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Magallania (Punta Arenas)

On-line version ISSN 0718-2244

Magallania vol.44 no.1 Punta Arenas  2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442016000100021 

RESEÑAS BIBLIOGRAFICAS

 

MÉNDEZ, CESAR. LOS PRIMEROS ANDINOS. TECNOLOGÍA LÍTICA DE LOS HABITANTES DE CHILE TRECE MIL AÑOS ATRÁS. Fondo editorial Pontificia Universidad Católica del Perú. 14x20 cm, 252 págs. Lima, 2015.

En este libro César Méndez presenta un exhaustivo estudio de la tecnología lítica de los primeros pobladores del centro de Chile. El autor ha realizado un tratamiento completo de la arqueología de los ambientes paleolacustres finipleistocenos, donde no solo los instrumentos líticos, sino también los instrumentos óseos, los restos de fauna, los sedimentos o la localización geográfica y topográfica constituyen variables importantes e interactuantes. El trabajo específico con los materiales líticos, que corresponden al lapso 11,000-10,000 años radiocarbónicos AP (ca. 13,000-11,500 años cal AP) trasciende las descripciones, las tipologías y las cronologías. Estas virtudes permiten un análisis de los procesos y significados más profundos de los datos disponibles, motivo por el cual las inferencias y conclusiones también son de utilidad para otras regiones del continente.

La movilidad humana es el concepto estructurante de este trabajo, evaluando el autor su relación con distintas formas de utilizar los ambientes de fines del Pleistoceno, siempre mediadas por la tecnología. Tratándose de poblaciones pioneras son importantes las discusiones acerca del uso de ambientes novedosos, desconocidos, que se encontraban fuera de la experiencia de los primeros cazadores-recolectores de la región. Para esos casos Méndez habla de una "percepción anticipada de la presencia de recursos". Esta forma de tratar la evidencia enlaza con el hecho de que los primeros cazadores-recolectores debieron disponer de rankings de ambientes, desplazándose criteriosamente, aún al avanzar hacia tierra desconocida. Tratar de entender algunos de estos criterios, particularmente a través de la tecnología y los paisajes líticos, es parte de la bien resuelta tarea realizada por Méndez.

Siguiendo conceptos desarrollados previamente Méndez ha enlazado las cadenas operativas inferidas para los materiales líticos con nociones de ritmos, planteando implicaciones tanto prácticas como sociales que extienden la discusión a planos no siempre tratados en la arqueología de los viejos tiempos. La manera en que se elaboran las inferencias y la solidez de la base de datos son dos razones por las que este enfoque resulta exitoso. La distinción entre ritmos a largo plazo y aquellos que denomina "sin diferenciación temporal" -en que todas las etapas de reducción ocurren en un mismo lugar- ha resultado muy informativa acerca del grado de complementariedad que caracteriza a los conjuntos arqueológicos estudiados. A su vez, particularmente considerando lo que Méndez llama los ritmos de habitar, nos informa acerca de cambios a través del tiempo en el mencionado ranking de ambientes. Ante todo, hay que destacar que todos los sitios descritos son localidades a cielo abierto, ubicadas en ambientes en las cercanías de cuerpos de agua, pero dentro de las cuales César Méndez ha señalado varios ejes de variación. Mediante un máximo aprovechamiento de las buenas oportunidades preservacionales de faunas al sur de Los Vilos, el autor nos presenta diversas formas de instalación y uso del espacio en la region. Como es de esperar, no todas las evidencias tienen la misma calidad. Al respecto hay que destacar el cuidado con que Méndez sopesa las características de los casos de Quereo y Las Monedas, en los que la evidencia no es fuerte ni clara. Sus evaluaciones de esos casos constituyen prueba fehaciente de que no sirve dejar de lado evidencia posiblemente útil simplemente porque es poco clara, pero que tampoco sirve realizar saltos inferenciales otorgando significado cultural a hallazgos dudosos. Méndez ha sabido puntualizar las virtudes y los defectos de los datos que utiliza, lo que constituye la marca distintiva del buen investigador.

Sin dudas la organización de la tecnología constituye la mejor entrada para discutir ocupaciones humanas de edad finipleistocena. Hay otras formas de avanzar en esa discusión, pero ninguna -ni siquiera el estudio de los conjuntos óseos- tiene posibilidades siquiera semejantes de integrar sistemáticamente grandes espacios. El constante cruce de esa información con la derivada de los análisis faunísticos asegura inferencias mucho más fuertes.

En el planteo de su discusión César Méndez distingue dos paisajes líticos, Los Vilos-Pichidangui, con un dominio de tobas silicificadas y Caimanes-Tilama, definido por la abundancia de cuarzo, presentando además una caracterización de una tercera área, Taguatagua-estero Zamorano, que presenta diversidad de rocas. A partir de estas distinciones comienzan a perfilarse grandes patrones arqueológicos. El autor encuentra, en general, una movilidad humana alta para el período 13.200-11.500 años cal AP. En el caso de los habitantes anteriores a 12.700 años cal AP se trata de movilidad en una escala regional, con un dominio de una estrategia de abastecimiento lítico inserta o embedded. En cambio, con posterioridad a esa fecha es mayor la amplitud de los rangos de interacción implicados y las estrategias dominantes pasan a ser dirigidas, seguramente significando un más detallado conocimiento del ambiente y sus recursos.

Una vez revisadas todas las evidencias presentadas, queda la impresión de que se dispone de un cuadro de complementariedad funcional de varias aristas para el bloque espacio-tiempo trabajado en este libro, bloque que abarca la costa del Pacífico entre Los Vilos y Pichidangui, el sector interior de Caimanes-Tilama y la cuenca de Taguatagua para el período 13.000-11.500 años cal AP. En síntesis Méndez respalda el modelo de adaptación a cuencas circunlacustres de tierras bajas de Lautaro Núñez, agregándole gran riqueza de datos trabajados con una variedad de técnicas y moviéndolo un paso más arriba. Esta nueva plataforma, que dispone de consideraciones tafonómicas, contempla ritmos de ocupación y proporciones de materias primas locales versus exóticas, servirá como una fantástica fuente de ideas e hipótesis para la siguiente generación de arqueólogos.

En suma, este libro constituye un magnífico ejemplo del tipo de información que necesitamos para entender el poblamiento de América del Sur, un ejemplo que esperamos sea imitado.

 

Luis Alberto Borrero

IMHICIHU-CONICET, Ciudad de Buenos Aires, Argentina.

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