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Magallania (Punta Arenas)

On-line version ISSN 0718-2244

Magallania vol.47 no.1 Punta Arenas  2019

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442019000100205 

DOCUMENTOS INÉDITOS PARA LA HISTORIA DE MAGALLANES

Punta Arenas y los Kawésqar en 1869. Bitácora de Samuel Campbell (H.M.S. Nassau, 1866-1869)

Alberto Harambour1 

1 Universidad Austral de Chile, Centro FONDAP-Ideal, Chile. E-mail: albertoharambour@gmail.com.

El H.M.S. Nassau tenía como misión completar la información relevada por las primeras y más famosas expediciones lanzadas por el Almirantazgo, desarrolladas entre 1826 y 1830 y luego entre 1832 y 1834 por el Beagle, el Adventure y el Adelaide. Las cartas marinas levantadas entonces permitieron el cruce de los vapores de la Pacific Steam Navigation Company (Harambour, 2019), que inauguraron el tránsito comercial entre los puertos de Valparaíso y Callao (1843), Panamá (1846) y luego toda la costa este sudamericana. Esas mismas cartas sirvieron para que una expedición chilena iniciara, en 1843, la ocupación de la costa norte del Estrecho. Si hasta entonces la relevancia económica del paso interoceánico era nula, el perfeccionamiento de las técnicas de navegación, la expansión territorial de los estados y de las redes ferroviarias determinaron la realización de nuevos estudios para favorecer las rutas que la Pacific buscaba abrir en la década de 1860. La misión del Nassau, capitaneado por R.C. Mayne, era concentrar su estudio en la zona oriental del Estrecho y, de hecho, a partir de 1868 se inició el comercio regular entre Gran Bretaña y los países del Pacífico americano. Las recaladas (o llamadas) en la precaria colonia de Punta Arenas la transformaron en un punto geopolíticamente clave. En la década siguiente, el aumento de la navegación demandó nuevos estudios, emprendidos nuevamente por el Almirantazgo británico. Las dos últimas grandes expediciones hidrográficas británicas las realizaron buques por primera vez especializados para los sondajes: el Challenger, en 1876, y el Alert, en 18791.

Cada una de estas expediciones fue significativa para la expansión americana de un imperio global, como el Británico. A través de la Pacific Steam Navigation Company se abrió la Patagonia austral al despojo de sus pueblos originarios mediante el despliegue de las soberanías ovinas, combinando las fuerzas de los capitales británicos y los estados nacionales (Harambour, 2019). Las primeras expediciones, lideradas por Philip Parker King y Robert Fitz Roy, tuvieron repercusión mundial no sólo por su impacto en la navegación. Sus anotaciones fueron fundacionales en numerosos campos científicos, y han servido de base y objeto para miles de estudios. En su vuelta al mundo, Charles Darwin comenzó a definir los materiales para su teoría sobre el origen de las especies (que lo enfrentaría a Fitz Roy, gobernador de Nueva Zelanda al inicio de las Guerras Maoríes, político conservador e influyente miembro de la Royal Geographical Society). Las siguientes expediciones, conducidas en Patagonia por los buques Nassau y Alert entre 1866 y 1869 y en 1879 y 1880, respectivamente, no han tenido un impacto ni remotamente similar.

A diferencia del best seller de Fitz Roy (1839), quien editó los volúmenes de su autoría, de Parker King y Darwin, las narrativas de viaje siguientes, publicadas por Cunningham (1871) Notes on the Natural History of the Strait of Magellan and West Coast of Patagonia, y por Coppinger (1883), Cruise of the Alert, no fueron traducidas ni al castellano ni a otros idiomas. La primera no fue reeditada jamás, y la segunda en al menos cinco ocasiones, por su importancia para los estudios sobre Polinesia y Australia. Sus ediciones originales hoy se encuentran digitalizadas y disponibles gratuitamente, pero aun así sus planteamientos sobre los espacios marítimos patagónicos no han sido discutidos, y han sido citados en contadas ocasiones en el campo de las ciencias naturales, la arqueología y la antropología2. Aunque ambos textos tienden a la repetición acrítica de los conceptos vertidos por los científicos del Beagle y el Adventure respecto de los pueblos canoeros y las peculiaridades geoclimáticas de Patagonia occidental, presentan sin embargo matices novedosos respecto de las artes de pesca, caza y navegación, así como en cuanto a las locaciones y frecuencias del nomadismo canoero, que hacen recomendable volver sobre ellos en extenso.

En estos dos viajes casi ignorados los médicos a cargo, M.D. o doctores en medicina, llevaron regularmente sus bitácoras como cirujanos responsables y anotaron, además, impresiones sobre los pueblos con los que entraron en contacto. En el caso del Nassau, el médico en jefe era Samuel Campbell, quien dejó un breve registro de sus observaciones de 1868 sobre la colonia chilena de Punta Arenas y sobre los kawésqar, a quienes llamó fueguinos occidentales. Con ello se hace en esta bitácora inédita una distinción respecto de las clasificaciones étnicas de Fitz Roy y del cronista oficial de su propia expedición, el naturalista Cunningham. Comparte con ellas, sin embargo, la idea del vagabundeo o errancia de los pueblos en movimiento que, contra las imágenes recurrentes transmitidas por los viajeros, tenían sus propias estancias o sitios de permanente estadía y reunión. Respecto de Punta Arenas, la descripción de la Colonia a dos décadas de su fundación y una antes del comienzo de la apertura comercial del Estrecho a la navegación por la Pacific Steam Navigation Company, que coincidió con el desembarco de las ovejas malvineras, permite visualizar un aislado asentamiento, donde los primeros colonos con apoyo estatal comienzan a levantar un pueblo que vive de las raciones enviadas desde el norte y del comercio con los tehuelches-aonikenk.

A continuación, se transcribe íntegramente, traducida del inglés al castellano, la bitácora médica de Samuel Campbell. Los originales se encuentran conservados en The National Archives, Kew Gardens, Londres, y fueron consultados en septiembre de 2018.

Transcripción

El asentamiento chileno de Sandy Point, en los estrechos de Magallanes, se ha incrementado mucho por inmigrantes de Valparaíso y Chiloé en el último año3.

Ahora llega a unos 800 hombres, mujeres y niños, incluyendo una pequeña guarnición de 30 o 60 soldados, y algunos convictos. Todos están ocupados en limpiar la tierra y construyendo casas de madera. Los inmigrantes tienen un apoyo del gobierno chileno y son abastecidos con provisiones hasta que pueden hacer producir su propia tierra4 (Figura 2).

Fig. 1 Final de la bitácora médica e inicio de la descripción de la colonia de Punta Arenas. The National Archives, ADM 101/288/1/002. 

Fig. 2 Punta Arenas (Sandy Point). Grabado coloreado de Waterston & Son, Edimburgo, sobre la base de un dibujo de Frederick Le Breton Bedwell (Cunningham, 1871, p. 70). 

Los cultivos verdes de todo tipo crecen bien acá, pero las temporadas son muy cortas para madurar granos. El sitio está bien escogido cerca del comienzo del campo boscoso, protegido de los vientos prevalentes del oeste y bien provisto de madera y agua. El ganado prospera remarcablemente bien, y hay más de 1200 cabezas en el asentamiento que se incrementan rápidamente. Ovejas y cerdos también crecen bien. Carbón de dudosa calidad (todavía no testeado suficientemente) ha sido descubierto dentro de nueve millas [14 kilómetros] del establecimiento y se dan pasos para trabajarlo, así es que el gobernador (quien es un hombre muy enérgico), espera en un corto tiempo ser capaz de suplir a los barcos con carbón y carne fresca, al pasar a través de los estrechos5. De cumplirse sus expectativas, es enteramente posible que este asentamiento supere a las islas Falkland como estación de carga de carbón para los vapores que pasan al Pacífico, siendo buena la recalada, y posee muchas ventajas. El clima es placentero durante el verano estando libre de la sequía de las planicies del Este, y de la excesiva lluvia del país montañoso del Oeste. Aún en el invierno el frio no es nunca excesivo -el termómetro rara vez o nunca cae bajo los 20° Farenheight [-6° Celcius]. El clima es muy saludable, estando libre de fiebres de todo tipo. Los habitantes parecen sufrir bastante de catarros, bronquitis crónica y reumatismos, pero estas enfermedades parecen estar muy agravadas por su modo de vida6. Las casas, en su mayor parte miserable casuchas de madera, son construidas sin ninguna preocupación por la ventilación, sin chimeneas y calentadas solo por el carbón ubicado al centro de la habitación en la que los ocupantes se sientan hasta que están casi sofocados, y predispuestos a sufrir de la menor exposición al frío. La región entre el cabo Pillan y la entrada occidental a los Estrechos (que se extiende por más de 300 millas [480 km] a ¡o largo de la costa) desde el golfo de Penas, es la más estéril y desolada que se pueda llegar a imaginar. Los canales Smyth y Messier tienen rara vez más de 2 o 3 millas [3 o 5 km] de ancho y a veces se angostan a un cuarto de milla [400 metros]. Se extienden por todo el camino entre inmensas montañas de granito gris, la continuación de las cadenas de las Cordilleras. Un infierno de vegetación, compuesta principalmente por hayas y moras enanas siempre verdes con unos pocos arbustos que florecen escalando las rocas hasta una altura de 500 o 600 pies. Sobre este granito puro aparece la roca, derrumbándose y lavada por la lluvia constante. Muchos de estos picos están cubiertos por nieve perpetua y hay bastantes glaciares magníficos, pero es extraño que el amante de la naturaleza se vea favorecido con su vista a través de las nubes y la lluvia. En las pocas manchas en que es posible apenas caminar todo el suelo está cubierto por una capa profunda de musgo y líquenes y así de pronto con agua, que uno se hunde hasta la rodilla casi a cada paso. Lo que más le choca a uno en esta región es la casi total ausencia de vida animal. Puedes vagar por horas sin ver una cosa viva. A lo largo de la playa, unos pocos especímenes de algas o gansos de roca (Anas Antarctica), y patos vapor (Anas Brachyptera) se ven alimentándose entre las algas, y una especie de Martín Pescador y dos o tres tipos de cormoranes son comunes. Una especie grande de ciervo se encuentra ocasionalmente, pero debe ser raro porque nunca vimos uno. Unas pocas focas y una pequeña nutria se ven ocasionalmente entre las rocas; las pieles de éstas últimas forman la escasa prenda de los miserables nativos. Aún los agitados mares son aquí un engaño. En Sandy Point, Port Famine y puerto Gallant en los estrechos tuvimos algunos buenos lances de pesca [3] pero en los canales, aunque tratamos en uno o dos lugares donde era posible, no obtuvimos ninguno. El gancho [1] falló también en todas partes. Como podría esperarse estas regiones están muy escasamente pobladas. En conjunto no hemos visto más de setenta u ochenta nativos en estos canales de la parte occidental de los estrechos. Parecen pertenecer todos a la misma familia, pareciéndose unos a otros en su apariencia general y en hábitos. La única diferencia parece estar en la construcción de sus canoas; aquellas de los estrechos están hechas de cortezas, mientras en los canales están hechas de tablas cocidas juntas con cortezas. Ellos difieren considerablemente de los nativos de la parte oriental de Fuegia [Tierra del Fuego], siendo más chicos y generalmente inferiores en apariencia física. De esto se da cuenta fácilmente por sus diferentes modos de vida, los últimos viviendo en buena parte de la caza del guanaco, que abunda en Fuegia oriental, mientras los nativos occidentales viven casi exclusivamente de mariscos y pasan la mayor parte de su tiempo en sus canoas7.

Fig. 3 Fuegian Indians-Western Channels. Grabado a color de Waterston & Sons, sobre dibujo de F. Le B. Bedwell (Cunnigham, 1871, p. 314). 

EUos llevan una vida errante, tomando residencia temporal donde sea que haya más mariscos (principalmente mejillones). Sus chozas desiertas son vistas en cada bahía y puerto. Son hechas enterrando largas ramas de árboles en el suelo en un círculo, y sellándolas por arriba. Son, generalmente, de 6 u 8 pies de diámetro, y 4 o 5 de altura. Cuando cubiertas con hojas y pasto, presentan la apariencia de grandes colmenas de árboles. Mantienen un fuego de maderas en el centro. Su vestimenta es muy simple, consistiendo de una pequeña túnica de piel de nutria atada sobre los hombros con el pelaje hacia afuera; las mujeres a veces visten un delantal de lo mismo, pero frecuentemente unos y otros andan bastante desnudos. Las cenizas blancas de las maderas quemadas les proveen de pintura para sus rostros. Aunque los mariscos son el artículo básico de su comida, ellos también comen focas y los restos de ballenas ocasionalmente varadas sobre las costas. Generalmente parecen gordos y bien alimentados. He visto solo un caso de deformidades -un hombre lisiado por anquilosis de la articulación de la rodilla, probablemente el resultado de una herida. Cuando se les permite vienen a bordo sin ninguna reserva y son divertidos muy fácilmente, riendo a carcajadas y de corazón ante las cosas más insignificantes e imitando cada palabra y gesto. Ellos no tocan los destilados, pero estaban ávidos por conseguir tabaco y galletas. Por unas pocas de estas cosas estaban prontos a cambiar sus únicas prendas, y frecuentemente ofrecían incluso a sus hijos8. Nunca vi ningún trazo de sus entierros y sospecho que queman a sus muertos; pero como no teníamos un intérprete fue imposible obtener información sobre ellos9. [Firma] S. Campbell, M.D. Cirujano.

Agradecimientos:

El documento que aquí se presenta fue relevado gracias al apoyo del Estado de Chile a través del proyecto Fondecyt 1181386, Estado y mercado en las fronteras de la civilización. Historias transnacionales del colonialismo poscolonial en América del Sur (1870’s-1940’s). En él participan también Álvaro Bello, Nicolás Gómez y Francisca Peñaloza, a quien agradezco las transcripciones. Parte de las reflexiones aquí contenidas han surgido en el trabajo con las y los colegas del Centro IDEAL (FONDAP 15150003).

Bibliografía:

Medical and surgical journal of HMS Nassau for 1 January to 31 December 1868 by Samuel Campbell, Surgeon, during which time the said ship was employed in the Straits of Magellan. The National Archive, en Kew Gardens, Londres, con la clasificación ADM 101/288/1. [ Links ]

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1 La expedición del Challenger duró cuatro años, estudiando áreas de relevancia comercial global para Gran Bretaña, y se publicaron varios libros con narrativas de ese viaje. Probablemente la más significativa para la zona del estrecho de Magallanes sea la de Wild (1878).

2He podido identificar escasas referencias a los trabajos de las expediciones del Nassau y del Alert en Patagonia austral en la literatura reciente, entre ellas Martinic (1989), Orquera y Piana (1995, p. 200), Acuña (2016) y Prieto (2014). Esto, a pesar que Brand (1941, p. 66) ubicó a Coppinger junto a Fitz Roy, Darwin y Bollaert como líderes de la antropología sobre Chile dentro de los “investigadores en viaje”.

3Refiere a los primeros colonos con financiamiento estatal llegados al Estrecho, unos 240 de los cuales tres cuartos se inscribieron en Ancud. Esta migración chilota “refundó demográfica y socialmente Punta Arenas”, fundada dos décadas antes por los pioneros de la ocupación chilena, también chilotes (Harambour, 2019, p. 83).

4Esta afirmación permite apreciar el esfuerzo colonial chileno con mayor perspectiva histórica que la que se deriva de la historiografía nacional-regionalista, al destacar que más de dos décadas después de su fundación la Colonia se encontraba confinada a sí misma, abastecida a larga distancia y en permanente riesgo de ser desfinanciada por el Estado (Harambour, 2019, cap. 2). Luego de su significativa exploración terrestre, el también británico Musters definía a Punta Arenas como un pueblo de chilotes, militares y convictos (1871 [1873], pp. 9-11), donde los primeros constituían “la parte industriosa de la población”.

5Se refiere al gobernador Oscar Viel, oficial de marina que dirigió la colonización entre 1867 y 1874. Según Cunningham (1871, p. 70) se trataba de un administrador capaz que había, en uno o dos años, “sido puesto en el más inmediato contacto con el mundo civilizado por el paso de los barcos de la Pacific Steam Navigation Company a través del Estrecho, en su camino hacia y desde Valparaíso” y Gran Bretaña. Con ello los oficiales del Nassau presenciaron un ciclo de cambios sin precedentes, opinaba Cunnigham: “al comienzo de nuestro relevamiento no había tráfico regular a través del Estrecho”.

6La precariedad de las viviendas en la Colonia y el malvivir de sus pobladores contrasta con la vida libre de enfermedades de los pueblos “fueguinos”. Tanto en Vereker (1879) como en Campbell destaca la noción de sujetos “primitivos” cuyas necesidades, paradojalmente, están satisfechas hasta el punto de hacerlos ver saludables (y esto contrasta con los habitantes del único pueblo europeo-americano en Patagonia austral). En Vereker aparece, además, una consideración estética sobre la belleza de las kawésqar. Sobre las representaciones pictóricas y textuales de C.P. Vereker sobre los fueguinos ver Harambour (en prensa).

7Esta referencia apunta aparentemente a los selknam, con quienes oficiales del barco tuvieron un breve y violento contacto a comienzos de 1867. Se trataba aún entonces de “salvajes, de cuyos hábitos y costumbres se sabe mucho menos que de aquellos de los Fueguinos en las partes australes y occidentales de Tierra del Fuego, [quienes] parecen constituir una tribu muy distinta confinada a la parte norte de la gran isla oriental” (Cunningham, 1871, pp. 119-122). Es significativa la referencia a la “errancia” o movimiento permanente de los pueblos de Patagonia, canoeros o pedestres, que se repite en los viajeros de la segunda mitad del siglo XIX. Para el Imperio, lo mismo que para los estados nacionales, esta interpretación favorecía las nociones de Terra Nullius, que suponían la tierra y el mar como susceptibles de apropiación estatal, en tanto vacantes de soberanos. La soberanía era, en favor propio, definida como fija y permanente. Compárese, por ejemplo, la permanencia de los pueblos indígenas en sus territorios frente al tránsito permanente, y global, de los marinos británicos, o la rotativa nacional de los funcionarios de los estados nacionales.

8En las cuatro expediciones del Almirantazgo a las que he hecho referencia se incluye en distintos momentos esta idea de la voluntad de los canoeros de trocar menores por productos como tabaco o galletas, o incluso de venderlos como esclavos (Fitz Roy, 1839, Vol. 2, p. 171). Coppinger (1883, p. 65) incluso incluyó un dibujo, aparentemente de su autoría, que mostraría a “fueguinos ofreciendo sus hijos para intercambio”. Entre los exploradores británicos esta idea del desprecio por los menores se remonta al menos a Byron (1768, pp. 144-146) y tuvo en Fitz Roy a su principal difusor (como en la noción del canibalismo y del maltrato a las mujeres entre los pueblos canoeros). Sería interesante un buen estudio comparativo de esta fijación de los exploradores británicos con la supuesta antropofagia y desdén indígena por niños y ancianos, que en las etnografías de Gusinde (1951) y Emperaire (1957), desaparece por completo y se destaca, por el contrario, el cuidado de niños y niñas y mayores.

9Uno de los continuos de la observación científica británica en la zona de los canales es la desvalorización de la voz indígena. La ausencia de traducción verbal entre unos y otros no impidió el planteamiento de juicios categóricos sobre las formas del ser-estar nómade, ubicados, además, dentro de una rígida escala racial. Esto aparece muy nítidamente en los testimonios de Fitz Roy y Darwin, fundadores de la deshumanización moderna de los pueblos del extremo sur, pero también en sus continuadores del Nassau, el Challenger y el Alert. Un hito crítico en este ejercicio de desvalorización de la palabra nativa lo marcó el traslado a Inglaterra de cuatro “fueguinos”, yaganes y kawésqar, por parte de Fitz Roy. La rápida pérdida de la lengua del Imperio apuró otras conclusiones totalizadoras sobre el efecto del medio ambiente en los sujetos que parecían encaminados a “civilizarse”.

Received: March 23, 2019; Accepted: May 12, 2019

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