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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania v.34 n.2 Punta Arenas nov. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442006000200008 

 

MAGALLANIA, (Chile), 2006. Vol. 34(2):75-90

ARTÍCULO

DISTRIBUCIONES ESPACIALES Y CONTEXTOS ARQUEOLÓGICOS DE CAZADORES RECOLECTORES ESTEPARIOS EN ALTO RÍO CISNES (XI REGIÓN DE AISÉN)

SPATIAL DISTRIBUTIONS AND ARCHAEOLOGICAL CONTEXTS OF STEPPE HUNTER GATHERERS ON ALTO RÍO CISNES (XI REGIÓN OF AISÉN)

OMAR REYES B.1,2,3, CÉSAR MÉNDEZ M.2, HÉCTOR VELÁSQUEZ M3. Y VALENTINA TREJO V.

1 Centro de Estudios del Hombre Austral, Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes. Chile. Bulnes 01890, Punta Arenas. omarreyesbaez@vtr.net
2 Departamento de Antropología, Facultad de Ciencias Sociales, Universidad de Chile. Ignacio Carrera Pinto 1045, Ñuñoa, Santiago. Chile.
3 CEHP. Centro de Estudios Humanos y Patrimoniales. Nataniel Cox 31. Of. 57. Santiago. Chile.




RESUMEN

Se presentan los resultados del análisis espacial de la información recuperada en la campaña de terreno de 2005 en el Alto río Cisnes, en la estepa extra andina de la XI Región (Chile). Se integran los datos obtenidos por medio de prospecciones sistemáticas, recolección de artefactos arqueológicos y la implementación de criterios de relevamiento de información cualitativa y cuantitativa. Particularmente, la distinción de dos conjuntos característicos generales (contextos superficiales y acumulaciones intencionales de piedras) se utiliza en un ejercicio comparativo. Finalmente, se consideran variables formales que pudieron condicionar el asentamiento humano para el periodo de interés del proyecto de investigación, los últimos 5000 años. Las características de los principales yacimientos registrados a la luz de propuestas teóricas regionales, son discutidas a fin de aportar a los estudios de las modalidades de ocupación de espacios abiertos en los valles esteparios del centro de Patagonia.

PALABRAS CLAVES: Patagonia central, Holoceno tardío, cazadores recolectores, distribución espacial, sitios a cielo abierto.



ABSTRACT

This paper presents results of a spatial analysis based on surface information gathered during the 2005 field season at Alto Río Cisnes, extra Andean steppe of XI Región (Chile). Information obtained through systematic surface surveys, archaeological artifact collection and the use of qualitative and quantitative criteria is integrated. Particularly, the distinction between two characteristic assemblages (surface contexts and intentional stone accumulations) is used in a comparative exercise. Finally, formal variables, which may have conditioned human settlement, are considered for the last 5000 years, a time span of interest for the research project. The sites main characteristics are discussed in light of theoretical regional proposals in order to contribute to the study of occupation of open air spaces on steppe basins of Central Patagonia.

KEY WORDS: Central Patagonia, late Holocene, hunter gatherers, spatial distributions, open air sites.



INTRODUCCIÓN

Hasta la fecha, las investigaciones arqueológicas realizadas en la XI Región de Aisén (17% del territorio nacional), se han desarrollado principalmente en los valles orientales de la cordillera centropatagónica. De este modo -en las últimas décadas- se ha avanzado en el conocimiento de la arqueología de los ríos Ñirehuao, Ibáñez, Jeinemeni y Chacabuco (p.e. Mena et al. 2000, 2003, Reyes 2002, Trejo y Jackson 1998, Velásquez et al. 2005, Méndez et al. 2004) además de las comparaciones y análisis arqueológicos entre valles (Mena 1999, 2000, Mena y Lucero 2004, Méndez 2004). La mayoría de estas investigaciones fue realizada en el marco de proyectos FONDECYT (401/87, 449/90, 1950106, 1990159). Sin embargo, y salvo por unos pocos antecedentes arqueológicos inéditos y de carácter oportunista (Mena 1996, Bate y Mena 2005, Reyes 2003), no existe otro tipo de investigaciones sistemáticas en toda la extensa zona norte de Aisén.

Las investigaciones actualmente desarrolladas en el valle del río Cisnes (~44º S, figura 1) pretenden iniciar el llenado de estos vacíos en el conocimiento prehistórico de una de las áreas más vastas del país. Este valle presenta características geográficas y ambientales particulares que -lejos de “repetir” lo que se conoce en los valles de más al sur- complementará y contribuirá a un mayor entendimiento de la compleja prehistoria de Patagonia Central. Se trata del principal valle que conecta la estepa oriental y la costa del Pacífico, cualidad geográfica que lo constituye como un buen candidato para el entendimiento de vías de movilidad y comunicación del pasado. Posee condiciones ideales de investigación para entender los ajustes culturales de los cazadores recolectores de las estepas a ambientes como el bosque, área tradicionalmente considerada como “marginal”; así como su posible vinculación con grupos habitantes del medio marítimo (canales interiores). Hasta el momento, en la Región de Aisén, los valles cerrados y sin salida al Pacífico, los glaciares, Campos de Hielos y bosques montanos cordilleranos, han restringido los estudios arqueológicos sistemáticos a los valles andinos orientales o, comúnmente llamados, los “márgenes occidentales” desde una perspectiva que privilegia una visión esteparia.

Fig. 1. Mapa de la XI Región de Aisén. Valles y sitios mencionados en el texto. 1. Alero El Chueco.

 

Los trabajos arqueológicos realizados en el marco de la primera campaña del proyecto FONDECYT 1050139 contemplaron una etapa de prospección del sector alto del valle del río Cisnes: la estepa. Esto, en el entendido que partir en territorios orientales del valle permitiría caracterizar las ocupaciones desde una perspectiva comparativa respecto a las investigaciones efectuadas más al sur de la región. Etapas posteriores permitirán recabar información en el resto de los segmentos del valle, a fin de dar cuenta de las características de su ocupación y su rol como vía de tránsito y comunicación entre el este y oeste. Las prospecciones en el Alto Cisnes permitieron el descubrimiento, ubicación y registro de ocupaciones prehistóricas e históricas (tabla 1). Éstas, se encuentran representadas por una serie de hallazgos aislados, talleres - canteras, campamentos residenciales, aleros y cuevas con ocupaciones, estructuras funerarias tipo chenque y antiguas estaciones de rutas coloniales comerciales.

TABLA 1. Evidencias registradas en prospección del Alto río Cisnes – Campaña 2005.

Tipo de yacimiento

Sitios

Hallazgos aislados

Sitios potenciales

Total

Dispersión lítica

10

   

10

Dispersión lítica + ósea

2

   

2

Reparo rocoso + dispersión lítica

4

   

4

Reparo rocoso

3

 

15

18

Acumulaciones intencionales de piedras

13

   

13

Material lítico aislado

 

21

 

21

Dispersión material histórico

1

   

1

Dispersión lítica + ósea + cerámica

1

   

1

Total

34

21

15

70

 

METODOLOGÍA DE PROSPECCIÓN

A partir de la coordinación de información cartográfica, geológica, ambiental y fotografía satelital y la observación directa de geoformas y vegetación local, se elaboró una estrategia de prospección orientada al hallazgo y registro de la totalidad del material cultural en superficie, fueran sitios o hallazgos aislados. De esta manera, se logró una cobertura sistemática de ~90 km2 (30 cuadrantes), complementada con una prospección dirigida, orientada a los hitos geográficos notables del paisaje (p.e. mogotes, formaciones rocosas, bordes de lagunas estacionales) o a lugares con buenas condiciones de asentamiento (p.e. médanos, terrazas de ríos, bardas, cimas). Esta prospección dirigida, arrojó una importante cantidad de evidencia cultural y contempló una cobertura de ~20 km2 adicionales.

Las áreas prospectadas fueron delimitadas a partir de coordenadas UTM, siendo recorridas idealmente en un 100%, aunque ello es más bien una declaración de principios. Se intentó maximizar la posibilidad de hallazgos, aunque sin descuidar la revisión de sectores de difícil acceso. Los grupos de prospección (n=3) fueron de entre 3 y 4 personas, procurando cubrir un área diaria de 3 y 2,5 km2, según las dificultades propias del sector designado. Las áreas se recorrieron utilizando transectas definidas cardinalmente con separaciones de 150 m entre cada una. Las transectas elaboradas, permitían una adecuada visibilidad y cobertura de acuerdo a la microtopografía y la vegetación circundante, en un ambiente de estepa arbustiva que, sin duda, permite una mayor cobertura que los ambientes boscosos, de transición o el bosque siempreverde.

La totalidad de los sitios arqueológicos fue registrada a través de criterios estandarizados contemplando variables de georreferencia, formales cualitativas (i.e. proximidad y tipo de fuente de agua, tipo y características del sitio, geoforma de emplazamiento, vegetación dominante, agentes de disturbación, visibilidad, sedimentos dominantes, densidad, disposición, tipos y características de los materiales), cuantitativas (i.e. inclinación de la superficie, dimensiones del sitio, distancia al agua y altitud) e inferenciales (i.e. asignación funcional, asignación histórico cultural, potencial de intervención futura). Los sitios fueron definidos por la concentración de más de 5 piezas arqueológicas, la presencia de huellas antrópicas distintivas (i.e. tizne en techo de aleros) o la intervención humana sobre el espacio (i.e. construcción de estructuras). La totalidad de las evidencias registradas fue geoposicionada, fueran hallazgos aislados o concentraciones tipo sitio. No obstante, en los sitios (y hallazgos aislados) se recuperó exclusivamente materiales diagnósticos para los fines del proyecto (ergología temporal distintiva y tecnología). En una segunda etapa se intervino sitios seleccionados, recuperando muestras más abundantes con referencia espacial de cada pieza (superior a 3 cm), con el propósito de comprender el uso humano del espacio y los procesos de transformación de los contextos superficiales.

DISTRIBUCIONES ESPACIALES EN EL ALTO CISNES

Los trabajos de prospección permitieron identificar un total de 70 unidades distintivas en proporciones de 34 sitios, 21 hallazgos aislados y 15 sitios potenciales (tabla 1, figura 2). Los últimos corresponden a aleros rocosos que, aun cuando no presentan evidencias superficiales, la experiencia regional ha permitido corroborar su frecuente uso prehistórico (Mena y Lucero 2004). Respecto a los tipos de yacimientos de acuerdo a sus materiales característicos, primaron largamente las dispersiones o concentraciones de piezas líticas superficiales (tabla 1). Ésta constituye una tendencia que se hace extensiva a gran parte del territorio estepario de Patagonia, la cual se acentúa con los frecuentes procesos de transformación como la deflación eólica y crioturbación (Dincauze 2000). Lo anterior se ha corroborado en otros valles andinos de la región (Mena y Lucero 2004, Méndez 2004, Méndez et al. 2004). A los conjuntos líticos se sumó alternativamente y en menor proporción restos óseos y en un caso, cerámica. Es altamente probable que la mayoría de los restos óseos responda a eventos de muerte natural subactual (fauna introducida), posteriores a la depositación cultural. Otra categoría altamente representada fueron las acumulaciones intencionales de piedras. Presumiblemente, corres- ponden a lo que regionalmente se reconoce como estructuras funerarias tipo chenque, propias de los últimos 1000 años (Berón et al. 2000, Mena y Reyes 2001, Goñi et al. 2004, Prieto 1993-94), aunque no deba descartarse que correspondan a demarcadores espaciales (Goñi y Barrientos 2000).

 

 


TABLA 2. Relación entre tipo de yacimiento y manifestación de sus evidencias.

 

Tipo de evidencias

Total

Tipo de yacimiento

Superficie

Superficie y Estratigrafía

 

Dispersión lítica

7

3

10

Dispersión lítica y ósea

1

1

2

Reparo + dispersión lítica

2

2

4

Dispersión lítica + ósea + cerámica

 

1

1

Reparo rocoso

 

3

3

Contexto funerario

12

1

13

Otros

1

 

1

Total

23

11

34

 

El carácter superficial de la mayoría de los sitios dominó largamente (tabla 2) aun cuando perfiles expuestos sugirieron algún potencial estratigráfico. Estas frecuencias son esperables para un tipo de registro que privilegió la prospección, por sobre los sondeos estratigráficos.

Los sitios se emplazaron mayoritariamente sobre laderas, y en segundo nivel sobre cimas de cerros bajos y planicies (tabla 3). Las condiciones de acumulación de agua en las planicies durante los meses de lluvia/nieve y consecuentemente abundante vegetación en el verano, condicionan el asentamiento humano y las posibilidades de visibilidad, respectivamente. Por otro lado, las laderas poseen mejor drenaje y ofrecen mejores condiciones de visibilidad, dada su pendiente (tabla 3). Prevaleció el emplazamiento de los campamentos sobre pendientes suaves, áreas propicias para el asentamiento. Los altos valores de pendientes medias y marcadas en conjunto, permiten suponer que esto no implicó una limitación necesaria, aunque también debe considerarse el mencionado factor de erosión y mejor visibilidad de artefactos en áreas de mayor arrastre. Al considerarse en conjunto geoformas y pendientes se observa que los sitios se emplazaron principalmente sobre laderas de inclinación variable; y que los sitios sobre cimas de cerros (principalmente acumulaciones intencionales de piedras) se encuentran sobre secciones altas de escaso relieve.

La gran mayoría de los sitios expuso una visibilidad media (tabla 4). Esto se debe a factores tanto naturales, como antrópicos, y otros propios de los artefactos. Las visibilidades más altas coincidieron con sectores despejados en las cimas de cerros, y la moda estuvo centrada sobre dispersiones superficiales de materiales en distintos grados de concentración, elemento que determinó su visibilidad. Muchos sitios se encontraron parcialmente ocultos por la vegetación de estepa arbustiva, siendo posible identificarlos sólo en los claros o áreas de deflación erosiva. No obstante, los agentes disturbadores principales (tabla 5) fueron animales (pisoteo y cubierta de guano de ganado, fauna fosorial en general y muerte natural e incorporación de carcasas a los sitios) y el ser humano. En este último caso, podemos distinguir acciones intencionales, como el vandalismo sobre chenques y las prácticas de coleccionismo subactual; de acciones no intencionales, como manejo intensivo de ganadería, riego artificial, caminos de acceso y otros.

TABLA 3. Relación entre geoformas y pendiente en los yacimientos.

 

Pendiente

Total

Geoforma

Plano

Suave (1º a 5º)

Media (5º a 15º)

Marcada (>15º)

 

Cima cerro

1

7

   

8

Ladera

1

3

5

5

14

Planicie

1

4

1

 

6

Quebrada

     

1

1

Otros

 

1

2

1

4

Total

3

15

8

7

33

 

TABLA 4. Relación entre la geoforma de emplazamiento
y su visibilidad en los yacimientos.
TABLA 5. Frecuencias absolutas y
relativas por tipo de agentes
disturbadores que afectan los yacimientos.
 

Visibilidad

Total

Geoforma

Baja

Media

Alta

 

Cima de cerro

 

4

4

8

Ladera

4

8

2

14

Planicie

1

5

 

6

Quebrada

 

1

 

1

Otros

 

4

 

4

Total

5 (14,7%)

22 (64,7%)

6 (17,6%)

33 (97,1%)

Agentes

Frecuencia

Porcentaje

Animal

11

32,4

Antrópico subactual

15

44,1

Erosión

2

5,9

Total

28

82,4

Faltantes

6

17,6

Total

34

100,0

 

Como es previsible en un área abierta oriental extra andina en estas latitudes (~44º S; ~900 msnm), la vegetación dominante en el emplazamiento de los sitios es de estepa arbustiva (n=32 / 94,1%). Está compuesta principalmente por Gramíneas (Stipa sp. y Festuca sp.) y plantas en cojín (Azorrela sp. y Mulinum spinusum). Es posible distinguir además especies arbóreas en quebradas y zonas protegidas del viento como lengas (Nothofagus pumilio), ñirres (Nothofagus antarctica), y especies arbustivas (Adesmia boronoides, Baccharis obovata, Berberis buxifolia, Empetrum rubum, Colligualla intergerrima y Maytenus sp.) generando lo que se denomina comúnmente como bosque en galería. Vale la pena considerar que el escaso registro de sitios en áreas con este tipo de pequeños bosques (n=1 / 2,9%), tiene relación con la escasa visibilidad (cobertura vegetal más densa) y mayor humedad que caracteriza a este tipo de ambientes.

La distribución de materiales en superficie al interior de los sitios podría ser caracterizada principalmente como “agregados de concentraciones” (n=13 / 38,2%), de lo que destacamos como los mejores ejemplos, los sitios Appeleg 1 (CIS 009) y Appeleg 2 (CIS 018). Estos asentamientos corresponden a importantes distribuciones (145000 y 10000 m2 respectivamente) de materiales líticos, óseos y cerámica en concentraciones discretas, que fueron designadas como unidades superficiales independientes. Yacimientos nucleados (n=7 / 20,6%) y dispersos (n=11 / 32,4%) se observaron en proporciones menores, aunque igualmente relevantes.

Una de las variables consignadas cuyo propósito era configurar un patrón de asentamientos preliminar para el segmento alto del valle fue la observación de indicadores relativos a la posible función que cumplían los sitios (tabla 6). Para ello se consideró tipos generales de asentamientos propios de grupos cazadores recolectores, con especial énfasis en analogías etnográficas directas. En este sentido, se definió a las “locaciones de tarea” como sitios restringidos donde un conjunto limitado de actividades se llevó a cabo; “cantera taller” como lugares en donde afloraban recursos líticos que eran inicialmente procesados; “acumulaciones intencionales de piedras”; “campamentos residenciales” como áreas de dispersión de materiales con indicadores de artefactos de uso doméstico, y finalmente “campamento habitacional mayor” como un conjunto de unidades residenciales articuladas en un mismo espacio, sin asumir necesariamente contemporaneidad. Las asignaciones funcionales realizadas en terreno fueron reevaluadas y precisadas por medio de los análisis de materiales recuperados (Méndez 2006). Dominaron cuantitativamente las acumulaciones intencionales de piedras, por cuanto fueron consideradas a modo de unidades independientes, aun cuando en pocas ocasiones fueron registradas agrupadas. Locaciones de tareas, correspondientes a pequeñas instancias de actividad restringidas, podrían eventualmente corresponder a segmentos expuestos de campamentos residenciales. El único campamento habitacional mayor, corresponde al mencionado Appeleg 1 (CIS 009), que pese a que varias unidades podrían vincularse sistémicamente –a modo de un “sistema de tolderías”–, no hay que descartar eventuales superposiciones, como lo sugieren los análisis de materiales (presencia de un lito discoidal, puntas de proyectil de variadas tipologías y cerámica).

TABLA 6. Frecuencias absolutas y relativas por función de sitio.

Función de sitio

Frecuencia

Porcentaje

Locación de tareas

10

29,4

Cantera taller

7

20,6

Acumulación intencional de piedras

13

38,2

Campamento residencial

3

8,8

Campamento habitacional mayor

1

2,9

Total

34

100,0

 

A partir de las frecuencias generales obtenidas, se seleccionó algunas variables que permitieran caracterizar el registro arqueológico. Para ello se llevó a cabo ejercicios con variables nominales las que, cruzadas entre sí, pueden usarse para afirmar correspondencia por medio de la prueba de Chi2. Es necesario, sin embargo, puntualizar que los ejercicios fueron llevados a cabo con el total de sitios (n=34), es decir una cifra muy baja. Aun cuando algunas relaciones pueden resultar aparentemente significativas, el hecho que haya celdas con valores muy bajos, redunda en poca confianza para las relaciones expresadas. Otras variables cuantitativas fueron ordenadas por intervalos, a fin de comparar su comportamiento a la luz de una curva esperada.

Una de las variables frecuentemente significativas, corresponde a la proximidad entre los asentamientos y las fuentes potenciales de agua dulce. Este factor ha sido especialmente significativo en la construcción de hipótesis de uso del espacio en Patagonia central durante el Holoceno tardío (Goñi 2000, Goñi et al. 2000-2002, 2004). La distancia hacia la fuente de agua más cercana para cada sitio observado se comportó como una distribución unimodal, muy similar al esperado teórico (curva normal, figura 3). Los yacimientos se encuentran a una distancia promedio de ~280 m del agua, cualquier tipo de fuente que ésta sea. Se consignó dos variables independientes para caracterizarlas. Por un lado, su permanencia a lo largo del año, vale decir si eran fuentes constantes o bien estacionales. Por otra parte, su capacidad móvil o escorrentía, es decir si eran fuentes de agua corriente (ríos, arroyos, esteros) o masas de agua inmóviles (lagos o lagunas). En la tabla 7 se puede observar que dos tipos resultaron significativos: fuentes corrientes constantes y estacionarias intermitentes, correspondientes a esteros y arroyos de escorrentía anual y lagunas estacionales, respectivamente. Ambas constituyen las fuentes más frecuentes en la zona de estudio. Un test de x2 confirma la significación, aunque con las mencionadas reservas. Los resultados fueron evaluados a la luz de la tipología funcional de asentamientos propuesta (tabla 6). Ello permitió establecer que la gran mayoría (70%) de sitios asociados fuentes constantes (35% del total de sitios) corresponde a acumulaciones intencionales de piedra. Esta distribución se interpreta como resultante de la ubicación particular de estos contextos y no necesariamente como una decisión vinculada específicamente al agua como fuente. Por otra parte, el hecho que el resto de los asentamientos (45%) esté principalmente vinculado a aguas de disponibilidad restringida a lo largo del año (verano) se interpreta como un “uso estacional” del área de estudio.

Otro aspecto espacial que también resultó significativo para entender la selección humana en el patrón de asentamientos, fue la altitud relativa de los sitios. La figura 4 expone los intervalos de altitud registrados por unidad. A ellos se suma una curva normal (esperado teórico) que claramente difiere de lo observado. La selección prioritaria de los intervalos entre 850 y 900 msnm se interpreta como una selección explícita sobre un sector donde emplazar los sitios.

Fig. 3. Histograma de intervalos de
distancia al agua (en metros).


Fig. 4. Histograma de intervalos de altitud por sitio.

 

TABLA 7. Relación entre tipo de fuente de agua y su
permanencia durante el año. Pearson Chi-Square:
11,211 Asymp. Sig. (2-sided): 001.

Fuente

Permanencia

Total

de agua

Constante

Intermitente

 

Corriente

15

5

20

Estacionaria

2

11

13

Total

17

16

33


ACUMULACIONES INTENCIONALES DE PIEDRAS Y CONTEXTOS SUPERFICIALES

De los resultados expuestos y en vistas de lo restringido de la muestra, la discriminación más significativa resultó en dos categorías generales: contextos superficiales y acumulaciones intencionales de piedras. En primer lugar, la categoría de contextos superficiales, engloba todas aquellas locaciones compuestas principalmente de desechos de actividad material. Sus funciones integran actividades de procuramiento de alimentos y recursos para la confección de tecnologías (en una amplia acepción), las actividades de procesamiento de los primeros y manufactura de las segundas. Entre las categorías presentes se encuentran los mencionados campamentos de tareas, canteras talleres, campamentos habitacionales y el único conjunto habitacional mayor identificado (CIS 009, figura 5). Respecto a las acumulaciones intencionales de piedras (figura 6), éstas son frecuentemente identificadas como contextos funerarios. Cabe señalar, que si bien la acumulación intencional de piedras en hitos geográficos relevantes del paisaje (p.e. lomas, cimas) obedece a una característica típica del ritual fúnebre de los cazadores recolectores de las estepas en los últimos mil años, también se han registrado junto a estos contextos -y compartiendo rasgos- acumulaciones “vacías”, sin ningún elemento cultural, bioantropológico y/o ecofactual. Esto ha sido explicado alternativamente como marcadores territoriales (Goñi y Barrientos 2000, Reyes 2004), hitos de colonos o como chenques “falsos” para evitar el saqueo indiscriminado de las tumbas por parte de colonos. Esto último, porque una actitud parecida es mencionada por De La Vaulx (1901), quien describe a grupos indígenas ocultando intencionalmente un cadáver (no conformando un chenque) para que éste no sea visto y profanado. Bien podría tratarse de actitudes con consecuencias materiales distintas para cumplir un mismo fin. No obstante, es necesario advertir que también es esperable una pobre conservación, sobre todo por la alta pluviosidad (lluvia y nieve), lo que se traduce en la desaparición frecuente de los restos orgánicos. En síntesis, todas las acumulaciones registradas (y aquí informadas) son intencionales, pero su función (potencialmente ritual) es sólo discriminable a partir de su intervención arqueológica. No existe otra manera, ni por asociación con otros sitios, ni por disposición en el paisaje, de resolver alternativamente esta asignación.

Figura 5

 

El principal interés en contrastar evidencias funerarias y su relación con sitios de índole doméstico4 en el curso superior del río Cisnes radica en sugerir posibles vías inductivas de entender la selectividad en el uso del espacio. Consideramos, no obstante, las posibles distinciones cronológicas entre los asentamientos, especialmente en el entendido que nos encontramos en una etapa de recuperación de datos superficiales. Sin embargo, es posible sugerir –a partir de las distinciones generales que permite la tipología lítica (Méndez 2006)– que la gran mayoría de los asentamientos cae dentro del Holoceno tardío o últimos 5000 años (Borrero 2001). Así también, la cronología disponible para el sistema de abrigos rocosos del cerro El Chueco confirma la ocupación humana durante este lapso. El sitio CIS 042 (figura 7), con una datación AMS sobre carbón de 2470 ±40 AP. (Beta 214639, 2δ: 2730 a 2360 años cal. AP., 13C/12C: -25.9 o/oo, unidad 1, 50-60 cm), asociada a tecnología laminar, un cepillo expeditivo, desechos de talla bifacial y variadas materias primas, corresponde a la primera evidencia concreta al respecto. Adicionalmente, el hallazgo de cerámica en el sitio Appeleg 1 (CIS 009) en las concentraciones superficiales 5 y 49 confirma una presencia tardía, cuya estimación cronológica por termoluminiscencia se encuentra en proceso de análisis.

Fig. 6. Acumulación intencional de piedras tipo “chenque” (Chenque Appeleg 2; CIS 010) y su relación espacial con el sitio Appeleg 1 (CIS 009)
a 200 m al norte (línea de arbustos).

 

Fig. 7. Sistema de reparos rocosos de cerro
El Chueco, sitio CIS 042.

La primera variable cotejada para las acumulaciones de piedras y contextos superficiales fue la altura relativa sobre el nivel del mar (figura 8). Las estructuras intencionales de piedras aparecen con una altura promedio más baja (X: 717,92 msnm) debido a que fueron registradas principalmente en la sección media del valle, en donde se va perdiendo altura. Los contextos superficiales fueron prioritariamente registrados en el intervalo entre los 850 y 900 msnm (1δ) y en segundo nivel entre 800 y 1000 msnm (2δ) con una media más alta (X: 865,33 msnm). Las diferencias de altitud bien pueden ser interpretadas como dependientes del contexto de hallazgo. En el caso de las acumulaciones de piedras -en su gran mayoría- su hallazgo se debió a visitas guiadas y no a la estrategia de recorridos sistemáticos. Por otra parte, los contextos superficiales concuerdan plenamente con los recorridos de prospección, de ahí que coincidan fuertemente con el piso altitudinal muestreado. Aún así, los modos de hallazgo no explican del todo la presencia prioritaria de los contextos en un sector del valle en desmedro de su segmento más alto. En términos generales, se piensa que lo observado correspondería a una selección intencional de sectores cuya topografía se percibiera como hitos destacados en el paisaje. En este sentido, la geoforma sobre la cual se emplazaron las manifestaciones culturales tuvo resultados significativos (tabla 8). Las acumulaciones de piedras se encontraron prioritariamente sobre cimas de cerros de mínimo relieve en su parte alta. Esto coincide con lo observado en otros sectores de Patagonia Central, donde espacios destacados del terreno son emplazamientos seleccionados para uso funerario (Reyes 2001, 2002, 2004, Goñi y Barrientos 2000, Goñi et al. 2004). Los contextos superficiales, por su parte, exhiben mayor variabilidad en cuanto a la selección del emplazamiento (tabla 8), habiéndose priorizado laderas suaves y planicies.

Fig. 8. Altura promedio de los asentamientos según distinción funcional general en el Alto río Cisnes (msnm).

 

Fig. 9. Distancia al agua según distinción funcional general en el Alto río Cisnes (metros).

Otra variable considerada fue la distancia a la fuente de agua más próxima (figura 9). En este caso, las distinciones son menores, mostrando una relativa (aunque leve) mayor variabilidad en los contextos con materiales superficiales (X= 328.05, ds= 229,87 / acumulaciones intencionales de piedras: X= 209.23, ds= 135,8). Se intentó evaluar las tendencias observadas a la luz de una variable que había resultado anteriormente significativa, el nivel de permanencia de la fuente (tablas 7 y 9). Los contextos superficiales tienden a emplazarse próximos a fuentes intermitentes de carácter estacionario (lagunas estivales, tabla 9), mientras que las acumulaciones intencionales de piedras se observaron más próximas a fuentes de escurrimiento constante (cursos permanentes, tabla 9). Dicha diferencia es significativa (x2), aunque lo bajo de la muestra (celdas) hace que los resultados no sean conclusivos. Respecto a la proximidad de las acumulaciones de piedras a los cursos estables, es posible advertir que dado que se emplazan principalmente sobre cerros, éstos actuarían como divisorias de aguas, y que no necesariamente esta distribución responda a una selección intencional.

Como había sido expresado anteriormente, el hecho que los contextos superficiales se asocien a fuentes estacionales se interpreta como un uso “discontinuo” del espacio a lo largo del año. Las poblaciones humanas, cazadores recolectores típicamente móviles, probablemente accedieron de forma pautada a la región. En sus movimientos residenciales, posiblemente contemplaron sectores esteparios orientales y eventualmente áreas más cerradas en el bosque, como ha sido documentado en el río Cisnes medio y bajo (Mena 1996, Méndez y Reyes 2006, Méndez et al. 2006). Por su parte, los contextos funerarios, no pareciesen responder a la disponibilidad de agua, sino más bien a las características topográficas del entorno inmediato. Las dos variables más significativas, altitud y distancia al agua, permiten sostener que las acumulaciones de piedras exhiben mayor variabilidad con respecto a la primera (msnm) y escasa variabilidad con respecto a la segunda. Mucha más recurrencia se observa en ambos aspectos para los contextos superficiales. Proponemos que esto se debe a una selección cultural, decisión vinculada a la jerarquización de los espacios y sus recursos.

TABLA 8. Tipos de geoforma y tipos generales de sitios.

Geoforma

Contextos superficiales

Acumulaciones de piedras

Total

Cima de cerro

 

8

8

Ladera

11

3

14

Planicie

6

 

6

Quebrada

1

 

1

Otros

2

2

4

 

TABLA 9. Relación entre tipo general de sitio y la permanencia de la fuente de agua más cercana. Pearson Chi-Square: 14,291, Asymp. Sig. (2-sided): 000.

Permanencia

Total

Tipo General

Constante

Intermitente

Contextos superficiales

5

15

20

Acumulaciones de piedras

12

1

13

Total

17

16

33

COMENTARIOS FINALES

A partir de la implementación de una metodología de recuperación sistemática de datos de superficie, se estableció una relativa “baja intensidad” de ocupación en el área. Dicha característica se percibe nítidamente al comparar el total de 34 sitios y 21 hallazgos aislados (tabla 1) registrados en el valle del Cisnes, con áreas similarmente prospectadas. En años anteriores, bajo procedimientos metodológicos análogos (horas hombre, criterios de registro, mismo equipo, etc.) y coberturas equivalentes (entre 100 y 80 km2) (Mena y Lucero 2004) se prospectó otros valles andino orientales más al sur5. En el segmento alto del valle de Chacabuco (~550 msnm) se identificó 62 sitios y 74 hallazgos aislados (Méndez et al. 2004), mientras que en la desembocadura del Ibáñez en el Lago General Carrera (~350 msnm) se observó 65 sitios y 41 hallazgos aislados (Mena 2001). Ambos valles meridionales poseen una clara mayor intensidad de uso.

No obstante la baja intensidad de uso en el Alto Cisnes, se aprecia una fuerte “recurrencia” (superposición, extensión, cantidad y diversidad de materiales) en algunos destacados yacimientos de carácter habitacional (sector Appeleg). Esto contrasta significativamente con sus alrededores, en donde se registró escasas evidencias (figura 2). Dicha distribución permite sugerir un “patrón de asentamiento” nucleado, a modo de “paraderos de uso recurrente”. Al comparar lo observado con valles meridionales como Chacabuco, es posible establecer que a esta última zona se le ha caracterizado como de un uso más bien logístico, vinculado a tareas estacionales de caza de guanaco, con la presencia de campamentos equipados (Mena y Jackson 1991, Méndez et al. 2004, Méndez y Velásquez 2005). Por su parte, Ibáñez, al exhibir al menos un cementerio y otras estructuras funerarias dispersas (Reyes 2002), numerosas dataciones radiocarbónicas (18 para los últimos 5000 años AP. y 11 para los últimos 1000 años AP., Mena 2000, Reyes 2002), alta densidad y recurrencia de pinturas rupestres (Lucero y Mena 2000) y presencia de numerosos sitios (Mena y Ocampo 1993), sugiere más bien un uso de carácter residencial para momentos tardíos.

Al respecto, es posible establecer que la movilidad de los grupos cazadores recolectores se encuentra en estrecha relación con las características del medio ambiente y sus recursos (Kelly 1995). En acuerdo con las decisiones vinculadas a la movilidad y el asentamiento se define en gran medida la distribución espacial de los entierros (Charles y Buikstra 1983, Pardoe 1988, Smith 1988). Debido a que la disponibilidad de los recursos no es homogénea espacialmente, ni a lo largo del año, los lugares que permitan sostener a un grupo de manera más prolongada, debieran presentar mayor intensidad de ocupación, y consecuentemente mayor cantidad de entierros. Esto cobra especial sentido durante el Holoceno tardío en Patagonia central, donde se ha postulado que a raíz de la desecación producto de la Anomalía Climática Medieval (~1100 y 980 años cal. AP., Stine y Stine 1990), se habría generado un proceso de restricción de la movilidad y ocupación de cuencas lacustres bajas en donde confluían recursos críticos (Goñi 2000, Goñi et al. 2000-2002, 2004). Consecuentemente, la proporción de entierros en estos lugares de asentamiento más permanente aumentó, como lo han atestiguado las investigaciones regionales (Reyes 2001, 2002, 2004, Goñi y Barrientos 2004). Sectores de uso más esporádico o bien logístico (p.e. segmento alto del valle del Chacabuco), pese a ser intensamente prospectados, han evidenciado recurrentemente la ausencia de chenques (Mena y Lucero 2004, Goñi et al. 2004). De esta manera, una mayor concentración de contextos fúnebres, debería estar relacionada con un asentamiento semipermanente en torno a recursos más estables y/o críticos (p.e. agua, leña, pastura para animales de caza, pisos bajos y sectores protegidos para los grupos humanos). En tanto, en sectores donde predominaron las estadías cortas, estacionales y/o estratégicas (p.e. fuentes de aprovisionamiento de materias primas, sectores de caza estacional, mesetas) el registro material fúnebre debería ser más escaso o nulo, producto de la organización logística.

Funcionalmente, sugerimos que el Alto Cisnes se encuentra en una situación intermedia, con la presencia de algunos sitios habitacionales concentrados y potenciales estructuras funerarias, aunque con una baja intensidad de uso, a diferencia de los otros dos valles. Proponemos que dicha intensidad se debió a la naturaleza “estacional” de su ocupación6, ya que durante gran parte del año densas nieves cubren el área y se congelan las fuentes de agua, producto de la altitud (estepa de altura ~900 msnm, área prospectada entre 1000 y 800 msnm). Situación análoga puede ser observada en otros sectores altos como la Meseta del Buenos Aires (~1200 msnm) en donde las condiciones ambientales restringen las ocupaciones a la estación estival (Gradin et al. 1976, Mena 1991, Gradin y Aguerre 1992).

Finalmente, los inviernos crudos y la necesidad de replegarse, probablemente implicó la integración de sectores menos altos hacia el oriente (i.e. valles bajos en actual territorio argentino), o incluso en el mismo Cisnes, valle abajo hacia el Pacífico (pisos bajos y boscosos). Si bien no es conclusivo, es sugerente que alero El Toro, en el área de bosque siempreverde del mismo río (a ~30 km de la costa), posee indicadores que -por descarte- sugieren ocupaciones invernales (Mena et al. 2004, Méndez et al. 2006). Tampoco debe desacreditarse la estabilidad de la costa, y su eventual uso como área de amortiguación (Yesner 1980), como potencial motivación para una ocupación -al menos- estacional de la misma. Dicha idea se ve reforzada -preliminarmente- por las dataciones obtenidas hasta el momento para los distintos segmentos del valle. Al mencionado lapso cronológico del primer sitio sondeado en la estepa (CIS 042): 2730 a 2360 años cal. AP., se suman la cronología de alero Las Quemas (Cisnes medio, bosque caducifolio): 2740 a 2380 años cal. AP. (Méndez y Reyes 2006) y las tres dataciones de alero El Toro (Cisnes bajo, bosque siempreverde) que cubren el lapso entre los 2740 y 2400 años cal. AP. (Méndez et al. 2006) (figura 1).

 

NOTAS:

4 Si bien no son mutuamente excluyentes, ya que en Patagonia se han observado contextos bajo reparo rocoso que cumplieron ambas funciones o bien espacios donde se superponen (Pali Aike y Cerro Sota: Bird 1993, Cueva Lago Sofía 1: Prieto 1991, Cueva Baño Nuevo 1: Mena et al. 2000, Epullán Grande: Crivelli et al. 1996), los contextos funerarios tardíos (chenques) y los contextos de actividad doméstico-tecnológica en espacios abiertos parecen haber operado bajo una diferenciación del espacio.

5 No se comparó con la información obtenida en el valle del curso inferior del río Jeinemeni por cuanto la densa capa de cenizas –producto de la última erupción del volcán Hudson (agosto 1991)– impuso un sesgo muy significativo en nuestras apreciaciones (Mena y Lucero 2004).

6 La estacionalidad deberá ser reevaluada a la luz de la información zooarqueológica a partir de excavaciones programadas en el área.

AGRADECIMIENTOS

Esta investigación fue financiada por CONICYT a través de su proyecto FONDECYT 1050139. Agradecemos la invaluable colaboración de Pablo Raty y el personal de la Estancia Río Cisnes, así como también al Suboficial Mayor Luis Caro y a todos los Carabineros del paso de frontera Frías-Appeleg. Extendemos nuestros reconocimientos al Sr. Arsenio Valdés, alcalde de Puerto Cisnes, a los profesores y alumnos de la escuela “Soberanía” de Alto río Cisnes y liceo municipal de La Tapera y su director, Abel González. A Don Patricio Quemada por su constante apoyo logístico. Finalmente, agradecemos a Claudia Quemada, Carolina Belmar, Manuel San Román, Ismael Martínez, Pedro Cárdenas, Pablo González, Jean Pierre François y Andrés Hernández por su colaboración en las labores de campo.

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Anexo 1. Yacimientos identificados en el Alto río Cisnes y sus características principales (función y cronología).

Sigla

Nombre

Tipo

Función

Filiación

CIS 002

La Cantera 1

dispersión materiales

taller lítico

Indeterminada

CIS 003

La Cantera 2

dispersión materiales

taller lítico

Indeterminada

CIS 004

La Cantera 3

dispersión materiales

taller lítico

Indeterminada

CIS 005

La Cantera 4

dispersión materiales

taller lítico

Indeterminada

CIS 007

La Cantera 5

reparo rocoso

taller lítico

Indeterminada

CIS 008

El Deshielo 1

dispersión materiales

campamento residencial

Holoceno temprano

CIS 009

Appeleg 1

dispersión materiales

conjunto habitacional mayor

Holoceno tardío

CIS 010

Chenque Appeleg 1

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 012

Bloque Los Patos

dispersión materiales

locación de tareas

Indeterminada

CIS 013

Los Ñires

dispersión materiales

locación de tareas

Holoceno tardío

CIS 014

Los Patos

reparo rocoso

locación de tareas

Indeterminada

CIS 015

sin nombre

dispersión materiales

taller lítico

Indeterminada

CIS 016

sin nombre

reparo rocoso

locación de tareas

Indeterminada

CIS 017

Ojitos de lana

reparo rocoso

locación de tareas

Indeterminada

CIS 018

Appeleg 2

dispersión materiales

campamento residencial

Holoceno tardío

CIS 019

Appeleg 3

dispersión materiales

locación de tareas

Histórico

CIS 020

Estero La Barranca -2

dispersión materiales

taller lítico

Indeterminada

CIS 023

Chenque Puesto Lyon

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 025

Chenque Cisnes

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 026

Cerro Chenque 1

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 027

Cerro Chenque 2

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 028

Cerro Chenque 3

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 030

Chenque Loma Chica 1

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 031

Chenque Loma Chica 2

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 033

Chenque Loma Chica 4

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 034

Chenque Cáceres 1

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 035

Chenque Cáceres 2

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 036

Chenque Cáceres 3

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 037

Cerro La Cruz

acumulación piedras

chenque (?)

últimos 1000 años

CIS 038

Junta Moro 1

dispersión materiales

locación de tareas

Indeterminada

CIS 040

sin nombre

dispersión materiales

locación de tareas

Indeterminada

CIS 041

Sur Arroyo Los Patos 1

dispersión materiales

campamento residencial

Indeterminada

CIS 042

Alero el Chueco 1

reparo rocoso

indeterminada

Indeterminada

CIS 044

Alero el Chueco 3

reparo rocoso

indeterminada

Indeterminada

CIS 071

sin nombre

acumulación piedras

chenque (?)

Indeterminada

 

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