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Ultima década

On-line version ISSN 0718-2236

Ultima décad. vol.28 no.53 Santiago Aug. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22362020000100078 

Educación, clases sociales y trayectos juveniles

La elite del llano: de la promesa a las desilusiones en la trayectoria postsecundaria de los jóvenes de la nueva clase media

A elite das pessoas comuns: Da promessa às desilusões na trajetória pós-secundária dos jovens da nova classe média

The ordinary elite: From promises to disappointment in the post-secondary trajectory of young people from the new middle class

Manuel Canales 1  

Fabián Guajardo 2  

Víctor Orellana 3  

1 Sociólogo y doctor en Sociología por la Universidad Complutense de Madrid; investigador Instituto de Ciencias Sociales de la Universidad de O’Higgins, Chile. Correo electrónico: manuel.canales@uoh.cl

2 Licenciado en Sociología y candidato a doctor en Sociología y Antropología por la Universidad Complutense de Madrid; investigador asistente, CIAE de la Universidad de Chile. Correo electrónico: fguajardo@u.uchile.cl

3 Sociólogo y candidato a doctor en Sociología por la Universidad de Chile; investigador asistente, CIAE de la Universidad de Chile. Correo electrónico: victor.orellana@ciae.uchile.cl

Resumen:

El presente artículo, basado en una estrategia cualitativa, aborda las trayectorias de jóvenes estudiantes, en el egreso de la enseñanza secundaria, su ingreso a los estudios superiores y el momento de inserción profesional, como expresiones subjetivas de un nuevo sector de la sociedad que emerge de lo popular y que se conforma mediante las oportunidades abiertas por la educación de mercado en una nueva clase media. El objetivo es, por una parte, caracterizar cómo la educación ha servido de guía del tránsito intergeneracional de estos sectores y, por otra, aproximarse a la dimensión subjetiva que liga la trayectoria educativa de los jóvenes con la formación de clase, en una propuesta para la comprensión de dicho sector social.

Palabras claves: nuevas clases medias; trayectorias juveniles; educación superior

Resumo:

O presente artigo, baseado em uma estratégia qualitativa, abrange as trajetórias dos jovens estudantes, na formatura do ensino médio, seu ingresso no ensino superior e o momento da inserção profissional, como expressões subjetivas de um novo setor da sociedade que emerge do popular e que é conformado através das oportunidade abertas pela educação de mercado em uma nova classe média. O objetivo é, por um lado, caracterizar como a educação serviu de guia para o trânsito intergeracional destes setores, e por outro, aproximar-se da dimensão subjetiva que liga a trajetória educativa dos jovens à formação de classe, em uma proposta para a compreensão do referido setor social.

Palavras-chave: novas classes médias; trajetórias juvenis; ensino superior

Abstract:

The present article covers from a qualitative research strategy the trajectories of young students at the moment of graduating from secondary school, their entrance to higher education and the moment of professional insertion as subjective expressions of a new social sector emerging from working classes and made up from the opportunities opened by the market-based education in a new middle class. The objectives are, on the one hand, to characterize the way in which education has served as a guide for the intergenerational transition of these sectors; on the other hand, to get a closer look into the subjective dimension that links the education trajectory of young people with class formation, as a proposal for the understanding of this social sector.

Keywords: new middle classes; youth trajectories; higher education

1 Introducción

La discusión académica sobre el carácter y extensión de las clases medias en Chile ha concitado alto interés en las últimas décadas. El debate se funda en el reconocimiento de los cambios en la estructura social de clases derivados de las transformaciones económicas neoliberales ocurridas en el país (Gayo et al., 2013; Tironi y Martínez, 1985), en que, desde distintas perspectivas, se reconoce la pérdida de valor de las distinciones clásicas del siglo XX para la designación de aquellos sectores que comprenden las clases medias (Espinoza et al., 2013; Gayo et al., 2009; Ruiz y Boccardo, 2014; Torche y Wormald, 2007). Las trasformaciones neoliberales, iniciadas en dictadura, redefinieron las pautas generales de las ocupaciones de la sociedad chilena y permitieron la emergencia de componentes novedosos en la estructura social. En lo fundamental, los cambios significaron una ruptura respecto al sistema anterior, con la ampliación del peso de las ocupaciones de los empleados en servicios privados, frente al descenso en los empleos públicos; la incorporación de nuevos sectores con capacidad de consumo y presencia urbana en las ciudades; y la ampliación en el acceso a la educación secundaria primero, y luego superior, de hijos de familias de origen popular (Martínez y León, 1987; Tironi y Lagos, 1991; Tironi y Martínez, 1985).

El campo educacional es uno de los componentes más relevantes del conjunto de transformaciones neoliberales (Bellei, 2007; Orellana et al., 2018; Orellana et al., 2019) y elemento fundamental para comprender la estructuración de los nuevos sectores sociales en formación. En Chile, hablar de la formación de las clases medias, es hablar de una diversificación de la estructura social sostenida en la expansión de la formación secundaria y postsecundaria en el país (Canales et al., 2016). Precisamente, la masificación de la educación secundaria y superior se arguye en indicador de éxito del modelo de sociedad sustentado durante los gobiernos de la transición (Brunner, 1998; Tironi, 1999). A finales de los años noventa, el país alcanza cobertura universal en educación escolar y, al finalizar la década siguiente, masifica su cobertura de nivel terciario (Orellana et al., 2019). En dicho proceso, el Estado asume un carácter subsidiario en relación con los servicios educacionales, sosteniendo el acceso a ellos en la capacidad de pago de las familias, en la oferta de mercado y de subsidios estatales focalizados (Ruiz Encina, 2015).

De ahí en más, amplios sectores de la sociedad asociaron el acceso a la educación subvencionada y a la enseñanza superior a posiciones más cercanas a la imagen social de acceso al consumo, a extremos de simbolizar esa participación como garantía para mantener la posición social lograda (Moulian, 1998; Ruiz y Boccardo, 2014). Ciertamente, la educación es culturalmente expresiva de la subjetividad en la formación de los sectores sociales que el neoliberalismo logró situar en el ascenso social. Por ello, la expresión cultural y el fenómeno subjetivo que representa la continuación de estudios terciarios son un elemento señero de la vida de los jóvenes chilenos y un componente fundamental para comprender la estructuración social (Kathya Araujo y Martuccelli, 2011; Orellana et al., 2019).

El presente artículo releva, desde los discursos juveniles, las expresiones subjetivas de un nuevo sector de la sociedad que emerge de lo popular y que se conforma mediante las oportunidades abiertas por la educación de mercado como nueva clase media. El objetivo aquí es, por una parte, caracterizar cómo la educación ha servido de guía -marcador- del tránsito intergeneracional de estos sectores. Y, por otra, abordar la dimensión subjetiva que liga la trayectoria educativa de los jóvenes con la formación de clase, en una propuesta para la comprensión de dicho sector social. Para ello, desde una estrategia cualitativa y mediante grupos de discusión, se abordan las trayectorias de jóvenes estudiantes en distintos momentos desde la salida de la enseñanza secundaria: el momento del egreso, el paso de los primeros años de estudios superiores y el momento de inserción profesional, luego del egreso de las carreras.

2. Disputas en la noción de nuevas clases medias: formación, fragmentación y extensión

Diferentes criterios han sido utilizados en los intentos sucesivos por construir teóricamente los deslindes de una definición para las clases medias. La caracterización mediante la lectura de relaciones con la estructura de producción, así como las posiciones de grupos ocupacionales -directivos, profesionales y técnicos- han sido los dominantes en los estudios sobre este grupo. En efecto, las calificaciones enfatizan la diferencia económica que distingue estos sectores medios de la clase obrera, además, porque ocuparían posiciones de supervisión y control, debido al ejercicio de trabajo intelectual y no manual. Es precisamente desde esa comprensión teórica que surge el énfasis en la importancia de la educación y el mérito como elementos constitutivos de este grupo (Gayo y Cerda, 2013; Giddens, 1979; Goldthorpe, 1980; Wright, 2000). Así, las clases medias aparecen vinculadas, por un lado, a la capacidad de mercado que se deriva de la posesión de cualificaciones educativas y técnicas, a diferencia del ejercicio de la fuerza de trabajo manual propio de la clase obrera (Giddens, 1979). Y, por otro, en su formación mediante procesos de movilidad social y el ejercicio de algún grado de autoridad derivada de las relaciones en la producción y la sociedad (Goldthorpe, 1980).

La caracterización de la situación de clases sobre la base de la ocupación evidencia sus límites, precisamente, ante el asunto de la formación y reproducción de las clases, y el dilema de la persistencia de una estructura de desigualdades en la movilidad social sostenida en la educación. Goldthorpe (1980) afirma que, en el marco del capitalismo avanzado y la expansión de las oportunidades educativas, se ha producido un incremento sostenido de la clase de servicio y las posiciones intermedias en la sociedad, que contrasta con la disminución del peso de la clase trabajadora. Sin embargo, ese hecho no puede interpretarse como un incremento -en lo que denomina fluidez social-, pues, pese a la existencia de movimientos intergeneracionales entre clases sociales, existe una tendencia de las clases a reproducirse mediante la transmisión de recursos -económicos, sociales y culturales- a las generaciones siguientes. Bourdieu y Passeron (1977) definen la clase de acuerdo con la ubicación de posiciones de agentes similares en un campo social, respecto a la distribución del capital. Dicha ubicación refiere tanto a condiciones concretas compartidas (objetivas) como a disposiciones (subjetivas), que orientan la reproducción de prácticas similares o comunes. En ese sentido, las posiciones sociales derivadas de las ocupaciones tienden a estar ligadas a conocimientos que requieren determinadas cualificaciones legítimas, valoradas en el campo social específico. Para Bourdieu y Passeron (1977), el sistema educativo opera como un mecanismo reproductor de las posiciones de clase, toda vez que la distribución desigual del capital cultural actúa hereditariamente, abriendo o negando la posibilidad de acceder a credenciales o cualificaciones valoradas.

La identificación de las condiciones que permitían señalar a un grupo -en la producción y por su ocupación- está sometida a reconocer que los elementos que permiten su reproducción (formación) es la fijación de los términos en que se asegura el paso a la siguiente generación. Precisamente, la importancia de las perspectivas culturales o de la reproducción estriban en que han contribuido a dinamizar la comprensión de la estratificación y movilidad social, en tanto se ha comenzado a considerar la importancia de las prácticas de los sujetos y los procesos de transmisión cultural en la reproducción de las clases (Sembler, 2006).

En América Latina, la clase media se constituye como campo de estudio, en tanto actores relevantes de los procesos de modernización cultural, de urbanización, de la consolidación de los mercados internos y de las alianzas políticas desarrollistas (Franco et al., 2010). En Chile, en particular, los estudios se intensifican con el ciclo de transformaciones que impuso la dictadura, conformándose en retrospectiva de la relevancia en el proceso de modernización del ciclo desarrollista que se cerraba. De esa forma, se centran en reconocer, primero, su peso en el empleo público y su relevancia en la expansión de la sociedad chilena urbana durante el ciclo desarrollista, para, posteriormente, profundizar en la identificación de los cambios en su composición, que se iniciaban a la par del ciclo de reformas económicas de liberalización (Barozet, 2006; Franco et al., 2010; Martínez y León, 1987; Tironi y Lagos, 1991; Torche y Wormald, 2007). Los análisis enfatizaban en los cambios experimentados por la sociedad chilena como condicionantes para la menguante presencia de las clases medias del viejo Estado desarrollista. Esta presencia disminuida, no obstante, es analizada como temporal en un primer momento (Martínez et al., 1982), para luego reconocer que se inauguraba un nuevo ciclo de composición en la estructura social, de cambio definitivo (Ruiz y Boccardo, 2014; Tironi y Lagos, 1991).

Estudios más recientes analizan la composición y fragmentación de las clases medias, evidenciando la necesidad de introducir perspectivas multidimensionales para hablar del sector (Espinoza et al., 2013; Gayo et al., 2019; Mac-Clure et al., 2014; Méndez y Gayo, 2018). Sin embargo, la idea de que la clase media es un conjunto heterogéneo de posiciones y, por tanto, fragmentado, es propia también de la elaboración conceptual de una categoría propuesta, desde su origen, para identificar a un sector de la sociedad determinado por el empleo no manual y en que la relación con los otros grupos sociales y ocupaciones son la base de la definición (Gayo et al., 2009, 2013; Sembler, 2006). La novedad entonces parece estar en el reconocido retroceso, tanto en la estructura de ocupaciones, expresiones culturales y formas de representación política, de aquellos grupos señalados tradicionalmente con el denominador de clase media, a la vez que, por efecto de la movilidad social, la emergencia de expresiones que pueden ser caracterizadas como nuevas versiones de aquella condición social.

Del mismo modo, figuran estudios que, adoptando la perspectiva de comprensión cultural y subjetiva para la identificación de la clase media, han sido enfáticos en mostrar que el fuerte sentimiento de pertenencia a la clase media que tienen los chilenos se asienta en una dispersión y heterogeneidad de experiencias sociales en el seno de un mismo grupo social (Araujo y Martuccelli, 2012). Estos estudios ponen énfasis en el conjunto de contenidos simbólicos asociados a la idea de clase media, en cuanto identidad, categoría o posición en la estructura social.

En síntesis, no resulta posible desechar la ocupación como una fuente de distinción dentro de la clase media, aun cuando su capacidad explicativa es reducida, puesto que las diferencias y matices dentro de las clases no siempre tendrán que ver con divisiones ocupacionales en su interior. Del mismo modo, no es posible desconocer la importancia de la educación en la expansión y diversificación de los sectores medios en la sociedad, a la vez que el capital cultural y social operan como mecanismos de reproducción de las posiciones de clase, toda vez que la distribución desigual de estos capitales actúan abriendo o negando la posibilidad de acceder a credenciales o cualificaciones valoradas. Para la comprensión de la formación de las nuevas franjas de la clase media -al igual que sucede para el conjunto del espacio social-, resulta necesario entonces considerar el campo educativo y las distinciones que sostiene y reproduce, en tanto una de las variables de mayor densidad comprensiva de los cambios en la estructura social (Gayo et al., 2009).

3 La relevancia de las trayectorias juveniles para comprender las transformaciones en la formación de nuevos segmentos en la clase media

Los cambios en los modos en que se construyen las biografías ocupan un lugar relevante en el estudio y reflexión acerca de mundos juveniles, en especial cuando se observan procesos de tránsito a la vida adulta. Diversos trabajos revelan la emergencia de nuevas modalidades de construcción de autonomías, ya no lineales, más flexibles y, ciertamente, más difusas respecto al modelo estudio-trabajo (Dávila y Ghiardo, 2011; Dávila y Ghiardo, 2012; Duarte, 2000). Es precisamente eso lo que permite señalar a estos procesos como un elemento social que plasman de muy buena manera las transformaciones sociales ocurridas en la estructura de oportunidades y la formación de clases medias en las últimas décadas (Canales et al., 2016).

La conversación juvenil sobre el futuro, en especial en el momento de tránsito que significa la salida de la enseñanza secundaria -«salir de cuarto»-, expresa gráficamente el sentido de los caminos (trayectos) que se visualizan, las disposiciones construidas y sus destinos posibles. Especialmente reveladora de los cambios sociales que ha experimentado la sociedad chilena, en cuanto queda situada en los futuros posibles, en definitiva, en la trayectoria por dibujar. Cada individuo se ve inscrito en las redes e instituciones que le dan soporte a sus alternativas de proyección vital (Duarte et al., 2016).

Trayectorias de vida es el concepto central de una línea de trabajo que estudia los cambios socioculturales a partir del modo en que las personas construyen sus etapas vitales (Dávila y Ghiardo, 2011). En esa definición, la trayectoria de vida queda como una secuencia de etapas cultural e institucionalmente condicionadas, que implican la asunción de diversos roles y la ubicación dentro de la estructura social. Este proceso de posicionamiento es lo que la literatura sobre juventud ha recogido como trayectorias sociales de los jóvenes (Dávila y Ghiardo, 2012). El concepto de trayectorias sociales de vida representa también un intento por complejizar el análisis de los mecanismos que definen las posiciones en la estructura social de clases en las sociedades contemporáneas -institucionales y de disposiciones subjetivas-, reconociendo la influencia de los capitales heredados en el ejercicio de posicionamiento en un campo determinado (Bourdieu y Passeron, 1977). Así, la trayectoria social observa el trazo que ellas dibujan en el plano de las posiciones estructurales y las disposiciones subjetivas que envuelven y a su vez producen esos cambios de condición.

El imperativo por la continuidad de estudios ha generado no solo el aumento transversal en la participación educacional en los diversos estratos sociales, sino también la prolongación del período de estudios respecto a generaciones anteriores, que incluso ha supuesto una valoración activa de los avances de los procesos de modernización chilenos. Sin embrago, la privatización y altos niveles de desigualdad social que caracterizan al sistema chileno, más que generar la apertura de las opciones educacionales y laborales de los jóvenes, ha dispuesto que la educación opere consolidando la herencia de capitales sociales y culturales. Así, la sociedad que antes segregaba por desigualdades de acceso, transfiere ahora las desigualdades a las expresiones de resultados en el sistema educativo, para convertirse en formas de segregación por acción del mismo sistema (Bellei C., 2013; Canales et al., 2016; Orellana et al., 2018; Valenzuela et al., 2010).

La trayectoria de vida proyecta afinadamente la forma estratificada de la sociedad chilena actual que resultó de la liberación mercantil de la educación. Luego de cuatro décadas de neoliberalismo y con ciclos completos de trayectorias educacionales, se ha producido una segmentación socioeconómica -según lo distingue en tipos de trayectorias de colegios y luego en vías de educación superior- que se diferencia por sus correspondientes preferencias determinadas por capacidades (capitales) sociales y económicas. La educación se revela como un organizador del sentido común, acaso solo comparable, en su potencia, con la industria cultural. Se trata de una edificación del sujeto en condiciones de estratificación, que se impone como marco dentro del que cabe la variación individual.

Dada la estructura de oportunidades que ofrece el neoliberalismo, caracterizada por el mercadeo de alternativas educativas, y dada la forma en que complejiza al extremo la dinámica estudio-trabajo, la conversación juvenil sobre el futuro sigue vigente y cargada de una densidad sociológica única respecto a las contradicciones que habitan en la estructura social (Canales, 2009). En la situación de las clases medias, la interpretación sobre la formación y consolidación requiere como referencia el origen, que se entiende es el punto de inicio, las decisiones fundantes de una vida, que traducirá la trayectoria histórica de generaciones anteriores, que a la larga, son componentes de la clase (heredada), especialmente significativas en el caso de los grupos medios emergidos al alero de las transformaciones neoliberales (Ghiardo Soto, 2009; Ghiardo Soto y Dávila León, 2005).

4 Metodología

El análisis presentado se ha realizado con el material cualitativo -grupos de discusión- producido al alero del proyecto de investigación Fondecyt Regular 1171776 «Trayectorias, oportunidades y expectativas educacionales postsecundarias de jóvenes chilenos. Hacia una comprensión del soporte sociocultural del mercado de la educación superior». Mediante una estrategia cualitativa se indagó en la trayectoria de jóvenes chilenos distribuidos en cuatro casos-zona, entendido como espacios de residencia arquetípicos de distintas realidades socioculturales. Tres casos-zona corresponden a la Región Metropolitana (sectores altos, medios-bajos y bajos) y el cuarto a una agrourbe de la Región de O’Higgins.

Los resultados presentados se basan en el análisis de cuatro grupos de discusión en los que participaron jóvenes del caso-zona de los sectores medios-bajos (zona sur oriente de Santiago), estructurados en tres momentos prototípicos de la trayectoria educacional. El primer momento, el año 2017, un grupo (GS1) de estudiantes que estuvieran en proceso de egreso de la educación secundaria1. Un segundo momento, en 2018, dos grupos de discusión (GEs1 y GEs2) con estudiantes que están en los primeros años de sus carreras universitarias (primer o segundo año), en universidades selectivas -definidas por su participación en el Sistema Único de Admisión (SUA)-, en que se incluyen estudiantes de universidades tradicionales y estudiantes de universidades privadas de reciente ingreso al SUA2. El tercer momento, en 2019, un grupo (GEg1) con profesionales, egresados de universidades privadas selectivas, que estén en el segundo o tercer año de su salida de la institución.

La metodología cualitativa utilizada permite comprender estructuras de significados que pueden describir prácticas culturales atendiendo a las propias comprensiones y entendimientos de los sujetos (Ibáñez, 1979). El trayecto que se inicia con la salida de la enseñanza media, que sigue con la selección e ingreso a la educación superior, conecta autobiográficamente: la vida, o biografía, como memoria y como proyecto, encuentra en estas fases una de sus claves de comprensión, dado su carácter de transición crítica; conecta, situacionalmente, mundos de vida; y conecta estructuralmente, porque se entrecruzan de manera asincrónica múltiples determinantes sociales, como la clase social, la estructuración de oportunidades educacionales y laborales. Esta complejidad resulta en el plano subjetivo en un relato, y aquel solo puede observarse con un dispositivo de escucha abierta al habla o discurso por observar.

La técnica de producción de información fueron grupos de discusión, que permiten la reproducción del consenso, entendido como un acuerdo no simple en las respuestas, sino complejo en las preguntas y alternativas de respuestas que disciernen. Esta técnica permite la identificación y relacionamiento de las distinciones y categorías con las que los miembros de un colectivo social observan y entienden su realidad cotidiana; esto es, los códigos sociales que permiten a los actores orientarse sobre un fondo de significación social o palabra grupal -el consenso aludido- (Canales, 2006; Ibáñez et al., 1986).

La técnica de análisis utilizada se inscribe dentro de la tradición de la inducción analítica (Valles, 1998). Es decir, hace dialogar el registro producido con unas categorías teóricas que le anteceden. En concreto, se identificaron temas centrales de la discusión y se codificaron los grupos, sometiéndose luego a un análisis de carácter estructural (Canales, 2006; Valles, 1998), con la tipologización (Ibáñez, 1979) de los grupos, que apunta a identificar las conjunciones estereotípicas o formaciones específicas que adopta el objeto, no ya como una lengua general o común, sino como interpretaciones, versiones parciales, de dicha lengua.

El análisis realizado, considerando los tres momentos arriba señalados, pretende comprender las reflexiones que hacen los jóvenes respecto a sus alternativas de continuación de estudio/trabajo, la experiencia en la vida universitaria, su comprensión sobre el futuro profesional y las lógicas en que se estaban construyendo en su inserción al mundo laboral.

A continuación, se presentan los principales resultados de los análisis y su posterior interpretación sociológica.

5 Resultados

5.1 Las trayectorias juveniles y la ubicación de la nueva clase media en la estructura social/educativa

Del estudio de las trayectorias juveniles, de las expectativas y aspiraciones al concluir la educación secundaria y el ingreso a la educación superior, podemos proponer una clasificación del conjunto juvenil popular en sentido amplio y caracterizar la conversación social de grupos específicos3. Se trata de conjuntos que presentan, en ensamble, un rasgo socioeconómico diferenciador y una conversación o discurso social característico. En el presente artículo nos detenemos sobre cómo se expresa la conversación de un grupo específico, que nos damos a señalar, la nueva clase media.

Lo que se designa como nueva clase media tiene por característica central, no el rasgo de aspiracionales, con el que se les identificó roncamente durante finales de los noventa e inicio de los dos mil (Tironi, 1999). Ni se atribuye esta categoría al conjunto de grupos sociales que emergen con la expansión de las capacidades de consumo en los sectores populares, que por extensión pierde densidad la definición; más bien, hace referencia a la concreción de un ethos -no aspiracional, sino que respiracional- que conecta con la particularidad de la estructura social chilena, bajo el neoliberalismo que dio chance a que emergieran. Lo estructural de este grupo es que está movido por las posibilidades de traspaso intergeneracional del excedente consolidado por las familias. El excedente se habla como un cálculo razonado que puede destinarse a la valorización social de la prole, y supone la experiencia de una relativa -y nueva- abundancia. Por las condiciones generales de la estructura, dicho excedente tiene pocas vías de capitalización intergeneracional y la educación se muestra como uno de los pocos campos que lo vuelven viable.

Este grupo dispone de recursos para financiar educación casi completamente privada. Debe decirse, para mejor señalamiento de sus límites, que aquella educación privada a la que acceden es una categoría emergente, que ha sido creada junto y para esta clase, en la peculiar trayectoria de colegio particular subvencionado -de alto copago- y universidad privada de prestigio social reconocible. Del mismo modo, sus trayectorias distan de las que sigue utilizando la clase media tradicional y la clase dirigente, amparadas en la figura prototípica de colegio particular pagado y universidad tradicional o de las nuevas universidades privadas con foco en la elite («cota mil»). Y, por último, también se diferencia con la que empiezan a utilizar al mismo tiempo las nuevas masas populares recién salidas de la pobreza que, en su mayoría, se anclan en los colegios particulares subvencionados, de bajo copago o gratuitos, y las universidades masivas-no selectivas e institutos profesionales (Orellana, 2017).

5.2 Discurso de los jóvenes en sus trayectorias sociales de nueva clase media: la «elite del llano» que aspira, se esmera y respira

El ser social se forma trenzando caminos o trayectos educacionales que conducen a lugares diversos. Pese a la uniformidad aparente de la promesa de estudios postsecundarios, ella se escucha distinto en cada piso de la estratificación social chilena. Tal es el caso, que es posible identificar las variaciones respecto de lo que se percibe entre los grupos y las expectativas reales sobre sus trayectorias.

El mercadeo ha segmentado notablemente su clientela y los sujetos han reconocido rápidamente las señales, identificando su nivel. La nueva clase media, después de todo, son los que hicieron en lo personal una emancipación sostenible y permanente del régimen de la necesidad que dibuja el neoliberalismo en los servicios sociales y participan, puede decirse, consistentemente de este nuevo mundo. No están ya bajo el manto de la carencia, de lo imprevisto, signo permanente del pueblo. Los jóvenes de la nueva clase media participan en medio de un entusiasmo vital. Se saben ya fuera de servidumbres, como liberados por sus padres de la condición plebeya minorizada del pueblo chileno. Ya no son humildes, y no por soberbia, sino por poder real acumulado como capital social y bien invertido con inteligencia educacional.

H: Es totalmente, no relajado, porque ellos [la familia] igual tienen alguna expectativa de qué podría hacer después que salga. Pero si yo no me siento preparado o no me siento listo, tranquilo, hay más tiempo, puedo equivocarme, puedo cometer errores. (GS1) E: En tu caso, ¿tus papás te fueron preparando para la universidad? H: Sí, me prepararon en esto de lo social, pero mi presión fue más en el colegio, porque en mi familia son todos profesionales, como que estaban más enfocados en los promedios del colegio. En cuanto a la universidad, es el típico, ya po, estudia, o no te veo estudiar… Pero como nunca me he echado un ramo y tampoco he estado peligrando, no ha sido tanta la presión. Además que ven que trabajo, estudio… hago deporte… (GEs2)

Los jóvenes se orientan a la autoconstrucción en el sentido más clásico del self made man/woman y pueden hacerlo, pues están en un delicado escalón de la escala del régimen de oportunidades en la sociedad chilena. Están llenos de energía autoconstructiva y a sus colegios y sus universidades las leen en esa clave. Esta es su diferencia esencial respecto del pueblo que queda a sus espaldas: no están salvándose, sino construyéndose. Ya están en medio de la vida, no a medias con ella -como en el pueblo, donde cunden todos los miedos y sus fobias (Canales et al., 2016)- y hasta puede escucharse la convocatoria a la individuación moderna. Es la oportunidad de los estudios de calidad; es la meritocracia intensa, aunque saben que adosada a un régimen de oportunidades desigualitario.

M: La cuestión, es que es una constante competencia. Después, en tribunales, tú compites con el otro, quién es el mejor, entonces no existe el compañerismo. Yo creo que soy «la» que les manda los apuntes, a los alumnos, y me da lo mismo, pero igual, de repente me chorea, porque nunca van a clases… Yo, en el colegio, era como del montón, y en la universidad fue todo lo contrario. (GEs2) M: Para mí, es más importante estar tranquila, estar haciendo lo que me gusta y vivir plena, en ese sentido, que estar trabajando para tener bienes y mantener una familia. Prefiero mil veces, tener 20 lucas para llevar a mi hijo a unos juegos, tener una hora más de tiempo y poder disfrutar con él, en un parque, aunque sea con menos plata. Eso, para mí, es más importante. (GEs2)

Al igual que la clase media tradicional, no disfrutan de otros privilegios o derechos especiales, lo que pasa a dominar es una ética de la abnegación o, cuando menos, de la responsabilidad y compromiso con la tarea. Puede escucharse todo su hablar como el respiro del sujeto, que acaso ingresa por primera vez a un habla plena. Es una voz que viene de abajo, pero ya no está abajo. Son la baja elite, que viene a ser las veces de una nueva clase media, justo al medio de los mundos del apartheid chileno: desventajado -pero no descalificado- para alcanzar puestos directivos, pues debe competir con aquellos que vienen de las clases dirigentes y la asentada clase media. Ni pueblo llano ni elite, son la elite del llano.

6 El momento de la salida de cuarto medio: el rendimiento es lo que rinde

Este grupo de jóvenes se orientan tras la calidad formal máxima a la que pueden acceder -y conseguir-, de modo de transformar su avance social en valor acrecentado por la inversión educativa. En este grupo el mérito es un significante relevante, pero de nuevo significado. Y se entienden y animan en el logos de la autoconstrucción en la que vienen encaminados desde inicios del ciclo neoliberal.

H: Me he preparado para la PSU, no tengo malas notas, así que no me preocupa el colegio, y he disfrutado de oportunidades, he disfrutado de mis amigos y de los que después no voy a ver. (GS1) H: Igual un poco estresado, pero no como para echarse un año o para no querer estudiar ni nada. O sea, voy a pasar de curso, voy a tratar de sacar las mejores notas y voy a estudiar. (GS1)

En un primer plano, determinante de sus opciones educativas, se orientan al modo de la elite. Destacan la calidad formal de sus colegios, guiados por los indicadores del sistema, son quienes más saben cuánto rinde el rendimiento -medido en el SIMCE y la PSU-, orgullosos elogian aquellas calidades de sus colegios y, luego, de sus universidades. Con todo, los distingue esta valoración del rendimiento, según lo entienden como la vía de sostenimiento de su éxito social y hasta de superación en la herencia transgeneracional de las trayectorias.

H: El mío sí nos prepara, pero no es algo constante o con tanta preocupación. Últimamente sí son más, pero también porque nos podemos eximir. Entonces uno puede hacer más cosas, te queda más tiempo para el preu. (GS1) E: ¿Se sienten con más oportunidades que otros chiquillos de [comuna]? H: Por mi parte, mi colegio, siendo estricto, siempre se centra en los estudios, quieren que los estudiantes tengan un buen estudio. (GS1)

Su horizonte de comparabilidad son los estudiantes de colegios de clases medias, ya sea en su forma de colegios particulares o en la antigua forma de los colegios públicos de excelencia. Pero la sola referencia apareada trae la noción que tienen de sí mismos: promocionales, entrando en terreno de otros. Sus colegios parecen asegurar ese salto de homogenización o de nivelación de competitividad, son los institutos nacionales para los Martín Rivas de la época neoliberal, forma privada de alcanzar lo que en sus años lograran los colegios públicos.

En el caso de los jóvenes de la nueva clase media, al salir de cuarto medio, con sus rendimientos saltan de la zona de falla a una de acierto limitado, pero en promedio suficiente para acceder a la capa de selectividad del sistema de universidades. Entre ellos cabe aspirar razonablemente a puestos de elite en el contexto de los estudios superiores. Lo posible viene abierto en todo el espectro de opciones que propone el mercado educativo, salvo la zona descreditada, por abajo, de las universidades masivas no-selectivas; tienen ante sí todas las puertas u oportunidades asequibles. Aspiran a la parte alta del sistema universitario, a ese grupo de universidades tradicionales y de alto prestigio, pero también les basta el estándar de calidad suficiente de las universidades privadas no tradicionales, que al alero de la selectividad -proceso de admisión mediante- han ganado reconocimiento en la época de masificación de la educación superior. Y tienen en seguida los puestos de nueva elite, en instituciones y carreras de alta o mediana selectividad, donde se encuentran además con parte de la antigua clase media tradicional.

La nueva clase media no resigna nada, aceptaría también salidas de «nivel menor» en resignación -ya sin convencimiento- en el instituto profesional o la universidad masiva-no selectiva y, por ello quizá, se distribuyen sus aspiraciones un matiz más abajo que la clase media tradicional, donde lo aceptable llegaría precisamente a ese segundo anillo de universidades que muestran una nueva selectividad.

H: [Quiero] Ingeniería Comercial, pero también podría ser Administración de Empresas, porque, en el fondo, igual es la misma idea, cómo llevar a cabo algún negocio. (GS1) H: La verdad es que no he visto mucho. Yo creo que tendría que buscar en el área de Ingeniería Comercial, puede ser la Adolfo Ibáñez, la Católica, pero no estoy muy claro. (GS1) M: En las que yo me inscribiría, si tengo el puntaje, sería en la Católica, Mayor o Andrés Bello. Y si me va mal, muy mal, me inscribiría en el DUOC, porque ahí solo piden PSU rendida. E: Pero ahí no hay Veterinaria. M: Técnico Veterinario. Por eso le digo, si me va muy mal. (GS1)

Tienen, por cierto, la holgura de planear sus alternativas. Pueden, sin mucha duda, permitirse años de preparación y, si es que se insertan en actividades de trabajo luego, es esencialmente para el financiamiento de los gastos suntuarios. Ciertamente, saben que no es tan simple, pues aquello puede ser una cuota sustantiva del gasto reproductivo en sus familias. Y, con todo, el tipo de trabajo de hoy no guarda relación ni con el ser trabajador de sus padres ni con lo que se visualiza como camino en la adultez, es siempre temporal y sin riesgo de desvío del carril universitario.

H: Pero igual sé que puedo no empezar este año, igual me han dado la posibilidad de tomarme un año para aclararme bien lo que quiero. Yo lo haría, si es que me empiezo a confundir con la carrera de Sicología. H: Yo creo que también sería una opción. M: Yo lo haría, pero si hiciera preuniversitario. H: O sea, de todas maneras, sería un año, ojalá, lo más productivo posible. H: Sabático no, porque igual algo tenemos que hacer. (GS1)

7 En tránsito por la universidad: en los parámetros de la elite, pero con las desventajas de quien viene del llano

La nueva clase media desde la posición de estudiante universitario puede mirar por el retrovisor el esfuerzo hecho, el rendimiento y cómo la vida escolar estaba marcada por el horizonte PSU. La calidad de lo recibido en los colegios se acredita. Las expectativas que asomaban en la parte alta de la selectividad son ajustadas con el efecto inmediato de la prueba, que desata en tragedia primero, para luego reconocer que nada es tan terrible, que ellos tienen su camino y se concreta con el mismo repertorio anterior: el esfuerzo de la autoconstrucción y el pago por una oferta que ciertamente resulta costosa pero llevadera en sus familias.

M: Cuando di la PSU y me fue mal, o sea, no mal, pero no para lo que quería. Yo me quería morir, porque era tanto lo fracasada que me sentía, como que qué iban a decir de mí. Mi mamá siempre decía que yo iba a estudiar en la Católica, pero no me alcanzaba. Fue terrible para ella y para mí. (GEs2) M: En mi colegio te decían «tienes que entrar a la Chile». Yo quería entrar a la Finis, desde chica. Estaba entre Odontología y Arquitectura, pero cuando entré a 4° medio, estaba la presión de que tenía que entrar a una estatal, porque vas a tener esto, el prestigio (…) Y en la PSU me fue mal para la Chile (…) al final, igual fue mi mejor año, y al final, igual entré a Arquitectura, a la carrera que yo quería y no a la universidad que el colegio me decía. Esa presión es horrible. (GEs2)

En el mercadeo educacional y la forma privatizada de la masificación se ha dispuesto una oferta que resulta costosa, en tiempo, en capital y/o en deuda, en biografía y en esfuerzo subjetivo. Para este grupo se hace más o menos difícil cumplir las condiciones en que la promesa se hace viable por la duda, por la deuda y por la tensión entre la preparación y la reproducción (presente). Saben de los costos y se les aprecian. Sin embargo, no está ahí el centro del asunto, pues cuentan con aval familiar suficiente para ese alivio. Sus familias, en cualquier caso, no viven penurias reproductivas ni está la amenaza de la necesidad. Pero de ahí en adelante todo se hace de pago propio. Prácticamente las familias no alcanzan a financiar sus estudios superiores (son el doble o hasta el triple de lo que pagan actualmente) y no son sujetos de becas sociales. Sí lo son del sistema crediticio privado, donde caen. Son las víctimas en masa del CAE (Crédito con Aval del Estado).

M: Mis papás, los dos estudiaron de modo nocturno, porque fueron papás jóvenes. A los 17, me estaban teniendo, entonces tuvieron que estudiar después, y a la vez, trabajar. Mi papá es ingeniero comercial y mi mamá es educadora de párvulo. (GEs2) M: La mía es de la universidad y algo de CAE H: La mía es de la universidad, cubre casi todo. M: Yo, en mi caso, no tengo beca, solo tengo CAE. E: Tienes que pagar aparte, te alcanza para todo, ¿o no? M: No. La carrera sale 4 millones y el CAE me cubre 2 millones. (GEs2) M: Estudio Derecho, pasé a 2°, en la Universidad Adolfo Ibáñez. También, como las chiquillas, tomé un año de preu, en la UC. Quería estudiar Ciencias Políticas, y decidí estudiar Derecho, porque Ciencias Políticas te da el campo laboral, pero más restringido. (GEs2)

La creencia de los estudios superiores supone anticipar el futuro, ello conlleva también la evaluación de los riesgos o incertidumbres del camino. Su incidencia decisiva en lo que hay de esperanza y lo que hay de miedo en el discurso. Entre ambas se bate el sujeto que se proyecta: la creencia implica un viaje, después del cual puede estar el éxito o algún modo de fracaso. Por contraste o comparación, puede citarse el antiguo orden. En aquel, solo los jóvenes de clase media y alta se proyectaban en caminos o viajes de realización personal-profesional en su propia autoconstrucción. Los jóvenes populares seguían más bien opciones de clase. No se fracasaba entonces en una promoción que no se intentaba. Para buena parte del pueblo no había éxito ni fracaso.

En la nueva clase media no hay temor, sino el propio de la elite cuando debe realizar sus privilegios y marcar su excelencia; eso siempre lleva un margen inevitable de incertidumbre por el propio registro de la competencia, pero casi no hay modo de fracaso en sentido absoluto. El fracaso estaría como fantasma luego, al salir de la educación superior. Aparece y desaparece en la turbulencia del entusiasmo de esta primera generación de algo más que ya no pobres, ahora libres y bien dotados para la competencia, pero tampoco tan desmejorados respecto de los de arriba.

H: Yo también creo que no tendría por qué irte tan mal en la vida como para tener miedo. Nosotros estamos recién empezando. M: A mí no me gustaría estar haciendo algo y que no me sienta plena. No me gustaría sentirme tan mal con lo que estoy haciendo o haciendo algo que no me gusta. Esto de llegar idiota, no darse el tiempo para uno. No me gustaría meterme tanto en esta máquina, de estudiar, trabajar, trabajar, trabajar y de sentirme mal con eso. M: Más que la ambición por la plata, es el miedo a no poder cubrir tus necesidades básicas. Como que el día de mañana, no haber logrado tener una casa. (GEs2)

8 En la salida de la universidad: la incertidumbre en una salida desigual

Con el ingreso a la universidad pasan de ese entusiasmo vital característico de quienes por su condición tienen abiertas todas las opciones, a la salida de la carrera que los enfrenta a la incertidumbre del que recién llega por abnegación a su nueva posición. Son aspirantes a ingeniero, médico, enfermera, pero retraídos en voluntad, ante las dificultades que viven al intentar ser con propiedad aquello a lo que aspiraron. No es un asunto de caída, tal como su trayectoria dibujaba, por cierto, no es la vuelta a las dificultades del jornal, es más el enfrentamiento ante una promesa que se les mueve, alejándose, que no cumple los términos fijados al inicio del trayecto.

M: Yo entré a estudiar Enfermería, porque me gusta la carrera y, además, por un tema de lucas, porque se vendía como una carrera que era rentable; pero en el momento en que salí, eso era como, es una mentira, es que no hay. Entonces fue como una desilusión grande, y es todavía una desilusión grande. (GEg1) M: Desde los 4 años que egresé, trabajé en una clínica cuando terminé mi práctica (…) pensando que sería más fácil, pero la verdad es que el campo laboral está saturado. He postulado a todo Chile, he viajado al sur, al norte, he hecho mil entrevistas y no he quedado en ningún trabajo, ni siquiera en reemplazo. (GEg1)

Parece grande la desilusión. Se ven frente a las dificultades de concretar la promesa que, originalmente, en la mítica del ascenso, era de suyo para quien se incorporaba -desde la profesión- a la clase media. Ante eso, dos caminos: volver a la abnegación que lleva marcada su clase, con la continuación de proyectos/estudios; o el retraimiento para asumir que las condiciones de su inserción ocupacional llevan la marca de estrato.

Y se ven frente a los límites del estrato. Estructurada su expectativa en los términos de la vieja clase media -ser funcionario público o en ejercicio liberal de la profesión- se muestra la imposibilidad, precisamente, porque no es su procedencia y porque ese destino estaba mejor dibujado para otros. Incluso, si ese empeño de convertirse en servidor público no es solo económico -también vocacional, incluso ético-, sienten cómo ese llamado no parece ser para ellos, pues ya hay otros (que se sirven de lo público). El campo de las ocupaciones a las que se convocaron y por las cuales estuvieron dispuestos a entrar en la refriega con la elite se les muestra restrictivo, estrecho en acceso, estrangulado justo en la sección que a ellos les toca.

H: La frustración de las expectativas que puede generar la universidad, respecto a lo que iba a ser una carrera, en el sector público, que es lo que siempre he querido hacer (…) En ese sentido, las expectativas que yo generé, de poder generar un cambio, se vieron mermadas por personas que no lo permiten, y que detentan puestos de poder y de decisión. (GEg1)

Así, entonces, la vuelta para ellos es más larga. Los que no se frustran o resignan lo saben, o tuvieron oportunidad de descubrirlo al poco andar en la carrera. Porque, en la universidad ya hay señales, marcas sociales que pueden pasar desapercibidas, pero que son justo las claves a leer. El camino es el de siempre, el esmero y el rendimiento.

M: Yo estoy dando la vuelta larga. O sea, yo empecé trabajando como procuradora el tercer año, y claro, siempre fue esa mi meta, empezar a trabajar para después independizarme, sabiendo que en la carrera no lo iba a lograr. Y lo sabía porque, como trabajaba, tenía mucho contacto con gente de mi misma área. (GEg1)

Aparecen también las otras señales, las del currículo oculto, las marcas del cierre social. La importancia de las redes, a las que ellos alcanzan a asomar, pero que no eran un hecho cierto para ellos -les pertenecen a otros- y que estaban por cultivar. Cultivadas, son útiles, permiten mantenerse en la ruta.

M: Sí, muchos, muchos contactos. Tengo compañeros que tienen papás jueces, muchos trabajan en notarías, tienen bufetes de abogados importantes; entonces, por ese lado, sí tengo contactos. (GEg1)

La calidad obtenida en la universidad-carrera cursada es la primera respuesta en la que se debaten para explicar la estructura de desigualdades en las que se ven compitiendo y con desventaja. El prestigio y la calidad obtenida son reales, pero la distinción está fijada de antes en la institución, elemento muy a contrapelo del valor del esmero, el mérito, en que se cultivaron y asunto en que siguen confiando. Precisamente en eso se debaten: entre quienes reconocen las fuerzas de la inercia de la estructura de ocupaciones en la que entran sometidos, y quienes siguen confiando en la valía del ímpetu personal, el yes, we can! en el que fueron cultivados.

M: Lo que influye es la universidad. Porque, digámoslo, cuando uno va a una entrevista, también te miran la universidad. O sea, no saliste de una tradicional, igual es como… E: Pero ustedes vienen de universidades bien conocidas. M: Claro, pero no son la Chile o la Católica. (GEg1) M: Es que la universidad, yo creo que no hace al profesional, depende de cada uno. M: Lo que pasa es que el mundo laboral, acá en Chile, es demasiado selectivo… Ese es el problema. Entonces tampoco dan la oportunidad, a gente que quiere trabajar, que tiene ganas. Gente que hace la pega súper mal y la tienen ahí. Eso creo que falta, un cambio de mentalidad a nivel país. (GEg1)

La apelación a las formas de construcción personal es a la larga el alegato del ímpetu por la superación que tiene este grupo, en su confianza a los términos en que se fijaba la promesa para ellos. Esa disposición queda enfrentada al peso del habla que manifiesta la facticidad de quien enuncia que, en el ejercicio profesional, al final del día, mandan cosas a las que ellos no accedieron en la universidad, en una especie de versión actualizada de los doce juegos de antaño. Esa apelación que, asumiendo la doxa académica de los capitales culturales, se expresa como una especie de genética de quienes sí pueden participar de la promesa del ser profesional, y quienes no.

M: Como que te miran en menos. H: Hay una impronta cultural que viene de antes. Yo creo que esas mismas actitudes, porque sabemos qué tipo de estudiante entra a la Católica, en general (…). Vienen con eso detrás, vienen de otro tipo de familias, otro tipo de entorno, otro tipo de actitud, a una universidad. (GEg1) H: Yo siento que las carreras que implican trato con pacientes o clientes, inevitablemente juega un rol muy importante el capital cultural que tenga la persona. Yo creo que eso se forma en el colegio y en el núcleo familiar, y se expresa en el mundo universitario. Difícilmente se puede construir un capital cultural en la universidad. No digo que no se pueda, yo creo que es difícil. Yo creo que ese es un factor muy importante, que juega en lo profesional. (GEg1)

Ese desplazamiento del objetivo, del logro de ser profesional, es una especie de paradoja del egresado: cuando estudiaban les faltaba el título para habilitarse, hasta ahí eran válidos, pero tan solo como estudiantes; ahora que lo obtuvieron, que hicieron el esfuerzo, la masificación de la educación superior, proceso del que son parte y resultado, les juega en contra de su posición. El asunto ahora es la experiencia y la especialización -un magíster u otros estudios-, y para quienes ya tienen la experiencia inicial, su camino de entrada fija un recorrido largo, entran por las ocupaciones subordinadas y su aspiración a los puestos de la parte alta del desempeño profesional queda acotada por la falta de más y mejor experiencia. Hay algo de timo en ese circuito de postergaciones.

H: La experiencia laboral también es un tema para el corte, ahí se da la paradoja del egresado. Entonces, yo creo que por ahí también va el tema. Yo creo que voy a tener que hacer algo más, para poder insertarme de buena forma en el mundo laboral, de lo contario, es una vuelta muy larga, donde uno empieza siendo el junior del junior. (GEg1)

Se les cruza también el asunto de las expectativas sobre el deber ser en la profesión, del estatus o posición, en circunstancias que la formación de ese estatus está sometida a los recortes por reproducción que tiene su trayecto. Son conscientes de que mucho más que por los méritos supuestos, por las demandas de la universidad al momento de obtener el título, el recorte en su trayectoria está condicionado en el origen y que, al final del tramo, las expectativas no calzan con la posición.

M: Entonces, más que lo que la universidad te dice que va a ser, es una expectativa social, y lo que se construye al rededor, de ser abogado. (…) también pensé que mi sueldo iba a ser buenísimo, solamente por estar estudiando Derecho, y te das cuenta de que hay mucha competencia, que te exige estar especializado. (GEg1)

9 Discusión: la elite del llano, el ethos en formación de una nueva clase media

El mercadeo en educación condujo a una segmentación del público, literalmente, en subconjuntos que parecen permitir el mayor y mutuo beneficio posible. Dicha segmentación compone una estructura que, de modo aproximativo, pero con alta consistencia, coincide con una actitud vital (disposiciones) o discurso de la acción autobiográfica de determinados perfiles de jóvenes. Esas formas de ajuste de la creencia a la estructura social chilena, creándola y recreándola, tiene manifestaciones concretas en los discursos y construye la subjetividad de la conversación sobre el futuro de una clase en formación.

La nueva clase media, después de todo, es la que hizo en lo personal una emancipación sostenible y permanente del régimen de la necesidad que dibuja el neoliberalismo y participan consistentemente de este nuevo mundo. No está ya sometida al régimen de necesidad del pueblo, liberados por el esfuerzo que hizo la generación anterior, y participan en medio de un entusiasmo vital de las oportunidades que les abre el mercadeo educativo. Este es un grupo acotado, una franja específica del señalamiento que el discurso estatal hace de la clase media. Es por ello que las trayectorias sociales de estos jóvenes muestran su novedad en el trazo que dibujan en el plano de las posiciones en la estructura de oportunidades educativas y las disposiciones subjetivas que envuelven esos cambios de condición respecto a la generación anterior (Dávila y Ghiardo, 2012).

Quizás, por ello, la nota más interesante de esta nueva subjetividad sea esta liberación de las ataduras de la marca de estrato que expresan las trayectorias de vida en la nueva clase media. Son, como lo fue, por otros medios y alcanzando otras alturas la antigua clase media, una emergencia de la sociedad sin el yugo ni la marca de estirpe. No tienen más estirpe que ellos mismos, pero les basta para pararse en una categoría que les parece ya no minoritaria.

Sin embargo, se saben pueblo llano, plebeyos, en una desventaja, primero no asumida, luego evidenciada por la propia incorporación a la vida profesional. Estos jóvenes se orientan a la autoconstrucción en el sentido más clásico, pero están en un frágil escalón del régimen de oportunidades en la sociedad chilena. Son la baja elite: postergados para alcanzar los puestos directivos -pues debe competir en desventaja por aquellos con los que vienen de las clases superiores-, pero privilegiados para disponer de los puestos de mando medio.

Para este grupo, no quedar en la universidad tradicional selectiva no es crítico, adosado a su emergencia, se fortaleció un espacio de educación superior que representan el equivalente de deseo, mas no el equivalente de calidad, pero que cubre bien la necesidad. Por eso mismo, en la trayectoria en la educación superior es más suave, menos dramático, al ingreso, no así al egreso: ellos son, después de todo, los mejores de sus clases barriales cuando vienen del colegio. Pero en la salida, la presión que ellos mismos pusieron en la estructura de ocupaciones les juega en contra, les recorta la ilusión y los reconoce desmejorados en esa competencia.

No hacen de su medianía un asunto de distinción ni hacia arriba ni hacia abajo. Quisieran ser observados como individuos sin clase, igualitarios; perciben que las condiciones suyas son las generalizables y sostenibles. De cierto modo, creerse la idea de la amplitud de la clase media en la estructura social chilena. Sencillamente, quisieran que sus caminos no fueran tan sometidos a la deuda o encandelillados por la matriz de clases.

La formación de la nueva clase media, la elite del llano, padece los límites de apertura de la estructura de oportunidades cuando ve recortada y acotada sus posibilidades de acceso a las ocupaciones. En la incorporación a la vida laboral, rito postergado a razón de los estudios, asoma la densidad de los límites de la estructura de oportunidades en un contexto de desigualdad social aguda y alta concentración de capitales. Ciertamente, ven con intensidad los logros y las frustraciones derivadas de sus consecuencias. Tampoco disfrutan la señal que implica el acto selectivo, sin embargo, en la parte final de esta observación se juega un dolor mayor al quedar fuera de la selección que supone ingresar de lleno a la vida profesional. No es que tengan que renunciar, volver al jornal, y al hacer simple del trabajo, pero los nuevos doce juegos no están resultando como estaba indicado en el inicio del trayecto

Agradecimientos

Este trabajo agradece el financiamiento de la Agencia Nacional de Investigación y Desarrollo de Chile (ANID), en específico, del Programa FONDECYT, Proyecto FONDECYT Regular 1171776

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1 Estudiantes de colegios particulares subvencionados, de alto prestigio en su zona, con copago escolar en el máximo autorizado por el Ministerio de Educación.

2Universidades creadas después de la reforma universitaria llevada a cabo en la dictadura militar, reconocidas por su selectividad basada en la Prueba de Selección Universitaria (PSU) y que se ubican, preferentemente, en el centro de la ciudad.

3Resultado de la mirada de conjunto de los resultados del estudio Fondecyt Regular 1171776 «Trayectorias, oportunidades y expectativas educacionales postsecundarias de jóvenes chilenos. Hacia una comprensión del soporte sociocultural del mercado de la educación superior».

Recibido: 01 de Abril de 2020; Aprobado: 01 de Junio de 2020

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