoptar la propuesta de la psicología para la convivencia, sustentada en la construcción de modelos de identificación y de relación basados en valores de cooperación, asociación y respecto como sustento de los vínculos personales y las relaciones sociales (Arango, 2001), en tanto, el impacto en los niveles sociales de identificación y bienestar redundarían, a la luz de lo encontrado, en los ámbitos más individuales del bienestar, la satisfacción y la vivencia de emociones positivas.

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Fecha de recepción: Septiembre de 2014.
Fecha de aceptación: Junio de 2015.

Rosa María Cueto, Agustín Espinosa, Henry Guillén y Miguel Seminario, Departamento de Psicología, Pontificia Universidad Católica del Perú, Lima, Perú.

La correspondencia relativa a este artículo debe ser dirigida a Rosa María Cueto, Departamento de Psicología, Pontificia Universidad Católica del Perú, Av. Universitaria 1801, San Miguel, Lima, 32, Perú. E-mail: rcueto@pucp.pe

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