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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania v.35 n.1 Punta Arenas  2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442007000100009 

MAGALLANIA, (Chile), 2007. Vol. 35(1):133-138           

INFORMES Y NOTAS

 

GUANACOS TÍMIDOS, HUEMULES CONFIADOS: EL LÍMITE OCCIDENTAL DE LOS CAZADORES TERRESTRES AUSTRALES

SHY GUANACOS, TRUSTING HUEMULS: THE WESTERN BOUNDARY OF TERRESTRIAL SOUTHERN HUNTERS-GATHERERS

 

NORMA I. DÍAZ*, ALFREDO PRIETO**,*** Y GABRIEL BAHAMONDE**

* I.U.C.N. Tupac - Amarú 1011, C1407CXC, Buenos Aires, Argentina.
** Centro de Estudios del Hombre Austral. Instituto de la Patagonia, Universidad de Magallanes. Av. Bulnes 01890, Punta Arenas. Chile. E-mail: alfredo.prieto@umaq.cl: qabriel.bahamonde@umaq.cl
*** Centro de Estudios del Cuaternario de Fuego-Patagonia y Antartica (CEQUA). Punta Arenas, Chile.


RESUMEN

Se estudia el estatus de los huemules como presa de los cazadores terrestres del sur de la Patagonia, a partir de los registros históricos de su conducta en la zona precordillerana. Se entregan algunos antecedentes arqueológicos acerca de su consumo, y se analiza si su conducta era el producto de las presiones de caza ejercidas por los grupos humanos de la Patagonia austral.

PALABRAS CLAVES: etología, huemules, límites étnicos, cazadores-recolectores.

ABSTRACT

Based on historical records for the pre-Andean zone, the paper examines the role of the huemul (Hippo-camelus bisulcus) as prey of choice for Southern Patagonian terrestrial hunter-gatherers. We review archaeological evidence for the consumption of these cervids and also explore whether their behavioural patterns can be considered the result of hunting pressure by human communities of Southern Patagonia.

KEY WORDS: ethology, cervids, ethnic boundaries, hunter-gatherers.


Según los indios el huemul era "un animal que se había caído de la luna y afirmaban que era tan escaso porque las hembras no tenían sino un hijo en toda su vida, y eso en un año en que hubieran dos eclipses, uno de sol y otro de luna". (En el Mar Austral, Fray Mochoj.

El huemul {Hippocamelus bisulcus) no parece haber sido nunca parte importante de la dieta de los cazadores recolectores terrestres de la Patagonia austral, pese a su amplia distribución a lo largo de la cordillera. Sin embargo, no fue así el caso de su utilización por parte de los nómades del mar quienes lo aprovechaban más regularmente (Fig. 1). En la zona continental de la región hay leves indicios de su uso en los niveles medios y tardíos de algunos sitios arqueológicos. No así en la Isla Grande de Tierra del Fuego donde parece no haber habitado, de hecho una de las pocas islas en que habita es la isla Riesco, entre los senos Otway y Skyring, además de las islas Wellington y Stuven.


Lo que nos parece importante y discutiremos aquí, es la actitud de este animal hacia el hombre en algunos sectores precordilleranos de la Patagonia austral. Aquello que se ha dado en llamar náíveté, que traduciremos por ingenuidad, concepto que ha sido utilizado como factor concomitante en la extinción de las especies de algunas regiones del mundo, particularmente de Australasia y América, y en menor medida de África.

La conducta del huemul hacia el hombre podría ser utilizada, desde esta perspectiva, para testear la capacidad de modificación infligida por el hombre en un paisaje náif. Ello requiere adentrarse en el conocimiento de esta especie de una peculiar mansedumbre respecto a otros cérvidos para poder dirimir si la ingenuidad exhibida en los casos que mencionaremos más adelante es producto intrínseco de la conducta intraespecífica o muestra simplemente un área que no era de uso frecuente por parte de los cazadores terrestres. Esto es, una suerte de etnolímite del territorio, o más aún, el límite precordillerano del huemul no fuera más que aquél inducido por el hombre a lo largo de toda la ocupación humana del territorio.

John Hatcher es uno de los primeros que se ocupa de la etología de las especies patagónicas australes en un notable capítulo de su libro. Allí establece la diferencia existente entre la actitud arisca del guanaco [Lama guanicoe) y la extrema confianza del huemul: A la mañana temprano y al atardecer era común ver a los ciervos en los bordes del bosque y en los pequeños claros del interior, mientras que al mediodía se los encontraba con frecuencia en la espesura de los bosques. El grado de confianza y temeridad demostrado por esos animales tradicionalmente tímidos era realmente de lo más extraordinario. Era muy evidente que desconocían totalmente al hombre. En una oportunidad, mientras estaba recorriendo los bosques con el arma en busca de alguna presa pequeña, me encontré con un macho adulto completamente desarrollado que estaba tranquilamente echado al pie de un árbol grande. Al detenerme para observarlo, se quedó bastante quieto por un momento y me miró, sin demostrar miedo en su expresión. Luego, poniéndose de pie lentamente se acercó caminando directamente hacia mí ese paso firme y medido característico de la familia. Todo en la actitud y porte del animal se parecía a una vaca o un caballo favorito cuando, tomando sol holgazanamente en el corral, se levanta y avanza lentamente para lamer la mano extendida del amo. Dejé que continuara esta exhibición de confianza hasta que se acercó a unos tres o cuatro metros de mí, cuando demostré mi indignidad al cambiar una carga pequeña por un tiro sólido que, luego de retroceder unos pasos, descargué con tal efecto que el hermoso animal cayó muerto casi a mis pies, víctima de una confianza equivocada depositada en un lugar no indicado (Hatcher, 2003:150-151).

Extraña confianza dado que el área en que habitaba el huemul no estaba exenta de predado-res, el puma (Felis concolor) o el zorro colorado {Pseudalopex culpaeus) coexistían con ellos en la precordillera. Ambos predan sobre este animal aunque no lo hiciera sobre los adultos el zorro y sí el puma. Sin embargo, esta actitud de confianza era diferente en su rango geográfico más septentrional donde se lo cazaba (Wolffsohn 1910). Así lo evidencia la información arqueológica y etnográfica con un mayor aprovechamiento de pieles de huemul para las armaduras de combate entre los araucanos (Orbigny 1945), las botas de cuero de los pehuenches (Claraz 1864), toldos y tamangos (Perea 1989) y punzones sobre asta en el Neuquén (Silveira 1996).

La región de Magallanes ofrece un interesante ejemplo de la capacidad de modificación infligida por el hombre en el comportamiento del huemul. Cuando revisamos los relatos de los primeros navegantes observamos esta diferencia: tímido y confiado donde no se lo molestaba, o arisco y huidizo donde era cazado. En el siglo XVI, por ejemplo, Sarmiento de Gamboa (1950) y Ladrillero (Pastells 1920) destacaban la facilidad de la caza del huemul en Ultima Esperanza y en Ciudad del Rey Don Felipe. Por el contrario, cuando los ingleses de la Beagle llegaron tres siglos más tarde a la misma región, los ciervos huían velozmente ante el primer disparo de sus armas (Fitz Roy 1839). Sin embargo, en algunas áreas boscosas y más resguardadas del hombre, el huemul conservaba su actitud de mansedumbre y así lo destacó Florence Dixie (1880) cuando en 1879 lo cazó en Torres del Paine. Más aún, a principios del siglo siguiente, algunos pobladores de Ultima Esperanza los acostumbraban a acercarse a las casas para darles de comer, sólo con no darle caza (Wolffsohn 1910). Esta diferencia de comportamiento también pudo verificarse más recientemente en el Parque Nacional "Bernardo O'Higgins", Chile. En 1991, Frid (2001) podía acercarse hasta cinco metros o menos a los huemules que estudiaba en el Estero Bernardo, en tanto que en 1995 no lo podía hacer a menos de 200 metros, según su opinión, atribuible a una mayor presión de caza.

Por otra parte, Julieta Gómez Otero (1986-87) ya había avanzado la hipótesis de que la presencia de restos de huemul en sitios arqueológicos de la estepa podría indicar una incursión cazadora hacia occidente. ¿Qué tan sostenida era dicha incursión en el tiempo?, era y es una cuestión difícil de evaluar aún. Por lo menos, durante el último cuarto del siglo XIX y en adelante, ciertos sectores parecen no haber sido frecuentados por las bandas de cazadores recolectores, ya no pedestres, sino ecuestres.

Los cazadores terrestres patagónicos australes eran eminentemente cazadores de guanaco, sobre todo a partir de la extinción de la megafauna hacia el límite Pleistoceno-Holoceno. Tanto así, que José Emperaire llega a hablar de una edad del guanaco en Patagonia (Emperaire, 1988). Por otra parte, los nómades marinos del archipiélago patagónico eran eminentemente cazadores de pinnipedos, clase utilizada desde las primeras ocupaciones a partir del Holoceno medio hasta la virtual extinción de estas poblaciones humanas en su modo nómada en el siglo XX. Sin embargo, en ciertos sectores como los distritos Otway, Skyring y Ultima Esperanza parece haber habido un aprovechamiento un poco más intensivo del huemul sin llegar nunca a ocupar el lugar de los pinnipedos (Legoupil, 1989 y 2000; San Román et ai, 2002).

No nos detendremos aquí en el registro de la presencia de restos de huemul en sitios arqueológicos precordilleranos y esteparios, tratada ya por Gómez Otero (1986-87) y Belardi y Gómez Otero (1998). Ni en la discusión acerca de los avances y retrocesos holocénicos del bosque, tratando de ligar el huemul con éste en una forma de silvodependencia.

Cabe destacar sí, los registros más occidentales de sitios arqueológicos del ámbito cazador terrestre. Para la zona austral, se trata del sitio taller junto a la laguna de los Choros (poco más al oeste de los 73° de longitud), cerca del glaciar Tyndall en el Parque Nacional "Torres del Paine". Se trata de un sitio taller lítico bastante notable, por hallarse en un sector hoy en día muy húmedo, contándose con los primeros registros de ciprés de las Guaitecas {Piígerodendrum uvifera) en sus cercanías. Debería tratarse de un sitio tardío aunque no histórico, dado que los fenómenos glaciales han estado activos allí bastante tardíamente.

De modo que por lo menos durante mediados del Holoceno un sector supuestamente apto para ser habitado por huemules, según lo muestran sus preferencias actuales, se habría encontrado esporádicamente habitado por el hombre. Poco más al este se encontraron boleadoras aisladas igualmente y puntas pequeñas apedunculadas en la orilla sur del río Serrano. No se han hallado sitios habitacionales en este sector como para ver qué papel jugó el huemul en la economía doméstica ligada a estas incursiones.

En la pampa, tal como lo señalara Gómez Otero {op. cit. 1986-87), hay esporádicos y escasos registros de restos de huemul a partir de los períodos III y IV de Bird (1993) esto es hacia el Holoceno Medio. No sabemos aún si esta provisión de tiempos históricos entre cazadores terrestres se debía a incursiones en su territorio o al aprovechamiento de huemules que se internaban en la estepa según lo ha establecido Díaz (1993, 2000).

En cuanto al papel de éste en la economía de los canoeros parece haber jugado un rol más importante, aunque nunca de la importancia alcanzada por los pinnipedos. El registro arqueológico de los alrededores de los mares de Otway y Skyring y en Ultima Esperanza muestra la presencia constante de huemul al lado de una mayoría de pinnipedos (Legoupil, op. cit., San Román et al. 2002). Cabe mencionar aquí el registro hecho por Robert Fitz-Roy en caleta Donkin, mar de Otway, de indios con capas del ciervo andino a los que bautizó "huemules" precisamente por ello (Fitz Roy 1933: 288-289).

También, en los archipiélagos del oeste, restos de huemul fueron encontrados en algunos sitios tardíos, tanto en Puerto Edén (Curry 1991) como al sur del golfo de Penas en el sitio Stuven 1 (Legoupil et al, en prensa Sextas Jornadas de Arqueología de la Patagonia), y en isla Madre de Dios. Así, algunas de las islas de la zona parecen haber sostenido pequeñas poblaciones de huemules, por lo menos en la isla Wellington donde la presencia de este animal fue confirmada por Emperaire (1963); pero en otras, algunos de sus restos pudieron ser llevados desde otros lugares lejanos en donde sí se hallaba presente.

CONCLUSIONES

La domesticación de cérvidos tiene una larga historia en Europa y Asia, y particularmente en regiones cercanas al Círculo Polar Ártico donde los cazadores primitivos probablemente comenzaron siguiendo a los rebaños de renos salvajes hasta conseguir progresivamente su amansamiento. A pesar de la mansedumbre y confianza del huemul hacia el hombre, éste no fue domesticado. Si bien Francisco Núñez de Pineda y Bascuñán (en Monleon 1976) señaló que los araucanos criaban animales, especialmente auquénidos y huemules, aunque su número a la llegada de los españoles era escaso, esta práctica no fue común para la especie.

Ahora bien, para este proceso de domesticación el animal tiene que demostrar al cazador su utilidad, aunque no necesariamente llegue a depender de él para su supervivencia. El huemul no fue la presa principal de los grupos de cazadores recolectores de Patagonia, ni de los canoeros quienes mostraron un mayor interés por este recurso. Esto nos lleva al trabajo de Belardi y Gómez Otero (1998) sobre la anatomía económica de esta especie. De acuerdo al análisis de algunas partes esqueletarias de un huemul macho, su carne es magra y este factor, conjuntamente con la baja predictabilidad y su baja densidad poblacional, pudieron ser determinantes para la baja explotación.

Podríamos hipotetizar que los canoeros practicaron la caza del huemul en forma puntual en tiempo y espacio para optimizar la relación costo-beneficio. En tiempo porque se vincularía especialmente con el invierno cuando los huemules bajan de tierras más altas o cuando beben agua en lagos y ríos, y en espacio porque se aprovecharían principalmente los sitios de procesamiento ubicados en las desembocaduras de los ríos para su captura. Esta técnica de caza cerca del agua fue observada por Bird (en Gusinde 1991) y Emperaire (1963).

Históricamente el huemul ha mostrado un comportamiento de peculiar mansedumbre hacia el hombre respecto a otros ciervos. Su conformación anatómica, extremidades relativamente cortas, músculos cortos y poderosos, extremidades posteriores en semiflexión, su incapacidad de correr grandes distancias pero su velocidad en distancias cortas, sugieren su adaptación a terrenos accidentados y fuertes pendientes (Aldridge com. pers., 1999). Además, la coloración del pelaje y de las crías también lo hacen más asociado a la vegetación de áreas mésicas (Aldridge com. pers., 1999). Entonces, es muy probable que inicialmente este ciervo haya tenido una distribución más amplia en Magallanes, y que una mayor densidad humana y presión de caza lo haya empujado a buscar refugio en el bosque virgen magallánico y cada vez a más altura en las montañas. El etnolímite que mencionamos anteriormente correspondería entonces a la frontera más allá de la cual el huemul encontró su refugio y supervivencia.

Si bien la densidad poblacional del huemul no fue alta, en relación con la del guanaco, y su comportamiento hacia el hombre en la primera etapa de contacto fue de extrema confianza y vulnerabilidad, la especie no se extinguió. Para ello pudieron intervenir varios factores: i) el huemul nunca predominó en la dieta de los cazadores sino que fue un recurso alimenticio complementario, ii) las especies animales alternativas eran abundantes, iii) el paisaje escarpado y boscoso le ofrecieron una baja visibilidad y accesibilidad, y iv) la baja densidad poblacional humana en algunas regiones, como Magallanes, configuró una importante reserva de la especie.

 

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