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Magallania (Punta Arenas)

On-line version ISSN 0718-2244

Magallania vol.34 no.1 Punta Arenas Aug. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442006000100016 

 

MAGALLANIA, (Chile), 2006. Vol.34(1):185-186

NOTAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS

 

LUCAS BRIDGES "EL SEÑOR DEL BAKER". Por Danka Ivanoff Wellman. 14 x 20cmc. 224 págs. Ilustraciones. Temuco, 2004.


E. Lucas Bridges cobró fama en ámbito de las letras sudamericanas hace ya largo tiempo, a partir de la difusión de su libro El último confín de la Tierra (Londres, 1948, versión inglesa y Buenos Aires, 1951  –EMECE–, Versión castellana). Esta obra la inicia el autor con la relación de la noble y abnegada empresa misionera británica en la parte austral de la Tierra del Fuego, causa directa de la presencia del Pastor Reverendo Thomas Bridges y de Mary Varder, que  fueron sus padres, y de su sucesivo establecimiento en Ushuaia y Harberton, esta la morada familiar definitiva, ambas localidades de la costa meridional de la gran isla. Luego el relato deviene autobiográfico y así podemos enterarnos sobre la vida aventurera de este auténtico fueguino, desarrollada en un ambiente libérrimo y en convivencia amistosa con la naturaleza  y los aborígenes. Al leer esta parte de la obra, quizá la más interesante, es posible comprobar la forma en que  E. Lucas Bridges fue creciendo e instruyéndose: primero, naturalmente, en el seno del hogar con la supervisión  de sus padres, y luego especialmente con las experiencias  y enseñanzas progresivamente adquiridas en su niñez, adolescencia y juventud  a lo largo de una vida plena de aventuras en un medio virtualmente prístino y  sugerente por demás. Esta percepción es la que hará posible más tarde entender la madurez existencial del pionero.

La amenidad del relato, cuyo acontecer tuvo ocurrencia en el legendario suelo de la Tierra del Fuego, y su riquísimo contenido bastaron para forjar en corto lapso la celebridad del autor, circunstancia que el transcurrir del tiempo no ha hecho más que cimentar. Este es, en buenas cuentas, el E. Lucas Bridges clásico, vastamente conocido dentro y fuera del ámbito sudamerícano.

Pero hay otro E. Lucas Bridges, apenas conocido: aquel que por casi tres décadas vivió y trabajó en un escenario más bravío y fascinante aún que el de su suelo natal, como fuera el remoto, desafiante y aislado territorio señoreado por el gran río Baker en la Patagonia central chilena de los años de 1920 a los de 1940.

Durante ese extenso lapso, E. L. Bridges pasó virtualmente el tercio final de su existencia, realizando una labor esforzada y tenaz para implantar la colonización pastoril, pionera por donde se la considere, hasta conseguir establecer una actividad de crianza económicamente rentable. Pero de esta verdadera epopeya del trabajo pionero quedó escaso registro escrito, avaro como fue el protagonista en la conservación de sus recuerdos, y algunas contadas referencias de terceros que lo conocieron y que se enteraron de sus trabajos.

Este vacío historiográfico fue en cierto modo indebidamente llenado con el acrítico contenido de la tradición local del Baker, con mucho de maledicente, antes que de veraz. De ese modo incluso, y de forma atrevida e injusta, Bridges acabó convirtiéndose en el decir común en una suerte de "chivo emisario", responsable directo y hasta único de cuanta tropelía había acontecido en aquel territorio de frontera colonizadora, no importando para el caso que se tratara de sucesos ocurridos cuando él ni siquiera había pisado el Baker y con los que jamás tuvo relación alguna, o cuando, habiéndolo hecho, se hallaba geográficamente en sus antípodas. Así nos explicamos personalmente siquiera el olvido intencionado que advertimos desde nuestra primera visita a la ciudad de Cochrane, cuando inquirimos acerca de porqué ninguna de sus calles importantes llevaba el nombre del pionero Esteban Lucas  Bridges.

Hace poco más de un cuarto de siglo, cuando nos ocupábamos en la investigación y difusión de los hechos acontecidos en la zona septentrional del antiguo Territorio de Colonización de Magallanes, en la que se ubicaba el valioso e interesante distrito  geográfico del Baker, conseguimos acceder a fuentes directas e indirectas que nos iluminaron la visión y nos permitieron comprender primero y escribir después  sobre la gesta pobladora  y colonizadora durante la primera mitad del siglo XX. De allí obtuvimos la información suficiente sobre él, y la certidumbre de haber sido todo un tipo de agallas, y como tal uno de los protagonistas determinantes de esa etapa histórica de la ocupación y desarrollo del distrito del Baker, al punto de ser indisputadamente el pionero por antonomasia de esa gesta. Tuvimos entonces y seguimos teniendo una satisfacción particular por cuanto de justiciera y aclaratoria pudo ser nuestra tarea en esa aspecto.

Pero más allá de nuestra intervención, la figura histórica de Esteban Lucas Bridges exigía un trabajo monográfico integral, que acabara de perfilarla, involucrando en ello a la persona y sus trabajos en el contexto del tiempo, sociedad y naturaleza en el que tuvieron vigencia. Sugerimos entonces a Danka Ivanoff, que evidenciaba sus dotes como escritora de hechos y temas del pasado regional aysenino, que asumiera el desafío de que trata, para rescatarlo de las brumas del olvido público y   redimirlo de las imputaciones de la maledicencia, y presentarlo como realmente fue, esto es, como una figura merecedora de ser conocida, respetada y apreciada, con sus luces y sus sombras, para provecho cultural de las actuales  y futuras generaciones.

La sugerencia cayó en terreno abonado, desde que la propia Danka Ivanoff ya sentía el influjo atractivo de una personalidad histórica que reiteramos, no podía continuar menoscabada ni ignorada.

El resultado de su esfuerzo, particularmente de investigación, es un trabajo prolongado y paciente con un hurgar infatigable en procura de información de primera mano y ojalá, indubitable. El tratamiento que se ha hecho de la información nos parece adecuado al objeto central, como es el de hacer luz plena sobre el personaje, con ecuanimidad y verdad.

Bien titulado está el libro, porque Esteban Lucas Bridges fue con cabalidad y con propiedad histórica "el señor del Baker". No un sujeto como los de otro tiempo y lugar, de horca y cuchillo, sino porque con tal calificación se hace justicia al señorío, a la nobleza de quien se empeñó en una labor ímproba, que sin embargo de interesarle económicamente en lo personal, permite destacar su pionerismo y el espíritu superior que lo animó para superar las adversidades que surgieron en el transcurso de su admirable tarea colonizadora empresarial. Con su ejemplo, puso de manifiesto por sobre todo la fuerza interior que impulsa al hombre a marchar por la vida con sentido trascendente.

Bridges fue un hombre en verdad digno de admiración. Es muy difícil encontrar un mejor exponente del genuino self made man, dicho en su lengua familiar, y más todavía de auténtico pionero de los tiempos históricos de la colonización, del que fue un paradigma por antonomasia.

Por eso su paso fue fecundo y sus rastros todavía son visibles.

Así Esteban Lucas Bridges dejó un legado imperecedero a la posteridad aysenina, que debe ser recogido y renovado como motivo inspirador en procura del adelanto y el bienestar de los habitantes. Con entera propiedad puede afirmarse que sin su trascendente y creativo  paso por la historia del distrito del Baker, la realidad que hoy conocemos y admiramos en la sección meridional de la Región habría sido diferente.

Esteban Lucas Bridges ha sido, sin lugar a dudas, uno de los artífices del Aysén moderno.

Mateo Martinic B.

 

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