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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.39 no.1 Punta Arenas  2011

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442011000100019 

MAGALLANIA, (Chile), 2011. Vol. 39(1):301-302

OBITUARIO

 

Hans Roehrs Bahrdt (1920-2011)

 

 

Hijo de una familia de origen alemán arraigada en Magallanes desde fines del siglo XIX, compartió con sus hermanos y hermanas la formación que hizo de todos ellos gente estimable, honesta y austera, laboriosa y responsable, pero también alegre y amistosa que tempranamente los calificaron entre sus relaciones sociales.

Pero si las mismas con lo valorables que son pudieron ser las propias de tantos otros hijos de familias inmigrantes en Magallanes, hubo otra cualidad que distinguió a los hermanos Roehrs Bahrdt y en particular a Hanni, Tila y Hans, como fuera la de su interés y amor por la naturaleza. Ello se dio seguramente por el hecho de haber tenido el padre el trabajo rural como actividad de toda la vida, desde puestero a administrador de estancia, circunstancia que significó que su numerosa familia lo acompañara en su larga permanencia en los campos de Tierra del Fuego y Patagonia. Así Hans y sus hermanos crecieron y se formaron igualmente en el disfrute de la vida natural, pero desarrollando asimismo una cualidad innata de observación de sus características lo que hizo de ellos unos admirables y excepcionales conocedores y después confiables y valiosos informantes científicos.

En el caso particular de Hans, este último aspecto hizo de él un verdadero experto, cualidad que se valorizaba con una magnifica memoria locativa y con un rigor no menos admirable en la confiabilidad de la observación.

Lo conocí hace más de medio siglo y tuvimos una rápida empatía por cuanto compartíamos principios, valores y aficiones. Con su habitual abierta disposición aceptó integrarse a algunas iniciativas personales que procuraban estimular el mejor y mayor conocimiento sobre la historia y la geografía de la región como fuera el Centro Patagónico de Historia Natural, el Centro de Estudios Patagónicos y la Fundación Magallanes, entidad de la que surgiría el Instituto de la Patagonia en 1969. Fue en todas ellas un miembro interesado y activo que, en la medida de sus posibilidades, contribuyó a su desarrollo, pero especialmente en el último caso, devenido, como bien se sabe, en la expresión constructiva más feliz y exitosa de un esfuerzo para el progreso del conocimiento humanístico y naturalista en la Región Magallánica.

Así, a lo largo de las más de cuatro décadas de existencia de la entidad pasó a ser un colaborador entusiasta de su actividades de investigación entregando información, acompañando en trabajos de terreno, aportando datos invariables valiosos, brindando consejos útiles hijos de su larguísima experiencia de campo y todo ello, siempre, con generosidad y sin alardes. Tempranamente pasó a ser uno más del elenco integrante del Centro de Estudios del Hombre Austral, cada vez más incorporado al mismo, que disfrutaba y se complacía con sus logros académicos y científicos, característica que se manifestaba en sus últimos años con visitas periódicas para estar al día con la marcha y resultados de los proyectos y trabajos, ocasiones en las que compartía interesado como el que más. En su loable afán por ayudar a la tarea común no le bastó compartir las informaciones acumuladas en su prolongado contacto con la naturaleza territorial, sino que decidió donar todo el fruto material de sus propios trabajos realizados a lo largo de su vida en compañía de su esposa Hilda. Y lo hizo en la certidumbre de que aquel tesoro, que bien vale el calificativo, tendría un sentido de trascendente provecho para la comunidad regional al ser conservado por el Centro de Estudio del Hombre Austral del Instituto de la Patagonia. De ese modo, poco a poco, pieza tras pieza, luego conjuntos y colecciones a los que añadió documentos y álbumes fotográficos, fueron pasando de sus manos al poder del Centro, que las recibía consciente de su inapreciable valor. Este gesto personal, que en el último tiempo devino casi una apremiada obsesión, es quizás el mejor recuerdo que nos ha dejado este buen amigo y admirable colaborador.

Mateo Martinić B.

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