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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.40 no.1 Punta Arenas  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442012000100021 

MAGALLANIA (Chile), 2012. Vol. 40(1):341-349

NOTAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRÁFICOS

 

European encounters with the yamana people of Cape Horn, before and after Darwin. Por Anne Chapman. Cambridge University Press. 16 X 23,5 cms. 722 págs. Ilustraciones y mapas. New York 2010.

Anne Chapman, la más importante investigadora de la etnografía fueguina durante los últimos 50 años, construyó una amplia obra sistemática que se ocupó de las distintas sociedades que habitaban Tierra del Fuego al tiempo de los primeros contactos históricos. De todas maneras, la parte más importante de su investigación fue dedicada a la sociedad Selk´nam del norte de la isla, a la que dedicó varios libros y otras publicaciones. Este libro se concentra en la sociedad Yámana del sur de Tierra del Fuego, a la que había dedicado relativamente menos publicaciones.

El libro consta de 15 capítulos, abundantemente subtitulados y con excelentes ilustraciones que incluyen material histórico y etnográfico muy poco conocido. La extensa subdivisión del contenido del libro suple la ausencia de un índice temático que hubiera ayudado a utilizar e investigar sus más de 700 páginas.

Si bien los contactos históricos constituyen el eje de este extenso volumen, se incluyen también ricas caracterizaciones de distintos momentos de esa etnia, se evalúan sus relaciones con otras etnias -particularmente con los Haush- y se discuten sus modos de subsistencia, sistemas de creencias y otras características de los Yámana, incluyendo abundante información etnográfica original.

Por supuesto ocupan un lugar central, como lo indica su nombre, los numerosos encuentros de los Yámana del canal Beagle con Robert Fitz Roy, Charles Darwin y otros tripulantes de H.M.S. Beagle. Estos encuentros fueron fundamentales para atraer la atención mundial sobre esa etnia y sobre esa región del mundo. Debe destacarse que Chapman ha compendiado y comentado meticulosamente todas las descripciones de dichos encuentros, lo que constituye un aporte fundamental para eventos que son a la vez tan mencionados como poco conocidos.

El tratamiento de los encuentros históricos en general es muy completo y en mucho excede a los "encuentros europeos" mencionados en el título. Hay un exhaustivo tratamiento de encuentros con marinos norteamericanos y con viajeros y exploradores chilenos y argentinos, muchos de los cuales son apenas conocidos fuera de los círculos académicos. Todos estos encuentros están adecuadamente contextualizados, lo que opera como un adecuado antídoto contra la reciente tendencia a juzgar los encuentros exclusivamente con los ojos del presente. Esto no significa que este libro sea acrítico, o que no evalúe tanto las acciones y decisiones desarrolladas en el pasado como sus resultados. Una buena prueba la constituye el excelente tratamiento de la credibilidad de las fuentes misionales. Muy por el contrario, lo que esto significa es que cuando Chapman hace acusaciones lo hace con criterios no exclusivamente basados en una visión moderna de los encuentros. Para finalizar no debe dejar de mencionarse que Anne Chapman falleció muy recientemente, en junio de 2010, y que esta fue la obra que atesoró y desarrolló durante sus últimos años. El texto publicado la muestra en completo dominio del tema y sus fuentes. Constituye, además de otro testimonio a su capacidad e inteligencia, un magnífico cierre a una carrera profesional extraordinaria.

Luis Alberto Borrero

 

Punta Arenas y el país del agua. Por Mónica Bosselin Pereira, Guy Wenborne Huyghe, Claudio Rolle Cruz, Gonzalo Saavedra Vergara y Sebastián Seidedos Morales. Banco Santander. 30,5 x 24, 5 cms. 322 págs. Ilustraciones, mapas y planos. Santiago 2011.

De primera podría suponérsele ser uno más –magníficamente presentado– de los libros de buen nivel realizados por encargo empresarial, en el caso por el Banco Santander, para la distribución entre sus clientes. Pero en cuanto se inicia su lectura se advierte que es ciertamente algo más. Basta leer la introducción para entender el porqué del título asignado a la obra, en especial aquello de ser el territorio magallánico "el país del agua". Está tan bien lograda la descripción de la íntima asociación tierra-agua en su doble carácter de condicionante geográfico y cultural que no vacilamos en afrmar que tal vez nunca la hemos encontrado antes mejor entendida por un autor ajeno al territorio, por la intuitiva comprensión –el concepto de país del agua– que revela y por su excelente lenguaje, en la que creemos ver la intervención directa (o a lo menos la inspiración) del historiador Claudio Rolle.

Hecha esta consideración como cosa necesaria, vale describir el contenido completo del libro. El mismo se presenta dividido en cuatro secciones o capítulos: "La aventura del estrecho", "Un territorio de nadie", "Integración y acogida" y "Tierra a la vista… Tierra del Fuego", cada uno de ellos subdivididos a su vez temáticamente para una mejor secuencia comprensiva. En ellos en forma sucinta y bien lograda se da cuenta del acontecer histórico magallánico a lo largo del tiempo en el que se destaca a los protagonistas eminentes, los valores patrimoniales, la fuerza identitaria y cultural de la sociedad habitante y los recursos variados de la economía productiva. Y todo ello en una muy acertada y feliz combinación de texto e ilustraciones, fotografías históricas, las menos, y actuales debidas a la competencia y talento magistrales de Guy Wenborne. El resultado es una mezcla estupenda de imágenes y palabras, calificación que elevamos a magnífica al agregar que el diseño de la obra y su materialidad impresa ponen un nivel de calidad de excelencia y, como tal, rarísimo en publicaciones del género. Como obra colectiva, donde han participado además de los mencionados Mónica Bosselin, Gonzalo Saavedra y Sebastián Seisdedos bajo la coordinación del Prof. Rolle, merece ser calificada de ejemplar; una real contribución enriquecedora del acervo escrito y grafico sobre la Región Magallánica.

Mateo Martinić B.

 

Monseñor Giacomini paladín de magallanidad. Por Mateo Martinić B. Edición Museo Magiorino Borgatello. 13,8 x 20,3 cms. 192 Págs. Ilustraciones. Punta Arenas 2011.

Con el título señalado, el Premio Nacional de Historia 2000, Mateo Martinić Beros, nos entrega en esta ocasión, un ensayo biográfico de Mons. Pedro Giacomini Calimán, quien fuera titular de la Inspectoría trinacional de San Miguel Arcángel (integrada por la Provincia de Magallanes (Chile), los Territorios Nacionales de Santa Cruz y Tierra del Fuego (Argentina) y las islas Malvinas (Gran Bretaña) y Administrador Apostólico de Magallanes de 1939 a 1948. Es un sentido homenaje y reconocimiento del autor a quien fuera el maestro e inspirador de su concepción de Magallanidad.

La obra, si bien es presentada como ensayo biográfico, es más que eso; nos permite conocer el Magallanes previo a la llegada de Mons. Giacomini: la situación política, el surgimiento del movimiento regionalista, algo incomprendido por el "Chile Tradicional o Metropolitano", el ubicado de Llanquihue al norte; la situación educacional y la crítica, sin fundamento, de una supuesta falta de espíritu patriótico de la educación impartida en la provincia de Magallanes en general y a la salesiana en particular, a lo cual el autor responde resaltando las características de ella y como leal exalumno salesiano defendiendo a sus maestros de manera fundamentada. El magallánico se siente chileno y la educación recibida por él, en su tierra natal, favorece el sentimiento patrio, pero esta chilenidad, debido al desarrollo histórico de Magallanes es distinta a la del centro del país, el cual, a su vez, se alza como modelo único del sentimiento nacional, no dando lugar a otras expresiones: el norte, Chiloé, Aysén, etc.

En relación a la ausencia de los salesianos en la región de Aysén, el profesor Martinić plantea la duda por qué ellos no se hicieron cargo de la evangelización permanente de la población de dicho Territorio, siendo que la parte sur de Aysén, en lo eclesiástico, estuvo unida a Magallanes desde el 47°, para ser más exacto el espacio geográfico del Baker; y más aún, que a fines de la década del 20 y comienzos de los 30, la diócesis de San Carlos de Ancud, a la cual pertenecía la parte norte de Aysén, estaba a cargo de un hijo de don Bosco: Mons. Abrahán Aguilera, el primer obispo salesiano chileno. Aysén se transformó así en la "… la gema faltante en la corona salesiana de la Patagonia".

Un punto no trabajado en la obra, por no ser la temática del libro, es el límite norte del Vicariato Apostólico de Magallanes, el cual Mons. Giacomini, en carta a la Nunciatura, del 20 de septiembre de 1946, indica que corresponde al político-administrativo de ese entonces, pero no hay mención de un documento, en forma expresa, en el cual se precise dicho confín. Por lo tanto, se debe continuar la revisión de los documentos, para precisar en qué momento la parte del Baker dejó de pertenecer al Vicariato de Magallanes y pasó al cuidado espiritual de los Siervos de María quienes se establecieron en la provincia de Aysén en 1937.

El ambiente a la llegada de Mons. Giacomini no era el más propicio, pero supo encarar el momento y devolver la confianza a los magallánicos, para lo cual realizó dos grandes obras, ambas estudiadas en el trabajo de Martinić: mejorar y ampliar la oferta educativa salesiana y con ello fortalecer, aún más, el patriotismo, enmarcado en el pasado y medio geográfico del austro americano y llevar a cabo el IX Congreso Eucarístico Nacional, llamado Congreso Eucarístico de Magallanes, con la aprobación de todos los presentes y el reconocimiento expreso del Legado Papal, Mons. Maurilio Silvani. A los dos logros notables, se debe agregar las gestiones de Mons. Giacomini a favor de la erección de la Diócesis de Punta Arenas, con lo cual la iglesia de Magallanes deja de ser un Vicariato Apostólico, alcanzando su "mayoría de edad", el 27 de enero de 1947.

"El paladín de la Magallanidad" es el título del capítulo VI de la obra en comento, en él nuestro autor se refere a la importancia, que producto del estudio, Mons. Giacomini otorga a Magallanes en la Historia Nacional. Expresiones que debieron parecer extrañas: "El verdadero Chile está en Magallanes", "¡Magallanes!, donde Chile es más Chile y el tricolor es más chileno…" salieron de sus labios y de su pluma, dirigidas a fieles, alumnos y personas de buena voluntad, llegando al corazón de ellos, al extremo que uno de sus más notables alumnos, el profesor Martinić, reitera su deuda con el personaje motivo de este trabajo.

En el libro de don Mateo podemos percibir que vivir en Magallanes, izando el pabellón patrio a pesar del abandono y de la incomprensión del "Poder Central" es una prueba irrefutable de la chilenidad del magallánico, ello le da la razón a Mons. Giacomini y a su tesis: "Chile nació en el sur", de otra manera no entenderíamos por qué sus habitantes, siguen sintiéndose chilenos, de una manera "magallánica", por cierto. Lo anterior, en este momento histórico, en el que nuevos reclamos de algunas regiones se hacen sentir, con un discurso oficial de fondo que aboga por respetar las diferencias, pero que se niega a hacer carne sus palabras, nos merece un gran respeto.

Esta obra es un importante aporte para la historiografía local y nacional y en especial para la historiografía eclesiástica del sur de nuestro país, al entregarnos parte de la vida de Mons. Giacomini y describirnos más de una década de la antigua provincia de Magallanes. Si bien el autor, en el prólogo, nos señala las dos razones que le han movido a realizar este trabajo: reconocimiento y gratitud para con Mons. Giacomini, podemos indicar que ellas están logradas en plenitud de una manera científica, la admiración por el personaje no le impide realizar un análisis frío, cuando corresponde, de la actuación de su biografado.

Enrique Martínez Saavedra

 

A la hora del crepúsculo. Por Mateo Martinić Beros. Ediciones Universidad de Magallanes. 27x22 cms. 276 págs. Ilustraciones. Punta Arenas 2011.

El contenido de este interesante libro es una reposada mirada retrospectiva de los hitos que han vertebrado la vida de Mateo Martinić. A diferencia de sus estudios históricos sobre materias específicas a las que nos tiene acostumbrado el autor, esta vez nos ofrece un resumen de su fructífera existencia. No cabe, por lo tanto, hacer en este caso un análisis crítico, pero sí comentar su vida estrechamente vinculada a su tierra natal, Magallanes. La calidad de sus libros y artículos referidos a la región austral, vastamente conocidos entre los historiadores, nos exime de su análisis, para centrarnos, por ahora, en éstas, sus memorias.

Mateo Martinić ha llegado a sus 80 años de vida y ha creído que es tiempo de pasar revista a su trayectoria por este mundo, y su compromiso con la región magallánica. Según el autor, ha llegado el momento de escribir, y en este caso no alguna nueva monografía sobre la región, sino hacer recuerdo de las etapas más significativas de su larga existencia. Así, pues, llega a nosotros "A la hora del crepúsculo… recuerdos de un hombre común", que resulta un valioso testimonio de la vida del autor que trascurre durante buena parte del siglo XX en la periferia del país. Como él mismo dice en el Prólogo, se ha resuelto a recordar lo hecho "sin otra pretensión que la de dar cuenta –por creerlo de algún valor– de cómo ha podido ser y desarrollarse la existencia de quién se ha hecho a sí mismo…teniendo como única meta de la vida ser un hombre de provecho para sí y la sociedad".

Comienza con "La familia, el hogar y el barrio" para hacer un recuerdo de sus padres, hermanos y colaterales, todos croatas, entre los años 1906 en que su padre llega a Punta Arenas, y 1931, fecha esta última del nacimiento del autor. El tratamiento que hace de esta parte es cálida. El capítulo permite conocer cómo vivía las colectividad croata en Punta Arenas cuando esta ciudad bordeaba los 30.000 habitantes a principios de los treinta, las actividades que desarrollaban los recién llegados, la sencillez de la vida, la tendencia a contraer matrimonio entre connacionales, etc., aspectos todos que dibujan un cuadro muy nítido de una determinada familia de la isla dálmata de Brac´ –los Martinić´ Berosˆ– que se inserta en esa ciudad austral por entonces más cosmopolita que hoy.

Los años treinta son sus tiempos de infancia. En su sensibilidad de niño, Martnic se detiene en los afectos familiares, en la calidez del hogar y en el mundo del barrio en una década en que el resto del país se veía distante y ajeno, tanto que parecía que Punta Arenas, formada por europeos y chilotes, no era estrictamente una ciudad chilena, y que la tarea del Gobierno era chilenizarla, como se decía con exageración en aquellos años de aislamiento. En ese ambiente de cabecitas rubias y cabecitas negras se desenvolvía la infancia de Mateo Martinić al calor de la cocina y de las comidas croatas, del idioma que se hablaba en familia y que él no cultivó, de la cultura material hogareña, de las primeras lecturas comentadas en casa, y de ese fascinante aparato que era la radio una novedad que llegó al hogar para permitir imaginar el mundo exterior: Argentina, Uruguay, Brasil, etc., que se captaban en onda corta, cuando todavía no se oían las radios santiaguinas. Las broadcastings Belgrano, Splendid o El Mundo, de Buenos Aires, entre otras, están en el recuerdo de Martinić, así como "las voces graves y afatadas de locutores y locutoras argentinos, con su perfecta modulación vocal, que ponían en movimiento mi imaginación infantil", dice (p. 38).

El sector de la ciudad situado entre la avenida España e Independencia, la avenida Colón, al oeste del ámbito urbano, y la calle Zenteno, conformaban el espacio de la infancia, como uno de los diez barrios en que estaba dividida Punta Arenas. Allí estaban las familias que el autor recuerda con sus nombres, y allí también los personajes de cotidiana presencia: el cervecero, el limonadero, el carnicero, el panadero, el repartidor de café y el carrero, que abastecían al vecindario y que Martinić rememora con particular afecto y describe hasta el último detalle de cada uno, lo que consideramos de gran utilidad para la Petite Histoire urbana de entonces. Entendemos cuando dice que "aquellos tiempos de infancia en el barrio y sus alrededores fueron muy felices, vividos con la sencillez de la gente común, en pacífica convivencia y amistad… Una época ciertamente hermosa y grata que marcaría mi existencia con sensaciones, experiencias y conocimientos que contribuyeron a formar la que habría de ser mi personalidad" (p.70).

Y así llegan "Los años Escolares", como titula el segundo capítulo. Corría el año 1938 cuando el autor cumplía 7 años y la profesora Julia Guerra le enseñaba a leer en el libro Ojo, para pasar, en 1940, al Colegio Salesiano San José donde permaneció hasta completar las Humanidades, en 1949. No era un colegio cualquiera. Antes que él estudiaron allí Roque Esteban Scarpa, Enrique Campos Menéndez y Francisco Coloane, lo que no deja de llamar la atención porque llegaron a obtener el Premio Nacional de Literatura. Martinić recuerda que el colegio le despertó el interés por la Geografía examinando e imaginando el mundo en los "grandes mapas entelados y en colores de Chile, América, Europa". Eran mapas "políticos y físicos que no me cansaba de mirar", dice Martinić, mientras las conversaciones en casa giraban en torno de la Guerra Civil Española y la Segunda Guerra Mundial, temas que motivaban ya al futuro historiador.

Un colegio de religiosos como el San José tuvo que infuir también en su vocación por las sotanas. Su vida pudo tener otro derrotero. Entre 1943 y 1945 se internó como preparación para el aspirantado. Pero pronto cayó en la cuenta que el sacerdocio no era su verdadera vocación; se sentía "constreñido", lejos de la familia añorando la vida hogareña. "No fui feliz entonces –dice– y paulatinamente fue surgiendo en mi interior el deseo de evadir ese destino para el cual no me sentía llamado y retornar a mi anterior libertad" (p.94).

El colegio le imprimió un sello marcadamente humanista, pero también le despertó el interés por las Ciencias Naturales. El gusto por la Historia y Geografía iba de la mano con su afición por las excursiones al interior. Así descubría su sensibilidad por el paisaje, las plantas y las aves. Martinić alude a sus excursiones a la isla Riesco, experiencia que considera su primera aproximación al conocimiento del territorio de Magallanes, pero también el viaje al cabo Froward y su participación en la colonia escolar de Leñadura. Así nació el gusto por las caminatas y la contemplación de la naturaleza. Como él mismo dice, se hizo "gozoso y atento observador de las manifestaciones vitales", de allí su interés por la entomología y por los insectarios. Y cuando el tiempo borrascoso lo impedía, entonces se refugiaba en la lectura, en la música selecta, en los temas de religión y, desde 1946, su afición a conversar sobre política. El sentimiento amoroso para con su entorno geográfico se iba manifestando por entonces: "En mis diarias caminatas hacia y desde el colegio –dice– gustaba a veces detenerme por algunos momentos en el mirador del Cerro de la Cruz (Fagnano y Señoret) para contemplar una vista de la ciudad y el mar, y en el horizonte, Tierra del Fuego, así como los "despliegues de luz y color que solían darse en la época invernal" (p.103).

Concluidos sus estudios secundarios, lleno de sueños de adolescente y con la meta puesta en la universidad para dar forma a sus inquietudes humanistas, el autor nos revela lo que para un muchacho provinciano era enfrentar la difícil decisión de abandonar el cálido refugio del hogar para lanzarse a la aventura que significaba la gran ciudad capital. Por esos años los jóvenes de provincia que aspiraban a los estudios superiores eran una minoría local, de ciudades pequeñas, lentas y ajenas a la vida que bullía en Santiago. Bajo el título "Santiago y la Universidad", el autor recrea el escenario de su primera experiencia universitaria, en 1950, su vocación, su cotidianeidad con sus compañeros de estudio y de pensionado. En Pedagogía en Historia fue parte de una generación que con el tiempo sería notable: Rolando Mellafe, Sergio Villalobos y Mario Orellana, que más tarde serían tres premios nacionales de Historia, como el mismo Martinić lo será también el año 2000.

Su paso por Historia fue, sin embargo, breve. Antes de terminar el año estaba de regreso en Punta Arenas. Luego, en 1951, volvió a la capital, ahora para estudiar Derecho. Recuerda a sus profesores Gabriel Amunátegui, Ernesto Barros Jarpa, Máximo Pacheco, en fin, Jaime Eyzaguirre de quien fue ayudante de cátedra. Estaba en Derecho, pero su interés seguía siendo la Historia y ahora específicamente todo cuanto dijera relación con la Patagonia llegando a tener una vasta cultura en el tema gracias a sus lecturas en la biblioteca de la universidad y en la Biblioteca Nacional. De la Universidad de Chile se cambió a la Universidad Católica donde concluyó la carrera hasta jurar como abogado. Sin embargo, nunca abandonó su pasión por la Historia. Su memoria, dirigida por Javier González Echeñique, Presencia de Chile en la Patagonia Austral, 1843-1879, le permitió dar testimonio de su talento como investigador y de su ya consolidada preferencia por los temas magallánicos. La historia regional le dará con el tiempo el prestigio que hoy ostenta como historiador y le permitirá incorporarse como miembro correspondiente a la Academia Chilena de la Historia.

Su paso por Santiago fue breve. Se podría decir que, a excepción del estudio, la capital apenas significó algo en su desenvolvimiento vital. Y esto es una nota si se quiere diferente al común de los estudiantes. Durante los años cincuenta, éstos, de procedencia provinciana, una vez que alcanzaban el título profesional, se quedaban a ejercer en Santiago por las posibilidades que ofrecía la capital. En la misma década, Mateo Martinić pudo haber hecho lo mismo. Jaime Eyzaguirre lo estimuló para que ingresara al Ministerio de Relaciones Exteriores y siguiera la carrera diplomática, sugerencia que Martinić desestimó porque su regreso a Punta Arenas era asunto resuelto. Tenía claro, pues, que su futuro estaba en su tierra natal, y con su título en mano, allá se fue. Abrió su bufete y combinó el ejercicio profesional con el cultivo de la historia patagónica. Por esos años los temas australes eran patrimonio de Armando Braun Menéndez. El primer libro de Martinić vio la luz en 1964 y fue la citada memoria de Derecho publicada por la Editorial Andrés Bello. Estimulado por la recepción que tuvo esta publicación no detuvo su producción historiográfica hasta el presente.

En los mismos años sesenta Martinić acariciaba el sueño de un Magallanes más grande y próspero. Se puso como objetivo estudiar "su realidad social y económica y sus perspectivas de desarrollo y progreso. Ello –dice– había motivado mi atención desde mucho tiempo antes pero se había profundizado durante los años universitarios, y ahora, con el aplomo que me brindaba el saberme profesional, pude dedicarme a meditar en tan trascendente materia" (p.198).

Fue iniciativa de Martinić el proyecto de hacer del área del Paine un parque nacional. La idea original del proyecto Torres del Paine que surgiera en los años sesenta le pertenece efectivamente a Mateo Martinić y al arquitecto Miguel García Fernández. Poco antes, en 1958, Martinić creó el Centro de Estudios Patagónicos. Pero su obra más cara y prestigiosa hasta el presente fue el Instituto de la Patagonia creado en 1969. Al año siguiente se publicó Anales del Instituto de la Patagonia, y luego también Magallania que recoge las investigaciones en ciencias humanas. Todo ello representa el quehacer de esta institución regional, tal vez la más importante del país. En 1984 el Instituto se integró a la Universidad de Magallanes.

En los años sesenta Martinić participó del "Frenesí de la Patria Joven", como titula uno de sus capítulos. Estaba comprometido con la Democracia Cristiana y para incorporar a Magallanes en la mirada país. No vaciló en aceptar el nombramiento como Intendente que le ofreciera el Presidente Eduardo Frei Montalva el 10 de noviembre de 1964. Su desempeño como tal es tratado extensamente por el autor en estas memorias y es, quizá, la experiencia de servicio público que recuerda con más satisfacción (pp.213-238).

En fin, se trata de un libro escrito por un historiador que ha querido dejar testimonio de lo vivido. Está hecho con humildad, honestidad y buena pluma. No menciona los títulos de sus publicaciones, pero allí están Historia de la Región Magallánica, Cartografía Magallánica, Archipiélago Patagónico, incluso su De la Trapananda al Áysen, entre los más de 500 títulos de libros y artículos salidos de su incansable pluma, de su capacidad investigativa y de su amor por la Patagonia. Creemos que con él y con Gabriel Guarda y sus contribuciones sobre Valdivia, la Historia Regional ha alcanzado su lugar en la historiografía nacional estimulando a los jóvenes investigadores a continuar por esta senda.

Cuando llega a su último capítulo se pregunta "¡Y ahora qué!", compartimos sus palabras finales: "Voluntad de ser y dar a la vida un sentido de trascendencia, superando para ello todas las barreras". Así puede resumirse cabalmente su trayectoria a lo largo de su vida, una vida que sin la compañía de su esposa (a quien dedica un capítulo con el título "Lola") habría carecido de la real significación exis-tencial que otorga el amor (pp. 133-174). Y en estos sus años postreros suspira por su tierra: "Quiero seguir complaciéndome con la contemplación de los maravillosos y sugerentes cielos de la Patagonia en los que he tenido una fuente renovada de gozo e inspiración, quizá a la manera de cómo pudieron tenerla los viejos tehuelches (¡qué buena pampa...!).

Rodolfo Urbina Burgos

 

Porvenir (1880-1950). Arquitectura y urbanismo de Tierra del Fuego. Por Mirko Covacevich Pérez. 16, 5 X 24 cms. 170 págs. Ilustraciones y planos. Santiago 2011.

La preocupación por el patrimonio edificado en Magallanes (y en Patagonia en general) es cosa relativamente reciente como tarea académica y ha surgido por una doble vertiente: la propia de los investigadores del acontecer del pasado regional (historiadores y arquitectos) y otra de los memorantes de la carrera universitaria de arquitectura. Unos y otros, concordando en motivaciones valorativas sobre dicho acervo material en tanto que refejo de cultura, técnicas constructivas y formas de vida y trabajo, reúnen al presente no más de una decena de trabajos publicados y muchos menos inéditos, que en su conjunto han contribuido y contribuyen a la mejor descripción comprensiva de la obra constructiva del hombre en el particular espacio geográfico meridional americano.

La más reciente expresión de ese interés y de su fruto es la obra del epígrafe, realizada por el arquitecto Mirko Covacevich Pérez, en quien se unen la competencia profesional y la condición familiar de su raigambre pionera fueguina. Porvenir, la capital de la Tierra del Fuego chilena es precisamente la materia de su preocupación, que se manifiesta en la descripción de su arquitectura en madera y en su evolución como expresión patrimonial y cultural, y de la evolución urbana considerada en el periodo comprendido entre 1880, esto es, la etapa del comienzo de la ocupación y del asentamiento colonizador (minería aurífera, crianza ovina, comercio), por tanto una fase preurbana hasta 1894, y su continuación hasta la mitad del siglo XX, época para cuando la pequeña ciudad fueguina había enterado su primer y caracterizador cincuentenario de existencia.

Partiendo con el necesario relato histórico contextualizador para la debida comprensión del lector (exploraciones y poblamiento; formas edificadas y tipológicas introducidas y desarrolladas con resultados de arquitectura identificadora), tanto en lo concerniente a la Región Magallánica como a la isla grande de Tierra del Fuego, el autor aborda el origen y desarrollo de Porvenir, así como la evolución de la arquitectura pionera, en una presentación bien lograda tanto por el lenguaje fácil del texto como por el añadido de su necesario complemento de ilustraciones (fotografías, levantamientos a mano alzada y planos). En síntesis, el libro de Covacevich es una real contribución para el conocimiento y valoración de la materialidad edificada de la capital fueguina, aquella antigua devenida patrimonio cultural e histórico, que de esa manera viene a satisfacer una necesidad informativa sobre una materia antes considerada sólo preliminarmente por otros arquitectos e investigadores. La edición hecha por el propio autor debe apreciarse, asimismo, por su sobria calidad y su acertado diseño. En verdad un aporte para la todavía escasa historiografía fueguina chilena.

Mateo Martinić Beros

 

Viajes exploración por los archipiélagos australes. Autor Enrique Simpson, Ofquis Editores E.I.R.L. 16 x 22,5 cm, 230 p. Ilustraciones y mapas, Temuco. 2011.

Ofqui Editores se ha propuesto reeditar aquellas obras escritas del pasado que por su significación la merecen, en el convencimiento que las mismas integran el patrimonio cultural de la nación chilena y que, por tanto, deben ser puestas a disposición del público culto interesado en ellas.

Y para iniciar tan loable tarea ha elegido bien al seleccionar el libro EXPLORACIONES HECHAS POR LA CORBETA CHACABUCO AL MANDO DEL CAPITAN DE FRAGATA DON ENRIQUE M. SIMPSON EN LOS ARCHIPIELAGOS DE GUAI-TECAS, CHONOS I TAITAO, que fuera publicada por única vez en 1874. Decimos que se escogió acertadamente por dos razones; una, por cuanto es la primera obra geográfica descriptiva de envergadura referida a una parte del territorio nacional escrita por un chileno, toda vez que para la época, las únicas conocidas por su importancia y calidad eran las que habían dado cuenta de los resultados de los trabajos y exploraciones realizadas por europeos tales como Claudio Gay, Amado Pissis, Ignacio Domeyko y Rodulfo A Philippi, entre otros. Y otra, por cuanto la obra de Simpson que informa sobre los resultados de sus cuatro expediciones emprendidas en la Patagonia occidental entre los grados 44 y 46 de latitud sur por encargo del Supremo Gobierno, entre enero de 1870 y septiembre de 1873, merece ser considerada como la contribución fundamental en el género de que se trata para el conocimiento del vasto sector centro–occidental de la Patagonia chilena, al punto de que a partir de la misma puede datarse el principio de la historia moderna y del conocimiento geográfico de la región de Aysén.

Para valorarla especialmente cabe recordar que antes de los viajes y trabajos emprendidos por el comandante Enrique M. Simpson, en Chile se disponía únicamente de aquellas relaciones antiguas del tiempo del dominio hispano correspondiente a los relatos de los viajes misionales y de reconocimiento realizados a las regiones situadas al sur de la isla de Chiloé por orden de las autoridades de Chile y del Virreinato del Perú, entre ellos el calificado estudio emprendido por el ilustre marino español José de Moraleda y Montero; y, en época más reciente, de la relación de la parte correspondiente del célebre periplo hidrográfico del bergantín HMS Beagle bajo el mando del comandante Robert FitzRoy, entre 1832 y 1834. Unos y otros trabajos con lo valiosos que habían sido, conformaban para 1870 un corpus informativo con mucho de elemental, insuficiente e incompleto para el debido conocimiento de la geografía marítima del amplio sector comprendido entre las islas Guaitecas y el golfo de Penas, y de su correspondiente territorio continental aledaño y, aun así, dominio de algunos pocos hombres ilustrados del país, mayormente académicos, pues buena parte de ese acervo se contenía en los repositorios coloniales nacionales y españoles que recién eran materia de investigación.

Esta circunstancia de carencia informativa se daba, además, en un contexto muy particular como era el de la controversia que las Repúblicas de Chile y de Argentina mantenían por entonces acerca del dominio de la Patagonia y Tierra del Fuego, y que por lo tanto, exigía disponer de la mayor información para la mejor defensa de los correspondientes derechos. En el caso de Chile ello se refería a las absolutamente desconocidas zonas ultracordilleranas de la Patagonia central que se suponía eran territorio de interés por sus posibles riquezas naturales y para la ocupación colonizadora. Las mismas habían sido dadas a conocer al mundo científico con la publicación hecha en 1870 por el antiguo comandante de la Marina Británica George Ch. Musters, y que daba cuenta de su recorrido por la Patagonia interior desde la colonia chilena de Punta Arenas, en el estrecho de Magallanes, hasta el establecimiento argentino de Carmen de Patagones, cerca de la desembocadura del río Negro en el océano Atlántico, circunstancia que pudo avivar el interés de las autoridades nacionales por su mejor conocimiento.

De ese modo, el comandante Enrique M. Simpson inició y llevó a cumplido término un trabajo ciertamente valioso de reconocimientos hidrográficos y geográficos a lo largo de cuatro años, faena fecunda en resultados que superó con creces los objetivos del encargo ministerial original y cuyo desarrollo califica tanto a conductor, cuanto al buen y responsable desempeño de sus colaboradores, oficiales, tripulantes y supernumerarios, y, va de suyo, al de la Armada de Chile personificada en el director de sus servicios hidrográficos, capitán de fragata Francisco Vidal Gormaz. Esa tarea de relevamiento sitúa a la entonces joven institución nacional en un rango de mérito comparable al de otras oficinas técnicas navales de las más prestigiadas armadas del mundo en la época.

No cabe abundar acerca del variado e interesante contenido del libro, materia sobre la que cada lector se formará su apropiado juicio, pero sí destacar del mismo aquellas conclusiones de Simpson elevara a la consideración del Supremo Gobierno respecto de las acciones que correspondían realizar para la afirmación de los derechos de Chile en la Patagonia, en la cabal comprensión de la importancia de sus regiones ultraandinas orientales: la ocupación de la ribera sur del río Santa Cruz, de la zona de nacimiento del río Aysén y de la margen oriental del lago Nahuelhuapi, que conjuntamente con la sugerencia de dividir las jurisdicciones chilena y argentina según la línea del meridiano 70° oeste de Greenwich entre el primero y el tercero de los puntos mencionados, habría cambiado –de haber sido oportunamente valorada y recogida– la estrategia de la defensa y posibilitado quizá, con un mejor resultado para las pretensiones del país que el que se lograría en algunos años después mediante el Tratado de 1881 y su consecuencia el laudo arbitral de 1902. Ello sitúa el pensamiento del comandante Enrique M. Simpson en el nivel de aquellos propios de los hombres de Estado visionarios –con una singular percepción geopolítica– y hace de su figura una de las excepciones notables en la historia de la definición del dominio geográfico chileno. Esta y otras razones califican sus méritos, valoran la obra y justifican su lectura con sentimiento de patriótico reconocimiento hacia su talentoso autor.

Mateo Martinić Beros

 

Misión por ls canales australes. La travesía de un jesuita desde Chiloé hacia la Laguna San Rafael. Por José García. Ofqui Editores. 16 X23 cms. 70 págs. Mapa. Temuco. 2011.

Reedición de la afamada obra del misionero P. José García Alsué cuyo título, explicativo por demás, fuera Diario del viaje i navegación hechos por el Padre José García Alsué de la Compañía de Jesús, desde su misión de Cailín, en Chiloé, hacia el sur en los años 1766 i 1767, editada originalmente en alemán (1809), traducida después al castellano y reeditada en 1871 y 1889.

 

Cien años del Club Británico de Río Gallegos. Los británicos en Santa Cruz 1911-2011. A hundred of years of Rio Gallegos British Club. The british in Santa Cruz territory 1911-2011. Por María de los Milagros Pierini & Pablo Gustavo Beecher. Edición del Club Británico de Río Gallegos. 26 X20 cms. 338 págs. Ilustraciones. Buenos Aires 2011.

Historia de la institución social matriz de la colectividad británica en el sur de la Patagonia argentina al enterarse un siglo de su fundación en 1911. En ella se da cuenta de las causas y circunstancias de la inmigración y radicación de los pioneros británicos en el territorio, que establecieron la crianza ovina extensiva que llegaría a ser el fundamento sólido de la economía regional y de su evolución en el tiempo, incluyendo las relaciones con los indígenas aónikenk habitantes originales del territorio y las cuestiones laborales que agitaron a Santa Cruz en los años 1921 y 1922 de trágica memoria. Se entregan también interesantes antecedentes de formas de vida y costumbres vernáculas británicas incorporadas a la sociedad santacruceña, de las relaciones de la colectividad con el medio y de su progresiva integración en el mismo hasta el presente. Se complementa el contenido con una mención particularizada a la vida institucional al Club Británico de Río Gallegos en su trayectoria centenaria. Se incluye igualmente en el conjunto una abundante iconografía, con muchas fotografías inéditas, además de cuadros estadísticos y planos, que hacen más valiosa una edición de gran calidad de presentación.

Mateo Martinić Beros

 

Una radiografía de la región. Un momento para reflexionar. Por Alejandro Fernández Beros. Mina Invierno. 18 X24 cms. 50 págs. Ilustraciones. Punta Arenas 2011.

El autor, conocido economista originario de Magallanes, realiza en esta obra un análisis refexivo sobre la realidad económica de Magallanes en el presente y sobre el impacto que habrá de tener en su futura actividad productiva el proyecto carbonífero de Mina Invierno en actual desarrollo y con inicio previsto para principios de 2013.

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