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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.45 no.2 Punta Arenas dic. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442017000200011 

ARTICULOS

LA EXPEDICIÓN DE JOHN NARBOROUGH A CHILE, 1670: DEFENSA DE VALDIVIA, RUMORES DE INDIOS, INFORMACIONES DE LOS PRISIONEROS Y LA CREENCIA EN LA CIUDAD DE LOS CÉSARES

JOHN NARBOROUGH EXPEDITION TO CHILE, 1670: DEFENSE OF VALDIVIA, INDIAN RUMORS, INFORMATION ON PRISIONERS, AND THE BELIEF IN THE CITY OF THE CÉSARES

MARÍA XIMENA URBINA C.A 

A Profesora Titular del Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Valparaíso, Chile, Grupo de Estudios “Circulación de la información, objetos y personas”. maria.urbina@pucv.cl.

RESUMEN:

Se estudian aspectos poco tratados por la historiografía acerca de la expedición enviada por Inglaterra a Chile (1669-1671), al mando de John Narborough, desde la perspectiva de la circulación de la información y de las personas. Se analiza cómo se relaciona este viaje con los rumores y las noticias dadas por los indios de la tierra adentro, su manejo de la información, y cómo ésta incidía en la toma de decisiones a nivel virreinato; la proyección de la creencia en la “Ciudad de los Césares” hasta la propia corte inglesa de Carlos II; la situación de los prisioneros ingleses capturados en Valdivia, ejecutados en Lima once años después, y las informaciones que sucesivamente dieron; y la situación de (in)comunicación entre los fuertes que protegían a la plaza de Valdivia, que nos permite ver, desde dentro, cómo actuaba su sistema de defensa. Las fuentes de información utilizadas son, principalmente, de Archivo General de Indias (Sevilla): fondo Gobierno, Audiencia de Lima.

PALABRAS CLAVE: John Narborough; rumores de indios; Ciudad de los Césares; circulación de la información

ABSTRACT:

This article studies non researched aspects related to the expedition sent by the english crown to the chilean coasts between 1669 and 1671, under the command of John Narborough. The study emphasizes aspects related to information and people circulation (flow). We analyze the relation of this expedition with the rumours and news given by the local inland aborigins, their handling of the information and how this affected the decision making process of the Viceroyalty; the projection of the belief in the “City of the Caesars” even up into Charles the II English Court; the fortunes of the english prisoners captured in Valdivia and executed in Lima eleven years later; and the information they provided and the situation of (in) communication between the fortifications that protected the stronghold of Valdivia, that gives us an internal view of the tactics and procedures of its defensive system. The sources coming predominantly from the Archivo General de Indias (Seville): fondo Gobierno, Audiencia de Lima.

KEYWORDS: John Narborough; Indian rumors; City of the Cesares; flow of information

La expedición inglesa hacia las costas de Chile ejecutada entre los años 1669 y 1671 durante la vigencia de un acuerdo de paz entre España e Inglaterra-, financiada por Carlos II, comandada por el capitán John Narborough, estuvo compuesta por dos barcos1 y zarpó del puerto de Downs el 6 de octubre de 16692. Durante una tormenta antes de tocar la costa americana ambas naves se dieron la una a la otra por perdidas: el Batchelour volvió a Inglaterra y la capitana continuó avanzando hacia el sur hasta el punto, ya conocido, llamado Puerto Deseado, donde llegó en marzo de 1670. Pasaron el invierno entre ese puerto y el de San Julián, y durante octubre y noviembre cruzaron el estrecho de Magallanes, explorando sus costas y procurando atraer a los grupos de indios con los que se encontraron para intercambiar con ellos el oro que suponían que tenían; el 6 de diciembre tocaron una isla en 45° de latitud sur, luego la isla de Chiloé, donde la fuerza del mar no les permitió desembarcar, y el 24 de diciembre llegaron a la boca del río Valdivia, que conduce a la ciudad homónima. Allí permanecieron hasta el 31 de ese mes, fecha en que Narborough se marchó hacia Inglaterra deshaciendo lo andado, adonde llegó en junio de 16713.

La historiografía inglesa casi no ha prestado atención al viaje. Menos aún ha reparado en los dos oficiales ingleses y otros dos tripulantes hechos prisioneros en Valdivia y ejecutados en Lima en 1682. El almirante inglés James Burney, autor de una monumental obra, escribió con ironía en 1813 que Narborough viajó desde Londres a Valdivia solo a dejar cuatro pasajeros ingleses4. Solo ha explicado -que no es poco- cómo un extranjero llamado Carlos Enriques5, fue el autor intelectual del viaje6. Por su parte, la historiografía americanista ha reparado en esta expedición por coincidir con el ataque del pirata Morgan a Panamá, correspondiéndole al virrey del Perú, conde de Lemos, reaccionar ante ellos, en un contexto temporal en que se recelaban nuevos “jamaicas” ingleses7.

La historiografía chilena ha subvalorado la expedición, tratándola como un episodio curioso porque no hizo daño alguno8. Ha prestado, eso si, especial atención al rol que en ella jugó Carlos Enriques: ya en 1963 Günter Bohm, había adjudicado a Enriques el origen del viaje9, y en la década de 1980 el historiador y diplomático José Miguel Barros encontró nueva documentación en archivos londinenses que prueba que él fue el verdadero promotor de la empresa10. Por su parte, en la misma década, el célebre y prolífico Mateo Martinic, junto a David Moore, investigaron los aportes al conocimiento físico y cartográfico del estrecho de Magallanes que hizo la expedición11, mientras que Gabriel Guarda analizó las consecuencias estratégico- defensivas que tuvo en la plaza de Valdivia. Dijo, en su magnífico libro Flandes Indiano que la expedición generó nuevos planes de defensa y de incremento en las fortificaciones situadas en los puntos señalados como más expuestos12, porque la llegada del barco inglés confirmó la importancia de Valdivia como llave del Mar del Sur. En 1645 se había refundado, porque durante unos meses en 1643 Holanda la había ocupado con voluntad de establecerse. El acierto en la restauración hecha por el virrey marqués de Mancera se confirmó con la llegada de Narborough.

Recientemente se han estudiado las consecuencias regionales que tuvo el viaje, especialmente para la provincia de Chiloé, ya que, por los mapas que Narborough había hecho sobre el Estrecho y que fueron publicados por el cartógrafo real John Seller, incluyendo también comentarios favorables acerca de las costas del extremo sur, se tuvieron sospechas de haber Inglaterra ocupado el estrecho de Magallanes, la Tierra del Fuego, o las costas del Pacífico austral. Por ello se ejecutaron expediciones de vigilancia salidas desde Chiloé, y hasta la cartografía dio por cierta la existencia de colonias inglesas13.

En el Archivo General de Indias, Fondo Gobierno, Audiencia de Lima, legajos 72 y 73 hay información de la llegada de Narborough a Valdivia y las reacciones consecuentes, incluyendo el testimonio de los autos levantados, con las declaraciones de los prisioneros ingleses y de Enriques que se tomaron en tres ocasiones en un lapso de cuatro años, hechas para averiguar las intenciones del viaje. Aunque estos legajos son referidos por quienes se han interesado en los ingleses en Perú, nunca han sido consideradas como fuentes las declaraciones de los dichos, ni de los indios comarcanos de Valdivia, ni el parecer de las autoridades involucradas. Con esta documentación queremos atender a cuatro asuntos que han quedado sin estudio:

El encuentro en Valdivia, por cuanto fue esta la única ocasión desde su refundación y hasta el fin del período colonial, en que la ciudad tuvo a la vista enemigos y puso en marcha su sistema de defensa. Por otro lado, este caso permite abordar las formas de actuar entre ingleses intrusos y españoles de los márgenes americanos en tiempos de paz.

La relación que hay entre la llegada del barco inglés y noticias dadas por indios comarcanos de Valdivia sobre la supuesta presencia de barcos extranjeros en Chiloé. Los rumores de indios dan cuenta de la circulación de la información y el valor que los españoles les daban como medio para conocer los territorios de frontera.

Las sucesivas informaciones dadas por los ingleses apresados en Valdivia y trasladados a Lima, donde vivieron once años hasta su ejecución.

Dado que de Enriques se ha estudiado su rol en la preparación y ejecución del viaje, es importante el abordar qué dijo e hizo una vez desembarcado, y cómo se imbricó con las circunstancias locales. Existe una relación entre este viaje y la creencia en la existencia de la “ciudad de los Césares” en las tierras inmediatas al estrecho de Magallanes.

Al ver José Miguel Barros, como nosotros, que no había estudios sobre la expedición -y sin haber conocido aún lo publicado por Bradley-, prudentemente señaló que en la desatención ha influido también el desagrado que causaría la exhibición de una impostura que llegó a imponerse en los más altos círculos del reino14. La impostura era el haber dado crédito a Enriques, quien resultó ofrecer solo castillos en el aire: no existía el oro que había asegurado, no era posible establecer las colonias que se pretendían en el Estrecho porque habría que abastecerlas de todo desde Inglaterra, ni en consecuencia podría alcanzarse el objetivo final de que se reduzca en breve las Indias, o la mayor parte15. Todo esto, por supuesto, en menoscabo de los intereses y territorios que la corona española reclamaba como suyos.

El objetivo exploratorio del viaje (en uno posterior se instalarían colonias) queda expreso en las instrucciones que Narborough le dio al capitán del Batchelour. En ellas le dice que el viaje es para hacer un descubrimiento de los mares y costas de esta parte del mundo, y si es posible, echar allí las bases de un comercio16. La expedición no debía enfrentarse a los españoles ni atacar sus posesiones. El diario nada dice del rol de Enriques, ni que ya lejos de Inglaterra mostró al capitán las órdenes reales que portaba, de que los barcos no irían a la isla Barbada (Barbados), como se había dicho, y que él estaba al mando, sin decirse expresamente a qué iban al estrecho de Magallanes ni a Valdivia17. Este viaje era para confirmar la existencia de lo que Enriques ofrecía: que mediante el apoyo de los indios (llevaban gran cantidad de mercancías para ganar sus voluntades) era factible fundar colonias en el Estrecho que facilitaran el tránsito para acceder por esa vía a las Indias Orientales (interesaba la Especiería), y apoderarse de Chile18. En este viaje se avanzó en el objetivo colonizador: hubo tomas de posesión en nombre del rey de Inglaterra en lugares no poblados ni por españoles ni por indios, porque eso se les había ordenado19.

Para el capitán Narborough, llegar a Valdivia tenía sentido, porque se ajusta a lo que se había propuesto hasta entonces: apoderase de Chile comenzando por aquella llave del Mar del Sur: se sabía que los indios comarcanos se habían rebelado a los españoles y que habían colaborado con los holandeses en 1643; se consideraba una tierra rica en oro20; y otros proyectos ingleses anteriores ya la habían contemplado21. Para Enriques, Valdivia se transformó en la posibilidad de huir sin dar cuentas en Inglaterra, y para Narborough en el oro y comercio no hallado en el Estrecho.

EL ENCUENTRO

Añadiendo las cartas y declaraciones de testigos al diario del viaje, que siempre se ha considerado como única fuente para relatar el encuentro, es posible reconstruir con bastante precisión lo sucedido en la desembocadura del río Valdivia22, plaza defendida por cuatro fuertes (San Pedro de Alcántara, de Mancera, San Sebastián de la Cruz, de Corral, el de Niebla, y San Luis de Alba, de Amargos) que custodiaban el acceso a ella, siendo el principal el de la isla Mancera, o isla de Constantino, sede a su vez del gobernador.

La Sweepstakes llegó a la entrada del río probablemente en la tarde del 24 de diciembre de 1670. A la mañana siguiente un bote puso a Carlos Enriques en tierra entre la Punta Galera y el Morro Gonzalo23, topónimos que hoy se conservan. Lo primero que dicen las fuentes españolas es que en la tarde del 25 de diciembre el capitán Pedro de Arévalo fue a reconocer el navío en una canoa, llegando tan cerca que estuvo debajo de la popa. Cuando preguntó de dónde era el bajel, le respondieron en un español mal pronunciado que de España, por lo que se apartó a toda prisa, aunque los del barco le dijeron que eran amigos24. A las 11 de la noche se oyeron en Mancera disparos de los castillos, cantidad de artillería en número que pareció ser arma, como consecuencia del reconocimiento de Arévalo. El gobernador de Valdivia, Pedro de Montoya despachó de inmediato a su ayudante, Juan de Buitrón y Mujica, para que averiguase la causa, quien volvió a Mancera a las 8 de la mañana del día 26 diciendo que un navío de Europa se hallaba frente a Corral, y que había entrado a reconocer el puerto con una falúa de ocho remeros por banda que vestían trajes de ingleses u holandeses, y que como fueron sentidos, el navío se hizo mar afuera25.

Fig. 1 Puerto de Baldivia. L.M. Cartographe. Sin fecha (siglo XVIII). 23x32,5 cm. Bibliothèque Nationale de France. 

Suponiendo que el barco vendría acompañado por otros, Montoya despachó correo al gobernador de Chile, Juan Henríquez, para alertarlo y pedir el envío urgente de 300 hombres armados. Envió también a los castillos al sargento mayor de la plaza, Francisco Delso y Arbisu, con 70 arcabuceros. Ese mismo 26 el alférez del de Corral y otros soldados fueron en una canoa a reconocer el barco y explorar si aparecían otros. Por los rastros, se dieron cuenta que algunos tripulantes habían saltado en tierra junto a Morro Gonzalo. Se pusieron centinelas en la costa por si aparecían más barcos. Por su parte los ingleses, a las 8 de la mañana enviaron un bote al mando del teniente Pecket al lugar donde habían dejado a Enriques, para buscarlo, sin éxito. Él había dicho que como en Valdivia tenía amigos, al día siguiente enviaría una canoa con frutas y pan. El bote fue bordeando la orilla y encontraron una pequeña fortaleza de siete cañones, según Narborough, que era el castillo de la punta de Amargos. Dice Narborough que los españoles estaban en la orilla llamándolos con una bandera blanca y desde el bote el teniente les preguntó de qué nación eran, a lo que se contestó que de España26. Dice el capitán que se le pidió que fuesen a la orilla, y desembarcaron. Pecket explicó que de orden del rey de Inglaterra iban a las Molucas y en el entendido que ambas naciones estaban de paz querían en Valdivia comprar bastimentos. Se les condujo a la plaza sin que pudieran reconocer el castillo, porque no registrasen nuestras fuerzas y buscasen modo de invadirle, hubo agasajos y brindaron los ingleses a la salud del rey de España hincando las rodillas en tierra, y el castellano de Amargos, Diego de Lara, hizo disparar la artillería. El encuentro fue amable y cordial27.

Pecket pidió que se les mostrase dónde dar fondo para hacer aguada y leña. Así, con el pretexto de guiarlos, se embarcaron en la lancha inglesa el sargento mayor y otras personas, para reconocer el barco y las fuerzas que tenía, objetivo velado que, por supuesto, advirtió el capitán. Todo esto fue el día 26. La lancha tuvo que salir tres leguas mar afuera para dar alcance al navío, que procuraba siempre mantenerse alejado. Allí agasajaron a su vez a los españoles con comida, bebida y música28. El sargento tuvo ocasión de mirar el barco y contar los hombres y las piezas de artillería, y vio que llevaba muchas por lastre. Preguntó por qué se habían arrimado la costa si iban a las Molucas, y el piloto contestó que un temporal a la salida del Estrecho les obligó a ello; que habían lo habían preferido al de Le Mayre, abreviando así 400 leguas de navegación. Preguntó también Delso si habían estado en Chiloé, pero el piloto dijo que no. A su vez, el piloto le preguntó si Valdivia era plaza de guerra, y se le respondió que los que vivían allí, repartidos en cuatro castillos, eran mil soldados, y que en la ciudad antigua asistía el gobernador en una fortaleza; que si era tierra rica en oro, y se le respondió que era pobre.

No queriendo entrar al surgidero de Morro Gonzalo, para poder salir de él con cualquier tiempo, explicó el piloto, la Sweepstakes dio fondo el 27 en la tarde entre el citado morro y el castillo de Amargos. Con el pretexto de devolver a los visitantes españoles envió a tierra a sus mejores 18 hombres, al mando de Pecket, para inspeccionar la bahía y sus fortificaciones, e intentar establecer cooperación con los indios. El grupo, en la ocasión, comerció con los españoles al alero de Amargos: intercambió mercancías que se les pagaron con piezas de plata, y Narborough anotó en su diario que los españoles tenían mucha, así como oro, lo que vieron sus hombres en utensilios y sables. A su vez, el castellano Diego de Lara hizo regalos al teniente. Paralelamente, Narborough envió una lancha a socorrer a un barco que estaba entrando a Valdivia proveniente desde Lima conduciendo el Real Situado y desterrados, porque un gran ventarrón lo había desarbolado. Por su parte, desembarcados los españoles, refirieron a Lara su experiencia en el barco, quien los envió a entrevistarse con el gobernador, el que concibió grande enojo por lo que había hecho el sargento mayor29. Ese mismo día 27 Montoya se embarcó con 40 hombres para ir a los fuertes a procurar adquirir noticias sobre si se habían visto más barcos. A esto nos referiremos en el subtítulo siguiente.

El 28 de diciembre Narborough despachó una lancha con 6 hombres a Amargos al mando del teniente Armiger, para pedir autorización de proveerse de agua y leña. Les respondió el castellano que debían pedirla al gobernador, por lo que se re-embarcaron hacia la isla Mancera acompañados de un fraile y otros dos españoles, mostrando la bandera de tregua y anunciándose con la trompeta. Llegados, entregaron regalos al gobernador, y aunque todo fue cortés, éste les dijo que debía cumplir las instrucciones que el gobernador de Chile tenía dadas sobre el asunto, haciendo prisioneros a cuatro de los seis ingleses y enviando un mensaje a Narborough para decir que socorrería el navío, comerciando con ellos, porque sabía de las necesidades de hambre y sed que pasaba la tripulación y que si no lo hacía era seguro que morirían en el mar. Por ello les permitía entrar al puerto de Corral y dar fondo debajo de la artillería que tienen los cuatro castillos de dicho puerto, mientras enviaba y recibía la respuesta del virrey del Perú sobre si les debía dar el bastimento para continuar el viaje, o si debiese apresar el navío. Quedarían en garantía los cuatro rehenes30.

Llevó la carta al barco el mismo 28 el ayudante del gobernador, Juan Buitrón de Mojica conduciendo a los dos marineros liberados. Se le dio escrito en español e inglés, por haberlo traducido el mulato apresado, que hablaba ambos idiomas. Narborough lo tomó en sus manos, lo arrojó y dijo que no valía nada, amenazando de muerte a Montoya, diciendo que de no devolverles a sus hombres faltarían a la orden que traían de su rey [de no hacer daño] e iría a buscar su fortuna a la mar, prometiendo represalias. Nada de esto consta en el Diario del capitán31.

El 29 envió a Pecket a devolver a dos indios que habían llegado hasta el barco a ofrecer su amistad y la de otros grupos más lejanos, y a pedir a los retenidos, pero nadie lo atendió. El 30 se envió un bote para buscar los baúles de los prisioneros y escribió Narborough al gobernador pidiendo su devolución, pero al día siguiente, cuando se le contestó que no, se fue32. Lo hizo -dijo más tarde uno de los ingleses apresados- por no le haber quedado diligencia que hacer habiéndose frustrado la que se hizo en fe de las promesas de Carlos33.

El gobernador Montoya justificó su actuar: por la cantidad de gente armada, y por las 36 piezas de artillería que tenía encabalgadas, era evidente que el navío era de guerra; que como la gente que había a bordo estaba sana, no era creíble la urgencia de bastimentos34; que para ir a las Molucas no era necesario pasar por Valdivia; que aunque los ingleses decían que iban a ellas, un inglés, en una conversación informal, dijo que iban de regreso a Inglaterra, lo que evidenció una contradicción; por lo dicho por los indios interrogados en Valdivia sobre haber navíos de extranjeros en Chiloé, a lo que nos referiremos a continuación; y por haber demostrado el piloto y el capitán conocer bien las costas del Pacífico austral y la ruta de Magallanes, conocimiento que inquietaba.

A pesar de los resguardos tomados por Montoya ante el enemigo presentado en las puertas del virreinato, el virrey conde de Lemos lo depuso porque a los ingleses no les hizo buen cuartel habiendo entrado con bandera de paz. Influyó en esta decisión la llegada a Lima de los ingleses prisioneros y la exagerada -ya veremos porqué razón- alarma dada por Montoya, que hizo que el virrey tuviera que sobre-reaccionar en la defensa. El Consejo de Indias opinó que se le restituyese en el cargo, dado que no tuvo la culpa en el tratamiento que se les hizo35. Pero fue reemplazado por Ignacio de la Carrera Iturgoyen.

Hubo recelos mutuos: ni los españoles capturaron el barco, ni éste se acercó, viniendo, como venían, de paz. Eso si, la firmada entre ambas coronas en 1667, debido a las acciones de filibusteros ingleses en las Antillas, había sido aclarada en lo tocante a América, con una real cédula de 1669, en que la reina Mariana de Austria comunicaba que en dicha paz no se entendía que se incluyesen estas provincias, y por lo tanto debían defenderlas de las agresiones de los súbditos ingleses36. Los de Narborough no iban a las Molucas ni necesitaban refrescos, agua o madera (la consiguieron de todos modos estando en Valdivia). Habían llegado a aquella plaza porque Enriques había señalado ese lugar. Mientras lo esperaban se impusieron del oro y la plata de la tierra, de si había indios enemigos a los españoles, y de las fuerzas defensivas. En cuanto a las actuaciones de los oficiales, mientras el castellano de Amargos les hizo ver que había mucha plata y oro, incluso exhibiendo a sus esposas -algunas de ellas indias o mestizas- con collares de oro y aros de zafiro37, despertando así su codicia en vez de procurar que se fuesen, al contrario, el sargento mayor dijo a Narborough que la tierra era pobre, y otros dijeron que los indios no estaban sujetos, y que los atacaban: ¿no deberían haberlos mostrado como sus aliados? Venían de paz, y no se supo reaccionar de una sola manera también porque los fuertes estaban alejados entre sí, lo que dio autonomía al castellano de Amargos, que fue el protagonista.

La toponimia conservó el nombre Aguada del Inglés, donde posteriormente se levantó un fuerte, entre la punta de Amargos por el norte, y Morro Gonzalo por el sur: ya lo nombra un mapa de 167638. También, un mapa de Herman Moll, de 1731, consigna el hecho de la captura: señala en la actual isla Teja que un teniente de Narborough fue tomado prisionero, y que desde entonces ha sido llamada isla del inglés por los españoles39 .

RUMORES DE INDIOS

Salió Pedro de Montoya el 27 de diciembre desde Mancera hacia los fuertes para adquirir noticias sobre si al navío extranjero le acompañaban otros. Si lo hizo es porque desde ellos habían comunicado que unos indios referían algo. La principal fuente era una mujer llamada Magdalena, esclava del castellano de Amargos, junto a otros dos indios, los tres apresados en una maloca hecha en la tierra adentro solo dos meses atrás. Los interrogó en Mancera, el 29 de diciembre de 1670, para averiguar cómo lo sabían y qué otras personas tenían noticia de lo referido40.

Por entonces, y hasta la segunda mitad del siglo XVIII, Valdivia se reducía al recinto de la plaza y las tierras inmediatas, y no había presencia española alguna más al sur del río Bueno. Los indios comarcanos y lejanos eran potenciales esclavos por considerarse sujetos a la aplicación de la real cédula de esclavitud de 1608, en castigo por el gran levantamiento mapuche-huilliche iniciado a fines de 1598. Durante el siglo XVII, hacia el sur de las ciudades de Concepción (hacia Arauco) y de Valdivia (hacia los Llanos), como desde los fuertes de Chiloé continental (Calbuco y Carelmapu) hacia el norte (también a los Llanos) se ejecutaron malocas o entradas punitivas rápidas con el objetivo de mantener a raya el enemigo y coger piezas. Asimismo, al ser la frontera de arriba (entre Valdivia y Chiloé) un territorio en el que los indios impedían el paso de los españoles, que solo entraban en las malocas, se desconocía lo que allí ocurría. Además, el agitado océano reducía al mínimo la única posibilidad de comunicación que quedaba entre Valdivia y Chiloé: la marítima41. Así, en Valdivia se vivía a ciegas de lo que ocurría a sus espaldas, y las noticias que daban los indios acerca de lo que allí acontecía no podían descartarse tan rápidamente.

La primera en declarar fue Magdalena, esclava del castellano Diego de Lara, de 34 años estimados. Por medio de quien se nombró como intérprete -el ayudante Juan de Alvarado- dijo ser natural de los Llanos, del cacique Guermiyao de los rebeldes aucaes, y apresada en una maloca hecha hacía dos meses. Declaró que seis meses atrás, cuando aún estaba en sus tierras, había llegado a ellas un cacique nombrado Amuyague proveniente de Chiloé. Con su llegada se hizo una gran junta de caciques e indios, y preguntado qué había de nuevo, respondió que el moro guinca estaba con doce bajeles grandes dado fondo en el puerto de Chiloé (Castro). Uno de los navíos entraba y salía como que iba a reconocer mar en fuera, estando fuera uno y dos días. La presencia de los barcos ocasionó que todos los vecinos, mujeres, niños y eclesiásticos de dicha ciudad trataban de dejarla, haciendo muchas demostraciones de sentimiento por haber oído decir a un holandés que cogieron en tierra de dichas naos cómo trataban sus compañeros de poblar dicha ciudad de Chiloé y la de Valdivia como lo habían intentado en otra ocasión, y que no tenían otro medio para librarse del cautiverio que les amenazaba que buscar camino para venirse por tierra a la Concepción. Los que estaban en la junta de “los Llanos”, sabiendo cómo el holandés trataba de ganar y poblar a Chiloé y Valdivia hicieron muchas demostraciones de estar muy contentos con su venida42.

A continuación declaró también un varón Chanquigueno, de 18 a 20 años estimados, del mismo cacique que Magdalena, quien dijo lo mismo que ella, precisando que Amuyague había sido prisionero en Chiloé; que la gente de los doce navíos solo salían a tierra por agua y leña; y que en la junta hecha repitieron en altas voces que ya venía quien los ayudare. La tercera fue Amuyquire, del mismo cacicazgo, que dijo lo mismo, agregando que todo eso se lo había escuchado decir en su tierra en diferentes ocasiones al cacique llegado de Chiloé; el cuarto fue Loncon Aguel, quien dijo ser cacique principal del ahillo43 de Caipue, en los Llanos, también prisionero de la misma maloca, y al que se le estimaron 40 años. La novedad de su testimonio era que los indios de la junta dijeron que los moros huincas venían a libertarlos del cautiverio que les pretendían hacer los españoles44.

¿Efectivamente un cacique llegado desde Chiloé contó a toda esa historia? No hay registro de la llegada de barcos extranjeros a Chiloé después de los de 1643, de Brouwer. ¿Volvió a los Llanos, en 1671, un indígena que estaba en Chiloé y trajo la noticia -antigua- de Brouwer?, o ¿era una historia o tradición conocida y reproducida entre los de los Llanos? Todo esto nos lleva a pensar en las noticias sobre extranjeros, barcos, naufragios y eventuales recaladas que pueden haber circulado entre los indios, conformando un saber atemporal. Drake, después, Cordes en 1602, y otros, mostraron a los indios del Chile no dominado que había otros extranjeros o huincas, y hasta hubo promesas de regresar para liberarlos de la dominación45. Así lo dice el gobernador de Chile, al dar cuenta de esta situación a la reina: los indios conservan muchos papeles que les dejaron los holandeses, desde el tiempo en que ocuparon Valdivia, en que les ofrecían volver y sacarlos de la opresión en que los tenían los españoles. Le dice que estos indios siempre están con la fe de que han de ser redimidos de las hostilidades que reciben de la guarnición de Valdivia y de la de Chiloé y las más veces que son apresados declaran esto, a que se puede dar poco crédito46. Sin embargo, agrega, por no menospreciar esta noticia, envió a dos indios por tierra a Chiloé a averiguar, sin que haya quedado por escrito si se hizo o no la gestión.

Entre otros asuntos, este interrogatorio confirma que las malocas eran una práctica habitual de Valdivia aún tan avanzado el siglo XVII; que entre los soldados de la plaza de Valdivia no era extraño que se entendiese la lengua mapuche (por eso se supo tan rápidamente de esta noticia); que había convivencia entre españoles e indios en los fuertes47 (Magdalena vivía en el de Amargos); y que lo que decían los indios era información estratégica.

El barco que estando frente a la costa de Chiloé se separaba del resto se asoció al llegado a Valdivia. Estas noticias fueron determinantes para las decisiones tomadas por el gobernador de Valdivia, el de Chile, y el virrey. En primer lugar, porque el gobernador de Valdivia comunicó al de Chile ese mismo día 29 de diciembre, que se hallaba el enemigo de Europa con diez bajeles sobre la plaza de Valdivia48. Horas más tarde envió otra carta, pero a quien se le perdió en el camino, y al comunicar su contenido en forma oral de acuerdo a lo que él había visto u oído- dio más información: que el enemigo llevaba una piragua de 14 remos por banda. Por esta razón, el gobernador de Chile dio por confirmado que antes de llegar a Valdivia habían estado en la austral provincia, porque este género de embarcación solo dicen le hay en Chiloé49. No sabemos por qué escribió que eran diez y no doce, como dijeron Magdalena y los demás; ni por qué no se comunicó la llegada un barco inglés con demostraciones de venir de paz y que se habían tomado prisioneros, sino que se daba alarma de estar diez barcos sobre Valdivia. ¿Porqué sobre Valdivia, y no sobre Chiloé, como habían dicho los de los Llanos? Cuando semanas más tarde el gobernador de Chile informó de todo está la reina, que además fue después de haber visto a los prisioneros ingleses en Concepción, no dice diez, como en la primera carta escrita por Montoya, sino otra vez los doce declarados. El gobernador de Chile alertó del peligro en las costas del Mar del Sur al virrey del Perú, conde de Lemos, y que le preocupaba que el real situado enviado a Chiloé haya sido interceptado, pero no dijo nada acerca de la suerte de la isla.

Las reacciones defensivas que tomó el gobernador de Chile y el virrey fueron de acuerdo a doce navíos, y no a uno50. En la primera ocasión que se pudo, el 24 de enero de 1671, el virrey quedó enterado que sobre el puerto de Valdivia se han reconocido doce bajeles de Inglaterra [...] cuya noticia me tiene con el cuidado que se deja entender, pues toda la costa del Perú en las más partes corriendo desde la punta de Chiloé hasta Panamá está deshabitada y sin ninguna defensa51. El 16 de ese mes había recibido la noticia de haber tomado los ingleses el castillo de Chagres. Poco después lo hicieron con Panamá: el virreinato estaba siendo atacado por el norte y el sur. Solo el 14 de febrero el virrey se enteró que era solo uno el barco extranjero, y al saberlo, la reina ordenó que se hiciese averiguación del porqué Henríquez dio al virrey y al gobernador de Buenos Aires noticias tan inciertas52. Esa averiguación no consta en la documentación. El origen de todo, ahora lo sabemos, estuvo en lo que los dijeron naturales de los Llanos.

El interés español por saber de barcos extranjeros provocó que se respondiera con antiguas informaciones que se tenían colectivamente por cosa sabida. Así como la coyuntura activaba los temores españoles de invasión extranjera y alianza de éstos con los indios, lo que era factible por haberlo hecho Holanda dos veces en el mismo territorio, activaba también lo escuchado por los naturales sobre enemigos de los españoles. Lo muestra, también, la visita de los dos indios al barco de Narborough para declararle su amistad y pedir auxilio en contra de los españoles53.

Y así como la revelación de haber doce barcos amenazantes generó un gran despliegue defensivo, otra revelación de un indígena, esta vez en Chiloé y en 1674, generó dos grandes expediciones salidas desde esa provincia hacia el estrecho de Magallanes para buscar dos colonias inglesas que él había dicho que existían. Se relacionaron con la expedición de Narborough porque era probable que las hubiese fundado, o que la visita a ellas haya sido el motivo del viaje. Por lo demás, Enriques había declarado que Inglaterra planeaba fundarlas. Talcapillán, del grupo chono, del archipiélago homónimo, apresado en una expedición de vigilancia en 1674 y trasladado como lengua a Chiloé, tardó dos meses en decir que había asentamientos de morohuincas hacia el sur, tal como los de los Llanos tardaron en decir que los había en Chiloé. Ponderaron, estando en Chiloé y en Valdivia, el valor que podían dar sus captores a su conocimiento. En el segundo viaje en busca de las colonias (el primero fue al mando del sargento mayor de Castro, Bartolomé Gallardo, y el segundo, del piloto Antonio de Vea), al no hallarlas aún, se vio a Talcapillán titubear. Se le preguntó por qué nos había traído engañados, y dijo que por miedo del general Gallardo [el gobernador de Chiloé], y su hijo. Y preguntando, que porqué tenía este miedo, que si le habían inducido a que dijese estas cosas. Dijo que le preguntaba que si había visto navíos, y que dijo que si, y que si había visto molinos, que también, y pueblos, que si, y que si había visto vino como aquel que le daban a beber, que también. Y que pintase las poblaciones, que lo hizo con su caletre, que con este mismo término lo dijo el intérprete, y que todo esto lo había dicho porque le parecía que gustaban los españoles de esto, y que nunca creyó que llegásemos tan adelante54. Cuando Magdalena habló de los barcos los otros coincidieron en la misma versión, y cuando Talcapillán contó de las colonias se interrogó también a otros chonos que habían sido capturados junto con él, y todos dijeron lo mismo.

Las noticias de indios no podían simplemente descartarse. Ellas eran fruto de la circulación de la información - eventos del pasado que se van transmitiendo en el espacio y en el tiempo - y del desconocimiento español de la tierra adentro, lo que fue especialmente manifiesto en las primeras entradas conquistadoras a los diferentes territorios americanos. En el Chile de ultra-frontera hubo varias ocasiones de noticias de indios sobre colonias españolas, extranjeras o de naturales que tenían mucho oro, que originaron expediciones marítimas y terrestres: la Patagonia insular y continental era lo bastante grande y desconocida como para dar cabida a una o más de estas creencias55.

Las informaciones que circulaban entre indios, y entre ellos y españoles, tenían un sustrato real. En este caso se aprecia cómo. A la corte virreinal llegó una olla de metal. No se dice expresamente, pero se deduce que la llevó Gallardo a Lima cuando condujo a declarar a Talcapillán y a los demás. Era considerada una prueba de haber asentamiento extranjero. En los nuevos interrogatorios a Enriques y a los ingleses, en 1675, se les preguntó por separado si cuando desembarcaron en Puerto Deseado o San Julián los indios les habían hurtado algo. Coincidieron en responder que una olla de hierro y ropa blanca. Entonces les mostraron la olla, pero dijeron que no era la misma56. Se concluyó que si había una población, no era el campamento inglés de 1670 en Puerto Deseado, sino otra. Esto prueba, también, que los indios conducían a los españoles hacia los objetos europeos, y que para éstos, eran pruebas de asentamientos, y no simplemente de antiguas recaladas o restos de naufragios.

Por último, creemos que en el barco fondeado a la vista de Chiloé, con faroles encendidos, que desaparecía uno o dos días y volvía a aparecer, está el origen de la creencia en el Caleuche, conocido por tradición chilota como el barco fantasma o embrujado.

LAS INFORMACIONES DE LOS PRISIONEROS INGLESES

La información que da Narborough sobre los cuatro apresados que dejó en Valdivia es todo lo que las fuentes y bibliografía inglesas refieren sobre ellos: el teniente Thomas Armiger, de 40 años, nacido en Norfolk; el caballero John Fortescue, de 27 años, en Kent; el trompeta Hugh Cooe, de 28 años, en Wappen; y el lingüista Thomas Highway, de 35 años, que nació en Berbería de padres moros (moorish) y habla español. Del caballero Fortescue solo sabemos, por Enriques, que había sido capitán, era cosmógrafo, matemático, y el encargado de marcar los puertos durante el viaje. Del único que sabemos en detalle su biografía es de Tomás Highway (llamado en Chile y Perú Tomás de la Iglesia), el mulato, quien en 1671 tenía 36 años. Nos parece interesante consignar aquí el itinerario vital de este saluqueño, que da cuenta de la movilidad de la gente de mar por entonces. Era hijo natural de una mulata de casta berberisca, de Sanlúcar de Barrameda, como él, y no sabía quién había sido su padre. Dejando de joven Sanlúcar al servicio de un comerciante inglés, estuvo en Inglaterra y navegó en sus barcos mercantes57. Finalmente, hacía dos años, estando en un puerto de Inglaterra, se encontró -dice- con un caballero inglés, conocido suyo, secretario del duque de York (primer lord del almirantazgo), quien le instó mucho que se acomodase con Don Carlos, que era su amigo y era un gran caballero español amigo del rey de Inglaterra y del citado duque. Que pasara con él a la Barbada, que el viaje demoraría ida y vuelta 6 o 7 meses, que le pagaría muy bien. Y aceptó58.

Hechos prisioneros, el teniente Armiger envió una brevísima nota a Narborough en la que le informó de su situación y cómo pretendían que pusiese el barco al alcance de los cañones. Concluye: señor, no necesito aconsejarlo. Como respuesta, Narborough le envió una nota que no sabemos si llegó a sus manos. Decía que intentase adquirir noticias de las fuerzas de Valdivia, y de Enriques, y que se lo informase a través de John Wilkins (suponemos un emisario): que cuando conozca las fuerzas que tiene la plaza hará todos los esfuerzos para sacarles de allí. Cuando se fue, el 31, los dio por perdidos, sin anotar nada acerca de su futuro rescate: todos estos cuatro hombres eran muy saludables, y de buena presencia y espíritu, lo que me da grandes esperanzas de que vivan para dar cuenta de ese país y de sus viajes59. O fueron los cuatro castillos de la plaza (aunque Narborough sabía que estaban mal dotados) o fueron las órdenes de no hacer daño alguno a los españoles, lo cierto es que el capitán los abandonó.

Cuando en julio de 1671 llegó Narborough de regreso a Londres, el embajador de España en ese reino, el conde de Molina, mantuvo informada a la reina en sucesivas cartas acerca de una expedición que había cruzado el estrecho de Magallanes y llegado hasta Valdivia, sin saber cuál era el objetivo de todo ello, y que había preparativos de otro viaje que sería su continuación60. Pronto surgió el nombre de Enriques. El conde informó que en la fragata venía don Carlos Enriquez, que había hecho proposiciones al rey de Inglaterra para que intentase diferentes empresas en las Indias61, y la reina ordenó que se procurase sacarlo de ese reino a él y a Diego de Peñaloza Briceño, natural del Perú, estante en la corte inglesa, señalado como el responsable del ataque de Morgan a Panamá, y a quienes se suponía conectados. Luego, pudo informar a la reina que Enriques había quedado prisionero en Valdivia. Pero había confusión, porque supuso que éste era uno llamado Tomás Highway, intérprete: el mulato sanluqueño. Hubo un intento de reclamo de los ingleses apresados por parte de Inglaterra, pero no de Enriques: de una carta del conde de Molina se deduce que lord Arlington, primer secretario de Estado, le había remitido una relación sobre la libertad que se pretende de algunos ingleses que fueron detenidos en Valdivia, que éste envió a la reina el 16 de julio de 167162. No está la relación, al parecer no hubo otra, ni hay respuesta de la corte española a la inglesa63.

Los apresados, más Enriques, quedaron en Valdivia por un mes o poco más, hasta que fueron conducidos a Concepción para ponerlos a disposición del gobernador del reino, donde estuvieron al menos desde el 11 de febrero. En Valparaíso permanecieron un mes esperando ser embarcados a Lima en la primera ocasión. Viajaron todos en el mismo barco, excepto Cooe, que no fue enviado a Valparaíso, sin que sepamos la razón. El teniente Armiger lo reclamó en Lima, y llegó más tarde. En Chile fueron tratados muy cortésmente tanto oficiales como soldados, por cuantas partes vinieron, y el gobernador Henríquez los agasajó muchísimo. Los ingleses se mostraban sorprendidos de su cautiverio porque aseguraban que Inglaterra, respetando la paz, no pretendía ni invadir ni hacer daño a España. Enterándose Fortescue, en Lima, de las novedades, dijo que tiene por cierto que los ingleses que ocuparon a Panamá son corsarios y piratas que no están sujetos al rey de Inglaterra64.

Por orden del gobernador Henríquez fueron interrogados los cuatro prisioneros en Valparaíso65, y también en el puerto Armiger y Fortescue escribieron breves relaciones del viaje66. El de Valparaíso fue el primero de tres interrogatorios, quizá para que quedase constancia de sus noticias antes de la navegación, y al igual que cuando recién llegaron a Lima, fue para saber si debía temerse que el barco de Narborough u otros que hipotéticamente le acompañaban, hicieran daños en el Mar del Sur, o si se había vuelto a Inglaterra. La tercera ocasión fue otra vez en Lima, en abril de 1675, ocasionada por Talcapillán, para averiguar si había colonias inglesas o de otra nación extranjera en el estrecho de Magallanes y parajes aledaños.

Pasaron a Lima en el navío nombrado La Troya, llevando consigo sus baúles, que habían ido a buscar los españoles a la Sweepstakes. Sin embargo, parece que el navío se perdió, los baúles fueron abiertos, y las pertenencias perdidas67. Al llegar a la capital virreinal se hallaron sin necesidad de nada porque su excelencia el señor virrey es caballero muy agradable, apacible y cortés y nos trata con el regalo que acá se puede desear68. En esos días del interrogatorio en Lima, a Armiger y Fortescue se les pidió que escribieran cartas para ser enviadas a Inglaterra. El objetivo era averiguar si había intenciones distintas a las declaradas. Escribieron una carta personal cada uno, y otra al secretario del duque de York. El contenido de ellas es muy parecido, aun el de la carta familiar, con una notable sobriedad para explicar cómo acabaron en Lima y pedir que se gestione su libertad, aunque con seguridad tenían certeza que esas cartas serían leídas por los españoles. Nada dicen del objetivo del viaje, sino que se les apresó contra toda ley cristiana cuando fueron a pedir licencia para extraer agua y leña. Explican que el porfiado Don Carlos (sin decir quién era, pero dando a entender que tanto el secretario como los familiares sabían de quien se trataba), que es tan falso, ha cargado a cuenta del rey muchas mentiras69. En mayo de 1671 se enviaron estas cartas a la reina, para que reconocidas se disponga de ellas lo que pareciere más conveniente70. Obviamente, nunca llegaron a sus destinatarios. Las declaraciones de los ingleses y del sanluqueño, y las cartas, convencieron al virrey de que Narborough no había venido al Mar del Sur a hacer daño71.

Enterada de Enriques a través del conde de Molina, en diciembre de 1671 la reina ordenó al virrey que se averigüen sus culpas y que se ejecute en él la pena que merecieren72. En mayo de 1672 el virrey envió a los cinco prisioneros a la Casa de Contratación73, pero por haber llegado a Panamá sin los autos que informasen la causa de su detención, el presidente de esa Audiencia les devolvió a Lima. La Audiencia (había muerto el virrey), respondió a la reina en abril de 1673, diciendo que sobre el caso se está procediendo: que Carlos está preso en la cárcel de corte, habiendo vuelto de la ciudad de Panamá74. El Consejo de Indias resolvió que el virrey debía proceder contra ellos conforme a derecho, ejecutar las sentencias en el virreinato y que en él quedasen fenecidas las causas75. Aparte de este viaje a Panamá entre mayo y junio de 1672, no hay registro de los prisioneros ni del caso desde el interrogatorio de 1671, y hasta abril de 1675, excepto de la muerte del teniente Armiger, el 14 de abril de 1674, cuando tenía 44 años. Murió de muerte natural en un calabozo de la cárcel de Lima76. Todo indica que durante esos años habían estado recluidos.

Pasó un año más, y con motivo de la llegada a Lima en abril de 1675 del piloto Gallardo para dar cuenta de su viaje a buscar las dos colonias de Talcapillán, declararon por tercera vez77, y Talcapillán también, porque aunque en esa navegación no las habían logrado hallar, por ser factible y por la convicción del informante, no podía descartarse su existencia78. Estaban presos en esta cárcel real de corte, y allí mismo se tomó la declaración. Para entonces Fortescue, que tenía 31 años y Cooe 26, estaban bautizados y de Fortescue se dice que con la comunicación y trato con los españoles entiende y habla la lengua española79.

Les preguntaron si vinieron de Inglaterra a alguna población que estuviese ya hecha en el estrecho de Magallanes, a lo que respondieron que no; insistieron inquiriendo entonces que para qué traían artillería por lastre si no era para dejarla en las colonias, y que porqué habían hecho el viaje con menos bastimentos sino era porque se abastecerían en ellas. Ante la insistencia, Fortescue se cansa: que no había ninguna población cuando se hizo el viaje, y si se hicieron después no lo sabe, porque no puede ser adivino80. Aunque los ingleses argumentaron que no era improbable, sino imposible (de la Iglesia dijo que lo aseguraría con su cabeza), no era descartable lo dicho por Talcapillán81. A diferencia de los ingleses, Enriques dio por factibles colonias fundadas después de su paso por el Estrecho. No es posible determinar cómo pesó el testimonio de Enriques en esto, pero si que lo determinante fue la convicción que mostraba Talcapillán. Como consecuencia, hubo un segundo viaje en el verano de 1675-1676, que terminó con Talcapillán diciendo (desde la perspectiva española) que su historia había sido dicha para agradar a los españoles.

Después de este interrogatorio ya no hubo más, y permanecieron presos. La siguiente noticia es la que da en 1678 el virrey interino, arzobispo Melchor de Liñán, cuando avisó a la corte aun no había podido hacerse cargo de la situación de los prisioneros82. Pero no alcanzó a hacerlo. El nuevo virrey, Melchor de Navarra, duque de la Palata, apenas llegó a tomar posesión de su cargo, en noviembre de 1681, se hizo cargo. Para entonces, dice, había tres cédulas reales que ordenaban al virrey a despachar la causa de Enriques y que se le tratase como a pirata. Al mes siguiente atendió el proceso de unos ingleses apresados en Arica, a quienes se les condenó como piratas se les dio pena de garrote en la cárcel y luego se les sacó a la plaza83. En este contexto de nuevas amenazas de ingleses, las causas se concluyeron y los cuatro piratas fueron condenados a muerte.

No hay documentación sobre este juicio, condena y pena pero suponemos que se les juzgó como espías y piratas, y se les dieron las penas como a católicos en 1682, al parecer en mayo. En carta de diciembre de ese año el virrey informó a la corte la sentencia contra ellos84. Tampoco se sabe sobre sus once años en Lima. Claro está que no estuvieron siempre en la cárcel. Una carta del virrey de 1688, a propósito del apresamiento de los ingleses en Arica los recuerda: el detenerlos [a los nuevos apresados] en las cárceles dos y tres años trae también considerables inconvenientes, porque no pudiendo estar tanto tiempo cerrados en calabozos, los van disimulando como reos que no tienen pena de muerte, y la curiosidad de extranjeros y algunas habilidades que suelen tener introduce la comunicación con diferente género de gente, de cuyo comercio se experimentaron graves inconvenientes en los diez años que estuvo preso Carlos Clerque y sus compañeros. Y aún más. Dice el virrey que en 1681 hallé presos a Carlos Clerque y sus compañeros, que en once años de prisión se habían hecho tan familiares a los vecinos que los mismos ingleses tenían como domicilio adquirido, y alguno ha dejado familia, y me pareció tan mal que di orden para que se encerrasen, se prosiguiese la causa y se hiciese justicia, como se ejecutó después de once años85. Nada se sabe de esta vida limeña, de esa familia formada, ni de cómo y cuándo se les dio muerte.

CARLOS ENRIQUES Y LA CIUDAD DE LOS CÉSARES

Como decíamos, cuando la historiografía ha puesto atención en esta expedición ha sido para probar que Enriques dio origen al viaje y lo dirigió86, actualizando el plan del también cripto-judío Simon de Casseres sobre lograr el dominio del Mar del Sur, comenzando por Valdivia87. Últimamente se ha precisado que vivió en Chile y Perú durante diez años; que ofreció su plan de apoderarse de Chile diciendo conocer el Estrecho y tener conexiones personales; que el rey aceptó y ordenó aprovisionar nueve barcos, pero cuando esto se supo en Inglaterra se alegó que perjudicaría las relaciones comerciales con España, por lo que el rey retiró su apoyo, pero presionado por su hermano el duque de York patrocinó un viaje más pequeño, exploratorio, de dos barcos, todo lo cual fue recientemente publicado por McCarl88. Lo pretendemos aquí es ver es su actuación en Chile y Perú a través de los escritos y declaraciones.

Nadie sabía con certeza a qué iban a Valdivia, porque la orden que leyó Enriques decía que el derrotero a seguir en las costas del Pacífico dependía de él89, pero no señalaba otro objetivo que el reconocimiento. En los hechos, y aunque en su diario Narborough menciona a Don Carolus sin decir su papel en la expedición, el capitán exploró el Estrecho para buscar oro y plata, lo sondeó para abrirlo como vía de comunicación, y tanteó la posibilidad de establecer una colonia en él, aunque el temple que vieron lo hizo desaconsejable90. Así, la expedición tal como fue planteada por Enriques iba al estrecho de Magallanes. No sorprendería que las instrucciones -que no se conocen- contemplaran averiguaciones también en Valdivia. El que Enriques pudiera desembarcarse donde quisiese con las mercancías que portaba, tampoco debe sorprender, porque él debía recabar información en terreno de dónde estaban los descontentos (indios y españoles) y el oro.

Sorprende, entonces, la actuación de Enriques en el estrecho de Magallanes (no se esforzó por buscar nada) y en Valdivia (no volvió a bordo). En el barco no hizo ni dijo nada acerca de los planes de exploración y comercio, ni menos colonización, sino que, sabemos, entusiasmaba a la gente diciendo que en Chile había oro y que a través de sus amigos y parientes en Chile y Perú, podrían apoderarse de él91. Además de ello, demostró ser mentiroso. Hizo creer al rey su experticia en los parajes hacia donde se dirigían, y sin embargo, a poco andar, era evidente que no sabía nada de navegación y no conocía el territorio ni siquiera por referencia. Una vez en Chile, los ingleses apresados pudieron confirmar que también había mentido en cuanto a sus contactos y familia92, y a todos sobre su identidad. Como hablaba y escribía en español e inglés pudo dar curso a engaños acerca de su origen93. Fortescue dijo que nunca ha podido entender la naturaleza del dicho Carlos, porque unas veces se supone alemán, otras español y otras veces de estas provincias, variando en esto como en todo lo demás que parece había ofrecido en Inglaterra94. Estaba totalmente desacreditado. Cuando en una isla de la latitud 45° fue a tierra a ver si había gente, para volver sin nada al cabo de cuatro horas, Narborough, reconociendo había faltado a todo lo que había propuesto a su rey, le dijo, muy mala cuenta lleva Vmd que dar al rey y el dicho Carlos le respondió que porqué, a que replicó el dicho capitán por cuanto ha dicho hasta aquí he visto que ha sido falso y mentira95.

Después de haber buscado Enriques infructuosamente a personas con quienes tratar al norte del Estrecho, y apenas llegaron a la entrada de Valdivia, pidió que lo desembarcaran para ir a ver a un amigo suyo -dijo- que viva junto al castillo. Quiso ir solo, dejando a bordo a las personas con quienes viajaba96, y llevando su ropa y mercancías, asegurando que por intermedio de su amigo, al día siguiente enviaría al barco pan y fruta97. Esto fue en la mañana del 25 de diciembre. Pero los ingleses no lo volvieron a ver. Habiéndose ido la Sweepstakes, el 2 de enero en la noche llegó al castillo de Amargos desnudo, pidiendo amparo, diciendo haber huido del barco del que era director, por haber venido de orden del rey de Inglaterra no a hacer daño sino a descubrir cierto estrecho, lo que solo podía revelar al virrey y al gobernador de Chile, y que a ambos conocía. Como estaba tan débil por lo que puede importar su vida dando noticia de ¡os designios de¡ rey de Inglaterra, le repusieron. Explicó que no había más navíos que el ya visto, aunque juzgaba que los marineros del barco podrían amotinarse por encontrarse afligidos y desesperados por la falta de bastimentos (sabemos, por Narborough, que esto no era verdad), y desobedeciendo a su capitán podían atacar a cualquier barco español98. Por lo anterior, se le mantuvo separado de los ya apresados ingleses para contrastar las versiones99. Se declaró católico y por afecto, español, por lo que había llegado a Valdivia, y ocultado, para avisar al rey de España de los planes del de Inglaterra. Pero preguntados los ingleses cómo explicaban que Enriques no haya vuelto al barco, respondieron que por haber engañado al rey con falsas promesas, en Inglaterra le quitarían la cabeza100.

En los avisos generales101, otra carta al virrey102, y las declaraciones en Valparaíso y Lima 1671, explicaba que el rey de Inglaterra estaba planeando hacer perjuicios en América, preparándose con diferentes pretextos en apariencias de paz. Hizo recaer el origen de la idea en la Compañía del Real Comercio de Inglaterra, la que había pedido a su rey, ya en 1663, utilizar Magallanes para abreviar el viaje al Oriente -se trata del comercio de especias-, y buscar, por la misma razón, el de Anian. Para ello la compañía habría ofrecido mucho dinero, así como los reyes de Suecia y de Dinamarca, a quienes Enriques logró interesar en el plan. En consecuencia, y por la experiencia que tenía (decía) en Perú, el rey le había llamado y nombrado director general de la empresa para reconocer e informar sobre los puertos que luego se hubieren de establecer. Poblados en cualquier puerto cercano al estrecho de Magallanes, conservando en ellas las embarcaciones de guerra necesarias, sería fácil apoderarse de Valdivia, saquear y arruinar el Callao, conseguir las embarcaciones del Mar del Sur y continuar con Panamá. El objetivo último era obligar a España a que permita a Inglaterra el libre comercio en todos los puertos de América. Traía orden de navegar la costa desde el cabo San Antonio a Magallanes y desde allí a la altura de Valdivia, con el objetivo de reconocer los puertos (sus guarniciones, artillería, embarcaciones de guerra), climas y moradores y ver dónde se podía poblar; establecer comercio con los naturales no sujetos a la corona de España; e intentar conseguir bastimentos en Valdivia y reconocerla sin hacer daño alguno. Para todo ello traía cosas para regalar a los malcontentos e indios. El plan era proseguir hasta Acapulco para descubrir el estrecho de Anian, y si no fuese posible, volverse por la India.

Cuando estaban en Valparaíso el gobernador Henríquez ordenó que se les interrogase, y esos testimonios, de marzo, pasaron con ellos al Perú. En el interrogatorio de Lima, además de decir con ciertas variaciones más o menos lo mismo que en Chile, Enriques intentó convencer a las autoridades que era hijo natural de la alsaciana Ana Clerque y del príncipe Roberto103, hijo a su vez del rey de Bohemia, primo del de Inglaterra. Contó que su vida había sido un itinerar como mercader y hombre de confianza de importantes autoridades en diferentes cortes europeas, siempre protegido por su padre, y que nunca había estado en las Indias ni tenía en ellas amigos. Su relato presentaba incongruencias en las fechas, y además, como era bastante fantástico se desconfió de todo lo que decía. A poco de llegar a Lima Enriques estaba muy bien guardado en la cárcel104, encerrado en un estrecho aposento.

No se interesó en sondeos de costas ni colonias, ni incluso en el oro, sino solo en desembarcarse para refugiarse entre españoles, porque era evidente que en el Estrecho no había lo que prometió al rey. Los ofrecimientos deben haber sido mayores que los que están consignados en los documentos hallados por Barros, y, por lo tanto, mayor la inversión. Así, parece posible que Enriques haya efectivamente ofrecido lo que dice en otra parte, y que también dice Fortescue: que al duque de Sandwich, embajador de Inglaterra en España, Enriques le dio noticias de esta tierra que era muy buena, y que el estrecho de Magallanes estaba muy poblado de gentes, que tenía muchas ciudades y campanas que se podían oír desde la mar, y que él había sido maestre de campo en aquellas partes y que tenía muchos conocidos, y que había seis años faltaba de esta tierra, y que si el rey de Inglaterra quería enviar un navío o dos infaliblemente podía tener trato y comercio en este reino que sería muy provechoso para la nación inglesa. El embajador dio parte de todo a su rey y lo afirmó por cierto y verdadero, respaldándolo, por lo que el rey y su consejo deseosos de saber la verdad despachó el dicho navío con otro pinque...105. El duque le dio una cantidad importante de dinero para él y para agasajar a la gente de los puertos donde llegasen, que se trajeron en la fragata en plata y géneros a disposición del dicho don Carlos106. Como Enriques era mentiroso en el barco, todos concibieron que de la misma forma había procedido en Inglaterra y que con estas artes se le habría introducido al rey, porque no había ocupado puesto alguno en Inglaterra, pero con su ocupación de introducirse andando de una parte a otra, llegó a ganarse el crédito de muchos.

Enriques dijo que, además de para cumplir los objetivos de la Compañía del Comercio, había sido enviado a solicitar el descubrimiento de una población en el estrecho de Magallanes en que dicen haberse retirado los españoles que el general Don Pedro Sarmiento trajo para poblar las dos ciudades de San Felipe y la de Jesús situada en dicho estrecho107, como lo dijo también Fortescue (la ciudad de las campanas). Se refiere con esto a las dos colonias que en 1584 Sarmiento de Gamboa fundó en el Estrecho, con una flota desde España. No pudieron ser abastecidas de lo mínimo, y sus habitantes se fueron muriendo de hambre. Cuando en 1587 el inglés Thomas Cavendish pasó por Rey Don Felipe, halló a menos de 20 de los 300 pobladores originales. Se llevó a uno de los sobrevivientes como guía para las costas de Chile. Éste escapó, y así se supo en Chile de la suerte de estas colonias. En algún momento comenzó a suponerse que parte de los colonos podrían haberse internado desde el Estrecho hacia el norte, buscando mejores condiciones108, porque a las ciudades de náufragos, o de colonos que huyeron por hambre, se les asoció las creencias nacidas en el comienzo de la conquista de Chile sobre poblaciones de nativos con oro al este de la cordillera de los Andes. Las diferentes informaciones, que provenían de diversas fuentes, fueron conformando la creencia en una ciudad oculta de españoles, indios o mestizos, y muy rica en oro, que se llamó ciudad de los Césares. Adquirió categoría de verdad sobre todo cuando el jesuita Ovalle publicó en 1646 su Histórica relación del reino de Chile109, dándola por verdadera; por el primer mapa que los nombra y sitúa, en 1656110; y por el libro de otro jesuita, Rosales, en 1673. Para entonces, a mediados del siglo XVII habían salido varias expediciones en su búsqueda desde Tucumán y Chiloé111.

Enriques explicó cómo dentro del Estrecho, unas 30 leguas al este del cabo de la Victoria -la salida occidental-, veinte leguas adentro de un canal que llaman San Jerónimo había llanos muy amenos y de muchas poblaciones, hasta donde estimaban podían subir embarcaciones de más de mil toneladas. En dicho canal desaguaba un río muy abundante de peces. En su orilla era posible intercambiar con los indios, cascabeles, corales, perlas falsas y abalorios por oro de más de 21 quilates de ley en pedacitos fundidos de a dos y tres onzas de peso, cobre, y alimentos. En el lugar había cruces como las de España; las casas eran de muy lindo arte, cubiertas de teja; tenían armas de fuego al uso antiguo, espadas, ollas de fierro y platos de barro y alcarrazas como las de Sevilla; su lenguaje era muy agradable, si bien no se podía entender; eran de linda disposición y hermosos rostros el color entre blanco y pálido que tira a avellanado, dóciles y amigables. Todo esto era prueba de antepasados españoles. Sus utensilios eran de cobre y bronce, porque se entiende haber minerales de cobre, estaño y plomo en cantidad como también minas o lavaderos de oro. No era esta la única población, porque desde allí se oían campanas, cuyo sonido se estimaba provenir de unas dos leguas de distancia112. Aseguran -dice Enriques- que esas poblaciones son las de los retirados de las colonias frustradas, que se unieron y procrearon con las de los indios.

Según Enriques, Drake había estado en una población de indios: que después de apresar un barco con riquezas tuvo necesidad de carena, por lo que entró en un puerto muy austral del Mar del Sur. En él halló una población de más de 26 mil indios cuyas casas se esparcían por la vera de un río que bajaba a dicho puerto. Al saber de él vino el rey de aquella tierra con más de 12 mil hombres armados. Por lo que tardó en llegar se supuso que tenía su corte 15 o 20 leguas al interior. El rey y sus vasallos fueron muy afables, y al marcharse Drake lamentó su partida y le regaló muchas cosas, entre ellas plumas muy ricas y tejidos de mucha curiosidad y algunas piezas de oro y piedras de valor. Explica, también, las supuestas noticias sobre el estrecho de Anian dadas por Drake113. Lo quiere acreditar Enriques diciendo que está escrito en más de nueve relatos de viajes de ingleses y holandeses al estrecho de Magallanes, y que la Compañía del Comercio, estudiando esta información, le encomendó descubrir las poblaciones. Es decir, que el objetivo último no era instalar colonias sino encontrar estas poblaciones ricas en oro.

Lo que Enriques expone sobre la creencia en la ciudad oculta es un motivo más para volver a poner en ella, la ciudad de los Césares, especial atención historiográfica, porque remite a la movilidad de las ideas, a las vías por las que circula la información, al papel de los rumores o noticias de indios que refieren lo que ocurre más al sur de ellos, y al rol de la cartografía como creadora de geografías, entre otros asuntos a considerar. Es porque Enriques dijo querer encontrar esta población que el reconocido investigador sevillano Juan Gil se interesó en 1989 por el expediente que hemos venido citando del Archivo de Indias114, e incluyó la historia de Enriques en su libro Mitos y utopías del Descubrimiento.

En el relato de Enriques hay dos versiones de Césares: los indios con oro (los de Drake), y los mestizos, descendientes de ellos y de los colonos. La posibilidad de estas ciudades ya era conocida en Chile. Compareció en el fomento estas creencias el que desde temprano se haya asociado al confín austral del Nuevo Mundo con el oro115; que sea tierra lejana y desconocida para los españoles de Chile; y que haya habido desde la conquista española la creencia en un reino de incas que huyeron al sur, con oro. Aparte de la idea general de los Césares, nada de lo descrito por Enriques es mencionado por otros documentos ni antes ni después. Los Césares mestizos de Enriques, de hablar dulce y rostros afables no han quedado consignados en otra parte: es su versión de ellos, imaginada, pero fundada en noticias adquiridas probablemente en Perú.

Otros que estuvieron una temporada en Chile o Perú, también dieron crédito a la ciudad de los Césares. Diego de Pelañoza y Briceño116 y Antonio Silvestre Díaz de Rojas117no solo creyeron en ellos, sino que redactaron informaciones y quisieron convencer al rey de España que patrocinase su búsqueda. Según lo dicho por Fortescue, Enriques expresamente ofreció el descubrimiento de estas poblaciones relictas de la época de la conquista. Solo cuando fueron los interrogatorios de 1675 sobre las supuestas colonias de Talcapillán, Fortescue y Cooe hablaron de las poblaciones ocultas, pero antes no. Fue entonces cuando dijeron que el barco no vino a poblar los puertos, sino a buscar los Serares [sic], porque Enriques había informado al rey que había poblaciones, por cuya causa vino el navío118. Cooe confirmó lo dicho por Enriques en 1671, pero nominando como Césares a las poblaciones: que fueron a buscar los Sesares porque Don Carlos Enriques Clerque dio noticia al rey de Inglaterra de que había esta población de los Sesares en el Estrecho, y que es de gente blanca y que tenían iglesia y campanas y cruces y que eran cristianos, y que así se lo oyó decir este declarante a Don Carlos Enrique. Es probable que dieran nombre a aquellas poblaciones fruto de su experiencia en Lima. El plan de buscarlos, dice Cooe, no solo era de Enriques, sino que la orden del rey que leyó el capitán era para que viniesen en busca de estos Sesares llegando a 40 grados del Mar del Sur119. ¿Era verdad lo que decían Fortescue y Cooe, de haber sabido que iban a buscar a los Césares? Si era así, ¿por qué lo ocultaron? ¿por lo inverosímil que hasta ahora les resultaba? Además, Enriques propuso la navegación por una vía que no era la comúnmente utilizada por entonces -el cabo de Hornos sino el estrecho de Magallanes, que era distinto también al que había propuesto el ya citado Simón de Casseres: el Le Maire.

Su fuente de información podría haberla revelado en su última declaración, cuando fue torturado en la mancuerda, en 1682, por habérsele encontrados papeles cifrados. Bajo tormento, dijo ser francés y llamarse Oliveros Belin, haber estado en Perú diez años, y luego regresado a Francia y a Inglaterra. Allí había comunicado a otro francés, el capitán de la guardia del duque de York, la existencia de la ciudad de los Césares (lo dice con ese nombre) junto con la posibilidad de recibir el reino de Chile de manos de su propio gobernador, Francisco Meneses, que se había levantado con él en contra del rey120. El rey de Inglaterra le había encomendado ambas tareas. Sin embargo, dice Belin, nunca pensó en obedecer, sino en pasar al Pacífico a buscar y explotar la plata del Perú, para con esas riquezas regresar a Francia y volver luego a conquistar Perú para el rey francés.

El rey de Inglaterra, entonces, habría financiado una expedición para buscar la ciudad de los Césares, pero ello no quedó consignado en los planes presentados por Enriques. Si éste último se basó en plan anterior de Casseres, fue solo para tenerlo de fachada de un plan que convenía ocultar, quizá por estar rozando el terreno de la ilusión insensata (quimeras como El Dorado). Seyxas y Lovera no sabía de esta conexión Enriques-Césares.

Cuando Enriques relató la existencia de estas poblaciones la creencia estaba bien difundida en Chile y Perú. Las averiguaciones sobre ella no habían arrojado resultados, por lo que, creemos, no se vio la búsqueda como algo que atender. Pero también, porque lo que más interesó a las autoridades fue la relación que Enriques decía tener con el anterior gobernador de Chile, el portugués Francisco de Meneses, desacreditado y cesado en su cargo por múltiples irregularidades, y que por entonces estaba siendo juzgado en Lima121. Estando en Concepción, Enriques dijo al maestre de campo general, Don Antonio Montero, que el principal objetivo de su viaje a Chile había sido valer a Meneses, por haber sabido que se hallaba poco gustoso en el reino de Chile; que no eran amigos pero habían coincido en el sitio de Valenciannes (Flandes); y había venido a socorrerle por iniciativa propia, sin que Meneses le haya pedido ayuda. Que esta, la verdadera razón, oculta al rey de Inglaterra122. Para averiguar más, el maestre de campo le hizo compartir habitación con un antiguo criado de Meneses, que había llegado a Chile con él. Si éste no pudo averiguar más es porque no había tal plan. Es más, Enriques solo se interesó por saber los parajes, poblados y montes que había cerca de Valparaíso, para huir y esconderse123. En Valparaíso Enriques modificó lo dicho: que el rey conocía a Meneses y era muy aficionado a él, y que como en España corrió que Meneses se había levantado con el reino de Chile y se supo en Inglaterra, cuando estando en estos mares necesitaron bastimentos, fue en su busca para que se los diese124. Después de interrogado, se estimó que de lo dicho parece puede resultar grave cargo contra el señor Don Francisco Meneses gobernador que fue del reino de Chile teniendo parte en el tránsito de !a fragata y pinque inglés a este Mar del Sur125.

Juan Gil sostiene que Enriques pasó a Chile a auxiliar a Meneses, y se beneficiaría, con él, de los Césares. La relación entre los Meneses y los Césares la fundamenta en que en el expediente levantado contra él se le acusó de muchas arbitrariedades y abusos, entre ellos, de querer coronarse en el reino de Chile; que había enviado a un piloto para sondear la boca del estrecho de Magallanes para escapar por él si fracasaba en su intento de alzamiento; que había manifestado interés por apoderarse de Valdivia para desde allí llamar a los portugueses de Brasil; y que pretendía haber encontrado grandes minas de oro y de plata126. Pero nada sabía Enriques acerca del oro y el Estrecho de Meneses. Mc Carl, no considerando a los Césares, también opina que una explicación a la razón por la que vino Enriques a Chile podría ser la conexión con Meneses, la que se reduce a ser ambos portugueses, y a mencionarlo Enriques. Y si así fuese, es decir, si convenció a Inglaterra de apoyar una supuesta sublevación, de esto no hay más registro que la propia palabra de Enriques que, ya hemos visto, estaba desacreditada. Además, y aunque por entonces Meneses estaba preso127, no consta que se le haya interrogado al respecto ni tampoco a los apresados. Creemos que la alusión a Meneses fue una manera de enredar a las autoridades, retrasando su ejecución, como lo hizo después en mayo de 1682, cuando habiéndole comunicado su sentencia de muerte, dijo ser un sacerdote franciscano llamado fray Joseph de Lizarazu. Enriques reconoció no haber venido ante un llamado de Meneses y más aún, que el ex gobernador no sabía del plan de rescate que le estaba preparando Inglaterra.

Así, tenemos a Enriques en mayo de 1682 y diciendo que era franciscano. Como se confirmó que efectivamente había uno de ese nombre del que no se sabía hace años, se dudó sobre si ejecutar o suspender la sentencia. Los alcaldes acordaron consultar al virrey, y él, en que las salas se juntasen y resolviesen lo que entendiesen que era de justicia. Lo hicieron, pero no conformaron acuerdo, por lo que pasó a los dos ministros de la audiencia a quienes tocaba, y tampoco acordaron. Como el asunto ya era comentado en Lima, donde se hablaba con ponderaciones en la ciudad [...] por la calidad de la materia y cuerpo que tomó en toda la ciudad la novedad de esta declaración de Don Carlos, a quien su larga asistencia en ella y natural mañoso tenía muy introducido128, el virrey ordenó que se viese el caso con todas las salas. Así, se votó en justicia que debía ejecutarse la sentencia. El fiscal solicitó que antes de hacerlo se pusiese a cuestión de tormento para que comunicase lo contenido en los papeles cifrados. Torturado, es cuando dijo ser Oliveros Belin y haber venido a Chile por los Césares y por Meneses. Pero que a él, personalmente, no le interesaba ni lo uno ni lo otro, sino buscar la plata de las minas del Perú.

Para el virrey estas declaraciones no dijeron cosa sustancial ni aun el más leve indicio de comunicación en estas provincias que pueda dar cuidado: no servía de nada aplazar su pena, y dijo: la vida y fortuna de este hombre todo debió de ser de embustes, y todo su artificio para que le tuviesen por hombre de máquina129. Se ejecutó la sentencia el 8 de mayo de 1682, juzgando haber sido muy del real servicio para ejemplo y escarmiento de los extranjeros que con semejantes artes y cautelas se animan a querer burlar la paz y estabilidad de estos reinos, que hoy más que nunca gobernado por la vigilancia, celo y comprensión del virrey dique de la Palata...130. El alcalde del crimen de Lima, Juan Luis López, justificó por escrito la sentencia, con el nuevo nombre de Enriques, folleto que se imprimió por la novedad que ha hecho el caso en estas partes131.

CONCLUSIONES

Narborough fue a Valdivia porque así lo había pedido Enriques, y además se vio obligado a esperar para recuperarlo y conducirlo a Inglaterra a dar cuenta al rey. En el intertanto hubo medición mutua de fuerzas, y actuación con cautela. El protagonista del encuentro fue el desprovisto fuerte de Amargos, y los oficiales y soldados de él, e incluso sus mujeres, se mostraron amables y curiosos con los extranjeros: la natural camaradería que les ofrecieron a los educados visitantes fue opuesta a la desconfianza del gobernador, irritado también por la amabilidad demostrada por los suyos. La expedición comprobó lo importante que había sido la refundación de Valdivia y el valor que los enemigos le daban. Hubo, entonces, un aumento en la defensa de todos los castillos.

Lo comunicado por los indios acerca de lo ocurrido en los territorios donde no había presencia española interesaba a las autoridades por su valor geopolítico y determinó la toma de decisiones. Es el caso de la noticia de los doce barcos morohuincas que estaban Chiloé, que tuvo como consecuencia el apresamiento de ingleses que se acercaron a Valdivia en tiempos de paz, y una sobrerreacción defensiva, acorde con el supuesto tamaño de la flota enemiga. Es también el caso de la noticia de las dos colonias extranjeras cercanas al estrecho de Magallanes, que generó dos sendas expediciones para su búsqueda, también consecuencia de la expedición que aquí tratamos. Ambos casos dan cuenta de cómo en la tierra adentro los grupos autóctonos no sometidos fueron consolidando un conocimiento acerca de extranjeros amigos y de temores españoles, que constituía una manera de re-comprender el territorio que desde siempre habían habitado, de acuerdo a los esquemas europeos. Permite también apreciar la manera en que los grupos no sometidos se relacionaron con los españoles desde una posición distinta, en cierta manera privilegiada, como llaves del territorio, por poseer el conocimiento sobre él. A diferencia de los inicios de la conquista de América, el conocimiento incluía información sobre los enemigos de la Corona.

Las noticias de los indios de los Llanos, de los del archipiélago de los Chonos, de Carlos Enriques, de los ingleses y del sanluqueño dan vida este episodio de la historia. Son noticias coyunturales y “falsas” que nos aproximan a la circulación de la información, de las ideas y de las personas en el imperio español, y ponen en marcha amplios desplazamientos así como decisiones estratégicas. Los de los Llanos cuentan en Valdivia lo que pasa en Chiloé; los chonos revelan en Chiloé lo que hay en las soledades australes; Enriques cuenta lo que trama Inglaterra sobre aquella costa, y los ingleses informan acerca del estrecho de Magallanes. Todos ellos son secretos revelados que confluyen en la frontera de arriba y alcanzan hasta el Perú. Valdivia y Chiloé, por lo tanto, cumplen su papel de vigías de los pasos interoceánicos.

No creemos que sea posible afirmar que el rey de Inglaterra envió dos barcos para buscar la ciudad de los Césares. Por la evidencia que presenta la documentación, y por la habilidad de Enriques para inventar historias, es factible que haya creído en su existencia, como muchos foráneos de Chile, otros antes y después. No ponemos en duda las raíces históricas de ella, y no nos parece que sea una fantasía: había habido colonos, y al estrecho de Magallanes se le asociaba el oro. Por eso no sorprendería que hasta tan lejos, como Inglaterra, hayan llegado las informaciones (a través de Peñaloza y Enriques, por ejemplo) sobre los Césares, ni que se les intentase encontrar. Es posible que los apresados ingleses no hayan sabido el verdadero motivo. En realidad, no sabían ninguno más que el de explorar si había oro en el Estrecho, que es lo mismo que decir, si estaba la ciudad de los Césares. Quizá, como lo hicieron los indios de los Llanos con la información sobre barcos en Chiloé, enterándose los ingleses de la importancia que se daba en el Perú a esta ciudad oculta, recordaron lo expresado alguna vez por Enriques en el barco.

Agradecimientos:

Este artículo es producto del proyecto Fondecyt Regular 2015- 2017, Dimensión local de los conflictos imperiales entre España e Inglaterra en el período colonial: la Patagonia Occidental, N° 1150852.

A Lucrecia Enríquez, académica del Instituto de Historia de la Pontificia Universidad Católica de Chile, con quien coincidí durante un mes en el Archivo de Indias cuando estaba leyendo la documentación que dio origen a este artículo, en marzo del 2017. Con su actitud de atención y empatía respaldó las ideas aquí escritas. También a: Natalia Gándara, por re fotografiarme un documento de la British Library; Elizabeth Montañez-Sanabria, por ayudarme a leer un manuscrito inglés; y muy especialmente a Fernando Wilson, por su generosa traducción del inglés de un documento, y sugerencias para su comprensión, y por traducir, también, el abstract.

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1La fragata Sweepstakes, de 300 toneladas, 36 cañones y 80 hombres al mando de John Narborough, y el pinque Batchelour, de 80 toneladas, 4 cañones y 20 hombres al mando de Humphrey Fleming.

226 de septiembre para Inglaterra (calendario juliano), y 6 de octubre para España (calendario gregoriano).

3El diario del capitán (complementado, cuando se dejó de escribir, con el del teniente Pecket) fue publicado en 1694. VV. AA. (1694). An account of several late voyages and discoveries to the south and north. Towards the streights of Magellan, the South Seas, the vast tracts of land beyond Hollandia Nova, also towards Nova Zembla, Greenland or Engrondland, by Sir John Narborough, capitan Jasmen Tasman, capitan John Wood, and Frederick Marten of Hamburgh. Londres: Printed for Sam. Smith and Benj. Walford, printers to the Royal Society, at the Prince’s Arms, in S. Paul’s Churchyard. Además, existe como fuente el diario que llevó John Wood: Capt. Wood’s voyage throº the Streights of Magellan, en: Hacke, W. (1699). Acollection of original voyages. Londres: Printed for James Knapton. Es imprescindible considerar a Burney, J. (1813) A chronological history of the discoveries of the South Sea or Pacific Ocean. Londres: Printed by Luke Hansard, Vol. III, capítulo XIII, pp. 382-316.

4Burney 1813, op. cit., p. 375.

5Escrito en los documentos como Enriquez o Henriquez, con o sin el segundo apellido, Clerque, se menciona en el diario de Narborough como Don Carolus, sin explicar el por qué su presencia en la expedición.

6Peter Bradley, desde 1974, le ha dedicado un artículo y dos capítulos de libros, a los que nos referiremos más adelante. Los estudios en Inglaterra se limitan a él.

7Lohmann, G. (1946). El conde de Lemos.Madrid: Publicaciones de la Escuela de Estudios Hispanoamericanos. Basadre, J. (1948). El conde de Lemos y su tiempo (bosquejo de una evocación y una interpretación del Perú a fines del siglo XVII). Lima: Editorial Huascarán, Colección de autores peruanos del siglo XX, V. 2.

8Ha repetido la frase de Burney, por ejemplo, por Vicuña, B. (1936) [1869], Historia de Valparaíso, Tomo I, Santiago: Imprenta de la Dirección General de Prisiones, p. 237.

9Fue profesor del Centro de Estudios Judaicos de la Universidad de Chile. Böhm, G. (1963). Nuevos antecedentes para una historia de los judíos en Chile Colonial. Santiago: Editorial Universitaria. Apartado “La trágica expedición de Don Carolus”, pp. 56-59.

10Barros, J. (1988). “La expedición de Narborough a Chile: nuevos antecedentes”. Anales del Instituto de la Patagonia, Serie Ciencias Sociales, 18,35-59.

11Martinic, M., & Moore, D. (1982). “Las exploraciones inglesas en el estrecho de Magallanes 1670-1671. El mapa manuscrito de John Narborough”. Anales del Instituto de la Patagonia, Serie Ciencias Humanas, 13,7-20.

12Guarda, G. (1990). Flandes Indiano. Las fortificaciones del Reino de Chile, 1541-1826.Santiago: Universidad Católica de Chile, p. 18.

13Urbina, X. (2016). “La sospecha de ingleses en el extremo sur de Chile, 1669-1683: actitudes imperiales y locales como consecuencia de la expedición de John Narborough”, Magallania, 44(1), pp. 15-40.

14Barros 1988, op. cit.,p. 49. A pesar de haber Burney incluido esta expedición en su libro de 1813, cuando en 1856 se compraron documentos pertenecientes al conde de Melfort, dentro de los cuales había un grupo de ellos, españoles y en papel sellado, referidos a la expedición que nos ocupa, y se les clasificó, no se sabía de qué expedición se hablaba, no se le relacionó con Narborough, y hasta hubo que agregar -en 1856- una explicación de dos páginas para decir qué era aquello que se mencionaba tan repetidamente como Baldivia. British Library, Additional Ms., Nº 21.539, Spanish American Papers.

15Barros 1988, op. cit., pp. 42 y 43. Probó que hubo dos planes de Enriques: uno directamente colonizador, y otro, de avanzada, explorador-comercial. Carlos II habría autorizado el segundo. Los documentos que analiza están en Public Record Office, Vol. C.O. 1/33 (The National Archives, Londres).

16Burney 1813, op. cit., Tomo 3, pp. 323-326.

17Declaración de Armiger. Valparaíso, 13 de marzo de 1671. Archivo General de Indias, Audiencia de Lima, Legajo 73 (en adelante AGI, Lima, 73).

18El abate francés Bernou había escrito en 1684 que el rey de Inglaterra envió al estrecho de Magallanes una expedición al mando de Mr. Narborough con objeto de apoderarse de Chile, que fracasó. Citado en Basadre, J. (1935). “América en el siglo XVII. Diego de Peñalosa y sus intrigas en las cortes de Carlos II de Inglaterra y Luis XIV”,Revista del Instituto Sanmartiniano del Perú, diciembre, p. 31. La cita procede de: Bernou a Renaudot. Roma, 29 de febrero de 1684, en: Margry, P. (1879). Memoires et documents pour servir a l’Histoire des origines francais des pays d´Outre Mer. Paris: Maisonneuve et cie. Tomo III, p. 73.

19Se hizo toma de posesión en Puerto Deseado, de las tierras de la América, desde puerto Deseado al sur, al son de clarinetes, tiros de artillería, batimiento de banderas y aclamación de viva el rey. Aunque había rastros de una antigua toma de posesión holandesa en ese lugar (hallaron una caja de lata pequeña de una cuarta algo menos con unos papeles dentro podridos que no se pudieron leer, y asimismo una tabla de plomo clavada en una estaca en la tierra con un letrero que decía cómo los holandeses habían llegado allí. Declaración de Fortescue. Lima, 22 de abril de 1675. AGI, Lima, 73) ello no fue suficiente, por lo que no borraron memoriade los estados de Holanda. La forma que observaron fue haber metido el capitán las manos en la tierra, levantándola y volviéndola de una parte a otra, al tiempo que disparaban una pieza de artillería y brindaban con cerveza a la salud del rey de Inglaterra. Declaración de Armiger. Lima, 25 de abril de 1671. AGI, Lima, 73. Más adelante, en San Julián no tomaron posesión por ser la tierra poblada (el solo ver ranchos, aun cuando vacíos, era indicativo) y por la misma razón no lo hicieron en el estrecho de Magallanes ni en la isla de los 45º (Nuestra Señora del Socorro, hoy llamada Guamblín).

20Uno de los que viajaban en el barco dijo que Enriques era la única razón de haber pasado la fragata, porque había asegurado que Valdivia estaba poblada y era tierra de indios muy ricos que tenían guerra con los españoles. Declaración de Tomás de la Iglesia. Lima, 24 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

21Böhm estudió las proposiciones hechas a Oliver Cromwell por el criptojudío Simón de Casseres. Sitúa en Bodleian Library (Oxford), Rawlinson Mss, A30, fols. 151-152, su plan de 1655 para apoderarse de Chile, territorio con más oro que Perú o cualquier otro territorio en el mundo, mediante cuatro fragatas de guerra, cuatro buques de abastecimiento y mil soldados, que cruzando el estrecho de Le Maire llegarían hasta Valdivia, donde -decía- ya no había españoles. Lo haría con el apoyo de los indios de Chile, los más guerreros entre todos. La isla Mocha (allí había recalado Drake) sería un punto de apoyo. Böhm 1980, op. cit., pp. 138-139. También, sobre la mención a Valdivia en otros planes, Guarda, 1990, op. cit., p. 18

22Se le dedica a los hechos una nota al pie en Guarda, G. (1990). Nueva historia de Valdivia. Santiago: Ediciones de la Universidad de Chile, p. 182.

23VV. AA. 1694, op. cit., p. 84.

24El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Lima, 28 de mayo de 1671. AGI, Lima, 72.

25Información hecha en Valdivia por el gobernador de aquella plaza. Castillo de San Pedro de Mancera, 29 de diciembre de 1670. AGI, Lima, 73.

26Sobre este primer desembarco inglés, el teniente Armiger afirmó que Pecket había desobedecido, porque Narborough le había ordenado que se acercase a tierra en la chalupa pero sin saltar a ella, quedándose con la bandera desplegada esperando hasta que llegase a ellos la canoa de españoles. Pecket, dice Arminger, desembarcó y fue hacia uno de los castillos. Consta en la carta que escribió al secretario del duque de York. AGI, Lima, 72.

27El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Lima, 28 de mayo de 1671. AGI, Lima, 72.

28Brindaron con grande festejo y regocijoy música de trompetas, clarines, cítara y laúd. Un mulato que hablaba español hizo de intérprete, y por medio de él Narborough le hizo saber a Delso que por aquel día era dueño del bajel y que ordenase lo que quisiese. En la noche le dio para descansar su cama, le mandó poner la aguja de marear con luz a la cabecera de ella, para que viese el rumbo que llevaba la nao, y le envió a cada hora aguardiente. Idem.

29Idem.

30A los cuales sustentaré con el lucimiento que requieren sus personas, y a toda la gente del dicho navío[…], a los cuales daré cada mes de ración 60 panes y 15 libras de carne salada seca que es la ración que se da a los soldados del rey mi señor que sirven en la plaza de Valdivia y en estas cuatro fortificaciones. Información hecha por el gobernador de Valdivia. Mancera, 30 de diciembre de 1671. AGI, Lima, 73.

31Contrariado, dijo que solo había pedido agua y leña, que no necesitaba bastimentos, y que se iría. Declaró Buitrón que Narborough hablando con los suyos, les dijo que antes de un año volvería con 12 navíos a buscar a los ingleses, y le cortaría la cabeza a Montoya, de lo que se enteró Buitrón por el mulato. Después de mostrarle con el libro de cartas de marear cómo conocía bien el Estrecho y las distancias y derroteros en el Mar del Sur, le preguntó por la cantidad de cañones y hombres que defendían las fortalezas. Cuando el ayudante respondió abultando el número a 85 piezas y 1.500, Narborough soltó tres veces una carcajada, diciendo que por su anteojo de larga vista sabía que en Amargos no había más de 6 piezas, igual que en Corral, 13 en Mancera y 9 en Valdivia, y que no llegaban a 500 los hombres que pudiesen tomar armas. Enojado, añadió que llevaba escritos los nombres del gobernador y demás oficiales de Valdivia para quejarse a su rey, y refirió el ayudante que había cogido una pistola y apuntando a una ventana de la cámara de popa la disparó con dos balas diciendo al ayudante que de la misma suerte que había tirado a aquella ventana le pasaría el pecho al gobernador por lo mal que se había portado con él. El gobernador de Chile, Juan Henriquez, a la reina. Concepción, 22 de febrero de 1671. AGI, Lima, 72.

32El 1 de enero de 1671 se reconoció el barco mar afuera tres leguas a barlovento del puerto, y según el viento sur que corría se juzgó que su viaje era para el Estrecho, por haber dicho los prisioneros que ya no harían el viaje a las Molucas.

33Declaración de Fortescue. Lima, 24 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

34Así lo vieron y declararon en Mancera, el 31 de diciembre de 1670, el capitán Manuel Andrés Piñero, que llegando en el barco Nuestra Señora de la Granadaa Valdivia durante esos días conduciendo el situado desde Lima, vio desde cerca al navío en cuestión; el indio José, que hablaba español, natural de la Mariquina, quien por ir de remero en un bote a dejar una carta al barco inglés, tuvo ocasión de subir a él y curiosear; el soldado Carlos Ignacio Quiroga, que habló informalmente con uno de los ingleses que desembarcó. AGI, Lima, 73.

35El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Lima, 15 de mayo de 1671. AGI, Lima, 72.

36Barros, D. (1999) [1885]. Historia general del reino de Chile. Santiago: Editorial Universitaria y Centro de Estudios Diego Barros Arana, Tomo V, p. 100.

37VV. AA. 1694, op cit., p. 98.

38Mapa llamado “Baldivia” (1676), sin firma, en: Hurtado, Manuel Joseph, Derrotero General de la Mar del Sur, Callao, 1730, publicado por Guarda, G. y Moreno, R. (2010). Monumenta Cartographica Valdiviensae. Santiago: Corporación de Amigos del Patrimonio Cultural de Chile, p. 122.

39Moll, Herman. Puerto de Valdivia, 1731. Biblioteca Nacional de París, en Guarda 1990, op. cit., p. 66, fig. 108.

40Información hecha en Valdivia por el gobernador de aquella plaza. Castillo de San Pedro de Mancera, 29 de diciembre de 1670. AGI, Lima, 73.

41Urbina, X. (2009). La frontera de arriba en Chile Colonial. Interacción hispano-indígena en el territorio entre Valdivia y Chiloé e imaginario de sus bordes geográficos, 1600-1800. Valparaíso: Centro de Estudios Diego Barros Arana y Ediciones Universitarias de Valparaíso, de la Pontificia Universidad Católica de Valparaíso.

42Información hecha en Valdivia por el gobernador de aquella plaza. Castillo de San Pedro de Mancera, 29 de diciembre de 1670. AGI, Lima, 73.

43Ahillo, interesante empleo de un concepto andino, Ayllo, conocido en Chile central, para referirse a las parcialidadeso cacicazgos(conceptos españoles).

44Por último, Pispis, de 23 o 24 años, natural de los Llanos, sujeta al cacique Penonan, y otra llamada María, de 26 años, bautizada, de otro cacicazgo.

45Schmidt, B. (1999), “Exotic allies: The Dutch-Chilean encounter and the (failed) conquest of America”, Renaussance Quartely, 52(2), 440-473.

46El gobernador de Chile, Juan Henríquez, a la reina. Concepción, 22 de febrero de 1671. Lima 72.

47En una declaración de Carlos Enriques en que relata cómo llegó a pedir amparo al castillo de Amargos, dijo: que de noche llegó al foso del castillo de Amargos, donde encontró a unos indios durmiendo en una ranchería, a quienes pidió que avisasen a la centinela del castillo. Declaración de Enriques. Valparaíso, 12 de marzo de 1671. AGI, Lima, 73. Esta presencia indígena en los fuertes de Valdivia y en diferentes lugares españoles coloniales ha sido estudiada por algunos arqueólogos de la Universidad Austral: Adán, L., et al. “Variedad y distribución del material cerámico de tradición hispana a indígena en la ciudad de Valdivia y su jurisdicción entre los siglos XVI y XVII”, en: Calvo, L. y Cocco, G. (editores) (2016). Primeros asentamientos españoles y portugueses en la América central y meridional. Siglos XVI y XVII. Santa Fe: Ediciones de la Universidad Nacional del Litoral. pp. 251- 272.

48No se ha conservado la carta de Montoya, pero si lo que de ella dice el gobernador Juan Henríquez al virrey. Campo de Angol el Viejo, 31 de diciembre de 1670. AGI, Lima, 72.

49Idem.

50“Relación del socorro que el excelentísimo señor conde de Lemos, virrey del Perú, envió a tierra firme para desalojar de Panamá al pirata inglés con otros sucesos de aquel reino”. Archivo General de Simancas (en adelante AGS), Estado, 3249.

51El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Lima, 24 de enero de 1671. AGI, Lima 72. El Consejo de Indias recibió esta carta, la primera en que se le avisaba de los 12 barcos ingleses, el 5 de septiembre de 1671, y ordenó que se atendiese la defensa. Como desde julio tenía noticia de haber regresado a Inglaterra un barco desde Valdivia, lo que sabía por las cartas del conde de Molina, era seguro que había movimientos en el Mar del Sur.

52Por cédula de 27 de junio de 1672 la reina tomaba conocimiento de las noticias comunicadas por el virrey sobre los gastos hechos por el gobernador de Chile por estar a la vista del puerto de Valdivia 12 bajeles acañoneando sus castillos. Respuesta de la Audiencia de Lima a la reina. Lima, 15 de abril de 1673. AGI, Lima, 73.

53VV. AA. 1694, op. cit., pp. 101-102.

54Vea, A. “Relación diaria del viaje que se ha hecho a las costas del estrecho de Magallanes, en el recelo de enemigos de Europa, por Don Antonio de Vea”. Archivo del Museo Naval de Madrid, Colección Fernández Navarrete, T. XX, Ms. 199, fjs. 576-619, f. 606. Después de su confesión, a Talcapillán se le condujo a Lima: por sumagnilidad, como escarmiento y ejemplo se le dieron 200 azotes por las calles de Lima, y durante dos días se le expuso a la vergüenza en la plaza principal, amarrado a una argolla alta. Luego fue llevado al Callao, condenado a sacar piedratoda su vida para el reparo de aquellas murallas. Biblioteca Nacional, Santiago, Sala Medina, Manuscritos Medina, Tomo 235, Dcto. 6288 (en adelante BN, SM, MM).

55Urbina, X. (2016a) “Interacciones entre españoles de Chiloé y chonos en los siglos XVII y XVIII: Pedro y Francisco Delco, Ignacio y Cristóbal Talcapillán, y Martín Olleta”. Chungara, Vol. 48, Nº 1, pp. 103-114.

56Declaraciones de Enriques, de la Iglesia, Cooe y Fortescue. Lima, abril de 1675. AGI, Lima, 73.

57María de la Cruz, su madre, era esclava de un mercader inglés nombrado Tomas Allin. Cuando tenía 12 o 13 años (aproximadamente en 1647) Allin decidió irse a Inglaterra, y ofreció darle la libertad a su esclava a cambio de llevarse a su hijo Tomás con él, con la promesa libertarlo al cabo de 14 años (1661). Así pasó a Inglaterra, y cuando se cumplió el plazo y se le dio la libertad, Tomás quiso irse a Sanlúcar, pero Allin le convenció que no lo hiciese y se quedara trabajando para él con un jornal, porque había sabido por carta de su hermano, estante en Sanlúcar, también mercader, que su madre había muerto cuando la peste de Sevilla (calculando, fue aproximadamente en 1650). Desde entonces, asistiendo a Allin, que, dice Tomás, es general de la Armada de Inglaterra, estuvo entre otros lugares en Cádiz, Málaga y San Sebastián de Vizcaya, cargando frutos de la tierra, hierro o lanas.

58Declaración de Tomás de la Iglesia. Lima, 4 de mayo de 1671. AGI, Lima, 73.

59VV. AA. 1694, op. cit., p. 112.

60Urbina 2016b, op. cit., pp. 24-27.

61El conde de Molina a la reina. Londres, 26 de octubre de 1671. AGS, Estado, 2546.

62Idem.

63En el libro de Marley, D. (2010). Pirates of the Americas, Vol. 1: 1650 1685. California: ABC-CLIO LLC, p. 720, se dice que los hombres de Bartolomé Sharp reportaron que el teniente de Narborough y otros 9 o 10 hombres aún permanecían cautivos en Lima.

64Declaración de Fortescue. Lima, 24 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

65El gobernador de Chile, Juan Henríquez, a la reina. Concepción, 17 de febrero de 1671. AGI, Lima, 73. La diligencia fue hecha por el fiscal de la Audiencia, Francisco de Cárdenas y Solórzano, en marzo de 1671.

66Llegaron a Lima, junto con los demás papeles, y las tradujo un jesuita irlandés.

67Declaración de Tomás de la Iglesia. Lima, 4 de mayo de 1671. AGI, Lima, 73.

68Copia de una carta escrita por Don Juan Fortiscue a Don Matheo Renne secretario de la real alteza del duque de York general de la armada de Inglaterra. Lima, 29 de abril de 1671. AGI, Lima, 72. Están las traducciones, hechas por un sacerdote irlandés en Madrid, y también las cartas originales en inglés.

69Idem.

70El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Lima, 15 de mayo de 1671. AGI, Lima, 72.

71García de Ovalle elogia al virrey por su comportamiento ante los ingleses en Valdivia y Panamá: por ahora se ha salido del cuidado en que se estaba de los enemigos que estaban en Valdivia, que de los prisioneros de quienes se ha sabido que sus designios no fueron de venir a hacer daño en estas costas. El Licenciado Don Pedro García de Ovalle al Sr. Diego Sarmiento de Valladares, Lima, 10 de mayo de 1671, BN, SM, MM, Tomo 161, Dcto. 3227.

72La reina al virrey del Perú. Madrid, 29 de diciembre de 1671. AGI, Lima, 72.

73El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Callao, 24 de mayo de 1672. AGI, Lima, 72.

74La audiencia de Lima a la reina. Lima, 17 de abril de 1673. AGI, Lima, 73.

75Parecer del consejo (papel suelto), 9 de junio de 1673. AGI, Lima, 72.

76Cuando el escribano Pablo González Romo llegó a la cárcel para dejar testimonio lo vio ya envuelto y tendido sobre un petate, y luego un aguador lo cargó y puso sobre una mula, y lo llevamos fuera de esta ciudad y hacia el camino que llaman de los Amancaes. Y había algunas personas que se hallaron presentes en el dicho camino donde vieron que lo enterraron para que conste. Lo enterraron en un pozo hondo. Fe y testimonio de verdad del escribano Pablo González Romo. Lima, 14 de abril de 1674. AGI, Lima, 73.

77El virrey del Perú, conde de Castellar, a la reina. Lima, 28 de abril de 1675. AGI, Chile, 23, R.3, N. 83.

78Urbina, X. (2015), “El chono Cristóbal Talcapillán y su información sobre colonias inglesas en la Patagonia Insular, 1674”, Boletín de la Academia de Historia Naval y Marítima de Chile, 19, pp. 27-44.

79Declaración de Fortescue. Lima, 22 de abril de 1675. AGI, Lima, 73.

80Idem.

81Tomás de la Iglesia habló con él en Lima, y tiene por cierto habla verdad en cuanto a las señales que da del modo de vestir y zapatos que traen los ingleses, porque enseñándole este declarante los calzones y zapatos que tiene y son de Inglaterra dijo el indio eran de aquella manera.

82El virrey del Perú, arzobispo Liñán, al rey. Callao, 27 de agosto de 1678. AGI, Lima, 78.

83La sala del crimen de la Audiencia de Lima de Lima dando cuenta a VM de la sentencia que se dio contra los ingleses. Lima, 20 de diciembre de 1682. AGI, Lima, 87.

84Idem.

85El virrey del Perú, duque de la Palata, al rey. Lima, 20 de junio de 1688. AGI, Lima, 87.

86Barros 1988. Bradley, P. (1974). “Una expedición informativa y fascinadora a las costas de Chile”. Revista Historiografía y bibliografía americanistas, 18 (1), pp. 1-17. Bradley, P. (1986). “Narborough´s Don Carlos”. The Mariner´s Mirror, 72(4), pp. 465-475. Bradley, P. (1989). The lure of Peru. Maritime intrusion into the South Sea, 1598-1701. Nueva York: St. Martin’s Press, cap. 5, “Narborough and the mysterious Don Carlos (1669-71)”.

87Böhm, G. (1980). “Simon de Casseres y su plan de conquista de Chile: antecedentes históricos”. Ibero Amerikanisches Archiv, Neue Floge, 6(1), pp. 117-147.

88MacCarl, C. (2015). “Carlos Enriques Clerque as cryptoJewish confidence man in Francisco de Seyxas y Lovera´s Piratas y contrabandistas(1693)”, Colonial Latin American Review, 24, 2015, pp. 406-420. Agregó dos nuevas fuentes al tema: una copia manuscrita del diario de Narborough adquirida hace poco por la British Library, que contiene nueva información sobre Enriques, referida en la nota Nº 12 como: British Library, Add. MS 88980; y sobre todo, el libro marino gallego Seyxas y Lovera, de 1693, escrito que ha hecho que McCarl haya visto a Enriques como el representante de una piratería distinta de fines del siglo XVIII. Seyxas y Lovera, F.. Piratas y contrabandistas de ambas Indias y estado presente de ellas (1693), Edición, anotación y estudio preliminar de Clayton McCarl (2011). La Coruña: Fundación Barrié.

89De la Iglesia dijo en Lima, en abril de 1671, que el capitán traía orden de poner a Enriques en tierra y seguir la derrota que él dijese; y uno de los oficiales, que la orden leída decía que el capitán de la fragata debía estar en las costas del Mar del Sur a lo que dispusiese Enriques. Que de la orden se reconocía que sus instancias y suposiciones movieron al rey a despachar el viaje, que había ofrecido comerciar con los tesoros que producen esta tierra.

90Fortescue, preguntado por posibles colonias en el Estrecho en 1675, respondió que hablando un día con Narborough acerca del mal viaje, el cual le dijo a este declarante que si aquel navío volvía a Inglaterra no vendría otro por muchos años, ni tampoco este navío hubiera venido si no fuera por el engaño de Carlos Enrique y que así no se habrá elegido ningún puerto para poblar ni en los que vio este declarante halló ninguno a propósito para las dichas poblaciones. Declaración de Fortescue. Lima, 22 de abril de 1675. AGI, Lima, 73. Luis Cooe dice que oyó decir a Narborough que en volviendo a Inglaterra había de dar noticia a su rey de que no había que volver más acá en su vida porque en el Estrecho en los parajes no hay más que agua y leña sin haber comida. Declaración de Cooe. Lima, 21 de abril de 1675. AGI, Lima, 73.

91A los tripulantes no les gustó la noticia de ir al Mar del Sur, hasta el punto que la gente de mar se puso en forma de motín, atribuyendo todos a Carlos la causa del viaje, y él intentó aquietarlos diciendo que tenía familiares y amigos muy importantes en Chile y Perú. Declaración de Tomás de la Iglesia. Lima, 24 de abril de 1671. AGI, Lima, 73. En las declaraciones de los ingleses apresados se ve que toda la intención de Enriques en el Estrecho, en la costa chilena austral, y en Valdivia, era comunicarse con los indios para ver si tenían oro.

92Que había nacido en el Perú; que era hijo de un gobernador de Chile; que había sido general de caballería en el virreinato; que hacía seis años había dejado el Perú; que una hermana suya vivía allí, casada con un caballero muy poderoso; y que tenía muchos parientes, amigos y conocidos en uno y otro reino. Declaración de Armiger. Valparaíso, 13 de marzo de 1671, y de Tomás de la Iglesia. Lima, 4 de mayo de 1671. AGI, Lima, 73.

93Sus compañeros de barco lo consideraban español, y en Chile y Perú no lo consideraron alemán, a pesar de decir haber nacido en Alsacia, Alemania, hijo de madre alsaciana. En el barco era Carlos Enriques, y apenas desembarcó se agregó el apellido Clerque, quizá para transformarse de español o portugués en el alemán que quería ser en Chile. Por la información que de él da Seyxas y Lovera, adhiero a la interpretación de McCarl de haber sido portugués, considerando también que el virrey del Perú dijo, a poco de su llegada a Lima, que era católico, de nación alemán, aunque se entiende es portugués, según las cláusulas y dicciones que le han advertido. El virrey conde de Lemos a la reina. Lima, 28 de mayo de 1671. AGI, Lima, 72, y que otro documento escrito en Lima en 1671 dice que Carlos era español, de nación portugués. “Relación del socorro que el excelentísimo señor conde de Lemos, virrey del Perú, envió a tierra firme para desalojar de Panamá al pirata inglés con otros sucesos de aquel reino”. AGS, Estado, 3249.

94Declaración de Fortescue, Lima, 22 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

95Declaración de Armiger. Lima, 25 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

96Llevaba como criado al ya citado Tomás de la Iglesia. Iba también con él otra persona, que comía a su mesa y le servía. Se trataba de Guillermo Meditit, de 28 años, hijo de un caballero inglés capitán de caballos del príncipe Roberto -el padre de Enriques, según él-, una persona de mucho lustre y estimación en Londres. Declaración de Tomás de la Iglesia. Lima, 4 de mayo de 1671. AGI, Lima, 73.

97Declaración de Armiger. Valparaíso, 13 de marzo de 1671. AGI, Lima, 73.

98El virrey del Perú, conde de Lemos, a la reina. Lima, 28 de mayo de 1671. AGI, Lima, 72

99Los ingleses y Enriques solo se volvieron a ver cuándo estuvieron en el puerto de Valparaíso. Declaración de Tomás de la Iglesia. Lima, 24 abril de 1671. AGI, Lima, 73

100Declaraciones de Armiger y Fortescue en Lima, 22 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

101Carlos Enriques al virrey del Perú. Valdivia, 28 de enero de 1671. AGI, Lima, 73. También en British Library, Additional Ms., Nº 21.539, Spanish American Papers, Dcto. Nº 8.

102Carlos Enriques al virrey. Concepción, 11 de febrero de 1671. AGI, Lima, 72.

103Dijo que su madre se llamaba Ana Clerque. Unos años antes, un cierto Baltasar Pardo de Figueroa, que ofreció sus conocimientos empíricos sobre el Perú al rey de Francia, también decía que su madre se llamaba Ana Clerque. Esto fue notado por Bradley, P. (1986), p. 461: Pardo, Enriques y de Diego de Peñaloza Briceño (el peruano traidoral rey de España que hemos ya mencionado), todos dicen tener vínculos con el Perú y ofrecieron a reyes extranjeros planes en Chile y Perú. Ello - y todo lo que sigue - da cuenta de lo informado que estaba Enriques y de cómo urdía sus mentiras con mezcla de verdades.

104Lo dice Juan Fortescue en la carta escrita a su padre desde Lima, 29 de abril de 1671. AGI, Lima, 72.

105apel que escribió Juan Fortiscue en inglés, traducido en español por el padre Ignacio Walter Pover y el sargento Antonio de Contreras. Valparaíso, marzo de 1671. AGI, Lima, 73.

106Declaraciones de Armiger y Fortescue. Lima, 25 de abril de 1671. AGI, Lima, 73.

107Carlos Enriques al virrey. Valparaíso, 12 de marzo de 1671. AGI, Lima, 73.

108Como lo habían hecho, supuestamente, los sobrevivientes de un naufragio ocurrido en 1540 en el Estrecho, lo que se supo porque dos de ellos llegaron a Concepción y relataron lo sucedido. “Relación de Pedro Oviedo, natural del condado de Nieva, y Antonio de Cobos, carpintero de ribera, personas que venían en los navíos del obispo de Plasencia. Memoria firmada de sus nombres que dejaron al licenciado Julián Gutiérrez de Altamirano, teniente general del reino de Chile”. Medina, J. (1956). Colección de documentos inéditos para la Historia de Chile. Santiago: Fondo Histórico y Bibliográfico José Toribio Medina, Tomo III, Dcto. CVII, pp. 465-468.

109Ovalle, A. (2003) [1646]. Histórica relación del reino de Chile. Santiago: Editorial Pehuén, p. 124.

110Sanson, Nicholas, 1656. 54 x 40 cms. Le Chili. Tiré de celuy que Alf. De Ovalle P. de la C. a fait imprimer a Rome en 1646. En: Barry Lawrence Ruderman Antique Maps Inc. www.raremaps.com

111Estellé, P. y Couyoumdjian, R. (1968). “La ciudad de los Césares: origen y evolución de una leyenda”. Historia, 7, pp. 283-309.

112Solo se quedaron unas tres horas con ellos por la muchedumbre y piraguas que iban bajando por el río con gente armada, y por tierra otras muchas cuadrillas con lanzas, dardos, arcos y saetas que les obligaron a embarcarse y volverse a sus navíos de temor de lo que les podía suceder. Carlos Enriques al virrey del Perú. Valdivia, 28 de enero de 1671. AGI, Lima, 73.

113Drake, dice Enriques, entró 20 leguas por el estrecho de Anian, pero encontró algunos inconvenientes y además no tenía cartas de mar ni noticias, y no llevaba embarcaciones de remo, por lo que retrocedió. Estimó que era más fácil pasar el estrecho de Anian que el de Magallanes. Los de la Compañía dicen que es más fácil descubrirlo yendo por el Mar del Sur que por el del Norte, porque lo han intentado ya las embarcaciones de los reyes de Inglaterra, Suecia, Francia, Dinamarca y Holanda, pero el frío, nieves y heladas lo han impedido. Sobre el estrecho de Anian la Compañía también tenía información secreta: que en 1609 llegó a Dublin un barco español de capitán y pilotos portugueses, que saliendo de un puerto del Mar del Sur, una tormenta lo llevó por el estrecho de Anian y desembocó en el Mar del Norte. Enterado, Felipe III ordenó quemar diarios y registros del viaje para que nadie se enterase del paso. Agregan que los capitanes que han estado en el Mar del Sur dicen que el viaje de Europa a la India por el estrecho de Anian puede hacerse en menos de 40 días, en menos de 30 a Panamá y de 40 a Valdivia. Todo esto lo aseguraba Enriques. Carlos Enriques al virrey del Perú. Valdivia, 28 de enero de 1671. AGI, Lima, 73.

114Gil, J. (1989). Mitos y utopías del Descubrimiento, Tomo 2, El Pacífico. Madrid: Alianza, capítulo “La tierra del César”, pp. 293-305.

115Ibídem, p. 264.

116El peruano Diego de Peñaloza y Briceño contemporáneamente proponía descubrimientos y riquezas a los reyes de Francia e Inglaterra: dijo que había descubierto el reino de Quivirá, en Nuevo México, rico en oro y oculto a los españoles. Estaba en Londres para 1699, como Carlos, y además el conde de Molina también relacionó a ambos. Dado el ofrecimiento de un reino rico en oro en Quivirá en las cortes europeas, ¿no habrá ilusionado también el Peñaloza con la ciudad de los Césares a Enriques? Basadre 1935, op. cit.,p.31. Peñaloza presentó una relación sobre el descubrimiento que hizo al rico reino de Quivirá en Nuevo México, expedición que habría sido en 1662.

117Es de 1715. Díaz de Rojas, “Derrotero, camino cierto y verdadero desde la ciudad de la Trinidad puerto de Buenos Aires, hasta la ciudad de los españoles que vulgarmente llaman ciudad encantada”. AGI, Chile, 153. Circuló impreso.

118Declaración de Fortescue. Lima, 22 abril de 1675. AGI, Lima, 73.

119Declaración de Cooe. Lima, 22 de abril de 1675. AGI, Lima, 73.

120Nada se le puede creer a Enriques-Belin, pero más parece que haya sido un Enriques cripto-judío portugués, que un Belin francés, considerando lo que afirmó Seyxas y Lovera; la conexión con Casseres; la presencia de varios miembros de la familia Henriques (así lo escribe él) en América alrededor de 1650. Böhm 1980, op. cit.,p. 142; y que habiendo dicho que era Belin, cuando se le pidió que firmara su declaración, exhausto por la tortura, lo hizo escribiendo el nombre Carlos Enriques Clerque.

121Expediente de los excesos del gobernador Francisco Meneses. AGI, Chile, 55-A y 55-B.

122Dijo que la verdad del objetivo de su viaje solo la comunicó en Portugal al marqués de Marialva, quien junto a Rodrigo de Meneses, hermano de Francisco, le dio dinero. Que el marqués de Marialva había quedado con Enriques de enviarle con 5 bajeles, pero que se suspendió por las paces entre Castilla y Portugal, por lo que, suponemos, buscó hacerlo bajo la bandera de Inglaterra. El maestre de campo, Antonio Montero del Águila, al gobernador de Chile. Concepción, 16 de febrero de 1671. AGI, Lima, 73

123Aviso al gobernador de Chile de un criado de Meneses. Sin fecha (alrededor del 11 al 16) de febrero de 1671. AGI, Lima, 73.

124En Lima dio una tercera versión: que no venía a apoyar a Meneses, sino que lo mencionó en el barco porque viendo que la gente estaba amotinada por falta de bastimento él los aquietó diciendo que los conseguiría con él, porque era su amigo, y que aun les dijo que era su padre. Es decir, lo usó como excusa para bajar a tierra, porque su objetivo era quedarse en Chile para alertar.

125Consulta del señor licenciado Lope Antonio de Munibe. Lima, 26 de abril de 1671. AGI, Lima, 73. Munibe fue quien le llevó el juicio de residencia a Meneses en 1668.

126Gil 1989, op. cit., Tomo II, p. 299.

127Preso en Arica, Trujillo o el Callao. Ibídem, p. 300.

128La sala del crimen de la Audiencia de Lima al rey. Lima, 20 de diciembre de 1682. AGI, Lima, 87.

129El virrey del Perú, Melchor de Navarra, al rey. Lima, 20 de noviembre de 1682. AGI, Lima, 87.

130La sala del crimen de la Audiencia de Lima al rey, Lima, 20 de diciembre de 1682. AGI, Lima, 87.

131López, Juan Luis. Decission de la Real Audiencia de los Reyes. En favor de la Regalía y Real Jurisdicción, sobre el artículo dos veces remitido en la causa de Oliberos Belin, llamado comúnmente Carlos Clerque. Lima, 1682.

Recibido: 06 de Junio de 2016; Aprobado: 31 de Agosto de 2017

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