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Ultima década

versión On-line ISSN 0718-2236

Ultima décad. v.18 n.33 Santiago dic. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362010000200006 

Última Década, 33, 2010:85-111

IDENTIDAD DE GÉNERO Y SEXUALIDAD JUVENIL

 

Trayectorias sexuales, preventivas y sociales en el embarazo no previsto de los segmentos juveniles en Chile

Trajetórias sexuais, preventivas e sociais de gravidez não planejada em segmentos juvenis no Chile

Sexual, preventive and social trajectories in unexpected pregnancies in youth segments in Chile

 

Irma Palma*

* Doctora en Psicología, Académica del Departamento de Psicología, Universidad de Chile. Correo electrónico: ipalma@uchile.cl.

Dirección para Correspondencia


Resumen

El artículo investiga el embarazo no previsto en segmentos juveniles en la sociedad chilena. Se orienta a conocer su magnitud y configuración social, comprender su relación con el proceso de entrada en la sexualidad activa y estructuración de las trayectorias sexuales y preventivas; y a explorar el modo en que éste expresa configuraciones específicas de las relaciones sociales de género y de estratificación social. Se basa en la Quinta Encuesta Nacional de Juventud, realizada por el Instituto Nacional de la Juventud en 2006.

Palabras clave: embarazo no previsto, juventud, segmentación social, género.


Resumo

O artigo investiga a gravidez não planejada em segmentos juvenis da sociedade chilena. Pretende-se conhecer sua magnitude e configuração social, compreender sua relação com o processo de entrada na sexualidade ativa e estruturação das trajetórias sexuais e preventivas. Também constitui objetivo do artigo explorar o modo pelo qual a gravidez não planejada expressa configurações específicas das relações sociais de gênero e a estratificação social. Utiliza-se a Quinta Pesquisa Nacional de Juventude, realizada pelo Instituto Nacional de Juventude em 2006.

Palavras chave: gravidez não planejada, juventude, segmentação social, gênero.


Abstract

The article investigates unexpected pregnancies in juvenile segments within the Chilean society. It is oriented to understand its magnitude and social configuration, to include/understand its relation with the head-end process in the active sexuality and structuring of the sexual and preventive trajectories; and to explore the way in which this is used to express specific configurations of the social relations of generic and social stratification. Use of the Fifth National Survey of Youth, made possible by the National Institute of Youth in 2006.

Key words: unexpected pregnancy, youth, social segmentation, generics.


1. Formulación del problema de investigación

Esta investigación tiene como objeto el embarazo no previsto en los segmentos juveniles en la sociedad chilena; más precisamente, puede formularse como una investigación destinada a conocer su magnitud y configuración social, comprender su ocurrencia en su relación con el proceso de entrada en la sexualidad activa y estructuración de las trayectorias sexuales y preventivas; y explorar el modo en que expresa configuraciones específicas de las relaciones sociales de género y de estratificación social.

En este artículo usamos el concepto de embarazo no previsto (en adelante, ENP). Hay dos conceptos que le preceden y que remiten a los campos de la psicología y la salud pública: embarazo no deseado y embarazo no planificado.

Embarazo no deseado es una conceptualización de muy difícil definición y medición por su alta referencia a la subjetividad del sujeto que lo experimenta, toda vez que la afirmación del orden del consciente puede no expresar siempre propiamente su deseo del hijo, o su anverso, su no deseo, y la práctica de sexo no protegido, contener un deseo al que él no tenga acceso consciente. También es una categoría inestable, cambia con el tiempo: el juicio reportado en las encuestas es posterior al evento y éste puede haber conducido al nacimiento de un hijo o una hija; y respecto del/a cual, la subjetividad permite a un padre o una madre afirmar que fue no previsto/a, o no planificado, mas no, no deseado.

Por su parte, el embarazo no planificado surge y se instala en la sociedad cuando es posible técnicamente su planificación. Surge, por tanto, en el contexto de la creación y expansión de la tecnología anticonceptiva médica y las políticas de planificación familiar. Supone una alta racionalización y objetivación de la práctica reproductiva. Concebida la separación de la práctica sexual de la práctica reproductiva, la planificación es más la suspensión de la práctica anticonceptiva. La definición, por tanto, refiere a todo embarazo que no fue deliberadamente evitado mediante la tecnología anticonceptiva. Así es objetivable, medible independientemente del individuo (el uso o no de tecnología preventiva). Esto se sitúa en aquellas sociedades en las que se instala en las últimas décadas una normativa cultural e institucional de la planificación de la fertilidad femenina.

Entre uno y otro, el embarazo no previsto. Antes que la no planificación, la no previsión. No previsto es tanto un juicio interno sobre la disponibilidad subjetiva para un embarazo conducente a la paternidad o maternidad, como una gestión de una práctica preventiva. En el caso del ENP, el sujeto no se encuentra ni disponible ni prevenido. No supone la intencionalidad, a diferencia del embarazo no deseado. A su vez, lo imprevisto puede devenir o no deseado.

Un embarazo en particular, el que ocurre en la adolescencia, presenta una mayor complejidad en su adscripción a estas categorías. Se produce en sociedades contemporáneas, entre ellas la nuestra, que han modificado la estructuración de las edades de la fecundidad hacia edades posteriores a la adolescencia y, a su vez, han introducido intensamente la planeación del embarazo, esto mediante la expansión del uso de la tecnología preventiva médica (Agar et al. 2001; bid/ cepal/celade, 1998). La edad de la fertilidad y su planeación se han constituido en una normatividad emergente sobre la reproducción. El embarazo adolescente en el contexto de esta transformación ha devenido culturalmente como embarazo no deseado, no planificado o no previsto. Respecto de los sujetos adolescentes y sus prácticas, del mismo modo que en etapas posteriores, esto requiere ser sistemáticamente interrogado. Esta investigación trabaja justamente sobre el embarazo en esas edades.

La V Encuesta Nacional Juventud realizada en 2006 por el Instituto Nacional de la Juventud (injuv) formula por primera vez, en la serie de encuestas de su tipo, una pregunta que indaga la ocurrencia de ENP en la población de jóvenes entre 15 y 29 años, nacidos entre los años 1977 y 1986. Este dato es nuevo en Chile. El sistema de registro en el sistema de salud no consigna si el embarazo de una mujer en control médico fue previsto o no. Tampoco lo incluyen otras encuestas. El Estado chileno no realizó en las décadas anteriores ninguna versión nacional de la serie de encuestas denominadas Demographic and Health Survey (Agency for International Development, usaid), que muchos otros países del mundo implementaron y que permitieron generar información, junto con otras materias, sobre la sexualidad en sus sociedades. Su existencia constituye una oportunidad para explorar este fenómeno.[1]

En su origen, el ENP es, primariamente, resultado de una organización de prácticas preventivas en el marco de una organización de las prácticas sexuales de colectivos sociales, situadas social e históricamente. En este último sentido, puede sugerirse que expresa relaciones sociales prevalentes en las sociedades, fundamentalmente las relaciones de poder, algunas de las cuales se encuentran en el fenómeno, a saber, de las configuraciones de las relaciones de género e intergeneracionales y las formas de la estratificación social.

El artículo propone cinco hipótesis. La primera hipótesis refiere a la medida en que el ENP constituye una experiencia común a mujeres y hombres de las generaciones más jóvenes en la sociedad chilena. Si bien participan siempre en su origen una mujer y un hombre, sin embargo, ¿es una experiencia igualmente frecuente?

Una segunda hipótesis se dirige a explorar analíticamente la relación con el lugar que tiene en el origen del fenómeno la edad de entrada en la sexualidad activa. La precocidad ha sido sugerida como precursora del mismo (Johnson y Wellings, 1994). En esta perspectiva, la edad operaría por inhabilidad del sujeto muy joven para la práctica preventiva (por ser menos experto y autónomo). Esta relación, así formulada, entre precocidad y ENP se encuentra sometida a discusión en el campo de la investigación social en sociedades europeas en las que el uso de tecnología preventiva (tp) es elevado y extendido al conjunto de las edades (Bozon y Kontula, 1997). En sociedades latinoamericanas esto aparece más complejo. En zonas de Brasil se observa una asociación entre precocidad y no uso de TP; en otras zonas, en cambio, no existe esa asociación (Heilborn et al., 2006). En la sociedad chilena esta relación requiere ser observada en sus mediaciones.

Una tercera hipótesis se refiere a los momentos en que, en el curso de las trayectorias sexuales, acontece el ENP. Si es más temprana la ocurrencia del ENP, tendrá más conexión con la configuración del proceso de entrada en la sexualidad activa, desde la perspectiva de la configuración de las relaciones de género que se expresan en esos procesos.

Una cuarta hipótesis se dirige a la organización de las prácticas preventivas. Se trata de determinar las condiciones en que, en el marco de una trayectoria sexual, acontece la no utilización de tecnología preventiva o su falla, en caso de uso (por mal uso o estar en la franja de fracaso de la tecnología).[2] El ENP acontece en el curso de una trayectoria preventiva y sugerimos que, de fondo, el fenómeno del ENP en la sociedad chilena traduce la existencia de trayectorias preventivas diferenciadas, en las cuales la edad y el género convergen con la estratificación social.

Una última hipótesis explora en la sociedad chilena actual la relación existente entre la estratificación social y el fenómeno del ENP en el segmento generacional estudiado. La segmentación social produce brechas tanto en las edades de iniciación (más temprana en los segmentos populares) como en los niveles de uso de TP (menor en esos mismos segmentos) (Palma, 2006). Sugerimos que también existe una diferenciación, que tendría el mismo sentido, en la ocurrencia del ENP asociada a la ubicación en la estructura social. Sin embargo, una vez sostenido lo anterior, es necesario comprender el modo en que actúa la diferenciación socioeconómica.

2. Método

La investigación se basa en una fuente secundaria, a saber, la V Encuesta Nacional de Juventud, realizada por el Instituto Nacional de la Juventud en 2006, en el marco de la serie iniciada en 1994.

El universo encuestado lo constituyen hombres y mujeres entre 15 y 29 años que habitan en distintas regiones del país. El muestreo es estratificado, por conglomerados y polietápico. El tamaño de la muestra es de 6.345 sujetos y asegura una representatividad a nivel nacional y a partir de la medición 2003 se agregó la representatividad regional. Usa un cuestionario de aplicación cara a cara con predominio de preguntas de respuesta estandarizada.

Ésta es una investigación cuyo objeto y cuyo método coinciden en una misma temporalidad: el ENP que se produce en una etapa biográfica (la adolescencia y juventud) y en una generación (segmentos poblacionales nacidos en décadas recientes) y sólo es por definición susceptible de ser estudiado en el marco de la V Encuesta de Juventud, en el momento en que los sujetos (en esas edades y en esa generación) se encuentran aún en proceso de producción de las prácticas conducentes a la ocurrencia del mismo (una proporción importante de éstos no ha tenido aún una primera relación sexual). Por ello, el análisis de la estructuración de las edades implicadas en el ENP, desde las edades de ocurrencia a las de iniciación sexual, se ve dificultado. Estudia a hombres y mujeres entre 15 y 29 años, considerando que entre los que ingresan a este segmento y los que lo abandonan, hay quince años de diferencia entre los más jóvenes y los mayores. Nos proponemos estudiar sólo el segmento post-adolescente (20 a 29 años). Entre 15 y 19 años se encuentra sexualmente activo el 43,8% de los hombres y el 35,0% de las mujeres (39,5% en total); a los 20 años, en tanto, los primeros alcanzan un 85,3% y las mujeres un 75,8% (81,1% en total). Por tanto, a partir de los 20 años se dispone de un segmento poblacional o grupo etario que en un nivel importante ya ha tenido relaciones sexuales, ha usado o no tecnología y ha tenido oportunidad de enfrentar un ENP.

a) Medidas

La V Encuesta incluye una pregunta por la ocurrencia del ENP.[3] Su formulación, para el caso de los hombres, presenta la dificultad de su referencia a una «pareja», no a una mujer con la que se hubiesen relacionado sexualmente. Asumimos que los entrevistados responden bajo el entendido que hace referencia a cualquier contexto de relación. La pregunta se ubica en la lógica de si alguna vez existió el hecho del ENP; no indaga su recurrencia en cada sujeto joven (si hubo más de un evento en la vida). Este análisis parte del supuesto que en la mayoría de los casos ocurrió una vez. Complementariamente, supone que en caso que haya existido más de un evento, se trataría del más antiguo. El primer evento es más significativo y crítico biográficamente, y es justamente aquello lo que los sujetos suelen recordar cuando son consultados en las investigaciones.

En nuestra investigación se incorporó un conjunto de variables importantes; otras variables cuya existencia ofrecería mejores elementos para el análisis y comprensión del fenómeno no fueron incorporadas. Disponemos de la edad de iniciación, edad de la primera pareja sexual, paternidad y maternidad (si se tiene hijo/a), uso de tecnología en primera y última relación sexual y edad del ENP.[4] No se dispone de la edad del hombre o de la mujer con quien se experimentó el ENP. Los datos aquí usados que permiten caracterizar sociodemográficamente a la población estudiada son sexo, edad y nivel socioeconómico.

b) Análisis

Al analizar los datos después de haber aplicado los instrumentos de medición, se concluye que no se controla el efecto de ninguna variable y que la investigación utiliza información recolectada en un solo período de tiempo determinado. El procesamiento de la información de la encuesta hace uso de técnicas estadísticas descriptivas univariadas y bi-variadas. Para describir una variable se utilizaron medidas de tendencia central —media y mediana— y medidas de dispersión —varianza—. Para describir dos variables conjuntamente se utilizaron tablas de contingencia y comparación de medias. La elección del procedimiento estadístico depende del nivel de medida de las variables utilizadas. Para el análisis se usa el software de procesamiento de datos spss 15.0.

3. Resultados

a) La existencia del ENP en segmentos jóvenes

En la sociedad chilena, el 43,4% de las mujeres y el 19,0% de los hombres jóvenes entre 15 y 29 años que se encuentran sexualmente activos declaran haber vivido al menos una vez en su vida la experiencia del ENP[5]. En el segmento adolescente (hasta 19 años de edad) alcanza un 27,4% de las mujeres y un 8,3% de los hombres. En el segmento post-adolescente alcanza un 47,0% de las mujeres y un 21,9% de los hombres. Son aproximadamente 572 mil mujeres y 275 mil hombres adolescentes y jóvenes que han vivido la experiencia del ENP (tabla 1).

Tabla 1: frecuencia de declaración de ENP en población entre 15 y 29 años, iniciada sexualmente, según cohortes etarias y sexo

enp en cohorte 15 y 29 años iniciada

sexualmente (N: 3931)

enp en cohorte 15 y 19 años iniciada

sexualmente (N: 1178)

enp en cohorte 20 y 29 años iniciada

sexualmente (N: 2753)

% fila

% col.

% fila

% col.

% fila

% col.

Hombre

19,0

32,5

8,3

27,8

21,9

33,1

Mujer

43,4

67,5

27,4

72,2

47,0

66,9

Total

30,6

100

16,7

100

34,1

100

b) Diferenciación socioeconómica del ENP en la generación joven[6]

En la sociedad chilena existe una alta diferenciación social en la ocurrencia del ENP que se traduce que es muy baja en el grupo de altos ingresos, es elevada en los grupos de ingresos medios y es mucho más elevada en los grupos de bajos ingresos.

Como puede observarse en la tabla 2, en los grupos de altos ingresos, el 17,1% de las mujeres lo ha experimentado, el 43,4% en los grupos de ingresos medios y el 57% en los grupos de bajos ingresos. Del mismo modo, en los grupos de altos ingresos el 8,7% de los hombres lo ha experimentado, el 21,1% en los grupos de ingresos medios y el 27,1% en los grupos de bajos ingresos.

La segmentación socioeconómica es más intensa entre las mujeres: trece puntos separan a las mujeres de los grupos de bajos ingresos de las mujeres de ingresos medios y cuarenta puntos de las mujeres de altos ingresos. En tanto, seis puntos separan a los hombres de bajos ingresos de los hombres de ingresos medios y treinta puntos de los hombres de altos ingresos.

Tabla 2: distribución del ENP en grupos socioeconómicos, según sexo, 20-29 años

% fila

% col.

N no pond.

Hombre

ABC1

8,7

4,1

89

C2C3

21,2

55,2

691

D E

27,1

40,7

391

Subtotal

21,9

100,0

1171

Mujer

ABC1

17,1

2,6

95

C2C3

43,3

47,8

823

D E

57,0

49,5

664

Subtotal

47,0

100,0

1582

Total

ABC1

12,0

3,1

184

C2C3

31,5

50,3

1514

D E

43,2

46,6

1055

Subtotal

34,1

100,0

2753

c) Edades de ocurrencia del embarazo no previsto en la generación joven

Determinar las edades en que acontece el ENP resulta complejo, pues se trata propiamente de una investigación sobre la estructura de las edades del ENP en una sociedad determinada, en una generación, en un periodo de tiempo. Del mismo modo que la estimación de la estructura etaria de la fecundidad (¿A qué edades tienen los hijos/as las mujeres en una sociedad determinada?), este análisis debiera realizarse al término del período reproductivo. Así no se dejarían fuera de consideración aquellos eventos ocurridos en etapas más tardías de la vida. Existen ENP ocurridos en ese período de la vida (antes de los 29 años) que quedan fueran de observación debido a que la cohorte utilizada considera a los sujetos de esas mismas edades (sólo hasta los 29 años). A pesar de que existen sujetos pertenecientes a los grupos etarios mayores (de 30 y más años) que lo habrían vivido en ese período (antes de los 29 años), por censura a la derecha los eventos no han podido ser registrados.

Una cohorte joven no captura bien este fenómeno, a saber, las edades de ocurrencia del ENP en una sociedad. Cuando no se establece una distancia temporal, como sucede en la cohorte 15-19 años, el ENP aparece propiamente como un fenómeno adolescente. Si se establece la distancia temporal mayor, como la que proporciona la cohorte 25-29 años, se produce una elevación importante de las edades de ocurrencia. Se encuentra una estructura etaria más precoz cuando se usan cohortes más jóvenes y más tardía cuando se usan cohortes menos jóvenes (tabla 3).[7] Por ello, nuestro análisis de la edad de ocurrencia del ENP considera el grupo de edades mayores en la población estudiada.

Tabla 3: estimación de las edades de ocurrencia del ENP en diversas cohortes etarias, según sexo

15-19 (N: 204)

20-24 (N: 475)

25-29 (N: 510)

Edad de ENP

% col.

N no pond.

% col.

N no pond.

% col.

N no pond.

Hombre

17 o menos

65,2

35

18,9

22

8,0

10

18 a 19

34,8

14

35,2

40

11,6

23

20 a 24

,0

0

46,0

58

47,4

69

25 a 29

,0

0

,0

0

33,1

36

Total

100,0

49

100,0

120

100,0

138

Mujer

17 o menos

80,5

124

39,8

125

26,7

109

18 a 19

19,5

31

31,8

125

20,2

85

20 a 24

,0

0

27,9

105

41,8

141

25 a 29

,0

0

,5

2

11,3

37

Total

100,0

155

100,0

357

100,0

372

Total

17 o menos

76,5

159

33,7

147

20,1

119

18 a 19

23,5

45

32,8

165

17,1

108

20 a 24

,0

0

33,1

163

43,8

210

25 a 29

,0

0

,4

2

19,0

73

Total

100,0

204

100,0

477

100,0

510

Las edades de ocurrencia del ENP de mujeres y hombres son asincrónicas: sucede más tempranamente entre las primeras y más tardíamente entre los últimos. Entre las mujeres, el 46,9% del ENP se produce antes de los 20 años de edad y el 26,7% ocurre tempranamente (antes de los 18 años), el 41,8% ocurre entre 20 y 24 años y sólo el 11,3% se produce más tardíamente (a partir de 25 años). En cambio, entre los hombres, sólo el 19,6% del ENP sucede antes de los 20 años de edad y sólo el 8,0% ocurre antes de los 18 años, el 47,4% ocurre entre 20 y 24 años y el 33,1% se produce más tardíamente (a partir de 25 años) (tabla 3).

A su vez, el ENP es una experiencia cuya ocurrencia en los grupos socioeconómicos es también asincrónica: ocurre más tempranamente en los grupos de más bajos ingresos. Entre los hombres situados en los grupos socioeconómicos medios,  el 16,6% de los ENP se produce en la adolescencia y entre los situados en los grupos de bajos ingresos alcanza al 26,8%. Más radicalmente, las mujeres también presentan esta diferencia. Entre las mujeres de los grupos socioeconómicos medios, el 40,4% de los ENP se producen en la adolescencia y entre las mujeres de los grupos de bajos ingresos, alcanza al 52,7% (tabla 4).

Tabla 4: edades de ocurrencia del ENP en cohorte etaria de 25 a 29 años, según sexo y NSE

nse

Edad ENP

Hombres

Mujeres

Total

% col.

N no pon.

% col.

N no pon.

% col.

N no pon.

ABC1

17 o menos

,0

0

52,3

4

22,9

4

18 a 19

4,5

1

15,1

4

9,1

5

20 a 24

15,1

2

31,7

7

22,3

9

25 a 29

80,4

2

,9

1

45,7

3

Total

100,0

5

100,0

16

100,0

21

C2C3

17 o menos

10,2

5

26,7

52

20,2

57

18 a 19

6,4

8

13,6

35

10,8

43

20 a 24

48,7

45

45,4

71

46,7

116

25 a 29

34,7

25

14,2

22

22,4

47

Total

100,0

83

100,0

180

100,0

263

DE

17 o menos

5,3

5

25,5

53

19,8

58

18 a 19

21,5

14

27,2

46

25,6

60

20 a 24

50,0

22

38,5

63

41,8

85

25 a 29

23,1

9

8,8

14

12,9

23

Total

100,0

50

100,0

176

100,0

226

Total

17 o menos

8,0

10

26,7

109

20,1

119

18 a 19

11,6

23

20,2

85

17,1

108

20 a 24

47,4

69

41,8

141

43,8

210

25 a 29

33,1%

36

11,3

37

19,0

73

Total

100,0%

138

100,0

372

100,0

510

d) Edades de entrada en la sexualidad activa y experiencia del ENP

En la sociedad chilena existe una diferenciación socioeconómica y de género en la estructuración de las edades de entrada en la sexualidad activa. Cuando las mujeres están situadas en los grupos de altos ingresos, el 43,4% tiene la primera relación sexual antes de cumplir 18 años, el 45,5% en los grupos de ingresos medios y el 51,5% en los grupos de ingresos bajos. Por su parte, los hombres situados en los grupos de altos ingresos, el 54,0% tiene su iniciación sexual antes de cumplir 18 años, el 66,4% en los grupos de ingresos medios y el 69,7% en los grupos de ingresos bajos (véase tabla 5). Esto implica que existen algunas condiciones previas, propiamente sociales y culturales en las cuales se inscribe este proceso.

Tabla 5: edades de primera relación sexual según sexo y NSE, 20-29 años

NSE

Edad 1ª RS

Mujer

Hombre

Total

% col

N no pon.

% col

N no pon.

% col

N no pon.

ABC1

17 o menos años

43,4

44

54,0

50

49,9

94

18-19 años

35,9

33

35,6

33

35,7

66

20 o más años

20,7

21

10,3

13

14,4

34

Total

100,0

98

100,0

96

100,0

194

C2C3

17 o menos años

45,5

386

65,4

468

56,2

854

18-19 años

34,7

311

25,5

180

29,8

491

20 o más años

19,8

148

9,0

65

14,0

213

Total

100,0

845

100,0

713

100,0

1558

DE

17 o menos años

51,5

359

69,7

289

59,9

648

18-19 años

32,5

210

25,3

90

29,2

300

20 o más años

16,0

115

5,1

25

11,0

140

Total

100,0

684

100,0

404

100,0

1088

Total

17 o menos años

47,8

789

65,6

807

57,0

1596

18-19 años

33,9

554

26,5

303

30,1

857

20 o más años

18,3

284

7,9

103

12,9

387

Total

100,0

1627

54,0

1213

100,0

2840

En la sociedad chilena, la edad de entrada en la sexualidad activa se encuentra asociada a la existencia del ENP en los segmentos jóvenes Entre las mujeres, el 58,4% de las que tienen su primera relación sexual antes de cumplir 18 años experimentan un ENP, en tanto, alcanza al 41,9% cuando lo hacen entre 18 y 19 años, y el 26,6% cuando ocurre a partir de los 20 años. La relación es tres a uno entre las mujeres que tienen su primera relación más temprano y las más tardías. Por su parte, entre los hombres, el 24,7% de los que tienen su primera relación sexual antes de cumplir 18 años experimentan un ENP, en tanto, alcanza al 15,1% cuando lo hacen entre 18 y 19 años, y el 16,0% cuando ocurre a partir de los 20 años (tabla 6).

Esta relación entre iniciación sexual más temprana y ocurrencia del ENP no es socialmente homogénea Cuando las mujeres situadas en los grupos de altos ingresos tienen su primera relación sexual antes de cumplir 18 años, sólo el 29,1% experimenta un ENP. En cambio, esto ocurre en el 53,7% de las mujeres situadas en los grupos de ingresos medios y en el 68,2% de las mujeres de ingresos bajos. Estas últimas presentan una relación entre precocidad y ocurrencia del ENP mucho más estrecha que las mujeres de ingresos altos (treinta puntos de separación). Por su parte, cuando los hombres situados en los grupos de altos ingresos tienen su primera relación sexual antes de cumplir 18 años, sólo el 10% experimenta un ENP, en cambio, esto ocurre con el 24,5% de los hombres situados en los grupos de ingresos medios y en el 28,7% de los mujeres de ingresos bajos. Estos últimos presentan una relación entre precocidad y ocurrencia del ENP menos estrecha que los primeros (sólo diecinueve puntos de separación) (tabla 6).

Esta relación entre iniciación sexual más temprana y ocurrencia del ENP tampoco se presenta de manera homogénea entre mujeres y hombres. Entre las mujeres que han tenido su primera relación sexual antes de los 18 años, el 58,4% vive un ENP. Entre los hombres esta cifra alcanza al 24,7% (veinticuatro puntos de separación) (tabla 6).

Tabla 6: edades de primera relación sexual y ocurrencia del ENP según sexo y NSE, 20-29 años

Hombre

Mujer

NSE

Edad 1ª RS

No

No

% fila

% fila

N no pond.

% fila

% fila

N no pond.

ABC1

17 o menos años

10,0

90,0

48

29,1

70,9

42

18-19 años

8,2

91,8

30

5,5

94,5

32

20 o más años

3,0

97,0

11

12,4

87,6

21

Total

8,7

91,3

89

17,1

82,9

95

C2C3

17 o menos años

24,5

75,5

452

53,7

46,3

379

18-19 años

12,1

87,9

171

41,2

58,8

299

20 o más años

16,1

83,9

60

23,0

77,0

140

Total

20,7

79,3

683

43,4

56,6

818

DE

17 o menos años

28,7

71,3

281

68,2

31,8

349

18-19 años

23,1

76,9

87

49,9

50,1

205

20 o más años

23,9

76,1

23

35,6

64,4

109

Total

27,1

72,9

391

57,1

42,9

663

Total

17 o menos años

24,7

75,3

781

58,4

41,6

770

18-19 años

15,1

84,9

288

41,9

58,1

536

20 o más años

16,0

84,0

94

26,6

73,4

270

Total

21,5

78,5

1163

47,1

52,9

1576

e) El momento del embarazo no previsto en las trayectorias sexuales

El ENP sobreviene en medio del proceso de entrada en la sexualidad activa entre las mujeres. Entre los hombres, en cambio, sucede más tardíamente en sus trayectorias sexuales. Entre las mujeres, el 52,5% sucede durante el primer año; en tanto que el 47,5% se produce en una sexualidad instalada (dos o más años después). Entre los hombres, el 83,9% sucede también en una sexualidad instalada (dos ó más años).

       A su vez, existe una diferenciación social en la mayor distancia temporal de ocurrencia del ENP respecto de la iniciación sexual. Es más próximo en los grupos de bajos ingresos. Entre las mujeres situadas en los grupos socioeconómicos medios, el 49,3% sucede no más allá de un año después; entre las mujeres de los grupos de bajos ingresos alcanza al 56,1%. En tanto, entre los hombres situados en los grupos socioeconómicos medios, el 13,5% de los ENP ocurre no más allá de un año después; entre los situados en los grupos de bajos ingresos alcanza al 20,8% (tabla 7).

Tabla 7: desfase entre edad de la primera rs y edad de ocurrencia de ENP según NSE y sexo, 20 a 29 años

SEXO

Desfase

ABC1

C2C3

DE

Total

% col.

N no pon.

% col.

N no pon

% col.

N no pon

% col.

N no pond.

Hombre

Menos de 2 años

3,6

1

13,5

19

20,8

25

16,1

45

2 o más años

96,4

7

86,5

115

79,2

82

83,9

204

Total

100,0

8

100,0

134

100,0

107

100,0

249

Mujer

Menos de 2 años

41,3

12

49,3

171

56,1

201

52,5

384

2 o más años

58,7

16

50,7

165

43,9

153

47,5

334

Total

100,0

28

100,0

336

100,0

354

100,0

718

Total

Menos de 2 años

25,0

13

36,6

190

46,0

226

40,6

429

2 o más años

75,0

23

63,4

280

54,0

235

59,4

538

Total

100,0

36

100,0

470

100,0

461

100,0

967

Como no es posible explorar el tipo de relación existente con el hombre o la mujer con los que compartieron la ocurrencia de un ENP,[8] exploramos aquí el tipo de relación existente con las parejas con las cuales se iniciaron sexualmente, elemento que usamos aquí sólo como un indicador. Esto permite conocer si justamente un tipo de relación en particular se encuentra asociada a la mayor proximidad temporal en su ocurrencia existente entre las mujeres. Esta misma exploración hacemos respecto de los hombres, entre quienes el ENP se produce en una sexualidad instalada, para conocer si un tipo de relación en particular se encuentra asociada a la mayor distancia temporal en su ocurrencia.

Del mismo modo que las otras mujeres jóvenes, entre las que han experimentado el ENP, el/a pololo/a es la primera pareja sexual que domina los procesos de entrada en la sexualidad activa. El/a pololo/a, o la pareja socioafectiva no conyugal (no implica cohabitación; cuando es así, se está más próximo a la figura del novio/a) alcanza al 81,7%, el/la andante alcanza el 7,6%, y el/la amigo/a alcanza el 4,5%.[9] No es el caso de los hombres, el/la pololo/a alcanza sólo el 55,5% (27 puntos menos), el/la andante alcanza el 14,4%, el/la amigo/a alcanza el 18,6% (tabla 8).

Entonces, las mujeres jóvenes que han experimentado el ENP tienen una configuración altamente relacional de su iniciación sexual, y dado que les sucede más tempranamente en sus trayectorias sexuales, es altamente probable que este evento ocurra justamente en un contexto relacional. Los hombres, en cambio, tienen una configuración más diversa, y dado que les sucede más tardíamente, es más elevada la probabilidad que en el transcurso del tiempo amplíen aún más los contextos de ocasionalidad y de sociabilidad sexual (tabla 8).[10]

Tabla 8: tipo de primera pareja sexual según ocurrencia de ENP y sexo en cohorte 20 a 29 años

Hombre

Mujer

Sí ENP

No ENP

Total

Sí ENP

No ENP

Total

1ª Par. Sex

% col.

% col.

% col.

N no pon.

% col.

% col.

N no pon.

Pololo(a)

55,5

54,3

54,6

622

81,7

82,0

81,9

1295

Andante

14,4

14,9

14,8

203

7,6

7,5

7,5

125

Amigo(a)

18,6

22,8

21,9

247

4,5

5,5

5,0

77

Otros

11,5

8,0

8,8

90

6,2

5,1

5,6

77

Total

100,0

100,0

100,0

1162

100,0

100,0

100,0

1574

f) Las edades de las mujeres y su primera pareja sexual en la ocurrencia del embarazo no previsto

A continuación exploramos un elemento que usamos aquí sólo como un indicador, que busca conocer las diferencias de edades entre la mujer y su primera pareja sexual en el comienzo de las trayectorias sexuales femeninas e indagar cómo opera la condición de minoridad etaria de las mujeres jóvenes respecto de sus parejas sexuales en la ocurrencia del ENP.

Existe un desfase manifiesto entre las edades de las mujeres y su primera pareja sexual en el comienzo de sus trayectorias sexuales. Sólo el 39,7% tiene una primera pareja sexual menor o de su misma edad y el 33,4% tiene una pareja sexual 4 ó más años mayor (tabla 9). Este desfase se encuentra segmentado socialmente. Es más intenso en las mujeres situadas en los grupos socioeconómicos de bajos ingresos. En el grupo de mujeres de ingresos altos, el 23,7% tiene una pareja sexual 4 ó más años mayor; en el grupo de mujeres de ingresos medios alcanza el 29%; en cambio en el grupo de mujeres de ingresos bajos esto alcanza el 40,7% (tabla 9).

Tabla 9: diferencia de edad entre mujeres y su primera pareja sexual según NSE, 20 a 29 años

 

ABC1

C2C3

DE

General

Edad 1ª pareja sexual

% col.

% col.

% col.

% col.

N no pond.

Menor edad (-2 o más años)

2,5

3,9

1,9

3,0

41

Igual edad (-1 a +1)

36,2

40,0

32,5

36,7

617

Mayor 2 a 3 años

37,6

27,1

24,9

27,0

424

Mayor 4 o más años

23,7

29,0

40,7

33,4

527

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

1609

La edad de comienzo de las trayectorias sexuales se encuentra asociada a desfases entre sus edades y las de su primera pareja sexual. Mientras más temprana sea la iniciación sexual mayor es el desfase etario en favor de los hombres. Cuando las mujeres se inician sexualmente a partir de los 20 años, el 50,4% lo hace con parejas de su misma edad o menores, cuando se inician sexualmente antes de los 18 años sólo el 31,5% lo hace. En sentido contrario, cuando las mujeres se inician sexualmente antes de cumplir 18 años, el 36,9% lo hace con una pareja 4 o más años mayor, cuando se inician sexualmente entre 18 y 19 años, lo hace el 31,4% y cuando se inician sexualmente a partir de 20 años lo hace el 27,6% (tabla 10).

Tabla 10: diferencia de edad entre mujeres y su primera pareja sexual según edad de iniciación sexual, 20-29 años

Edad de 1ª relación sexual

17 o menos

18 a 19 años

20 años o más

Total

Edad 1ª pareja sexual

% col.

% col

% col

% col

N no pond.

Menor edad (-2 ó más años)

,6

2,2

10,8

3,0

41

Igual edad (-1 a +1)

30,9

43,3

39,6

36,7

617

Mayor 2 a 3 años

31,6

23,0

22,0

27,0

424

Mayor 4 o más años

36,9

31,4

27,6

33,4

527

Total

100,0

100,0

100,0

100,0

1609

Esta relación entre estratos, edades y parejas se organiza de modos distintos en relación con la existencia del ENP. Entre las mujeres situadas en los grupos de ingresos bajos, el ENP ocurre más frecuentemente con hombres cuatro o más años mayores, en los grupos de ingresos medios ocurre más frecuentemente con parejas con menores diferencias etarias (44,7% y 29,8%, respectivamente).

Tabla 11: distribución de ENP según diferencia de edad entre mujeres y su primera pareja sexual y NSE

Edad 1ª pareja sexual

ABC1

C2C3

DE

% col.

N no pond.

% col.

N no pond.

% col.

N no pond.

N no pond.

Menor edad

(-2 o más años)

14,4

3

3,2

7

1,4

3

13

Igual edad

(-1 a +1)

38,9

9

37,7

136

28,4

100

245

Mayor 2 a 3 años

20,6

4

29,3

100

25,5

94

198

Mayor 4

o más años

26,0

12

29,8

104

44,7

163

289

Total

100,0

28

100,0

347

100,0

360

735

g) Edades del sexo, segmentación social y trayectorias preventivas

Exploramos si la edad de comienzo de una trayectoria sexual es o no, al mismo tiempo, la edad del comienzo de una trayectoria preventiva, y el lugar que ocupa la edad y la segmentación socioeconómica. El 40,8% de las mujeres coinciden en un mismo acto el comienzo de una trayectoria sexual y una preventiva. Cuando se tiene la primera relación sexual antes de cumplir 18 años existe una baja asociación entre uno y otro evento (el 27,5% usa TP), cuando se produce entre los 18 y 19 años aumenta (el 48,8% usa TP). En tanto, cuando se produce más tardíamente (desde los 20 años en adelante) se vuelven más convergentes ya que el 60,2% usa TP. A su vez, esta asociación es más elevada en los grupos socioeconómicos de ingresos altos y medios (51,8% y 48,9%, respectivamente) y más baja en los grupos de ingresos bajos (sólo 28,6%). Cuando las mujeres jóvenes de los grupos de ingresos bajos y medios se inician antes de los 18 años, el uso de TP en las primeras alcanza el 16,9% y entre las últimas, el 34,2%; cuando ocurre más tardíamente (desde los 20 años en adelante), aunque ambas tienen una mayor asociación entre ambos eventos, el uso de TP entre las mujeres de bajos ingresos alcanza al 50,3% y entre las mujeres de ingresos medios alcanza el 64,3% (tabla 12).

Tabla 12: uso de TP en primera relación sexual según edad de iniciación sexual y NSE. Mujeres, cohorte 20 a 29 años

NSE

Edad 1ª RS

Usa 1ª RS

No usa 1ª RS

N no pon.

% fila

% fila

ABC1

17 o menos

49,3

50,7

41

18 a 19

42,1

57,9

33

20 o más

75,9

24,1

20

Total

51,8

48,2

94

C2C3

17 o menos

34,2

65,8

370

18 a 19

59,1

40,9

309

20 o más

64,3

35,7

147

Total

48,9

51,1

826

DE

17 o menos

16,9

83,1

349

18 a 19

36,2

63,8

206

20 o más

50,3

49,7

113

Total

28,6

71,4

668

Total

17 o menos

27,5

72,5

760

18 a 19

48,8

51,2

548

20 o más

60,2

39,8

280

Total

40,8

59,2

1588

El ENP se asocia a un menor uso de TP en la primera relación sexual. El 59,8% de los jóvenes que ha experimentado un ENP no ha usado TP. Por otra parte, en sentido contrario, esto sucede con el 27,2% de los jóvenes que sí han usado TP (tabla 12). Esta relación entre el ENP y el no uso de TP es aún más crítica en los grupos de ingresos bajos, donde alcanza el 67,5%, cuestión que no ocurre en sentido contrario al usar TP, ya que experimentan ENP en niveles similares a los otros grupos sociales (tabla 13).

Tabla 13: uso de TP en primera relación sexual y ocurrencia de ENP según NSE. Mujeres, cohorte 20 a 29 años

Usa TP/Sí ENP

Usa TP/No ENP

No usa TP/Sí ENP

No usa TP/No ENP

NSE

% fila

N no pon.

% fila

N no pon.

% fila

N no pon.

% fila

N no pon.

ABC1

12,3

9

87,7

37

20,7

17

79,3

28

C2C3

29,1

114

70,9

279

56,2

226

43,8

181

DE

28,0

61

72,0

139

67,7

292

32,3

158

Total

27,2

184

72,8

455

59,8

535

40,2

367

A contrario sensu, a medida que el desfase aumenta en favor de los hombres, esto no guarda relación con mayores niveles de protección de las mujeres en su entrada a la sexualidad activa. El uso de TP en su primera relación sexual tiende a reducirse a medida que se incrementa la diferencia etaria. Cuando las mujeres de los grupos de ingresos medios tienen una pareja sexual de su misma edad, el 55,8% usa TP y si tiene cuatro ó más años desciende al 44,6%. Asimismo, cuando las mujeres de los grupos de bajos ingresos tienen una pareja sexual de su misma edad, el 34,8% usa TP y si tiene cuatro o más años desciende al 22,1% (tabla 14).

Tabla 14: uso de TP en primera relación sexual según diferencia de edad entre mujeres y su primera pareja sexual y NSE, 20 a 29 años.

ABC1

C2C3

DE

% col.

N no pon.

% col.

N no pon.

% col.

N no pon.

Menor edad

(-2 o más años)

100,0

3

52,7

12

38,4

7

No

,0

0

47,3

13

61,6

6

Total

100,0

3

100,0

25

100,0

13

Igual edad

(-1 a +1)

27,9

14

55,8

189

34,8

81

No

72,1

23

44,2

160

65,2

138

Total

100,0

37

100,0

349

100,0

219

Mayor 2 a 3 años

61,1

13

42,8

106

30,4

56

No

38,9

13

57,2

112

69,6

113

Total

100,0

26

100,0

218

100,0

169

Mayor 4 o más años

73,8

17

44,6

103

22,1

66

No

26,2

10

55,4

124

77,9

193

Total

100,0

27

100,0

227

100,0

259

Total

52,4

47

48,9

410

28,7

210

No

47,6

46

51,1

409

71,3

450

Total

100,0

93

100,0

819

100,0

660

4. Discusión y conclusiones

El ENP se presenta como una experiencia desigualmente frecuente entre hombres y mujeres. El 47% de las mujeres y el 21,9% de los hombres sexualmente iniciados lo han vivido. Si las poblaciones de mujeres y hombres en estas edades son relativamente equivalentes en sus magnitudes en el país, ¿cómo se explica esta diferencia? Una explicación posible, de carácter metodológico, es que los hombres lo habrían vivido más tardíamente en ese mismo período. Sin embargo, habría un menor registro del evento en una misma cohorte etaria porque, a pesar de que habría ocurrido en ese mismo período, por censura a la derecha, los eventos se encuentran impedidos de ser registrados. También puede comprenderse como formas de la experiencia y el conocimiento en torno del ENP diferenciados. El conocimiento del ENP es inevitable para las mujeres en un sentido muy básico, el del cuerpo. Los hombres, en sentido contrario lo conocen a través de ellas. Entonces existen en un sentido dos tipos de experiencia ante el ENP, una experiencia directa, o femenina, y otra indirecta, o masculina. A su vez, el conocimiento sobre su ocurrencia se configura como un tipo de conocimiento relacional —por los hombres— y un conocimiento íntimo —por las mujeres—. Sugerimos que estas dos formas de experiencia y conocimiento terminan inscritos en algunos modos socialmente construidos en que hombres y mujeres comunican, significan o registran este evento, legitiman o no la comunicación, la hacen no pertinente, la vuelven imposible o expuesta al rechazo.

Se trata más globalmente de una configuración diferenciada de las trayectorias sexuales de hombres y mujeres. El ENP sucede más tempranamente en la vida de las mujeres y más tardíamente en la vida de los hombres, el 46,9% y sólo el 19,5%, respectivamente, ocurre en la adolescencia. En las mujeres, el ENP sobreviene en medio del proceso de entrada en la sexualidad activa mientras que en los hombres acontece más tardíamente, el 52,5% y el 16,1%, respectivamente, ocurre durante el primer año. En un sentido, biográficamente, el tiempo del sexo juvenil propiamente está expuesto a ser desigual para mujeres y hombres. Las mujeres son más jóvenes que los hombres cuando acontece el ENP, no porque sus trayectorias sexuales comiencen antes que las de ellos (pues lo hacen un año más tarde), sino porque lo experimentan antes en su transcurso. A medida que la diferencia de edad de primera pareja sexual de la mujer es mayor —el 64,4% tiene parejas dos o más años mayores y el resto forman pareja con hombres cuatro o más años mayores— ellas hacen menos uso de TP en ese evento y experimentan un mayor nivel de ENP, siendo este desfase es más intenso en los grupos de ingresos bajos. Las diferencias en las edades expresan asimetrías entre mujeres y su primera pareja sexual —que es también su primera pareja socioafectiva—, y eso tiene consecuencias en el comienzo de sus trayectorias preventivas y les exponen más intensamente al ENP.

La edad de comienzo de las trayectorias sexuales y la ocurrencia del ENP presentan muy especialmente entre las mujeres una relación inversa entre sí. A menor edad de la primera relación se produce una mayor ocurrencia relativa del ENP y viceversa. ¿Es propiamente la edad un elemento intrínsecamente asociado a la prescindencia de TP y en consecuencia a la exposición al ENP? Esta relación entre precocidad y ENP se encuentra asociada a los grupos socioeconómicos, que median entre la primera y el último. Existe una notablemente estrecha relación cuando se trata de grupos de ingresos bajos y se reduce también notablemente cuando se trata de grupos de altos ingresos. Por ello, conocer el lugar propiamente de la edad de inicio de las trayectorias sexuales en la existencia del ENP no resulta analíticamente sencillo en el marco de una diferenciación social elevada del fenómeno. Tal como se ha señalado antes, una perspectiva comprende esta relación entre una iniciación sexual más temprana y una mayor ocurrencia del ENP como una limitación intrínseca del sujeto, su inmadurez psicológica. Una perspectiva alternativa a ésta podría sugerir que la dificultad estaría fuera del sujeto, en un acceso a la TP etariamente segmentado, que impediría a un sujeto muy joven justamente el agenciamiento personal de su prevención. No es posible conocer aquí si existe un acceso etariamente segmentado, pues la serie de la Encuesta Nacional de Juventud no estudia la cuestión del acceso a la TP.

Como hemos observado sistemáticamente aquí, el fenómeno se presenta como una experiencia desigualmente frecuente en los grupos socioeconómicos, mucho menos frecuente en los grupos de altos ingresos que en los grupos de ingresos medios y bajos; y especialmente frecuente entre mujeres situadas en grupos de ingresos bajos. No constituye pues un evento transversal al conjunto de la sociedad.

¿Cómo operaría esta diferenciación socioeconómica del ENP? ¿Acaso refiere a un acceso económicamente segmentado a la TP? O bien, ¿actúa mediante configuraciones y posicionamientos en las relaciones de género socioculturalmente diferenciados en la sexualidad, la reproducción o la prevención? ¿Actúa la estratificación social más bien mediante la conformación de las trayectorias sexuales, preventivas y conyugales, en el marco de una estructuración más general de trayectorias biográficas y su transformación?

Proponemos observar estas configuraciones de las trayectorias sexuales y preventivas en la sociedad chilena como parte de procesos más amplios en curso de reconfiguración de las trayectorias biográficas, en su vinculación con procesos de movilidad educacional intergeneracional que operan en las últimas décadas —con sus oportunidades, pero sobre todo con sus barreras—.[11]

De fondo, esto expresa la existencia de una diferenciación en las trayectorias femeninas. A su vez, esta diferenciación puede ser comprendida en el contexto de transformaciones intergeneracionales en las trayectorias femeninas. Las configuraciones de las trayectorias en las generaciones más jóvenes pueden ser observadas a partir de una tensión entre orientaciones culturales, condiciones sociales y disposiciones subjetivas más individualizadas o más relacionales.

Sugerimos que las trayectorias educacionales constituyen en la actualidad un elemento fundamental en esta diferenciación. Hay mujeres jóvenes cuyas vidas se encuentran altamente estructuradas en su subjetividad y organizadas en función de una proyectividad profesional; y los márgenes de incidencia personal son percibidos por ellas como más amplios y el agenciamiento, más factible. Hay otras, en tanto, cuyas vidas se encuentran más estructuradas en su subjetividad y organizadas en función de una proyectividad relacional, familiar. Buscamos así establecer una relación entre la existencia del ENP en segmentos jóvenes en Chile, que concierne principalmente a las mujeres —y muy especialmente a las más pobres—, con los procesos sociales en curso de movilidad educacional intergeneracional —con sus oportunidades y barreras— y culturales de individualización, que tiene, en sociedades como la nuestra versiones más precarias entre los segmentos sociales más pobres.[12] Situamos tentativamente a las jóvenes ante trayectorias biográficas atravesadas por una tensión en cuyos extremos se encuentran orientaciones más individualizadas o más relacionales.

Tal como señalamos antes, en su gran mayoría las jóvenes de grupos de ingresos altos acceden a la educación superior y se encuentran en condiciones de ingresar al mundo laboral en posiciones más ventajosas. Sólo el 17,1% de las jóvenes ha experimentado el ENP, el 43,4% tiene la primera relación sexual antes de los 18 años, el 49,3% de quienes tienen la primera relación sexual antes de los 18 años usa TP y el 14,2% tiene una primera pareja sexual cuatro o más años mayor. En sus trayectorias biográficas postergan la conyugalidad y la fertilidad hasta la adultez, aunque no necesariamente la entrada en la sexualidad activa. En esto se diferencian de las generaciones de mujeres que las precedieron. Sus trayectorias reproductivas se encuentran poco interferidas por la existencia del ENP, más preventivamente más protegidas. Sugerimos que esto puede ser interpretado como una perspectiva más individualizada en la configuración de ciertas trayectorias femeninas.

Del mismo modo, las mujeres jóvenes de los grupos socioeconómicos de más bajos ingresos pueden cruzar barreras educacionales intermedias, y muy difícilmente las de la educación superior y no se encuentran en condiciones de ingresar al mundo laboral, sino precariamente. En estos grupos, el 57% de las jóvenes ha experimentado el ENP, sólo el 16,9% de quienes tienen la primera relación sexual antes de los 18 años usa TP. En sus trayectorias biográficas tienden a postergan menos la conyugalidad, aunque sí procuran hacerlo con su fertilidad, como se concluye del hecho que una proporción importante declara haber experimentado un ENP. Sus trayectorias reproductivas se encuentran interferidas por la existencia del ENP y es probable que comiencen sus prácticas preventivas justamente después de esta experiencia.

El comienzo de una trayectoria sexual con una pareja masculina muy mayor podría ubicarse en el contexto de una búsqueda que ese evento constituya al mismo tiempo el comienzo de una trayectoria relacional, ya sea sólo conyugal o más ampliamente familiar (el 40,7% tiene una primera pareja sexual 4 o más años mayor) y aunque no se busque el embarazo, se está subjetivamente más disponible en la medida que no se proyecta para sí misma ninguna trayectoria alternativa. Al mismo tiempo, la postergación de la edad de inicio de una trayectoria sexual (el 48,5% lo hace a partir de 18 años) podría constituir una estrategia personal —podría ocurrir lo mismo con las edades de las uniones o de la fecundidad—, que ajusta apropiadamente con una orientación biográfica a configurar una trayectoria fundamentalmente escolar, profesional y laboral; es decir, inscrita en procesos de movilidad educacional ascendente; esto, en un contexto de un bajo acceso a la TP.[13]

Santiago (Chile), agosto 2010

Notas

[1] No obstante, como veremos más adelante, los datos disponibles imponen ciertos límites al conocimiento del fenómeno.

[2] En esta investigación no disponemos de información sobre esto último. La V Encuesta consigna el uso de TP en la primera y en la última relación sexual, y el tipo usado. No permite conocer la coyuntura misma en que acontece el ENP. Dado el hecho que la población aquí estudiada es joven, y que la distancia temporal con el ENP no ha de ser muy larga respecto de su iniciación, puede observarse de qué modo se relacionan la práctica preventiva y el ENP.

[3] Pregunta 101: «¿Te ha sucedido alguna vez que tú o tu pareja haya quedado embarazada sin planificarlo?».

[4] Pregunta 102: «¿Qué edad tenías tú cuando esto te sucedió o le sucedió a tu pareja?». Pregunta 114: «¿Cuántos hijos(as) vivos tienes?». Pregunta 76: «Al menos una vez en tu vida, ¿has tenido relaciones sexuales, es decir, relaciones sexuales que impliquen penetración?». Pregunta 80: «¿A qué edad tuviste la primera relación sexual?». Pregunta 83: «Durante tu primera relación sexual, ¿se usó algún método de prevención?». Pregunta 88: «Durante tu última relación sexual, ¿se usó algún método de prevención?». Pregunta 81: «¿Qué edad tenía, al momento de esa primera relación, la pareja sexual con la que tuviste esa primera relación?».

[5] Porcentaje de ENP en población entre 15 y 29 años (iniciados y no iniciados sexualmente) (N: 6345) 28,9 y 13,6%.

[6] Un límite en nuestro análisis se ubica en el hecho que el número de casos que corresponde al NSE abc1 no permite el cruzamiento de varias variables. La serie de encuesta de juventud no opera con sobrerrepresentación de grupos poblacionales.

[7] Asumimos el supuesto que el ENP habría ocurrido sólo una vez en la trayectoria sexual de los sujetos. También que la declaración dada responde al evento más recientemente ocurrido.

[8] La Quinta Encuesta no considera el tipo de relación existente con los hombres con los cuales compartieron la ocurrencia del ENP.

[9] Otros tipos de relaciones consideradas en la serie de encuestas de juventud no son susceptibles de analizar por el tamaño de sus N y por su imprecisa formulación en ciertos casos.

[10] Sobre esto, véase Palma (2006).

[11] La serie de encuestas nacionales de juventud no permite este tipo de análisis intergeneracional porque opera con la categoría de jefe de hogar y no usa el de padre o madre.

En Chile, la movilidad educacional intergeneracional es fundamental porque los retornos salariales a la educación son mucho más altos que en los países desarrollados. Un año adicional de enseñanza básica resulta en un retorno marginal de 7%, uno de media con 12% y uno de educación superior con 24%. El ingreso de una persona con educación universitaria es aproximadamente 5,5 veces que el de quien hace sólo la educación básica (Espinoza y González, 2009).

Sólo uno de cada veinte hijos/as de padres sin educación no obtiene educación, y sólo uno de cada siete hijos/as de padres sin educación logra un título de enseñanza media o más. Uno de cada dos hijos/as de padres con enseñanza primaria completa termina la media, y uno de cada cinco llega a la educación superior. Siete u ocho de cada diez hijos/as de padres con educación superior llegan a la educación superior. Existen barreras difíciles de cruzar: una que dificulta que personas sin educación accedan a un nivel mínimo de escolaridad, y la que dificultan el acceso a la educación superior. La barrera que separa la educación superior indica que su expansión ha beneficiado primero a personas con orígenes educacionales aventajados que antes no lo hacían, y sólo secundariamente a personas con orígenes educacionales menos aventajados. Las barreras intermedias son más fáciles de cruzar para estas últimas. Por ello, la mayor fuente de desigualdad asociada al origen social en Chile en un contexto de expansión continúa siendo el acceso a la educación superior (Torche, 2007).

[12] Sobre este fenómeno en las sociedades en desarrollo, véase Robles, 2000; pnud, 2002.

[13] Una referencia interesante en esta perspectiva se encuentra en la encuesta gravad, realizada en Brasil (Heilborn et al., 2006). Las jóvenes de grupos socioeconómicos más pobres, cuyas madres no completaron el nivel básico de enseñanza, que alcanzan el nivel medio completo o superior, hacen su entrada en la sexualidad activa más tarde que las de su misma edad y grupo social que no completan el nivel básico, de igual modo que no lo hicieron sus madres. Sus edades medianas de la primera relación sexual son 19 y 16,3 años, respectivamente.

Referencias bibliográficas

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Espinoza, O.; L. González y D. Uribe (2009): «Movilidad social en Chile: el caso del gran Santiago urbano». Revista de Ciencias Sociales, Vol. xv, Nº4.        [ Links ]

Heilborn, M. L.; E. Aquino, M. Bozon y D. Riva Knauth (2006): O aprendizado da sexualidade. Reproduçâo e trajetorias socials de jovens brasileiros. Río de Janeiro: Editora Fiocruz y Editora Garamond.        [ Links ]

Johnson, A.M., Wadsworth, J., Wellings, K. y Field, J. (1994): Sexual Attitudes and Lifestyles. Oxford: Blackwell Scientific Press.        [ Links ]

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Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo. (2002): Desarrollo humano en Chile. Nosotros los chilenos, un desafío cultural. Santiago: pnud.        [ Links ]

Robles, F. (2000): El desaliento inesperado de la modernidad. Molestias, irritaciones y frutos amargos de la sociedad del riesgo. Concepción: Universidad de Concepción.        [ Links ]

Torche, F. (2007): «Social Mobility and Education in Contemporary Chile». In H. Ishida (ed.): Social Stratification and Social Mobility in Late-Industrializing Countries. Sendai: ssm.        [ Links ]

Direción para Correspondencia:
Irma Palma. E-Mail: ipalma@uchile.cl.

Recibido: agosto 2010
Aceptado: octubre 2010

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