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Ultima década

On-line version ISSN 0718-2236

Ultima décad. vol.18 no.32 Santiago July 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362010000100002 

Última Década, 32, 2010:11-36

JUVENTUDES, POLÍTICA Y CIUDADANÍA

 

Socialización política y juventud: el caso de las trayectorias ciudadanas de los estudiantes universitarios de la región de Valparaíso*

Socialização política e juventude: os caso de trajetórias cidadão dos estudantes universitários em Valparaíso

Political socialization and youth: the case of the civil trajectories of the university of the region of Valparaíso

 

Juan Sandoval Moya**, Fuad Hatibovic Díaz***

** Universidad de Valparaíso, Escuela de Psicología. Doctor en Psicología Social, Universidad Complutense de Madrid.

*** Universidad de Valparaíso, Escuela de Psicología. Magíster © en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos, Universidad Alberto Hurtado.

Dirección para Correspondencia


Resumen

El presente artículo se propone analizar los procesos de socialización política que experimentan los jóvenes universitarios de Valparaíso a través de sus trayectorias ciudadanas. El problema de investigación parte del supuesto de que los estudiantes universitarios constituyen los sujetos en los cuales se pueden identificar y analizar las transformaciones estructurales y subjetivas por las que atraviesa la sociedad chilena. El estudio supuso la aplicación de 832 cuestionarios a jóvenes de ambos sexos estudiantes de universidades tradicionales y privadas de la Región de Valparaíso. Los resultados se presentan a través de cinco dimensiones: condiciones juveniles, socialización política, identificación política, participación política y legitimación de lo político. El trabajo concluye con un análisis de la relación que establecen los jóvenes universitarios con la participación política, tanto de tipo convencional como no convencional.

Palabras clave: socialización política, juventud, trayectorias ciudadanas.


Resumo

O presente artigo analisa os processos de socialização política vivenciada por estudantes universitários em Valparaíso através de suas trajetórias cidadão. O problema da pesquisa é o pressuposto de que os estudantes universitários são os temas em que eles possam identificar e analisar a estrutura e subjetiva sentida e projetada sociedade chilena. O estudo envolveu a aplicação de questionários a 832 rapazes e moças estudantes nas universidades tradicionais e privadas na região de Valparaíso. Os resultados são apresentados em cinco dimensões: condições dos jovens, socialização política, identificação política, participação política e legitimidade política. O artigo conclui com uma análise da relação que estabelecem jovens universitários, com a participação politica convencionais e não convencionais.

Palavras chave: socialização política, juventude, trajetórias cidadão.


Abstract

The present article proposes to analyze the processes of political socialization that the university youth of Valparaiso experience across his civil trajectories. The problem of research assumes that the university students constitute the subjects in which it is possible to describe and analyze the structural and subjective transformations that there crosses the society Chilean. In the study there applied 832 questionnaires youth of both sexes students of universities traditional and private of the region of Valparaiso. The results appear across five dimensions: juvenile conditions, political socialization, political identification, political participation and legitimization of the political thing. The work concludes with an analysis of the relation that the university students establish with the political participation of type conventional and not conventional.

Key word: political socialization, youth, civil trajectories


 

1. Introducción

Parece un lugar común sostener que la relación entre los jóvenes y la política se ha tornado cada vez más difícil. Muestra de esta conclusión es la baja en la participación electoral de los segmentos juveniles, la mala evaluación que éstos hacen de las instituciones políticas o la disminución de la influencia relativa de las Federaciones de Estudiantes en la realidad política nacional. Definitivamente, estamos ante una generación que ha construido una nueva relación con la política, donde la esfera pública y las representaciones político-ideológicas se vuelven un referente cada vez más débil en la constitución de la subjetividad, y donde aumenta progresivamente la influencia de los procesos de individualización en la conformación de los proyectos de vida de los jóvenes (injuv, 2006).

Esta nueva relación entre los jóvenes y la política se ha forjado en el contexto de una sociedad en transformación, que desde la década de los ochenta viene experimentando las manifestaciones estructurales del advenimiento de un tipo de sociedad cada vez más globalizada. Como sostienen varios autores (Sennet, 2000; Bauman, 2002; Castel, 2004), en las sociedades contemporáneas las transformaciones de la estructura social han impactado significativamente en los procesos de constitución de los sujetos, afectando las representaciones y las identidades políticas con las cuales se estructuran los individuos y los grupos sociales.

Cambios como el desarrollo tecnológico, la revolución de las comunicaciones, la flexibilización del empleo y la transformación de los sistemas de valores son todos procesos que han tenido importantes repercusiones a nivel de la política, la familia y la construcción de los proyectos de vida de los ciudadanos de nuestra época. Los jóvenes como categoría general, y los jóvenes universitarios como manifestación específica de esta categoría, constituyen los sujetos en los cuales se pueden identificar y analizar embrionariamente las transformaciones estructurales por las que atraviesa y se proyecta la sociedad actual, y las consecuencias que éstas generan sobre la conformación de un nuevo tipo de subjetividad.

En efecto, los jóvenes que hoy están en las universidades chilenas nacieron con la transición política a la democracia y, por lo tanto, constituyen una buena metáfora de la sociedad que se ha construido en los últimos veinte años en Chile. La mayoría de ellos tenía menos de cuatro años cuando Patricio Aylwin asumía la Presidencia de la República el 11 marzo de 1990. Son los hijos de la generación de los ochenta, aquella que transitó rápidamente de protagonista de la recuperación democrática a representante de la nueva «sociedad aspiracional». Son la generación que experimenta en carne propia la expansión de los medios de comunicación de masas, la masificación del acceso a las tecnologías y a los lugares de consumo. Son los jóvenes que acceden casi universalmente a la educación secundaria, que se socializan en el marco de una democracia representativa «imperfecta» y que interactúan intensamente a través de las redes sociales de internet.

El presente artículo se propone estudiar esta nueva generación de jóvenes y su relación con la política, como una manera de explorar el tipo de sujeto ciudadano que se construye en esta sociedad en transición. Para ello se plantea específicamente analizar los procesos de socialización política que experimentan los jóvenes universitarios de Valparaíso a través de sus trayectorias ciudadanas, abordando la dimensión política desde una perspectiva amplia, donde se incluyen las manifestaciones convencionales y no convencionales de la participación. Lo anterior, porque en este estudio se asume la premisa de que la sociedad en la cual los jóvenes universitarios se han socializado les ha permitido un aumento significativo en la disponibilidad de información, pero también una diversificación explosiva de las alternativas de acción disponibles para ejercer la ciudadanía.

2. Antecedentes del problema

Partiendo del supuesto de que la sociedad chilena constituye una sociedad en transición, resulta particularmente relevante problematizar los procesos por medio de los cuales se construyen las trayectorias ciudadanas de los jóvenes llamados a encarnar social, económica y políticamente esta nueva sociedad hacia la cual transitamos. En este sentido, si hay un área en nuestra sociedad donde se expresan claramente las tensiones de la transición que vive Chile hacia una sociedad integrada a las condiciones de la globalización es en la educación superior (Brunner, 2009).

Los datos entregados por el informe La educación superior en Chile (ocde, 2009) indican que en el período 1990-2007 la matrícula del sistema de educación superior chileno aumentó en 176%, alcanzando un total de 678 mil alumnos, equivalente a 5,8 veces la matrícula existente el año 1980. Al analizar este crecimiento se puede constatar rápidamente que dicha expansión se ha orientado más significativamente hacia las universidades, tal que estas instituciones de educación superior pasan de 127 mil a 510 mil alumnos en el período 1990-2008, equivalente a un crecimiento del 301%; mientras, los centros de formación técnica aumentan su matrícula de 77 mil a 95 mil alumnos, equivalente a sólo 23% (sies, 2009). Este comportamiento de la matrícula de la educación superior está relacionado con la creación de un gran número de universidades privadas entre 1989 y 1990, de modo que el rápido crecimiento en la matrícula del sistema universitario ha permitido a las universidades privadas pasar de una participación del 14,9% al 44,4% de la matrícula total en el período 1990-2008.

Sin embargo, la expansión experimentada por la educación universitaria mantiene el mismo tipo de distribución que ha existido históricamente en el acceso a la educación superior. Como señalan los datos de la Encuesta casen, las políticas sociales de la década de los noventa han logrado reducir las brechas de cobertura de educación entre los distintos estamentos socioeconómicos en los niveles básicos y medios. En el año 2006, en educación básica el quintil más pobre alcanza una cobertura de 91,6% de escolarización y el quintil más rico 93,2%; por su parte, en la enseñanza media el quintil más pobre alcanza 63,1% y el quintil más rico 82%. No obstante, la expansión de la educación superior ha mantenido las diferencias de acceso según quintil, de modo que en el año 2006 sólo 13,7% del quintil más pobre ingresaba a la educación superior, mientras que en el quintil más rico accedía a este tipo de educación el 53,1%. De este modo, los datos estructurales nos indican que son los estamentos socioeconómicos de mayores ingresos -especialmente los quintiles iv y v, y sólo parcialmente el iii- los que explican el grueso de la expansión del sistema de educación superior en Chile (mideplan, 2006).

De este modo, podemos decir que los jóvenes universitarios de hoy son más y son diferentes, ya que la masificación del acceso de los sectores medios a la educación superior ha reconstruido la realidad sociocultural de los que actualmente están cursando en las universidades. Los estudios de individuación sitúan a los jóvenes universitarios y a los profesionales jóvenes como aquellos que encarnan más intensamente las tendencias a constituirse en individuos con mayor autonomía y distancia de los mandatos culturales portados por la tradición (injuv, 2006). Estas tendencias individualizadoras se expresan a través de representaciones sobre el mundo y por medio de proyectos de vida donde el valor de lo político y lo público cede paso a formas cada vez más privadas de comprensión de lo social.

Tales procesos deben ser comprendidos en el marco de una particular relación que los jóvenes establecen con la política. De hecho, los datos electorales confirman esta relación conflictiva con la política convencional, ya que si analizamos la evolución del padrón electoral en nuestro país podemos constatar que para el plebiscito de 1988 los jóvenes de entre 18 y 19 años constituían el 5,5% del electorado y los de entre 20 y 24 el 15,66%; mientras, para la elección presidencial del 2009 los jóvenes de 18-19 años sólo representaban un 1,05% de los inscritos, así como los jóvenes de 20 a 24 años sólo ascendían al 3,46% del electorado (servel, 2009). Estos datos resultan concluyentes a la hora de fundamentar la distancia radical que hoy existe entre los jóvenes y el sistema político convencional de Chile.

Esta distancia con los mecanismos formales de participación en el sistema político puede derivarse de distinciones cualitativas que realizan los propios jóvenes entre participación social y política. Según el injuv (2009), 89,1% de los jóvenes declara no tener interés en participar en política partidaria; sin embargo, a pesar de esta desafección con la política convencional, los jóvenes declaran participar en distintos tipos de organizaciones, tales como clubes deportivos (25,5%), comunidades o grupos virtuales (12,5%), agrupaciones artísticas y/o culturales (11,7%) y organizaciones de voluntariado (9,9%). Esta tendencia es especialmente relevante en la población universitaria, debido a que estos jóvenes asumen varias de estas formas de asociación, al mismo tiempo que articulan en las Federaciones de estudiantes y Centros de alumnos una forma de participación política y gremial sobre la base de su condición de estudiantes, estableciendo una diferencia con respecto a otros tipos de jóvenes.

De este modo, más que un declive en la participación política juvenil, en general, podríamos proponer que estamos frente a un cambio en la relación de los jóvenes con la política a partir de la postergación de las formas convencionales de participación y el fortalecimiento de formas no convencionales. Con formas no convencionales de participación nos referimos a acciones directas hacia y con los ciudadanos, comprometidas con causas concretas y cuyo objetivo son cuestiones específicas en una agenda política determinada, y que si bien muchas veces constituyen acciones no sistemáticas, demandan en su realización una mayor implicación emocional por parte de sus protagonistas (Funes, 2006). Según Norris (2004), una de las consecuencias principales de estas nuevas formas de participación es que tienden a desdibujar los límites entre lo social y lo político, y entre lo público y lo privado, resultando en formas de acción social más armónicas con los procesos individualizadores que se imponen en la sociedad contemporánea.

Para comprender cómo se estructura esta nueva relación entre jóvenes y política, debemos considerar los procesos a partir de los cuales éstos construyen los contenidos y las relaciones básicas que dan forma a sus representaciones de lo social.[1] Para analizar este fenómeno podemos distinguir dos tipos de factores que influyen en la manera en que se estructura la relación de los jóvenes y la política: un efecto «generacional» y un efecto «ciclo vital» (Jaime Castillo, 2008). La primera explicación parte del supuesto de que la socialización política primaria ejerce una influencia diferencial y determinante sobre la configuración del sistema de representaciones de cada generación. En efecto, como proponen las teorías tradicionales sobre socialización política, las actitudes básicas frente a la sociedad se adquieren a edades relativamente tempranas, a través de la familia y de la escuela, y se tienden a solidificar conforme transcurre el tiempo, generando diferencias persistentes entre generaciones distintas.[2]

Si bien la familia es el agente socializador más reconocido por la literatura especializada (Jaime Castillo, 2000), desde una perspectiva más general, algunos autores han llamado la atención sobre otros factores que pueden actuar en la constitución de una generación política. Según Goerres (2006), una generación no estaría determinada sólo por una historia política compartida, sino también por las tendencias e hitos sociales y económicos que se despliegan en su entorno inmediato y que le dan forma e interpretación a su propia historia. Por ello, resulta plausible sostener que además del aporte socializador de la familia, la generación política de jóvenes que hoy cursan estudios universitarios se construye a partir de la acción compleja de una serie de hitos mediadores de orden religioso, cultural y económico.

Por ejemplo, Toro (2008) ha sostenido que la relación conflictiva con los procesos electorales ya no es monopolio de los jóvenes, al mostrar que el grupo adulto que tiene entre 30 y 37 años ha comenzado a presentar gran parte de las actitudes que anteriormente eran atribuidas única y exclusivamente a los jóvenes. Según los resultados de Toro, el punto de distinción ya no sería la dicotomía adulto-joven, sino que la participación o no en el plebiscito de 1988, proponiendo que a partir de este hito se configurarían tres generaciones políticas distintas,[3] donde la generación participante del plebiscito presentaría diferencias significativas con las otras dos que no adscribieron a este evento histórico.

La segunda explicación sobre el modo en que se forma la relación entre jóvenes y política es el efecto del ciclo vital. Esta propuesta se plantea a partir del supuesto de que las personas van adquiriendo experiencias participativas a través del tiempo, de modo que ciertas formas de participación se vuelven más probables en determinados momentos del ciclo de vida. Hablamos de transiciones vitales que suponen cambios en las redes sociales de los sujetos. Así, variables tales como el matrimonio, la crianza de los hijos o la llegada de la vejez actúan a la altura de hitos biográficos que modifican los roles de los sujetos y el repertorio de actividades a las cuales éstos se pueden sumar, redefiniendo sus formas de participación política y su propia condición de ciudadanos.

Sin embargo, las transiciones entre roles que se producen durante el ciclo vital no son experimentadas del mismo modo por todos los sujetos. Si analizamos este proceso desde la perspectiva de las trayectorias sociales, podríamos proponer que las personas acceden a formas de acción y participación diferenciadas según las «posiciones sociales» a través de las cuales transitan durante su ciclo vital. De ahí que jóvenes que experimentan hitos biográficos comunes como la salida del colegio y el ingreso al mundo laboral construyen trayectorias absolutamente diferentes según los capitales económicos, culturales y simbólicos de su posición de origen (Ghiardo y Dávila, 2008). En nuestro caso, el haber estudiado en un colegio municipal, uno particular subvencionado o uno particular privado podría permitir la construcción de diferentes trayectorias ciudadanas en sujetos que han vivenciado el mismo hito biográfico de ingresar a la educación superior.

A partir de este análisis, podemos proponer que las representaciones políticas y las formas de participación -convencionales o no- de los jóvenes que hoy cursan estudios universitarios se construyen a partir de la relación dialéctica entre los efectos derivados de la pertenencia a una generación y las trayectorias que los jóvenes han experimentado durante su ciclo de vida. Si bien estos últimos factores parecen ser más estables y persistentes que los efectos de la cohorte (Goerres, 2006; Jaime Castillo, 2008), resulta evidente que el efecto generacional puede expresar bien una serie de transformaciones que han devenido a la sociedad chilena en los últimos veinte años (descenso de la natalidad, incremento de la esperanza de vida, aumento del trabajo femenino, explosión de las redes sociales en internet, etcétera) y que estos jóvenes experimentan como integrantes de una misma generación.

3. Método

La investigación que se presenta es de tipo descriptivo y se implementó a través de la aplicación de un cuestionario estructurado a una muestra de 832 jóvenes de ambos sexos de universidades tradicionales y privadas de la Región de Valparaíso. La muestra fue de tipo estratificada e intencional -se consideró como estratos la agrupación de jóvenes según la carrera que estudian y el área del conocimiento al cual pertenecen-, estableciendo entre los estratos la proporción general que determina el universo total de estudiantes universitarios del país. Se fijó como unidad de muestreo intencional el grupo-curso, y al interior de los estratos se aplicaron los cuestionarios a la totalidad de los alumnos de aproximadamente 20 cursos de las universidades de la región.

En relación con la muestra analizada, el porcentaje mayoritario se concentra entre los 20 y 24 años de edad con 58,8%, seguido del tramo 19 años o menos con 32,5% y el segmento 25 años o más con sólo 8,6%.

En cuanto al año que cursan los sujetos del estudio, el mayor porcentaje está en primer año de su carrera con 38,8%; le siguen los de tercer año con 24,7% y los de segundo con 21,4%. Por su parte, quienes se hallan en la parte final de sus estudios —cuarto, quinto o más— alcanzan sólo el 15%. En relación con la distribución de la muestra según sexo, las mujeres son mayoritarias, alcanzando el 55,4%. Con respecto a la universidad de procedencia de los encuestados, 81,9% está matriculado en algún plantel perteneciente al Consejo de Rectores, versus 18,1% que pertenece a una universidad privada.

Los resultados fueron analizados a través del programa estadístico para las ciencias sociales spss. Se establecieron los perfiles básicos de socialización y de representación de algunos aspectos de la política por parte de los jóvenes de la muestra a partir de tablas de frecuencia para los indicadores de cada una de las variables, mostrando sus valores, percentiles y construyendo índices para su descripción integral.

4. Resultados

Los resultados del estudio se presentan a través del análisis de cinco dimensiones generales y sus respectivas relaciones, a saber: condiciones juveniles, socialización política, identificación y adscripción política, participación política y legitimación del orden político.

a)    Condiciones juveniles

Las condiciones juveniles se refieren a las características de la «posición social» de origen de los jóvenes universitarios. Al respecto, los datos referidos a la caracterización socioeconómica dan cuenta del nuevo escenario que se despliega en la educación universitaria, con el acceso de grupos que históricamente no se habían vinculado a este nivel educacional. Sin embargo, hay que tener presente que esta expansión mantiene la distribución desigual que ha existido históricamente en el acceso a la educación superior a nivel nacional.

Si analizamos la distribución de los rangos de ingresos, tal variable sugiere que la mayor parte de los encuestados (52%) procede de familias con un rango de ingreso mensual promedio entre los $200.000 y los $350.000. En relación con el financiamiento de los estudios, la principal fuente es el crédito estatal (46,7%), seguido del financiamiento familiar (33,7%), becas (10%) y crédito privado (9,7%). Se observa una relación muy fuerte entre el modo de solventar los estudios y el nivel de ingresos: a mayor entrada económica aumenta el financiamiento familiar y se reducen las solicitudes de créditos tanto privados como del Estado, pero sobre todo de estos últimos.

Otro aspecto que se explora es el tipo de educación recibida en la enseñanza media. Se presentan estos resultados: 52,9% de los encuestados estudió en el sistema particular subvencionado, 28,8% lo hizo en el sistema municipal y 18,2% en colegios particulares privados. El tipo de educación recibida por los padres fue algo consultado a los encuestados, donde un alto porcentaje planteó que sus padres y madres cursaron la educación fiscal o publica, con 72,5% y 70,9%, respectivamente.

Para sintetizar toda la información anterior se construyó el «índice de caracterización socioeconómica». Variables incluidas: nivel de ingreso familiar, tipo de sistema educacional en que estudió, modalidad de financiamiento de la universidad y educación de los padres.

Los resultados que arrojó este índice son los siguientes:

Cuadro 1: índice de caracterización socioeconómica

Índice

Frecuencia

Porcentaje

Porcentaje acumulado

Bajo

159

19,1

19,1

Medio bajo

328

39,4

58,5

Medio alto

215

25,8

84,4

Alto

130

15,6

100,0

Total

832

100,0

b)    Socialización política

Uno de los elementos distintivos que pretende el presente estudio es dar cuenta no sólo del conjunto de representaciones y/o creencias que los y las jóvenes sustentan sobre distintas dimensiones de la política, sino también aproximarse al proceso de construcción. Para esto se indagó en la socialización política a la cual han sido sometidos los sujetos de investigación. El análisis de esta dimensión se hace sobre la base de dos criterios: los distintos espacios de socialización (familia, amigos, escuela, etcétera) y la etapa de la vida cuando se produce esta socialización (pasado/presente).

De acuerdo al primer criterio, los datos distinguen tres espacios diferentes de socialización. En orden de importancia: la familia, los ámbitos informales (amigos, conversación genérica, medios de comunicación), y la escuela. Entre todas las variables se produce una relación significativa. A partir de ahí se puede decir, por ejemplo, que personas que crecen en espacios familiares en que se conversó y se sigue conversando de política, en que se habla desde una postura política conocida, que luego participan de un proceso escolar en que lo político (como información) está presente, son sujetos que se reconocen con una postura política, que les gusta conversar y de hecho conversan habitualmente sobre temas de este tipo, y que se preocupan de mantenerse informados sobre la contingencia social, económica y política, tanto nacional como internacional.

De acuerdo al segundo criterio, se seleccionaron las variables por un criterio temporal: pasado/presente. En este caso, se puede hacer un análisis por separado: primero, las que grafican la socialización pasada, y luego, las que se refieren a la socialización actual, que más que socialización es una «puesta en práctica» de un interés por lo político (conversar, informarse). Para esto se construyeron dos índices: el de socialización pasada y el de socialización presente.

La socialización pasada incluye tres espacios: la familia, la escuela y el acceso a información. De estos agentes socializadores, el proceso de formación ideológica intrafamiliar aparece con un mayor peso en la diferenciación de los casos. Se puede plantear que el proceso al interior de la familia, que se remite al diálogo y el traspaso de posición y tendencia político-ideológica, es más relevante que la educación cívica escolar, donde se puede afirmar que la incidencia del tratamiento de temas cívicos en el colegio resulta muy baja. En este sentido, lo más importante sería la conversación dentro de la familia y el acceso a información sobre política durante la infancia.

Con los elementos anteriores se construyó el índice de socialización política pasada. Los análisis mostraron que los valores obtenidos en este índice se relacionan significativamente con el consumo informativo y con la adscripción política, sobre todo con esta última. Esto implica asumir que los jóvenes sometidos a una mayor socialización política en sus familias suelen mantenerse más informados sobre temas políticos y tienden a declarar una postura política más definida.

Cuadro 2: índice de socialización política pasada

Índice

Frecuencia

Porcentaje

Porcentaje acumulado

Bajo

247

29,7

29,7

Medio

364

43,8

73,4

Alto

221

26,6

100,0

Total

832

100,0

La socialización presente también incluye a la familia, pero asimismo se agrega a los amigos y grupo de pares, y se considera el gusto mismo por conversar. Todas las indagaciones que se realizaron para la construcción del Índice de socialización política presente se relacionan con la conversación política. Entre los dos espacios de diálogo político, el que aparece como más relevante para la actualidad de los universitarios se vincula con el que se practica con los amigos y pares. La conversación familiar aparece con un papel importante pero secundario.

Cuadro 3: índice de socialización política presente

Índice

Frecuencia

Porcentaje

Porcentaje acumulado

Bajo

147

17,7

17,7

Medio

347

41,7

59,4

Alto

338

40,6

100,0

Total

832

100,0

c)    Identificación y adscripción política

La identificación política corresponde a la tendencia por la que se autodefine el encuestado. Al consultar a los jóvenes sobre su orientación política, el mayor porcentaje (47,3%) no se inclina por ninguna tendencia; 22,3% se define de izquierda; 14%, de centro, y 16,3%, de derecha.

Cuadro 4: según tu orientación política, te consideras

 Orientación

Frecuencia

Porcentaje

Porcentaje acumulado

Ninguna

391

47,3

47,3

Izquierda

184

22,3

69,6

Centro

116

14,0

83,7

Derecha

135

16,3

100,0

Total

826

100,0

Si asumimos la noción de trayectoria ciudadana, se estableció la relación entre la orientación política de la familia -principal fuente de «socialización política primaria»- y la identificación política de los encuestados, produciéndose una correlación positiva de ambas. Esta constatación sugiere que la tendencia o identificación política es algo que se hereda.

Sobre la base de esta relación, podríamos afirmar que en los casos de familia de derecha la transmisión de la tendencia es comparativamente más baja que entre aquellos que provienen de familias de izquierda. Aunque el grupo más débil en este concepto es el de familia de centro y el más alto el que procede de una familia políticamente indefinida. Por otra parte, entre los que dicen provenir de familia de izquierda hay menos conversión hacia la derecha que en la dirección contraria, pero en ambos casos se trata de fracciones minoritarias (1% y 4%, respectivamente). Desde el centro, hay mayor conversión hacia la izquierda que hacia la derecha, aunque en este caso también se repite la reproducción ideológica. Por último, entre los que vienen de familias de izquierda la indefinición política personal es menos frecuente que entre los que provienen de familias de centro y de derecha.

Cuadro 5: relación con identificación política familiar

Identificación política de la familia

Izquierda

Centro

Derecha

Ninguna

Identificación política

Ninguna

26,9%

32,6%

41,7%

83,3%

Izquierda

62,9%

19,0%

4,0%

6,7%

Centro

9,1%

39,1%

7,2%

4,8%

Derecha

1,0%

9,2%

47,1%

5,2%

Total

100,0%

100,0%

100,0%

100,0%

Al explorar la relación que existe entre la identificación política de la familia y el nivel socioeconómico, los datos muestran que no son variables independientes entre sí y presentan cierto grado de asociación, pero con una intensidad que no aparece tan determinante. En el caso de la orientación política personal la relación también existe, pero igualmente débil.

Cuadro 6: relación con índice caracterización socioeconómica

Índice de caracterización socioeconómica

Bajo

Medio bajo

Medio alto

Alto

Identificación política

Ninguna

56,3%

49,5%

44,7%

35,2%

Izquierda

22,8%

23,4%

21,9%

19,5%

Centro

13,3%

14,2%

13,0%

16,4%

Derecha

7,6%

12,9%

20,5%

28,9%

Total

100,0%

100,0%

100,0%

100,0%

La socialización política también se constituye en un elemento importante para relacionar la identificación política. En este sentido, se observan relaciones, aun cuando no muy determinantes. Pero la identidad política (posición y coalición) no es independiente de la socialización política. Aunque no determinante, entre los más socializados políticamente hay una tendencia a identificarse más con la izquierda que con el centro y con la derecha. A esta altura de sus vidas pareciera que el efecto de la socialización pasada tiende a ser superado por la socialización presente. Los principales referentes para la formación del pensamiento político se trasladan a la conversación y el diálogo con los amigos, que probablemente sean otros universitarios. De ahí que se pueda asumir el mundo universitario como un «espacio formativo» para el pensamiento político.

En relación con el conglomerado político con el que se identifican los jóvenes, podríamos decir que siguen siendo mayoritarios quienes no se identifican con ninguno (52,7%); le siguen los partidarios de la Concertación, 23,1%; la Alianza por Chile, 14,6%, y la izquierda extraparlamentaria, 5,9%.

En cuanto a la identificación partidaria que manifiestan los jóvenes, nuevamente la opción ninguno sigue siendo mayoritaria (58,7%), el Partido Socialista se constituye en el conglomerado que agrupa mayor preferencia con 13%, le sigue Renovación Nacional con 8,6%, la Unión Demócrata Independiente con 5,4%, la Democracia Cristiana con 4,7%, el Partido por la Democracia con 4,2% y el Partido Comunista con 3%, entre los más destacados. Es importante agregar que también se les consultó por su preferencia partidaria en los tiempos del colegio, destacando la marcada disminución que se produce en la adhesión al Partido Comunista, que en ese periodo alcanzaba al 8,1%. También era menor la no identificación partidaria; es decir, en ese momento los jóvenes adherían más a los partidos políticos.

Para preguntar respecto a la etapa de la vida en que los y las jóvenes dicen definirse políticamente se utilizan cuatro momentos: Temprana, con un 4,6% (definición en la enseñanza básica); Intermedia, con un 40,6% (en la enseñanza media); Tardía, con un 16,3% (en la universidad), y No tiene, con un 38,4% (nunca se ha definido).

A partir de estos datos se puede afirmar que la adscripción política es una condición que se construye a través del tiempo, a veces desde la temprana edad, pero principalmente durante la adolescencia (educación media) y que, por lo general, se mantiene o no se pierde: la mayoría de los que se definieron en una etapa «temprana» se declaran con adscripción político-partidaria.

Al asociar el tiempo de la definición con la adscripción política se produce la siguiente relación: los puntajes altos en el índice son aún más altos entre los que forman su adscripción política más tempranamente, y viceversa. Además, el grupo con valores más altos en el índice de adscripción política tiende a relacionarse con el grupo que dice tener clara su propia visión sobre la política. Por otra parte, no existe una relación muy clara entre el tiempo de definición política y la tendencia a la que adhieren los jóvenes; del mismo modo que el índice de adscripción política. Incluso, los que se definen «de izquierda» presentan una adscripción política con partidos y coalición un poco más baja que los de derecha, aunque los dos grupos muestran una adscripción alta (más del 70%) con una diferencia marginal (+/- 6%).

d)    Participación política

En relación con la participación política de los jóvenes, consideramos una distinción gruesa entre participación «convencional» y «no convencional». Por participación convencional entendemos a las formas tradicionales de acción ciudadana destinadas a influir en la elección de gobernantes y en las decisiones que éstos pueden tomar. Por su parte, con participación no convencional nos referimos al conjunto diverso de acciones voluntarias destinadas a influir directa o indirectamente en resoluciones que afectan a distintos ámbitos de la vida social y cultural.

A nivel de la participación convencional destaca la inscripción en los registros electorales de los jóvenes del estudio, la que asciende al 29,4%, mientras el 70,4% no lo está. Si comparamos estos datos con los proporcionados por la VI Encuesta Nacional de Juventud, podemos constatar que el grupo universitario participante en este estudio exhibe una proporción de inscritos levemente superior a la medición del injuv, la cual establece que el 78,7% de los jóvenes no se ha inscrito en los registros electorales y 20,8% sí lo hizo (injuv, 2009). Este bajo porcentaje es consistente con los datos proporcionados por el Servicio Electoral, que nos indican que para las elecciones presidencial y parlamentarias del año 2009 los hombres y mujeres de 18 a 29 años representaron el 9,69% y 8,76% de su universo electoral respectivo, lo que, si bien demuestra un leve aumento comparado con la elección de alcaldes y concejales del año 2008, está muy lejos de los niveles de participación del plebiscito de 1988, donde los hombres y mujeres jóvenes alcanzaron el 37,30% y el 34,77% del universo electoral respectivo (servel, 2009).

En cuanto a la participación no convencional en actividades político-sociales por parte de los jóvenes, la mayor frecuencia se da en los «actos culturales» (39,5%), «marchas» (11,3%), «paros-huelgas» (5%) y «tomas» (2,7%), mientras que un 39,5% dice no haber participado en ninguna de estas actividades. En cuanto al nivel de asociatividad que registran estos jóvenes, podríamos decir que las organizaciones que registran mayor frecuencia son el «club deportivo» con 23,3%, la «organización estudiantil» (caa y Federaciones) con 8,3% y el «centro cultural» con 6,5%, los «scouts» con 5,8%; mientras, 22,9% dice que participa en «otras actividades» y un 30,3% no integra ninguna organización político-cultural. Las razones más importantes que esgrimen los jóvenes para ingresar a una organización están: «Que la organización satisfaga mis intereses y necesidades» con 27,8%, seguido por «Tener tiempo libre» con 23,6%, «Que mi participación beneficie a otras personas» con 22,6%, «Que pueda obtener algún tipo de beneficio personal» con 8,9% y sólo con un 2,4% «Que comparta mi orientación política».

En el marco de la participación no convencional se indagó en la adhesión de los y las jóvenes a los movimientos políticos no tradicionales. Para esta dimensión se consideraron todas las variables que podían ayudar a reflejar un nivel de adscripción a expresiones o estrategias políticas «alternativas». No se incluyó en este análisis la legitimación de la violencia, pues los análisis de relación arrojaron que incluir esta variable como un elemento para medir la adhesión a una lógica «movimientista» no era demasiado relevante. En definitiva, las variables incorporadas fueron la legitimación de movimientos independientes y la afirmación de que los universitarios pueden cambiar la sociedad mediante la participación, aunque por su grado de relación se ponderaron por un factor más bajo que la adhesión a marchas y tomas.

Cuadro 7: índice adhesión a movimientos

Índice

Frecuencia

Porcentaje

Bajo

122

14,7

Medio

466

56,2

Alto

241

29,1

Total

829

100,0

e)    Legitimación del orden político

La legitimación del orden político se vincula con las representaciones que elaboran los jóvenes acerca de las instituciones políticas y la democracia. Ante la afirmación «La democracia es preferible a cualquier otra forma de gobierno», 49,8% estuvo totalmente de acuerdo, 29,3% de acuerdo, 12,9% en desacuerdo y 8% totalmente en desacuerdo. También se les presentó a los y las jóvenes la afirmación «A la gente como uno le da lo mismo un gobierno autoritario que uno democrático», ante la cual 86,3% se manifestó en desacuerdo o totalmente en desacuerdo y 13,7% estuvo de acuerdo o totalmente en acuerdo. De este modo, podemos constatar una alta adhesión a la idea de democracia entre los jóvenes; sin embargo, al consultar sobre quiénes deberían ser los llamados a tomar las decisiones políticas, los resultados muestran que el criterio que más legitiman los universitarios corresponde al técnico-funcional: la política como profesión y el Estado -y, por extensión, la política- como actividad fundamentalmente técnica y no ética. El criterio «democrático» resultó segundo, pero muy por debajo del técnico-funcional, y poco más arriba del criterio de la creación de empleo y riqueza. El discurso «tradicionalista-aristocrático» es el que menos adhesión despierta.

Cuadro 8: ¿quiénes son los que deberían tomar las decisiones?

Categoría

Identificación política

Ninguna

Izquierda

Centro

Derecha

Total

Los que por

tradición siempre

lo han hecho

2,9%

1,1%

1,8%

2,3%

2,2%

Los que tienen

los conocimientos técnicos para hacerlo

62,8%

53,9%

60,2%

65,6%

60,9%

Los que la mayoría ha elegido

12,4%

34,3%

26,5%

7,6%

18,5%

Los que pueden crear riqueza y dar trabajo

18,2%

10,1%

8,8%

20,6%

15,5%

Los que la ley

designa para hacerlo

3,7%

0,6%

2,7%

3,8%

2,9%

Al desagregar los resultados por identificación política, el criterio técnico-funcional es el mayoritario en todos los grupos ideológicos. Empero, se pueden nombrar algunas diferencias. Los grupos que más se identifican con este criterio son los jóvenes de derecha y los sin identificación política. De hecho, las tendencias muestran una suerte de similitud en el comportamiento de estos dos grupos en las distintas categorías de respuesta. Lo mismo ocurre con la izquierda y el centro. Estos dos grupos, comparativamente, se identifican más con el criterio democrático, que resulta más bajo entre los jóvenes de derecha y los sin identificación política.

Otro elemento indagado en esta dimensión fue la evaluación que hacen los y las jóvenes de los políticos y la política. Para ello, se construyeron distintos índices. Para el primer índice centrado en la política como actividad, los datos muestran que el 86,7% de los encuestados se agrupa en las categorías baja y media. A partir de ahí se puede inferir que la percepción de los universitarios acerca de la actividad política no es positiva.

Cuadro 9: índice de opinión sobre la política

Índice

Frecuencia

Porcentaje

Porcentaje acumulado

Bajo

372

44,8

44,8

Medio

348

41,9

86,7

Alto

110

13,3

100

Total

830

100,0

El índice que mide la aprobación de los políticos se construyó sobre la base de una sumatoria simple. Los datos se presentan en el siguiente cuadro.

Cuadro 10: opinión sobre los políticos

Categoría

Frecuencia

Porcentaje válido

Porcentaje acumulado

Bajo

202

25,9

25,9

Medio

425

54,5

80,4

Alto

153

19,6

100,0

Total

780

100,0

Esta opinión negativa manifestada por los jóvenes del estudio sobre los políticos es coherente con investigaciones realizadas anteriormente con población universitaria de Valparaíso, en las cuales se establece una fuerte asociación entre políticos y corrupción (Hatibovic y Rodríguez, 2003). Por otra parte, en relación con este índice se puede afirmar que la aprobación a los políticos no aparece relacionada con la adhesión a movimientos sociales. Si bien el sentido de la relación resulta negativo, e implica que hay una tendencia que sugiere que entre los que más adhieren a la lógica movimientista se produce una opinión más negativa sobre los políticos, la relación no es lo suficientemente concluyente. Esto quiere decir que adherir a la lógica de los movimientos -puede ser expresión de estrategias políticas alternativas- no necesariamente responde a un rechazo declarado a la figura de los políticos. O, al revés, no necesariamente el rechazo a la figura de los políticos lleva a adherir a la lógica de los movimientos.

La opinión sobre la política y los políticos está relacionada positivamente: a mejor opinión sobre los políticos, mejor sobre la política, y viceversa. De todos modos, el vínculo no se manifiesta tan intenso. La apreciación acerca de la política se sujeta a la tendencia política, ya que la media de aprobación de los distintos grupos ideológicos es significativamente diferente.

Cuadro 11: relación entre identificación política y opinión sobre la política

Identificación política

Ninguna

Izquierda

Centro

Derecha

Total

Índice de opinión sobre la política

Bajo

55,1%

34,4%

38,8%

34,1%

44,8%

Medio

38,5%

46,4%

40,5%

48,1%

42,1%

Alto

6,4%

19,1%

20,7%

17,8%

13,1%

Total

100%

100%

100%

100%

100%

Otro aspecto relevante está dado por el hecho de que los grupos con una definición política más clara presentan mayor adhesión al juego político convencional. También se observa que la adhesión a la política convencional no es independiente de la tendencia política.

5. Discusión

El análisis empírico de los procesos de socialización política de los jóvenes universitarios de la Región de Valparaíso nos permite establecer algunas conclusiones preliminares y proponer ciertas líneas de reflexión acerca del tipo de relación que establecen los jóvenes de hoy con la política.

En primer lugar, consistentemente con los estudios sobre socialización política, los resultados nos permiten establecer que la familia se constituye en una entidad importante en la transmisión del pensamiento político sobre la sociedad. Los resultados indican que los jóvenes sometidos a una mayor socialización política en sus familias de origen suelen manejar mayor información sobre estos temas y tienden a adoptar una postura política más definida. Del mismo modo, los jóvenes que se socializaron en familias con una explícita definición política tienden a reproducir las definiciones ideológicas familiares y presentan una menor indefinición político-partidista, resultando marginales los casos en que se produce conversión hacia una posición distinta a la del grupo familiar de origen.

Lo anterior es consistente con estudios internacionales (Jaime Castillo, 2000; Hooghe, 2004) que plantean que los jóvenes comparten un buen número de normas políticas con sus padres -aunque en las familias actuales se tienda a conversar menos sobre ella-, porque la reproducción ideológica se realiza a través del sistema de categorías con que los sujetos comprenden el mundo desde la niñez. De este modo, a pesar de las conclusiones de algunos estudios que han establecido que los padres no hablan explícitamente sobre temas políticos con sus hijos (Navarrete, 2008); los resultados indican que la familia como institución socializadora sigue transmitiendo, a través de medios explícitos e implícitos, los elementos básicos del sistema de representaciones políticas de los adolescentes. Pero, a medida que éstos crecen, comparte ese lugar de influencia con los grupos de pares y los medios de comunicación de masas.

Relacionado con lo anterior, los resultados también indican que las instituciones socializadoras como el colegio y la universidad se constituyen en espacios de formación del pensamiento político «heredado» de la familia, pero no en espacios de «re-socialización política». Esto resulta relevante a la hora de pensar en la institución universitaria como formadora de ciudadanos, especialmente cuando se confronta el rol que cumplía en décadas anteriores como agente crucial en el proceso de «concientización» política de las nuevas generaciones de jóvenes.

En segundo lugar, y coincidente con los estudios sobre juventud realizados en nuestro país, se puede establecer que para los jóvenes que intervinieron en este proyecto la participación política convencional -especialmente la de tipo electoral- corresponde al mecanismo menos legitimado de acción política. Por el contrario, ellos adhieren mayoritariamente a las acciones movimientistas o del tipo voluntariado. Sin embargo, al criticar las formas convencionales de organización y participación, y al rechazar el uso de la violencia como fundamento de la acción política, no resulta clara la forma que toma y podría tomar en el futuro la acción política de los universitarios.

Estos resultados son consistentes con varios estudios que reconocen la influencia de las nuevas formas de asociatividad y organización juvenil, aunque proponen diversas formas de interpretación frente a ellas. Por un lado, tenemos una interpretación «optimista», para la cual las prácticas no convencionales de participación de los jóvenes constituyen las manifestaciones concretas de una nueva forma de entender la política y la democracia, la cual podría tener en el futuro un desarrollo potencial en el espacio público e institucional (Funes, 2006; Cárdenas et al., 2007). Por otro, existe una interpretación «escéptica» que mira con desconfianza la capacidad efectiva de estas nuevas prácticas de constituirse en un verdadero antagonismo con las tendencias individualizadoras de la sociedad, evaluándolas como manifestaciones marginales del mismo sistema normativo hegemónico (Sandoval, 2003; Vera, 2008).

Sin embargo, a pesar del debate anterior, los resultados no establecen una incompatibilidad absoluta entre ambas lógicas de participación, ya que para los jóvenes que intervinieron en el estudio las estrategias no convencionales no responden necesariamente a un rechazo a la figura de los políticos y de la política. Así, resulta plausible postular que ambas lógicas pueden coexistir. Lo anterior es coincidente con un estudio italiano (Mannarini, Legittimo y Talò, 2008) en el cual se analizaron diversas formas de participación social y política de estudiantes universitarios que concluyó que las formas de participación no son mutuamente excluyentes, de modo que la implicación de los jóvenes en una forma no supone obligatoriamente la exclusión de la otra.

En tercer lugar, los resultados indican una alta adhesión a la idea de democracia por parte de los jóvenes incluidos en este estudio. Por lo tanto, la legitimación del juego democrático la tienden a radicar en un criterio técnico-funcional más que en uno propiamente político. Con independencia de la identificación política, los jóvenes elaboran una representación de la democracia a partir de la cual no queda claro que para ellos siga significando «el gobierno de las mayorías».

Esta representación de la democracia puede estar relacionada con la mala valoración que los jóvenes expresan de la política como actividad democrática y de los políticos como agentes de la democracia. De hecho, cuando consideramos los resultados de la vi Encuesta Nacional de Juventud podemos constatar que los jóvenes en general la estiman como ideal, pero sienten un alto nivel de insatisfacción con su experiencia democrática a partir de la mala apreciación de los partidos políticos y de otras instituciones de la política tradicional (injuv, 2009).

Pareciera que los jóvenes quisieran vaciar la categoría «democracia» de su carga negativa asociada a la presencia de los «vicios» de la política. Tal como concluyen Michaud, Carlisle y Smith (2009) en un estudio reciente sobre los valores políticos, el individualismo liberal parece instalarse en la base del sistema de representaciones políticas, postergando las visiones igualitaristas del discurso democrático. En nuestro caso, si bien existe una valoración ideal de la democracia por parte de los jóvenes, ésta se construye a partir de la expulsión de lo social y lo político y la sobrevaloración de lo técnico y lo profesional.

Una explicación a esta valoración expresada por los jóvenes se puede encontrar en las consecuencias derivadas de un sistema político generado en dictadura y legitimado en democracia, cuya falta de legitimidad estaría provocando una crisis de representatividad del sistema y una disminución más o menos significativa de la participación político-electoral de los ciudadanos (Garretón, 2007). Otra explicación la podemos encontrar en el proceso de transformación que han experimentado los discursos institucionales sobre la ciudadanía y la política, los cuales han pasado a promover un nuevo tipo de «saber experto», donde el manejo de la información técnica pasa a reemplazar a la argumentación política (Sandoval, 2009).

Sin embargo, queda por explorar más sistemáticamente otra línea de interpretación de los resultados que nos sugiere que quienes más valoran la democracia no son aquellos que legitiman el juego político en su formato convencional, sino quienes buscan la participación de actores o sujetos colectivos a través de formas no convencionales de acción y organización. En todo caso, si esta interpretación es plausible, resulta evidente que estas formas de representación no serían dominantes en la cultura política juvenil y, más bien, representarían una suerte de manifestación contracultural de la democracia a partir de valores como la participación directa, el asambleísmo y la acción no mediatizada por organizaciones intermedias.

Finalmente, los resultados de la investigación nos sugieren que los nuevos ciudadanos que estudian en las universidades de la Región de Valparaíso han ido construyendo durante sus trayectorias ciudadanas un sistema de representaciones en el cual la actividad política se «despolitiza»; es decir, se separa de su carga simbólica institucional.

A pesar de que podemos identificar una verdadera bifurcación en la representación de la política: actividad puramente administrativa o «técnico-funcional» o actividad de asociación movimientista y microsocial de vinculación entre individuos o grupos, en ambas perspectivas los componentes tradicionales de la política como institución y organización desaparecen, reconstruyéndose una representación a partir de una dialéctica inconmensurable, en la cual encontramos por el anverso el discurso hegemónico de la política como técnica, y por el reverso el discurso minoritario de la política como movimiento y participación no convencional.

Valparaíso (Chile), marzo 2010

Notas

* Artículo desarrollado a partir de los resultados del «Estudio descriptivo sobre las trayectorias sociales y las representaciones políticas en jóvenes estudiantes universitarios de la V Región» Proyecto dipuv Nº27/2005 de la Universidad de Valparaíso.

[1]El problema planteado nos refiere al fenómeno de socialización política; o sea, al proceso de aprendizaje y cambio de las valoraciones, preferencias, lealtades y simbologías políticas que comienzan desde la temprana edad y que explican el tipo de relación que establecen los jóvenes con la política, en tanto cultura e institución. Es decir, estamos ante la pregunta parsoniana por cómo la sociedad ajusta a los individuos para el ejercicio de los roles y funciones de una cultura política que garantiza la continuidad del sistema social, pero también ante la pregunta por la discontinuidad y el cambio social. Desde la perspectiva de este trabajo, la socialización política tendría una naturaleza doble: no se trataría sólo de la transmisión o reproducción de las pautas de una cultura política hegemónica, sino también de su ruptura, renovación o reconstrucción.

[2]Para un revisión del concepto de «generación», ver Ghiardo, 2004.

[3] Al respecto, el autor señala textualmente: «En efecto, al hacer este ejercicio se puede demostrar que es mucho más útil analizar la participación de las cohortes de jóvenes (18-29, desde ahora generación 1), adultos que no participaron en el plebiscito (30-37, desde ahora generación 2) y adultos que participaron en el plebiscito (mayores de 38, desde ahora generación 3), que cualquier otra manera de observar este fenómeno» (Toro, 2008:143).

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Direción para Correspondencia:
Juan Sandoval Moya. E-Mail: juan.sandoval@uv.cl.
Fuad Hatibovic Díaz. E-Mail: fuad.hatibovic@uv.cl.

Recibido: marzo 2010, Aceptado: mayo 2010

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