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Ultima década

On-line version ISSN 0718-2236

Ultima décad. vol.23 no.42 Santiago June 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362015000100002 

CONDICIONES JUVENILES CONTEMPORANEAS

 

Una representación metafórica de la acción política en estudiantes de Universidades chilenas

 

Uma Representação metafórica da ação política nos estudantes das Universidades chilenas

 

A metaphorical representation of political action in Chilean University students

 

Fuad Hatibovic Díaz* Juan Sandoval Moya**

* Académico Escuela de Psicología, Universidad de Valparaíso, Chile. Doctorando en Psicología Social, Universidad del País Vasco. Becario del «Convenio de Desempeño para las Humanidades, Artes y Ciencias Sociales» (UVA 0901), Chile. E-Mail: fuad.hatibovic@uv.cl.

** Académico Escuela de Psicología, Universidad de Valparaíso, Chile. Doctor en Psicología Social, Universidad Complutense de Madrid. E-Mail: juan.sandoval@uv.cl.


Resumen

El presente trabajo tiene como objetivo examinar las metáforas a partir de las cuales los jóvenes se refieren a la acción política de los estudiantes. Para esto se utiliza una muestra intencionada compuesta por estudiantes de universidades tradicionales de la región de Valparaíso, los cuales fueron agrupados a partir de su relación con la acción política: a) grupos de acción social, b) grupos dirigenciales y c) grupos sin acción. Como técnica de producción de datos se utiliza el grupo de discusión y como técnica de análisis de los datos el enfoque de análisis de discurso de Ibáñez, centrándose en el nivel nuclear. Los resultados del análisis indican que los jóvenes construyen metáforas dependiendo del grupo en que se sitúan, siendo en su mayoría críticas respecto a la acción política en sus universidades, destacando las referencias a los dirigentes y a las asambleas estudiantiles.

Palabras clave: metáforas, acción política, estudiantes universitarios, asambleas.


Resumo

Este trabalho tem como objetivo analisar as metáforas que os jovens utilizam para se referir à ação política dos estudantes. Para isso, é usada uma amostragem intencionada de estudantes das universidades tradicionais na região de valparaíso que foram agrupados a partir de sua relação com a ação política: grupos de ação social, grupos de liderança e grupos sem ação. Como técnica de produção de dados, é utilizado o grupo de discussão e como técnica de analise de dados o enfoque de análise do discurso de Ibáñez, concentrando-se no nível nuclear. Os resultados da análise indicam que os jovens constroem metáforas dependendo do grupo no qual estão localizados. De fato, a maioria destas metáforas são críticas à ação política em suas universidades, com destaque para as referências aos líderes e assembleias estudantis.

Palavras chave: metáforas, ação política, estudantes universitários, assembleias.


Abstract

This article examines the metaphors used by young people to refer to students' political actions. Using a non-probabilistic convenience sampling method, we selected students from diverse traditional universities from the region of Valparaíso. Students were grouped according to their relationship to political action: a) social action groups, b) leadership groups, and c) no action groups. Data was collected using a discussion group technique and it was analysed using the Ibánez' discourse analysis method, focused on the nuclear level. Results evidenced that young people build metaphors depending on their reference group. Most of students' metaphors are critics to the political action in their universities; emphasizing critics to student's leaders and assemblies.

Key words: metaphors, political action, university students, assemblies.


 

1. Introducción

A estas alturas del siglo XXI pareciera ser un lugar común decir que la relación entre los jóvenes y la política se vuelve cada vez más compleja, afirmación que puede ser ratificada por distintas evidencias empíricas. En primer lugar, por los resultados del proceso de inscripción electoral, quizás el indicador más ilustrativo de esta tendencia mientras existió inscripción voluntaria y voto obligatorio, el cual en uno de sus últimos datos nos indicaba una drástica disminución en el padrón electoral, tal que, para el plebiscito de 1988 los jóvenes de entre dieciocho y veinticuatro años constituían el 21,16% del electorado, mientras que para la elección presidencial del 2009, los jóvenes entre dieciocho y veinticuatro años representaban apenas un 4,51% de los inscritos (SERVEL, 2009). Si analizamos este proceso en función de la implementación del voto voluntario, podríamos concluir que contrariamente a las intenciones originales de revertir esta tendencia, se agudizó el efecto negativo, dado que los jóvenes siguieron marginados de las elecciones y se mantuvo el «sesgo de clase» en la emisión del voto (Corvalán, Cox y Zahler, 2012; Contreras y Morales, 2013). En segundo lugar, los resultados de las diversas encuestas nacionales de juventud (INJUV, 2004, 2007, 2009 y 2012) han mostrado consistentemente cómo ha disminuido la confianza de los jóvenes en las instituciones de la democracia y ha aumentado su distancia con las formas clásicas de organización, especialmente los partidos políticos. En tercer lugar, por los resultados de varios estudios sociológicos y psicosociales que han argumentado, a partir de enfoques y perspectivas teóricas diferentes, la existencia de una crisis de confianza, sentido y legitimidad de la política y la democracia entre los jóvenes (Parker, 2000; Toro, 2007; Luna, 2008; Carrasco, 2010; Sandoval y Hatibovic, 2010; Sandoval, 2012; Baeza, 2013).

Sin embargo, a pesar de esta crisis de participación, confianza y legitimidad, la evidencia muestra que la distancia que mantienen los jóvenes sería principalmente con las formas convencionales de la política, pero no necesariamente con toda forma de acción política. Por ejemplo, según el INJUV (2012), el 45% de los jóvenes declaran haber participado en los últimos 12 meses en al menos una de las organizaciones consultadas, tales como clubes deportivos (19.7%), comunidades o grupos virtuales (13%), agrupación o grupo de hobbie o juego (juegos de rol, grupo de teatro, grupo de música, entre otros) (8.7%) y organización, agrupación o movimiento que defiende una causa o ideal (4.4%).

Del mismo modo, algunos estudios han abordado el problema de la emergencia de nuevas formas de asociatividad juvenil (Muñoz, 2006), o acción colectiva juvenil (Aguilera, 2010), otros han planteado que la política y la democracia constituirían conceptos que buscan ser resignificados desde los espacios cercanos a los jóvenes (Cárdenas, Picón, Parra, Rojas y Pineda, 2007), otros han planteado que las formas de acción colectiva de los jóvenes se han transformado a partir de las redes digitales (Sábada, 2012; Valderrama, 2013) y otros han problematizado el discurso de una subjetividad juvenil totalmente despolitizada (Angelcos, 2011). A lo anterior se suma el hecho de que a pesar de la supuesta desafección de los jóvenes con las formas tradicionales de la política, en los últimos veinte años hemos observado varias irrupciones de los jóvenes en el espacio público a través de manifestaciones y protestas, lo cual ha generado una amplia reflexión, siendo los ejemplos más significativos las movilizaciones de los estudiantes secundarios del 2006 (Bro, 2011) y, especialmente, las movilizaciones estudiantiles que se vienen produciendo a partir del 2011 (Fleet, 2011; Mayol y Azócar, 2011; Aravena, 2012, Garcés, 2012).

A partir de lo anterior es que el caso de los estudiantes universitarios resulta especialmente relevante para entender la visión de los jóvenes respecto a la acción política, ya que éstos habitan un espacio donde se producen con regularidad múltiples manifestaciones culturales y formas de participación y acción política. Estas condiciones están dadas por la existencia de las Federaciones de estudiantes, Centros de alumnos y grupos estudiantiles, organizaciones que permiten el surgimiento entre los jóvenes de una especial forma de participación política y gremial basada en su condición de estudiantes universitarios (Hatibovic, Sandoval y Cárdenas, 2012). En este contexto, el presente artículo se propone analizar las metáforas con las cuales los estudiantes universitarios dan cuenta de la acción política estudiantil.

 

2. La acción política y sus formas

a) Participación v/s acción política

El abordaje tradicional del problema de la acción política ha sido el concepto de participación. Según Sabucedo (1996:89), la participación política cabría definirla «como aquellas acciones intencionales, legales o no, desarrolladas por individuos y grupos con el objetivo de apoyar o cuestionar a cualquiera de los distintos elementos que configuran el ámbito de lo político: toma de decisiones, autoridades y estructuras». Los primeros estudios en torno a las modalidades de participación política estuvieron directamente vinculados con los procesos electorales (Campbell, Gurin y Miller, 1954), sin embargo, a partir de la década de los setenta se amplía esta concepción puramente electoral debido a los trabajos de Barnes y Kaase (1979) quienes distinguen entre modos convencionales y no convencionales de participación; y la década de los ochenta con los trabajos schmitchen y uhlinger (en Sabucedo, 1996) quienes diferencian dos tipos de conductas de participación política: las legales y las ilegales. En este contexto de diversificación terminológica acerca de los modos de participación política, sabucedo y Arce (1991) realizan una investigación que se propuso identificar las principales modalidades de actividad política, estableciendo cuatro tipos de participación política, a saber: persuasión electoral, participación convencional, participación violenta y participación directa pacífica. En base a los resultados de estos trabajos, se puede afirmar que el concepto de participación política se ha ampliado en términos de establecer una taxonomía capaz de englobar el conjunto acciones que pueden clasificarse como políticas.

Sin embargo, a pesar de este esfuerzo de amplitud, tal como sostienen D'Adamo, Beaudoux y Montero, el concepto de participación política «implicaría una reducción de las posibilidades de acción, reacción y transformación de los fenómenos políticos por parte de los individuos, en tanto limita su actividad a algunas formas de actuación, presupone muchas veces un carácter meramente reactivo —respondiente a la influencia de fuerzas supraindividuales, iniciadas a la vez (y contradictoriamente) en cúpulas o centros políticos— e irradia luego hacia una vasta y pasiva periferia, lo cual parece olvidar la intersubjetividad presente en todos los hechos sociales, a la vez que presenta un solo aspecto» (1995:10). Por lo anterior, en el presente trabajo se opta por la noción de acción política en vez de participación para analizar cómo los jóvenes universitarios representan metafóricamente su quehacer político, al asumir que por su flexibilidad constituye un significante que no tiene un significado fijo en el sentido común de los estudiantes universitarios, como sí lo sería la noción de participación política, más asociada a las formas de participación convencional y participación directa pacífica.

En este sentido, el concepto de acción política indicaría una posición que asumiría, en primer término, que las personas son seres activos, constructoras de la realidad en la que viven, generadoras de los cambios, las tendencias dominantes y las resistencias. Así, la acción política es vista como parte de la construcción cotidiana de la realidad, como parte del devenir histórico y como un proceso esencialmente dialéctico y dinámico. Como señala Lazzarato (2006), la acción política articula el orden de lo posible, esto es, actúa como acontecimiento que no es solución definitiva, sino apertura de nuevas posibilidades. En consecuencia, la acción política no solo refiere a los hechos considerados tradicionalmente como «políticos», sino a muchos otros —no menos políticos—, pero que tradicionalmente se han dejado de lado, o bien han sido relegados al campo de la patología social o de las «disfunciones» sociales. En este sentido, su perspectiva de los hechos y de sus actores reviste un carácter no solo más amplio sino también más democrático (D'Adamo, Beaudoux y Montero, 1995).

b) Acción política convencional y no convencional

El interés por el estudio de formas de acción política distintas a las tradicionales no es reciente. Autores clásicos como Klandermans (1984) o Dalton (1988) han utilizado ampliamente como medio de clasificación de la acción política los términos convencional/no convencional. Siguiendo la caracterización propuesta por Rucht (1992), entendemos que la acción política convencional se refiere al conjunto de comportamientos que se circunscriben a la regulación normativa de la participación política, siendo la conducta más destacada el voto y la referencia institucional más importante el Estado y los partidos políticos. Por su parte, la acción política no convencional se refiere a una serie de comportamientos diversos que no se corresponden necesariamente con el orden normativo y que puede incluir desde una marcha hasta la desobediencia civil. Melucci (1996) emplea el término acción directa para referirse a estas formas de acción no convencionales, y al respecto sostiene que serían formas de intervención colectiva que se sostienen en niveles mínimos de organización y que constituirían experiencias de participación alternativa y ejercicio de la democracia directa. De este modo, siguiendo la sistematización de Funes (2006), con formas no convencionales de acción política nos referimos a acciones directas hacia y con los ciudadanos, comprometidas con causas concretas y cuyo objetivo son demandas específicas, y que si bien muchas veces constituyen acciones no sistemáticas, demandan en su realización una mayor implicación emocional por parte de sus protagonistas.

Por las características antes señaladas, la acción política no convencional ha tendido a predominar en los llamados nuevos movimientos sociales como feministas, ecologistas, pacifistas (Rucht, 1992) y en los movimientos estudiantiles. Por ejemplo, Aguilera (2010) plantea que la acción colectiva de los jóvenes es mayoritariamente no convencional, ya que se produciría sin mediaciones institucionales, transcurriría en espacios públicos y semipúblicos, muchas veces de manera descentralizada; y que a pesar de su espontaneidad, demandarían grandes niveles de coordinación. Es más, según Davis (2012), incluso cuando se estudia a la llamada generación de recambio de los propios partidos políticos, se puede constatar la influencia de las formas no convencionales de acción política.

En efecto, la tensión cada vez más significativa que se produce entre los jóvenes y las formas convencionales de acción política, ha supuesto el desarrollo de prácticas cada vez más autónomas de las estructuras partidistas a través de la promoción de colectivos como formas de organización (Henao, Ocampo, Robledo y Lozano, 2008), y por medio de prácticas donde predomina la horizontalidad en sus formas de participación y la deliberación asambleística en su toma de decisiones (Aguilera, 2010; Bro, 2011). Al respecto, Hatibovic, Sandoval y Cárdenas (2012) estudiaron los discursos de grupos de universitarios chilenos sobre la acción política, estableciendo que el ejercicio de la democracia directa es un objetivo valorado por los grupos políticamente activos, a pesar de que los grupos menos activos no lo consideran con la misma relevancia.

La influencia de estas formas no convencionales de acción política ha llevado a que incluso se proponga una nueva perspectiva de los movimientos sociales a partir de la denominada «construcción social de la protesta» (Melucci, 1996), la cual plantea que estas acciones responden a procesos de definiciones colectivas en torno a una motivación o demanda común, que surgen frente a la pérdida de legitimidad del sistema y al incremento del sentido de la eficacia social, dando origen a un enfoque propiamente psicosocial del estudio de las protestas (Klandermans, 1997; Stekelenburg y Klandermans, 2010).

A partir de lo anterior, proponemos que estas formas de acción política operarían en el nivel de «lo político», más que en el nivel de «la política» (Laclau y Mouffe, 1987, Laclau, 2005; Arditi, 1995). «La política» se refiere a la necesidad práctica y empírica de orden y regulación de todo espacio social y supone un conjunto de actividades dirigidas al gobierno y la estabilización de los conflictos sociales. Por su parte, la lógica de «lo político» se refiere a la imposibilidad de erradicar el conflicto y las relaciones de poder de cualquier fenómeno social, teniendo como condición de existencia la imposibilidad de encontrar un principio esencial que fundamente la acción política.

Por lo tanto, las acciones no convencionales al operar más en el nivel de lo político, se manifiestan a través de prácticas y manifestaciones que están sujetas a controversia, que forman parte de antagonismos cotidianos y cuyo análisis empírico nos permitiría mostrar que más allá de las visiones institucionales de la política como acción convencional, existen acciones contingentes que se articulan en la vida cotidiana de los jóvenes universitarios y que tienen un profundo significado político (Sandoval, Hatibovic y Cárdenas, 2012).

 

3. Método

Se llevó a cabo un estudio cualitativo enmarcado en la perspectiva estructural (Ibáñez, 1996a). Consistentemente con las características teóricas del concepto de acción política, se asumió un enfoque teórico-metodológico de tipo discursivo, orientado a la producción y análisis de las metáforas (Lakoff y Johnson, 1991) con las cuales los participantes del estudio significan sus prácticas políticas.

a) Participantes

La población del estudio está compuesta por jóvenes de ambos sexos de dieciocho a veinticinco años, estudiantes de las universidades tradicionales de la Región de Valparaíso1, sin militancia en partidos políticos y que establecen distintas formas de relación con la acción política. Para constituir los grupos de discusión se consideraron atributos cualitativos que segmentaron la muestra en tres grupos. Como criterios de homogeneidad se utilizó la no militancia política y la condición de estudiante universitario y como criterio de heterogeneidad los diferentes modos de relación que tenían los participantes con la acción política. En base a estos criterios, se constituyeron los siguientes tres grupos:

i) Grupo sin acción: jóvenes universitarios sin militancia política y sin participación en grupos de acción social, ni en centros de estudiantes y/o federaciones universitarias.

ii) Grupo de acción dirigencial: jóvenes universitarios sin militancia política, con participación en centros de estudiantes y/o federaciones universitarias.

iii) Grupo de acción social: jóvenes universitarios sin militancia política, con participación en grupos de acción social y sin participación en centros de estudiantes y/o federaciones universitarias.

b) Técnica de producción de datos

Como técnica de producción de información se utilizó el grupo de discusión, técnica conversacional que se propone reconstruir a nivel micro el discurso social macro, desde un enfoque no directivo, permitiendo identificar la estructura de sentido de los discursos sociales que los sujetos reconstruyen en la conversación (Ibañez, 1996b).

c) Procedimiento

El reclutamiento de los participantes del estudio se realizó a través de informantes claves en las cuatro universidades consideradas en la investigación. Los grupos de discusión tuvieron una duración aproximada de dos horas y fueron grabados en audio y transcritos, previa aprobación y firma por parte de los participantes de una carta de consentimiento informado, en la cual se señalaban los objetivos del estudio y se garantizaba las condiciones de confidencialidad y anonimato.

d) Análisis de la información

Los grupos de discusión fueron sometidos a un plan de análisis en base al enfoque del análisis sociológico del discurso de Jesús Ibáñez (1985, 1992, 1996b; Jociles, 2002). Este enfoque propone tres niveles de análisis: nuclear, autónomo y sýnnomo. El primero se propone descomponer los elementos básicos de los discursos con el objeto de identificar las figuras y recursos retóricos que en ellos se utiliza. El segundo se propone identificar estructuras discursivas a partir de las relaciones que establecen los elementos del nivel nuclear. Y el tercero, se propone situar estas estructuras discursivas en su contexto de sentido. La interpretación y análisis se realizó de acuerdo a estos tres niveles, sin embargo, en el presente artículo, nos centraremos sólo en la exposición del nivel nuclear.

El análisis nuclear consiste en la captación de los elementos nucleares y las estructuras elementales del material discursivo. Una de estas estructuras es la metáfora, la cual se define como una estructura permanente e indispensable de la comprensión humana, cuya función primaria es la interpretación de una cosa en función de otra, posibilitando que se pueda captar figurada e imaginativamente el mundo (Lakoff y Johnson, 1991). Las metáforas se pueden distinguir entre metáforas estructurales y metáforas ilustrativas (Jociles, 2002). Las metáforas ilustrativas son recursos retóricos que se utilizan explícita y expresamente, para explicar o aclarar determinadas ideas o puntos de vista, mientras que las metáforas estructurales, que suelen permanecer implícitas en el discurso, estructuran la realidad, de modo que se piensa con ellas, se describe y se actúa en términos metafóricos (Lakoff y Johnson, 1991). A partir de lo anterior, el análisis se centró en la identificación de las principales metáforas y tópicos temáticos en torno a los cuales se organiza el discurso de los jóvenes, segmentándolos en base a los grupos de pertenencia de los sujetos partícipes de la investigación. Para efectos de ordenar el trabajo analítico, se propuso un primer nivel propiamente descriptivo. Así, se conformaron categorías descriptivas, a partir de las cuales se dio cuenta de los diferentes contenidos que emergieron en torno al fenómeno de la acción política. En base a esta información se identificaron las metáforas en torno a las cuales se organizan esas categorías y que se presentan en el siguiente apartado.

 

4. Resultados

Los resultados del análisis se organizaron a partir de la presentación de las metáforas identificadas en cada grupo de estudio, a saber, el «grupo sin acción», el «grupo de acción social» y el «grupo de acción dirigencial».

a) Grupo sin acción

Los discursos de este grupo se articularon en torno a una visión crítica sobre la acción política, que puso el énfasis en las dificultades que experimentan los jóvenes en la toma de decisiones estudiantiles, ya sea porque no se dan las condiciones para participar o porque ellos mismos se sienten incapaces para hacerlo. En ambos casos, estos jóvenes utilizaron metáforas que se centraron en la necesidad de romper con los criterios políticos tradicionales, asumiendo un discurso unitario o postpolítico (Hatibovic, Sandoval y Cárdenas, 2012) que buscaría superar los antagonismos de la sociedad.

En el primer nivel de explicación de los jóvenes encontramos tres metáforas. La primera es metafóra estructural de la «Suciedad», la cual se relacionó con la política, actividad que se define como poco transparente, en donde no se sabe con claridad cómo acontece, siendo vista con sospecha por los jóvenes.

Había siempre una nebulosa de lo cochinona que, por lo menos a mí o a mis compañeros que no nos interesan las cosas políticas como que te hacía sospechar, porque, al final, ¿qué están haciendo?, ¿queriendo mejorar tu escuela por las necesidades de tu escuela y sus estudiantes o por los beneficios en pro de su partido?.

La política se definió como algo sucio, ya que nunca están claros los intereses que motivan las acciones de quienes dirigen esta actividad, asumiendo que el interés partidista sería negativo y contrario a las necesidades de los estudiantes en general.

Por otra parte, los espacios en que los estudiantes tienen la posibilidad de expresarse políticamente, están dados principalmente por las asambleas. Estas surgen como espacios de expresión del espíritu democrático del estudiantado, ya que tienen como uno de sus objetivos principales el superar la forma jerárquica tradicional en que se han vinculado los dirigentes con el resto de los estudiantes. Sin embargo, este ideal de las asambleas, no fue reconocido por este grupo de jóvenes, por el contrario, éstos asumieron que dichas instancias no generan las condiciones para que se expresen todas las opiniones, en particular las de aquellos que no pertenecen a alguna organización política. Esta forma de visualizar las asambleas se representó mediante una metáfora estructural como fue la «Obra de Teatro», dado que al rol pasivo que asumen estos jóvenes, se suma la existencia de una preparación explicita de las personas que intervenían en las asambleas, imponiendo visiones afines con los intereses de los grupos dirigentes.

Yo creo que es por lo que te dije. Lo que pasa es que en mi carrera ellos están como organizados. De verdad como que se sabe que habla uno primero, después el otro continúa y el último remata, como que te da el tiro de gracia. Y allí, jodió tu opinión y tu planteamiento y jodió todo tu grupo, que somos más pollos y no cachamos tanto de política.

Estas asambleas u otras instancias similares, se percibieron como espacios de discusión política cerrados y herméticos para quienes no eran parte del grupo dirigente, lo que quedó representado con la metáfora estructural de lo «Hermético».

Yo no digo que esté mal. Si es un gran mérito que se organicen, pero creo que deberían abrir un poco más los espacios. No quiero decir que a mí me abran los espacios, pero sí yo no veo que —como decía ella— yo estoy totalmente de acuerdo que uno hasta se siente un poco facho.

Esta falta de apertura, se lleva al campo de las ideas políticas, donde se asume que la visión que impera es una sola, no permitiendo el ingreso de nuevas posturas. Esto se complementó con un segundo nivel de explicación, relacionado con una visión crítica que tenían los jóvenes respecto a sí mismos, en donde podemos identificar otros tópicos y metáforas. En primer término tenemos la metáfora estructural del «No ser» ligada al problema de la no identificación política.

Yo creo que aquí es como el espacio que tenemos, el que quiere y no necesariamente —insisto— tiene que pararse frente a una presión política porque, por ejemplo, yo me defino como «híbrido» porque no soy nada; no soy de derecha, no soy de izquierda, no soy de centro.

Los jóvenes asumieron una postura crítica respecto al modo como ellos serían clasificados por otros, en función de los referentes políticos tradicionales, impidiendo que se valoricen las ideas o planteamientos que puedan tener. En esta misma línea, los jóvenes también evaluaron negativamente su rol en las asambleas o espacios similares, en donde asumieron que no tenian la capacidad de hacer propuestas coherentes, principalmente en aquellos escasos momentos en que se les cede la palabra, cuestión que fue representada con la metáfora estructural del «Discapacitado».

O sea, pero un interés súper penca, o sea igual no sé cómo aportar porque no me puedo involucrar en casi nada y no se dan tampoco las instancias y siempre hay asambleas y como que ya: chiquillos vamos a ver [...] es que la malla está así [...] y bueno, yo voy a ver y hablar [...] y todos: ya! ¿Alguien quiere hablar? Y a nadie se le ocurre nada.

También, la desvinculación de los partidos políticos fue un tema que apareció como relevante al momento de tratar de explicar esta «Discapacidad», dado que el conocimiento que tenían respecto a la política era completamente asimétrico en relación con los militantes, cuestión que se constituyó en una barrera de entrada a los debates, aumentando aún más el desinterés.

Pero a raíz de eso se produce un montón de enajenación de los jóvenes que no les interesa ya que no se sienten identificados con dichos partidos o se sienten un poco marginados de los temas de discusión política porque, al final, no todos tienen un manejo de los mismos términos que utilizan los mismos que están bien metidos en el tema y así cada vez uno se va distanciando más del que le interesa la política y se siente más esta diferencia entre los que están interesados y los que no y eso se demuestra también en la participación que tenemos en las votaciones y todas esas cosas dentro de la universidad.

Sin embargo, a pesar de esta posición crítica, estos jóvenes también esbozaron propuestas respecto a cómo debería ser la acción política. Una de las metáforas que representó alguna de estas ideas fue la metáfora estructural de «Los problemas de la gente», que sirvió para analizar la génesis de la falta de participación, la cual radicaría en que las acciones políticas no se vincularían con los intereses directos de los estudiantes. Según estos jóvenes, los intereses de los estudiantes no iban por la promoción de cambios estructurales en la sociedad, sino que se vinculaban más con problemáticas concretas e inmediatas de la vida cotidiana.

En todo caso, igual los planes que tienen las listas son súper alejados como de la realidad estudiantil, como cambiar el sistema educativo nacional. Igual se aleja de la realidad y a nosotros nos gustaría conseguir cosas más inmediatas. Las ideas parche que tienen los políticos chilenos, así, podrían servir en escuelas pequeñas. Podrían de repente decir: vamos a pintar esta sala y hacerla más para que todos compartan. De repente igual sirve y la gente se interesa más [...].

La otra figura con la cual se representó el discurso de estos jóvenes fue la metáfora estructural de la «Unidad Nacional», la cual también se asoció con la visión negativa de la actividad política al interior de las universidades, ya que definía a los que se interesan por la política como personas que polarizan el debate y que no permiten puntos de encuentro entre diferentes posiciones políticas. De ahí la necesidad de abrir los espacios y ampliar el espectro para que todos puedan participar.

Hay muchos jóvenes en la universidad que no les interesa la política, pero los que uno ve regularmente que sí tienen interés por la política, los ve siempre muy extremizados en un sub grupo universitario, no veo una fuerza de coalición un poco más grande, más abierta. Se me ha hecho a mí, en lo personal, difícil el acceso.

Para estos jóvenes la política universitaria sigue marcada por resabios del pasado, los cuales no permiten la unidad de los jóvenes, dado que se introducen temas al debate que, según ellos, no les corresponden.

Eso, yo creo que hay que hacer la salvedad y si hablamos de tolerancia, seamos tolerantes en todo, ¿cachai? Como que todo se sustenta todavía en la dictadura y ellos ni la vivieron o eran guaguas, ¿cachai? Creo que ese es el conflicto hasta hoy. Yo no quiero decir que sea una herida sana, pero no es nuestra herida; a lo mejor es de nuestros papás, pero nosotros no tenemos por qué cargar con ella. O sea, aprender bien. O sea, no porque tú seas comunista o socialista vas a descartar al que es de centro, ¿cachai? Ese es el problema.

La metáfora de la «Unidad Nacional», se constituyó en una buena analogía para interpretar lo dicho por los jóvenes, en la medida que representó un eslogan que se masificó con fuerza en el Chile de las últimas décadas, el cual proponía la superación de los antagonismos políticos y que fuesen reemplazados por un gran consenso, una suerte de lugar ideal libre de las diferencias y disputas de la política. Esto es una muestra de lo problemático que son para estos jóvenes las posturas políticas distintas.

b) Grupo de acción social

En este segundo grupo de estudiantes las metáforas también se organizaron en torno a una visión crítica y escéptica de la acción política universitaria. Sin embargo, acá se encontró una mayor diversidad discursiva, distinguiéndose el uso de analogías que hacían referencia, por una parte, a una acción política tradicional-representacional centrada en los dirigentes políticos universitarios, y por otra, a una acción política identificada con el ejercicio de la democracia directa y las formas no convencionales de organización y toma de decisiones como por ejemplo las asambleas.

Con respecto al primer elemento, podemos decir que al momento de explicarse el interés de los dirigentes estudiantiles por participar en política, este grupo de estudiantes fue radicalmente crítico, ya que lo vincularon principalmente a un tema de figuración, lo cual estaría presente a partir del momento en que los dirigentes se postulan a algún cargo o participan de algún tipo de movilización al interior de la misma universidad, lo que quedó representado por la metáfora ilustrativa de «La pasarela».

En la universidad cuando se presentan grupos a postular a la Federación es muy notorio [...] uno sabe perfectamente para donde van las personas [...] cada vez que se ha hecho un paro hay gente que tiene una necesidad de figurar impresionante.

Estos jóvenes asumieron que la acción política se reduce únicamente a un tema de poder y que esta vinculada a una especie de deseo narcisista de mostrarse, de exhibirse y de ahí el sentido de esta metáfora.

Se supone que esa es la acción política de los distintos grupos que se van formando, de los distintos centros de estudiantes o de Federación, pero eso yo también siento, percibo que en esta universidad también se ha vuelto así, un tema de poder, de quien se luce más y por eso también que se pierde la participación del resto porque sí es una pasarela digamos... eh...

En el discurso de los jóvenes, los partidos políticos se asociaron a esta idea de exhibición, que constituiría para ellos un fin en sí mismo. A esto se sumó la percepción de que existía una tendencia manipuladora por parte de los militantes de los partidos, que desvirtuaban los principios y valores reconocidos como positivos. Esta manipulación impedía que estos jóvenes hicieran una buena evaluación al respecto.

En esta línea, también se identificó un nivel de análisis más contextual acerca de la acción política, relacionado con la evaluación que hicieron los jóvenes sobre los gobiernos estudiantiles universitarios. Como una forma de caracterizarlos, se utilizó explícitamente la metáfora ilustrativa de lo «Oxidado», mostrando un tipo de organización que si bien tenía un largo tiempo de funcionamiento, no era idónea para los tiempos actuales.

Siempre he participado con la convicción [...] y la explicación que me doy es que cuando hay un gobierno universitario lo relaciono como con algo que... que se ha oxidado, que se ha oxidado en el sentido de que efectivamente, obviamente uno se va a mover si estamos en un gobierno militar y de alguna manera el único espacio de discusión que tenías era con tus compañeros, no te podías juntar en un plaza antes a hablar con las personas [...] porque te podían pegar un tiro y yo creo que se sigue con esa idea, o sea la federación y todo eso vienen a responder en que la única instancia civil que tenían en algún momento [...] era la universidad, como instancia de discusión, de reflexión, y todo y yo veo ahora como que es la historia la que pesa, y no se ha reformado.

En este sentido, los jóvenes asumieron que las federaciones tuvieron un rol importante en la historia política chilena, pero ya no. Al definirlas como oxidadas, plantearon que se habían dañado por el paso de tiempo, en que si bien, podrían tener un tipo de reparación, pero en ningún caso estarían actualizadas para el presente.

Esta visión crítica, también se expresó cuando hicieron referencia a la poca variabilidad de los actores que protagonizan las movilizaciones o que participan en la dirigencia estudiantil, lo cual se sintetizó con la metáfora ilustrativa de «Los mismos». Surgía el problema, que en los momentos críticos un gran número de estudiantes se automarginaba, quedando solo un reducido grupo de estudiantes participando, los cuales siempre eran los mismos —los que se quedan— los que toman las decisiones.

Apoyando a la compañera, tiene razón. ¡Hay paro!, ¡ah, bakan me voy a mi casa!, ¡me voy a quedar en mi casa!. Porque en nuestra universidad por lo menos el setenta por ciento no es de acá, no es de la región, es de afuera [...] es de afuera lejos, entonces [...] ven la gran oportunidad del paro para irse a sus casas, a ver sus familias [...] saben que van a ser dos o tres semanas y se van y ¿dejan a cuántos?, treinta, cuarenta... yo he participado en todos los paros, todos los días y son «los mismos».

A partir de lo anterior, podemos decir que estos jóvenes asumían que la magnitud del grupo que decidía lo que se hacía era más bien pequeña, lo que grafica con la metáfora estructural de «La minoría dominante».

Encuentro que es como chocante esta representatividad que tenemos como el sistema democrático, es que si tu contai a la gente son diez pelagatos contra doscientos, no hay nadie que tenga como el peso para cambiar y decir ¡oye! El sistema no está funcionando, juntémonos todos los que nos vamos para la casa y digamos que no se pueden hacer más asambleas, pero parece que hay una cosa histórica como que no podemos no tener ese tipo de organización...

Según estos jóvenes, los estudiantes del grupo mayoritario no tenían la capacidad o voluntad de participar durante toda la discusión y al momento de tomar las resoluciones ya se han ido, quedando para decidir la minoría que persiste, a pesar de que algunos participaban al comienzo de estas instancias.

Hay un gran número, que te apuesto que son más los que se quedan, y pasa. Nosotros podemos discutir en asamblea y los que se quieren ir dicen pucha! Ustedes discuten, discuten... hay primero sesenta después vamos quedando veinte, y después dicen ¡ah! Ustedes veinte votaron y es como la misma crítica.

Por otra parte, la duración de las asambleas era otra cuestión que se calificó de forma negativa por parte de estos jóvenes. Estas instancias eran descritas como jornadas largas y extenuantes, que comenzaban con el tratamiento de cosas triviales, las cuales según ellos, solo buscaban dilatar el tratamiento de los puntos de discusión más importantes. Propusimos la metáfora estructural del «Maratón» para representar esta crítica.

¡Sabí que no pude llegar a la hora, porque mi tía se iba para no sé dónde! [...] ¡Qué me importa! si estamos hablando de un tema particular, qué me importa que tenga problemas con la tía [...] como que a eso uno se arriesga cuando hay asambleas públicas y aparte que hacen todos los días [...] eso me estresa porque uno no tiene tiempo para estar cuatro horas todos los días diciendo lo mismo, uno trabaja tiene familia, la verdad que me estresa un poco [...].

Eran estas dinámicas adoptadas en las asambleas las que generaban las condiciones para que los estudiantes promedio, se fueran antes de que concluyera la discusión. Los jóvenes creían que había intencionalidad para generar este efecto.

Sí, muchas cosas son planificadas, entonces claro, toda la gente se va a las diez once de la noche [...] quedan solamente los interesados en el paro y votan, y como la asambleas es constituyente y todo vale, y lo que se habla acá es ley, el paro continúa, aunque dure cuarenta días.

A partir de lo anterior, se deduce que la participación en este tipo de instancias se sentía como algo costoso, que implicaba invertir tiempo y esfuerzo, ya que eran jornadas «maratónicas». Si lograban resistir hasta el final, podían obtener la recompensa de decidir, de lo contrario si se retiraban antes y tenían que asumir las consecuencias.

Por último, se puede destacar en los planteamientos de los jóvenes el rol preponderante que le otorgaban a las asambleas como instancia de toma de decisiones. En este espacio se decidía lo que se haría en materia de movilización, produciéndose el despliegue de los distintos actores partícipes activos de la política universitaria. En esta lógica, algunos le han otorgado el máximo estatus, reemplazando paulatinamente el rol histórico de las directivas estudiantiles tradicionales. Por esta razón, utilizamos la metáfora estructural de «Los Cantones» para graficar esta visión de las asambleas.

Nosotros [...] funcionamos, se podría decir, como asamblea constituyente definitoria [...] es decir, se cita a asamblea y cualquier persona que quiera llamar a asamblea nos juntamos y tiene que poner un buen cartel y lo que se decida en asamblea es decisión, no hay jerarquía, no tenemos presidente ni nada, el que quiere hablar, el que la quiera dirigir, lo vemos en el momento y todo...

Nosotros cada vez que partimos la asamblea ¡oye! Los sesenta que se van a ir a la mitad, si están tan molestos porque conversamos tanto [...] ustedes son sesenta y los que estamos votando al final somos quince o veinte, si ustedes hacen cualquier asamblea, bajo las mismas reglas que nosotros estamos funcionando... ustedes nos pueden mandar también a la casa [...] ustedes llegan mañana y votan por un rey [...] y lo sacan y funciona bajo las mismas reglas [...].

A partir de estos planteamientos, se puede afirmar que el tipo de organización política que se está configurando en el espacio universitario pretende asumir los principios de una democracia directa, en donde se daría la posibilidad a todos los estudiantes para que accedan a ellas, sin límites ni jerarquías, pero con las dificultades que éstos mismos identifican.

c) Grupo de acción dirigencial

Este grupo de jóvenes, a diferencia de los dos anteriores, participaban activamente en la organización política en su condición de dirigentes, ya sea en las federaciones o en los centros de estudiantes, a pesar de no militar en partidos políticos tradicionales. En este sentido, las metáforas que se identificaron en este grupo se centraron en su condición de dirigentes. Dando cuenta de la acción política como una batalla que acontece en un entorno «sucio», y que a pesar de todas las dificultades que enfrentan, deberían resultar victoriosos en el largo plazo.

Las metáforas belicistas son recursos literarios muy utilizados para referirse a la política por parte de diversos actores de la sociedad. Esta visión tampoco ha estado ausente en lo dicho por este grupo de dirigentes, los cuales tomaron distancia de los partidos políticos, caracterizándolos con la metáfora ilustrativa de los «Batallones» militares que luchan unos con otros.

Parecería que los partidos políticos son batallones que luchan entre ellos mismos.

Estos jóvenes también hicieron una evaluación negativa de la actividad política en el espacio universitario, definiendo la actividad política en general y la universitaria en particular, como «sucia» y «cochina», sin describir con claridad a que se referían exactamente. Tal como ocurre con el Grupo sin acción, esta idea se representa con la metáfora estructural de «la suciedad».

Como decía un amigo: «La política universitaria es lo más cochino que existe, es lo más inmundo que hay» y aquí todos somos testigos de eso. Hay que anotar que en el mismo ambiente en que uno se mueve, se da cuenta de que la cosa es sucia».

Estos jóvenes precisaron de mejor forma esta idea de la suciedad cuando hicieron referencia a los partidos políticos, ya que estos eran «sucios» al tratar de imponer ciertas ideas a los estudiantes o cuando obligan a los dirigentes a responder a «órdenes» de partidos por sobre el interés general de los estudiantes. Desde esta perspectiva, la pertenencia a partidos políticos o la dedicación a la política desde esta tribuna, llevaría inevitablemente a ser «cochino» y eso redundaría en una escasa participación del resto del estudiantado. Paradójicamente, estos jóvenes asumieron que esta característica es imprescindible para «sobrevivir» en la política.

[...] más allá de que te gusten los monos o te gusten los jotosos, para sobrevivir en esto de la política universitaria hay que ser cochino, no basta o no sirve con ser puro, porque no te vas a sobreponer a la realidad.

La dificultad para movilizar al resto de los estudiantes, era otra de las situaciones problemáticas que identificaron estos jóvenes. Ellos se autodenominaron como un pequeño grupo de personas interesadas en la cuestión política, no teniendo claridad respecto a cuál era el origen de su interés por esta actividad.

Y se ha dado todo este fenómeno que son pequeños grupos de personas que no sé porque motivo —habría que estudiar nuestras trayectorias de por qué nos empezó a interesar la política— que somos un poco modelo del asunto y hacemos que los otros participen, pero que es un poco como la lucha entre David y Goliat porque es un problema tan grande que hacen falta muchas manos para luchar contra eso.

Los jóvenes explícitamente ilustraron su argumento con la metáfora ilustrativa de «David contra Goliat», en donde ellos ocupaban el lugar de David, es decir, la parte débil que debe luchar contra un gigante, que en este caso era la inmovilidad generalizada de los estudiantes. La metáfora ilustró de buena forma una lucha cotidiana compleja que estos jóvenes llevan a cabo, la cual tendría para ellos un carácter épico y optimista, ya que al igual que David, ellos estarían destinados a derrotar al gigante al cual se enfrentan.

Por lo tanto, estos jóvenes no han renunciado a la posibilidad del cambio social desde sus espacios de acción política, sin embargo, asumieron la dificultad y plantearon formas más «aterrizadas» de llevar a cabo estas transformaciones. De ahí la utilización de la metáfora estructural de «Germinar el cambio» para representar la idea de que es posible promover un proceso de transformación de la sociedad a partir de una pequeña «semilla», a partir de la cual se puede ir convenciendo a los demás.

A mí me hace sentido eso que tú decís, desde que en el discurso y en la práctica uno también va germinando en otras personas el cambio.

Por lo tanto, el cambio social que se plantearon estos jóvenes no se proponía como algo inmediato y radical, más bien se definió como un proceso paulatino, permanente, que se espera que comience con pequeñas cosas, para que luego se vaya complejizando y se pueda llegar a objetivos más amplios que abarquen al resto de la sociedad.

 

5. Discusión

Un primer elemento conclusivo que se puede comentar es la relación existente entre las metáforas identificadas y el posicionamiento que tiene cada grupo de jóvenes con respecto a la acción política y la toma de decisiones en sus universidades. En este sentido, es coherente que los grupos de «acción social» y «sin acción», desarrollen una crítica transversal a la política en su vertiente tradicional y que el grupo de «acción dirigencial», si bien asume una postura crítica hacia la política partidista, no generaliza esta opinión hacia todo el mundo político universitario, dado que ellos mismos son protagonistas destacados de él, sobretodo en el escenario actual en donde los partidos políticos tradicionales están cada vez más ausentes de las posiciones de relevancias en el movimiento estudiantil.

Si bien podemos encontrar puntos de coincidencia en algunas metáforas utilizadas por los distintos grupos incluidos en el estudio, se pueden identificar con claridad puntos de vista particulares y distintivos en cada uno de ellos, configurándose tres visiones específicas acerca de la acción política y la democracia.

En primer lugar, tendríamos una visión pasivo-crítica presente en el «grupo de acción social», que con sus metáforas del «Maratón» y de la «Pasarela» expresa la desconfianza existente hacia el comportamiento de los dirigentes políticos y hacia las dinámicas que se producen al interior en las asambleas en que ellos participan, elaborando su discurso desde una posición de espectador y sin articular elementos propositivos al respecto. En segundo término, identificamos la visión excluida-propositiva vinculada al «grupo sin acción» que con las metáforas de lo «Hermético» y del «Discapacitado» dan cuenta de una doble exclusión en la toma de decisiones políticas, ya sea por no poder ingresar a esa dinámica estudiantil, o en el caso de lograrlo, por no contar con las competencias y/o habilidades políticas necesarias para participar en ella. Sin embargo, a pesar de su posición de exclusión, logran articular algunas propuestas como las que se reflejan en las metáforas de «Los problemas de la gente» y la «Unidad Nacional», en las cuales se expresa como elemento común el deseo de superar los antagonismos y construir una acción política basada en los consensos de la sociedad. Por último, tenemos la visión protagonista-crítica identificada con el «grupo de acción dirigencial», que asume un planteamiento crítico hacia la política partidista mediante el uso de las metáforas de la «Suciedad» y de los «Batallones», pero que al mismo tiempo elaboran una mirada sobre su propia acción política en la cual podemos encontrar «tintes épicos», expresados por ejemplo en la metáfora de «David contra Goliat», la cual da cuenta claramente de la «lucha» que estos jóvenes sostienen contra la desmovilización y despolitización de la mayoría de sus compañeros.

Por otro lado, cuando analizamos las visiones de estos jóvenes acerca de las manifestaciones convencionales y no convencionales de la acción política, podemos establecer algunas tendencias que resultan relevantes de destacar. En este sentido, si tomamos como referencia algunas entidades prototípicas de las formas convencionales y no convencionales de acción política, como podrían ser los representantes o dirigentes políticos para el primer caso y las formas de organización a través de asambleas para el segundo, podemos concluir que la visión negativa hacia las manifestaciones convencionales de la política es transversal en los tres grupos, definiendo a sus protagonistas como una «Minoría dominante» o reiterándose en dos grupos el uso de la metáfora de la «Suciedad» para referirse a estas prácticas políticas, identificándose un distanciamiento de referentes como el Estado y los partidos políticos. Por su parte, la asamblea, en tanto mecanismo de toma de decisiones ligado a los principios de la democracia directa no está tampoco exenta de una visión crítica. Si bien este juicio no alcanza la radicalidad y el consenso de la crítica a la política tradicional, ésta no deja de ser relevante ya que hace visible los problemas que experimentan los estudiantes cuando participan en estos espacios, como queda reflejado con las metáforas de la «Obra de teatro» o de la «Maratón». Con todo, es importante subrayar que los jóvenes le otorgan reconocimiento a las asambleas, valorándolas como una instancia relevante en la vida estudiantil, que expresan el cambio que estaría experimentando el rol que han jugado históricamente los dirigentes en la política universitaria, confirmando que estas formas de acción política no demandan mediación institucional (Aguilera, 2010), se construyen con autonomía de los partidos políticos (Henao et al., 2008) y en ella se privilegia una organización horizontal y deliberativa (Bro, 2011).

Lo anterior, viene a confirmar un hecho que se puede constatar en distintas universidades chilenas en los últimos años, a saber: la deslegitimación que han sufrido las instituciones relacionadas con la democracia representativa tales como los partidos políticos, el voto individual y secreto o el poder de representación que históricamente concentraban los dirigentes universitarios. Como contrapartida, vemos la emergencia de la figura de los voceros, muchos de ellos rotativos, el uso del voto a mano alzada o la consideración de las asambleas como único mecanismo legítimo para la toma de decisiones. Este proceso sería una evidencia que confirma que estamos frente a jóvenes que adhieren cada vez más a mecanismos más directos para decidir y a procesos más informales para organizarse (Cárdenas et al., 2007; Aguilera, 2010; Bro, 2011) y que la literatura ha abordado desde la noción de acción política no convencional. Sin embargo, el carácter controversial y polémico de las prácticas políticas de los jóvenes también indicaría que éstas se estarían articulando incipientemente en el nivel de «lo político»; es decir, constituirían formas de acción capaces de constituir verdaderos antagonismos en la vida cotidiana de los jóvenes (Sandoval, Hatibovic y Cárdenas, 2012). Ejemplo de lo anterior es el carácter polémico que tiene entre los propios universitarios las asambleas, la figura de los voceros y el voto a mano alzada, cuyo carácter controversial pone en juego las propias reglas de la convivencia política de los jóvenes.

Por otra parte, el rol central que le otorgan los universitarios a las asambleas y las formas de representación directa, provoca que se invi-sibilicen otras formas de acción política no convencionales como son el uso de las nuevas tecnologías (Cárdenas, 2014) y las prácticas artístico culturales en la ocupación del espacio público (Berroeta y Sandoval, 2014); y para cuyo abordaje resulta necesario explorar otros dispositivos de investigación con el fin de profundizar en otros modos de acción que no han aparecido con nitidez en este trabajo.

Finalmente, como comentario final, estos hallazgos nos deben hacer reflexionar críticamente acerca de la importancia de que se im-plementen mecanismos de participación y decisión política que garanticen la inclusión de la mayoría de los jóvenes. Recordemos que Norberto Bobbio (2010) planteaba como problema para el funcionamiento óptimo de la democracia directa la necesidad de contar con un «ciudadano total», es decir, un sujeto que debe estar disponible a participar siempre y en todo momento, lo que en contextos sociales complejos se vuelve cada vez más inviable. Como advierte Giovanni Sartori, por momentos la democracia participativa «... nos propone a un ciudadano que vive para servir a la democracia, en lugar de una democracia que existe para servir al ciudadano» (2009:37). Podríamos decir, entonces, que la democracia directa le demanda al sujeto el deber de participar activamente de la comunidad para tener el derecho a decidir con ella. Esta exigencia se vuelve especialmente compleja en el contexto de los jóvenes universitarios de hoy, ya que éstos son cada vez más diferentes: provienen de orígenes distintos y por tanto adscriben a diversos posicionamientos identitarios e intereses, lo que les imposibilita participar de una comunidad capaz de deliberar permanentemente acerca de todo, configurándose esta demanda en una nueva forma de exclusión del mundo político universitario. Por lo anterior, el desafío concreto de nuestro tiempo es que estos nuevos modos de organización y toma de decisiones que desarrollan los jóvenes no incurran en los vicios de la exclusión, porque si en estas formas de acción no convencionales se imponen las prácticas representadas por metáforas como «la obra de teatro» o la «maratón», no sólo caerá también en la ilegitimidad la democracia directa, sino que se profundizará todavía aún más el «cisma» existente entre los jóvenes y la política en el Chile contemporáneo.

 

Valparaíso (Chile), agosto 2014.

 

Notas

1 Universidades tradicional de la V Región: Universidad de Playa Ancha de Ciencias de la Educación (UPLACED), Pontificia Universidad Católica de Valparaíso (UCV), Universidad de Valparaíso (UV) y Universidad Técnica Federico Santa María (UTFSM).

 

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Recibido: agosto 2014; Aceptado: enero 2015.

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