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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.43 no.2 Punta Arenas  2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442015000200013 

DOCUMENTOS INEDITOS PARA LA HISTORIA DE MAGALLANES

 

Memorias de William Blain en Malvinas y Patagonia (c.1881-1890)1

 

Introducción y notas Por Alberto Harambour Rossa; Traducción: M. Azara y A. Harambour. Transcripción de Mario Azarab

a Doctor en Historia, docente P. Universidad Católica de Chile, Chile. E-mail: albertoharambour@gmail.com.

b Lic. en Historia, Estudiante del Magister en Estudios Latinoamericanos, Universidad de Chile, Chile. marioazara@gmail.com.


 

William Alexander Blain nació en 1852, en Blate's Mill, en el suroeste escocés (Gibson, 1981). Creció cerca de Dalry hasta que tuvo la edad mínima suficiente como para trabajar como ovejero, el oficio más común en la empobrecida frontera con Inglaterra. "En los días de mi infancia no existía la ley de educación obligatoria", explicaría más tarde; dado que cuando los "niños deberían haber ido a la escuela estaban en el campo trabajando por unos pocos peniques diarios", él "se contrató" a los 13 años en Barndennoch bajo el mando de un terrateniente de la nobleza y permaneció allí los siguientes trece años. Para entonces se consideraba un joven afortunado, por lo menos en lo que se refiere a haber contado con "cama y comida". Al mismo tiempo, no tenía "muchas perspectivas ni siquiera de ahorrar dinero suficiente como para escudarme de la pobreza en los años del declinar," y comenzó a prestar atención a las historias de "hombres como pastores" que viajaban lejos a trabajar y regresaban maduros, con riqueza suficientes como para pasar sus últimos días con cierta facilidad. "Finalmente, me convencí de probar mi suerte en alguna de las colonias." (Blain 1980, p.16). La colonia de destino fue el archipiélago de Malvinas, ocupado por el Reino Unido desde 1832 y controlado por la Falkland Islands Company (FIC), una sociedad que monopolizó la vida comercial y productiva de las islas hasta la década de 19802. Con la esperanza de "ahorrar lo suficiente para escudarme de la pobreza cuando fuera viejo," William Blain desembarcó en 1878 en Puerto Stanley, buscando "atrapar ese glorioso privilegio de ser independiente" (Blain, 1980).

La expansión ganadera en Malvinas, dirigida al comercio con Inglaterra, había captado tempranamente la atención de los sucesivos gobiernos de Chile y Argentina, que se disputaban la soberanía territorial de Patagonia austral. Siendo el libre comercio un dogma de las oligarquías metropolitanas, la vinculación comercial entre los nuevos países del Cono Sur y el Reino Unido los había integrado al llamado Imperio Informal Británico, sin dominio político-militar aunque con amplio control económico (Brown, 2008). A inicios de la década de 1870, el Gobierno chileno ya había instruido al Gobernador de la Colonia de Magallanes para que promoviera el asentamiento de colonos provenientes de Malvinas, ofreciéndoles tierras gratuitas (Harambour, 2012, pp. 130-136). En 1876, el Gobernador de Magallanes Diego Dublé Almeida, como haría su par de Santa Cruz Carlos Moyano cinco años después, viajó a puerto Stanley para ofrecer concesiones y comprar animales. Con ello se inició la fase definitiva de la colonización de Patagonia, hasta entonces infructuosa y confinada al precario exclave chileno de Punta Arenas, en el Estrecho, y a unas pocas construcciones bajo bandera argentina en la costa atlántica. Cuando en 1881 se firmó el Tratado de Límites entre los dos estados, empleados y ex-empleados de la FIC y otras empresas comenzaron a trasladar su capital excedente -expresado en ovejas- a las llanuras continentales. Blain fue uno de los hombres embarcados como ovejeros a ese viaje de paso de la colonia británica a las colonias argentinas y chilenas que se expandían con capital británico. Con ello se selló lo que Martinic llamó "una natural incorporación a un esquema productivo imperial" con los territorios australes en "carácter virtual de tributarias coloniales" (Martinic, 2006, p. 906). Había comenzado la "invasión malvinera", en palabras de Mauricio Braun (1985, pp.78-79).

Desde el primero de enero de 1883 hasta fines de 1890 William Blain trabajó como ovejero jefe de Thomas Greenshields, crecido en Malvinas, quien junto a familiares obtuvo concesiones de tierras adjudicadas por Argentina y Chile sobre la frontera. Este período de la vida de Blain es el que narra el documento que transcribimos a continuación. Comienza con su visita a Punta Arenas, probablemente en 1881, continúa con un breve regreso laboral a las Malvinas y se desarrolla luego fundamentalmente en el oriente de la parte continental del Estrecho. El ciclo se cierra cuando Blain se decide a cruzar a Tierra del Fuego, donde trabajó en la gran estancia Springhill, de The Tierra del Fuego Sheep Farming Co., propiedad de Waldron & Wood, José Nogueira y los hermanos Ernest Thomas y Mont E. Wales, su jefe directo. Allí permaneció hasta fines de 1898, cuando tenía alrededor de 46 años y había ahorrado lo suficiente como para regresar a Dalry, comprar una casa en la calle principal del pueblo, casarse y contar las historias de sus quince años en el Atlántico sur. Allí falleció a los 72 años, en 1924 (Gibson).

Durante su estadía en el extremo sur Blain tomó apuntes sobre sus días y sus trabajos, escribió diarios de vida, algunos poemas, y reunió recortes de diarios y recibos de dinero. Todos esos documentos fueron entregados por su hijo William J. Blain al Archivo Nacional de Escocia, en Edimburgo, donde se encuentran resguardados bajo la referencia GD1/987. Esta pequeña colección contiene 20 carpetas, e incluye un diario de vida escrito entre diciembre de 1884 y septiembre de 1886, mientras Blain trabajaba para Greenshields. Es un documento en que se anotan las ocupaciones cotidianas de un ovejero, enfrentado a la soledad y la precariedad de la fase inicial de la industria ovina en territorio tehuelche. Además, hay manuscritos referidos a los tres territorios en que Blain se desempeñó: Malvinas, la costa norte del Estrecho y Tierra del Fuego. Salvo el indicado, estos otros textos no son diarios de vida, es decir, escrituras autobiográficas signadas por la inmediatez de la escritura, por la fragmentación de sus anotaciones, y no tienen ánimo de comunicar a otros u otras los eventos y experiencias. Por el contrario, corresponden a textos preparados para ser leídos por terceros o ante auditorios, redactados sobre la base de anotaciones previas. Son, por tanto, memorias y no diarios, y en ellos opera el procesamiento y selección de la información y la redacción narrativa de los acontecimientos.

Hasta la fecha sólo habían sido publicadas las memorias de Blain referidas a sus estadías en Malvinas y en Tierra del Fuego. La primera apareció en la revista escocesa Blackwood's en 1980, como "Scenes of the near past: a shepherd abroad". Era ese un texto ligeramente editado basado en una conferencia dictada por Blain en la Sociedad de Socorros Mutuos de Dalry "en el cambio de siglo" (N. del editor en Blain, p.15) . Una versión abreviada apareció al año siguiente en The Falkland Islands Journal (Blain, 1981, pp. 15-22). El manuscrito original, así como estas dos publicaciones, se encuentran en el archivo escocés catalogadas como GD.1/987/7. Casi un cuarto de siglo después vio la luz, digital, la memoria correspondiente a la tercera destinación de Blain en el extremo sur, como "The Journal of William Blain, Shepherd in Tierra del Fuego, 1891-98." El texto fue relevado por Arnold Morrison, quien lo publicó electrónicamente en su sitio The Scots in Argentina, en 2004, con una breve introducción. Ambos textos fueron reproducidos por Duncan Campbell y Gladys Grace en su gran sitio The British Presence in Southern Patagonia y más tarde traducidos al castellano por Rosamaría Solar Robertson. Esa versión fue publicada con introducción y notas de Mateo Martinic en Magallania, el 2009, con el mismo título: "Diario de Vida de William Blain, ovejero en Tierra del Fuego" (Morrison, 2004; Martinic, 2009). Insistimos: aquel texto no corresponde a un diario, sino a una memoria.

La que aquí presentamos corresponde a una etapa de tránsito por Patagonia, catalogada como GD.1/987/8 en The National Records of Scotland. Es un período en el que Blain deja de ser ovejero en un territorio británico para asumir la tarea de levantar una estancia en un espacio indígena donde recién se inicia la colonización efectiva. Su capacidad de acumular riqueza allí aumentó: al final de su estadía de unos siete años en la árida boca oriental del Estrecho ya era propietario de 1.500 ovejas, y pudo continuar escalando en las jerarquías coloniales británicas empleándose como subadministrador de una gigantesca estancia pionera en la Tierra del Fuego. Se desarrolla así este texto entre una primera visita a Punta Arenas y el fin de sus trabajos en la instalación de las estancias en la costa este del Estrecho, en Dungeness y Cabo Vírgenes. Se producen entonces sus encuentros con sujetos de distintos orígenes, y es particularmente interesante su descripción de las rutinas de trabajo, de la presencia estatal (esporádica y precaria) y de la vida de tránsitos (tanto de tehuelches como de inmigrantes plurinacionales) a través de la estepa recién ocupada por las ovejas malvineras. La relación de Blain sobre las formas de contacto con los aónikenk es notable, aún más cuando se la compara con sus juicios sobre el trato dado a los sélknam en los años siguientes. Por último, aborda el término de su contrato con Wood (entre 1884 y 1885) y su acuerdo con Greenshields para levantar Monte Dinero, así como una descripción de los métodos de extracción de oro durante la breve "fiebre" en Dungeness y los trabajos en Güer-Aike. El manuscrito concluye con la muerte de Greenshields en enero de 1890, y con un nuevo acuerdo de trabajo con Montgomery Wales, uno de los principales responsables del genocidio Selknam, que lo llevaría hasta Tierra del Fuego. En la actualidad nos encontramos terminando un libro que reúne las memorias y el único diario de William Blain, donde profundizamos el análisis de éstas y otras materias.

Sobre la traducción, sólo anotar que hemos intentado ser literales, respetando las expresiones elegidas por el autor y la puntuación, que sólo ha sido alterada cuando en castellano se dificultaba la comprensión del texto. Entre corchetes se encuentran palabras faltantes, o bien se indica el número de palabras ilegibles. Las palabras que en el original figuran en castellano (más o menos preciso) se identifican con cursivas. Agradecemos a Arnold Morrison el descubrimiento de los documentos alojados en Escocia y la apertura de este camino de investigación.

 

William Alexander Blain: Un viaje a los Estrechos de Magallanes y de regreso a la Isla Falkland Occidental (c.1881-1890)

Tras esperar en Stanley unos pocos días, subí a bordo el paquebote con destino a los Estrechos de Magallanes, estando bien el clima. Tuvimos un muy placentero viaje a través de todo el camino, que es algo así como 300 millas3.

A bordo de un buque de vapor, con buen clima, es una forma confortable de viajar. Después de dejar Puerto Stanley no hubo nada digno de anotar, hasta que alcanzamos los Estrechos de Magallanes.

Aquí teníamos la tierra de Patagonia a nuestra mano derecha, y Tierra del Fuego a nuestra izquierda. Esto fue en el mes de septiembre, o a comienzos de la primavera. Por una considerable distancia hacia el interior, hacia ambos lados, parecía haber tierras bajas. Al entrar en las primeras angosturas estábamos sólo a unos pocos cientos de yardas de tierra a cada lado4. Aquí la tierra parecía salpicada por todas partes con pequeñas colinas y valles, con una cadena de montañas al fondo.

En Tierra del Fuego pudimos ver unas pocas pieles que supuestamente eran indios en marcha. Hacia el atardecer del tercer o cuarto día aparecieron a la vista los nevados picos de la isla Dawson y la Cordillera. A nuestra derecha había un gran bosque, los primeros árboles que yo veía crecer en más de seis años, en una apertura del bosque5.

Punta Arenas se levanta como mi destinación para el presente. En este lugar los Estrechos de Magallanes deben tener algo así como 20 millas de ancho6.

El vapor echó el ancla a una considerable distancia de la costa, pero no lejos de los restos del naufragio del Dobrol. Si recuerdo bien, el Dobrol fue un barco de guerra británico que había echado el ancla y sin ninguna advertencia tuvo lugar una explosión. Parte de la tripulación voló en pedazos. Otros quedaron seriamente heridos. En el cementerio en Punta Arenas una gran tumba marca su lugar de entierro7.

El lugar donde se hundió el navío está marcado para prevenir a otras embarcaciones de encontrarse con el naufragio. Otro pasajero y yo aceptamos bajar a tierra juntos, así que llamamos un bote y estuvimos pronto desembarcando en el muelle con nuestras ropas de cama y otras cosas necesarias en mochilas. Yo me quedé con nuestras pertenencias, mientras mi compañero fue en busca de alojamiento. Después de un rato volvió para informarme que había solo dos hoteles respetables en el lugar y estaban, ambos, llenos. Para entonces se estaba poniendo frío y todo indicaba que esa sería una noche tormentosa. Fue mi turno de tratar de buscar algún tipo de alojamiento.

Anduve hasta que me di cuenta de una apertura entre dos filas de casas, donde yo habría esperado encontrar una calle. Después de resbalar a través del fango y charcos de agua, mientras pisaba entre una madera y otra, finalmente di con uno de los dos hoteles que mi compañero había mencionado.

El propietario era un austríaco y hablaba un buen inglés. Como estaba lleno, me recomendó el otro hotel, propiedad de un portugués. Cuando le dije que ya lo habíamos visto, me dijo que había otro hotel en la playa, el que encontré no muy lejos de donde yo había partido. Entré en el bar, donde encontré a una mujer atendiendo. Le pregunté si tenía alguna habitación libre. Ella me miró y dijo no entende, Pudo no hablar castiliaña [castellano], Entonces no tenía idea de lo que ella estaba diciendo. Sacudí mi cabeza y mantuve mi posición. Finalmente la dama desapareció a través de un corredor y pronto retornó en compañía de una pintada patrona de la tierra del Trébol8.

Ella actuó como interprete y pronto hizo saber mis deseos. Sí, ellos tenían una habitación, así es que fui a verla. Era un cuarto suficientemente grande como para acomodar a una docena de personas. En una esquina se levantaban cuatro postes y unas pocas tablas rústicas clavadas juntas como una sencilla cama y una tabla suficientemente larga como para sentar a una docena de personas. El suelo tenía una buena cobertura de arena soplada desde afuera. No había falta de ventilación. Especialmente desde el techo.

Los términos fueron $2 por día. Para entonces, la libra esterlina valía unos 2/10. Además, nosotros tendríamos que encontrar nuestra propia ropa de cama.

Como no había chance de encontrarnos mejor tomamos el lugar. Durante la tarde me reuní con el dueño, quien era un inglés que me expresó muchas disculpas por no tener un cuarto mejor amoblado para darnos. Sin embargo, hizo que las cosas se vieran tan radiantes como era posible diciéndonos que su esposa era una chilina. Ella era la mejor cocinera de Punta Arenas.

El hombre tenía todas las razones para estar orgulloso de ella como cocinera. Nuestra cama no era una de las más suaves: sólo un par de pieles de oveja entre nosotros y las tablas, así que yo estaba siempre despierto y vestido alrededor de las 5. Tomaba un café y pan con mantequilla alrededor de las 6, el desayuno alrededor de las 11, la cena alrededor de las 6 y no había nada más para comer hasta la siguiente mañana. Tal era la costumbre del país.

Unos pocos años antes del tiempo del que estoy hablando, Punta Arenas era un asentamiento de convictos. Los convictos se alzaron en rebelión, superaron a los oficiales y asaltaron las tiendas. Pronto se volvieron locos con el trago. Los hombres y mujeres que cayeron en sus manos fueron tratados rudamente. Algunos huyeron a pie, otros montados a caballo. En ese tiempo había sólo alrededor de media docena de británicos en el lugar. Ellos consiguieron llegar a la playa y abordar unas goletas que afortunadamente estaban en la bahía para entonces. Como no había vías de comunicación con el gobierno en Santiago excepto por vapor a Valparaíso, tomó algún tiempo antes que los soldados arribaran para restaurar el orden. Unos pocos de los cabecillas fueron atrapados y ejecutados. Los otros fueron sacados de la colonia9.

Mi primera impresión de Punta Arenas fue que era por lejos el lugar más duro que yo hubiera visto o deseara ver de nuevo.

Más de dos tercios de las casas eran meras casuchas viejas, de tablas cuadradas, de madera vieja, con velas viejas, fierros corrugados, oxidados, todo mezclado en la construcción de una casa. Algunas no tenían ni siquiera un vidrio, sino un hoyo cuadrado en los muros y una puerta ajustada con cuero de buey. Sus fuegos estaban, generalmente, en la mitad del suelo. No había escasez de madera para el fuego, aunque muchos no se preocupaban por usar el hacha o la sierra [...] Con el clima húmedo, no era materia fácil aproximarse a la mayoría de las casas. El lugar estaba infestado con perros y gatos hambrientos. Vi muchos que habían sido envenenados, arrojados donde debía estar la calle hasta que el hedor era suficientemente fuerte como para hacer que uno deseara haber tomado otro camino.

Los habitantes de las casas que he descrito eran una mixtura de nacionalidades, como españoles, portugueses, griegos, italianos, tehuelches, indios canoeros [...] He visto hombres, mujeres y niños, perros, gatos y cerdos, todos ocupando el mismo apartamento. En la gran mayoría de los casos parecía haber escasez de jabón. Un extraño que toma una caminata temprano por el pueblo pronto llega a la conclusión de que ningún sexo se aproblemaba con la vergüenza. Además de las casuchas que he mencionado había una casa de gobierno para el gobernador y otros pocos oficiales [...] Además había una cárcel de madera. Era como algunas de las otras casas, una estructura muy temporal. A los prisioneros que no intentan escapar se les permite ir y ganarse unos pocos centavos, haciendo algunos de ellos un jornal promedio cortando madera para el fuego para los habitantes de mejor clase. Había tres o cuatro tiendas donde uno podía obtener casi cualquier cosa, desde una aguja hasta un ancla. La gran mayoría de los vapores recalaban en Punta Arenas en su camino alrededor de la costa oeste de Sud América. Montones de pasajeros venían a tierra para comprar alguna cosa hecha por los indios patagónicos, como mantas de guanaco, mantas hechas de piel de ñandúes y algunas muy buenas que eran hechas de la piel de un pequeño animal llamado chingue. Cualquier cosa hecha del naufragio del Doterel era altamente valorado. Había varias goletas que iban a cazar focas cada año. Las tripulaciones iban a trato, obteniendo sus partes de acuerdo a sus habilidades. Algunos de ellos lograban hacer mucho con ello. Había dos o tres aserraderos en el bosque, y sacaban madera talándolo. De ellos también obtenían su madera los estancieros de las Islas Falkland para cercado y corrales para ovejas. Los tableros funcionaban bien para construir galpones y cosas así.

Cuando la madera estaba bien estacionada tomaba una buena pulida pero se encogía, por lo que no se podía depender de ella para ningún asunto importante. En ese tiempo Punta Arenas no era sino un pequeño pueblo. Como la mayoría de los pueblos suramericanos, fue trazado en manzanas. No había muchas manzanas desde un lado del pueblo hasta el otro10.

En el bosque, a una corta distancia desde el pueblo, había bastantes inmigrantes suizos. Cada cabeza de familia tenía permitida mucha tierra. Los suizos son un tipo de pueblo muy industrioso. Aquellos que vi tenían su tierra cercada en pequeños cierros, muchos de ellos sin exceder medio acre. Todos tenían vacas, con bastante buenas acomodaciones para ellas. Parecían cultivar un montón de vegetales. Si tenían otras cosechas exitosas no lo podría decir. Parte del bosque alrededor de Punta Arenas había sido quemado en períodos anteriores a éste. Allí había una considerable cantidad de árboles caídos y muchos habían sido quemados hasta el tope, lo que no aportaba a la belleza del lugar. Al oeste de Punta Arenas y a alguna distancia detrás del pueblo había una alta montaña. La mitad baja estaba cubierta con altos e imponentes árboles. Durante mi estadía en Punta Arenas yo estaba en busca de trabajo de cualquier tipo, buscando prolongar mi estancia en el país. El salario más alto que podía obtener era de alrededor de 3 libras por mes y vivir con nativos -por lo poco que había visto, los nativos eran bien pagados, a 3 libras el mes- [1] y en rascarse ocupaban una parte considerable de su tiempo, así es que decliné con agradecimientos su trabajo y su salario11. Tres caballeros habían empezado a criar ovejas a pequeña escala. Yo estaba ansioso de estar entre ellos para ver el país, pero no pude conseguir ni guía ni caballos. En ese tiempo, cuando llegaba el invierno todos los [1] caballos eran enviados lejos del campamento porque los pastos allá eran mucho mejores que alrededor de Punta Arenas. Como los caballos no eran traídos desde los cuarteles de invierno [o invernada] abandoné toda esperanza de quedarme en Punta Arenas. Durante mi estadía no pude encontrar mejores hospedajes que aquellos que he descrito, lo que no se debía mi deseo de encontrar hoteles o casas públicas.

Como todo estaba libre de impuestos casi todas las casas con una ventana tenían unas pocas botellas de licor a la vista para la venta. En el atardecer aquellos pequeños publicanos agarraban un fandango que nosotros llamaríamos una fiesta o un baile. Con unas pocas concertinas o silbatos de lata parecían disfrutarlo de ruda manera.

Un día un buque de guerra británico recaló en Punta Arenas en su camino a casa. El teniente fue enviado a la costa para preguntar si había algunas cartas para su barco. Yo asumí la responsabilidad de mostrarle la oficina de correos. Cuando el oficial hizo saber sus asuntos, el jefe de correos le dijo que había cartas pero que él no se las podía dar a nadie más que al capitán en persona. El teniente regresó a bordo y entregó su mensaje. En un corto tiempo me reuní con el mismo oficial cerca de la oficina de correo. ¿Camino a hacer otro intento?, le dije. Sí, fue su respuesta, y esta vez lo lograré, dijo él, y lo logró. Sin ceremonias.

Durante la tarde una parte de la tripulación del barco de guerra vino a tierra-siendo la primera vez que he visto Chaquetas Azules Británicas12. Yo no podía dejar de admirarlos mientras pasaban. No importa la posición en la que un hombre pueda estar, muy lejos de su hogar, en que no pueda sentirse orgulloso de pertenecer a una nación que produce compañeros de apariencia tan noble. Veinte minutos después de que ellos desembarcaron no había ni un chilino a la vista. Incluso los soldados o policías se fueron a las barracas. Sus razones para quedarse fuera de su camino eran mejor conocidas por ellos mismos.

Cuando daba un paseo a través del pueblo en una noche fría era a menudo sorprendido con que algunos habitantes no hacían fuego para sus viviendas. Ellos tenían lo que llamaban Brassalara [brasero] que es una especie de mortero redondo que se sostiene en tres patas. Este era llenado con carbón vegetal. Cuando se prendía se ponía afuera. Las chispas llenaban todo el lugar. Tan pronto como se volvía una masa roja era llevada adentro y colocada en el centro del cuarto. Por supuesto, entre mayor era la compañía más ancho era el círculo.

Hay otra costumbre sudamericana, una que no me importó entonces. Esa es tomar mate. En caso de que pueda haber algún precedente que no haya visto o leído al respecto, hay tres cosas que trataré de explicar. Esto es, la yerba, el mate y la bombiya. De acuerdo a la información, la yerba es un arbusto tropical. Son sus hojas las que son usadas. Las ramas pequeñas son cortadas, secadas sobre fuego. Entonces los palitos son cortados junto con las hojas. Las hojas por supuesto se muelen, y quedan en polvo después del proceso. Son de un color verde claro. La manera principal es colocar las hojas en una pequeña corteza de calabaza hecha para beber de ella, que tiene unas tres pulgadas de ancho. Algunas son ovaladas con un hoyo cortado en su tope. Esto es llamado el mate. Las hojas son colocadas ahí, vertiéndoles encima agua caliente. Luego, la bombilla o tubo con una rosa en un extremo es insertada, y el brebaje es succionado a través de ésta. Cuando está vacía se devuelve al anfitrión, y es llenada de nuevo con agua y pasado al siguiente invitado, y así ronda tras ronda. Este pasar de boca en boca parece desagradable pero uno se acostumbra a ello.

El dieciocho, o 18, de septiembre, es el feriado nacional en Chile. Es el aniversario de la independencia chilena de España. En esta ocasión todas las clases se vestían con tenidas de domingo. Las mujeres nativas, aquellas que podían costeárselo, parecían estar deseosas de algo extravagante13. Mayoritariamente, ellas se dirigían a los bares con un chal decorativo, suelto sobre sus cuellos y hombros.

Cualquier cosa ostentosa no estaba en armonía con las calles. Los hombres y los niños formaban una procesión con banderas y varios tipos de instrumentos musicales. Ellos marchaban a través del pueblo gritando viva la chili. Se detuvieron frente de la casa del Dr. [Thomas] Fenton14. Ese caballero les dio un liberal suministro de licor. Ahora era Viva la doctor.

A menudo me han contado que los sudamericanos son malos usando el revólver y el cuchillo cuando están bajo la influencia del trago. En el atardecer tomé un paseo por los alrededores para ver cómo podrían terminar este día memorable. Vi a un considerable número salir para ajustar sus disputas. Ni una vez vi que se recurriera a un cuchillo o a un revólver. Ellos también ellos parecían estar por el estilo británico. En ese tiempo pensé que no había temor de que ellos golpearan bajo el cinturón. Parecían más como tirando una pelota de cricket que alguna otra cosa. Muchos de ellos terminaron revolcándose en el lodo o en la tierra.

En mis vueltas me encontré con una o dos locomotoras y vagones. También varias grandes chalanas de hierro para cargar veleros. Consultando aprendí que algunos años antes una compañía vino desde Chile y comenzó a extraer carbón, resultando en un fracaso. Aquellos que tenían dinero se borraron y dejaron todo detrás suyo15. Mientras estuve en Punta Arenas fue la primera vez que vi bueyes de trabajo en vez de caballos. Estaba sorprendido por ver que estaban bien alimentados y eran amablemente tratados, arrastrando cargas tan pesadas a través de arena suelta y sobre rieles. Como regla sus carros eran un asunto muy tosco. En muchos casos el hacha o filo parecían ser las únicas herramientas disponibles. Con la excepción de algunos pocos clavos, todo el resto estaba hecho de madera. Las ruedas serían de alrededor de 30 o 36 pulgadas de diámetro, algo así como 4 o 5 pulgadas de grosor con un hoyo en el centro para el eje, y una estaca larga como eje. En esa parte todos los bueyes tiran de la cabeza. Los bueyes enyugados tenían una pieza de madera de alrededor de 6 pies de largo llamada yunta, y ésta es ahuecada en ambos extremos para encajar en la cabeza, detrás de los cuernos, con largas tiras de buen cuero ablandado, llamadas coyunta. Esto se ajusta a los cuernos del buey. El palo del carro se ajusta en la yunta, entre los dos bueyes. Un par en frente de otro es agregado de acuerdo al peso de las cargas. Cuando sólo hay 2 o 4 bueyes atados al carro, el conductor principalmente camina al frente, llevando un palo de alrededor de 12 pies de largo y alrededor de una pulgada de diámetro con un clavo afilado pegado en un extremo. Es llamado Picaño [picana] Algunos pobres animales son pinchados con menos piedad cuando hacen su mejor esfuerzo.

Por otro lado, hay algunos que sólo hacen cargas pequeñas y algunos de los animales son tan tratables que parecen conocer cada palabra que se les dice, especialmente sus nombres. Yo tuve una opinión muy pobre de los nativos como jinetes. En ese tiempo los caballos eran escasos pero vi a muchos pobres y heridos. Era una desgracia para la civilización16.

Los campañisters o arrieros usaban un recado o montura india que consistía en cuatro piezas de madera, las partes del frente y de atrás teniendo suficiente curvatura para sobrepasar la cruz y el hueso del anca de los caballos, y las 2 piezas laterales, de unas 6 a 8 pulgadas de ancho y unas 18 pulgadas de largo, que eran amarradas unas a otras, con bolsas de cuero y pieles de oveja hacia el lomo del caballo en lugar de cojines, y básicamente frazadas y una piel de oveja entre la montura y el hombre. Sus estribos se veían muy burdos, aunque usados por todas las clases. Consistían en un bloque de madera agujereado para admitir la parte delantera del pie, con una banda de fierro alrededor. Eran considerados una ventaja al cabalgar a través de matorrales y eran más cálidos en clima frío que los estribos de fierro comunes. Los arrieros usaban comúnmente espuelas indias, que eran hechas de dos piezas de madera con una punta de fierro al final de cada pieza, las que eran amarradas detrás del talón con un tiento y amarradas con el mismo al frente. Estas espuelas eran la causa de las peladuras en los costados de una gran cantidad de caballos en el país17.

En mi búsqueda de información yo estaba muy limitado, por no ser capaz de hablar el idioma. Pasé muchas horas con el austríaco Gorge, el propietario de uno de los hoteles que he mencionado. Él fue uno de los primeros que fue a comerciar con los indios patagónicos, unos 20 años antes del tiempo del que estoy hablando. Yo le pregunté si pensaba que los indios patagónicos habían sido caníbales alguna vez. Él dijo que no creía que los tehuelches hubiesen sido jamás culpables de tal acto de inhumanidad. Dijo también que el único libro fiable que había leído sobre estos indígenas era uno escrito por el capitán Mustard [Musters]. Este caballero viajó por tierra desde Punta Arenas hasta Río Negro y vivió con los indígenas todo ese tiempo18.

Aquí yo podría agregar que la clase más respetable de habitantes parecieran ser los de otras nacionalidades, con la excepción de unos pocos británicos, que son una minoría. Entretanto, muchos ganaderos de las islas Falkland habían arribado a Punta Arenas en la búsqueda de tierras para comenzar a criar ovejas. El gobernador no tenía poder para actuar en el Departamento de Tierras, pero se comprometió a transmitir sus solicitudes a las oficinas centrales. En el entretanto ellos podían tomar la tierra a la que postulaban estableciéndose en ella, o de lo contrario esperar la respuesta del gobierno19.

Hacia el final de septiembre o comienzos de octubre [de 1882], seis de nosotros reservamos nuestros pasajes de regreso a las Falkland. Al segundo día de estar embarcados un pasajero de 3a clase fue reportado enfermo. Como el vapor no llevaba doctor, uno de los nuestros, gran creyente en la homeopatía, fue a ver al inválido.

Su opinión era que no había nada seriamente mal con el hombre. De todos modos, al llegar a Puerto Stanley fue izada la bandera amarilla. El doctor estuvo pronto a bordo. Su veredicto fue un caso de viruela y 14 días de cuarentena para nosotros, los pasajeros. El homeópata le consultó al doctor varias veces para estar seguro. El doctor dijo que estaba muy seguro de que era viruela. Así es que cinco de nosotros fuimos puestos a bordo de una goleta. El homeópata dijo que no sentía ningún temor por la viruela y continuó en el vapor hacia Montevideo.

A bordo de nuestro nuevo alojamiento había un hombre para cocinar por nosotros, y otro hombre para ver que no nos fuéramos a tierra o enviáramos algo desde nuestros nuevos cuartos. Estábamos bien aprovisionados con todo lo necesario para la vida, incluyendo un buen suministro de brandy, whiskey y cerveza. Amigos en tierra nos mantuvieron aprovisionados con libros. Para variar, usualmente jugábamos cartas hasta las 2 o 3 de la mañana, pero ni una vez ninguno de nosotros jugó por dinero. Viendo que nos quedábamos hasta horas tan irregulares nuestro cocinero se quejó sobre nosotros por no levantarnos para el desayuno. Así es que uno fue designado para hacer reglas, las reglas para estar metidos en la cabina. La regla fue que aquellos que no estuvieran en sus lugares a las 8 en punto para el desayuno no iban a tener nada de comida hasta media hora después de las 12. Fue acordado entre los otros que de ser posible el hacedor de las reglas sería el rompedor de las reglas. Él se quedó sentado hasta bien entrada la mañana. El resto estaba levantado para el desayuno tan rápido y silenciosamente como fuera posible. Alrededor de las 10 nuestro amigo vino a cubierta y quiso saber por qué nadie lo había llamado a tiempo. Después de varias excusas se le recomendó que tratara de respetar las normas y cambiar.

Esa fue la última vez que alguno de nosotros vio o escuchó sobre esas reglas. El pobre cocinero hizo lo mejor que pudo, pues no podía ir a tierra. Al final de los 14 días el doctor vino a bordo y dijo que estábamos todos bien. Fuimos a tierra y nos reunimos todos en la tienda que había suplido nuestras peticiones. El tendero nos presentó a cada uno de nosotros una cuenta por 9 guineas. Alguien hizo el comentario de que aquellos que nos pusieron en cuarentena debían pagar nuestros gastos. Ninguno de nosotros pagó en ese momento. Eso es lo que supe, y nunca escuché que este asunto fuera mencionado otra vez.

Desde el tiempo que estuvimos puestos en cuarentena hasta el momento en que dejé Stanley fue la racha más larga de buen tiempo que haya visto en las Falkland. En el intertanto, yo me había hecho la idea de volver a la West Falkland.

El hombre con el que me estaba quedando me pidió que llevara 20 libras, principalmente en partes de 2 chelines, para un amigo suyo en la West Falkland. Le di varias escusas; sin embargo, como le haría un gran favor a mi grupo consentí. Al final, abordé un vapor costero llamado el Malvinas, que es el español para Islas Falkland.

No estuvimos muchas horas a bordo cuando vino una tormenta de viento y lluvia. Como estábamos cortos de alojamientos algunos de nosotros estuvieron pronto mal con los mareos. Recalamos en una isla y bajamos a tierra para recuperarnos. Al reanudar el viaje pronto estuvimos tan mal como siempre. Nuestra siguiente detención fue en Fox Bay. Habiendo tenido más que suficiente de esto, agarré al capitán para que me dejara en la costa con mi bolsa de plata bajo un brazo y mi silla de montar bajo el otro. Estuve muy complacido de sentir la tierra debajo de mí una vez más.

Mr. Bellion fue mi primer empleador en las Falkland. Me suministró un caballo. El mismo día fui a la casa de un ovejero, llamada la Choza de Monte Sullivan. Aquí me quedé por la noche. Al día siguiente alcancé una estancia llamada Chartres20. Al otro día se me entregó otro caballo fresco. En Seal River tomé algo de té y otro caballo fresco. El siguiente lugar de parada fue Crooked Inlet21. Me quedé ahí otra noche.

En la mañana obtuve otro caballo fresco. Fui hasta Rye Cove llevando la bolsa de plata, y fui a West Point el mismo día. Aquí me quede con Mr. Godwin cuatro o cinco días. Dos días de cabalgata hacia el otro lado de la montaña me llevaron a Port Howards, el hogar del homeopático que mencioné a bordo del barco. Otro escocés y yo nos contratamos para levantar una cerca.

Mientras estábamos poniendo la cerca él nos visitó varias veces, y nos dijo que él y otros tres hombres habían hecho una oferta por un gran pedazo de tierra en Patagonia y que si sus términos eran aceptados pretendían trabajarla por un tiempo, en sociedad22. A mediados de diciembre obtuvo una respuesta favorable de la sede central y como todos los demás estaban ocupados en la esquila, mi compañero y yo tuvimos que parar el alambrado para reunir a las ovejas y dejar todas las otras cosas listas para Patagonia. No pasó mucho después de esto hasta que el Malvinas arribó para llevar a las ovejas a bordo. Había 10 caballos a bordo para comenzar. No fue hasta que parte de las ovejas estuvieron embarcadas que se me dio a entender que se esperaba que yo me fuera como uno de los ovejeros. Por supuesto que quise saber cuál iba a ser mi sueldo. Él me dijo que 6 libras por mes, con casa y carne. Yo le dije que yo no iría por ese dinero y me dijo que no me podía dar nada más, pero que el administrador podría. Yo no sé lo que tu administrador hará, le dije, y no voy a preguntar. Y lo dejé. Cuando el capitán vino a tierra, me dijo que tan pronto como tuviera las ovejas y los caballos descargados iba a ir a Punta Arenas, así que tomé un pasaje para ese puerto una vez más. Para continuar mi narrativa tendría que entrar a explicar la vida de campo en un nuevo país. Hacerlo ahora sería ingrato de mi parte, viendo que ya he ocupado mucho de su valioso tiempo este atardecer.

 

Punta Dungeness, Argentina y Chile23

Tan pronto como el vapor estuvo cargado y listo para el camino subí a bordo, como pasajero para Punta Arenas. Después de un pasaje de tres días y un hermoso clima en todo el camino a los Estrechos de Magallanes, se echó el ancla en la bahía San Jague [Santiago] en el primero de enero de 188324.

Mr. [Thomas] Greenshields, el administrador de la compañía, estaba también a bordo y varias veces durante nuestro camino trató de averiguar adonde pretendía ir yo y qué iba a hacer25. Como yo mismo no lo sabía, no podía hacérselo más claro a él. Mientras, ellos estaban preparando los botes para desembarcar las ovejas.

Mr. Greenshields vino hasta mí y me dijo: mira, Blain, estoy en un aprieto. Debo ir a Punta Arenas por negocios, y dejar 900 ovejas recién esquiladas y 10 caballos a cargo de un solo hombre, quien es un extraño en el país y en el idioma. Es impensable. Como no pareces tener nada particular en vista, puedes hacerte un bien a ti mismo y un favor a mí, comprometiéndote conmigo. Le dije que yo estaba en ánimo de moverme y que esos compromisos no me sentaban bien por el momento. Como un favor, él me pregunto si yo podía desembarcar y ayudar al otro ovejero hasta que él volviera de Punta Arenas. Dije que lo haría, con la condición de que podría irme en cualquier momento sin que fuese tomado como una ofensa. Dijo que nada podía ser más justo que eso, así es que tuvimos una cena temprana y partimos por la costa a mirar un lugar para desembarcar las ovejas.

Mientras el capitán y Mr. Greenshields estaban seleccionando el mejor lugar para poner a las ovejas en tierra, el ovejero y yo fuimos a ver en qué tipo de lugar tendríamos que mantener a las ovejas mientras eran puestas en tierra. A no más de 50 yardas desde la marca de la marea alta había una pradera, aproximadamente unas 30 acres de la misma cantidad y calidad de pasto. Yo nunca había visto nada que lo igualara. Había tantos tipos de pasto y tantos diferentes tipos de flores. Era hermoso, con pequeñas colinas y valles al medio. La playa era un viejo sendero indio. La atmósfera estaba clara, con un sol fuerte y sin viento, lo que pude llamar un glorioso día de verano.

De verdad parecía como si la naturaleza nos hubiera estado esperando para bienvenirnos en un país deshabitado. La primera cosa que el ovejero y yo hicimos fue mirar si había alguna zanja u hoyo peligroso en este buen lugar de pastoreo. Encontrando ninguno volvimos a la playa a tiempo para recibir la primera consignación de ovejas. Esa misma noche estaban todas las ovejas y caballos en tierra. Después de que se calmaron los animales y ya pensábamos en la noche, con unas pocas cajas y una lona que nos había sido enviada de la costa, el ovejero y yo hicimos un refugio para la noche lo mejor que pudimos.

A la mitad de la noche los caballos empezaron a bufar y a encabritarse. Nos pusimos de pie de inmediato y pudimos oír que las ovejas estaban en marcha. Mi compañero fue a los caballos que teníamos amarrados. Yo fui por las ovejas. Después de alrededor de dos horas de duro trabajo logré traerlas de regreso a nuestro campamento, pero no calmarlas, así que los dos tuvimos que mantenernos junto a ellas hasta bastante después de la luz del día. Después hicimos turnos para vigilarlas.

Temprano en el 2 de enero los botes vinieron a tierra con lo que quedaba de la carga, la cual consistía en una casa de dos habitaciones en 16 partes y algunos ladrillos para construir una chimenea. Greenshields trajo nuestro desayuno con la noticia de que no habían sido enviadas provisiones desde las Falkland.

El vapor sólo podía darnos un poco de té, café y azúcar, con unas pocas libras de bizcochos para salvarnos por 3 o 4 días hasta que regresara de Punta Arenas, cuando podría traer bastantes provisiones en su camino de regreso a las Falkland. Temprano en la mañana, la tripulación estaba toda a bordo en camino a Punta Arenas.

El ovejero y yo fuimos dejados a nuestra suerte. Los próximos dos días fueron de un clima delicioso. Después de eso apareció un viento que se fue incrementando hasta que hubo un fuerte oleaje en la playa. Día y noche uno de nosotros se tuvo que mantener en movimiento. Los animales no se calmaban, especialmente las ovejas.

Finalmente el Malvinas apareció ante nuestra vista. Soplaba un fuerte viento en ese momento. Cuando estaba frente a nosotros arrió su bandera y avanzó. Si nuestro jefe estaba a bordo, viviríamos de puro capón, por algún tiempo26. Poco después nuestros caballos salieron en estampida durante la noche. El caballo que teníamos atado rompió su amarra, y nos quedamos a pie. Mi compañero anduvo buscando por dos días. Y no pudo encontrar más que un solo rastro.

Con eso nos hicimos la cabeza para quedarnos con las ovejas. Perder nuestros caballos era suficientemente malo, pero perder tanto los caballos como las ovejas sería aún peor. Al fin el Sr. Greenshield llegó desde la Colonia [de Punta Arenas] a caballo, para encontrarse a sus dos ovejeros a pie. Para entonces, los caballos ya se habían ido hacía muchos días.

A la siguiente mañana Greenshields salió a buscarlos. Su búsqueda fue infructuosa. Fue adonde un caballero, el que le había prestado un caballo en su camino desde la colonia. Ese caballero le suministró un caballo fresco, y envió con él a un joven muchacho que estaba bien familiarizado con el campo, y una carpa para nosotros, los ovejeros.

Yo no podría decir cuánto tiempo estuvieron en esa expedición, pero durante su ausencia, una tarde di con el rastro de los caballos. Acordé con mi compañero seguirlo al día siguiente. La mañana estaba calma y con la apariencia de ser un buen día de verano, así es que partí temprano. Seguí el rastro una distancia considerable hasta bien entrado el día, cuando perdí el rastro. Antes de comenzar mi viaje de regreso me senté para refrescarme en un descanso, con un cigarrillo. Cuando me levanté, mirando alrededor a una distancia no muy grande vi lo que parecía ser un lago dotado con pequeñas islas. ¿Cómo era que no lo había visto antes de sentarme? Era un problema que no podía resolver, pero parecía tan real que no pude resistir ir hacia él. Cuánto viajé hacia él, no puedo decirlo. Yo no parecía acercarme nada, así que llegué a la conclusión de que era uno de esos espejismos de los que a menudo he escuchado hablar, así es que consulté mi compás de bolsillo y comencé mi camino de regreso al campamento. El día era muy tibio. La atmósfera no estuvo para nada despejada hasta bien entrado el día, cuando surgió una gentil brisa. Entonces pude ver el cordón de san Gregorio a mano derecha y la Tierra del Fuego a mi izquierda.

En algún momento alrededor de las 4 de la tarde yo estaba en la cima de una de las pequeñas colinas, mirando nuestro campamento, y pude ver la carpa desarmada pero nada del ovejero o de las ovejas. Me apuré en bajar hasta la tienda donde encontré a mi compañero, dormido y sin botas. ¿Dónde están las ovejas?, le grité. ¡Justo ahí afuera!. fue su respuesta. Le dije que no había ninguna oveja a la vista y dijo que no hacían ni diez minutos que estaban todas allí. Salió de prisa a buscarlas y yo descansé por un instante pero como ni hombre ni ovejas aparecieron partí también, pero aunque ambos buscamos hasta que se hizo oscuro no encontramos ni un solo rastro. A la mañana siguiente comenzamos la búsqueda con el primer atisbo de día.

Cuando la noche nos superó una vez más, ninguno de los dos había visto una sola oveja. Otros días de búsqueda terminaron con el mismo resultado. Todas nuestras esperanzas estaban ahora en su peor nivel. Acordamos que cuando Greenshield regresara mi compañero tendría que darle los detalles. Alrededor del tercer o cuarto día después de este desafortunado evento de la pérdida de las ovejas, volvió Greenshields sin haber encontrado ningún rastro de nuestros caballos. Qué le dijo mi compañero sobre la pérdida de las ovejas, yo no lo sé, pero a pesar de me quedé a su servicio por cinco o seis años nunca me mencionó la perdida de las ovejas, ni yo a él. Para ese tiempo nuestras raciones estaban reducidas a yerba, sin azúcar. La mañana después de su llegada ensilló su caballo y dijo que se iba a cazar alguna comida, y que si no podía obtenerla por métodos justos la tendría con trampa.

Ninguno de nosotros podía dejar la tienda hasta que viéramos o escucháramos de él. Para mantenernos ocupados en su ausencia preparamos el sitio para la casa. Cuánto tiempo el Sr. Greenshields estuvo ausente en esa ocasión no lo podría decir, pero puedo recordar que obtuvo un caballo fresco, y nos trajo algo de yerba, un poco de té y café y unas pocas libras de pan frío.

Las galletas montevideanas eran un pan bien adaptado para tener en el campo y se mantenían largo tiempo. Este pan tenía una forma redonda, más o menos del tamaño de un puño y así de duro. Cuando estábamos en la tienda o sentados alrededor de la fogata, teníamos que dividirlas con el filo de nuestras botas.

Greenshields había escuchado en sus viajes sobre los asuntos de un campiñista con una gran tropilla de caballos. Su próximo movimiento fue ir a buscarlo, y tratar de arreglar con él por caballos para poder buscar nuestros animales perdidos. Nuestro jefe y el campiñista arribaron temprano una mañana. Mi compañero debía ir con ellos, si a mí no me daba miedo permanecer solo. Estando acostumbrado a vivir solo, consentí de inmediato. Me dieron un pedazo de carne de guanaco y partieron los tres.

Cuando estaba solo, un día vi un jinete viniendo hacía mí. Como tenía una manta de guanaco a su alrededor llegue a la conclusión de que mi primer encuentro con un patagón estaba ahora a mano. Cuando se acercó a mi me dijo buenos días en inglés, desmontó, tomó el cabresto de la boca de su caballo, ató una larga cuerda alrededor de su cuello y se volvió tranquilo. Entonces se sentó a unas pocas yardas de donde yo estaba trabajando en ese momento. En ese momento pensé que era el personaje de apariencia más ruda con el que me hubiera cruzado. No tenía deseos de cultivar su amistad.

Su primera pregunta fue si yo estaba solo. Le dije que por entonces sí. Él quería saber dónde estaba Greenshields. Le dije que en el campo. ¿Estaría de regreso esa misma noche? Yo no lo sabía. ¿Tiene Greenshields muchos hombres? Le dije que Greenshields tiene todos los hombres que requiere en este momento.

Estuve muy complacido de verlo montar su caballo y largarse. Supe después que él era un norteamericano que se había entregado a vivir con los indios uno de los niveles más bajos de la civilización.

Finalmente Greenshields y su grupo dieron con el rastro de las ovejas, y pequeños lotes fueron traídos de regreso ante mí en cortos intervalos. Para cuando tuvimos de vuelta alrededor de la mitad de las ovejas la búsqueda tuvo que ser pospuesta, porque estábamos diariamente esperando el Malvinas con otro cargamento de ovejas y caballos desde las Falkland. Nuestra carpa era más bien pequeña para tres así que nos pusimos a trabajar para tener nuestra casa habitable. Una noche fuimos despertados de un sueño profundo por un montón de caballos galopando alrededor de la casa. La noche era oscura así que nos quedamos en nuestras camas y debatimos las chances de que fueran nuestros caballos perdidos. Volvimos a mirar afuera a la mañana siguiente y allí estaban nueve de nuestros caballos perdidos, alimentándose a unas pocas yardas de la puerta. Del décimo caballo no se oyó nunca más mientras estuve en ese país.

La vista de nuestros caballos nos alegró considerablemente, pero si habían estado corriendo todo este tiempo, ¿cómo íbamos a poder agarrarlos? No lejos de nuestra casa había varias lagunas pequeñas o estanques.

Esperando nuestra oportunidad, Greenshields enlazó al mejor caballo del grupo mientras pasaba entre él y una laguna. Al mismo tiempo nos gritaba: chicos, todavía queda suerte para nosotros en la tienda. Nosotros los ovejeros dedicamos todo nuestro tiempo a cuidar a las ovejas. Greenshields cuidaba a los caballos y con la ayuda de bollodors [boleadoras] y lazos nos mantuvo con carne de guanaco hasta que obtuvimos algunas armas de fuego y municiones27. Entonces pudimos tener un cambio de dieta disparándole a gansos o guanacos, que eran abundantes. En Patagonia hay dos tipos de gansos, el común ganso salvaje y el Brenter [¿caiquenes?]. Este último es más o menos del tamaño de nuestro pato común, de un oscuro marrón gris con un pecho rojo. Ambos tipos eran buena comida cuando estaban gordos. Y sobre el guanaco, la mejor descripción que puedo dar está en las palabras de un viejo capitán escocés, que vino a tierra en el lugar llamado Santa Cruz. El primero que vio era un viejo macho, y dijo Ay, hombre, pero esa es una extraña bestia con la cabeza de un ciervo, la altura de un caballo, el cuello y espalda de un camello, la lana de una oveja, y la velocidad del demonio28.

Al mismo tiempo el guanaco es digno de ser ubicado entre los cuadrúpedos más limpios, como mascota o en las pampas, en su estado salvaje. Sus deposiciones no son dejadas por todos lados en los pastos, si no en grandes montones.

Se ha decidido que el asentamiento estará en un lugar señalado en la carta.

 

Punta Delgada

Punta Delgada - 5 leguas de San Jagua Bay - mejor conocido entre los nativos como quatro corillos, o cuarta corriente29. Temprano una mañana arribó un marinero para informarnos que el vapor había llegado. Mr. Greenshields y mi compañero se alistaron de inmediato. Yo seguí con las ovejas, juntando el nuevo lote con las que ya teníamos. Ovejas, caballos y otras cargas fueron desembarcadas para satisfacción de todos los involucrados, después de darles su libertad a las ovejas en una pieza de campo que podría sostener de 8 a 10.000 ovejas todo el año. Nosotros tres volvimos a la Cuarta Corriente después de oscurecer en buen ánimo.

Fue cosa mía ver a las ovejas a la siguiente mañana. El jefe y mi compañero traerían a casa nuestras provisiones y algunas otras pocas cosas necesarias, a caballo. Como nosotros no teníamos carro, en el curso de unos pocos días el campiñister ya mencionado nos pegó una visita. Greenshields lo envió a él y a mi compañero rápidamente para tratar de traer de vuelta algunas más de nuestras ovejas perdidas.

Nuestro nuevo lote de caballos requirió de doma. Nuestro jefe permaneció en casa para ponerlos aptos para trabajar y ayudarme con el cuidado de las ovejas. Esperábamos que el último lote de ovejas requiriera un montón de atención por unos pocos días, al principio, pero pronto descubrimos que ellas requerían más atención de la que habíamos esperado. Teníamos alrededor de 15 millas de límites abiertos. Era sólo a cada extremo del límite que podíamos tener un trago de agua fresca. Dentro del límite, era todo campo seco, abundante de pasto pero sin agua bebible por millas fuera del límite. Greenshields trató de mantener la mitad del lote cerca de la casa. Todos los planes que teníamos para tranquilizar a las ovejas eran irrealizables. Llegamos a la conclusión que las ovejas estaban cerca de volverse locas de sed. Finalmente mi compañero arribó con un lote que encontró.

El campeñiste fue despachado. Nosotros tres cuidamos las que pudimos. Las que no podíamos cuidar las dejamos ir.

Al avanzar la temporada el clima se puso más frío, las ovejas se pusieron pesadas de lana y gradualmente se calmaron, así que alrededor del mes de mayo lo peor había terminado en lo que se refiere a ayudar. Una mañana, no lejos de casa, encontré alrededor de 20 ovejas muertas en un pequeño valle. Ninguna de ellas estaba comida o desgarrada. Había un pequeño hoyo en cada lado de la garganta. Cuando llegué a casa reporté a nuestro jefe lo que había visto. Él dijo que era un trabajo de Mr. León.

Tan pronto como las tuvimos descueradas, lo que fue en el día siguiente, Greenshields y yo fuimos a cazar leones. Matamos tres y volvimos a casa después de que oscureció. Altamente complacidos con nuestros días de trabajo, varias veces durante el invierno nos visitó el Puma o León Patagónico. Una descripción larga del león patagónico es innecesaria. Aquellos que no han visto uno habrán visto [...] a una leona africana, que tiene un gran parecido con el Puma. El Puma es de alguna manera más pequeño y de una naturaleza cobarde. Ellos pueden atacar a un hombre si está herido. Ninguno de ellos me atacó nunca a mí, a pesar de que usualmente he estado muy cerca de ellos de noche o temprano al amanecer. Ellos parecen rondar alrededor de algo con la naturaleza de un gato. Algunos caballos se asustan mucho con ellos.

Al principio, cuando rastreábamos al león en nieve o tierra, yo me confundía entre la huella del león y la del perro. La diferencia es que un perro casi siempre deja la marca de las uñas de sus patas. El león raramente, si es que alguna vez lo hace.

Sin tener puntos de referencia, no puedo decir a cuanto ascendió el embarque de ovejas durante mi primer invierno en los estrechos de Magallanes.

Durante los meses de invierno teníamos poco de qué quejarnos, porque teníamos muchas armas de fuego y un buen suministro de municiones. A menudo dos de los tres íbamos a cazar leones, o guanaco. Algunas veces disparábamos a las perdices. Las perdices son casi del mismo color que las de casa, pero más pequeñas. Durante los meses de invierno eran bastante numerosas, en la playa.

Así pasó mi primer invierno en los estrechos de Magallanes, que fue uno de los más cortos y afables inviernos que he experimentado. Con el mes de septiembre vinieron los fuertes y húmedos vientos de la primavera patagónica. En Punta Delgada erigimos un cobertizo grande pero temporal. Para entonces era una bodega, taller de carpinteros, apartamentos para dormir para los hombres. Nuestra comida era cocinada afuera. A menudo cenábamos más afuera que adentro. Nos habíamos acostumbrado a vivir con el lote, aunque yo hubiera preferido vivir solo en Cuarta Corriente. [tachado en el original: Cuando Greenshields estaba separando nuestra tropilla mi compañero quiso dejarme los peores a mí, a lo que me opuse, y le dije a Greenshields que si yo no iba a tener si no los peores caballos para trabajar se podía ahorrar el trabajo de dividirlos. Esa era la primera vez que intercambiamos palabras amargas entre nosotros en los ocho meses que habíamos estado juntos] Ya no tenía que vivir más en este improvisado hogar en un lugar llamado Bunquie kemado, que significa buque quemado. A unas cuatro millas de Punta Delgada se erigió, una casita de dos cuartos. Aquí el jefe y yo fuimos los primeros en buscar alojamiento para tener pasto y agua para los animales. Hablando de Bunquie Kemado o buque quemado, unos treinta años atrás, o tal vez más, un velero cargado con carbón estaba en los estrechos de Magallanes. Cuando estaba frente a este lugar estalló el fuego y fue llevado hasta tierra y abandonado por la tripulación. Una vieja china, o india, le dijo a un amigo mío que en ese tiempo algunos indios araucanos del norte se habían unido a los Stawalches [Tehuelches] o Patagones. La vieja mujer dijo que toda la tripulación del barco fue muerta por los araucanos. Ninguno de los patagones interfirió. Desde dentro del barco obtuvimos un suministro de carbón por los primeros 12 o 18 meses. Con marea baja podíamos llegar al lado o cerca con un caballo y un trineo. Los ovejeros éramos colocados uno a cada extremo del sitio, o rincón como era llamado. Tuve su buen tiempo con eso durante los meses de verano. Para ese tiempo había un montón de manos en el lugar, así que marcar corderos y esquilar era un asunto apasionante. Los carpinteros y unos pocos de los hombres más hábiles se mantuvieron ocupados erigiendo casas en ambos lugares.

[Tachado en el original: al pasar los meses de verano fueron contratados varios veleros para cargar más ovejas desde las Falkland en el invierno. Para sostener a las ovejas mientras desembarcaban se erigió una cerca de playa a playa, lo cual nos dio un potrero de varias hectáreas (una hecteria es casi 2¼ acres). Una de las cargas más grandes arribó al final de la tarde. Después de un largo y duro viaje, hacia el anochecer bajé a ver cómo lo estaban haciendo] con la descarga de las ovejas. Dentro del potrero había ovejas muertas y muriendo bajo el nivel del agua. Había muchos hombres esparcidos a lo largo de la playa tratando de evitar que las ovejas vivas bebieran agua salada. Con el número de ovejas muertas incrementándose y la noche aproximándose me fui rápidamente donde Greenshields y le dije que tenía que haber otra manera de hacerlo. De otro modo iba a perder toda la carga. Nuestro único remedio era poner un corral o un cerco largo para mantenerlas encerradas hasta la mañana. Actuando sobre esta sugerencia, solo tendríamos que cuidar que no rompieran la cerca, pues solo era provisoria. Al día siguiente tuvimos que estar parados junto a ellas porque parecían locas por la sed. La mañana estaba nublada, el pasto húmedo [tachado: para la noche estaban extendidas por orden de comida. Con esa carga tuvimos una experiencia que no debíamos olvidar cuando descargáramos ovejas] En algún momento en junio cayó una fuerte helada que continuó hasta el 29 de agosto sin interrupción. A lo largo de la costa había poca de nieve, si alguna. La tierra era como acero. Cada corriente o estanque de agua fresca estaba congelado. Tuvimos grandes dificultades en obtener suficiente agua para los animales.

El 29 de agosto vino un cambio repentino. Un clima suave, con sombrías o más bien nubladas mañanas se instaló y continuó por semanas. Junto al límite de las ovejas yo había quemado un gran pedazo de tierra húmeda en corto tiempo. Dentro de poco era más como un buen sembradío de avena que un pastaje natural. Al principio tenía que estar en la montura cada mañana a las 4 en punto para mantener a las ovejas lejos, hasta que se secara el pasto. Incluso así había una perdida. A menudo Greenshield enviaba a un hombre para desollar y enterrar a las muertas. Por un verano o dos después de esto, las ovejas fueron embarcadas en intervalos. La estancia consistía de 75.000 hectáreas y se esperaba que tuviera entre 70 y 80.000 ovejas. La idea era tener el lugar lleno tan rápido como fuese posible.

Ahora, sobre la vida rural en Patagonia, las principales festividades eran el Deyocho [Dieciocho] que ya he descrito en un texto anterior. El siguiente era Viernes santo, después Navidad, y el Año Nuevo. Siendo escoceses nuestro jefe y la mitad de los hombres, el Año Nuevo era entre nosotros feriado y día de deportes, como correr, saltar y hacer carreras a caballo. La mayoría de los empleadores dan a sus hombres unas pocas botellas de licor en la mañana, y con lo que los hombres podían conseguir por sí mismos para la ocasión, a menudo el día de año nuevo tenía un final bastante rudo. Si había cualquier viejo agravio era casi seguro que sería discutido antes de la hora de dormir. Estas cuatro festividades no eran la única oportunidad que los hombres tenían para ajustar cuentas unos con otros.

Cualquier cosa podía ser desembarcada libre de impuestos en los estrechos de Magallanes. Así, tripulantes de casi cualquier nave que recalara en Punta Arenas tenían menos o más licor para la venta. Allí también, como en todos lados, había muchos que no podían resistir la tentación.

Mi experiencia fue que rara vez el licor se demostró como un pacificador de conflictos allí donde las clases más bajas, de diferentes nacionalidades, estaban reunidas juntas. Después de noches tomando yo había visto las ventanas tiradas por el suelo, cada asiento de la casa destruido y unos pocos hombres parecían como si hubiesen estado en una venta barata de gafas negras. El peor caso del que tuve noticia fue en la estancia vecina. La mañana de un domingo uno de los peones vino hasta la puerta y preguntó por el patrón, Mr. Douglas, porque ese era el nombre de dueño30. Yendo a la puerta fue informado que algunos de los hombres habían tenido mucha bebida la noche anterior, y que uno de ellos había usado el cuchillo muy libremente. Siguiendo hacia la casa del cocinero para ver cómo estaban las cosas, la primero cosa que capturó nuestra atención fue una ventana rota. La puerta estaba entreabierta pero se negaba a moverse en cualquier dirección. El mobiliario de la cocina no es ni extenso ni costoso, las literas, o camas eran principalmente artículos [puestos] uno sobre el otro. Los asientos tienen formas toscas. En vez de sillas, una tabla. Unos pocos estantes, una estufa e implementos son el mobiliario regular de una cocina. Incluso aquellos que parecían haberse peleado entre ellos -dos de los hombres tenían sus manos cortadas. Un tercero tenía un problema en la axila. Un cuarto era un viejo argentino sentado en el suelo. Entre sus piernas había un charco de sangre, aparentemente de su nariz. Mr. Douglas examinó sus heridas y les dijo que no eran de una naturaleza seria. Al viejo argentino se le indicó que no perdiera tiempo en irse del lugar. Mr. Douglas y yo los dejamos para que rectificaran las cosas lo mejor que pudieran.

Durante nuestro primer verano en Bukie Kemado la mayoría de los indios hombres nos visitaron hartas veces. Al principio ellos eran bastante interesantes, siendo la mayoría de ellos capaces de conversar en español. Ellos parecían estar enormemente interesados en nuestro modo de vivir. Nunca perdieron oportunidad de mirar en todos los rincones de la cocina. Nuestra cocina era un modelo en la Patagonia, lo que sin duda excitaba su curiosidad aún más. Después de unas pocas visitas fue considerado necesario restringir sus paseos por la casa, porque cosas como tenedores, cuchillos y punzones de madera para hacer el equipamiento de caballo habían desaparecido. Además, si ellos comenzaban a sentarse al costado de las camas o junto a las ropas de repuesto todos tendrían que participar en una [3]31.

Por tales nimiedades el indio patagónico no era para ser despreciado. A menudo los cansados e ignorantes viajeros habían sido afortunados de compartir su hospitalidad.

Sólo contaré unas pocas instancias de mi propia experiencia con los indios. Otro hombre y yo, después de una larga cabalgata en un cálido día de verano, sin encontrar una sola gota de agua fresca, dimos con el campamento indígena. Entramos a un toldo. En español pedimos a los indios un trago de agua. De inmediato nos trajo un poco y nos dio una pequeña lata para tomar, y nos mostró donde podríamos [encontrar] agua [para] nuestros caballos. Mientras nuestros caballos estaban descansando nosotros armamos nuestro refugio no lejos de la fogata donde él estaba preparándose algo de comida. Cuando la comida estuvo lista nos ofreció algo de carne de guanaco, la que aceptamos, y nos dio un par de biscochos y un paquete de yerba a cada uno.

Mi compañero y yo teníamos dos pequeños panes en nuestras maletas, y estando solo a unas pocas horas de cabalgata de una estancia regalamos a nuestro anfitrión el pan, que nos agradeció, y nos dijo que en cualquier momento que fuéramos al campamento indio podíamos estar seguros de llamar a su tienda.

En otra ocasión yo había perdido mi caballo favorito. El caballo era bien conocido entre los indios. Les envié un mensaje, que si ellos encontraban el caballo o sabían de su paradero me lo hicieran saber y les pagaría bien por los inconvenientes. Después de un tiempo me llegó el mensaje de que un indio había encontrado mi caballo, pero que como él estaba muy escaso o corto de caballos, casi a pie, si le permitía conservar el mío por un tiempo él se encargaría de cuidarlo bien, y si no regresaba a salvo, el me daría uno mejor en su lugar. Al principio no me sentí inclinado a confiar en un indígena hasta tal punto. Sin embargo el mensajero, un amigo mío, dijo que rara vez o nunca uno de estos indios rompía sus promesas, por lo que consentí. Cuando el caballo fue devuelto estaba tan mejorado que escasamente lo reconocí. Nunca tuve motivo para arrepentirme de mi generosidad. Al mismo tiempo, ellos no tenían tanto cuidado con todos los caballos extraños que caían en sus manos.

Otras instancias de la amabilidad de los indios fue un día que yo tenía que ir a su campamento por uno de mis caballos que se metió entre los suyos. En mi camino me alcanzó un viejo indio y me abordó así:

- ¿Puedes hablar Castliano?, y yo dije no. Entonces tuvo lugar el siguiente dialogo, en inglés indio.

- ¿Tienes algo de tabaco? Le entregué un pedazo de tabaco, llenó su pipa y regresó el resto. Luego dijo: ¿tienes fósforos? Le pasé una pequeña caja que se abría presionando una solapa. Después de varios intentos fue derrotado. Yo lo abrí por él. Tomó un fósforo encendido, devolvió la caja y me agradeció. Después de un momento rompió el silencio diciéndome que tenía cinco -queriendo decir mujeres en su casa-.

De hecho, le dije, ¿puedo tener a una por novia? Seguro, dijo, y preguntó: ¿Cuando?

Le pregunté dónde había aprendido su inglés. Dijo: en Valparaíso y en Hamburgo.

- ¿Es su nombre Capitán Johnston?, le pregunté.

- Sí, fue la respuesta. Él fue uno de los tres que un caballero había exhibido en Alemania y varias partes de Sudamérica32.

En otra ocasión nos visitaron unos pocos indios. Después de que obtuvieron algo para comer se fueron. Al poco tiempo algunos de ellos regresaron para informarnos que habían encontrado un cristiano muerto. Dijeron que el hombre llevaba muerto algún tiempo Dos hombres con picos y palas fueron despachados para enterrar su cuerpo. Ellos erigieron una cruz de madera para marcar el lugar. Desde entonces, esa parte del terreno es conocida con el nombre de Planicie del Hombre Muerto.

Por averiguaciones hechas posteriormente, supimos que el mismo hombre había pasado por Buquie Kemado alrededor de un mes o seis semanas antes de esto, en camino a cabo Vírgenes33, buscando oro, a una distancia de 50 a 60 millas. Estaba en su camino de regreso. Su último lugar de descanso fue el refugio de un arbusto seco a menos de 100 yardas del camino regular.

Parte de un invierno los indios estaban acampando a alrededor de una milla de donde yo estaba viviendo. Otro hombre y yo acordamos visitarlos al anochecer. El primer y único saludo que tuvimos fue de una jauría de perros de casi todos los tamaños y razas, desde el más pequeño puddle a un staghound. Nuestra primera vista del campamento fue una visión que bien valía la pena ver. Sus fogatas alumbraban en la oscuridad. El indio y su mujer, con otros miembros de su familia, estaban sentados en la tierra alrededor del fuego. No vi muchos niños, pero aquellos que vi parecían bastante felices. Y se divertían solos en juegos infantiles. Después de que visitamos a los diferentes grupos, antes de irnos nos sentamos cerca de un fuego para fumar. Después de que tuvimos encendidas nuestras pipas un indio puso su mano en mi hombro. Con su otra mano, gentilmente jaló la pipa de mi boca y la puso en la suya. Cuando había terminado de fumar me la devolvió diciendo mucho gracious, o muchas gracias.

Ninguno de los indios tenía barba. Fui informado de que ellos siguen jalando los cabellos de sus caras mientras crecen. Ellos estaban todos vestidos con ropas de un tipo u otro, con largas mantas de guanaco que los cubrían desde los hombros hasta cerca de los tobillos. Ellos eran de color más bien oscuro, y frotaban la parte expuesta de su piel con grasa de ñandú para cuidarla de agrietarse. Algunos de ellos eran más bien supersticiosos, y tenían pavor de los bruchies o brujos. Si alguno de su tribu era sospechoso de ser un bruchie difícilmente tendría una larga vida. Con la excepción de unos pocos, eran muy adictos al licor34. He visto a algunos intercambiando las mantas de sus espaldas por un trago. Frecuentemente he escuchado sobre los gigantes patagónicos. Debe ser admitido que ellos son, por regla, hombres grandes. Por mi parte, yo no los llamaría gigantes. Fui informado que la palabra patagonian significaba pie grande. Eso fue por ver sus huellas en la nieve o en la arena suelta, que a veces podían parecer más grande que lo que eran en realidad. Eran por ver esas grandes huellas que la tierra en los Estrechos de Magallanes obtuvo el nombre de Patagonia. Esta parte es solo de oídas, por lo que no puedo atestiguar su veracidad. A veces los indios le daban a uno la impresión de que eran de una disposición indolente o perezosa. Siempre mantenían un caballo a mano, y preferirían montarlo antes que caminar 100 yardas.

Los hombres, cuando no estaban cazando, ocupaban una parte de su tiempo en hacer equipamientos para caballos, ballodors [boleadoras], lazos. Algunos de ellos resultaron ser muy buenos trabajos. Las mujeres hacían mantas de la piel de guanacos jóvenes, pieles de ñandúes y de un pequeño animal llamado chingue. Sus hilos eran los nervios de los animales, estirados cuando secos. Ellos podían ser separados lo suficientemente finos para servir cualquiera de sus propósitos. Algunas de sus costuras eran bastante pulcras, y muy admiradas por los extraños. En vez de agujas ellos usaban un fino punzón que demostró más allá de toda duda que ellos estaban dotados de una gran paciencia, buena vista y mano firme.

Desde que desembarqué por primera vez en los Estrechos se había encontrado oro aluvial en pequeñas cantidades a lo largo de los estrechos de Magallanes, que es territorio chileno35. El asentamiento está en el camino principal. Casi todos los transeúntes pedían habitaciones para la noche36. Al principio pocos fueron rechazados. Los chilinos se habían ganado el nombre de ser más bien de una naturaleza codiciosa. El capitán de un navío, quien estuvo algún tiempo en Valparaíso, dijo que los chilinos podían robar el diente de la boca de una persona y regresar el día siguiente para buscar las encías.

Yo no puedo decir que alguno de ellos tratara nunca de robarse mi diente. Al mismo tiempo, había montones de estos viajeros que tenían poco o ningún respeto por las propiedades de otras personas. Algunos de ellos parecían como si nunca hubieran conocido el confort de una casa. Yo he visto a algunos bajar sus cuchillos y ayudarse a sí mismos a poner mantequilla con una cuchara. Alrededor de 40 o 50 millas desde Bunquie kemado, un gran vapor francés llamado el Artie con una gran carga general llegó a tierra y pronto se convirtió en un naufragio total37. En pocos días hombres a caballo pasaban por el asentamiento en tropel. Ellos tomaban cualquier cosa a la que le pudieran echar mano en el naufragio. Para ahorrar tiempo, almacenaban sus cosas lejos del campamento, varias millas alrededor. Los chilinos robaban del naufragio, así es que los trabajadores de campo robaron de los chilinos. Al final, robar se convirtió en un pasatiempo. Robar estaba confinado a las cosas del naufragio, solamente. Nada más fue perturbado entre los Indios y los cristianos, como los otros eran llamados. La tripulación no fue capaz de proteger el cargamento, y tal vez no estuvieran particularmente ansiosos sobre el barco o la carga, más allá de lo que les importaba a ellos mismos. Finalmente, un sargento y unos pocos soldados que hacían las labores de policía en Punta Arenas fueron enviados a hacerse cargo -pero ellos o bien demoraron demasiado en ser enviados o tampoco estaban muy ansiosos cuando llegaron, así es que el robo continuó.

De nuestras manos en Buquie Kemado se dijo que tenían una cantidad de los bienes robados, en nuestra posesión. Nos llegó una pista de que otro lote de policías o soldados sería enviado para tomar prisioneros a nuestros trabajadores de campo. Si se llegaba a eso todos acordamos ir a la cárcel tranquilamente, y que a cierta hora después de nuestra primera noche en la cárcel cada uno iba a prenderle fuego a su apartamento. La cárcel era solo una vieja estructura de madera, y era una cosa bastante común para los prisioneros hacer su escape. Pero afortunadamente la ley no interfirió con nosotros -al final, aquellos con el cargamento nos dieron bastante espacio.

Mientras todo esto estaba sucediendo en el naufragio había un hombre francés, que no se mezcló con los saqueadores pero se mantuvo haciendo prospecciones de oro fuera de los estrechos, y dentro de unas pocas millas del naufragio, en el territorio argentino, en un lugar llamado cabo Vírgenes, encontró un depósito muy rico -él se mantuvo por sí mismo por un tiempo, sin darle la menor pista a nadie. Al final, se escabulló a Punta Arenas, y desde ahí tomó pasajes a Buenos Aires para reportar su descubrimiento al gobierno y negociar algunas concesiones. Durante su ausencia su suerte se escapó. Esto causó un brote de una enfermedad bastante contagiosa, llamada fiebre del oro.

En pocos días hombres y niños con casi todos los caballos libres al alcance estaban en marcha pasando Punta Delgada o Bunquie Kemado. Si algunos de los caballos de la estancia se separaban del resto solían ser recogidos por aquellos que iban en marcha. Y ellos generalmente llegaban allí para ser recargados de trabajo hasta que eran reclamados, y entonces ellos pedían 10 o 20 libras por haberlos encontrado, aunque a menudo los encontraban cuando no estaban perdidos. Como regla había más de estas reclamaciones que pagos.

Cabo Vírgenes es un pequeño punto de tierra en la entrada a los Estrechos de Magallanes. La opinión general es que esta pieza de tierra se había formado por el depósito de arena y guijarros arrojados en diferentes períodos por tormentas y mareas altas. Tiene la forma de una V, con el Atlántico por dos lados. Un banco muy alto cruza de playa a playa. Hablando al ojo, podría contener alrededor de 200 acres. Fue en la playa Este donde el oro fue encontrado. Del alto banco venía la única agua fresca del lugar. Ahí hicieron represas, y erigieron postes de madera para separar el oro de la arena. Los postes fueron atados juntos, de a tres. Otras partes fueron alineadas con una rústica carpeta, además de contener una cantidad de azogue.

El agua era volcada sobre la tierra, echada con pala en la parte superior y lavada en el otro extremo, dejando el oro atrás. Los postes debían ser limpiados tras cada lavado y puestos en orden para el siguiente. Siendo ésta mi primera visita a los buscadores de oro, yo estaba ansioso por ver tanto como fuera posible. Por ello di una caminata a lo largo de la playa. Allí encontré a un montón de hombres. Algunos estaban lanzando los guijarros y arena común a un lado, lo que es llamado descargar o prospectar. Otros estaban ocupados separando la arena negra, que contenía oro, de la cama de piedra.

Con la excepción de dos o tres carretas de bueyes, la arena era cargada en bolsas y llevada a lomo de caballo a donde ellos tenían sus instrumentos de lavado. Había otros trabajando en menor escala -quien lavaba la tierra con una maquina llamada caldera. Esta era una caja cuadrada con una pieza de acero perforado fijado en la parte superior, que actuaba como un tamiz movido a mano, con agua de un barril que era llenado para ese propósito. La arena era lavada a través del tamiz en [1] similares a aquellas que ya describí.

El agua tenía que ser cargada desde la playa en baldes. El lavado era una tarea laboriosa en invierno. Alrededor del año 1885 la firma de Punta Delgada cambió de manos38. Le prometí a Mr. Woods, el nuevo administrador, que trataría de permanecer con él como ovejero por otro año, y que si yo me marchaba durante la temporada alta yo renunciaría a 5 libras39. Sin embargo, las circunstancias hicieron que me tuviera que marchar a principios de la parición. Mr. Wood se mostró desconcertado cuando le dije que no podía quedarme, más después de que le había explicado cual era mi situación nos separamos como los mejores amigos. Por el corto tiempo que había estado con él me pago con 10 chelines al mes, más de lo que habíamos negociado, antes de irme. Mr. Wood me preguntó si yo podía hacerle a él un gran favor, que era arreglar con Mr. Greenshields para regresar durante la marca, lo que hice. Mi recompensa por esto fue la duradera amistad de un caballero cuyo favor era muy valioso tener40.

Viendo que yo era ahora mi propio amo, y no sabiendo por cuanto podría serlo, pasé un tiempo considerable visitando a mis conocidos. No hubo falta de hospitalidad. Como yo generalmente me volvía útil, algunas veces asistiendo con el trabajo de campo u otras veces cocinando por unos pocos días. En ese tiempo, mi viejo empleador, Mr. Greenhields, había tomado ocho leguas de campo. El me hizo una oferta que acepté en algún momento del mes de noviembre. Recibí órdenes de empezar de inmediato con la nueva estancia, pues venía una goleta en camino con un cargamento de madera y provisiones.

A la mañana siguiente comencé conduciendo un caballo de carga y cuatro bueyes de trabajo en frente mío, acompañado por cinco perros. En las dos primeras etapas [de camino] yo sabía dónde encontrar pasto y agua para acampar. Al tercer día pensé en acortar camino y así salir de mi [1]41. La noche me alcanzó por lo que tuve que tender mi cama para la noche, después de viajar todo el día sin encontrar un pozo de agua para mí o los animales. En el atardecer del cuarto día vi a la distancia a dos jinetes, así que me mantuve yendo directamente hacia ellos, y ellos hacia mí. Resultaron ser dos hombres de las islas Falkland, siendo uno de ellos un viejo conocido. Cuando les dije que había estado por tanto tiempo sin agua el extraño me entregó una botella de whisky. El otro me dio una botella de Stout. Sin ser un maestro en sacar corchos, golpeé el cuello de la botella de Stout y me amigué con el contenido.

El whisky me duró varios días. Dos horas después alcancé cabo Vírgenes. Hice mi campamento a lo largo de un pequeño arroyo, encontrándome con que todos los buscadores de oro se habían ido. Mientras estaba buscando algo para hacer fuego, un oficial argentino y hartos soldados se me acercaron. El oficial quería saber qué estaba haciendo yo allí y le dije que estaba buscando leña para el fuego. Luego quiso saber quién era yo y le di mi nombre, y dije que estaba allí para representar a Mr. Greenshield, quien había rentado la tierra alrededor de aquí. Él me dijo que el Gobernador estaba acampado en Lucacho y que yo debía ir allá de inmediato y presentarle mi caso a su Señoría. En pocos minutos estaba montado y escoltado por soldados, por primera vez en mi vida. Al llegar a Lucacho fui pronto informado que el gobernador no podría verme esa noche, pero que debía regresar temprano a la mañana siguiente. Por ello me apuré de regreso a mi carpa, até a los animales. Después de hacer mi cena de bizcochos y café me entregué a la noche.

A la mañana siguiente estaba levantado a buena hora. Ensillé mi caballo mientras la tetera hervía, bebí una taza de café y entonces partí a escuchar lo que el gobernador Moyano tenía que decir42. Este caballero dijo que Mr. Greenshields no iba a construir ni una casa ni un corral dentro de tres leguas de la playa, en tanto que su gobierno había decidido colonizar, esto es, dejar la tierra a pequeños propietarios a lo largo de la costa43. Afortunadamente me encontré con un hombre que iba en camino a Punta Arenas, así es que le escribí a Mr. Douglas si él sabía dónde estaba Mr. Greenshields, para enviarle los detalles sin demora. Cuando regresé a mi carpa mi caballo de recambio se había ido con el lazo. Sin desmontar fui en su búsqueda. Alrededor de las 4 P.M. me encontré con un hombre que arreaba una gran tropilla de caballos hacia Punta Arenas, con el mío entre ellos. El hombre no puso objeciones para que me llevara mi caballo. El lazo no lo vi nunca más. Para cuando alcancé mi carpa me sentía en la necesidad de tomar algo de desayuno.

Para entonces la goleta había arribado y descargado la totalidad del cargamento en la playa, a merced de los extraños y el clima. Entre la carga esperaba encontrar un carro y yuntas para los bueyes, así que me hice la idea de tomar los bienes de regreso a Useful Hill conmigo, pero entre ellos no había siquiera material para hacer un carro, así que me puse a trabajar con madera y hierro corrugado, y construí un pequeña casa. Empaqué los bienes adentro y la clavé firmemente, y comencé mi viaje de regreso cuando alrededor de cuatro leguas, mientras cruzaba un valle, uno de los bueyes desapareció. Se había metido en un hoyo con agua suficiente como para mantenerlo a flote. Podía girarse, pero nada más. Yo traté cada plan en que pude pensar para sacarlo. Cuando estaba a punto de darlo por perdido, vi a un hombre cruzar el pie de valle caminando. Le hice señas, y pronto nos reunimos él y otros cuatro o cinco que vinieron a asistirme. Pronto tuvimos al animal afuera, aparentemente sin nada malo y así estuve luego en camino, una vez más.

Esa noche estuve bastante cómodo al amparo de un gordo arbusto de calafate. El segundo día estaba en camino a una casa sin terminar en un lugar llamado the Amunation [Munición]. A una milla del lugar fui alcanzado por una severa tormenta de viento y lluvia. Al alcanzar la casa estaba atestada con buscadores de oro, todos extranjeros con la excepción de los dos samaritanos que me dieron el whisky y la cerveza en mi camino a cabo Vírgenes44. Yo di una vuelta al lado resguardado de la casa, y había bastantes manos dispuestas a sacarme de la tormenta tan rápido como fuera posible. Algunos de los extranjeros incluso aseguraron mis caballos para la noche. La tormenta no fue de larga duración. Mientras duró, estábamos todos contentos de tener la casa. Era un lugar que se veía bastante rústico, ya que nadie se molestaba en cuidarlo. Respecto de los vestidos y la limpieza, nuestros vagabundos en casa [Escocia] habrían ganado créditos frente a la mayor parte de ellos en apariencia. Un cuarto estaba lleno de tiendas y equipamientos de caballo. Todos estábamos reunidos en el otro cuarto, usando nuestras ropas de cama como asientos. Había juego de cartas, zurcido de ropa, reparación de equipamiento de caballo y todo eso al mismo tiempo. Cuando la tormenta terminó todos salieron a preparar la cena. Pronto hubo un gran fuego afuera. En corto tiempo hubo té, café, yerba y varios tipos de estofados, cada grupo teniendo el suyo. Yo estaba de invitado de mis dos amigos, así es que no me fue permitido tomar parte de los pormenores.

El día siguiente alcancé Useful Hill. Allí me quedé con Mr. Douglas alrededor de un mes, y lo ayude a esquilar y bañar sus ovejas. Finalmente tuve noticias de Mr. Greenshield. Yo no debía perder tiempo en volver a cabo Vírgenes con una tropa de caballos y bueyes de trabajo, y tomar residencia allí o tan cerca como pudiera encontrar pasto y agua para los animales, y esperar hasta que él llegara. Como la posesión dependía de la ocupación efectiva, en P.A. [Punta Arenas] un chilino estaba comprometido para asistirme en vigilar a los animales45. En uno o dos días yo ya estaba en marcha, una vez más.

El primer día hicimos una larga marcha. Al día siguiente dejé al chilino para que siguiera con los bueyes, y llegué a cabo Vírgenes el mismo día con los caballos. Después de que había armado mi tienda fui a la cabaña para obtener algunos comestibles para la cena. Al alcanzar el lugar encontré que la cabaña había sido forzada. Todo lo que quedaba de lo que había dejado eran unos pocos frijoles y una muy pequeña cantidad de arroz. Ni siquiera un plato o pieza de equipamiento de cocina había sido dejado. El único consuelo que pude encontrar fue el peligro remoto de sobrecargar mi estómago. A la mañana siguiente encontré que todos los caballos se habían ido durante la noche, con la excepción del único que tenía atado. Después del desayuno, que consistió en dos pequeños bizcochos y una taza de café suave, el último que tenía, fui a buscar a los caballos. Bien entrada la tarde, en un valle llamado Buque La Tierra, encontré a mi asistente, junto con algunos de sus amigotes, que estaba acampado allí. Después de que lo agarré hizo su camino hacia nuestra tienda, y reasumí mi búsqueda por los caballos, sin oferta ni de carne ni de bebida. Después de una búsqueda infructuosa alcancé nuestra tienda alrededor de las 10 P.M., tan cansado como hambriento. Mi hombre había encontrado una vieja lata. En ella él tenía algo de arroz cocido para cenar.

Yo estaba en la silla de montar para el amanecer de la mañana siguiente. Encontré mi tropilla en Buquie La Tierra, donde había estado el día anterior. Poco después de esto me encontré con un chilino que me informó que él y sus compañeros estaban en camino a la Colonia. Unas pocas semanas antes de lo que habían pretendido. Sus provisiones extras preferían venderlas a un precio razonable [antes] que cargarlas tan lejos, a la tierra de la abundancia.

Así es que de ellos obtuve una pequeña provisión de té, café, yerba, azúcar y algunos bizcochos, lo que era una gran mejora sobre los porotos y el arroz cocidos en agua.

Después vinieron dos chilinos y dos carros de bueyes, y palabra de que Greenshields había vuelto de las Falklands, así es que podíamos esperarlo en cualquier momento. No pasó mucho hasta que Greenshields estuvo con nosotros. Él decidió levantar el asentamiento en un lugar llamado Monte Dinero (Money mountain), de 3 a 4 leguas de cabo Vírgenes. El lugar escogido para la casa estaba casi en la frontera entre Chilie [Chile] y la República Argentina. Desde allí él podía ocupar la tierra en cuestión. Un carro fue despachado de inmediato a Usefull Hill, por provisiones. Nuestra carpa fue pronto removida a Monte Dinero, así es que allí fijamos nuestra residencia. Tener una casa para vivir estuvo entre nuestras primeras consideraciones. Allí encontramos otra decepción. Parte del material de la casa había partido en busca de las provisiones y no había noticias de que fuera a regresar.

En esta localidad no había recalada segura, menos para un velero, así es que la mayoría de nuestros requerimientos debían ser traídos de Useful Hill en carreta. Cada viaje tomaba alrededor de ocho días. Entre los primeros viajes que hicieron las carretas yo fui dejado solo. No había estado mucho en la cama cuando escuché a los caballos galopando cerca de la carpa. Cuando vino la luz del día no pude encontrar ningún caballo. Después de una caminata de unas pocas horas alcancé el lugar donde dos ingleses estaban acampando. Uno de ellos me prestó su mejor caballo para buscar el mío. El otro hombre fue a vigilar la tienda durante mi ausencia. Busqué por tres días desde el amanecer hasta la noche sin encontrar ningún rastro de ellos, así es que le mandé a decir a Greenshields. Ellos prestaron tres caballos y tres de nosotros buscamos por otros dos días con el mismo resultado. Por unos quince días alguien anduvo buscando, pero nuestra labor fue toda en vano. En mi ausencia arribó Sparks desde las Falkland, y alrededor de setenta buscadores de oro habían reanudado trabajo en cabo Vírgenes.

Antes de que me hubiese reconciliado por la pérdida de nuestros caballos obtuve noticia de que yo debía tomar posesión de mi parte de los animales [que] tres de nosotros habíamos comprado en conjunto, poco después de desembarcar en los Estrechos de Magallanes. Después de una cabalgata de ocho o nueve horas llegué a Useful Hill. Allí encontré a Greenshields a cargo, mientras su cuñado había ido a las Falkland para traer a su esposa y familia. Había sido arreglado que Greenshields iba a poner cada clase de animales en tres lotes. Cada lote iba a ser numerado y marcado. Como uno de los hombres no podía estar presente, Greenshields había comprado su parte de las ovejas a tanto por cabeza, después de pasar una noche en Useful Hill. Unas pocas horas de marcha al día siguiente nos llevó al punto de San Gregorio. Obtuvimos los animales divididos. La mañana siguiente yo comencé en mi viaje de regreso. Llegué a Monte Dinero el 20 de abril, habiendo estado ausente por 11 días. Sparks dijo que había habido muchas consultas por carne. Los pocos capones que teníamos se fueron pronto.

Entonces tuvimos que obtener nuestras provisiones de Useful Hill. El capón que vendimos nunca fue pesado. Lo vendimos a tanto por oveja. Cualquier cosa menos que un cuarto no se cobraba ni se ingresaba en los libros hasta que llegaba el dinero. Por alrededor de tres meses tuve que cuidar a las ovejas a pie, ya que nuestros caballos estaban perdidos. Para cuando los tuvimos de regreso habíamos tenido largas y frías cabalgatas tras ellos. En el mes de mayo tuvimos el cobertizo de la casa, pero pasó algún tiempo después de esto antes que obtuviéramos madera para ponerle piso. Entonces teníamos algunas vacas domesticadas. Sparks era un buen lechero y nos mantuvo con leche y mantequilla, a veces por semanas. Sólo estábamos nosotros dos en el lugar. Los otros hombres estaban fuera, extrayendo oro a la primera oportunidad.

Alrededor del 7 de junio los bueyes se perdieron. Tuve noticias de que debía partir de inmediato para Punta Delgada para recibir un cargamento de ovejas de las islas Falkland. Del 7 al 9 busqué por los bueyes, en mi camino a Punta Delgada. El 10 Greenshields, un tal [William] Halliday y yo empezamos con las ovejas.

La primera noche acampamos en la Planicie del Hombre Muerto. No había ni refugio ni pasto ni agua fresca. Había estado helado varios días. Greenshields tenía que ir a una considerable distancia del camino para obtener suficiente agua fresca de hielo para hacer café. Alcanzamos The Amunation la noche siguiente. Allí tuvimos el refugio de una casa. Los tres tomamos turnos para vigilar a las ovejas hasta la mañana. Al tercer día encontramos los bueyes perdidos. Greenshields salió a casa con ellos. Halliday partió a campo traviesa hacia Gallegos.

Así, fui dejado para llevar a casa a las ovejas lo mejor que pudiera. Dos días me llevaron a Estancia Cóndor. Allí descansé dos noches y un día. En el sexto día dejé Cóndor tan pronto como pude con la luz del día. Todavía estaba helando. La tierra estaba muy dura. Hice un pequeño progreso ese día. La noche me alcanzó. Las ovejas se acostaron y yo me quité las botas, me enrollé en mi manta y me recosté junto a ellas. No había sido suficientemente cuidadoso con mis botas. Cuando vino el tiempo de ponérmelas las encontré rígidas como una pieza de hierro. Antes de que pudiera ponérmelas tuve que entibiarlas con el calor de mi cuerpo, lo mejor que pude. Llegué a la noche siguiente, alrededor de las 11, habiendo vivido con pan seco los últimos dos días.

En otra ocasión un barco de vela fue arrendado para traer otro cargamento de ovejas de las Falklands. Como los barcos de vela están a merced del viento fue privilegiado de desembarcaren en algún lugar dentro del radio de 70 millas, lo que significaba Gallegos, Punta Delgada o Useful Hill. El Primero de julio partí con dos caballos por alrededor de ocho días a través del frío y la nieve. Deambulé de lugar en lugar en búsqueda de información.

En Punta Delgada escuché que había llegado a Gallegos. En el intertanto yo había perdido uno de mis caballos. En el 9 llegué a estancia Cóndor, y el 10 a Monte Dinero para un caballo fresco. De regreso a Cóndor el 11, llegué a río Cheeko [Chico]el 12. No siendo capaz de hacer que mi caballo cruzara el rio, tuve que terminar el resto de mi viaje a pie. A una distancia de ocho millas de alcanzar el [río] Gallegos encontré que las ovejas habían desembarcado hacía dos o tres días. Mr. Greenshields había acordado dejar a Mr. Redman tener la mitad del cargamento, así que Mr. Redman había enviado a su ovejero a recibir las ovejas, y estaba guardándolas a la espera de mi llegada. Después de un duro viaje las ovejas estaban tan débiles y flacas como para empezar con ellas un viaje de 50 millas a través de nieve profunda con un frio severo, con sólo una casa en todo el camino. Era una tarea para la que no tenía apetito. Así que partimos de inmediato para la estancia de Mr. Redman, llamada Warickie46. Alrededor de la caída del sol nos acercamos a unos pocos arbustos e hicimos fuego y algo de café, con nieve derretida.

Estando la tierra cubierta de blanco y con luna llena no teníamos miedo de perdernos durante la noche. Mientras las ovejas se mantuvieron en pie seguimos avanzando, aunque bastante lento. Entrando la noche las ovejas empezaron a acostarse, así que tuvimos que descansar en pampa baja, sin refugio. Mi compañero se sentó detrás de ellas y yo empecé a preguntarme sobre las esperanzas de encontrar algo con lo que hacer fuego, pero tal suerte no estaba disponible para nosotros. A mi regreso mi compañero estaba todavía en la posición en que lo había dejado. Le dije que estaría mucho mejor moviéndose que sentado. Dijo que estaba bien.

Yo me mantuve en movimiento por un tiempo sin que mi compañero alterara su posición. Empecé a pensar que había algo malo con él. Le hablé varias veces, pero al no tener respuesta comencé a sacudirlo. Al final pegó un gruñido, pero incorporarse no pudo. Lo puse de pie con mi brazo alrededor de su cintura, apoyándolo tan bien como pude, siempre manteniéndolo en movimiento. Al final me preguntó qué pasaba. Para cuando lo tuve relativamente despierto, las ovejas más fuertes estaban en movimiento por lo que tuvimos que mover a las otras lo mejor que pudimos. Como estábamos considerablemente atrasados Mr. Woodman vino por nosotros y nos trajo nuevos suministros de confort para el hombre interior. Tarde esa noche tuvimos a todas las ovejas sobre el río Gallegos en estancia Warickie.

Aquí tuve que permanecer por 19 días. Para hacer corta una larga historia, estos 19 días fueron los tiempos más difíciles que jamás he experimentado en mi vida. Como estábamos algo así como a 20 millas en el interior la nieve era mucho más profunda y el frío más severo que abajo en la costa. Muchos de nosotros nos llegamos a congelar un poco. Un argentino perteneciente a otra partida estuvo tan severamente congelado que perdió ambas piernas hasta arriba de las rodillas. Como no había signos de [1], me hice la cabeza para acercarme a la costa. Así dejé Waricki el primero de agosto, alcanzando el hogar el 6 para encontrar abundante comida, tanto para hombres como para bestias.

Para mediados de noviembre habíamos terminado de marcar a los corderos. Temprano en la tarde, como no había estado en el campo por 2 o 3 días, estaba ansioso por saber el resultado de nuestra labor. A no más de una milla de la casa me encontré con una vieja leona o Puma y una oveja alimentándose bastante cerca de ella. Estaba soplando un vendaval en ese momento, y no tenía ni lazo ni revolver o cuchillo. Me hice un lazo con mi cabresto y parte de mis riendas. Después de muchos intentos la capturé. Uno de los nudos cedió, y me quedé con el extremo más corto. Incluso entonces la mitad del león estaba corta como para intentar agarrarlo bajo circunstancias favorables.

Después de perseguirla a una distancia considerable el lazo y ella se separaron, así que tomé la determinación de no perderla si podía llegar a ayudarla. Finalmente se refugió en un arbusto seco, justo cuando la sombra del anochecer comenzó a caer. La enlacé por su pata delantera. Sostenerla era todo lo que podía hacer, así que enfilé hacia el hogar arrastrándola detrás de mí.

Al alcanzar el hogar los encontré a todos acostados. Al principio grité en la casa de Sparks. Pensando que estaba tan solo engañándolo me ordenó que me fuera a la cama. Entonces traté con los peones, pero ellos también pensaron que estaba jugando. Por miedo a perder mi presa, o que se me viniera encima, tuve que mantenerme marchando alrededor de la casa. Para entonces comencé a pensar que había tenido suficiente por esta vez, y mejor no repito mis expresiones. Al final uno de los peones miró hacia afuera y gritó ¡Es un león! En pocos segundos estaban todos saliendo de la casa con revólveres, cuchillos y boleadoras. Al examinarla tenía todos los síntomas de estar amamantando pequeños cachorros. Aunque busqué por muchos días no pude encontrar rastros de ellos. Alrededor de unas tres semanas después, cuatro cachorros fueron encontrados bajo el galpón de esquila donde teníamos la costumbre de matar ovejas.

Tomamos la primera oportunidad para ponerles fin.

Alguna vez en 1889 yo había hablado con Mr. Greenshields acerca de dejarlo. A eso no le prestó atención. Me dio sus razones y me contó sus planes, ante lo cual yo acepté. Pero los esquemas mejor trazados se derrumban. Hacia fines de 1889 Mr. Greenshields fue a Punta Arenas para casarse. Cuando él y su joven esposa estaban a punto de partir hacia Monte Dinero se enfermó gravemente y murió el 7 de enero, 1890.

Su muerte terminó con todos nuestros acuerdos. Yo era entonces propietario de alrededor de 1.500 ovejas, algunas vacas y caballos de carga y yeguas47. La tierra de la costa ya estaba tomada o conversada. Mis cuentas fueron fácilmente arregladas. Ahora tenía que considerar seriamente qué sería lo mejor para mí. Poco tiempo después de la muerte de Mr. Greenshields me reuní con Mr. Redman. Durante nuestra conversación me preguntó qué pretendía hacer. Como yo no había decidido nada no pude responder a su pregunta. Dijo que había una parte no ocupada de su estancia, con una casa y un corral. Yo podría tener eso, con el uso de herramientas de esquila y baño [de ovejas] libres de renta hasta que pudiera encontrar un lugar adecuado. Esa fue la tercera oferta del mismo tipo desde que llegué a los Estrechos de Magallanes.

Poco después de esto vendí todos mis animales a la firma Greenshields and Sparks y acepté permanecer como ovejero en jefe. Cerca del final de 1890 yo tenía tres buenas ofertas. Yo acepté una de esas, lo cual lleva a la tierra de Terra del Fuego48.

 

Notas

1 Este texto es parte de los resultados de investigación del proyecto Fondecyt Iniciación 11121441, "Colonización y nomadismo en la formación de la experiencia popular en Patagonia austral (Argentina y Chile, 1843-1923)". Agradezco a The National Archives of Scotland la conservación y provisión de acceso a la documentación, en 2014.

2 Sobre la relación entre Imperio y compañía ver el folleto que dio inicio a la ocupación por medio de la FIC: Whittington, 1840.

3 En realidad es bastante más. Unos 900 km., 550 millas, separan a ambos puntos.

4 Una yarda equivale a 0.9 metros.

5 Las Malvinas fueron objeto de muy temprana deforestación por la vía de la introducción de ganado bovino devenido cimarrón, y más tarde por la saturación ovina emprendida por la Falkland Islands Company (FIC).

6 Efectivamente, son 20 millas -32 kilómetros- entre Punta Arenas y el poblado de Porvenir, surgido en la segunda mitad de la década de 1880 y fundada por el Estado en 1894.

7 Con seguridad hace referencia al Doterel, buque de guerra de Su Majestad Británica de la Estación del Pacífico que voló mientras se encontraba anclado en Punta Arenas, en abril de 1881. Fallecieron 143 de 155 tripulantes.

8 Una irlandesa. La frase completa es, al parecer: "a weed fard boss frae the land o the Shamrock".

9 Refiere al denominado Motín de los Artilleros, de 1877, que causó amplia destrucción del poblado. En 1878 el Estado dejó de ser una Colonia Penal, como hasta entonces, y se convirtió oficialmente en Territorio de Colonización o Territorio Nacional. Al respecto puede verse Dublé, 1878; Latorre, c.1890; León, 2003.

10 Hacia 1877 Punta Arenas era un exclave chileno en un paraje remoto del territorio tehuelche, y ocupaba oficialmente unas 6 x 6 manzanas alrededor de la Plaza de Armas. Para 1896 se había expandido considerablemente, ocupando el radio comprendido entre avenida Independencia y las calles Zenteno y Angamos.

11 Blain denomina como natives a los habitantes locales, salvo a los europeos, que son individualizados por nacionalidad. Indian, en cambio, refiere a sujetos de los pueblos originarios de Patagonia.

12 Uniforme de los marineros británicos.

13 La expresión parece ser "seemed to be fondest of something goday".

14 Thomas Fenton, irlandés, primer médico profesional de la Colonia. Su casa se encontraba a una cuadra de la Plaza de Armas, en Aconcagua y Valdivia. Arribado en 1875, para 1882 se había convertido en estanciero en Laguna Casimiro. Al menos tres de sus hermanos también se radicaron en Patagonia.

15 La primera explotación carbonífera industrial se realizó entre 1869 y 1877, cuando fue abandonada. La línea de ferrocarril de unos 12 km. había sido inaugurada en 1875. Ver Martinic, 2004.

16 Esta mención a las virtudes de la civilización es muy significativa. Blain, que cuando escribió estas páginas ya había participado en el exterminio sélknam en Tierra del Fuego, considera que el cuidado de los caballos era un signo de civilización que no podía apreciarse en los nativos, esto es, los chilenos y los argentinos (recordemos que "indian" es la palabra que emplea para referirse a tehuelches y selknams). Mientras el maltrato animal permanece como un recuerdo de su estadía en Punta Arenas, no realiza juicios valóricos respecto de los crímenes contra "Indians", en los que tomó parte.

17 Aquí se describe lo que en Argentina se denomina cangalla chilena y en Magallanes montura malvinera. Los estribos de madera tallada, típicos de la zona central de Chile, nunca fueron populares en Patagonia, si no los capachos de cuero, que cumplían igual función protectora, o simplemente estribos abiertos de fierro forrados en cuero. Agradezco a Alberto Harambour Giner esta nota.

18 Se refiere al viaje de George Ch. Musters entre 1869 y 1870, y al libro que publicó al año siguiente en Londres. La primera edición en alemán se publicó en 1873, mientras que en castellano sólo apareció en 1911, en Buenos Aires, como Vida entre los Patagones.

19 Hasta la década de 1880 el poder de asignación de tierras por parte del Gobernador era bastante discrecional, y sólo ocasionalmente era regulado por ministerios metropolitanos. En adelante, sus recomendaciones de asignación de tierras serían influyentes más no determinante.

20 Uno de los principales y más tempranos asentamientos ovinos en la isla Malvina Occidental, sobre el río del mismo nombre.

21 Estancia de Crooked Inlet, ubicada en el extremo occidente de Malvina Occidental.

22 Los gobernadores de Magallanes (Chile) y Santa Cruz (Argentina) habían iniciado tempranamente una competencia por atraer capitales malvineros. Luego de la resolución limítrofe de 1881 esa pugna se incrementó y se tradujo en lo que Moritz Braun denominara "la invasión malvinera". Ver Harambour, Borderland... op.Cit., p.72.

23 En el original se da inicio aquí a una nueva numeración de páginas. La sección transcrita hasta acá no contiene fechas, pero debería corresponder a los años 1881 y 1882.

24 El desembarco debió producirse sobre la playa de la bahía interior de Punta Dungenes, a pocos kilómetros de la cual se ubicó definitivamente la estancia Monte Dinero, sobre la delimitación internacional.

25 La trayectoria de la familia Greenshields es representativa de los flujos coloniales que unieron el Reino Unido con Malvinas, Patagonia y Oceanía. Robert Greenshields (Lanarkshire, 1829-Malvina Oriental, 1878) era estanciero en Escocia, primero, e Inglaterra, después. En 1865 fue contratado en Londres como Ovejero en Jefe de la Falkland Islands Co., la compañía monopólica de la expansión británica. Su contrato era por cinco años, por 150 libras anuales, casa y carne. Un nuevo Administrador Colonial de la FIC reemplazó por un ovejero de Nueva Zelandia a Greenshields, quien consiguió una indemnización en acciones y la concesión de tierras al norte de Malvina Oriental. En los años siguientes consiguió más concesiones en nombre de sus hijos, menores, hasta alcanzar más de 52.000 hectáreas. Tras su muerte, sus hijos se hicieron cargo de la Estancia Douglas, como fue rebautizada. Thomas, su hijo, junto a su hermana y su cuñado, William Douglas, formaron The Monte Dinero Sheep Farming Co. sobre Punta Dungeness, límite oriental del Estrecho de Magallanes y frontera entre Argentina y Chile. Thomas heredó sus posesiones a sus hermanos y cuñado, William Douglas, contratado desde 1865 por la FIC. Su viuda, Emma McMunn, escocesa, se casó con Arthur Fenton, hermano del médico de Punta Arenas, y se establecieron en Monte Dinero. De sus tres hijos, uno quedó administrando la estancia, otro emigró a Australia y un tercero a Inglaterra. Ver Cameron, "The Greenshields Family"; Harambour, 2012, p.133; Guzmán, 2011.

26 Oveja o cordero viejo, mutton en el original.

27 La destreza en el manejo de boleadoras por Greenshields refleja la influencia gaucha en Malvinas, donde debió aprender a manejarlas.

28 El relato coindide con el que reseña Musters en 1870, cuando contemplando un guanaco su acompañante, un teniente chileno de Arauco, exclamó: "Ah, [...] eres un extraño animal; tienes el relincho de un caballo, la lana de una oveja, el cuello de un camello, los pies de un ciervo y la velocidad del demonio:" Musters, op.cit., p.133. Aparece de manera similar en el relato de Beerbohm, 1881, p. 76, quien cita a Musters de memoria. Es significativo que Musters, quien había leído a Pigafetta, no reparara en que las palabras del oficial eran las del cronista de la expedición de Magallanes de 1520, quien señalaba: "Este animal tiene la cabeza y las orejas de mula, el cuerpo de camello, las piernas de ciervo y la cola de caballo, cuyo relincho imita." Ver Pigafetta, 2012, p. 21.

29 Cuarto Chorrillo, al este de San Gregorio.

30 Puede referir a William Douglas, casado con Jane Greenshields. Douglas, también escocés, había sido contratado por la FIC como ovejero en 1865 y desarrolló estancias en la zona descrita. A la muerte de Greenshields heredó parte de Useful Hill.

31 Al parecer, escribe "skin creepers hunt".

32 Posible referencia a los tehuelches llevados a Europa en 1879 por Karl Hagenbeck, principal organizador de los modernos zoológicos humanos. Para entonces, señaló: "el comercio de animales estaba en muy mal camino, por lo que el lado antropológico de mi negocio se hizo más y más importante". Ante la resistencia al traslado del Gobernador Wood, Hagenbeck procedió a través de su embajador ante el Ministro de Relaciones Exteriores chileno, quien autorizó el viaje ante garantía monetaria de retorno. El cacique Pichocho (también Pilkojke o Pechocho), su pareja Baasinka y su hijo retornaron en julio de 1879 luego de ser exhibidos en diferentes locaciones de Dresden y Hamburgo como parte del auge de la nueva ciencia racial y la popularización del racismo en el Imperio. Ver Hagenbeck, 1912, p. 25; Eissenberg, 1996; Reichardt, 2006; Báez & Mason, 2006, pp. 36-38. Un retrato de estudio de la familia en Hamburgo puede verse en la web del Nederlands Fotomuseum.

33 Blain refiere permanentemente al paraje como Cabo de Vírgenes.

34 Sobre los niveles de consumo de alcohol entre los tehuelches de las últimas dos décadas del siglo XIX hay desacuerdo entre los viajeros del período, más aún si consideramos que el consumo en estancias y puertos era epidémico. Sobre lo que hay acuerdo es en los efectos desastrosos para la salud entre tehuelches.

35 Aquí se inicia un tercer manuscrito, con nueva numeración y sin título.

36 Transeúntes o pasajeros, en la denominación regional. El alojamiento y alimentación de los viajeros, tradición tehuelche, fue continuada por las estancias a pesar de las periódicas muestras de descontento con la práctica, imprescindible para permitir el flujo de personas e informaciones a través de la estepa escasamente poblada.

37 Refiere al naufragio del Arctique, en septiembre de 1884.

38 Consideramos muy probable que refiera a 1884.

39 Refiere a Harry Wood, estanciero de Malvinas establecido para entonces en Punta Delgada, en terrenos de Waldron & Woods, cuyo representante era Mont E. Wales. A partir de 1890 formaron una nueva compañía con José Nogueira, que daría origen a The Tierra del Fuego Sheep Farming para obtener una concesión de más de 1.000.000 de hectáreas. Ésta es la base de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. Blain participó como ovejero, trasladándose a la Isla Grande a partir de 1891.

40 Refiere a Harry Wood, estanciero de Malvinas establecido para entonces en Punta Delgada, en terrenos de Waldron & Woods, cuyo representante era Mont E. Wales. A partir de 1890 formaron una nueva compañía con José Nogueira, que daría origen a The Tierra del Fuego Sheep Farming para obtener una concesión de más de 1.000.000 de hectáreas. Ésta es la base de la Sociedad Explotadora de Tierra del Fuego. Blain participó como ovejero, trasladándose a la Isla Grande a partir de 1891.

41 Aquí comienza el diario de vida, con anotaciones diarias, con el encabezado Useful Hill y fecha 24 de diciembre de 1884. Ilegible en el original. De acuerdo al calendario de 1885, la relación día-fecha corresponde.

42 Explorador y marino, Carlos María Moyano fue el primer Gobernador del Territorio Nacional de santa Cruz entre 1884 y 1887. Abrió la instalación de capitales británicos y se casó con la hija del Administrador Colonial tras su visita a Malvinas en 1885, mismo año de su viaje a Cabo Vírgenes.

43 Moyano consiguió que se comisionara a su ayudante Teofilo de Loqui para cartografiar el área con vistas a la colonización. Esto se materializó en 1888, pero no se tradujo en colonización efectiva: la fiebre del oro había concluido. La hostilidad de Moyano es curiosa: él gestionó las concesiones de los ex funcionarios de la FIC sobre tierras limítrofes, que permitieron a Waldron, Wood y Greenshields ocupar tierras argentinas junto a sus terrenos chilenos de Buque Quemado, Meric y otras. Este es el origen de Estancia Cóndor.

44 Es decir, en tierras colonizadas por británicos Blain no considera como extranjeros a los de tal origen, como eran los dos hombres a quienes conocía de Malvinas.

45 La expresión original en inglés es "as possession was 9 points of law." Refiere a la condición de ocupación efectiva, es decir, de introducción de mejoras y animales, para mantener las concesiones de tierras. Se relaciona con la tradición de Res Nullius, británica, opuesta a la de Uti Possidetis, hispana.

46 Refiere a Güer-Aike, paraje tehuelche situado 35 km. al oeste de Río Gallegos, convertido en estancia de John Redman y William Woodman en 1886. La expedición de la Universidad de Princeton encabezada por J.B. Hatcher (1896-1898) se detuvo en la zona y realizó interesantes descripciones del territorio y la vida en torno al asentamiento. Los Reports of the Princeton University Expeditions to Patagonia están digitalizados.

47 La posibilidad de acumular capital, expresado en este caso en un número de animales, estuvo marcada por la diferenciación étnica ("racial") entre los trabajadores inmigrantes: ello era posible para europeos, en particular del norte; en menor medida, para chilenos o argentinos, y muy excepcionalmente para chilotes. Las jerarquías sociales se definieron en Patagonia, primero, por origen nacional o étnico; sólo a partir de la década de 1910 las identidades clasistas cobraron mayor peso. Ver Harambour, 2009 y 2010; para otro contexto pero igualmente aclaratorio de la política racial de colonización ver Solberg, 1969.

48 Esta memoria continúa en la que ha sido publicada en inglés y castellano, cuyas referencias aparecen en la nota 12.

 

Fuentes de consulta

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The Papers of William Alexander Blain, Shepherd in Falkland Islands, Patagonia and Tierra Del Fuego, and of His Son William J. Blain, National Records of Scotland.

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Recibido: 20/01/2015; Aceptado: 08/07/2015; Versión final: 27/07/2015.

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