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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.41 no.2 Punta Arenas  2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442013000200014 

NOTAS Y COMENTARIOS BIBLIOGRAFICOS

 

TIERRA DE TEMPESTADES. Por Eric Shipton. Editorial Südpol. 15x23 cms. 270 págs. Ushuaia, 2013.

Es esta la segunda edición y primera en español del libro publicado originalmente por Sir Eric Shipton en 1963. (Land of Tempest. Travel in Patagonia 1958-1962), en el que el explorador británico diera cuenta de sus primeras exploraciones y viajes por las zona andinas de la Patagonia austral y de la Tierra del Fuego que le ganarían para la posteridad un bien prestigiado lugar entre los mayores exploradores de ambos territorios. Esta obra permaneció medio siglo virtualmente desconocida para los lectores de habla hispana interesados en la temática patagónica, hasta que la feliz decisión de su hijo Nick permitió tanto la traducción al castellano como su reedición por iniciativa de la Editorial Südpol de Ushuaia.

El libro da cuenta de cómo un montañero de experiencia y fama bien ganados en el Himalaya en los años de 1930 a 1950, acabó por interesarse en la, para él, remota y poca conocida Patagonia andina con el propósito de contribuir a su mejor conocimiento geográfico. De esa manera, en la obra se relata lo que fueron sus motivaciones científicas, la organización de sus varias expediciones, la selección y características de su compañeros de aventura y sus objetivos geográficos, entre los que cabe destacar el hallazgo y la situación geográfica precisa del misterioso volcán andino (Lautaro) que desde largo tiempo antes preocupaba al ambiente científico, y el primer cruce longitudinal del campo de Hielo Patagónico Sur desde el glaciar Jorge Montt al glaciar Upsala a loa largo de la meseta altoandina. Buena parte del relato incluido en el libro está referida a los por menores de las siempre penosas jornadas en la montaña y el desierto altoandino por uno de los distritos más salvajes del plantea, lo que permite comprender y aquilatar la magnitud del esfuerzo comprometido en ellas, como la fuerza anímica y la capacidad de resistencia de sus integrantes para afrontar las condiciones adversas de la naturaleza y ambiente extremos de la Patagonia, El relato, sin embargo de lo reiterativo y monitemático que pudiera parecer es cierta mente interesante para conocer los por menores de la rudeza de la vida en la alta montaña, que exige dosis de coraje y determinación que son comunes entere los humanos. Los mencionados y otros aspectos hacen recomendable la lectura de esete libro que, de paso, permite apreciar la contribución de Shipton al adelanto del conocimiento geográfico meridional americano.

Es de lamentar que en esta reedición se hayan omitido las ilustraciones especialmente los excelentes mapas incluidos en la edición original inglesa, cuya vista habría permitido a los lectores el mejor y más completo aprovechamiento de su contenido.

 

Mateo Martinic B.

 

AVELA HACIA EL PAÍS DE LAS MARAVILLAS, EN EL REINO DE LOS LOROS Y LOS GUANACOS. Por Güinther Plüschow. Editorial Südpol. 15 x 23 cm. 208 págs. Ilustraciones. Ushuaia, 2013.

Durante el primer lustro de los años de 1920 Alemania, el otrora poderoso imperio continental, sufría las consecuencias de la Gran Guerra Europea (Primera Guerra Mundial), agravadas pro una situación económica sencillamente catastrófica que afectaba severamente a su población , en particular a sus sectores medio y popular donde se incluía el gran contingente de los antiguos combatientes. El desempleo alcanzó entonces niveles muy elevados, haciendo más gravosa la condición de quienes padecían necesidades por razón del altísimo costo de la vida. Así, de pronto, cualquier oportunidad de ocupación podía ser beneficiosa para paliar situaciones personales y/o familiares agobiantes, más si permitían esperar algo mejor para el inmediato futuro, anhelado como más promisorio. Fue lo que entonces ocurrió a Günther Plüschow, ex oficial aviador de la Armada Imperial Alemana, con bien ganada fama de héroe de guerra, que sin embargo, de poco o nada le había servido en la época inicial de la postguerra para su subsistencia y la de su familia, hasta que un buen día recibió un ofrecimiento curios pero atractivo, no obstante que económicamente nada interesante en su situación, por parte de la afamada casa Laeisz, armadora de una flota de veleros destinados al tráfico mercantil pro extensas rutas entre Europa y países lejanos en América y Asía principalmente. Plüschow aceptó encantado la oferta, pensando en algún proyecto para el porvenir, y decidió embarcarse como camarógrafo de ocasión para la elaboración de documentales cinematográficos y cronista viajero para relatar las vivencias del viaje, previo contacto con la bien conocida empresa productora del género Ullstein, de Berlín. Zarpó así a bordo del velero Parma en 1926,en ruta desde Hamburgo a Sudamérica, en un largo trayecto que para Plüschow concluiría en el puerto de Corral, en la provincia chilena de Valdivia.

Había en esa decisión el íntimo de conocer personalmente esos paisajes extremos y remotos del hemisferio meridional, como el que le había fascinado al contemplar una antigua fotografía vista repetidamente durante su permanencia en la Escuela Naval. Su secreto anhelo comenzó a cumplirse una vez que el país , su geografía y sus habitantes y productos, sorprendiéndose una y otra vez con su naturaleza en particular , tanto que a poco andar lo bautizó como el auténtico País de las Maravillas de los antiguos cuentos populares den Europa. Fascinado por la fuerza expresiva de la naturaleza y entusiasmado con sus vivencias recorrió el país chileno prácticamente de extremo a extremo, de sur a norte. Fue precisamente durante uno de sus varios viajes, especialmente cuando conoció el distrito subandino oriental de Última Esperanza, que creyó dar satisfacción plena a su antiguo anhelo de cadete naval. Entonces se maravilló con las audaces formas orográficas de los macizos montañosos andinos y con el esplendor su sus variados paisajes, y a la vista del soberbio e imponente conjunto de los Cuernos del Paine, se prometió retornar algún día con su propio avión para sobrevolar el coloso andino y ver desde las alturas sus desconocidas y misteriosas entrañas.

Ahí, en este suceso, está pues la clave para entender su ulterior existencia: el retorno a la patria con un plan que fue armando poco a poco, la organización de un expedición al la Tierra del Fuego y la Patagonia, equipada para el efecto con una embarcación a motor y a vela (Feuerland) y un hidroavión (Tsingtau), con los que realizaría entre 1929 y 1930 sus recorridos y exploraciones marítimos y aéreos que le darían fama par la historia y que relataría después en su célebre libro Sobre la Tierra del Fuego (1930), para justificar de paso ante el gobierno y la opinión pública de Alemania la necesidad de dar continuidad a su empresa exploratoria sobre los Andes Patagónicos, y que acabaría en tragedia en enero de 1931.

Así, las cosas, el libro que comentamos, "A vela hacia el País de las Maravillas", es de lectura obligada para entender su profunda motivación y sus bien conocidas consecuencias, narrado en forma amena, aunque quizá con una recargada adjetivación descriptiva en el apasionado y a veces un tanto exagerado estilo propio del autor, a través del país chileno según lo conociera y admirara Plüschow en su primer viaje 1926, en una versión recién disponible para los lectores de habla hispana de le edición original en alemán Segelfahrt ins Wunderland. Mreiche der Papageiern und Guanakos (Verlag Ullstein A.G., Berlín 1926). Que sin embargo del tiempo transcurrido nos parece muy actual.

 

Mateo Martinic B.

 

HISTORIA NAVAL DEL REINO DE CHILE 1520-1826. Por Isidoro Vázquez de Acuña. Síntesis de Ana Victoria Durruty Corral. Compañía Sudamericana de Vapores S. A. Corporación del Patrimonio Cultural de Chile. 25x 27 cms. 548 págs. Ilustraciones y mapas. Santiago, 2004.

La Historia de Chile según se la ha tratado y narrado tradicionalmente es una "historia de tierra adentro" en la que al omnipresente mar adyacente al territorio continental e insular se le ha mirado más bien de lejos, como si se tratará de una suerte de componente físico ajeno. Pero Isidoro Vásquez de acuña con talento y agudeza nos muestra algo distinto en la obra que se comenta que tan vinculante es la adyacencia del mar y su compenetración con la tierra litoral para los humanos que la han habitado y habitan como para originar una historia propia y diferente de aquélla.

Alienta en él la misma cabal percepción y comprensión que planteara con certera precisión el escritor Benjamín Subercaseaux al promediar el siglo XX en su excelente ensayo Tierra de Océano (Ediciones Ercilla, Santiago 1946), al definir a Chile como un país que por su estructura y su posición geográfica no tiene mejor objetivo, ni mejor riqueza, ni mejor destino más aún ni otra salvación que el mar. Para el mar nació: del mar se alimentaron sus aborígenes: por el mar se consolidó su Conquista; en el mar se afianzó su Independencia; del mar deberá extraer su sustento, sin el mar, no tiene sentido su comercio.

Con esa noción y comprensión, por lo mismo, Vásquez de Acuña ha concebido y realizado una obra meritoria y distinta. Acuña ha concebido y realizado una obra meritoria y distinta. Lo primero, porque en un ponderable esfuerzo intelectual ha investigado y reunido de manera congruente toda la información conocida acerca de los sucesos que han tenido ocurrencia en el mar y litoral chilenos a lo largo de tres siglos de su historia, entre 1520 y 1826, esto es, desde su descubrimiento por Fernando de Magallanes para la cultura de Occidente hasta 1826, cuando la paz de Tantauco selló y consolidó definitivamente su independencia de España. Sucesos que hacen posible al lector el debido entendimiento de la interdependencia de los elementos esenciales de la geografía chilena y de la vocación incuestionablemente marítima que posee el país chileno.

La obra de que se trata, apreciada en su conjunto es un verdadero tratado que da cuenta con erudición y propiedad de los diferentes acontecimientos cuyo teatro fue el territorio marítimo nacional desde su descubrimiento en el meridión y la secuencia exploratoria prolongada a lo largo de tres siglos en procura del más acabado conocimiento geográfico y científico del país, pasando por las comunicaciones, la defensa territorial y el comercio esencial para el desarrollo de su vida civilizada y de su progresivo adelanto e inserción en el mundo. En verdad, nada se ha escapado al ojo escrutador del historiador, ni siquiera los hechos de aparente menor significación en una tarea colosal de comprensión , organización y coherente presentación, que incluye las necesarias reflexiones y conclusiones que su agudeza intelectual e ha sugerido, Así la Historia Naval del Reino de Chile 1520-1826 es un compendio rico en información, útil pro demás para entender en su necesaria integridad el acontecer histórico de la primera expresión organizada de nuestra individualidad nacional durante el período funcional señalado.

De maciza y mayor envergadura en su obra original, la que se comenta asume la forma de una bien lograda síntesis realizada por la periodista e historiadora Ana Victoria Durruty Corral, en la que se aprecia la enjundia, erudición y calidad del esfuerzo intelectual del autor. La abundante y variada iconografía que acompaña al texto junto con los mapas explicativos que lo complementan, le agregan valor al que de suyo es un admirable trabajo historiográfico. Echamos sí en falta la indispensable referencia a las fuentes documentales que sirvieron de base al trabajo, pues siempre es bueno, en especial para el lector especializado o con conocimientos sobre la materia de que se trata la información particularizada en tal respecto para formar un juicio acerca del rigor con que se ha tratado el asunto . Pero, ciertamente, ello no resta mérito a la obra que se comenta y reconocimiento la maestría ejecutora y la solvencia académica del historiador Isidora Vásquez de Acuña, la misma debe ser recibida como una contribución de calidad y provecho par la mejor información sobre la etapa fundacional de la Nación Chilena.

 

Mateo Martinic B.

 

GABRIELA MISTRAL. SU VIDA EN LA PATAGONIA CHILENA. REVISIÓN HISTÓRICA (1918-1920). Por Dusan Martinic Andrade. Fondo Cultural Gobierno Regional de Magallanes y Antártica Chilena- Colegio de Profesores -Liceo Polivalente "Sara Braun". 14,7 x 22 cms. 172 pág. Ilustraciones. Punta Arenas, 2013.

La vida y la obra literaria de Gabriela Mistral están inextricablemente unidad a Magallanes, pese a la brevedad de su residencia hace cosa de casi un siglo. Sin embargo de ser verdad, tal noción ha demorado en generalizarse en Chile desde que la mayoría de los biógrafos o estudiosos de la genialidad y fecundidad creativa de esta afamada poetisa que en 1945 recibiera el Premio Nobel de Literatura, lo han hecho desde la perspectiva santiaguina, de suyo estrecha, o en trabajos sesgados o incompletos. De allí que nos parezca plausible todo esfuerzo de investigación destinado a rescatar y difundir lo que fuera la existencia y la obra mistraliana en Magallanes entere 1918 y 1920.

El primer y significativo paso en este sentido lo realizó Roque Esteban Scarpa en su memorable libro. La desterrada en su patria (Nascimento, Santiago 1977), pero que parece no haber sido bastante como para satisfacer la necesaria información ciudadana sobre la materia. De hecho, no es poco lo que se ignora sobre tan insigne personaje y su obra en la circunstancia de que se trata, más aun ente la gente de Magallanes.

En la convicción íntima de ser así, Dusan Martinovic Andrade, profesor d Historia y Ciencias Sociales y admirador profundo de la gran educadora y poetisa que fuera Gabriela Mistral, se propuso la tarea de investigar tan acuciosamente como fuera posible todo cuanto dijera relación con su presencia, preocupaciones y labores durante su permanencia en la región meridional del país, la Patagonia. De ese modo, en un trabajo sistemático ha buscado y encontrado nuevos antecedentes en forma de documentación de época, incluyendo fotografías hasta ahora desconocidas, así como recuerdos testimoniales de la gente que la conoció y trató, incluyendo antiguas ex alumnas del Liceo de Niñas de Punta Arenas y otros datos valiosos recogidos por aquí, amén de caminar repetidamente por las calles en la búsqueda de rastros del paso de la eminente escritora, indagar sobre sus trayectos cotidianos y ocasionales y precisar con certidumbre su lugar de residencia. Con ello más, añadido a lo ya conocido por otras fuentes el profesor Martinovic ha elaborado este primer resultado, luz posible sobre ese breve paso viral por la tierra patagónica y especialmente sobre el influjo profundo que tal circunstancia tuvo en su creación literaria. Tan intenso hubo de ser el mismo en su ánimo, que cobró la forma de un sentimiento profundo definido por la fuerza condicionante de lo telúrico y por calidad de los habitantes en un entendimiento cabal de ser el del meridión un Chile distinto al que hasta entonces había conocido y cuyas características apreció quizá como nunca antes nadie había hecho... Magallanes, o la Patagonia si se prefiere, se le metió en el alma y permanecería en su recuerdo hasta el fin de sus días.

El contenido del trabajo presentado en lenguaje sencillo y directo, enriquecido por la transcripción gráfica de documentos y fotografías de época, conforma una contribución significativa par el mejor conocimiento de la sociedad y la cultura en el Magallanes del primer quinto del siglo XX, cuanto un aporte de interés para la comprensión de la vasta obras mistraliana y , por fin, para afirmar la legitimidad del anhelo magallánico de reconocer a Gabriela Mistral como parte calificada de su historia cultural.

 

Mateo Martinic B.

 

TAFONOMÍA Y PLALEOECOLOGÍA DE LA TRANSICIÓN PLEISTOCENO-HOLOCENO EN FUEGO-PATAGONIA. INTERACCIÓN ENTRE HUMANOS Y CARNÍVOROS Y SU IMPORTANCIA COMO AGENTE EN LA FORMACIÓN DEL REGISTRO FÓSIL. Por Fabiana María Martin. Ediciones de la Universidad de Magallanes. 18 x 24,5 cms. 406 págs. Ilustraciones y mapas, Punta Arenas 2013.

Se trata nada menos que de una completa revisión de toda la evidencia finipleistocena correspondiente a Patagonia meridional y Tierra del Fuego, -herbívoros, carnívoros y cazadores-recolectores-, aumentada con abundantes nuevos resultados. La perspectiva es tafonómica, lo que garantiza un análisis preocupado por separar los materiales depositados por seres humanos de aquellos depositados por otros agentes. Este enfoque implica, desde ya, una preocupación por buscar y establecer controles de las interpretaciones. Dado que se trata de un tema donde ha campeado la simplificación de las evidencias, esto solo ya otorga novedad al libro. La mera asociación física ya no es un argumento suficiente para sostener interacción entre especies, mucho menos constituye prueba de una relación depredador-presa. Entre otras cosas el libro incluye los resultados de exhaustivos estudios de la colección Hauthal procedente de la cueva del Milodón y de la colección John Fell procedente de la cueva Fell. Se destaca la muy completa lectura tafonómica de todos los trabajos realizados en los distintos sitios, la que muchas veces genera interpretaciones alternativas. Es el caso de los depósitos más antiguos de la cueva Fell, excavada por equipos muy distintos. Los reestudios de los casos de cueva de Las Buitreras o alero de los Chingues agregan resultados que cambian completamente las interpretaciones previas publicadas. Así, para cada sitio analizado hay novedades, reinterpretaciones y elementos que casi naturalmente se transforman en un programa de investigación, que es el que la autora se encuentra desarrollando actualmente en Ultima Esperanza. En esta perspectiva toda la evidencia es importante y está relacionada en alguna escala. Así, la interpretación de algunos sitios como madrigueras y de otros como lugares habitacionales humanos reviste la misma importancia. El marco teórico del trabajo acomoda todos esos datos en un cuadro dinámico no solo de las condiciones bajo las cuales se incorporaron los primeros cazadores humanos a Fuego-Patagonia, sino también de la forma en que los distintos agentes usaron el espacio y otros recursos.

Finalmente quiero destacar que los criterios para decidir la existencia de actividades antrópicas son los adecuados para evaluar las señales existentes sin sobrevalorarlas. El clásico error de sumar cada aparente pequeña información que parece fortalecer un caso no es cometido aquí. Los casos que son ambiguos, permanecen ambiguos o pierden su status de posibles sitios arqueológicos, todo dependiendo de la claridad de la argumentación defendible. Si este tipo de acercamiento fuera más usual en América del Sur hoy tendríamos un panorama más claro del proceso de exploración y colonización del continente. El problema es que muchas veces se ha confundido la claridad con falta de ambigüedad, lo que es un error. La ambigüedad puede ser muchas veces la más clara representación de nuestro conocimiento.

 

Luis A. Borrero

 

CUARENTA Y CINCO DIAS A ORILLAS DEL RIO AZOPARDO. ESCRITO TESTIMONIAL DEL PARES LUIS CARNINO. Museo Maggiorino Borgatello. 16 x 21.5 cms. 40 págs. Punta Arenas 2013.

Relato de una expedición efectuada a la zona occidental del lago Fagnano (isla grande de Tierra del Fuego) pro el misionero salesiano P. Luis Carnino en 1909 por encargo de Monseñor José Fagnano, cuyo objetivo era el de encontrar una comunicación terrestre practicable entre la costa meridional del fiordo del Almirantazgo y la cabecera oriental del lago Fagnano, donde el superior salesiano planeaba por entonces abrir un nuevo establecimiento misional para la etnia sélknam. La expedición resultó fallida y de ella quedó un testimonio escrito hacia 1937 de un religioso salesiano hasta ahora no identificado.

 

BOLICHEROS Y POBLADORES. UNA RELACIÓN DE FRONTERA. Por Danka Ivanoff Wellmann. Edición de la autora. 14x 21 cms.120 págs. Ilustraciones. Santiago 2013.

Una peculiaridad del poblamiento colonizador en la Patagonia chilena (secciones norte y central) ha sido la relación intensa y prolongada que se generó como consecuencia de ella entre los sectores chilenos y argentino de la frontera internacional por obra de circunstancias geográficas, políticas y factuales. En efecto, si se tiene presente que la determinación de las correspondientes jurisdicciones nacionales fue un asunto arduo dada la diferente interpretación que en cada país se dio, en la parte pertinente al artículo primero de del Tratado de Limites de 1881, acerca del principio geográfico que debía presidir la delimitación y que devenida una cuestión progresivamente satisfactoria con el laudo arbitral de la Corona Británica en 1902, tal resultado originó una situación repetida a lo largo de la frontera entre los grados 41 y 49 de latitud sur. Esta situación, o mejor estas situaciones pues fueron repetidas, se dieron al quedar bajo soberanía chilena sectores cuya única posibilidad de acceso se daba entonces desde suelo argentino.

Así pues, a lo largo del tiempo, desde comienzos del siglo XX y hasta avanzada su segunda mitad en algunos casos, se configuró una forma de dependencia tributaria u obligada de los colonos chilenos respecto de sus vecinos argentinos que actuaban de proveedores al mismo tiempo que de adquirentes de sus producciones, que devino una relación pacífica, variada y única en su género en la extensa frontera chileno-argentina.

Interesante de suyo el fenómeno y digno de estudio, más si apreciado en el contexto de los prolongados conflictos situaciones de tensión coetáneos entre Chile y Argentina en lo referido a sus respectivas jurisdicciones patagónicas, apenas si ha trascendido a la fase de la memoria popular rural, permaneciendo virtualmente ignorado en los estudios históricos.

En una valoración se su significado y de los que fuera su eficacia en la vida fronteriza armónica en el ámbito patagónico, iniciamos hace poco tiempo el estudio del fenómeno con una presentación hecha en el curso del IV Seminario "Un encuentro con nuestra historia" (Coyhaique, 2010), seguida de la invitación a los historiadores locales para extender y profundizar las investigaciones y estudios sobre tan interesante materia de la historia social.

Danka Ivanoff, historiadora aisenina que goza de un bien cimentado prestigio por su producción escrita, acogió la invitación y asumió el desafío de avanzar profundizando en la materia. Su primer fruto es la obra en comento, Bolicheros Pobladores. Una relación de frontera, en la que con sencillez y amenidad s aborda el asunto, particularizándolo en el aspecto del trato mercantil entre proveedores, los bolicheros de frontera, y los colonos chilenos consumidores, Se describen así los establecimientos del ramo, su ubicación, propietarios y características de la actividad; las mercaderías en su extensa variedad y los sentimientos generados por el trato sostenido de años en la inmensa mayoría de los casos y se los valora, en fin. Sus fuentes informativas tanto son viejos papeles mercantiles que han podido conservarse antiguas fotografías y, especialmente, la memoria de la gente mayor que nutre la tradición vecinal.

La obra es, a nuestro juicio, una contribución significativa otra más de la fecunda investigadora y talentosa divulgadora del pasado aisenino correspondiente al siglo XX, del que ha devenido una profunda conocedora, en particular en cuanto se refiere al poblamiento pionero de la sección oriental de la región.

 

Mateo Martinic B.

 

IN TANTA MALORA PATAGÓNICA. TIERRAS DE OLVIDO. Por Silvia Metzeltin. Fondazione Giovanni Angelini-Centro Studisulla Montagna. 17 x23,7 cms. 128 págs. Ilustraciones. Belluno 2013.

La mitad meridional de la Patagonia andina ha concitado el interés de los montañeros del mundo desde comienzos del siglo XX hasta nuestros días. Y con toda razón, pues la misma concentra un conjunto admirable de formas geográficas y picos colosales que son otros tantos desafíos para los amantes de las montañas. Algunos de cuantos hasta aquí llegaron con el propósito de su conocimiento y/o conquista dejaron constancias de sus empresas o expediciones en diarios y relaciones publicados por lo común en revistas especializadas referidas al montañismo o en anales de sociedades geográficas o científicas, pero pocos, poquísimos en verdad, han ido más allá de la relación sobre sus impresiones y reflexiones sobre el territorio patagónico, su fuerza telúrica, su gente y sus modalidades de vida, o sobre todo ello. Es decir una visión diferente, plena de contenido respecto de un mundo geográfico y humano recíprocamente condicionado y diferente del "otro mundo", el civilizado, del que proceden los informante de que se trata.

Silvia Metzeltin, geóloga eminente y montañera calificada revista con mérito en este grupo de escritores de selección. Si con Gino Buscaini (19 - 19), su esposo y compañero de empresas y aventuras, coautoró una obra que ya consideramos clásica en la bibliografía especializada, en solitario agregó otras tales como Polverenellescarpe (2002), el macizo del San Lorenzo (2005) y Tremissionarieitinerantinella Patagonia cilena (2009) y recientemente In tanta malora patagónica. Tierras de olvido, que comentamos.

Bajo este último título la autora ha reunido en una suerte de bien armado poutpourri un conjunto de notas personales y algunos escritos de terceros referidos al territorio del Baker. Se trata de testimonios en forma de impresiones y descripciones, fruto por lo común de reflexiones surgidas en los momentos de reposo durante excursiones, ascensiones y expediciones o viajes a través de aquel remoto sector andino-patagónico. Pasan así como en sucesión visual pobladores y sus costumbres, sus entornos naturales, las modalidades de la modernidad que ha acabado por romper el aislamiento agobiante de los viejos tiempos de la colonización pionera y las inevitables añoranzas por el vivir de ogaño. Su conclusión, es claro, en muchos casos favorece al viejo estilo en desmedro del moderno, reputando a aquel como finalmente más grato y estimulante, no obstante el sacrificio que exigía y la rudeza que el medio y las circunstancias imponían.

Así, este pequeño libro de Silvia Metzeltin, ayuda a valorar y a atender mejor el fenómeno del poblamiento rural aisenino austral en el contexto de una historia social regional todavía con mucho de incompleta por insuficientemente conocida. La obra esta apropiadamente complementada con fotografías y unos excelentes dibujos de Gino Buscaini. Tan sólo echamos en falta un buen mapa sectorial que permita al lector situarse apropiadamente en los lugares de los hechos relatados y a los que conciernen las reflexiones de la autora.

 

Mateo Martinic B.

 

EL OCCIDENTE FUEGUINO, TODAVÍA UNA INCÓGNITA. Por Mateo Martinic B. Impreso en La Prensa Austral. 15 x 22 cms. 228 pág. Ilustraciones ymapas. Punta Arenas 2011.

Con El Occidente Fueguino Todavía una Incógnita, el distinguido historiador magallánico Mateo Martinic completa una trilogía magistral junto a sus anteriores libros EL Archipiélago Patagónico: La Última Frontera (2004) y Crónica de las Tierras del Sur del Canal Beagle (1974 y 2008)1. Esta trilogía cubre el área archipelágica del sudoeste de Sudamérica, entre el golfo de Penas y el cabo de Hornos, y se constituye en una referencia que adquiere la mayor relevancia para la sociedad regional y global del siglo XXI por al menos tres razones:

1) Visualiza el área de la Región de Magallanes que está más expuesta al océano Pacífico contribuye a la identidad regional y a la comprensión de la heterogeneidad de su historia cultural, política y natural.

2) La singularidad de esta zona archipelágica, en gran medida "incógnita", representa un tesoro para una sociedad global ávida de la diferencia, de aquello que diversifica y remece por contraste con los patrones bioculturales homogeneizados a nivel planetario.

3) La integración de la historia natural, geográfica y política se logra con profundidad y lucidez por quien ha sido estudioso y protagonista de esta historia austral, alcanzando una síntesis sistémica que alimenta la perspectiva biocultural que nos ha animado a revisar cada una de estas obras maestras sobre el extremo austral de Chile.

El historiador comienza su libro explicando que "con esta obra cerramos, de modo cierto, un ciclo historiográfico iniciado hace cuatro décadas cuya característica fue la sectorización geográfica" (p.12). Respecto al ámbito geográfico regional, la obra de Mateo Martinic es más amplia que el sector occidental abordado en su trilogía, y en otros libros abarca la Historia del Estrecho de Magallanes (1977), Hielo Patagónico Sur (1982a), La Tierra de los Fuegos (1982b y 2009) y Última Esperanza en el Tiempo (1982 y 2009)2. Sin embargo, es la zona colindante con el océano Pacífico la que ha permanecido incógnita:

Por su posición geográfica marginal en el contexto magallánico, enfrentando el castigo sempiterno del sector austral del océano Pacífico (¡qué nombre más inapropiado!) [...] De hecho, un sector de este distrito -la isla Santa Inés- ha figurado hasta fecha muy reciente con el rótulo de 'inexplorado', situación irrepetida para otra parte del territorio americano de Chile (p.12).

Podríamos agregar, condición casi irrepetida a nivel del Continente Americano y del planeta. Es este misterio, este carácter incógnito, el que hace que este libro y el territorio abordado sean tan atractivos y relevantes para la investigación de las ciencias sociales y naturales y la planificación territorial, no sólo a nivel regional, sino que también nacional y mundial. Hoy, de lleno en la segunda década del siglo XXI es esencial que los tomadores de decisiones, educadores, investigadores y la ciudadanía tengan un mejor conocimiento y comprensión acerca del alto valor que tienen la diversidad y singularidad del territorio de Magallanes para alcanzar una sustentabilidad ambiental, política y económica a nivel regional y global. Si lo salvaje y prístino son atributos cada vez más escasos a nivel mundial, entonces "El Occidente Fueguino" permite valorar cabalmente el "diamante natural" que Magallanes encierra para la sociedad chilena y la humanidad.

Territorios y maritorios de "El Occidente Fueguino" representan hoy un refugio para una diversidad de formas de vida que han habitado por miles de años este rincón austral del planeta. El autor conduce al lector de una manera muy vívida a lo largo y ancho de la accidentada geografía suroccidental fueguina. Bajo la experimentada mirada de don Mateo, el libro se inicia con una exploración sobre el archipiélago fueguino occidental donde con un prisma biocultural distingo dos planos: el biofísico y el simbólico-lingüístico (cfr. Rozzi 20133).

Singularidades biofísicas y simbólico-lingüísticas del Occidente Fueguino.

En el plano simbólico-lingüístico, Martinic introduce al lector en los relatos de los primeros exploradores. Es interesante notar cómo estos relatos van introduciendo, a su vez, la génesis de toponimias que han generado lenguajes y símbolos que expresan comprensiones y valoraciones diferentes del territorio por parte del pueblo originario kawésqar y de los colonos europeos. Para los primeros el centro de la toponimia está en los atributos del lugar nombrado. Para los segundos, los nombres de los lugares suelen decir más acerca de la realidad cultural de los colonos que del territorio conquistado. A través de la lectura del Occidente Fueguino, el lector puede constatar cómo el centro de la historia y de la toponimia se desplaza hacia quienes otorgan los nombres, alejándose de los atributos particulares de los lugares que son nombrados.

Los exploradores españoles del siglo XVI proyectaron una toponimia que ilustra sobre todo la matriz católica-hispánica de quienes tomaron el primer control europeo de esta tierra meridional. Hernando Gallego, Juan Ladrillero y Pedro Sarmiento de Gamboa, acuñaron nombres tales como de bahía San Alejo (1554), bahía de Nuestra Señora de los Remedios (1558), canal Trinidad (1579), isla Santa Inés (1580), cabo del Espíritu Santo (1580) y puerto de la Misericordia (1580). Sin embargo, la riqueza de las observaciones realizadas por los primeros exploradores hispánicos dista de una colonialidad unidimensional. En sus capítulos iniciales, Matero Martinic documenta cómo Pedro Sarmiento también realizó observaciones acerca de la lengua y cultura kawésqar y de la realidad biofísica del archipiélago. Recogió y mantuvo los nombres amerindios para las bahías Puchachailgua, Cuaviquilgua y Alquilgua, nombres que comparten el sufijo "gua" y son de origen kawésqar de acuerdo a Martinic, quien destaca que:

Encuentros sucesivos con los indígenas permitieron a Sarmiento recoger una serie de topónimos en su lengua [...] en los que se destaca la terminación gua , significativa tal vez del concepto geográfico de un espacio resguardado para las embarcaciones en forma de ensenada, bahía o puerto, y que fueron las primeras palabras kawéskar que se conservaron para la posterioridad, consagradas además en la toponimia hasta el presente gracias a la relación que aquél dejara (p. 62).

Los relatos acerca del plano biofísico realizados por Pedro Sarmiento y Juan Ladrillero también sorprenden hoy al lector por la claridad de la distinción de patrones y procesos de la distribución de especies y tipos de hábitats, como de la comprensión acerca de la gran influencia que tienen factores físicos en la constitución del paisaje archipelágico:

Estas tierras son sierras altas, peladas. Tienen poca arboleda; y la que tienen, la mayor parte de ella, es a la parte del este; y el sudeste, y sur; y es la causa de reinar los nortes en el verano; uestes y suestes en el invierno; y por causa de ser los vientos forzosos y fríos, no nacen [árboles], ni se crían, sino en algunas partes bajas, donde el viento no les puede coger; pero nacen en las quebradas que están en la parte del este (p. 17).

A través de esta cita de Juan Ladrillero, Mateo Martinic ilustra la precisión de las caracterizaciones tempranas hechas por los exploradores acerca de los patrones de distribución de la vegetación, baja y escasa en las laderas protegidas al viento y arbórea y más abundantes las quebradas y laderas protegidas, incluso en las islas más expuestas al Pacífico. Estos patrones de distribución vegetacional en el archipiélago han sido descritos recientemente en forma detallada por el notable botánico, y cofundador del Instituto de la Patagonia, Edmundo Pisano4.

Respecto a la relación entre los seres humanos y la naturaleza, las perspectivas de los exploradores tempranos enfatizan lo inhóspito de estos paisajes que, sin embargo, se revelan como hospitalarios y habitables para una diversidad de vida. Sarmiento describe que una región áspera, de serranías nevadas, fría, húmeda y tormentosa, pero que así y todo estaba poblada y parecía tener una rica vida animal, incluyendo ballenas y muchos lobos marinos y bufeos (p. 23).

La descripción realizada por Sarmiento de Gamboa en 1580 cobra relevancia hoy cuando los bufeos o delfines, los lobos de mar de uno y dos pelos, y diversas especies de ballena encuentran un refugio en estos archipiélagos todavía remotos. Los hábitats del archipiélago fueguino occidental no sólo albergan una prolífica vida vegetal y animal, sino que en nuestra actual era del Antropoceno, sometida al dominio de la sociedad industrial, estos archipiélagos emergen como un tesoro y una reserva de vida (cfr. Rozzi et al. 20125). Respecto al relato de Sarmiento, Mateo Martinic subraya que fue él quien hiciera el primer registro de los témpanos en este sector: "vimos grandes pedazos de nieve andar sobreaguados por la mar, que salen de Islas Nevadas que están al sur desta Isla de la Cruz [actual Carlos III], y las tormentas del viento despedazan la nieve y la echan y sacan a la mar (p. 23). Esta primera referencia a témpanos y glaciares en el sector fueguino occidental cobra una relevancia adicional en el contexto del cambio climático global actual.

Para la descripción biofísica del territorio archipelágico, la serie de expediciones inglesas representa un hito histórico cuya influencia llega hasta nuestros días. Iniciadas por Francis Drake en el siglo XVI, continuadas por John Narborough y James Cook en los siglos XVII y XVIII, respectivamente, culminaron en el siglo XIX con la extensa exploración desarrollada por Phillip Parker King y la inclusión del capitán FitzRoy a bordo de H.M.S. Beagle. Mateo Martinic destaca cómo frente a la observación de distintas expresiones naturales (plantas, animales y muestras minerales), FitzRoy lamentara no llevar entonces consigo a alguna persona entendida en mineralogía o con nociones de geología, perdiéndose así una oportunidad excepcional para estudiar la naturaleza de regiones tan poco accesibles (p. 29). FitzRoy, escribía después en su relación:

No podía dejar de pensar a menudo, en el talento y experiencia que requieren investigaciones tan científicas, de los cuales estábamos carentes en absoluto; y me propuse firmemente, si otra vez saliera de Inglaterra en expedición análoga, tratar de llevar a una persona calificada para examinar las tierras mientras mis oficiales y yo nos ocupáramos de la hidrografía (p. 29).

Esta reflexión anticipa la futura participación del naturalista Charles Darwin, quien no sólo realizó una minuciosa observación de la diversidad biofísica del sur de Sudamérica, sino que a partir de sus observaciones en estos paisajes remotos elaboró una teoría con relevancia universal para explicar la evolución de la vida en el planeta.

Respecto a la toponimia, es interesante constatar cómo los exploradores ingleses, en contraste con los españoles, acuñaron nombres de lugares centrados en personajes destacados de sus expediciones o de la vida político-cultural de Inglaterra. Por ejemplo, la Cordillera Darwin, bahía Otway, seno Skyring recuerdan los nombres de las expediciones de Parker King y deFitzRoy. Martinic subraya que en tan sólo tres lustros, entre 1826 y 1841 con la producción de mapas ingleses había quedado establecida la cartografías moderna básica de la Región Magallánica, que con sucesivas reediciones, obtendrían una difusión sin precedentes en los medios náutico y geográfico (p.31).

A partir de fines del siglo XIX, sin embargo, se añade una nueva capa al análisis histórico: la responsabilidad de la administración de este territorio inhóspito por parte del Estado de Chile a través de la creación de la Armada. A partir de 1874, con la creación del Instituto Hidrográfico, la Armada de Chile tomó relevo de la labor que había venido desarrollando hasta entonces la Armada Real Británica. Este relevo llevó a un nuevo cambio en la toponimia. En este punto, Martinic advierte que:

Paulatinamente, nuevos nombres fueron nutriendo la toponimia conocida para el conjunto insular ...en la que predominaban las denominaciones de origen británico, además de otras de procedencia española, francesa y holandesa, lo que reflejaba el conocimiento hidrográfico acumulado en poco más de tres y medio siglos. De entre tantos nuevos topónimos "chilenos" cabe mencionar las islas Núñez y Guardián Brito; los canales y pasos Maule, Carreño, Colchagua, González, O'Ryan, Aviador Ibañez y angostura MacIver; los puertos y bahías Almirante Martínez, y Paredes, y seno Dresden, que la cartografía marítima sectorial recogería en sucesivas y renovadas ediciones posteriores sobre la base de los croquis y planos elaborados durante las diferentes campañas realizadas por las naves de la Armada Nacional (pp. 35-36).

La labor de la Armada de Chile en el Occidente Fueguino ha continuado hasta hoy, y no sólo ha "chilenizado" la toponimia sino que ha adoptado políticas de cautela en el levantamiento cartográfico por razones geopolíticas. Estas razones de seguridad nacional sumadas a las dificultades de observación satelital por la continua nubosidad contribuyen a mantener el carácter incógnito de este maritorio y territorio. Sin embargo, la dimensión simbólico-lingüística en la percepción y valoración del Occidente Fueguino supera a la cartografía y a la toponimia. Mateo Martinic culmina con el expresivo relato del explorador Albero de Agostini, quien navegó el área a fines de la década de 1920, escribiendo que:

Es difícil expresar el encanto misterioso que emana de estas bahías solitarias y desiertas diseminadas a centenares en estas recortadísimas costas. Una profunda sensación de paz y tranquilidad invade el alma apenas se entra en estos templos de la naturaleza virgen y salvaje donde la obra maravillosa de la creación divina no ha sido todavía violada por la mano del hombre (p. 41).

Desafíos para el conocimiento, valoración y cuidado del Occidente Fueguino.

Con una minuciosa narrativa histórica, Martinic documenta cómo los habitantes humanos, la fauna y los paisajes archipelágicos han padecido recurrentes violaciones al estado de "encanto misterioso" descrito por Alberto de Agostini. Por ejemplo, a partir del siglo XVIII, las poblaciones de elefantes marinos y lobos de mar estuvieron sujetas a una creciente presión de caza por parte de ingleses y norteamericanos interesados en el aceite y pieles para satisfacer al mercado europeo. Esta actividad condujo al lobo fino al borde de la extinción ya a fines del siglo XIX. Los intentos de las autoridades de la época para la protección de esta especie a través de vedas y concesiones de caza no resultaron del todo exitosos para su recuperación. En este contexto, Martinic analiza críticamente cómo algunos pioneros de la actividad económica de Magallanes, entre ellos a José Nogueira, iniciaron su fortuna gracias a la sobreexplotación de las especies de importancia peletera, actividad comercial que abrió a su vez otros horizontes de explotación y enriquecimiento. A comienzos del siglo XX se formó la Sociedad Ballenera de Magallanes, y se capturaron aproximadamente 200.000 ballenas durante el primer tercio del siglo: "una hecatombe pelágica", en términos de Martinic (p.185).

Al mismo tiempo que documenta episodios muy problemáticos, don Mateo conduce al lector por un laberinto de riqueza cultural de los pueblos originarios, de las expediciones europeas y los episodios recientes de la historia de Chile. Para desentrañar los misterios y valores de la riqueza cultural y natural del archipiélago, el distinguido historiador resalta la importancia que tiene el desarrollo de la investigación en ciencias sociales y naturales. Estas ciencias han permitido determinar, por ejemplo, la importancia del lobo fino y lobo común en la dieta de los habitantes originarios, generando de esta manera una comprensión que integra los ámbitos biofísicos y culturales del Occidente-Fueguino.

El libro cautiva al lector con el relato de los descubrimientos científicos y de centenares de episodios de exploradores que hacen dialogar a la historia del confín austral con la historia universal. Don Mateo atrae al lector con los detalles de historias particulares como la campana de Roldán, la hermandad del León desencadenado, el tesoro de los Nibelungos o la escapada del navío alemán Dresden, desde las cuales continuamente infiere conclusiones y lecciones generales. Por ejemplo, a partir de los relatos de los "nautas del mar magallánico", identifica a las virtudes cardinales del oficio marinero: paciencia, prudencia, coraje y serenidad (p. 117).

El libro va descifrando miríadas de atributos biofísicos y simbólico-lingüísticos del archipiélago fueguino occidental, de historias naturales y culturales, explicando los episodios desde los cambios en la economía regional y la economía mundial. Para contribuir a descifrar estos laberintos, Mateo Martinic integra su oficio literario y de historiador con su vocación de educador y político. Relata los hitos de la investigación y la creación de las áreas protegidas, a la vez que ofrece al lector una síntesis de los grupos de investigadores que están cada vez más activos en la Región de Magallanes. Esta síntesis orienta y estimula una integración interdisciplinaria e interinstitucional en la investigación, que resulta esencial para una comprensión del laberinto biocultural del occidente fueguino. Esta colaboración interdisciplinaria e interinstitucional en la investigación puede, a su vez, posibilitar alianzas eficaces entre la ciencia, el Estado y el sector privado. Mateo Martinic concluye que:

Es posible pensar que algún día, más temprano que tarde, se sumarán a las ofertas turísticas de contenido científico y natural otras de carácter histórico-cultural que permitirán el desarrollo de periplos navegatorios por entre islas del occidente fueguino y a través de los mismos conocer mejor lo quera el hábitat milenario de los antiguos canoeros nómades, o seguir las azarosas rutas de los nautas que traficaron e inclusive, para los espíritus románticos, rehacer en parte los movimientos del crucero Dresden en su legendaria ocultación. En buenas cuentas el potencial turístico del área es una gran reserva susceptible de un exitoso aprovechamiento (p. 191).

La zona de canales, islas, glaciares, fiordos, penínsulas, golfos y montañas del archipiélago fueguino occidental contiene un diamante en bruto para la sociedad del siglo XXI. Este libro contribuye a pulirlo, para apreciarlo y cuidarlo en favor de la vida humana y de las miríadas de seres vivos que co-habitan en estos ecosistemas marinos y terrestres. El tránsito histórico y geográfico que el maestro Martinic despliega a través de este reticulado libro nos permite apreciar el carácter exclusivo que representan los atributos biofísicos y culturales del archipiélago patagónico. Junto a la nutrida información y narrativa descriptiva que nos entrega esta obra, podemos inferir nociones cuya generalidad es relevante no sólo teóricamente, sino también para la toma de decisiones relativas a la administración de tan precioso territorio. El descubrimiento e interpretación de estos conceptos y sus lecciones es una tarea abierta para cada uno de los lectores y de los ciudadanos responsables de este magnífico Occidente Fueguino; hoy menos incógnito, pero más requerido de cuidado y valoración.

 

Ricardo Rozzi.

 

NOTAS

1 Martinic, M. (2004). EL Archipiélago Patagónico: La Última Frontera. Punta Arenas: Ediciones Universidad de Magallanes. (2008) Crónica de las Tierras del Sur del Canal Beagle (1974). Punta Arenas: Hotel Lakutaia.         [ Links ]

2 Martinic, M. (1977) Historia del Estrecho de Magallanes. Santiago: Editorial Andrés Bello.         [ Links ] (1982a) Hielo Patagónico Sur. Punta Arenas: Ediciones Universidad de Magallanes.         [ Links ] (1982b) La tierra de los fuegos: historia, geografía, sociedad, economía. Porvenir: Municipalidad de Porvenir.         [ Links ] (2000) Última Esperanza en el Tiempo. Segunda edición. Punta Arenas: Ediciones Universidad de Magallanes.         [ Links ]

3 Rozzi, R. (2013). Biocultural Ethics: From Biocultural Homogenizationtoward Biocultural Conservation. In: R. Rozzi, S.T.A. Pickett, C. Palmer, J.J. Armesto& J.B. Callicott (eds.). LinkingEcology and Ethicsfor a ChangingWorld: Values, Philosophy, and Action, pp. 9-32. Nordrecht: Springer.         [ Links ]

4 Pisano, E. (1977) Fitogeografía de Fuego- Patagonia chilena. I. Comunidades vegetales entre las latitudes 52° y 56°S. Anales del Instituto Patagonia 8, 121-250.         [ Links ]

5 Rozzi, R., J.J. Armesto, J. Gutiérrez, F. Massardo, G. Likens, C.B. Anderson, A. Poole , K. Moses, G. Hargrove, A. Mansilla, J.H. Kennedy, M. Willson, K. Jax, C. Jones, J.B. Callicott& M.T. Kalin. (2012). Integratingecology and environmentalethics: Earthstewardship in thesouthernend of theAmericas. BioScience 62(3): 226-236.         [ Links ]