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Ultima década

versión On-line ISSN 0718-2236

Ultima décad. v.18 n.32 Santiago jul. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362010000100005 

Última Década, 32, 2010:85-103

JUVENTUDES, POLÍTICA Y CIUDADANÍA

Participación y tendencias políticas en estudiantes universitarios: el caso de la Universidad de Chile

Participação e tendências políticas em estudantes universitários: o caso da universidade do Chile

Political participation and trends in university students: the case of the University of Chile

 

Giovanni Carrasco Azzini*

* Administrador público; licenciado en ciencias políticas y gubernamentales, mención ciencia política, Universidad de Chile. Versión adaptada de la tesina presentada por el autor para obtener el grado de licenciatura, titulada «Participación política universitaria, ¿reflejo de la realidad nacional? El caso de la Universidad de Chile» en noviembre de 2007.

Dirección para Correspondencia


Resumen

Durante años, en nuestro país la tendencia y la participación política de los estudiantes universitarios fue clave para los diversos gobiernos acaecidos hasta 1973. La Universidad de Chile, en tanto la primera y más grande institución de educación superior del país, siempre fue vista con especial interés, afirmándose incluso que «lo que sucedía en la fech, sucedía en Chile». Sin embargo, una vez que se inició el régimen autoritario en nuestro país la relación anteriormente señalada ya no fue tal, hasta el día de hoy. Esta investigación, de carácter exploratorio cualitativo, pretende analizar las posibles relaciones existentes entre la política nacional y la política universitaria, y explicar las causas por las cuales, aparentemente, la orientación política de las organizaciones estudiantiles de la Universidad de Chile ya no reflejan la realidad nacional.

Palabras clave: juventud, participación política, elitismo.


Resumo

Durante anos em nosso país, a tendência e a participação política dos estudantes universitários foi crucial para os diversos governos até 1973. A Universidade do Chile, a primeira e maior instituição de educação superior do país, sempre foi vista com interesse especial, afirmandose inclusive que «o que acontecia na fech, acontecia no Chile». No entanto, com o início do regime autoritário em nosso país, esta relação sofreu transformações que perduram até hoje. Esta pesquisa, de caráter exploratório e qualitativo, pretende analisar as possíveis relações existentes entre a política nacional e a política universitária, bem como explicar as razões pelas quais, aparentemente, a orientação política das organizações estudantis da Universidade do Chile já não reflete a realidade nacional.

Palavras-chave: juventude, participação política, elitismo.


Abstract

For years in our country, the trend and political participation of university students was key to the various governments that took place until 1973. The University of Chile, in both the first and largest higher education institution in the country, was always seen with a special interest, even stating that «what happened on the date, happened in Chile». However, once started the authoritarian regime in our country, the relationship defined above is no longer such until today. This research, exploratory qualitative aims to analyze the possible relationships between national policy and university policy, and explain the reasons for which, apparently, the political orientation of the student organizations at the University of Chile and do not reflect reality national.

Key words: youth, political participation, elitism.


 

I. Introducción

Hasta el año 1973, comúnmente se hablaba de la relación existente entre la realidad política de la Universidad de Chile y la del resto del país. En efecto, se consideraba a la Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile (fech)[1] como un verdadero «barómetro» de lo que sucedía en nuestra sociedad de la época. Por lo mismo, era habitual que la tendencia política del presidente de la fech fuese, a la vez, la dominante, o la que marcaba una fuerte presencia en ese entonces.[2] Una vez rearticulada la Federación a finales de la década de los 80, y luego en el regreso a la democracia, esta relación comenzó a variar drásticamente: Mientras desde 1995 hasta 2007 (exceptuando una dirección cercana a la derecha durante el período 2003-2004) es la izquierda extraparlamentaria la que ha dominado la Federación, el contexto político chileno es totalmente distinto: el pacto «Juntos Podemos» obtuvo 6,8% de apoyo en la última elección parlamentaria realizada en 2005. De este modo, por un lado se observa una gran participación juvenil en los movimientos universitarios -dirigidos en su gran mayoría por grupos cercanos a la izquierda-,[3] y a su vez, se aprecia una disminución progresiva en la participación de los jóvenes en las elecciones a nivel nacional y poca cercanía con la actividad política en general.[4]

¿Será acaso que ya no existe aquella relación entre la política estudiantil llevada a cabo al interior de la Universidad de Chile y la política a nivel nacional?

Lo que se busca analizar en este trabajo es la participación política de los jóvenes universitarios, en particular de la Universidad de Chile, y la relación entre las tendencias existentes en su centro educacional y las que se presentan en la realidad nacional. A su vez, se realizará una caracterización de sus dirigentes, en tanto representantes de las mayorías universitarias así como sujetos portadores del poder a nivel estudiantil.[5] En dicho sentido, manejaremos dos hipótesis que guiarán el presente trabajo: en primer lugar, como hipótesis general buscaremos probar que Si mayor es la búsqueda de identidad desde lo colectivo, mayor será la participación política; y como hipótesis específica afirmamos que Si disminuye la participación en la política nacional, disminuye la participación en la política universitaria.[6] Del mismo modo, para el desarrollo del trabajo se revisará bibliografía relacionada, se obtendrán y analizarán datos eleccionarios a nivel nacional y universitario y se realizarán entrevistas a informantes claves, en este caso dirigentes estudiantiles de las diversas facultades de la universidad, que derivarán en un posterior análisis.

II. Descripción de los resultados

«El movimiento estudiantil ha sido considerado permanentemente como un movimiento social decisivo para los partidos políticos, por una doble razón; en primer lugar, porque permite el reclutamiento de una cantidad apreciable de dirigentes que adquieren un nivel de formación política superior a cualquier otro frente de acción; en seguida, porque el movimiento estudiantil constituye una fuerza social que ejerce un poder muy destacado en la sociedad, de manera que el control de las organizaciones estudiantiles significa un paso adelante en la lucha política de los partidos» (Huneeus, 1973: 35). De las varias organizaciones que integran dicho movimiento, sin duda la fech es la más importante, siendo la causal del auge y caída de varios gobiernos (Huneeus, 1973) e incluso se dice que fue un importante actor en los hechos que desencadenarían el plebiscito de 1988 (García, Madariaga y Toro, 2006).

En virtud de ello, el análisis que se realizará a continuación resulta pertinente, teniendo en vista la obtención de ciertas conclusiones preliminares sobre la actual naturaleza del movimiento juvenil universitario.

De acuerdo a los datos obtenido y a la metodología presentada con anterioridad, se estima conveniente desarrollar esta investigación de la siguiente forma: por una parte, realizar una breve caracterización de la cultura política juvenil desde los años 60 hasta nuestros días, para enseguida analizar la información concerniente a la posición y participación política de los estudiantes de la universidad, y la posible relación que tenga ésta con las tendencias nacionales. Finalmente, estudiar el mundo específico de la dirigencia universitaria, buscando identificar sus motivaciones, naturaleza y los modos en los cuales son reflejo o causantes de la tendencia política de la universidad.

1.    La cultura política juvenil a través del tiempo

Ser joven, además de pertenecer a un rango etario determinado, significa mantener una «construcción cultural y administrativa, una parte de la imagen que la sociedad tiene de sí misma» (Touraine, 1997:1). A través de esta construcción, los jóvenes se forman una cultura política juvenil propia, que se transforma en la base que determina su accionar político (Caputo, 2006). Conocer cómo ha evolucionado dicha cultura resulta, por lo tanto, fundamental a la hora de caracterizar la relación entre jóvenes y política. Por ejemplo, en los años 60 y 70 se entendía como jóvenes casi exclusivamente a los estudiantes universitarios (Garretón, 1991). De este modo, cuando se hablaba de ellos inmediatamente se pensaba en dirigentes estudiantiles u organizaciones políticas universitarias. Con ello, se comprendía que los jóvenes eran parte futura de la élite política, por lo que identificarse con una tendencia o participar en un partido resultaba clave para la autoafirmación e integración del individuo (Garretón, 1991). Si a lo anterior sumamos los acontecimientos históricos de la época, resulta obvio que se conformó una imagen de juventud vinculada a los cambios sociales y fuertemente ligada a los modos de realización colectivos. De esta forma, la sociedad en general solía identificar dos tipos de jóvenes: por un lado, una juventud revolucionaria, relacionada con los obreros y en constante búsqueda de cambios sociales; y otra juventud burguesa y despreocupada, que sólo buscaba divertirse en virtud de las ventajas que su posición económica les entregaba (Muñoz, 2004). Así, el joven debía estar preocupado sólo «de hacer historia» en aquellos cruciales momentos, creando una juventud que prácticamente eran «adultos en formación», listos para apoyar el proceso revolucionario (Muñoz, 2004).

Luego del Golpe de Estado en 1973, la visión social que se tenía de ellos cambió radicalmente. Si antes participar en política era bien visto e incluso aseguraba futuras oportunidades, en aquella época los dirigentes universitarios fueron perseguidos, expulsados de sus casas de estudios, torturados y, en muchos casos, asesinados. Debido a eso, en el régimen militar la política dejó de ser aquel vehículo integrador de antaño (Garretón, 1991) y se impone una visión en la cual la juventud ideal es «apolítica, buena, ordenada, no grita con soberbia su opinión, pues conoce sus limitaciones» que se contrapone a una juventud negativa que sería «politizada, minoritaria y antipatriota» (Muñoz, 2004:80). Con el plebiscito de 1988 se produce un momento de fuerte interés por la política debido al carácter histórico que presentaba esta elección como finalización de la lucha contra una dictadura (Bustos, 1997). Sin embargo, con el correr de los años la participación formal de los jóvenes irá permanentemente a la baja (Fernández, 2000).

Esta baja, que sigue su curso en los años 90 y en la presente década, se debe a un nuevo cambio en la identidad social de los jóvenes, de carácter anómico.[7] Se afirma que la cultura política juvenil, que en un primer momento estaba determinada por las luchas por la igualdad, la libertad y la independencia nacional,[8] cambia en tres grandes puntos durante la década mencionada (Garretón, 1991): primero, desaparece la aspiración del método revolucionario como valor en sí mismo; segundo, cada una de las luchas por la igualdad, la libertad y la independencia nacional, que antes se comprendían unidas (y que eran, para el autor, la base sobre la que se construía la cultura política juvenil), tienden a hacerse autónomas unas de otras y cada vez más técnicas y menos políticas, y tercero, se configura otro motor de la acción colectiva: la autorrealización o búsqueda de la felicidad. Así, los jóvenes no sólo persiguen la felicidad en sus antiguas luchas, sino que buscan «ser alguien», tanto colectiva como individualmente. De este modo, la política deja de ser la actividad que absorbía y resolvía las tensiones sociales por tres cambios fundamentales de contexto: el rol histórico del Estado, que pasa del concepto benefactor-empresarial a Estado subsidiario; las continuas campañas de desprestigio de la actividad política por parte del régimen militar, y las transformaciones institucionales ocurridas con la adopción del sistema económico de mercado (Bustos, 1997).

¿Y qué definirá, entonces, a los jóvenes y configurará su identidad social en la actualidad?

En el presente, al parecer, se ha pasado de un modelo cultural basado en la «razón social», comprendida como la legitimación de aquello útil para la colectividad, a una fundada en la «autorrealización autónoma», la cual legitima lo que el individuo (en este caso, el joven) considera útil para su desarrollo personal (Sandoval, 2000). Lo colectivo pasa a ser, de esta forma, un espacio que permite ante todo representar la dimensión subjetiva de la propia individualidad (Jara, 1999), conformándose cada vez más como un medio y menos como un fin. De ese modo, en la actual cultura política juvenil los procesos institucionales pierden sentido y se construye una visión negativa acerca de la labor de los partidos políticos, lo que configura una baja participación política de los jóvenes, la cual, a juicio de Bustos (1997), se fundamenta en una desconfianza en los partidos y en los políticos debido a que éstos no logran canalizar sus intereses. Y una elitización de los mismos, que exigen, a su vez, la institucionalización de las juventudes políticas organizadas.

¿Cómo se refleja esto en la Universidad de Chile?

2.    Tendencias políticas y participación estudiantil[9]

Durante los últimos años, la fech ha sido gobernada, sólo con una interrupción el año 2003, por organizaciones ligadas a la izquierda política. Esta tendencia se mantiene en los espacios locales de la universidad, ya que, de acuerdo a lo manifestado por los dirigentes entrevistados, prácticamente todas sus facultades mantienen una tendencia cercana a la izquierda, con la excepción de la Facultad de Economía y Negocios, calificada como de centro derecha. Sin embargo, esta generalizada inclinación presenta bastantes características especiales, señaladas por los mismos dirigentes. En primer lugar, ellos se cuidan muy bien de dotar a esta tendencia de adjetivos que atenúen la afirmación, como por ejemplo calificar a los estudiantes de «izquierda progresista», «izquierda moderada» o tener la precaución de aclarar que los alumnos «se sienten cercanos a los valores presentes en las tendencias de izquierda». En segundo término, si bien existe este dominio, varios entrevistados manifiestan que sus compañeros son apartidistas y mantienen un rechazo a los partidos políticos tradicionales, incluidos los de la izquierda extraparlamentaria. Y, por último -lo que parece más importante-, afirman que esta tendencia en muchos espacios locales se obtiene debido a que la mayoría de los estudiantes que participan en las distintas instancias políticas, y que por lo tanto la configuran, son de izquierda, afirmándose que habría estudiantes de otras sensibilidades que simplemente no se manifiestan y/o no están organizados, lo que permitiría este dominio generalizado de la izquierda en las respectivas facultades.

Esta participación, a la vez, no se haría patente sólo en procesos eleccionarios; de hecho, varios de los entrevistados al evaluar la participación de sus compañeros en instancias políticas indicaron que la intervención en manifestaciones estudiantiles estaba ligada «a los momentos de la coyuntura» o a «los primeros o segundos años de pertenencia a la universidad». Es más, varios de ellos aclaran después que «existe una distancia entre la fech y los estudiantes, que no se sienten representados». La fech sería también «reflejo de las personas que tienen más discurso y las que más participan: la izquierda». Entonces, si bien los estudiantes participan en momentos de gran coyuntura, ésta se daría sólo en los espacios locales a través de las movilizaciones. En relación a esto, prácticamente la totalidad de los entrevistados afirma que durante su estada en la dirigencia hubo manifestaciones estudiantiles, y en la única excepción, la Facultad de Economía y Negocios, se afirma que si bien no se produjeron durante su período «la movilización del año anterior fue fundamental para mi elección en el siguiente período».

Con ello podemos identificar un primer cúmulo de datos importantes: se manifiesta un dominio de la izquierda, el cual es explicado en ocasiones por la nula participación y/o organización de otras tendencias; asimismo, existiría un grado relativamente alto de interés por temas de política a nivel Universidad que no se manifestaría sólo durante las elecciones, sino mediante otros canales como las movilizaciones estudiantiles. Lo obtenido hasta ahora implicaría una crítica a las formas tradicionales de participación que se condecirían con las tendencias a nivel nacional. Los entrevistados señalan al respecto que, por ejemplo, el actual sistema democrático chileno es de baja calidad, presentándolo como «excluyente», «ausente de canales de participación» y que «mantiene enclaves autoritarios» (INJUV, 2006). Esto tendría cierta congruencia con el desencanto que conservarían, en general, los jóvenes frente a la democracia (ver tabla 1).

Tabla 1

Satisfacción juvenil con el funcionamiento
de la democracia chilena

Nada + No muy satisfecho

50,1%

Más bien + Muy satisfecho

37,8%

No sabe

6,9%

No responde

5,2%

Fuente: Quinta Encuesta Nacional de Juventud (2006), INJUV, Santiago.

Este desencanto con la democracia, fenómeno aparentemente transversal entre los jóvenes, ha implicado una baja ostensible en las inscripciones electorales de este segmento etario. Los mismos dirigentes han señalado que en los espacios donde ejercen sus labores se suscitan fenómenos similares. A la hora de caracterizar esta apatía, muchos de los entrevistados manifiestan que se trataría de un hecho «global» o «sistémico». En general, hay una identificación constante de la aparente despolitización juvenil con herencias de la dictadura militar, que se traducirían no sólo en aspectos socioculturales, sino también en las carencias democráticas que presenta actualmente, a juicio de los entrevistados, el sistema electoral chileno. Las críticas apuntan, en lo formal, a dos aspectos: el primero referido a los problemas ocasionados por el sistema binominal, que «dejaría excluidas a minorías significativas del país», y el segundo, al modelo de inscripción en los registros electorales -inscripción voluntaria y voto obligatorio- que produciría un «círculo vicioso», desencadenante de la baja inscripción electoral juvenil: como los jóvenes no se inscriben, los partidos políticos no generarían programas atrayentes para ellos. Por último, también se mencionó de forma habitual que, además de estos aspectos exógenos, los jóvenes de los últimos años muestran cada vez con mayor frecuencia una escala de valores individualista, que los alejaba de las formas de participación colectiva.

En dichos términos, dado que los entrevistados identifican al individualismo como una de las razones de la apatía política, parece lógico afirmar que el colectivismo (en tanto antítesis) tendría implicancias a la hora de determinar una alta participación en espacios políticos. Al mismo tiempo, si los entrevistados afirmaban que los estudiantes que más se integraban eran los vinculados a la izquierda, se podría aseverar con ello que, en general, las masas estudiantiles que participan de movimientos y elecciones son de izquierda, lo que podría explicar preliminarmente su sostenido triunfo en los últimos años. Una investigación realizada por González (2005) indica que existiría tendencia entre identificación política hacia la izquierda con inscripción en registros electorales (ver tabla 2). En este caso, se manifiesta en la relación entre la Concertación y la Alianza por Chile, actuales coaliciones de centro (o centro izquierda para González) y de derecha, donde la primera muestra un grado superior de inscripción en los registros electorales por parte de los jóvenes, por su mayor cercanía con la izquierda. Ello es coherente también con lo afirmado sobre el espacio universitario.

Tabla 2

Inscripción en registro electoral

NO

No identificados políticamente

18,3%

81,7%

Identificados coalición Derecha

22,5%

77,5%

Identificados coalición Centro-Izquierda

34,7%

65,3%

Identificados partidos Derecha

41,2%

58,8%

Identificados partidos Centro-Izquierda

46,9%

53,1%

Fuente: González, 2005.

Pero, en este caso, ¿qué impediría a la generalidad de los estudiantes de izquierda, que votan por esa tendencia en las elecciones fech, inscribirse en los registros y con ello elevar la votación del conglomerado «Juntos Podemos»? En este sentido, se hace interesante observar si lo planteado por los entrevistados se sustenta en los datos de inscripción electoral y, ante todo, si dicho escenario de desencanto y descenso sostenido de las votaciones afecta de algún modo el proceso que se realiza en el espacio político universitario (ver gráfico 1). La evidencia en aquel sentido es contrapuesta, y parece indicar que no existe una relación evidente entre la participación en elecciones nacionales y la que se verifica en la fech. En efecto, se pueden observar dos períodos con características distintas: el primero, desde 1988 a 1993, presenta en su inicio la cifra más alta del período en participación electoral (66,8%), y a partir de entonces, un continuo desplome, que concluiría en 1993 con la disolución de la fech. En esta primera época, la Federación presentaba similitudes con lo que ocurría a nivel nacional: estaba dirigida por grupos ligados a la Concertación y liderados por la dc y un eje ppd-ps (García, Isla y Toro, 2006).

La ostensible baja en la votación es explicada porque una vez recuperada la democracia, una de las máximas de la Concertación consistía justamente en «protegerla», evitando generar momentos de agitación social que pudieran poner en riesgo el proceso (Astudillo y Mora, 1995). Ello implicó un giro radical desde la efervescencia liderada por la fech con la finalidad de terminar con la dictadura a una posterior calma, prácticamente impuesta por los grupos dirigentes (Astudillo y Mora, 1995). Se observa, a su vez, una leve tendencia a la baja en la participación juvenil en los registros electorales, similar a lo acontecido en la fech durante el período;[10] en tanto, una segunda etapa, que comienza el año 1995 hasta nuestros días, presenta una participación electoral zigzagueante, en la cual los dominadores fueron la JJCC, desde 1995 hasta 2002, la Derecha en 2003 y los grupos independientes de izquierda desde 2004. Este tramo no presenta relaciones aparentes con la realidad nacional, ni en tendencia política ni en tendencias de participación.

Gráfico 1: evolución del porcentaje de jóvenes inscritos
en los registros electorales comparado con el porcentaje
de estudiantes que votan en elecciones fech

Fuente: elaboración propia a través de datos obtenidos de www.servel.cl, www.ine.cl, www.eleccionesfech.cl;
García, Isla y Toro (2006); Astudillo y Mora (1995); Roco (2005) y Toro (2007).

De esto se desprende una de las dudas fundamentales de esta investigación: ¿por qué la Universidad de Chile se presenta, desde el mundo estudiantil, como de izquierda, en circunstancias de que el país no lo es? ¿Por qué los grados de interés en política parecen ser, a primera vista, diferentes? Para responder cabalmente tales preguntas resulta importante también analizar a los dirigentes que representan a los estudiantes en la actualidad.

3.    Dirigentes estudiantiles, la nueva élite universitaria

Como se mencionó en un comienzo, además de analizar las actitudes de los estudiantes en general a través de la información entregada por los Informantes Claves, también adquiría especial relevancia el estudio de los dirigentes estudiantiles para obtener conclusiones acerca del tema que motiva esta investigación.

Los dirigentes de la universidad, como era de esperarse, en una abismante mayoría presentan identificación con la ideología de izquierda, pues 90% de los entrevistados se considera afín a dicha tendencia. Esta declaración se condice con el hecho de que, actualmente, nueve de los diez centros de estudiantes de los cuales entrevistamos dirigentes se hallan dirigidos por representantes de la izquierda o cercanos a ella. A su vez, esto tiene coherencia con lo expresado por los entrevistados sobre la tendencia política de sus compañeros de Facultad. Por otro lado, al preguntar a los dirigentes sobre su adhesión o identificación con partidos políticos, los resultados también indicaron una inclinación hacia los partidos de izquierda (ver tabla 3).

Tabla 3

Militancia o identificación con partidos políticos

JJCC

40%

Ninguna

30%

MIR

20%

DC

10%

Fuente: Elaboración propia.

Sin embargo, aunque la identificación con la izquierda es mayoritaria, si fijamos nuestra atención en la adhesión a los partidos políticos tradicionales podemos afirmar que ésta no supera el 50%, teniendo en cuenta que el mir no es actualmente un partido político oficialmente constituido. Lo anterior resulta importante a la hora de hacer un paralelo de estos datos con la poca identificación de los jóvenes con los partidos a nivel nacional.

Queda, finalmente, un último aspecto a evaluar antes de construir conclusiones sobre los dirigentes estudiantiles: ponderarlos en la escala individualismo-colectivismo. Ello, por lo manifestado con anterioridad: la izquierda estaría ligada de preferencia al colectivismo y, en ese sentido, tendría una mayor participación en los espacios políticos universitarios. Si los dirigentes son por lo general de izquierda, debiesen ser, entonces, mayoritariamente colectivistas[11] (ver tabla 4).

Tabla 4

Clasificación de los entrevistados en la tríada
individualismo - colectivismo - mixto

Colectivista

70%

Individualista

20%

Mixto

10%

Fuente: Elaboración propia.

Los datos confirman lo supuesto, porque la mayoría se identificó con valores colectivistas. De lo anterior se puede concluir que, en efecto, parece haber una relación entre los grados de participación y de colectivismo a nivel del individuo. Con ello, podríamos inferir que los dirigentes y participantes de la política universitaria se concentran justamente en el sector colectivista. En virtud de lo señalado, los dirigentes de la Universidad de Chile pueden ser caracterizados como los más participativos y colectivistas dentro de la masa universitaria, y, a su vez, serían de izquierda. Utilizando las mismas palabras de los entrevistados: «quienes dirigen actualmente la fech son quienes más participan y se han apoderado de ese espacio».

Ahora bien, ¿quiénes son, efectivamente, el o los grupos que se han «apoderado» de la Federación?

Desde el año 2004, la fech se halla dirigida por estudiantes independientes de izquierda, organizados en distintas agrupaciones que se identifican con diversos nombres: «Izquierda Amplia» o «U Social». Estos grupos habrían nacido al alero de la JJCC a partir de la refundación de la fech el año 1995 (Roco, 2005) y se habrían independizado en 2003, coincidiendo con el triunfo eleccionario de la derecha en la universidad. Dichas organizaciones, si bien se denominan de izquierda, expresan abiertamente un rechazo a la izquierda partidaria tradicional; de hecho, afirman: «nos parece que lo más destacable de las últimas elecciones fech es que, poco a poco y cada vez más, las expresiones tradicionales de la política chilena, incluso las de las izquierdas partidarias, han ido perdiendo fuerza y presencia en la emblemática Universidad de Chile, en contraposición a un sector cada vez más amplio de estudiantes que se identifican y aglutinan en torno a un perfil autónomo».[12] Nuevamente, encontramos similitudes con las percepciones juveniles a nivel nacional, que, en este caso, se manifiestan en grupos políticos organizados que, sin embargo, repudian la política tradicional. Ello también tiene mucho que ver con lo descrito con anterioridad: la mayoría de estos grupos independientes son de izquierda, seguramente por su cercanía con el eje colectivista, que influye en su mayor grado de organización y participación.

Existen, empero, otros elementos importantes sobre este fenómeno en la Universidad. En efecto, en muchos aspectos la creación de estos referentes políticos presenta semejanzas con el surgimiento del mapu y del mir a finales de los años 60 en nuestro país. Ambos, por ejemplo, nacen a partir de una crítica de sectores juveniles universitarios a las direcciones de sus partidos de origen (dc y ps, respectivamente), lo que desemboca en la creación de nuevos referentes en los cuales estos sectores son mayoría. En aquel sentido, se observa que ambos casos corresponden a grupos con fuerte presencia de poder al interior de las organizaciones estudiantiles, pero que no mantienen una posición similar al interior de los partidos.

Algo similar ocurrió en el caso estudiado, donde los actuales grupos dominantes de la fech nacen, en el caso de «Izquierda Amplia», de una escisión desde la «Asamblea de Izquierda» que convocaba la JJCC (Roco, 2005); mientras, «U Social» surge el 2006, a partir de la salida de dirigentes de la JJCC por discrepancias con la dirección del pc. En ambos casos, asimismo, los movimientos son liderados por destacados dirigentes universitarios. Huneeus (1973: 96) señala, sobre los casos del mapu y el mir, que éstos presentan ciertas actitudes comunes, y que «estas características serían: Elitismo, tendencia al fraccionamiento y su expresión posterior, el rupturismo». Estos grupos presentarían, sobre todo, una inclinación a conformar élites que dominarían los espacios de influencia (Huneeus, 1973). No es arriesgado afirmar que una situación similar ocurre al interior de la fech, que se condice tanto con las entrevistas realizadas como con los datos obtenidos. Y se llega a la siguiente conclusión: se ha conformado una nueva élite dirigente, identificada con la izquierda, que domina actualmente la Universidad de Chile.

III.  Conclusiones

La presente investigación nos ha permitido realizar importantes observaciones sobre el mundo de la política universitaria y nos ha entregado elementos que nos permiten responder, en primera instancia, a los objetivos planteados en un comienzo.

En cuanto a las hipótesis que guiaron este trabajo, se hace evidente que en el caso de la hipótesis específica que afirmaba: Si disminuye la participación en la política nacional, disminuye la participación en la política universitaria, ésta debe rechazarse. Si bien existe un período en el cual la participación eleccionaria nacional y de la fech presentaron una relación similar a la baja, en la mayoría de los últimos años dicha relación no es tal. De todas formas, la no existencia de relación en el período citado responde a la aparición de otro tipo de lógicas al interior de la universidad, tema que abordaremos más adelante.

En el caso de la hipótesis general, en tanto, que afirmaba: Si mayor es la búsqueda de identidad desde lo colectivo, mayor será la participación política, las entrevistas realizadas parecen corroborar la propuesta, tanto en la percepción de los dirigentes en relación con el efecto que tendría el individualismo en la participación, como en la caracterización por ellos efectuada a través de las entrevistas, con una preponderancia de valores colectivistas. En dicho sentido, se puede observar que a nivel nacional los jóvenes, aparentemente, se identifican más con valores individualistas o mixtos,[13] en tanto que en la Universidad de Chile dicha tendencia parece ser menor, sobre todo en los dirigentes.[14]

Ello es clave al caracterizar el espacio político de esta casa de estudios, «dominada» por organizaciones estudiantiles de izquierda que reflejan tendencias juveniles nacionales y reproducen una historia constante de fraccionamientos y cambios de élites dirigenciales, tal cual sucedió en los años 60 y 70. En efecto, no cabe duda de que la fech fue encabezada en primera instancia por un grupo (La Concertación) que fue desplazado al inadecuarse su «fórmula política»[15] junto con el retorno de la democracia. Luego de ello, la Federación fue refundada por otra élite (JJCC) que también se ve desplazada, ya que su método político de las «Asambleas de Izquierda» rompe con los inte-reses propios de un partido versus la creciente tendencia entre los jóvenes a nivel nacional de no adherir a ningún conglomerado. De ello surge la actual dirigencia, fracción de una organización de la cual no pudieron asumir el control, y desde allí crearon un nuevo referente que aparenta tener bastante coincidencia con las tendencias nacionales, en vista de que sólo 19,5% de los jóvenes participa o le gustaría participar de un partido político, contra 51,4% que sí lo hace en organizaciones que defienden «causa o ideales». De la misma forma, la mayoría de los jóvenes que se identifica con una tendencia política lo hace con la izquierda, con 19,8% de adherencia (INJUV, 2006).

En virtud de lo anterior, se puede afirmar que actualmente hay poca relación entre la política a nivel nacional y universitario, a la luz de lo que sucedía antaño. Sin embargo, sí se hace patente que, por un lado, las formas de hacer política siguen teniendo similitud y, más importante aún, dichas formas tienen importante correlación con lo que piensan los jóvenes a nivel nacional. De esta forma, si bien la Universidad de Chile presenta características diversas en cuanto a la tendencia de su élite dominante, ¿qué sucedería si aquellos aspectos que mencionaron los entrevistados como «limitantes para que los jóvenes participen en política» cambiasen? ¿Qué ocurrirá si los jóvenes vuelven a ser protagonistas formales de la política partidista, existiendo un cambio en su cultura política? Por lo demostrado hasta ahora, seguramente la fech adaptará sus formas políticas y podrá afirmarse, ya más formalmente, que «lo que sucede en la fech, sucede en Chile». En tanto, de todas formas parece ser cierto que lo que les sucede a los jóvenes, sucede en la fech.

Santiago (Chile), febrero 2010

Notas

[1] «Federación de Estudiantes de la Universidad de Chile», órgano oficial de representación de los estudiantes de la universidad.

[2] Un buen ejemplo al respecto lo constituyen las presidencias de Jorge Navarrete y Jaime Ravinet entre 1967 y 1969 (ambos militantes demócratacristianos), y la permanencia de Alejandro Rojas (adherente a la Unidad Popular) como presidente desde el periodo 1969-1970 al periodo 1972-1973 (Garretón y Martínez, 1985).

[3] Ejemplo de ello son las protestas de 1997 contra la «Ley Marco de Universidades Estatales» o la movilización de 2005 contra la Ley Nº 20.027 que «Establece normas para el financiamiento de estudios de educación superior».

[4] En 2006, 68,1% de los jóvenes no está inscrito en los registros electorales (INJUV, 2006).

[5] Dicha caracterización versará sobre sus tendencias políticas y percepciones del mundo universitario y, para comprobar la hipótesis general, una individualización dentro de la tríada Colectivismo-Individualismo-Mixto, propuesta por Schwartz (Sánchez y García, 2001).

[6] Como participación política entendemos, en el caso de la hipótesis, a la inclusión en los procesos eleccionarios nacionales y en los propios de la Federación y de los Centros de Estudiantes de la Universidad.

[7] Ello quiere decir que ante la crisis de horizontes colectivos, el joven comienza a orientarse hacia la satisfacción de deseos personales como único sentido existencial (Muñoz, 2004).

[8] Independencia nacional entendida como la independencia ante las potencias, el «antiimperialismo» (Garretón, 1991).

[9] A partir de este capítulo, las oraciones que se encuentren entre comillas y no sean acompañadas de una cita deben ser entendidas como citas a las entrevistas realizadas a 10 dirigentes estudiantiles de distintas Facultades de la Universidad de Chile. Los entrevistados no son individualizados para proteger su privacidad.

[10] Seguramente aquella baja no es mayor debido al voto obligatorio y a la imposibilidad de retirarse de los registros electorales una vez inscrito.

[11] Dicho ejercicio fue realizado mediante la aplicación al entrevistado de un cuestionario de 10 preguntas, cada una relacionada con uno de los valores indicados en la propuesta de Schwartz. Para mayores referencias se sugiere consultar los textos indicados en la bibliografía.

[12] Esta declaración del «Movimiento Surda», integrante de las listas triunfantes en la Federación desde 2004, fue obtenida de http://www.elquintoinfierno.cl.

[13] Por ejemplo, 70,7% de los jóvenes afirma que la juventud es un «período para tomar decisiones importantes sobre su vida» o «aprender cosas que sirvan para tener éxito en la vida» (claramente relacionado con valores individualistas o mixtos), en contraposición con 8,5% que ve el período como «un momento para luchar por ideales como la justicia y la libertad», afirmación de tinte colectivista (INJUV, 2006).

[14] De todos modos, sería interesante realizar investigaciones más profundas sobre el tema en un futuro cercano, en vista del carácter exploratorio de este estudio.

[15] Con este término se sigue a los autores clásicos que estudian el elitismo como fenómeno político (Evans, 1995).

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Direción para Correspondencia:
Giovanni Carrasco Azzini. E.mail: gcarrascoazzini@gmail.com.

Recibido: marzo 2010,
Aceptado: junio 2010.

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