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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania v.36 n.1 Punta Arenas jun. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442008000100001 

MAGALLANIA, (Chile), 2008. Vol. 36(1):5-30

  ARTÍCULO


LA FRUSTRADA MISIÓN ESTRATÉGICA DE NAHUELHUAPI, UN PUNTO EN LA INMENSIDAD DE LA PATAGONIA

THE FRUSTRATED STRATEGIC MISSION OF NAHUELHUAPI, A POINT IN PATAGONIA’S’ IMMENSITY

 

M. XIMENA URBINA*

*Profesora asociada del Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Paseo Valle 396, Viña del Mar, correo electrónico: maria.urbina@ucv.cl


RESUMEN

En la vertiente oriental de los Andes, en los márgenes del lago Nahuelhuapi, los jesuitas del Colegio de Castro de Chiloé intentaron fallidamente durante los siglos XVII y XVIII mantener una misión y reducción indígena con el objetivo no sólo de la conversión de puelches y poyas, sino de establecer allí una puerta de entrada o base de operaciones para incursiones misionales y exploratorias en la Patagonia hasta el estrecho de Magallanes. Comparecieron en este esfuerzo el celo del evangelizador, pero también los intereses estratégicos hacia esas tierras allende los Andes de las autoridades de la provincia de Chiloé y del Reino de Chile.

PALABRAS CLAVES: Nahuelhuapi, Patagonia, misión.


ABSTRACT

In the oriental slope of the Andes, in the margins of the Nahuelhuapi Lake, the Jesuits of the Colegio de Castro of Chiloe, unsuccessfully tried during the XVII and XVIII centuries to maintain a native mission and settlement with not only the objective to convert puelches and poyas, but also to establish there a point of access or an operational base to missional and exploratory journeys between the Patagonia and the Strait of Magellan. The devotion of the evangelist appeared in this endeavor, but also the strategic interests towards these lands beyond the Andes, from the authorities from the Chiloe province and the central kingdom of Chile.

KEYWORDS: Nahuelhuapi, Patagonia, mission.


1. INTRODUCCIÓN

 Durante el período colonial, Nahuelhuapi se llamó no sólo al lago que lleva ese nombre, sino también a su área adyacente. El lago Nahuelhuapi está situado en la latitud 41° sur, en la vertiente oriental de la cordillera de los Andes, próximo a ella, en actual territorio argentino, pero durante los siglos coloniales era territorio correspondiente a la gobernación de Chile, sin presencia española y habitado por dos grupos étnicos distintos, puelches y poyas, ambos grupos cazadores y recolectores seminómadas1. Por su situación geográfica se le llamaba, por entonces, puerta de entrada a la Patagonia, por ser el área mas septentrional de ella, desde donde se extendían las pampas hasta el extremo austral del continente.

El área de Nahuelhuapi era una zona marginal dentro de otra frontera: la frontera huilliche o de arriba2. Esta correspondía al sector sur del llamado Estado de Arauco, como se denominó al territorio recuperado por sus habitantes mapuches y huilliches como consecuencia del levantamiento general iniciado en 1598. La frontera de arriba correspondía a la parte más austral de la Araucanía (o propiamente La Frontera), y se extendía, de norte a sur desde el río Toltén hasta los fuertes situados en la tierra firme de la provincia de Chiloé. Estos eran Calbuco y Carelmapu, levantados por los vecinos sobrevivientes del sitio de Osorno que buscaron refugio en dicho territorio perteneciente a la jurisdicción de Chiloé, para servir de contención ante los ataques de juncos y huilliches y poner en resguardo a la provincia, pero también como lugares de avanzada o de salidas a campeadas o malocas. En este contexto, la zona de Nahuelhuapi era el sector trasandino de esta frontera huilliche.

Esta frontera de arriba era un territorio sin ciudades. Valdivia fue repoblada en sólo en 1645, pero como plaza fuerte y presidio, a espaldas del enemigo interno, como lo llama Gabriel Guarda y de cara al Pacífico. Completamente impenetrable por impedirlo los juncos y huilliches, ocultaba las ruinas de Osorno, los antiguos lavaderos de oro trabajados por los nativos encomendados, y la zona del lago Nahuelhuapi, que había estado conectada con las ciudades más próximas de Villarrica, Valdivia, Osorno y Castro. Después de la gran rebelión, la presencia hispana fue más que real, un proyecto de ocupación, y todo vínculo con Nahuelhuapi se tenía o pensaba tener desde Chiloé y no desde Chile Central - por impedirlo la frontera mapuche -, a pesar de que la provincia de Chiloé había quedado escindida del reino, aislada y postergada, con un vínculo marítimo que se reducía a un barco anual que la proveía desde el Perú y permitía la salida de sus tablas de alerce y sus jamones ahumados.

Los intereses sobre la zona de Nahuelhuapi cubren todo el período colonial. El acceso presentaba obstáculos, como la Cordillera de los Andes, que actuaba como barrera, más que por su altura, por la geografía entrecortada de lagos, ríos, estuarios, impenetrables bosques, y la lluvia constante. No era un territorio rico, no se habían encontrado indicios de oro ni metales preciosos, sus habitantes eran cazadores pampeanos seminómadas que siempre habían demostrado oposición a la presencia hispana. Sin embargo, el interés se despertó tempranamente. ¿Por qué?

Fig. 1 Nahuelhuapi en los siglos XVII y XVIII.

 

2. LAS ENTRADAS A NAHUELHUAPI DEL SIGLO XVI

El lago y sus áreas adyacentes habían sido reconocidos desde los inicios de la Conquista. Estuvo en esos parajes, hacia 1551, Jerónimo de Alderete, comisionado por Pedro de Valdivia, quien reconoció la zona de Neuquén para inspeccionar los territorios comarcanos a la actual ciudad de su nombre al otro lado de la cordillera. Al verano siguiente, 1552-1553, Valdivia envió a Francisco de Villagra, del que se sabe que cruzó la cordillera por el paso de Villarrica y avanzó 70 leguas al sur, donde fue detenido por las lagunas del río fugaz de Limucan (río Limay). Es decir, habría avanzado por el área de Nahuelhuapi y transitado el boquete que más tarde se emplearía desde la ciudad de Villarrica.

Probablemente luego de las exploraciones iniciales comenzaron las malocas desde Villarrica y Osorno con el objeto de proveerse de mano de obra. Se sabe que los habitantes de los terrenos cercanos al lago, en número indeterminado, fueron desarraigados y trasladados a dichas ciudades. Es obvio que este servicio se interrumpió con la rebelión de 1598, y no sabemos si los trasladados regresaron a sus lugares de origen.

Fray Francisco Ramírez, en el Cronicón Sacro-Imperial, asegura que esas latitudes fueron no sólo exploradas y maloqueadas, sino efectivamente ocupadas. Refiriéndose a la orden mercedaria, afirma que las ciudades y conventos de Villarrica y Osorno extendieron sus dependencias y conquistas espirituales por los valles orientales de los Andes hasta la famosa laguna de Nahuelhuapi3, proyección natural hacia el este si se considera que a esa altura de latitud la cordillera de los Andes se presenta más baja que en el centro de Chile y da más posibilidades de pasos. Sin embargo, las fuentes no mencionan que se haya fundado una misión con casa y misionero en algún paraje del lago antes de la pérdida de las ciudades del sur.

El franciscano Miguel Ascasubi trata de probar que hubo una misión y que fue fundada por frailes traídos por Fray Antonio de San Miguel, el primer obispo de La Imperial4, pero nada puede afirmarse acerca de la existencia de esta misión, porque no hay datos concretos, y más bien parece improbable que se haya fundado allí5 .

Tampoco se sabe sobre casas, explotaciones o haciendas en la zona, salvo suposiciones, aunque la expedición comandada por Jerónimo Luis de Cabrera, que en 1622 salió desde Córdoba por tierra hacia el estrecho de Magallanes, se enteró de que más hacia el oriente del camino que seguían, cercano a los Andes, podían verse árboles frutales y fragmentos de ladrillos, lo que correspondería, según Latcham, a rastros de las muchas encomiendas al oriente de la cordillera6.

El área al norte de Nahuelhuapi, perteneciente a la jurisdicción de Chile, despertaba interés en el siglo XVI por ser territorio adyacente al camino existente entre Villarrica y Buenos Aires. Se sabe que transitaban carretas hasta dicho puerto por un abra o canal que hay en sus inmediaciones [de Villarrica], tardando no más de 40 días en el viaje, como se recordaba en 1780, recogiendo noticias proporcionadas por los antepasados de Chiloé7. Latcham agrega que era bastante traficado y patrullado por tropas destacadas de Villarrica8. No sabemos si desde Osorno había comunicación y tráfico hacia Buenos Aires, aunque la cordillera permite paso por esa latitud, y lamentablemente, la documentación rescatada antes del sitio y destrucción de Osorno se perdió en Chiloé por negligencia o en un incendio. Luego de la gran rebelión y retroceso urbano hasta la línea del Bío Bío, el camino Villarrica-Buenos Aires, debió quedar intransitado, abandonada la supuesta misión, y postergado todo interés por los pasos cordilleranos.

La intención de someter a puelches y poyas por medio de malocas en el siglo XVI se inserta en el más amplio contexto de salir al Atlántico por la vía de Nahuelhuapi e incorporar de hecho la Tierra Magallánica. Cuando Pedro de Valdivia envió a Francisco de Villagra a descubrir por tierra el Mar del Norte, ese territorio no estaba dentro de su jurisdicción, pero deseaba brindárselo a Carlos V y convencerlo de que debía agregarlo a las provincias de Chile. Villagra, cuando fue gobernador de Chile entre 1561 y 1565 quiso hacer lo mismo, y envió a Pedro de Leiva a intentar ese descubrimiento. Más tarde, el gobernador Martín García Oñez de Loyola (1592-1598) propuso a la corte un plan con idéntico fin, cuando el estrecho de Magallanes y su territorio septentrional ya estaban agregados a las provincias de Chile9. Así, hubo dos objetivos para controlar el área de Nahuelhuapi en el siglo XVI: procurarse un puerto en el Atlántico para una más expedita comunicación con España; y encontrar la ciudad de los Césares, que se suponía en algún lugar de la Patagonia.

3. LAS ENTRADAS DEL SIGLO XVII

Después de 1598 en el sur del reino de Chile sólo el archipiélago de Chiloé permaneció en manos españolas, pasando a constituir un enclave dentro del territorio perdido. Se maloqueaba a los puelches y poyas, ya no desde Villarrica y Osorno - ahora destruidas - sino que desde Carelmapu y Calbuco, desde donde también se hacían entradas a los juncos y huiliches. Las malocas tuvieron su contrapartida en las incursiones de pillaje de los montaraces puelches y poyas hacia el oeste. Diego de Rosales, que pasó a la otra banda de la cordillera frente a Villarrica en 1653, dice que los indios serranos de Purailla, situados en los contornos del lago de Todos los Santos, vecino al de Nahuelhuapi, efectuaban correrías contra los establecimientos españoles de Chiloé. Bajaban por el desaguadero de Purailla (río Petrohué), luego armaban sus dalcas en el lago de Güeñanca (lago Llanquihue), lo navegaban con rumbo al norte e iban a maloquear a los habitantes de los llanos situados al sur de la ciudad de Osorno. Aunque las incursiones bélicas se hacían por ambos bandos, la aspereza y fragosidad de las serranías favorecía a los indígenas, de modo que estos últimos volvían a los robos y asaltos antiguos, y sólo se refrenaban mientras les escocía el dolor de las armas españolas10.

Al igual que en el siglo anterior, el poder controlar Nahuelhuapi significaba, en la primera mitad del XVII, proyectarse hacia la Tierra Magallánica. Esta era un área todavía desconocida y de la que se daban imprecisiones generosas sobre sus límites, porque se especulaba que desde los márgenes del lago salían los valles y pampas prolongándose hacia el este y hacia el sur, pero ignorándose cuán lejos estaba el confín del continente. Desde Chiloé se visualizó que el lago podría ser la puerta de entrada al Estrecho, aprovechando que era una zona accesible a los chilotes, tal como se había pensado hacerlo desde Osorno antes de que fuera destruida. Aquellos extensos territorios australes - pampas interminables dicen los documentos -, aún no ocupados por la Corona, pertenecían de derecho al Reino de Chile, y jurisdiccionalmente a Chiloé, desde dónde salían expediciones que intentaban conseguir noticias o fundar establecimientos11.

¿Qué era Nahuelhuapi en el contexto geográfico de la Patagonia? Cuando Felipe de la Laguna se refiere al territorio de los poyas en 1704, dice que se extiende este país hasta el estrecho que llaman de Magallanes, y tiene por aquel lado más de 100 leguas, y del lado del Mar del Norte tiene muchas más12. Por lo tanto Nahuelhuapi venía a ser sólo un punto extremo de un vastísimo territorio ocupado por la etnia tehuelche, que superaba con mucho la comarca del lago. Pero precisamente allí, en el área del lago, éstos interactuaban con puelches y pehuenches. Y allí también se unieron los intereses estratégicos de la Corona, representados por el gobierno de Chile, y los misionales de la Iglesia, que buscaba la conversión de los indígenas.

La multitud de almas que habitaba las pampas interminables era una creencia incentivada desde la exploración que en 1620 hizo desde Chiloé el capitán Juan Fernández. En esa ocasión un indígena ilustró al grupo sobre el número de naturales que había hacia el sur de Nahuelhuapi: cogiendo muchos puños de arena, los echaba al aire diciendo que él guiaría, más que supiésemos que había más indios que granos de arena tomaba él en las manos13. Esta y otras noticias, además de estimular los proyectos misionales, interesaban por la abundante mano de obra disponible.

La entrada del capitán Fernández a Nahuelhuapi la dispuso el gobernador de Chiloé, Diego Flores de León, y fue este último el que redactó un informe que presentó al rey en 162114. Fue una expedición de envergadura, compuesta de 46 hombres que se embarcaron en dalcas a fines de 1620 en el fuerte de Calbuco. Fueron cosiendo y descosiendo sus embarcaciones - se armaban amarrando su tablazón cuando la ocasión lo pedía - para hacer parte del camino por mar y parte por tierra. Llegaron a Nahuelhuapi donde conocieron a los puelches y supieron que éstos confinaban con los poyas. Aunque la expedición de Fernández no llevaba la intención de fundar algún puesto para permanecer en la laguna (que así se le llamaba en Chiloé)15, permitió al menos el reconocimiento del paraje y sobre todo, dejó abierto el tránsito desde el archipiélago. El derrotero seguido por este grupo fue el que cruzaba dos grandes lagos, conocido después como el camino de las lagunas. Desde el fuerte de Calbuco por mar hasta Ralún, pasando de allí al lago Purailla y luego por tierra hasta el de Todos los Santos, para volver a armar las dalcas, cruzarlo e ingresar al río Peulla remontándose a Nahuelhuapi, cubriendo 33 leguas desde el lugar de origen.

Esta ruta fue la que se siguió en adelante. Benjamín García supone que el cruce de la cordillera que hizo Fernández y su gente fue por el actual Paso de los Raulíes o quizá por el de Pérez Rosales, luego la navegación por Nahuelhuapi hasta su desagüe en el río Limay, para seguir por el margen derecho de ese río, y después regresar deshaciendo lo andado16. Cuando Flores de León relata el viaje no manifiesta que hubiera habido una gran dificultad del grupo por alcanzar el lago, lo que hace suponer que avanzaron por terreno conocido, siguiendo tal vez el mismo derrotero de los grupos maloqueros chilotes.

José Toribio Medina y García Gorroño sostienen que Juan Fernández realizó dos viajes a la Patagonia. En el primero, ya relatado, reconocieron el lago luego de seguir la ruta del río Peulla. Un segundo viaje, descrito como otra maloca y entrada, se hizo tal como el primero, internándose por el seno de Reloncaví, pero navegando esta vez por el río Puelo. No se menciona el número de hombres ni la fecha, sólo que cruzaron la cordillera y siguieron 20 leguas hacia el sur hasta alcanzar la meseta patagónica17, donde se toparon con dos indios, el uno puelche y el otro de la tierra adentro que tenía las narices horadadas como los del Perú. Este último les dijo que un barco había recalado en una isla hacia el estrecho, pero Fernández no acudió a su inspección por temor al gran número de naturales que se dijo había hacia el sur, y por ser poca la gente con que iba18. Regresaron, concluyendo de este modo el segundo de los viajes que Fernández hizo desde Chiloé.

Por último, en el siglo XVII se suma otro objetivo para controlar Nahuelhuapi, que es el de abrir la comunicación de Chiloé con Chile Central por esa vía, porque desde el lago era posible tomar camino hacia el norte por la vertiente oriental, buscar un paso a la altura de Valdivia o de la plaza de Concepción y desde allí al resto del reino.

Casi toda la documentación que se conoce sobre la fugaz misión de Nahuelhuapi ha sido escrita por religiosos, por lo que los relatos abundan en elogios a los misioneros destacando su actitud de santos y mártires. La presencia jesuita en el lago se considera como una hazaña, y a los indios como infieles y supersticiosos que se oponían a la santa voluntad de los padres. Abundantes ejemplos se encuentran en Francisco Enrich, Historia de la Compañía de Jesús en Chile, en la Historia homónima de Miguel de Olivares, o en Antonio Egaña, en su Historia de la Iglesia en la América Española19. No existen libros parroquiales ni informes de civiles, y todo lo que sabe de ella fue escrito en primera persona por los propios misioneros, haciendo hincapié en las travesías para alcanzar la laguna, pero muy poco acerca de la vida cotidiana con los naturales, el funcionamiento de la casa misional u otros asuntos domésticos. Hubo tres incendios en el período en que funcionó la misión, en 1703, 1715 y 1717, que pudieron haber destruido la documentación. Y aunque han llegado hasta nosotros papeles en que se describen aspectos religiosos y cotidianos de otras misiones jesuitas, prácticamente nada se sabe de Nahuelhuapi20. Por lo mismo, esta misión ultracordillerana aparece envuelta en el misterio, además de hallarse tan apartada que para comunicarse había que vencer la barrera andina.

Gabriel Guarda menciona una temprana fundación de la misión de Nahuelhuapi en el siglo XVII, anterior a la de Mascardi, como consecuencia de las paces promovidas a propósito de la repoblación de Valdivia, 1645. Los indígenas, como súbditos del rey, aceptaron recibir religiosos para su evangelización y se establecieron algunas misiones atendidas desde Valdivia, como la de Toltén Bajo, fundada en ese mismo año. Guarda dice que también se fundó la misión de San José y la de Nahuelhuapi, en 1647, con el título de Nuestra Señora de la Asunción de Poyas21, pero es el único que menciona esta temprana fundación y no cita ningún documento que lo pruebe.

Más tarde, Diego de Rosales inauguró los viajes con objetivos misionales a la otra banda de la cordillera - aunque no llegó a Nahuelhuapi -, viajes que comenzaron en el XVII y se prolongaron durante el XVIII. La causa habría sido similar a la de Mascardi, que aparece como actor principal años después. Rosales viajó en 1653 desde la misión de Boroa, en la frontera mapuche, hacia las tierras de los puelches, por el camino que se había utilizado antes desde Villarrica. En este viaje conducía a un grupo de puelches capturados en una maloca que desde Chiloé lideró el vecino de Castro, Luis Ponce de León. Rosales se había quejado de esta guerra injusta ante el gobernador del reino, Antonio de Acuña y Cabrera, porque a su juicio los puelches no habían sido enemigos, ni tomado las armas, ni cometido traición alguna, ni dado motivos para ser castigados22, es decir, estaban exentos de la cédula de 1608. El gobernador de Chile dispuso que el mismo Rosales los devolviera a sus tierras, y así cruzó la cordillera con 44 piezas23. Además, este viaje habría pretendido neutralizar a los puelches para que no se sumaran a posibles alzamientos mapuches, aunque estos últimos acababan de firmar la frágil paz de 1646. Rosales estuvo en sus tierras, pero, al parecer, sin llegar a Nahuelhuapi. No obstante, se habría dado cuenta de la importancia que significaba mantener presencia en la zona24.

Como consecuencia de su viaje los puelches ofrecieron relaciones pacíficas. Como prueba, Rosales les dio cartas para que las llevaran hasta Chiloé e inaugurar de este modo la comunicación entre el centro del reino de Chile y aquella provincia por la vía ultracordillerana del lago, por no haberlo por entonces sino por mar y eso de año en año25. Sin embargo, en esa época no pudo lograrse la deseada comunicación porque cuatro españoles enviados desde Chiloé fueron cautivados y muertos en un alzamiento general antes que cruzaran la cordillera, de modo que no alcanzaron a llegar a Nahuelhuapi26.

El trato con los puelches prueba que la otra banda del macizo andino era, desde un principio, reconocido como perteneciente al reino de Chile. Por otra parte, el intento de evangelizar a los puelches obedecía a un plan más ambicioso de pacificación de los mapuches y de toda la frontera por medio de misiones, proyecto que se frustró ese mismo año de 1653. Diecisiete años más tarde llegó a Nahuelhuapi el misionero jesuita Nicolás Mascardi, quien logró fundar un establecimiento en 167027.

4. NICOLÁS MASCARDI Y LA MISIÓN DE NAHUELHUAPI: 1670-1673

A raíz de las correrías y por el conocimiento general de que la zona del lago estaba densamente poblada, Mascardi, jesuita del colegio de Castro, quiso plantar allí una misión-reducción. Los jesuitas veían a Nahuelhuapi como un punto de avanzada al estrecho de Magallanes, centro de operaciones que serviría de puerta y escala para la conversión de todas aquellas naciones que se aseguraba existían desde allí hacia el sur28, pero que no eran posibles de identificar cabalmente, excepto con el nombre genérico de patagones (tehuelches). Nada se podría conseguir si el lugar físico de la misión no fuera suficientemente cercano y accesible desde Chiloé como para permitir la comunicación vital. Al respecto, dice Miguel de Olivares que los padres Mascardi, primero, y Felipe de la Laguna, después, juzgaron que para plantar la misión, este paraje de Nahuelhuapi era el más cómodo por la necesidad que había del comercio con los españoles [de Castro] para la manutención de los misioneros, pues era necesario conducir [desde Chiloé] harina para hostias y vino para celebrar, porque para comer y beber poco se podía gastar de uno y otro, y toda la ropa para vestir a la gente y a los mismos padres29.

Mascardi resulta ser una figura emblemática por su determinación y empeño en permanecer aislado en un medio geográfico tan hostil. Por iniciativa propia quiso ir personalmente hasta el lago e instalarse allí, casi completamente incomunicado, y sin resguardo militar, para intentar adoctrinar a una nación seminómada. Y aún más, peregrinar hacia el sur para descubrir nuevas etnias hasta entonces desconocidas, y recoger noticias sobre la supuesta población oculta de los Césares30 .

Llegó a Chile desde Italia en 1651. Luego de haber prestado servicios a la Compañía en Chillán, Buena Esperanza y Maule, fue nombrado por Diego Rosales - que por entonces era vice-provincial de la orden en Chile -, como primer rector del colegio jesuita de Castro, en 1662. Era la época de malocas a juncos, osornos, puelches, poyas y chonos, todos fronterizos del archipiélago, entre las que se cuenta la incursión practicada por orden del gobernador de Chiloé, Juan Verdugo en 1666, a tierra del enemigo de la otra banda de la cordillera, presumiendo que estaban rebelados contra el rey. Valiéndose de la cédula de 1608 sobre la esclavitud de los alzados cogidos en guerra, Verdugo argumentó que los poyas de Nahuelhuapi alentaban a los de Arauco en su resistencia31 . Como era común en este tipo de entradas, en esa ocasión capturaron muchas piezas, llevadas a Chiloé para ser vendidas como esclavos.

Mascardi, liderando a los jesuitas que llevaban con buenos resultados la misión de Chiloé con sede en Castro, gestionó con las autoridades la libertad de estos desafortunados. Al parecer logró influir en el gobernador de la provincia, Francisco Gallardo, porque este último da cuenta en una carta de 167032 su rechazo a esta práctica ilegal (no había razón para coger a los puelches o poyas como esclavos, no estaban en guerra con los españoles ni se les podía aplicar la real cédula de 1608), y puso en libertad a los indígenas. El mismo Gallardo prometía hacerse responsable de esta libertad si la real audiencia determinaba que se había actuado mal, o si los indios debían ser restituidos a sus dueños. En este último caso, Gallardo les pagaría su valor33 .

Mientras los poyas (así denominados por Mascardi, aunque Gallardo se refiere a ellos como puelches) estuvieron cuatro años cautivos en Chiloé, el jesuita se dedicó a aprender su lengua, se ocupó de su evangelización en persona y nombró fiscales34 . Una vez resuelta su libertad Mascardi quiso restituirlos personalmente a sus lugares de origen para llegar hasta la nación de los poyas, a quienes consideraba como proclives a la doctrina. Para allanar el camino estimó necesario dar a conocer sus intenciones en tierra de puelches por medio de cartas en lenguas nativas, que envió a los caciques de Nahuelhuapi. Pero éstas no llegaron. Un cacique del camino impidió el paso a los correos porque no le hacían regalos como a los otros, dice Hanisch, manifestando con ello la manera en que se desenvolvían las relaciones en la frontera. Después, envió a Nahuelhuapi a sus fiscales para que preparasen a la gente.

Finalmente, el viaje se hizo. En el grupo iba una cautiva a la que llamaban reina, por ser la mujer de un cacique principal… que vivía en los confines del estrecho de Magallanes35 , y todas las piezas que se habían cogido en la última maloca36, 31 cautivos37 . Su objetivo era descubrir animoso en lo último de las indias occidentales, las tierras de los puelches y poyas, que ninguno hasta entonces había penetrado38 . Y también lo alentaba la esperanza de encontrar a los Césares perdidos por aquellos parajes, de los que supo a través de los mismos indígenas que aseguraban su existencia, especialmente la información que aportó la reina, quien le contó de una población de españoles situada cerca del estrecho. Mascardi quiso ir a su encuentro.

Para la entrada misional logró conseguir el apoyo de su superior, Diego Rosales, y del gobernador de Chiloé, respaldos necesarios para obtener, a su vez, la aprobación del gobernador del reino y del virrey del Perú. Finalmente Mascardi obtuvo autorización para descubrir y fundar misiones39 en tiempos en que contemporáneamente se impulsaban y sostenían otras similares en Chiloé, dependientes del colegio de Castro. Estas eran calificadas de gloriosas, como la misión circular, de tanta fama por sus frutos, a pesar de exigir largos periplos por mar en frágiles dalcas conducidas por indios remeros al servicio de la Compañía. Mascardi conoció de cerca esta misión volante de Chiloé y valoró el esfuerzo misional que ahora él quería extender a la pampa y Patagonia.

El viaje lo realizó en 1670. Después de llegar a la tierra firme de Carelmapu, navegar el río Peulla y cruzar el lago Todos los Santos, subió los Andes, y en la cumbre de una montaña, donde empecé a divisar - dice Mascardi - las cordilleras y campañas de esta banda, planté y levanté una cruz. Al pie de ella rezó en lengua de los indios junto a los que con él iban, así fieles como infieles. Y luego dijo en alta voz que en nombre de la Santísima Trinidad, Padre, Hijo y Espíritu Santo, tomaba posesión de todas las almas y las restituía a Nuestro Señor Jesucristo que las había redimido con su sangre. En señal de la toma de posesión, dice, mandé tocar trompeta y disparar dos veces la pieza de campaña que llevaba conmigo, que era un arcabuz…40.

Si creemos en la fidelidad de su relato, su llegada debió haber sido impresionante para los indígenas del área por la magnitud del evento y los símbolos y ritual utilizados. Al desembarcar a orillas del lago halló a todos los puelches y poyas comarcanos, que se habían reunido a recibirlo. Incluso llegaron muchos caciques de las tierras del norte, que corren hacia Unolbilu. Lo esperaban con una cruz plantada en la playa, y muchos arcos, como si fueran antiguos cristianos, dice el jesuita. El recibimiento lo hicieron por separado cada etnia o nación. Primero se acercaron a darles la bienvenida los puelches, entre los que se destacó un anciano que portaba una cruz en las manos, y decía haber sido bautizado hacía unos 46 años, en Chiloé, es decir, hacia 1624. La ceremonia continuó cuando se aproximó a un alto donde lo estaban esperando a caballo los principales caciques poyas, que también habían puesto arcos cada cierto trecho en el campo abierto. Una vez que llegó a su vista, antes de hablar, empezaron a escaramucear y a dar carreras de contento41.

Según Enrich, Mascardi fundó una misión en la orilla norte del lago, formada de una pequeña capilla y un miserable rancho, armados de palos y ramas, cubiertos con un techo de paja42 y situada posiblemente en la actual península Huemul. Eligió el sitio por estar en el comedio de un territorio desde donde se podría asistir a los cuatro puntos cardinales43 . La información sobre Mascardi expedicionando en la Patagonia no hace referencias al desenvolvimiento de la recién fundada misión en el lago, aunque debe suponerse que un religioso ayudante quedaba en ella mientras Mascardi andaba de viaje. Sus cartas las remitía desde Poyas, sin indicación de lugar.

Realizó desde allí cuatro viajes al confín del continente; el primero, para llevar a sus tierras a la reina y parte de los cautivos que no eran de Nahuelhuapi. En febrero de 1671 informó al gobernador de Chile y al virrey de sus acciones y la buena acogida que había recibido por parte de poyas y puelches. En respuesta, el virrey Conde de Lemus, según carta de marzo de 1672, le mandó un obsequio de 200 ducados en plata, varias medallas y estampas, y una imagen de la Virgen para la capilla de Nahuelhuapi44 , aprobando con este gesto su interés por la misión. Sobre sus viajes se decía, gráficamente, que varias veces dio vuelta por tierra hasta el estrecho de Magallanes con su sola cruz45, en todos los cuales el misionero iba buscando a los Césares. Emprendió una cuarta y última salida a fines de 1673, pero fue muerto por los poyas a boladas y hachazos. A raíz de este hecho su compañero en Nahuelhuapi se retiró a Chiloé y abandonó la misión, poniendo fin a la primera presencia de la Iglesia en el lago.

En marzo siguiente el gobernador de Chiloé, Francisco Gallardo, quiso saber de la muerte de Mascardi, enviando cuatro indios a Nahuelhuapi, acompañados de igual número de españoles. Al llegar al lago les informaron que el jesuita había sido muerto cerca del estrecho46 junto con el gobernadorcillo Francisco Manquehuenay y otros cuatro indios de Chiloé. Los enviados comunicaron a Gallardo que encontraron a los de Nahuelhuapi muy sentidos por lo sucedido, y que estaban todos bajadas las caras, que es entre aquella nación luto47.

Un documento contemporáneo a Mascardi da cuenta de su ascendiente entre los indios. Lo identificaron como el remedio, en cuanto a que desde su llegada fructificaban sus sementeras sin experimentar necesidades48. A su muerte, su vida adquirió caracteres de leyenda. Se hablaba de él como mártir y santo varón, tanto que el mismo año de su deceso el gobernador de Chiloé aseguraba no haber pluma que describa los prodigios y milagros que dicen que obraba en aquellas provincias aquel varón insigne, y hasta se decía que levitaba cuando estaba en oración49 . Exageraban los jesuitas al decir que había convertido más de 16.000 indios50, recibió el apelativo de venerable, y a casi 100 años de sus recorridos se ponderaba su gesta afirmando que había predicado a innumerables gentes, las que todas a excepción de una sola parcialidad, no solamente se mostraron inclinados a oír la predicación del venerable padre, sino que también muchos millares se rindieron a la verdad de la fe, recibiendo el santo bautismo51.

Lo fabuloso de los viajes de Mascardi, por lo remoto de sus exploraciones, quedó en la memoria de los jesuitas y de los españoles de Chiloé. Su mérito fue haber sido el primero en llegar a conocer etnias hasta entonces ignotas a quienes predicó, así como proclamó la existencia de un gran número de almas. Con su muerte esas naciones permanecieron en su secular aislamiento, pero los misioneros, primero jesuitas y luego franciscanos, mantuvieron la ilusión de restablecer contacto con ellas.

5. INTENTOS POR CONSERVAR LA MISIÓN JESUITA

Desde Mascardi, Nahuelhuapi pasó a ser un quimérico punto de partida de proyectadas expediciones religiosas y de exploración por tierra hacia la Patagonia y el estrecho de Magallanes. Era una quimera, porque esos territorios permanecieron casi completamente desconocidos durante todo el Período Colonial.

Después de la muerte de Mascardi y el abandono de la misión las autoridades de Santiago de Chile y la Compañía comenzaron a preocuparse de su rehabilitación52, lo que sólo se hizo efectivo en 1703. Pero al menos en la documentación consta que después de Mascardi hubo presencia misionera desde 1684, o tal vez antes. Ese año, al parecer, había dos misioneros jesuitas allí, para la doctrina y enseñanza de los indios gentiles de Nahuelhuapi, porque a petición del procurador de la Compañía en las Indias, el rey Carlos II ordenó en 1684 que se pagara a los religiosos de aquella misión el mismo sínodo que a los otros del reino53, con el evidente propósito y la esperanza de que se restableciera, estando nuevamente cultivada, dice el documento, por considerarla igual de fructífera que la de Chiloé y Valdivia54. Quizá se trataba sólo de un proyecto. Por el jesuita Ignacio Alemán sabemos que dos años después, en 1686, el virrey del Perú, duque de la Palata, pidió al provincial de la Compañía en Chile que a su costa enviase dos misioneros. Y así se ejecutó55, autorizando al gobernador de Valdivia, Francisco Hernández de Cifuentes, para enviar padres de la Compañía a Nahuelhuapi56. Por eso, en 1688, en el Catálogo de Chile de la orden jesuita, figura José de Zúñiga, hijo del ex gobernador del reino, marqués de Baydes, como superior de la misión de poyas o Nahuelhuapi, y José Ignacio Burger como compañero57. Pero esta no era una misión situada en el mismo Nahuelhuapi, como la de Mascardi, sino a unas 14 leguas al norte del lago, en el territorio del cacique Calihuaca, al otro lado de la montaña de Rucachoroi, en el camino de Valdivia a Nahuelhuapi58, puesta ahí para allanar dificultades y restablecer la del lago.

Sin embargo, esta misión proyectada y sostenida desde Santiago no prosperó. En noviembre de 1689 el gobernador del reino, José de Garro, pidió al padre Ferreira, provincial de los jesuitas en Chile, que retire y desista del viaje y misión que entre puelches y pehuenches anda haciendo el padre Zúñiga. Había sido avisado que ambos grupos indígenas se encontraban en guerra, poniendo en peligro al misionero59, amparados además por la distancia y fragosos caminos60. Pero la razón verdadera, y el mismo Garro lo dice, era por no poder tomar satisfacción [de la misión] sin hacer grandísimos gastos61.

Entonces Zúñiga obedeció, se retiró a Chiloé, y abandonó también la misión su compañero José Ignacio Burger62. Los jesuitas reprobaron el acto y consideraron que Garro actuó por razones no muy sólidas63. Por entonces, fines del siglo XVII, las misiones en la frontera mapuche se mantenían resguardadas anexas a los fuertes y atendidas por el ejército de la frontera. En cambio, no ocurría esto en Nahuelhuapi, donde nunca se fundó un fuerte porque quizá se vería en ello un acto sin sentido: habría estado en un inmenso territorio desconocido, rodeado de indígenas seminómadas, abiertamente hostiles y con los que no se tenía ningún trato, casi incomunicado y alejado a varios días de los del Bío Bío, resultando difícil socorrerlo.

6. EL INESTABLE RESTABLECIMIENTO DE LA MISIÓN: 1703-1717

En cambio en Chiloé se mantenía comunicación con Nahuelhuapi. Los sucesos que terminaron con la muerte de Mascardi no interrumpieron los contactos entre los indígenas de las inmediaciones del lago y la provincia de Chiloé. Prueba de ello es la expedición que fue a la Patagonia a fines de marzo de 1674 enviada por el gobernador de Chiloé, Francisco Gallardo, para informarse de las circunstancias de la muerte de Mascardi, aunque en realidad, iba a explorar las tierras hacia el Estrecho, a la par que la armada de Antonio de Vea lo hacía por mar64.

Por entonces los puelches buscaban apoyo en Chiloé para sus guerras contra los poyas. Se sabe que Domingo Sánchez Navarro, capitán reformado de Chiloé, estuvo en tierra de los puelches en algún momento entre 1688 y 1691 a petición de éstos, que se sentían amenazados de una invasión de los poyas65. Tampoco se detuvo el comercio entre Nahuelhuapi y Chiloé, porque más tarde, en 1710, dice Felipe de la Laguna que estando destinado en la misión de Castro, vio a indígenas ultracordilleranos que bajaban a comerciar a Chiloé66.

Como hemos dicho, en 1688 se restableció la misión a cargo del padre Zúñiga67, aunque no en Nahuelhuapi, sino en Calihuaca. Cuando al año siguiente tuvo que retirarse a Chiloé, siguió presente la intención de mantener la misión, a pesar de la negativa de los indios intermedios entre Valdivia y el lago, y de la dificultad del acceso desde Chiloé. El procurador general de la Compañía de Jesús en la provincia de Chile, Antonio Alemán, pedía en el año 1700 restablecer cuanto antes la misión habilitándola con cuatro misioneros. Dos de ellos tendrían la labor de predicar la doctrina a la gente y los otros dos religiosos debían marchar a la tierra arriba para el sur, atrayendo a las  pobladores indígenas, es decir, reducirlos a pueblos o asentamientos que los hicieran más controlables68. Esta internación, como todas, tenía asimismo la finalidad de encontrar a los Césares, y el objetivo político de afianzar la posesión de los dominios del rey de España, procurando que se pueble el estrecho de Magallanes y la Tierra del Fuego, todas tierras de la gobernación de Chile69.

Más tarde, en 1710 el provincial intentaba convencer al monarca sobre que Nahuelhuapi y no Buenos Aires fuera considerado precisamente el lugar desde donde se concretaría la conversión de los indios de la Patagonia. Añadía el atractivo argumento de los Césares, diciendo que además, podrían hacerse otros muchos descubrimientos de poblaciones de náufragos70.

Nahuelhuapi era, entonces, puerta de gentiles71,  y se concebía no sólo como una misión sino un punto de proyección. Se le llama provincia. En una carta sin fecha, pero probablemente de 1705, Ignacio Alemán solicitaba al rey 50 nuevos misioneros por los nuevos descubrimientos de diferentes naciones en los términos de la dilatada laguna de Nahuelhuapi y de los indios poyas, confinantes con el estrecho de Magallanes…72. Con la nueva fundación de la misión en 1703, se pensaba sería fácil avanzar hacia el sur por los terrenos llanos, aunque, según el nuevo provincial de la Compañía en Chile, Gonzalo de Covarrubias, la Corona señaló y despachó [no indica fecha] desde Europa una misión de jesuitas con el objeto de fundar una misión hacia el estrecho de Magallanes, mandando al mismo tiempo al provincial de la Compañía en Paraguay para que escogiese y enviase misioneros que fuesen con una escolta de soldados provista por el gobernador de Buenos Aires73. Covarrubias apunta que aunque se despacharon varias cédulas para este fin, no llegaron a tener ejecución. Él, como seguramente todos los jesuitas afincados en Chile, estimaba que la conquista espiritual de la Patagonia debía hacerse desde Nahuelhuapi y no desde Buenos Aires, como proyectaba el rey.

Cuando se restableció la misión en 1703, hacía 30 años que estaba prácticamente abandonada, excepto el paréntesis de Calihuaca. Se refundó en el lago por resolución de la Junta General de Misiones que se celebró el 3 de julio de ese año74, y por acuerdo de real hacienda, cuando era gobernador del reino Francisco Ibáñez de Peralta75. Se acordó asignar 1.000 pesos anuales de sínodo con cargo al situado, a los dos jesuitas misioneros. En este caso, se hablaba de la misión de los indios que residen en las reducciones de Nahuelhuapi, que está en la provincia de Chiloé76, es decir, era dependiente temporal y espiritualmente de Chiloé, pero económicamente del situado de Valdivia, que incluía el sínodo. De todas formas, tanto Valdivia como Chiloé recibían el situado que pagaba el rey por medio de las cajas reales del virreinato. Gabriel Guarda sostiene que la misión era dependiente de la jurisdicción de Valdivia. Esto supondría que el límite oriente de la plaza se modificó, prolongándose hasta el área del lago para abarcar la misión77. Para Vázquez de Acuña, en cambio, la misión siempre perteneció espiritualmente al colegio de Castro y jurisdiccionalmente al gobierno de Chiloé, con independencia de la vía por donde llegaba el sínodo. Nosotros creemos lo mismo.

Hay documentos sueltos acerca de los pagos de este sínodo. En octubre de 1704, a un año de ser restablecida la misión, el teniente de veedor del ejército dice que ha devengado 1.041 pesos y 5 reales, y tiene recibidos a cuenta 200 pesos de la caja real de Santiago78. En 1708 también hay datos acerca del pago, cuando el teniente de veedor del ejército se refiere a la misión de poyas, donde dos religiosos habían devengado 4.000 pesos79. Suponemos que correspondían a los 1.000 pesos anuales durante cuatro años, es decir, desde su misma fundación. Cuando el rey confirmó la misión en 1713, a diez años de su fundación, hizo lo propio con la orden al virrey del Perú que desde las cajas de la ciudad de Potosí cada año se pagasen no sólo los 4.800 pesos asignados como sínodos a las misiones establecidas, sino también lo correspondiente a la provincia de Nahuelhuapi80. Aumentó el número de misioneros de dos a cuatro, y también el sínodo a 2.000 pesos, además de un socorro anual de 500 tablas de alerce mientras se seguía con las edificaciones y se tramitaba la servidumbre de 12 indios reyunos de Calbuco, por espacio de 20 años, solicitados a la gobernación del reino81.

Si hemos de confiar en los documentos, la misión se refundó a petición de los mismos naturales, que fueron a manifestar su interés a Chiloé, desde donde tenían recuerdo llegaban los padres al lago. Esta petición fue recogida por el gobernador del reino, Francisco Ibáñez de Peralta, quien informó al monarca que los poyas de Nahuelhuapi habían solicitado en varias ocasiones a través de los jesuitas que asistían en Chiloé, que fuesen al lago algunos padres82. Al parecer, y de acuerdo con la actitud hostil que más tarde mostraron los puelches, el objeto encubierto de los poyas sería obtener la alianza con los españoles de Chiloé contra los referidos puelches83. En este contexto, y en un viaje a la capital, el vice-rector del colegio de Castro, Felipe de la Laguna, pidió al presidente la aprobación para restaurar la misión, argumentando la solicitud de los naturales. El presidente comunicó a la Junta de Misiones, y esta resolvió fuese el mismo P. Laguna y otro religioso a instalarse en el paraje84.

Aunque la misión se fundó formalmente en 1703, los padres se habrían establecido en Nahuelhuapi desde antes, porque en julio de 1702 el presidente de Chile decía que la misión ya tenía dos años de vida85. Esta segunda fundación estuvo a cargo de la Laguna, cuyo apellido era, en realidad, Van der Meeren, natural de Malinas, Flandes. Formaba parte de un equipo de 34 misioneros86 que llegaron desde España a Santiago en 1699 enviados por el provincial general, Miguel de Viñas. Después de permanecer varios años en Chile, fue destinado a Chiloé, adónde arribó en 1702, ocasión en que conoció a puelches y poyas que bajaban hasta Calbuco a comerciar, y que decían habían sido evangelizados por Mascardi87. Van der Meeren, al igual que Mascardi, quiso pasar personalmente a ocuparse de la conversión de esos indios y consiguió la referida aprobación del gobierno.

Hizo el viaje con del padre José María Sesa, que había nacido en Chile en 1670, y que los superiores lo designaron por compañero88. Olivares dice que salió desde Santiago en agosto de 1703, y que a los cuatro meses llegó a Nahuelhuapi89. García Gorroño cree que lo hizo cruzando por el paso de Villarrica90, aunque es una suposición, porque el padre Laguna no dice qué camino tomó. Fonck, en cambio, supone que salió desde Castro y se embarcó hacia el norte, hasta Concepción, para seguir desde allí a la nueva misión de Culé, después de lo cual cruzó la cordillera. En cambio, Enrich cree que salió de Valdivia. En cualquier caso habría pasado por Calihuaca, donde antes se había establecido la mencionada misión que alcanzó a durar menos de dos años. Sesa enfermó y tuvo que regresar antes de alcanzar el destino. Laguna llegó al paraje (no se dice si al mismo lugar de la primera misión) el 22 de diciembre de 1703, siendo recibido como un ángel del cielo91. Miguel de Olivares refiere que los caciques hicieron al padre buen recibimiento: Canicura y Huepu, caciques puelches, y Maledica, cacique poya, le dieron alojamiento en un rancho hecho de cueros de vaca y de caballo92. El misionero consiguió que por acta de la junta de misiones obtuviera en 1703 la creación de la misión de Nuestra Señora del Rosario93. Más tarde esta se incendió, y fue reconstruida después con el nuevo nombre de Nuestra Señora de la Asunción de Nahuelhuapi94.

Al igual que la fundación de Mascardi, no es posible precisar el punto exacto donde se levantó esta misión. García Gorroño la sitúa en la Península de San Pedro, orilla sur del lago95, pero que después fue trasladada a un punto más confortante, quizás el llamado Chuenque, dice Egaña96. En el viaje que Fray Francisco Menéndez hizo a Nahuelhuapi en 1793, llegó casualmente al lugar donde había estado la misión fundada por Laguna, según él mismo interpretó por los vestigios encontrados. Francisco Fonck, que publicó los diarios de los viajes de Menéndez, estudió los derroteros dados por el fraile, y le pareció que el asiento de esa misión estuvo en la costa occidental del lago. Esta interpretación fue corregida por Milcíades Vignati en 1933, quien, releyendo a Menéndez a propósito del hallazgo en la Península Huemul de un enterramiento indígena dispuesto a la manera cristiana, que data de comienzos del siglo XVIII, ha defendido la tesis de la misión en dicha península, es decir, en el margen norte del lago97.

La plaza vacante que dejó Sesa, que no alcanzó a llegar a destino, fue ocupada por el jesuita Juan José Guillelmo, natural de Cerdeña, que había estado destinado a la misión de Culé, en la Araucanía. Este quedó a cargo de Nahuelhuapi durante las frecuentes ausencias del padre Felipe. El 22 de enero de 1704 Laguna salió hacia Chiloé en solicitud de los recursos necesarios para mantener la misión y de carpinteros para levantar la casa e iglesia98. El camino que tomó fue el de las lagunas. Seguidamente, entre los meses de marzo y abril de 1704, hizo otro viaje, esta vez a Valdivia en compañía de dos indígenas con el objeto de lograr abrir la comunicación con esa plaza, y al mismo tiempo pedir al gobernador Manuel de Aulestia la protección de los neófitos, de quienes condujo una carta99. Aulestia se comprometió a mantener una constante amistad y una sólida correspondencia para socorrerlos en sus necesidades.

La manera de describir a los sujetos de la misión recién fundada deja ver que para entonces se trataba de puelches y poyas allegados a la zona del lago desde territorios cercanos, de modo que eran dos distintas naciones reunidas en un mismo sitio. El objetivo era, en primer lugar, lograr relaciones amistosas entre ambos grupos reduciéndolos a pueblo. Sin embargo, ambas naciones, aunque compartían el espacio, eran recelosas entre sí. No obstante, los puelches pidieron al padre Laguna que interviniera en sus vecinos poyas, diciéndole que estos eran una nación fiera, cruel y bárbara, con la cual no se puede tratar100. Además de la reducción, los misioneros no dejaban de soñar con la evangelización de naturales en la Patagonia hasta lograr entablar una red de incursiones apostólicas a otras naciones101.

Dice Laguna que mientras estuvo en Nahuelhuapi los indios se le mostraron proclives. Estaba complacido y veía los cambios102. Hacia el norte, tierra de pehuenches, otra era la actitud, y allí le dieron muerte en octubre de 1707, cuando se dirigía hacia Concepción, en compañía del alférez Lorenzo de Molina y tres indígenas de Chiloé103. Pasando por el poblado de Calihuaca, el cacique Tedehue (Olivares dice Jedihuen) le dio algo de beber que le hizo sentir mucho malestar, aunque prosiguió su camino. En Rocachoroi, límite con los pehuenches, después de tres días de fiebres, el padre Laguna falleció104. A su muerte se hizo cargo de la misión su compañero Juan José Guillelmo.

Guillelmo tenía 35 años cuando en 1708 asumió como superior. Su aspiración, desde que sirvió como compañero del padre Laguna, era establecer una misión formal, congregando a los indios en pueblo, porque a su juicio reducirlos sería el mejor remedio para su conversión. Prometió enseñarles a sembrar y traer vacas, caballos y yeguas, y dispuso la edificación de una pequeña capilla y de casas para los caciques.

Pidió a las autoridades la colaboración de indígenas de Chiloé como auxiliares para la civilización de los poyas. En efecto, en diciembre de 1708, en que asumió, Guillelmo solicitaba se le asignasen 12 indios perpetuos para el servicio de la misión de los llamados reyunos de Calbuco, mudables cada seis o cada cuatro meses. Y también que se abriese el antiguo camino de las carretas, llamado de Vuriloche, de cuya existencia había tenido noticia. En respuesta, un decreto fechado en Santiago el 20 de julio de 1709 ordenaba la mita105, sobre lo cual insistió el provincial Covarrubias en 1710, quien pidió confirmar el decreto dado por dos gobernadores del reino en que se manda asignar los 12 indígenas de Chiloé a perpetuidad en calidad de mitayos para que asistan a los padres misioneros de Nahuelhuapi106. Las tareas de esos indígenas serían sembrar, labrar y cuidar de la embarcación que los padres mantenían en el lago, despejar el proyectado camino de Vuriloche, construir la iglesia, y formar un pueblo de indios alrededor de la misión. El mismo año se piden los medios para mantener al menos tres sacerdotes y un hermano coadjutor, en consideración a las posibilidades de conversión que se vislumbraban en el área del lago y hacia la Patagonia107. Su proyecto de abrir el camino no se concretó en esa ocasión, y en esto debe haber influido la oposición y trabas que puso el gobernador de Chiloé, José Marín de Velasco108.

A pesar de las construcciones, los caciques sólo vivieron en ellas durante un invierno, y con la primavera se fueron109. El proyectado pueblo no tuvo éxito entre nómadas, porque no se avenía con la cultura itinerante de los naturales, y no fue otra cosa que algunos ranchos levantados junto a la capilla y casa de misión. Finalmente, todo fue totalmente destruido por un incendio. Olivares describe el siniestro, en que todo lo edificado sin reservar nada se ardió, abrasándose la iglesia, vivienda de los padres y ranchos de los criados, y todo a un tiempo, que fue lo singular. Cree que los autores fueron los puelches en represalia por el descubrimiento del antiguo camino de mal recuerdo para ellos. Guillelmo alcanzó a despertar y salvarse, pero se perdieron los ornamentos y los libros que había muy buenos. Sólo se pudo rescatar la imagen de la Virgen110.

Luego de este suceso Guillelmo fue reemplazado, aunque no se sabe si porque se percibió que los indígenas sentían aversión contra él, o porque había cumplido su trienio. Parece que los naturales se sentían muy temerosos del camino de carretas que quería abrir Guillelmo, porque ésta era la antigua ruta por donde los españoles de Chiloé los maloqueaban111. A pesar de esa actitud, no quisieron los jesuitas desistir del proyecto misional. El padre Manuel del Hoyo fue asignado para volver a fundar la misión y permaneció dos años a cargo de ella, correspondiéndole reedificar. Dice Fonck que estas construcciones después del incendio eran más sólidas que las anteriores porque viajeros argentinos hallaron restos de ladrillos en la península de San Pedro [dice en 1900], lo que se supone era el antiguo asiento de la misión, ubicación que coincide con la que halló el franciscano Francisco Menéndez a fines del XVIII112.

En 1714 del Hoyo fue trasladado a Castro, pasando a ocupar el cargo de rector del colegio jesuita de esa ciudad. La misión de Nahuelhuapi fue asumida nuevamente por Guillelmo. Fonck cree que fue el mismo Guillelmo el que pidió que se le restituyera el cargo para poder concretar su proyecto. Efectivamente, a eso se dedicó de regreso a Nahuelhuapi, y en diciembre de 1715 consiguió abrir el camino llamado de Vuriloche, entrando por Los Baños, siguiendo las señales que dos años antes habían dejado los que lo habían intentado, y finalmente, llegando a Ralún. Una vez recorrido el camino e informado del tránsito de mulas a las autoridades del reino, volvió a la misión. Acompañado de Manquehuenay113, el cacique principal de Nahuelhuapi, fue a visitar a un enfermo, pero en ese lugar lo envenenaron con chicha, muriendo a los tres días114. Olivares dice que Guillermo falleció el día 17 de marzo de 1716115, 5 meses después de abierto el camino de Vuriloche116. Era el tercer mártir de la misión. En Nahuelhuapi se había ocupado de formar una biblioteca y escribió un diccionario y gramática en lengua poya, incluso redactó una biografía de Mascardi y varios escritos sobre moral que no han llegado hasta nuestros días.

Establecida la reducción, pero antes de la concreción del camino, los correos ya tenían paso franco entre Chiloé y Valdivia por esa vía, lo mismo que algunos conchabadores insulares, soldados, vecinos e indios de esa provincia. El sendero fue transitado por Alejandro Garzón Garaicoechea, quien, insubordinado ante el gobernador de Chiloé, José Marín de Velasco, huyó a Santiago por Nahuelhuapi. Dice Abraham de Silva y Molina que en 1711 abandonó el fuerte de Calbuco acompañado de 42 soldados y de unos 50 indios reyunos, llevándose las armas, municiones y banderas del fuerte. Atravesó la cordillera y llegó a Nahuelhuapi, donde se quedaron algunos de los indígenas que lo acompañaban. Avanzó hacia el norte y volvió a cruzar la cordillera a la altura del Bío Bío; dejó los soldados en el tercio de Yumbel y marchó para Santiago117. Como consecuencia de esta acción el fuerte de Calbuco quedó desguarnecido y a las pocas semanas, notando la indefensión de la provincia, los tributarios de Chiloé se rebelaron. El mismo camino fue transitado al año siguiente, cuando algunos cabecillas comprometidos en la rebelión de 1712 fueron a la misión buscando protección huyendo de los procedimientos del gobernador José Marín de Velasco118. Un buen conocedor de esta ruta era Diego Téllez Barrientos, quien por orden del gobernador de Chiloé viajaba por esta vía al reino de Chile. Téllez llegó a tener estrechas relaciones de amistad con el cacique Manquehuenay hasta 1717 en que estalló la sublevación de los puelches119. Pero más que con Chile central, Nahuelhuapi era hasta entonces nexo entre Chiloé y Valdivia.

Sin embargo, este camino tan importante para Chiloé, concretado en 1715, apenas pasó de ser un sendero en su mayor parte terrestre, a diferencia del lacustre que se utilizaba hasta esa fecha. Mientras estuvo transitable fue mérito de Guillelmo, asegurando más expedita comunicación con Chiloé, donde estaba el colegio de la Compañía, y de donde llegaban los suministros en casos de urgencia, los operarios de reemplazo y la mano de obra necesaria.

El camino que se seguía entre Nahuelhuapi, Concepción y Santiago era bajando en latitud por los faldeos orientales de la cordillera, pasando por tierras pehuenches. Desde Nahuelhuapi a Valdivia las fuentes mencionan los parajes de Colihuaca, y más al norte, el de Rucachoroi, para luego cruzar la cordillera por el paso de Villarrica - como lo hicieron los padres Guillelmo, de la Laguna e Imhoff - y llegar a la plaza fuerte tras ocho días de viaje. Hacia Concepción, la cordillera se cruzaba más al norte, por algún boquete en el nacimiento del río Bío Bío, y se atravesaba de este a oeste hasta llegar a esa ciudad. En ambos casos, se transitaba por tierras de indios de guerra, a los que había que agasajar para lograr la necesaria licencia de paso.

A la muerte de Guillelmo, el aún rector del colegio de Castro, Manuel del Hoyo, envió un religioso a hacerse cargo de la misión en espera de que el provincial de la orden designara un sucesor. Se nombró como superior al padre José Portel y como compañero al padre Francisco Elguea. El primero enfermó antes de salir a su destino y Elguea tuvo que viajar a la misión sin compañía, excepto un joven inglés, dicen las fuentes, que Manuel del Hoyo había llevado desde Valdivia.

Aunque la comunicación con Chiloé era más expedita, no fue lo mismo luego del incendio, y desde entonces no siguieron buenos años para la misión. Los padres pasaban hambre porque los indios no podían auxiliarlos con bastimentos por la suma pobreza en que vivían, o porque sus alimentos significaban hambre para los misioneros. Es cierto que los jesuitas mantenían algunas cabezas de ganado bovino, pero procuraban más conservarlas que consumirlas. El padre Imhoff dice que comían carne de caballo que era abundante, a falta de otro mantenimiento. En invierno la nieve cubría el paraje y el frío era profundo, pero aún así emprendían dilatados viajes hacia el sur y el oriente para reconocer el territorio.

No estaban seguros de su vida. Se habían decepcionado de los naturales, que seminómadas se mostraban reacios a asentarse y a mantener la colaboración. De los elogios se estaba pasando a la desesperanza, de los 200 bautizados que había en 1717, pocos vivían a la manera cristiana, y aunque con la boca digan que creen en los misterios de la fe, su corazón está lejos de ellos, pues sus acciones no lo muestran120. El proyectado pueblo nunca se concretó, y la ausencia de un lugar como éste que pudiera haberlos inducido a la sedentarización actuaba en contra de la tarea evangelizadora. Tampoco tenían una autoridad a quien rindieran subordinación y que hubiera servido de apoyo a los misioneros en su afán de reducirlos. En otras regiones de América los indios aceptaron más fácilmente la concentración en pueblos, como Paraguay o Chiloé. Incluso se logró en algunas regiones marginales, como los chonos de las islas Guaitecas, que para los jesuitas era el paradigma. Estos canoeros fronterizos de Chiloé por el sur, de propia voluntad se trasladaron desde las islas Guaitecas a vivir entre cristianos y se les asignó la isla Guar, lugar en que se erigió una misión con el nombre de San Felipe en 1717. Esta misión estaba en las proximidades de la villa y fuerte de San Miguel de Calbuco, y no lejos de la villa y fuerte de San Antonio de Chacao, accesible, por lo tanto, a los misioneros jesuitas y a las autoridades españolas. En Nahuelhuapi, en cambio, los dos misioneros eran la única presencia española, que parecían apenas detalles rodeados y a merced de una población gentil desconfiada, todavía al margen de la civilización.

Con la ruta de Vuriloche se estaba pasando de zona refugio a zona de tránsito, de frontera cerrada a frontera abierta, lo que alarmó a los naturales del lago. Sin embargo, era temor infundado, porque las malocas hacía mucho tiempo que estaban suspendidas, y definitivamente prohibidas más tarde, en los años treinta del siglo XVIII en tiempos del gobernador de Chiloé Alonso Sánchez del Pozo. Pero también cesará el acercamiento de los puelches a Chiloé para mariscar o conchabar, porque el mismo gobernador conminará a la horca a todo puelche que bajara a la costa121. Antes, cuando se restableció el camino de las carretas o de Vuriloche, en 1715, los españoles de Chiloé no querían otra cosa que la sincera amistad con poyas y puelches, porque de ello dependía que la provincia pudiera romper su aislamiento. Para los naturales de Nahuelhuapi, en cambio, el camino significaba que la frontera quedaría peligrosamente expuesta.

Había otras razones. Una constante en la historia de la misión y de la laguna en particular es la supuesta resistencia de los indios al ingreso de extraños. Tal oposición o temor era por la insistencia de los religiosos en restringir la movilidad de los indios para concentrarlos en el paraje de la capilla. Esta exigencia determinó la muerte de los padres, porque no se conciliaba con su forma de vida y con su libertad de cazadores nómadas.

En 1717 Elguea sucedió a Guillelmo como superior de la misión. Pero también fue asesinado. Una versión dice que los indígenas fueron a pedirle que les diera vacas de las que mantenía en la misión para su sustento, porque la cacería que recientemente habían hecho a las pampas había sido sin éxito. El padre se negó diciendo que esas vacas eran lo único que tenían los padres y sus criados, que en ese entonces era un matrimonio indígena chilote122. En represalia, los indios reunidos en una junta - dice Hanisch citando a Olivares - acordaron asesinar a Elguea y destruir la misión. Y así lo hicieron en noviembre de 1717, matándolo con flechas y boleadoras. Dieron muerte también a sus criados y llevaron cautivos a varios niños que los padres habían criado como pupilos123. La noticia cruzó la frontera. Un mes más tarde el cabo de la plaza de Purén comunicó a la ciudad de Concepción que el cacique de Nahuelhuapi había dado muerte, además, a cuatro o cinco pasajeros que iban para Valdivia. Esta información fue confirmada por los misioneros de otras reducciones vecinas124.

Las autoridades coloniales de Chiloé determinaron actuar en represalia, para lo que se envió una expedición punitiva al mando de Martín de Uribe y Gamboa, compuesta de 80 españoles de Chiloé con sus bocas de fuego, y hasta 200 indios a castigar los agresores. Otra versión dice que la expedición era de 46 soldados y 76 indios de Calbuco y Abtao125. Sin embargo, los alzados se escondieron en la cordillera126. Los españoles no encontraron indios ni nada que recuperar, salvo una imagen de la Virgen de Nuestra Señora de Loreto127. De esto se tuvo noticia en Chile central por medio de un navío que llegó a Concepción con las novedades en febrero de 1718. A fines de marzo del mismo año nada más podía agregar sobre los sucesos el obispo de Concepción. Un dato posterior, de 1789, afirma que como consecuencia de la destrucción, trasladaron la misión a una reducción de la jurisdicción de Valdivia, sobre el río Toltén128. Pocas cosas podrían haberse trasladado luego del siniestro. Pero no tenía sentido permanecer en un lugar rodeado de indios tan contrarios a la misión, a los misioneros y al camino. Se explica que lo poco rescatado haya sido derivado a una misión de Valdivia, porque Nahuelhuapi dependía económicamente de aquella plaza, pero sobre todo, porque los naturales habían cortado toda comunicación entre el lago y Chiloé no quedando más vía de contacto que hacia aquella.

Tampe llama a Nahuelhuapi tierra de mártires jesuitas129: fueron cuatro en 45 años: Mascardi, Laguna, Guillelmo y Elguea. Las misiones fronterizas eran de mártires en todas las Indias. Aunque en el caso de las fronteras, como la mapuche o la de la Nueva España, los misioneros cumplían sus funciones interactuando a partir de fuertes o presidios cercanos que les servían de apoyo, en Nahuelhuapi los misioneros actuaban solos. El martirio de cuatro misioneros no fue sino una confirmación de que en Chile la misión siempre debía ir de la mano con un fuerte, como se comprendió en el período de la guerra defensiva del padre Luis de Valdivia y los llamados Mártires de Elicura130.

7. NAHUELHUAPI EN EL SIGLO XVIII

Con la misión abandonada y alzados los indios, Nahuelhuapi volvió a quedar en su antiguo aislamiento. Los caminos quedaron cerrados y cortada la única aunque precaria comunicación terrestre entre Chiloé y el resto del reino de Chile. Además de la riesgosa navegación por el Pacífico, ¿cómo se comunicaba Valdivia con Chiloé y vice-versa después del abandono de la misión? En 1750 el gobernador de Valdivia, Francisco de Alvarado y Perales, quiso enviar una carta a Chiloé. Aprovechó la ocasión de hallarse en la plaza unos indios pehuenches, quienes dijeron que el camino a Nahuelhuapi no se hallaba cerrado, pero que era transitable sólo a pie. Quiso enviar la carta con ellos para que de mano en mano llegara al gobernador de Chiloé y, además, mandar con ellos al lengua general de la plaza, Prudencio Cañoli. Finalmente se arrepintió por considerarlo poco seguro131.

En Chiloé quedó latente el interés por recuperar el camino, la misión y la proyección a las pampas del sur. Pasados los años se habían perdido las referencias, las distancias y las huellas, y sólo se podía decir con imprecisión que el lago estaba al otro lado de la Gran Cordillera de Chile, atravesándola toda desde Chiloé tirando al este, en un paraje confinante con las pampas desiertas de Buenos Aires132. A pesar de la distancia y a pesar también de la dificultad para abrirse paso a través de una naturaleza cerrada de bosques impenetrables, enormes lagos, ríos caudalosos y escarpadas cordilleras, el imaginario lo consideraba en 1718 que estaba al alcance, por ser un lugar no muy remoto de Chiloé133.

En 1764, durante el gobierno del presidente Antonio Guill y Gonzaga, el procurador de los jesuitas Juan Nepomuceno Walter propuso un plan de misiones en el cual se pedía nuevamente el restablecimiento de Nahuelhuapi con el mismo fin de antes: extender desde ella la conversión hasta el estrecho134. Era parte de un proyecto que contemplaba otras reducciones hacia la Patagonia. Ese mismo año de 1764 se fundaron o confirmaron las misiones de Cailín, para concentrar en esa isla del archipiélago chilote a los canoeros caucahués en lo último de la cristiandad, y San Carlos de Chonchi en la isla grande. Walter decía que si a estas se les uniera el restablecimiento de Nahuelhuapi, en esta tan dilatada mies se cogiera a dos manos el fruto135. Desde Nahuelhuapi se avanzaría por tierra, y desde Cailín y Chonchi por mar, hasta llegar al Estrecho. El rector del colegio de Castro y superior de las misiones de Chiloé, Melchor Strasser, presentó al gobernador de Chiloé, Juan Antonio Garretón, una copia de la carta que mandaba reinstalar la misión en el lago. Garretón contestó que el día 1 de abril de 1765 haría salir desde Chiloé 100 hombres, de los cuales 50 serían hacheros, para reconocer el antiguo camino a la misión.

Esta expedición efectivamente se realizó aunque no logró el objetivo de llegar a Nahuelhuapi, y de ella da cuenta Garretón en carta de octubre del mismo año136. Fue encabezada por el propio gobernador, acompañado por el jesuita Javier Esquivel. Éstos se embarcaron en una pequeña galeota que de cuenta del rey se había construido en la provincia, mientras los 100 hombres navegaron en diez dalcas. Salieron desde Calbuco el 7 de abril de 1765 por la vía del estero de Reloncaví, haciendo su primera escala en la isla de Guar. Allí Garretón mandó construir un refugio para quienes le sucediesen en la travesía de cruzar el golfo. Un segundo refugio se erigió en el paraje al que puso por nombre Nuestra Señora del Pilar de Calbutué. Este es el sitio del albergue que más tarde le pareció ver al franciscano Francisco Menéndez en su primer viaje a Nahuelhuapi, en 1791, y aunque ya estaba cubierto de monte, reconoció algunas señales137. Desde Calbutué, Esquivel y Garretón encontraron el inicio del camino que conducía al lago, donde construyeron un tercer alojamiento, que llamó Fuerte Gonzaga. Descubrieron huellas del antiguo sendero, pero no las siguieron porque ya estaba entrado el invierno. Entonces, se volvieron a Calbuco con el plan de retomar el camino el próximo verano.

En este caso fue el propio gobernador el que intentó recuperar la ruta, asegurándola con refugios a medida que se avanzaba. No se detiene a explicar el estado del camino ni de cómo se avanzaba, tampoco por qué no insistió en alcanzar hasta su objetivo. Al parecer - según Fonck - durante este viaje Esquivel habría fundado una misión en Ralún como primera etapa para la reapertura de Nahuelhuapi138. En la primavera de ese mismo año de 1765 Esquivel ya estaba preparando el segundo viaje, tenían alistadas dos dalcas y planeaba ir a Chacao a convenir con Garretón lo referente a la nueva expedición139. Sin embargo, no se realizó.

Además del intento de Garretón y Esquivel de 1765, otro jesuita, Segismundo Guell, en 1766-1767, se esforzó por llegar al lago y restaurar la misión, pero tampoco tuvo éxito140. El franciscano Menéndez, en el diario de su primer viaje que hizo en los años noventa, se refiere al intento de Guell de 25 años antes. Lo procuró hacer por dos diferentes caminos, pero no consiguió ni siquiera avistar el lago. Según datos de Hanisch, Guell nació en 1734 y tenía 32 años al momento de su viaje. Se valió del testimonio de antiguos viajeros para el derrotero a seguir, quienes habían conocido el camino hacía 40 años, es decir, antes de que se abandonara la misión.

Guell calificó su viaje de penoso, responsabilizando de ello a sus informantes, que erraron en rumbos y montañas141. Aunque tenía todo dispuesto para repetir su intento en el verano siguiente, no lo pudo verificar porque se recibió en Castro la notificación del extrañamiento de los jesuitas de los territorios de la corona española el 8 de diciembre de 1767. Ese día, Guell se hallaba en Ralún, entrada de la ruta.

Los jesuitas habían logrado fundar la misión en tiempos de Mascardi, refundarla con Laguna e intentar recuperarla a mediados del siglo XVIII, pero todo intento se detuvo con la partida de la Compañía. Quedó trunco el sueño de civilizar y cristianizar a los puelches, poyas y patagónicos142. Como hemos visto, después de 1717 no fue posible recuperar la misión ni llegar a sus ruinas, ni tampoco hay noticias que haya habido alguna comunicación entre el lago y Chiloé, excepto los fracasados intentos. Los franciscanos del colegio de Santa Rosa de Ocopa de Lima se hicieron cargo de la labor misional en Chiloé desde fines de 1771, cuando los frailes arribaron a Castro143. Pero pasaron 20 años antes que el franciscano Francisco Menéndez retomara la idea, y aunque logró por fin arribar a las ruinas de la antigua misión, no pudo restablecerla144.

En 1776, al terminar su período como virrey en Lima, Manuel de Amat y Junyent decía que no existían planes de promover el restablecimiento de la misión a causa de la resistencia de los infieles y muertes de misioneros145. El gobernador-intendente de Chiloé, Francisco Hurtado, en abierto conflicto con los frailes del Hospicio de Castro los criticaba en 1787 por no haberse interesado en la misión y decía de ellos que si quisieran reducir indios, bien cerca de Calbuco está la laguna de Nahuelhuapi muy llena de poblaciones de chauracahuines [error de Hurtado], adonde antes estaba un regular de los expulsos146. Decía que no era verdadero el discurso franciscano de tener intención de conquistar y pacificar las Tierras Magallánicas, porque ni siquiera se atreven a una cosa inmediata y por tierra firme [se refiere a Nahuelhuapi], camino conocido [dice erradamente] y gente que ya ha estado catequizada y sus padres y abuelos147.

Hurtado no era objetivo. Los seráficos intentaban desde 1777 o antes verificar una ruta trasandina para explorar el sur de la Patagonia. En sus informes insistían en acceder a ella desde las reducciones de Carelmapu… frontera de los indios bárbaros148. Y lo intentaron. Entre 1778 y 1779 dos expediciones partieron desde Cailín hacia el este en busca de un paso de la cordillera, a cargo de los padres Norberto Fernández y Felipe Sánchez. En esos mismos años, los padres Benito Marín y Julián Real exploraron las costas de los archipiélagos de los Chonos y las Guaitecas149; y en 1779, Menéndez hizo el primero de sus muchos viajes, en esta ocasión, alcanzando el istmo de Ofqui en compañía del padre Ignacio Vargas150.

La última incursión a Nahuelhuapi de que se tiene noticia en la época colonial fue la de Fray Francisco Menéndez en 1791, tal vez como respuesta a las críticas del gobernador Hurtado151. Realizó 4 viajes152, saliendo desde Chiloé, con el objetivo de reconocer la Patagonia, evangelizar a los indios, reconocer posibles enclaves extranjeros en el territorio y descubrir la supuesta población de los Césares153. Menéndez quiso concretar el asentamiento, apoyado por el virrey del Perú, Gil y Lemos. Al interés misional nuevamente se sumó el estratégico de averiguar posibles asentamientos patagónicos de ingleses, enemigos de Europa. Menéndez, que iba como comandante del grupo, recibió los auxilios proporcionados por el gobernador de Chiloé, Pedro Cañaveral, y partió con 30 hombres en enero de 1791 junto con Fray Diego del Valle y en compañía del capitán Andrés Morales, que iba a cargo de la tropa154. Los hombres se juntaron en Calbuco, navegaron hasta la isla de Guar y enfilaron las dalcas por el estuario del Reloncaví hasta alcanzar Ralún, y desde allí por tierra al lago Calbutué, es decir, la ruta seguida tradicionalmente desde tiempos de Mascardi. En Calbutué se dividieron en dos partidas que exploraron los dos caminos, pero no encontraron paso por ninguno, y entonces decidieron regresar para concretar el proyecto en el verano siguiente, muy estimulados por haberse encontrado con algunos indios que dieron noticia de otros que se hallaban más distantes155.

Para la segunda ocasión salieron desde Calbuco en diciembre de ese mismo año. Secundando a Menéndez iba el sargento Pablo Téllez156, que también había participado en el viaje anterior. Otra vez se hizo sin costo para la real hacienda, porque el gobernador de Chiloé pagó a los expedicionarios con media piedra de sal a cada uno, que equivalía a 5 reales. Navegaron el lago Todos los Santos y llegaron a Nahuelhuapi, que también cruzaron en dalcas, hasta encontrar en la otra orilla a un grupo de puelches bajo el mando del cacique Manquehuenay157.

Cuando Menéndez llegó al lago en 1792 hacía 75 años que había sido destruida la misión y perdido todo contacto y noticia de los naturales de allende los Andes. Ahora, el feliz resultado estimuló a Menéndez y al gobernador de Chiloé en el sueño de encontrar a los Césares, o, cuando menos, el franqueo del camino hasta el estrecho. Con esta alentadora noticia Pedro de Cañaveral escribió al virrey. Suponía que en un tercer viaje podría llegarse a los Césares, bajo su mando y para su gloria, empresa que considera digna de que vaya a ella el gobernador de Chiloé, así por ver aquel territorio de su jurisdicción de Calbuco, como por la entidad de ella. Escribe que espera con sus luces y auxilios perfeccionar la obra, sometiendo al imperio de nuestro soberano la ciudad de los Césares, así como establecer camino terrestre entre Chiloé y Chile, y con Buenos Aires158. Sin embargo, en la correspondencia con el virrey que siguió a este descubrimiento, Cañaveral manifiesta su desconfianza hacia Menéndez y los franciscanos, tal como lo había hecho su antecesor Francisco Hurtado. Dice que Menéndez actuó buscando su independencia, intentando desentenderse de los oficiales que le acompañaban.

Cañaveral, interesado como estaba en la empresa que ahora tenía buenos augurios, buscaba ponerse a la cabeza de ella159. Esta vez, y transcurridos más de un siglo de desengaños en la misión de Nahuelhuapi, el gobernador del archipiélago consideraba un error que el avance a la puerta de la Patagonia se hubiera dejado en manos de los religiosos y con la responsabilidad de la internación en los vastos territorios, empresa en la que habían demostrado sólo fracasos. Esperaba, esta vez, fundar un fuerte, y no proceder como los jesuitas que se nombraron señores absolutos de la tierra, sin haber querido admitir tropa para su resguardo, ni que los de esta provincia se cimentasen hacia aquellas partes, causa del retraso en la efectiva incorporación de la Patagonia a la Corona160.

La estadía de Menéndez entre los puelches provocó renovado interés en la Corte por la Patagonia. Fray Pedro González de Agüeros, que había sido superior del hospicio de Castro, fue consultado sobre si consideraba factible, esta vez, descubrir a los supuestos Césares, cotejando su propia experiencia con los dos diarios de Menéndez, que le fueron remitidos. Escribió al rey que la posibilidad que se abría le parecía asunto digno de toda atención, y que sus resultas podrán ser interesantes a la religión y al Estado. Los indígenas habían dado pruebas de docilidad y de hacer mucho obsequio, de modo que la situación permitía abrigar fundadas esperanzas para poder establecerse con ellos y tomar puntuales noticias de las naciones y terrenos confinantes161.

Menéndez regresó a Castro y en los veranos siguientes hizo otras dos expediciones a Nahuelhuapi162, sin encontrar a los Césares. En estos últimos viajes fue junto al capitán Nicolás López, enviado en el tercero al mando de 79 milicianos, y de 4 soldados veteranos y con 69 milicianos en el cuarto y último, de enero a marzo de 1794163. Tampoco estableció una misión en el lago, a pesar de la buena disposición mostrada por lo puelches, al menos aparentemente.

En suma, la historia de Nahuelhuapi estuvo reservada a los misioneros que se empeñaron en darle vida. Estos eran nacidos en Europa, con formación, experiencia y altos cargos en la organización de sus congregaciones. Recorrieron las tierras más inhóspitas y alejadas del Imperio dando cuenta de ello a sus superiores y autoridades civiles en extensas cartas de relación. Sobresale el empeño y la fortaleza para transitar por mar y por tierra, desbrozando caminos bajo las lluvias incesantes aún en verano, dormir en improvisados refugios, esperar días enteros que amainasen los temporales para poder seguir la marcha, alimentarse con sólo harina a la manera de los más humildes en Chiloé, subirse a las dalcas para cruzar lagos y ríos, y aún pernoctar en ellas164. Es decir, viajes insufribles que deterioraban la salud, aunque en su mayoría eran sacerdotes jóvenes que estaban en la treintena de años.

Los relatos de sus viajes sirvieron para dar alguna luz de las naciones indígenas que habitaban territorios sólo nominalmente incorporados a la Corona y encendían el ánimo de otros regulares que siguieron sus pasos. Iban siempre con autorización real y acompañados por oficiales del ejército apostado en Calbuco, españoles comunes e indios de servicio que portaban armas para defenderse y hachas para abrir caminos. La motivación de los chilotes para acompañar a los religiosos en sus correrías por tierra y por mar en espacios desconocidos e inhóspitos, se explica, además del fin misional y el celo religioso personal, por la búsqueda de la ciudad de los Césares, con todo  el misterio que la envolvía, y la gloria, la fama y la riqueza que prometía a sus descubridores. Como en otros lugares de América, los misioneros prestaron oídos a las noticias de los naturales sobre otros aborígenes más lejanos, quisieron descubrirlos y evangelizarlos, consiguieron el apoyo de las autoridades políticas, obtuvieron bastimentos y descubrieron rutas, nominaron ríos, lagos y montañas de una geografía hasta entonces sin nombres, y regresaron para contarlo, proporcionando las primeras noticias. La cruz, en Nahuelhuapi, precedió a la colonización y la incorporación de hecho del vasto mundo patagónico a la Corona, primero, y a las repúblicas de Chile y Argentina, después.

La presencia española en Nahuelhuapi como puerta de entrada a la Patagonia no pudo ser sino intermitente por la inmensidad de las tierras aludidas y su lejanía respecto a las zonas centrales de Chile. Sin embargo, se mantuvo al menos como proyecto desde la Conquista, lo que demuestra el interés de las autoridades del Reino de Chile por mantener su jurisdicción al sur del río Bío Bío y a ambos lados de los Andes, de conformidad con los títulos históricos fundacionales que venían del tiempo de Pedro de Valdivia, Jerónimo de Alderete y García Hurtado de Mendoza.

 

Notas:

1 El asunto de la definición de quiénes eran los puelches y quienes los poyas, denominaciones presentes desde la época de contacto, no está resuelto. Los puelches parecen ser el grupo más austral de los indígenas denominados cordilleranos. Habían recibido la influencia lingüística y cultural mapuche, pero que se diferenciaban de sus vecinos por el norte, los pehuenches, en la principal actividad de subsistencia: los primeros en la caza pampeana con arco, y los segundos en la recolección del pehuén. Los poyas, que también interactuaron los españoles en el área de Nahuelhuapi, eran pertenecientes al grupo tehuelches, cazadores patagónicos de hábitat, lengua y cultura propia. Sin embargo, desde las primeras visitas españolas a Nahuelhuapi se advierten semejanzas entre puelches y poyas que evidencian una experiencia de vida fronteriza entre ambos. Véase, entre otros, Osvaldo Silva Galdames 1990, Las etnias cordilleranas de los Andes centro-sur al tiempo de la conquista hispana, y la cultura puelche, Cuadernos de Historia, N° 10; León, Leonardo 2005, Los señores de la cordillera y las pampas: los pehuenches de Malalhue, 1770-1800, Santiago, Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos, Centro de Investigaciones Diego Barros Arana; Silva Galdames, Osvaldo y Eduardo Téllez Lúgaro 1993, Los pewenche: identidad y configuración de un mosaico étnico colonial, Cuadernos de Historia, N° 13; Villalobos, Sergio 1989, Los pehuenches en la vida fronteriza, Universidad Católica de Chile, Santiago. Zavala, José Manuel 2000, Les indiens mapuche du Chili. Dynamiques Inter.-ethniques et stratégies de résistance, XVIIIe siècle, L’Harmattan, Paris; Cooper, John 1946, The patagonian and pampean hunters, en Steward, Julian (editor), Handbook of south american indians, Washington, Vol. I.

2 Urbina Carrasco, María Ximena 2006, La frontera huilliche en el reino de Chile. Relaciones fronterizas en el territorio entre Valdivia y Chiloé, Tesis doctoral, Departamento de Historia de América, Universidad de Sevilla.

3  El Cronicón Sacro-Imperial fue escrito por el franciscano Fray Francisco Ramírez en 1805, y es recogido por Amunátegui, Miguel Luis 1879-1880. La cuestión de límites entre Chile y la República Argentina, T. III, Imprenta Nacional, Santiago, pp. 339-340, citado por Fonck, Francisco 1900. Viajes de Fray Francisco Menéndez, Imprenta Niemeyer, Valparaíso, p. 7-8.

4  Ascasubi, Miguel de. Informe cronológico sobre las misiones del reino de Chile hasta 1789, en Gay, Claudio 1846. Historia física y política de Chile, Documentos, T. I, Imprenta de Maulde y Renou, Paris, p. 314. El informe fue escrito a fines del siglo XVIII. Ascasubi. Fonck, op. cit., p. 8, agrega que la presencia de árboles de manzanos es otro argumento sobre la creación de una misión en Nahuelhuapi en tiempos de la vigencia de la ciudad de Villarrica, como también lo hace Latcham, Ricardo 1929. La leyenda de los Césares, Revista Chilena de Historia y Geografía, (en adelante RChHG) 64: 194-254.

5  Sergio Villalobos cree que no hubo misión en Nahuelhuapi en el siglo XVI. Considera vagos o falsos los datos de Ascasubi y Ramírez, por ser tardíos. Agrega que la Araucanía era muy inestable en el XVI, y los franciscanos eran pocos, por lo que la fundación al otro lado de la cordillera era virtualmente imposible. Villalobos, Sergio 1986. Historia del pueblo chileno, T. III, Editorial Universitaria, Santiago, p. 176, nota 38. En cambio, Gabriel Guarda supone su existencia en el siglo XVI, sostenida por mercedarios y bajo la jurisdicción de los gobiernos de Valdivia y Chiloé. Pero apunta que entre 1567 y 1655 fue franciscana, tiempo en el cual fue visitada por los obispos Fray Antonio de San Miguel y Luis Jerónimo de Oré. Por lo tanto, habría seguido existiendo aún después del cambio que significaron los sucesos de 1598. Guarda, Gabriel 1984. Centros de evangelización en Chile, 1541-1826, Cuaderno único de los Anales de la Facultad de Teología, (35): 3-186, Santiago, p. 108.

6  Latcham  1929, op. cit., pp. 237-238.

7  Fray Francisco Álvarez de Villanueva al rey, San Ildefonso, 22 de septiembre de 1780. Archivo General de Indias, Audiencia de Chile, Legajo 279 (en adelante AGI, Chile, 279).

8  Latcham 1929, op. cit., pp. 237-238.

9  Bazán Dávila, Raúl 1986. El patrimonio que recibimos del Reino de Chile, Instituto de Investigaciones del Patrimonio Territorial, Universidad de Santiago, Santiago, p. 219.

10  Rosales, Diego de 1989. Historia general de Reino de Chile, Flandes Indiano, T. I, Editorial Andrés Bello, Santiago, pp. 235-236.

11  Vázquez de Acuña, Isidoro 1993. La jurisdicción de Chiloé (siglos XVI al XX). Su extensión, exploración y dominio, Boletín de la Academia Chilena de la Historia (en adelante BAChH) (112): 111-193, p. 155.

12  Relación del padre Felipe de la Laguna de la Compañía de Jesús, sobre el establecimiento de la misión de Nuestra Señora de Nahuelhuapi, en el año 1704, en Matthei, Mauro 1970. Cartas e informes de misioneros jesuitas extranjeros en Hispanoamérica, T. II, Dcto. N° 23, Universidad Católica de Chile, Santiago, p. 171.

13  Memorial de Diego Flores de León, s/fecha (década de 1620), en Medina, José Toribio, 1965,  Biblioteca Hispano-Chilena, T. II, Ámsterdam - N. Israel,  pp. 255-256.

14  Aunque el relato está firmado por Diego Flores de León, en 1621, el ejecutor de la internación fue Fernández, de quien Flores de León da cuenta un año después. Cuando Walter Hanisch pasa revista a los viajes del siglo XVII a Nahuelhuapi, no menciona a Diego Flores de León. Hanisch, Walter 1982. La isla de Chiloé, capitana de rutas australes, Academia Superior de Ciencias Pedagógicas de Santiago. En cambio Fonck se refiere a este viaje que recoge de Medina, pero atribuido a Flores de León. Aunque José Toribio Medina no indica la fecha de la expedición, Fonck se funda en Diego Barros Arana para decir que la expedición tuvo lugar poco antes del 28 de febrero de 1621, fecha en que se envía desde Concepción una carta al rey dando cuenta de la entrada, de modo que el viaje se habría realizado en el verano de 1620-1621. Medina, José Toribio 1878, Historia de la literatura colonial, T. II, Imprenta de la Librería del Mercurio, Santiago.

15  Hanisch 1982, op. cit., pp. 92-93.

16  García Gorroño, Benjamín 1943-1946. El camino de Vuriloche, RChHG, 103, 104, 108 y 109, Santiago (104), p. 235.

17  Idem.

18  Relación del viaje del capitán Diego Flores de León, pp. 255-256.

19 Olivares, Miguel de. Historia de la Compañía de Jesús en Chile (1593-1736), en Medina, José Toribio, 1874. Colección de Historiadores de Chile y documentos relativos a la Historia nacional, T. VII, Imprenta El Ferrocarril, Santiago. Egaña, Antonio 1966. Historia de la Iglesia en la América Española desde el descubrimiento hasta comienzos del siglo XIX, Biblioteca de Autores Cristianos, Madrid.

20  Pero sí es posible conocer aspectos metodológicos misionales en otros centros de evangelización chilota, en Moreno, Rodrigo 2007. Misiones en Chile Austral: los jesuitas en Chiloé, 1608-1768, CSIC-Universidad de Sevilla, Sevilla.

21  Guarda, Gabriel 2001. Nueva Historia de Valdivia, Ediciones de la Universidad Católica de Chile, Santiago, p. 289.

22  Bazán 1986, op. cit., p. 221.

23  Rosales, 1989, op. cit, T. II, pp. 1.335-1.336. Sin embargo, Fonck afirma que la llegada a Nahuelhuapi de Rosales tuvo lugar en 1651, antes del parlamento de Boroa. Fonck 1900, op. cit., p. 25.

24  Guiseppe Rosso, sin embargo, sostiene que el padre Rosales caminó otras 50 leguas al sur, llegando al lago Nahuelhuapi, donde habría pensado que era necesario fundar una misión. Dice Rosso que esa idea era el punto central de la conquista española al otro lado de la cordillera. Rosso, Guiseppe 1950. Nicolo Mascardi missionario gesuita esploratore del Cile e della Patagonia (1624-1674), Archivum Historicum Societatis Iesu, Roma (37-38):1-75. Agradecemos a Don Mateo Martinic por ofrecernos una copia de este artículo, que desconocíamos.

25  Rosales 1989, op. cit, T. I, p. 236.

26  Idem.

27  La misión de Nahuelhuapi ha generado mayor número de estudios históricos desde Argentina que desde Chile. Esto, a pesar de haber sido fomentada desde Chiloé y haber estado dentro de su jurisdicción. Entre otras, destacamos Biedma, Juan 1986. Crónica histórica del lago Nahuel Huapi, Editorial Emecé, Buenos Aires.

28  José Imhoff, Concepción, 14 de diciembre de 1717. AGI, Chile, 153.

29  Olivares 1874, op. cit., T. VII, pp. 509-510.

30  Pocos años antes que Rosso, en 1943, el jesuita Guillermo Furlong estudió el actuar en la Patagonia de Nicolás Mascardi con documentación existente en Roma y casi desconocida hasta entonces, libro que también sólo pudimos conocer gracias a la gentileza de Don Mateo Martinic. Furlong, Guillermo 1943, Entre los tehuelches de la Patagonia, Talleres Gráficos San Pablo, Buenos Aires.

31  Irarrázaval, José 1966. La Patagonia. Errores geográficos y diplomáticos, Editorial Andrés Bello, Santiago, p. 56

32  Francisco Gallardo, Santiago, 20 de mayo de 1670. Archivo Romano de la Compañía de Jesús, Roma, (ARSI), Chile, 5, fjs. 158-161, en Hanisch 1982, op. cit.,  pp. 94-95.

33  Idem.

34  El fiscal era un indio ayudante del misionero, uno por cada capilla o misión, instruido por los jesuitas para que en su ausencia congregase a la feligresía, dirijiese los rezos y cantos, cuidase de los enfermos, hasta bautizase en casos de emergencia, e informase a los religiosos de cuanto ocurriese en el paraje.

35  Amunátegui, op. cit., T. III, p. 83, citado por Fonck 1900, op. cit., p. 35.

36  Carta y relación, que escribió el P. Nicolás Mascardi a los PP. Bartolomé Camargo, rector de Chiloé, y Juan de Pozo y Esteban de Carvajal, de lo que sucedió en la entrada que hizo a los indios puelches y poyas, siendo el dicho padre, rector de Chiloé, Poyas, 15 de octubre de 1670. Publicado por Furlong, Guillermo 1963. Nicolás Mascardi, S.J. y su Carta-Relación (1670), Ediciones Teoría, Buenos Aires, p. 118.

37  Francisco Gallardo, Santiago, 20 de mayo de 1670. ARSI, Chile, 5, fjs. 158-161.

38  Gonzalo de Covarrubias, de la Compañía de Jesús, general de la Provincia de Chile al Rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159.

39  Amunátegui, op. cit., T. III, p. 83, citado por Fonck 1900, op. cit., p. 36.

40  Carta y relación de Nicolás Mascardi, 1670, p. 118.

41  Ibidem, p. 119.

42  Enrich, Francisco 1891, Historia de la Compañía de Jesús en Chile, T. I, Imprenta El Rosal, Barcelona, p. 740.

43  Idem.

44  Ibidem, p. 741.

45  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159.

46  Declaración de don Cristóbal Talquipillan ante el gobernador Gallardo, Chacao, 29 de octubre de 1674. AGI, Chile, 103.

47  Idem.

48  Idem.

49  Idem.

50  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159.

51  Informe del padre Nepomuceno Walter sobre los caucahués y la misión de Cailín, Santiago, 1 de enero de 1764. AGI, Chile, 240.

52  Irarrázaval 1966, op. cit., p. 59.

53  Real Cédula del 2 de julio de 1684, en Amunátegui, op. cit., T. I, p. 273, citado por Fonck 1900, op. cit., p. 45.

54  El rey a José de Garro, presidente de Chile, 1684. Archivo Nacional, Fondo Capitanía General (en adelante AN, CG), Vol. 717, fjs. 54-54v.

55  Amunátegui, op. cit. T. I, p. 507, citado por Fonck 1900, op. cit., p. 46.

56  Ibáñez, Adolfo 1874. Cuestión de límites entre Chile y la república argentina, Imprenta de la Patria, Valparaíso, p. 128, en Fonck 1900, op. cit., p. 45.

57  Catálogo, Chile, 1688, ARSI, Chile, 2, pp. 82-83, en Hanisch 1982, op. cit., p. 96.

58  Enrich 1891, op. cit., T. II, p. 6.

59  Garro a Gonzalo Ferreira, provincial de la Compañía de Jesús en Chile, Concepción, 12 de noviembre de 1689. ARSI, Chile, 5, pp. 263-264, en Hanisch 1982, op. cit., p. 97.

60  Jerónimo de Pietas y Garcés, Chillán, 2 de enero de 1720. AGI, Chile, 151.

61  Idem.

62  Enrich 1891, op. cit.,T. II, p. 6.

63  Simón de León, visitador y provincial de la Compañía de Jesús, Santiago, 4 de julio de 1703. AGI, Chile, 159.

64  Vea, Antonio de, 1886, Relación diaria del viaje que se ha hecho a las costas del estrecho de Magallanes con recelo de enemigos de Europa por don Antonio de Vea (1675-1676), Anuario Hidrográfico de la Marina de Chile (11): 539-596.

65  Silva y Molina, Abraham de, Historia de la provincia de Chiloé bajo la dominación española. Esta obra de se compone de 4 libros manuscritos que se encuentran en el Archivo Nacional de Santiago, Fondo Varios, vols. 138 a 142.

66  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159.

67  Antonio Alemán, procurador de la provincia jesuita en Chile, al rey sobre la atención espiritual en Chile. Sobre que se ofrece representar a VM que mande suscitar cuanto antes la misión de Nahuelhuapi, que yo había poblado el año de 88, en que murió antes gloriosamente el apostólico padre… Nicolás Mascardi, Santiago, 24 de febrero de 1700. AGI, Chile, 153.

68  Idem.

69  Eyzaguirre, Jaime 1967. Breve historia de las fronteras de Chile, Editorial Universitaria, Santiago, p. 32.

70  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159. Enumera la de Sebastián Argüello en los Césares, en la costa de Buenos Aires; la de Sarmiento hacia el estrecho de Magallanes; la de Iñigo de Ayala, de que hablan largamente las historias y relaciones de este reino de Chile; y en este mar [se descubriría] la población de los chonos de los cuales se tiene muy probables noticias, sin otras que habrá de otros navíos que han naufragado en estas costas y en las del Estrecho.

71  Idem.

72  Expediente sobre las misiones de los jesuitas en las provincias de puelches y poyas y pagos de sínodos: años de 1702 a 1713. AGI, Chile, 159.

73  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159.

74  El rey al virrey del Perú, Madrid, 23 de febrero de 1713. AGI, Chile, 159.

75  En un documento dice que la misión no fue fundada en junio, sino el 1 de octubre de 1703. Tomás Ortiz Carrasco, teniente de veedor general de los reales ejércitos. AGI, Chile, 159.

76  Según los libros de acuerdo de hacienda real, vistos por Juan Fermín Espinoza, veedor general del ejército de Chile, sin fecha. AGI, Chile, 153.

77  Guarda, Gabriel 1974. El gobierno de Valdivia (1645-1820), BAChH (88): 117-162

78  Ortiz Carrasco, sin fecha (al parecer, 1704) AGI, Chile, 159.

79  Ortiz Carrasco, Concepción, 10 de octubre de 1708. AGI, Chile, 159.

80  Real Cédula al virrey del Perú ordenando pagar sínodos a los misioneros de Nahuelhuapi y misiones que nuevamente se fundaren, 17 de noviembre de 1713. AGI, Chile, 77.

81  Fonck 1900, op. cit., p. 77.

82  Ibáñez de Peralta da cuenta al rey del estado de las misiones de Chile, Santiago, 30 de julio de 1702. AGI, Chile, 159.

83  Fonck 1900, op. cit., pp. 49-50.

84  En 1703 Simón de León, decía que la misión se refundó ahora… no sólo por mi dictamen, sino por el de la Junta de Misiones, en que asisten personas muy graves y de sobresaliente juicio y celo. Simón de León, al rey, Santiago, 4 de julio de 1703. AGI, Chile, 159.

85  Ibáñez de Peralta da cuenta al rey del estado de las misiones de Chile, Santiago, 30 de julio de 1702. AGI, Chile, 159.

86  Es la cifra que da Fonck 1900, op. cit., p. 49.

87  Generalmente en los documentos se habla indistintamente de puelches y poyas, cuando lo más probable es que en algunos casos sean puelches y en otros, poyas porque, como hemos dicho, ambas grupos, en general, se comportaban como enemigos.

88  Relación de Felipe de la Laguna, p. 169.

89  Olivares, op. cit., T. VII, p. 507. Fonck sostiene que llegó a finales de enero, habiendo tardado, en ese caso, cerca de 3 meses. Fonck 1900, op. cit., p. 51.

90  García 1944, op. cit., (108), p. 247

91  Relación de Felipe de la Laguna, p. 170.

92  Olivares, op. cit., T. VII, p. 507. Un estudioso del tema, Antonio Egaña, cree que la misión fue establecida en 1702, y que a fines del mismo llegó a ella el jesuita luxemburgués, Nicolás Kleffert como compañero de la Laguna. En enero de 1703 lo hizo Juan José Guillelmo (Egaña 1966, op. cit., p. 738). Más certero es Fonck, que al parecer sigue a Olivares cuando precisa que el 20 de enero de 1704 llegó a Nahuelhuapi Juan José Guillelmo en reemplazo del padre Sesa, que había enfermado y regresado a Chiloé (Fonck 1900, op. cit., p. 51). El padre Kleffert había trabajado antes junto a Juan José Guillelmo en la misión de Culé. Matthei, 1970, op. cit., T. II, p. 170, nota 129.

93  Estellé, Patricio y Ricardo Coudjoumdjian 1968, La ciudad de los césares: origen y evolución de una leyenda (1526-1580), Historia (7): 283-309, p. 289.

94  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159. Hanisch 1982, op. cit., p. 97 dice que Felipe de la Laguna llegó a Nahuelhuapi en 1704, cuando tenía 37 años.

95  García 1944 op. cit., (108), p. 247.

96  Egaña 1966, op. cit., p. 738.

97  Vignati, Milcíades 1936. El asiento de la misión jesuítica de Nahuel Huapi, Boletín de la Junta de Historia y Numismática Americana (8): 315-321, Buenos Aires.

98  Fonck 1900, op. cit., p. 52.

99  Ibidem, p. 54.

100  Relación de Felipe de la Laguna, p. 171.

101  Egaña 1966, op. cit., p. 738.

102  Relación de Felipe de la Laguna, p. 170-172.

103  García 1944, op. cit., (108), p. 247.

104  Egaña 1966, op. cit., p. 739. Olivares, op. cit., T. VII, pp. 521-522.

105 El gobernador de Chile, Juan Andrés de Ustáriz al gobernador de Chiloé, Santiago, 20 de julio de 1709. AGI, Chile, 159.

106  En 1712 aún no se concretaba la asignación, cuando el Rey decretó que se observase la medida. Madrid, 20 de diciembre de 1712. AGI, Chile, 67.

107  Covarrubias al rey, Santiago, 25 de enero de 1710. AGI, Chile, 159.

108  Ustáriz al rey, Santiago, 30 de octubre de 1712. AGI, Chile, 136.

109  Olivares, op. cit., T. VII, p. 532.

110  José Imhoff, Concepción, 14 de diciembre de 1717. AGI, Chile, 153.

111  Vázquez de Acuña, Isidoro 1999. Las vías de comunicación y transporte australes (siglos XVI al XX), Anstalt Aconcagua Verlag, Vaduz-Madrid-Santiago, p. 53.

112  Fonck 1900, op. cit., p. 76.

113  Nótese que es el mismo nombre del cacique que murió junto con Mascardi. Otros Manquehuenay existen después, lo que parece indicar que el nombre era territorial.

114  Tanto la muerte de Laguna como de Guillelmo las supone Olivares por envenenamiento. Los historiadores lo han aceptado como cierto, pero no está probado. De allí a buscar las causas de por qué mataron a Guillelmo sólo hay un paso para dejarlo todo referido al descubrimiento del camino, y con él, los españoles a hacer las malocas

115  Olivares, op. cit., T. VII, p. 525.

116  Enrich 1891, op. cit., T. II, p. 85.

117  Silva y Molina, op. cit., Libro IV, 2ª parte. Urbina Burgos, Rodolfo 1990a. La rebelión indígena de 1712: los tributarios de Chiloé contra la encomienda, Tiempo y Espacio (1):73-86, Chillán.

118  Real Cédula a Ustáriz sobre alzamiento de indios en Chiloé en 1712, Madrid, 4 de noviembre de 1713. AGI, Chile, 77.

119  El gobernador de Chiloé Antonio Martínez y la Espada sobre las expediciones chilotas en busca de los Césares, San Carlos, 28 de enero de 1783. Biblioteca Nacional, Manuscritos Medina (en adelante BN, MM), Vol. 203, fjs. 171.

120 José Imhoff, Concepción, 14 de diciembre de 1717. AGI, Chile, 153.

121 Fonck 1900, op. cit., p. 100.

122 Bazán, sin citar fuentes, dice que también servía al padre Elguea un mozo inglés. Bazán 1986, op. cit., p. 315.

123  Hanisch 1982, op. cit., p. 103.

124  El obispo de Concepción al rey, Concepción, 27 de marzo de 1718. AGI, Chile, 151.

125  Silva y Molina, op. cit., Libro IV. También Guarda, Gabriel 2002. Los encomenderos de Chiloé, Ediciones de la Universidad Católica, Santiago, p. 280, pero dice que los indios eran 168.

126  El obispo de Concepción al rey, Concepción, 27 de marzo de 1718. AGI, Chile, 151.

127  Miguel de Olivares, contemporáneo a los hechos, menciona la entrada del jesuita, enviado por las autoridades de Castro, padre Arnoldo Jasper, para informarse de la muerte de Elguea y tener noticias fidedignas sobre la posibilidad de continuar la misión. Probablemente iba con el grupo de Uribe y Gamboa. Furlong 1943, op. cit., p. 109.

128  Ascasubi, Informe cronológico de las misiones del reino de Chile hasta 1789, en Gay 1846, op. cit, Tomo I, p. 315.

129  Tampe, Eduardo 1997. Nahuelhuapi: tierra de mártires jesuitas. Parte I y II, Revista Católica (1.113 y 1.114): Santiago. 

130  Véase a Navarro García, Luis 2005. Misión y martirio. Los religiosos muertos en las fronteras septentrionales de Nueva España, en Estudios sobre América. La Asociación Española de Americanistas en su XX aniversario, Sevilla, pp. 1.279-1.289.

131  El gobernador de Valdivia, Francisco de Alvarado y Perales, al pdte. Domingo Ortiz de Rosas, Valdivia, 25 de febrero de 1750. AGI, Chile, 433.

132  Guell, Segismundo, Noticia breve y moderna del Archipiélago de Chiloé, de su terreno, costumbres de sus indios, misiones, escrita por un misionero de aquellas islas en el año 1769 y 70, en Hanisch 1982, op. cit., pp. 240 y sgtes. De esta manera informaba el padre Segismundo Guell a mediados del siglo XVIII, establecido en Chiloé, sobre la existencia del lago y sus indios. Aunque partió a conocerla en 1766, no logró llegar a ella.

133  Carta del jesuita Domingo Marino al rey, sobre las misiones de Chile, Santiago, 26 de noviembre de 1718. AGI, Chile, 153.

134  Fonck 1900, op. cit., p. 101. Nepomuceno Walter era partidario de erigir una misión en Tierra del Fuego, que además sirviera para apoyar a los navíos que recalasen. Según Walter, los naturales convertidos embarazarían el paso de los enemigos de Europa que intentasen desembarcar en la zona del estrecho de Magallanes, que calculaba a 180 leguas al sur de Nahuelhuapi. Informe de Nepomuceno Walter, procurador de la Compañía de Jesús, s/f. AGI, Chile, 240.

135  Informe del padre Nepomuceno Walter sobre los caucahués y la misión de Cailín, Santiago, 1 de enero de 1764. AGI, Chile, 240.

136  Oficio del gobernador de Chiloé Juan Antonio Garretón, sobre una expedición al interior de Reloncaví, al presidente Antonio Guill y Gonzaga, Chacao, 21 de octubre de 1765. BN, MM, Vol. 271. También AN, CG, Vol. 710, fjs. 134-135.

137 Francisco Menéndez, Diario del [primer] viaje de Fray Francisco Menéndez a Nahuelhuapi. Archivo Histórico Nacional, Madrid (en adelante AHN), Diversos-Colecciones, 32, N° 44, fj. 1v. También AGI, Lima, 1607.

138  Fonck 1900, op. cit., p. 101.

139  Oficio de Garretón, sobre una expedición al interior de Reloncaví, Chacao, 21 de octubre de 1765. BN, MM, Vol. 271.

140  Vázquez de Acuña, 1993, op. cit., p. 119.

141  Guell al gobernador de Chiloé Manuel de Castelblanco, Ralún, 18 de enero de 1767. AN, CG, Vol. 710, fjs. 88-89.

142  Véase Casanueva, Fernando 1982. La evangelización periférica en el Reino de Chile, Nueva Historia, Año 2, N° 5, Londres.

143  Urbina Burgos, Rodolfo 1990b. Las misiones franciscanas de Chiloé a fines del siglo XVIII: 1771-1800, Iártole Editorial, Serie Monografías Históricas, Instituto de Historia, Universidad Católica de Valparaíso, p. 14.

144  Vázquez de Acuña 1993, op. cit., p. 120.

145  Rodríguez Casado, Vicente y Florentino Pérez Embid (edición y estudio preliminar) 1947. Memoria del gobierno del virrey Amat y Junient, 1761-1776, Escuela de Estudios Hispano-Americanos, Sevilla, p. 658.

146  Hurtado a Croix sobre irregularidades de los misioneros de Ocopa, San Carlos, 12 de agosto de 1787. AGI, Chile, 230.

147  Informe de Hurtado sobre el estado actual de la disciplina eclesiástica, San Carlos, 16 de abril de 1788. AGI, Chile, 220.

148  Fray Francisco Álvarez de Villanueva, procurador de los colegios seminarios De Propaganda Fide del Perú y comisario del de Santa Rosa de Ocopa, Madrid, 23 de diciembre de 1777. AGI, Lima, 1606.

149  Fray Benito Marín y Fray Julián Real, Copia de la expedición de estos misioneros del Colegio de Ocopa a los archipiélagos de Guaitecas y Guayaneco en solicitud de indios gentiles, 1778- 1779, AN, Archivo Vidal Gormaz, (en adelante AVG), Vol 7, pieza 8, fjs. 399-420.

150  Fray Francisco Menéndez y Fray Ignacio Vargas, Copia de su expedición a los archipiélagos de Guaitecas y Guayaneco en solicitud de indios gentiles, 1779-1780, AN, AVG, Vol 7, pieza 8, fjs. 421-427. Véase también Cuesta Domingo, Mariano 1987. Aportación franciscana a la geografía de América, Actas del I Congreso Internacional sobre los franciscanos en el Nuevo Mundo, La Rábida, 1985, Editorial DEMOS S.A., Madrid, p. 561.

151  Urbina 1990a, op. cit., p. 95.

152  La descripción de sus cuatro viajes a Nahuelhuapi fue publicada por Fonck en 1900. Del primer y segundo viaje de Menéndez existen sus diarios en el Archivo de Indias, Lima, 1607 y en el Archivo Histórico Nacional de Madrid, Diversos-Colecciones 32, N° 44. El diario del primer viaje lleva por título Diario de la expedición que yo, Fray Francisco Menéndez, misionero del Colegio de Ocopa en el valle de Jauja, arzobispado de Lima, en el reino del Perú, hice desde el archipiélago de Chiloé en busca de la laguna llamada Nahuelhuapi, con el objeto de descubrir los Césares y osornenses que se suponen existentes al este del archipiélago, de orden del excelentísimo señor frey Francisco Gil y Lemos, virrey del Perú, que mandó que se me franqueasen en Chiloé los auxilios necesarios, y salí para dicha expedición acompañado del padre Fray Diego del Valle y 30 hombres, entre milicianos y soldados, en 3 de enero de 1791 hasta 14 de marzo del mismo, sin haber logrado el objeto de mi expedición. El segundo viaje tenía el mismo objeto, y se realizó entre el 21 de noviembre de 1791 y el 6 de febrero de 1792.

153  Menéndez fue un entusiasta viajero. Antes de estos periplos a Nahuelhuapi había realizado otros tres al sur de Chiloé, en busca de los Césares.

154  El capitán de dragones Andrés Morales también escribió un diario, llamado Diario o derrotero que hice en la expedición de Nahuelhuapi, año de 1791. AHN, Diversos-Colecciones 32, N° 44. También en Museo Británico, Add 17596; y en BN, MM, Vol. 208, fjs. 254-268.

155  El virrey Francisco Gil y Lemos al marqués de Bajamar sobre reducción de indios bárbaros de Nahuelhuapi, Lima, 30 de agosto de 1792. AGI, Lima, 1607.

156  Véase el Diario del sargento Pablo Téllez, que acompañó a Fray Francisco Menéndez en su segundo viaje a Nahuelhuapi, 17 de noviembre de 1791 al 22 de enero de 1792. Diario perteneciente al sargento 1º Pablo Téllez, segundo viaje de Fray Francisco Menéndez a Nahuelhuapi. AHN, Diversos-Colecciones, 32, Nº 44, Doc. 4.

157  Francisco Menéndez, Diario de la segunda expedición a Nahuelhuapi, Domingo 22 de enero de 1792. AGI, Lima, 1607.

158  Pedro de Cañaveral a Gil y Lemos, San Carlos, 20 de febrero de 1792. AHN, Diversos-Colecciones, 34, Doc. 58.

159  Cañaveral a Gil y Lemos, San Carlos, febrero (no se lee el día) de 1792. AHN, Diversos-Colecciones, 31, Doc. 97.

160  Idem.

161  González de Agüeros al rey, sin fecha. AGI, Lima, 1607.

162  De estos dos últimos diarios sólo tenemos noticias de lo publicado por Fonck 1900, op. cit.

163  Guarda, 2002, op. cit., p. 166. Guarda cita a AN, Real Audiencia, 2764 fjs. 182v.

164  Urbina, María Ximena 2007. La puerta de Nahuelhuapi: imaginario y formas de exploración del territorio en la frontera austral del reino de Chile, Actas del XII Congreso de la Asociación Española de Americanistas, Vol. I, Universidad de Huelva: 347-367. De la misma autora, 2007 El modo de explorar por mar, ríos y lagos, la ruta de Nahuelhuapi durante el siglo XVIII, Actas de las IV Jornadas de Historia Naval y Marítima de Chile, Museo Naval y Marítimo, Valparaíso: 63-80.

 

BIBLIOGRAFÍA

Documentos inéditos

Archivo General de Indias, Sevilla, Audiencia de Chile, legajos 67, 77, 103, 136, 151, 153, 159, 220, 230, 240, 279, 433; Audiencia de Lima, 1606, 1607

Archivo Histórico Nacional, Madrid, Diversos-Colecciones 32, N° 44.

Archivo Nacional, Santiago, Fondo Capitanía General, Vol. 710, 717

Archivo Nacional de Santiago, Fondo Varios, Vols. 138 a 142.

Archivo Nacional, Archivo Vidal Gormaz, Vol 7 Biblioteca Nacional, Manuscritos Medina, Vol. 203, 208, 271

Documentos impresos

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Recibido: 01/03/2008
Aceptado: 27/05/2008

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