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Ultima década

On-line version ISSN 0718-2236

Ultima décad. vol.20 no.37 Santiago Dec. 2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362012000200006 

PARTICIPACIÓN Y ACCIÓN JUVENIL

 

«POSICIONES DE SUJETO» Y ACCIÓN POLÍTICA UNIVERSITARIA: ANÁLISIS DE DISCURSO DE ESTUDIANTES DE UNIVERSIDADES DE LA REGIÓN DE VALPARAÍSO

«POSIÇÕES DE SUJEITO» E AÇÃO POLÍTICA UNIVERSITÁRIA: ANÁLISE DO DISCURSO DE ESTUDANTES DE UNIVERSIDADES DA REGIÃO DE VALPARAÍSO

«SUBJECT POSITIONS» AND POLITICAL UNIVERSITY ACTION: DISCOURSE ANALYSIS OF STUDENTS OF UNIVERSITIES IN VALPARAISO REGION

 

Fuad Hatibovic Díaz* Juan Sandoval Moya** Manuel Cárdenas Castro***

* Universidad de Valparaíso, Escuela de Psicología, Chile. Magíster en Estudios Sociales y Políticos Latinoamericanos, Universidad Alberto Hurtado. E-mail: fuad.hatibovic@uv.cl.
** Universidad de Valparaíso, Escuela de Psicología. Doctor en Psicología Social, Universidad Complutense de Madrid, España. E-mail: juan.sandoval@uv.cl.
*** Universidad Católica del Norte, Escuela de Psicología, Chile. Doctor en Psicología Social, Universidad Autónoma de Madrid, España. E-mail: jocarde@ucn.cl.


Resumen

El presente artículo se propone explorar las «posiciones de sujeto», a partir de las cuales los jóvenes abordan la construcción del fenómeno de la acción política universitaria. Para esto se diseña una muestra intencionada compuesta por estudiantes de universidades tradicionales de la región de Valparaíso, los cuales fueron agrupados a partir de su relación con la acción política: grupos de acción social, grupos dirigenciales y grupos sin acción. Como técnica de producción de información se utiliza el grupo de discusión y como técnica de análisis de los datos el enfoque de análisis de discurso de Ibáñez. Los resultados del análisis permiten identificar cuatro posiciones de sujeto: sujeto político, sujeto neopolítico, sujeto pospolítico pragmático y sujeto pospolítico filantrópico con sus respectivos discursos sobre la acción política.

Palabras clave: acción política, posiciones de sujeto, juventud universitaria.


Resumo

Este artigo se propõe a explorar as «posições de sujeito» a partir das quais os jovens lidam com a construção do fenômeno da ação política universitária. Com este objetivo, desenha-se uma amostra intencional composta por estudantes de universidades tradicionais da região de Valparaíso, agrupados conforme sua relação com a ação política: grupos de ação social, grupos dirigentes e grupos sem ação. Como técnica de produção de informação, utiliza-se o grupo de discussão, e como técnica de análise de dados, utiliza-se a abordagem de análise de discurso de Ibáñez. os resultados da análise permitem identificar quatro posições de sujeito: sujeito político, sujeito neopolítico, sujeito pós-político pragmático e sujeito pós-político filantrópico, com seus respectivos discursos sobre a ação política.

Palavras chave: ação política, posições de sujeito, juventude universitária.


Abstract

This article proposes to explore the «subject positions» from which the young people approach the phenomenon construction of their political university action. For this purpose a meaningful sample is designed which is composed by students from different traditional universities in Valparaiso region, students were grouped according to their political actions: social action groups, leading groups and groups without action. A focus group is used as technology production of information and as data analysis techniques an approach taken from Jesus Ibanez's discourse analysis. The results of the analysis allow to identify four subject positions: political, neopolitical, pragmatic postpolitical and philanthropic postpoliticial subjects with their respective discourse on the political university action.

Key words: political action, subject position, university youth.


 

1. Introducción

La tensa relación de los j óvenes con la política tradicional debe ser uno de los aspectos más característicos de la transición política chilena. Mucho se ha escrito y discutido al respecto, acuñándose expresiones como «no estoy ni ahí»,1 que marcó la década de los noventa y que representó esta insalvable distancia que se sigue ratificando en diversas encuestas de juventud (injuv 2004, 2007 y 2009) y que distintos autores han descrito a través de la distancia percibida por los jóvenes respecto de la política tradicional y por el rechazo que éstos experimentan frente a las formas convencionales de participación política (Parker, 2003; Toro, 2007; Luna, 2008). Por ejemplo, los datos de inscripción electoral, quizás el indicador más ilustrativo del desinterés por la participación política tradicional, nos indican que para el plebiscito de 1988, los jóvenes de entre dieciocho y diecinueve años constituían el 5,5% del electorado y los jóvenes de entre veinte y veinticuatro años, el 15,66%; mientras que para la elección presidencial del 2009 los jóvenes de entre dieciocho y diecinueve años representaban apenas un 1,05% de los inscritos, así como los jóvenes de entre veinte y veinticuatro años solo ascendían al 3,46% del electorado (Servel, 2009).2

Esta difícil vinculación de los jóvenes y la política ha sido un tema largamente estudiado durante los últimos veinte años. En términos generales, estas investigaciones han descrito a un actor que se ha marginado de los asuntos públicos y se ha ensimismado en sus proyectos individuales, que se ha sumado a formas de participación alternativas, denominadas por los estudios sociales de juventud, como formas no convencionales de participación (Funes, 2006) y que ha construido una visión crítica y de insatisfacción respecto a la política y la democracia (Cárdenas et al., 2007; INJUV, 2009).

A partir de este escenario de crisis de la participación política convencional, surgen una serie de trabajos que se centran en el estudio de las denominadas formas no convencionales de participación. Los abordajes de estas nuevas formas de participación las podríamos agrupar en distintas dimensiones.

La primera dimensión estaría vinculada a los estudios sobre «ciudadanía», en los cuales se ha indagado sobre el sentido del concepto y se ha establecido que los jóvenes esperan del ciudadano un sentido de responsabilidad social en todos los ámbitos de su vida, definiéndolo como un sujeto capaz de influir en su entorno para prevenir problemas sociales y promover visiones solidarias en la sociedad (Martínez, Silva y Hernández 2010). En esta misma línea, González (2007) concluye que los jóvenes adscriben a una ciudadanía activa y manifiestan la importancia de que su voz sea tomada en cuenta y rescatan la importancia de mantener la capacidad de lucha participando en organizaciones sociales. En este sentido, podríamos asumir que estos modos de participación construyen visiones concretas e idealizadas del ciudadano y la relación que éste debería tener con los asuntos públicos.

La segunda dimensión estaría relacionada con la discusión sobre el fenómeno del «voluntariado», el que se constituye en una de las formas más concretas y masificadas de participación no convencional entre los jóvenes. Lo interesante de esta dimensión es que no se ha impuesto una única visión a la hora de valorar su sentido y valor. Por una parte, Velásquez, Martínez y Cumsille (2004) plantean una visión positiva del voluntariado donde se destaca su vinculación con un involucramiento cívico en la adultez, mientras que Ríos (2004) propone que debería ser considerado no solo como parte de la formación personal de los jóvenes universitarios, sino también de la preparación profesional entregada por las universidades. En contraposición con estas perspectivas, se han planteado visiones críticas sobre el voluntariado que proponen que éste es parte de una estrategia de producción de un tipo de subjetividad política particular, que privatiza las explicaciones y soluciones de los problemas sociales, generando las condiciones simbólicas y materiales para una «individualización del espacio público» (Sandoval, 2002).

La tercera dimensión estaría representada por los trabajos que exploran formas de «acción y movilización social», en donde destacan los estudios sobre la acción de la comisión funa,3 donde se propone que la integración de nuevos referentes sociales permite el gradual desplazamiento de la marginalidad y la dimensión traumática de las biografías de los jóvenes, recuperando aspectos constitutivos de sus identidades (Kovalskys, 2006). Otros trabajos indagan en la participación política vista desde la historia del movimiento popular chileno (Iglesias, 2012) y la experiencia subjetiva que construyen los pobladores de comunas populares, destacando la construcción de un registro político de la subjetividad popular que no sería considerada al momento de abordar la política tradicional (Angelco, 2010). Por último, tenemos los trabajos que exploran las visiones juveniles en torno a la acción política. Por ejemplo, Cárdenas et al. (2007) proponen que existiría todo un conjunto de actividades no consideradas tradicional-mente como políticas —grupos culturales, colectivos artísticos, grupos de amistad o esquina, clubes deportivos y en general todos los espacios comunitarios de pequeña escala— que hoy se estarían constituyendo en laboratorios prácticos de los contenidos que trae aparejada una nueva forma de entender la democracia y la política. Complementariamente, Sandoval y Hatibovic (2010) plantean que los jóvenes universitarios serían críticos de las formas convencionales de organización y participación, rechazarían el uso de la violencia como fundamento de la acción política, pero no indicarían con claridad la forma que podría tomar en el futuro la acción política de los universitarios.

Este conjunto de estudios muestran con claridad la tensión que los jóvenes han establecido con la política tradicional desde los inicios de la transición y han descrito cómo su interés se ha centrado en formas no convencionales de participación, tales como el voluntariado, grupos culturales o comunitarios, por mencionar algunas. Estos procesos de aparente despolitización de la juventud son especialmente relevantes en el caso de los estudiantes universitarios, grupo social que ha experimentado cambios sustantivos en las últimas dos décadas. según los datos entregados por el informe «La educación superior en Chile» (ocde, 2009) en el período 1990-2007, la matrícula del sistema de educación superior chileno aumentó en 176%, alcanzando un total de 678 mil estudiantes, equivalente a 5,8 veces la matrícula existente el año 1980. Esta expansión del sistema de educación superior ha generado la irrupción de grupos sociales que históricamente no habían estado asociados a la universidad, razón por la cual los estudiantes universitarios de hoy representan un grupo más amplio y diverso, a pesar de que se mantienen niveles evidentes de desigualdad. Además, los jóvenes universitarios son los que encarnan aquellas trayectorias sociales denominadas de integración o trayectorias de tipo profesionales/académicas (Du Bois-Reymond, 2002), constituyéndose, por lo tanto, en el grupo destinado a liderar los procesos políticos del país.

De este modo, los jóvenes universitarios no escapan a la tendencia generalizada de rechazar las formas convencionales de participación política, expresadas en la baja participación electoral y en la negativa a militar en partidos políticos o en estructuras similares. sin embargo, a pesar de estas tendencias, estos jóvenes asumen variadas formas de asociación en su vida universitaria, desarrollando en federaciones universitarias y centros de estudiantes formas de participación política y gremial sobre la base de su condición de estudiantes universitarios, estableciendo una diferencia con respecto a otros tipos de jóvenes.4 De este modo, podríamos decir que en el contexto universitario se construyen formas de acción política en las cuales se articulan los discursos que rechazan la política tradicional con las prácticas cotidianas que estos jóvenes realizan en virtud de su identidad como estudiantes. Considerando lo anterior y teniendo en cuenta la especificidad cultural y política de los estudiantes universitarios y sus formas de organización estudiantil, el presente trabajo se propone analizar las «posiciones de sujeto» a partir de las cuales este nuevo actor social construye discursivamente la acción política universitaria.

2. Discursos, antagonismos y posiciones de sujeto

En nuestro análisis adquiere relevancia teórica y metodológica la noción de discurso para comprender las posiciones de sujeto a partir de las cuales los jóvenes abordan la construcción del fenómeno de la acción política universitaria. Para la psicología social contemporánea, el discurso corresponde a «un conjunto de prácticas lingüísticas que mantienen y promueven ciertas relaciones sociales» (Iñiguez y Antaki, 1994). Por lo tanto, constituye el «origen» de las posiciones del sujeto como agente social y no lo contrario. Como plantean Laclau y Mouffe (1987): «los sujetos no pueden ser origen de las relaciones sociales, ni siquiera en el sentido limitado de estar dotados de facultades que posibiliten una experiencia, ya que toda 'experiencia' depende de condiciones discursivas de posibilidad precisas».

En el discurso, más que expresarse la voluntad o intencionalidad de un sujeto, sea este individual o colectivo, se construyen versiones de lo que éste es (Sandoval, 2004). En el caso de nuestro análisis, más que expresarse la identidad completa y autosuficiente de los jóvenes universitarios, en ellos se articulan elementos simbólicos y materiales —en el marco de las relaciones de poder presentes en la sociedad—, que permiten que se configure una identidad aparentemente estable y objetiva de estos jóvenes.

Desde esta perspectiva, la identidad de cualquier grupo social solo puede construirse a través de una relación antagónica con otro grupo que lo subvierte y lo niega, un grupo que representa simbólicamente su «exterior constituyente» (Laclau, 2000; Hall, 2003). Efectivamente, sabemos desde la semiología saussureana que el lenguaje es un sistema de diferencias, en que cada término significa lo que significa en una relación de diferenciación con otros términos, de modo que, por ejemplo, el color negro no tiene un significado intrínseco sino que su valor se establece en la medida que no es el color blanco, rojo, ni azul. Sin embargo, cuando concebimos algo como una totalidad cerrada al estilo del sistema de la lengua, tenemos que ser capaces de ver los límites de esa totalidad, y esto supone la paradoja de reconocer lo que está más allá de sus propios límites.

El problema es que necesariamente aquello que está más allá del límite debe ser otra diferencia, y si estamos hablando del sistema de todas las diferencias, nos vemos enfrentados al dilema teórico de cómo decidir si ésta es interior o exterior al sistema. Como señalan los autores postestructuralistas, la única posibilidad de superar este problema es asumiendo que aquello que es exterior al sistema —que al mismo tiempo es una diferencia dentro de él— constituye una «relación de exclusión». Es decir, una diferencia que establece una relación de antagonismo tal con el resto de los elementos del sistema, que si se realizara (se cumpliera) plenamente, pondría en cuestión la totalidad de éste. Por ello, esa diferencia debe ser negada y excluida al exterior del propio sistema, dando forma a su «exterior constituyente». Como en el ejemplo de la famosa frase de Saint-Just citada por Barthes: «Lo que constituye la unidad de la República es la destrucción total de aquello que se opone a ella», podríamos decir que en varios contextos políticos, un grupo social es aquello que un discurso determinado niega, como en el caso de los sujetos que construyen sus identidades en torno a nociones como pluralismo a partir de su oposición antagónica con grupos políticos que representan la negación de este principio. En la misma línea, podemos pensar como ejemplo de este proceso las identidades democráticas que en una parte importante de América Latina se constituyeron a partir de la negación de lo que las subvertía, tal que una definición de democracia en Chile o Argentina a comienzos de sus respectivas transiciones democráticas, no nos remitía necesariamente a una definición positiva, sino que a la negación de la identidad que se le opone: las dictaduras militares.

Desde esta perspectiva (Laclau y Mouffe, 1987), toda identidad aparece constituida en el punto de encuentro entre dos tipos de lógicas que participan en su constitución: las lógicas de la equivalencia y las lógicas de la diferencia. Ambas incompatibles entre sí, pero absolutamente necesarias en el proceso de constitución de la subjetividad política. Las lógicas de la equivalencia participan precisamente haciendo más similares los elementos a partir del proceso de exclusión de aquel elemento que niega todo el sistema de diferencias: su exterior constituyente (Laclau 2000). Es decir, el carácter antagónico de toda identidad supone que los elementos que quedan al interior del cierre que define su límite se vuelven equivalentes entre sí. Pero lo único que puede hacer equivalente entre sí a una dispersión de elementos diferentes, es una lógica de la diferencia. Entonces, ¿cómo se integran ambas lógicas en el proceso de la articulación de la identidad? Laclau y Mouffe (1987) dirían que es a partir de la capacidad que tienen los discursos sociales para transformar un elemento particular en el representante de la equivalencia interna y la diferencia externa, un elemento significante que no posee un significado original y que más bien es llenado de él a partir de una acción de hegemonía.

Hegemonía aquí quiere decir que una relación de poder concreta, en el marco de una racionalidad política determinada, llena de sentido un elemento particular para hacerlo significar —representar— una dispersión de elementos que no están unidos por ninguna relación de necesidad, a partir de su oposición con otro elemento que representa su negación. En este contexto, para nuestra investigación fue relevante analizar los discursos de los jóvenes universitarios sobre la acción política, como una manera de explorar las relaciones de poder que gobiernan los procesos de constitución de sus propias identidades políticas.

El propio Laclau (2000) nos propone un ejemplo que a continuación parafraseamos de manera general. Después de la Primera Guerra Mundial, en Italia, la gente decía con frecuencia que los fascistas habían sido capaces de llevar a cabo la revolución en la que los comunistas habían fracasado. Laclau se pregunta, ¿cómo fue posible que la gente pensara de este modo si los contenidos de ambos proyectos ideológicos eran tan radicalmente opuestos? La respuesta que propone el autor es simple: en la Italia de la época se percibía que el Estado que había surgido en el siglo xix estaba en un proceso de rápida desintegración y que por tanto era necesaria una refundación radical del Estado italiano, de modo que, el término «revolución», pasó a significar esa refundación radical. De este modo, el término «revolución» paso a ser el elemento particular que permitió hacer equivalentes una serie de necesidades, deseos y proyectos en torno al límite común del discurso nacionalista de los fascistas, los cuales fueron capaces de hegemoneizar la «revolución» al responder mejor a la amenaza de la desintegración nacional que actúa como un verdadero «exterior constituyente» en esta situación.

Si bien el ejemplo de Laclau es más bien macrosocial y nos ilustra un proceso de carácter histórico, la tendencia a representar los elementos de un sistema de significación específico a través de un significante particular también opera en las relaciones sociales de una «mi-crofísica del poder» como la que nos propusimos estudiar en este trabajo. En efecto, en las prácticas discursivas de los jóvenes universitarios sobre la acción política se ponen en juego los discursos hegemó-nicos sobre la política y, por lo tanto, a través de su análisis, nos podemos aproximar a los antagonismos que posibilitan la articulación de las posiciones de sujeto a partir de las cuales los jóvenes universitarios construyen sus representaciones de la política, la democracia y la sociedad.

3. Método

La presente investigación se realizó desde la perspectiva metodológica estructural (Ibañez, 1996), utilizando como técnica de producción de datos el grupo de discusión, técnica conversacional que se propone reconstruir a nivel micro el discurso social macro, desde un enfoque no directivo.

La población del estudio la componen jóvenes de ambos sexos de entre dieciocho y veinticinco años, estudiantes de las universidades tradicionales de la Región de Valparaíso,5 sin militancia en partidos políticos y que establecen distintas formas de relación con la acción política.

Para constituir los grupos de discusión se consideraron atributos cualitativos que segmentaron la muestra en tres grupos. Como criterios de homogeneidad se utilizaron la no militancia política y la condición de estudiante universitario, y como criterio de heterogeneidad se utilizaron las distintas formas de relación con la acción política. En base a estos criterios, se constituyeron los siguientes tres grupos:

i) Grupo sin acción: jóvenes universitarios sin militancia política y sin participación en grupos de acción social, ni en centros de estudiantes ni federaciones universitarias.

ii) Grupo de acción dirigencial: jóvenes universitarios sin mili-tancia política, con participación en centros de estudiantes y/o federaciones universitarias.

iii) Grupo de acción social: jóvenes universitarios sin militancia política, con participación en grupos de acción social y sin participación en centros de estudiantes ni federaciones universitarias.

El reclutamiento de los participantes del estudio se realizó a través de informantes claves en las cuatro universidades tradicionales de la región. Los grupos de discusión se realizaron en la ciudad de Valparaíso en el segundo semestre del 2010.

Cada grupo de discusión fue transcrito y sometido a un plan de análisis en base al enfoque de Análisis de Discurso de Jesús Ibáñez (Ibáñez, 1985). El enfoque contempla el desarrollo de tres niveles de análisis: el nivel nuclear, el nivel autónomo y el nivel synnomo. El primero se propone descomponer los elementos básicos de los discursos con el objeto de identificar las figuras y recursos retóricos que en ellos se utilizan. El segundo se propone identificar estructuras discursivas a partir de las relaciones que establecen los elementos del nivel nuclear. Y el tercero se propone situar estas estructuras discursivas en su contexto de sentido. En el presente trabajo solo se presentan los dos últimos niveles del análisis.

4. Resultados

A continuación se presentarán los resultados del análisis de los discursos. En primer lugar, se identifican las estrategias discursivas con las cuales los jóvenes dan cuenta de la acción política, para luego, en segundo lugar, realizar un análisis integrado de estos discursos con el objeto de identificar las posiciones de sujeto que se constituyen a partir de los discursos identificados en cada grupo.

a) Nivel autónomo de análisis

El análisis autónomo de los discursos se realizó considerando cada grupo de discusión independientemente. A continuación presentamos las estrategias discursivas identificadas en cada uno de ellos.

i) Discursos grupo sin acción

Discurso los espacios para la acción política son politizados y exclu-yentes. Este discurso plantea la «excesiva» politización que los estudiantes perciben en los dirigentes estudiantiles y lo cerrado de las instancias que poseen para la acción política, especialmente las asambleas. Estas últimas se conciben como espacios donde se dan escasas posibilidades de diálogo, incidencia e injerencia en las decisiones que allí se toman, por ejemplo, discutir sobre un paralización de actividades. Esta estrategia discursiva plantea la visión negativa que se tiene de los espacios y los dirigentes estudiantiles, estableciendo que las asambleas son copadas por grupos de estudiantes, la mayoría de las veces con militancia política activa, que monopolizan la discusión y generan estrategias de manipulación de lo que ahí se decide, por tanto, se podría interpretar la participación como simulada e ineficaz.

Discurso la nueva visión de las políticas de los estudiantes. Esta línea discursiva plantea la importancia construir una política estudiantil universitaria que se centre en los «verdaderos» problemas de los estudiantes, los cuales están más cerca de su experiencia cotidiana. Este discurso también plantea que la génesis del desinterés en la política estaría en una forma de hacer política, monopolizada por el interés partidario y el conflicto permanente. Por tanto, lo deseable sería la transversalidad política de los temas y lo no político. Acá se expresa con claridad una propuesta de acción política coherente con el tipo de visión que estos jóvenes tienen de la política; es decir, hacer una política centrada en sus problemas cotidianos y concretos, y que se resuelvan en base a un gran consenso, sin pugnas ni diferencias políticas.

ii) Discursos grupo de acción dirigencial

Discurso la construcción de una nueva fuerza política. Esta estrategia discursiva indica que en el espacio universitario ha surgido una nueva fuerza política, que ha emergido en oposición a los partidos políticos tradicionales y como una forma de superación de éstos. Sin embargo, aún no se constituyen en un grupo mayoritario y han debido replicar formas de organización de la política tradicional. Esta fuerza emergería por el desprestigio y lo excluyente de las fuerzas políticas tradicionales. Sin embargo, aún se reduce a un grupo minoritario que debe lidiar con una masiva falta de participación.

Discurso las condiciones histórico-institucionales de la acción política. A diferencia de los otros grupos de discusión, que describen características de la acción política, esta línea discursiva se centra en los elementos contextuales que permiten comprender la acción política. Este discurso destaca la relevancia que tiene la educación como factor para la socialización política, pero que en la realidad chilena esto falla, por la escasa formación en este sentido, especialmente en la educación secundaria. Por otra parte, también proponen que el modo en que se ha construido la historia chilena ha invisibilizado a un conjunto de actores sociales que generaron cambios; y, por último, plantean la universidad como entidad que facilita, constriñe y configura la acción política.

iii) Discursos grupo de acción social

Discurso la politización de los espacios y actores políticos. Esta estrategia se centra en una visión negativa, asociada a la «politización» de espacios y actores, lo cual se entiende como una característica indeseable. Se asume que en los espacios destinados a la deliberación política, como lo serían las asambleas, no se considera a los otros estudiantes (no politizados), y que solo se reducirían a la lucha entre bandos opuestos. También se plantea que el interés político es contrario a los intereses colectivos y que los dirigentes estudiantiles solo tendrían un afán de figuración. Este discurso da cuenta, al igual que en los grupos anteriores, de la visión negativa que se tendría de la actividad política en la universidad, sobre todo cuando se asocia a los partidos políticos. Esta visión se vincula tanto con los espacios —los cuales son vistos como excluyentes y herméticos— como con los dirigentes estudiantiles, los cuales son caracterizados como politizados y guiados por intereses personales y/o político-partidistas.

Discurso la acción social como nueva forma de acción política. Esta última línea discursiva da cuenta de la forma en que los jóvenes que realizan acción social ven su propia actividad. Para estos jóvenes, su acción debe ser definida como política, aunque con otras características, ya que se aleja de los defectos de la política tradicional —vinculada al partidismo y contrario al interés colectivo— asumiendo que esta acción permite la coexistencia de distintas posturas políticas. La acción social como acción política eliminaría las pugnas políticas, privilegiaría el interés colectivo y se construiría en la base de un gran consenso social. Se podría considerar una suerte de acción política despolitizada en el sentido tradicional, dado que eliminaría los antagonismos y los disensos que serían propios de la actividad política partidista.

b) Nivel synnomo

i) Discursos sobre la acción política y construcción de sujetos

El nivel autónomo permitió la identificación de distintos discursos por cada uno de los grupos analizados en la presente investigación. En el synnomo, se busca hacer una interpretación de cada uno de estos discursos, identificando cómo en ellos se articulan cuatro posiciones de sujeto: sujeto político, sujeto neopolítico, sujeto pospolítico pragmático y sujeto pospolítico filantrópico.

El sujeto político. El sujeto político se construye en un relación de antagonismo por los discursos planteados por los tres grupos de discusión: el Discurso los espacios para la acción política son politizados y excluyentes, el Discurso la politización de los espacios y actores políticos, el Discurso la construcción de una nueva fuerza política y el Discurso condiciones histórico-institucionales de la acción política. Este sujeto se constituiría en lo que denominamos como «exterior constituyente» de las demás posiciones de sujeto identificadas en este trabajo, ya que todas ellas se definen en oposición a él. Este sujeto se caracteriza por encarnar la forma tradicional de hacer política al interior del espacio universitario, siendo definido como un sujeto altamente politizado, en el sentido de que adscribe a alguna postura política tradicional. Pertenecería a alguna estructura partidista extrauniversitaria y recibiría órdenes del partido para tomar sus decisiones o emprender alguna acción, por tanto, no respondería directamente a los estudiantes. Este sujeto también se apropiaría de los espacios políticos con distintas estrategias de manipulación y no permitiría el surgimiento de posturas externas al «juego político» tradicional, negándose a cualquier tipo de renovación de ideas y/o personas en la toma de decisiones. En este sentido, el «sujeto político» orienta su acción en función de dos criterios: lo que indica el partido y sus intereses personales, estos últimos asociados a la proyección de una carrera política una vez concluido su paso por la universidad.

En base a la caracterización del sujeto político, se puede plantear que éste concibe la acción política como una estrategia de retención del poder. Su acción busca la manipulación de los espacios institucionalizados de discusión política —por ejemplo, asambleas— con el fin de evitar el surgimiento de ideas disonantes. Las asambleas, las «tomas», paros o marchas serían para estos sujetos formas legítimas de acción política, como también lo sería participar en elecciones de federaciones o centros de estudiantes. Se concibe la acción como una lucha con los opositores, en su mayoría con tendencia política definida, la cual acontece en escenarios tradicionales; es decir, en los espacios y mecanismos institucionalizados. Es un sujeto que busca la transformación en la universidad, centrándose básicamente en reformas de tipo político, como la modificación de estatutos o la incidencia en la toma de decisiones. Su relación con el Estado es crítica, pero estaría determinada por el color político de las autoridades de turno.

El sujeto neopolítico. Este sujeto es constituido por el Discurso la construcción de una nueva fuerza política. Este sería un sujeto que asume y legitima los mecanismos tradicionales de acceso al poder político en la universidad, como sería hacer campañas, participar en elecciones, etcétera. Sin embargo, reniega de las estructuras político-partidistas, dado que estarían sometidas a cúpulas que se alejarían de los intereses estudiantiles. Asumiría que la política partidista tendría elementos negativos y obsoletos, ante lo cual sería imperativo el surgimiento de una nueva fuerza política que se constituya en una alternativa viable para el gobierno universitario. Esta visión de la política tradicional se teñiría de un «aura» moralizante de la actividad política, asumiendo una perspectiva refundacional. Si bien reniega de la política tradicional, por considerarla desprestigiada, cerrada y guiada por intereses particulares, no ha podido romper con ella por completo y sigue con prácticas propias de ésta, como lo es la participación en elecciones de federación o centros de estudiantes, dándose una orgánica que se asimila en cierta forma con la orgánica de los partidos políticos.

Por otra parte, este sujeto creería en la generación de cambios en las estructuras universitarias, los cuales sin embargo serían acotados y limitados, dadas las complejas condiciones contextuales, como la falta de interés generalizado por parte de los estudiantes en asuntos políticos. Por esto, habla de cambios que se desmarquen de las visiones utópicas de antaño que pretendían transformar la sociedad en su conjunto, dando un rol preponderante a los estudiantes universitarios en esta tarea. Este sujeto neopolítico sabe que las posibilidades de llevar a cabo estas transformaciones son escasas y obedecerían a otra matriz epocal, por tanto opta por transformaciones menores o por la generación de las condiciones para que se produzcan cambios más amplios en un mediano o largo plazo.

En base a esta caracterización se puede plantear que este sujeto concibe la acción política como una estrategia que utiliza los mecanismos tradicionales de ejercicio del poder. Su escenario de acción está dado por el macroespacio universitario, en el sentido que anhela ejercer el poder a gran escala, aspirando a ganar puestos en las federaciones universitarias o centros de estudiantes, en donde se puedan llevar a cabo los procesos de cambio. Su acción política toma una posición crítica respecto al Estado y al modelo de sociedad imperante en el país. Asume su posición minoritaria y le da un sentido casi mítico a su accionar.

Sujeto pospolítico pragmático. Este sujeto se construye a partir del Discurso la nueva visión de las políticas de los estudiantes. Este sujeto visualiza la actividad política con cierta distancia y desconfianza, dado que ésta solo está reservada para un grupo exclusivo y exclu-yente de estudiantes. Se sitúa como un sujeto que ha superado los antagonismos políticos, en el sentido de que las discusiones entre bandos le parecen cuestiones obsoletas e improductivas, y que solo estarían motivadas por intereses personales y/o partidistas, alejándose completamente de las verdaderas necesidades de los estudiantes. Estos planteamientos serían concordantes con lo propuesto por Chantal Mouffe (2007) acerca de la erradicación de los antagonismos en la sociedad contemporánea. En este sentido, este sujeto pospolítico pragmático no tendría identificación política, por lo menos no en los términos en que se organizan las fuerzas políticas tradicionales.

Este sujeto pospolítico pragmático no se involucra en temas que trascienden a su realidad más cercana, teniendo una fuerte identificación con el grupo que eventualmente podría representar. Siendo este último un grupo pequeño, en lo posible una carrera u otro colectivo de una dimensión similar. Para realizar adecuadamente su labor debe superar los antagonismos políticos y convocar de modo transversal a todos los estudiantes, los cuales no representarían sectores políticos, sino que ideas o iniciativas diferentes, las cuales pueden ser valoradas como buenas o malas con independencia de quién o de dónde provengan, dado que los problemas a los cuales se ven enfrentados tienen una resolución que no pasa por una discusión política en el sentido tradicional.

En base a la caracterización del sujeto pospolítico pragmático, se puede plantear que éste concibe la acción política como una estrategia de resolución de los problemas concretos de los estudiantes, en una suerte de «cosismo estudiantil». Estos problemas se pueden relacionar con la infraestructura, las mallas curriculares, la calidad de los profesores, etcétera. Esta acción política es más cercana a lo que podría realizar un consumidor de algún servicio, en este caso educativo, que a una acción política en el sentido tradicional. Lo que pretendería esta forma de acción sería la mejora de un aspecto concreto de la cotidia-neidad estudiantil, y no aspiraría a mejoras estructurales del sistema educativo. El ámbito de acción sería el microespacio, circunscrito a la carrera o un nivel similar, no considerando dentro de sus competencias una acción que tuviese una incidencia mayor en la universidad. En este sentido, el Estado desaparece como referente, dado que éste se encuentra fuera del radio de acción y de su forma de construir la acción política. El tipo de cambio que se plantea es concreto y coyuntural, no contemplando dentro de su radio de acción una incidencia mayor.

Sujeto pospolítico filantrópico. Este sujeto se construye a partir del Discurso la acción social como nueva forma de acción política y, al igual que los dos sujetos anteriores, tendría una visión crítica de la política tradicional, enfatizando que el partidismo sería una forma de hacer política contraria a los intereses colectivos. No reniega de la política, pero sí del partidismo. No posee identificación política, pero sí tiene una visión de la política como una práctica que debería superar los antagonismos tradicionales, buscando la coexistencia de distintas posturas o visiones sobre la realidad, las cuales deberían converger en una pura acción. Bajo esta lógica se podría lograr la coexistencia de sujetos que tengan miradas políticas distintas, pero solo en la medida que no se expresen estas discrepancias en forma pública. El bien común es una meta que siempre debe estar presente en la política; y por tanto, se deben evitar los planteamientos egoístas y/o partidistas, los cuales serían contrarios a este fin. Para este sujeto, la universidad no sería su espacio de acción política, porque la orgánica estudiantil estaría cooptada por intereses mezquinos que no dejan espacios para nueva ideas. Define su acción como política, porque buscaría la resolución de problemas sociales que trascienden el espacio universitario, muchas veces como complemento a la labor del Estado.

En base a la caracterización del sujeto pospolítico filantrópico, se puede plantear que éste concibe la acción política como una acción de alta incidencia en problemas que afectan a la sociedad. Esta acción estaría guiada por un interés altruista que se manifiesta en acciones como el voluntariado. Por otra parte, también aspiraría al cambio social, pero para lo cual debería estar libre de los antagonismos políticos. En este sentido es interesante señalar que este tipo de acción política no es crítica del Estado —como sí lo es el sujeto geopolítico— sino, por el contrario, muchas veces su sentido político lo adquiere al ser una extensión de la política pública. El escenario en que se desarrolla esta acción es externa a la universidad, se despliega como una ayuda a los grupos vulnerables de la sociedad y no como una alternativa a las fuerzas políticas que dominan el espacio universitario.

c) Síntesis

A partir de la caracterización de las distintas posiciones de sujeto y del modo en que éstas se relacionan con la acción política, a continuación proponemos un cuadro en el cual se sintetiza el análisis en base a tres dimensiones relevantes para nuestro análisis de la acción política: la relación con el Estado, la noción de cambio social y el escenario en que se desarrolla la acción.

Cuadro 1: dimensiones de la acción política

Como se puede desprender del cuadro anterior, las visiones sobre la acción política son diversas a partir de las distintas posiciones de sujeto, tal que el sujeto político y el neopolítico la visualizan como una forma más convencional de acción, mientras que los sujetos pospolíticos se vinculan con formas no convencionales no convencionales de acción política.

5. Discusión

La perspectiva utilizada en esta investigación plantea que la «identidad» se construye en base a posiciones antagónicas, sosteniendo que la identidad de cualquier elemento solo puede construirse a través de una relación antagónica con otros elementos: su «exterior constituyente» (Laclau, 2000; Hall, 2003). Recordemos que la noción de «exterior constituyente» no se reduce a una negación dialéctica, más bien, dicho exterior debe ser por definición inconmensurable con el interior y al mismo tiempo condición para su propio surgimiento. Como nos señala Laclau, toda fijación de una identidad presupone necesariamente «la represión de aquello que su instauración excluye» (2000). En nuestro caso, hablamos de la represión de la política tradicional y partidista, y de las categorías tradicionales de izquierda y derecha, todos contenidos que son expulsados de los discursos que proponen un tipo de identificación diferente con la política. Este proceso define al otro como «el sujeto político», permitiendo el surgimiento de otras posiciones de sujeto a partir de la relación de antagonismo que establece con él.

Esquema 1 : relación entre los sujetos

Como muestra el esquema, es relevante destacar que entre los sujetos que constituyen el «nosotros» se establece una «relación de exclusión» con el sujeto político, el cual es definido como un sujeto con una militancia político-partidista que se ubica fuera del espacio universitario. El accionar de este sujeto político estaría guiado por referentes externos — los partidos políticos— que definirían intereses distintos al conjunto de la comunidad universitaria. Estas características son vistas negativamente por los estudiantes partícipes de esta investigación, de ahí la utilización de metáforas, como la «suciedad» o la «política bipolar», las cuales constituyen una visión de la política que es rechazada y expulsada de los elementos que forman la identidad de los sujetos que integran el «nosotros». Lo político tradicional aquí surge como el antagonismo que permite constituir al sujeto neopolítico y a los sujetos pospolíticos, para quienes, en general, los partidos políticos irían en contra del bien común y los intereses de los estudiantes universitarios. Además, se plantearía una visión moralizante de la actividad política, ya que se criticarían las posibles motivaciones que tendrían los sujetos políticos al participar en la política universitaria.

Por otra parte, el esquema también muestra la relación que se produce entre el sujeto neopolítico y los sujetos pospolíticos, la cual se define como una «relación de contrariedad», ya que si bien comparten una visión crítica y de exclusión hacia el sujeto político tradicional, ambos ponen énfasis diferentes al definir la acción política. Este punto está bien ejemplificado en la relación que establecen estas posiciones de sujeto con un referente tan relevante como es el Estado, en donde el sujeto neopolítico establece una visión crítica y de confrontación con éste, el cual es visto como el responsable de dar respuestas a las demandas que puedan emanar por parte de los estudiantes, a diferencia de los sujetos pospolíticos, ya que para uno de ellos estaría fuera de su ámbito de acción (sujeto pospolítico pragmático), y para otro sería necesario establecer una relación de colaboración con éste para la solución de distintos problemas sociales (sujeto pospolítico filantrópico). Otro aspecto que confirma la relación de contrariedad entre ambas posiciones de sujeto estaría dado por la forma en que definen el escenario para la acción política, ya que para el sujeto neopolítico estaría dado por el macroespacio universitario y el problema del gobierno de la universidad; mientras que para los sujetos pospolíticos correspondería a los microespacios, sean las carreras o cursos (sujeto pospolítico pragmático) o los espacios locales fuera de la universidad (sujeto pospolítico filantrópico).

Por último, la relación que se establece entre el sujeto pospolítico filantrópico y el sujeto pospolítico pragmático correspondería a una «relación de complementariedad», dado que ambas posiciones de sujeto compartirían una visión similar de la acción política, pero con distintos enfoques. La visión compartida sería que la acción política debería desarrollarse en un contexto que busque la superación de los antagonismos políticos y la promoción de consensos. A partir de esta idea común se articularían dos modos diferentes de concebir la acción política. En el primer modo, se optaría por privilegiar acciones que busquen mejorar las condiciones de la cotidianeidad estudiantil, ya sea promoviendo mejoras en la infraestructura, cambios en las mallas curriculares o en el tipo de docencia impartida en las universidades (sujeto pospolítico pragmático); mientras que en el segundo modo se enfatizaría la acción en un espacio externo a la universidad, en que se promueve la mejora de las condiciones de vida de personas que se ven afectadas por distintas problemáticas sociales, constituyéndose en una acción que podría ser complementaria a la labor del Estado (sujeto pospolítico filantrópico).

De este modo, podemos constatar que las conclusiones de este trabajo no son una excepción con respecto a las múltiples investigaciones que han descrito que los jóvenes han construido una tensa relación con la política. La forma negativa en que se visualiza y se construye al sujeto político refrenda absolutamente esta visión, dando cuenta de unos sujetos empíricos que han tomado distancia de la política tradicional para construir sus propias identidades. Esta visión negativa lleva a que se construya una representación de la política que niega los antagonismos y busca la superación de éstos, en la línea del zeitgeist pospolítico que describe Chantal Mouffe (2007). Para esta autora, estamos en un tiempo en que se intenta hacer creer que los conflictos partisanos pertenecen al pasado y los acuerdos pueden ahora obtenerse a través del diálogo. En este sentido, los sujetos pospolíticos pragmático y filantrópico no tendrían identificación política, por lo menos no en los términos en que se organizan las fuerzas políticas tradicionales, promoviendo una posición en que la única posibilidad de desarrollar una acción efectiva (dentro o fuera del espacio universitario) sería prescindiendo de los «viejos» antagonismos políticos.

Por otra parte, resulta interesante considerar el modo en que los discursos y los distintos sujetos políticos se articulan y se relacionan con la subjetividad que emerge a partir del movimiento estudiantil que se desarrolló durante el año 2011, a pesar de que la recolección y el análisis de los datos de esta investigación se realizó en un momento previo a estos hechos. Al respecto, creemos que las categorías de este trabajo entregan algunas luces acerca de las distintas posturas que los jóvenes universitarios pueden asumir respecto a la acción política, la cual no necesariamente es monolítica, sino que más bien presenta diversos matices y énfasis. En esta línea, el estudio propone que se han constituido sujetos políticos que aspiran al cambio social y ven la acción política como una forma de conseguirlo (sujeto político y sujeto neopolítico), al mismo tiempo que otros aspiran a otro tipo de acción, que promueva cambios en el entorno cercano (sujeto pospolítico pragmático) o fuera de la universidad, pero en colaboración con el Estado (sujeto pospolítico filantrópico).

Lo destacable del movimiento estudiantil fue que durante su evolución permitió la convergencia de distintos tipos de jóvenes, tanto universitarios como secundarios, en función de una demanda por una educación pública, gratuita y que no estuviera entregada a los arbitrios del mercado y, por lo tanto, que no permitiera el lucro. Si lo llevamos a la terminología de sujetos políticos que proponemos en esta investigación, podríamos sugerir a modo de hipótesis que a partir de las movilizaciones se ha producido un ejercicio de equivalencia entre sujetos que establecían una relación de antagonismo entre sí (sujeto político v/s sujetos neopolítico y pospolíticos ), proceso de convergencia que se habría visto posibilitado por la emergencia de un conjunto de significantes, como «gratuidad», «no al lucro» y «educación pública», los cuales podrían haber permitido la articulación de una nueva posición de sujeto a partir de la generación de un nuevo antagonismo con la mercantilización del sistema educativo chileno. La evolución de los acontecimientos futuros nos dirá si esta hipótesis tiene sentido.

Valparaíso (Chile), septiembre 2012

 

NOTAS

1 Expresión utilizada por los jóvenes chilenos durante la década de los noventa, la cual expresaría la desvinculación de éstos con la política en general.

2 Es importante clarificar que desde el año 2012 rige en chile la inscripción automática y voto voluntario, lo que introducirá en la discusión otras categorías de análisis. Es decir, la discusión se centrará ahora en los porcentajes de votación y abstención, cuestión que no se reducirá solo a los jóvenes, sino que se ampliará a la población en general.

3 La comisión FUNA es una organización social y política, comprometida con la defensa de los derechos humanos en todos sus ámbitos. Esta nace como respuesta a las graves violaciones a los derechos humanos cometidas durante la dictadura militar y la impunidad impuesta mediante leyes a medida (Ley de Amnistía). La palabra FUNA se utiliza como forma de señalar y denunciar a personas e instituciones que han sido descubiertas en algo inapropiado, surgiendo como una forma de denunciar a asesinos, torturadores y cómplices que operaron durante la dictadura. Disponible en: http://comisionfuna.blogspot.com.

4 Debemos llamar la atención que el trabajo de campo de esta investigación se realizó durante el segundo semestre del año 2010, es decir, antes de que comenzaran las movilizaciones estudiantiles del año 2011. No obstante lo anterior, los acontecimientos del año 2011 son la mayor evidencia de que entre los estudiantes universitarios están emergiendo nuevas formas de acción política.

5 Éstas son: Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación (UPLACED), Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (UCV), Universidad de Valparaíso (UV) y Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM).

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Recibido: septiembre 2012 aceptado: noviembre 2012.

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