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Magallania (Punta Arenas)

versión On-line ISSN 0718-2244

Magallania vol.48 no.1 Punta Arenas  2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22442020000100185 

RESENAS BIBLIOGRAFICAS

LOS CAZADORES RECOLECTORES Y LAS PLANTAS EN PATAGONIA. PERSPECTIVAS DESDE EL SITIO CUEVA BAÑO NUEVO 1, AISÉN

Dr. Luis Alberto Borrero1  2 

1 Universidad de Buenos Aires, Argentina.

2 Instituto Multidisciplinario de Historia y Ciencias Humanas (IMHICIHU-CONICET), Argentina.

Belmar, Carolina A.. 2019. 1a ed., Santiago de Chile: Social-Ediciones,

Este apasionante libro presenta los resultados de la investigación de Carolina A. Belmar acerca del uso de plantas por parte de cazadores-recolectores de Aisén. El libro, que cuenta con un pertinente prólogo de una especialista en dichos estudios, la Dra. Pilar Babot, apunta a completar uno de los temas más importantes y menos desarrollados en la arqueología patagónica. Se trata de conocer el papel de las plantas en la dieta de sus pobladores prehistóricos.

Sobre la base de los escasos conocimientos previos acerca del tema, Carolina Belmar desarrolla un sólido caso alrededor del sitio cueva Baño Nuevo 1, Aisén. Este sitio ha sido objeto de intensos trabajos -liderados por el Dr. Francisco Mena- a lo largo del tiempo, los que han permitido obtener una larga secuencia ocupacional que se desarrolló aproximadamente entre 10.750 y 3.100 años calibrados antes del presente. Más allá de los datos concretos, el trabajo es importante por su planteo metodológico. Un aspecto básico es que los restos vegetales son muy difíciles de integrar en el análisis de las ocupaciones prehistóricas, tanto por su fragilidad como porque su cuantificación no es comparable con la de otros tipos de restos, como los faunísticos. Más aún, en este caso el trabajo requirió la capacidad de la autora para superar las dificultades derivadas de muestreos realizados en función de otros propósitos, tema en el que ha sido muy exitosa, mostrando que siempre es posible obtener información valiosa si uno hace la pregunta adecuada y se ajusta a las escalas correspondientes.

Mediante su cuidadoso y controlado estudio, Carolina Belmar accedió a una dimensión espacial de los ocupantes de la cueva diferente a aquellas definibles desde la perspectiva de un cazador o un tallador, precisamente la de un recolector. Dado que las primeras son las perspectivas usuales en el análisis de ocupaciones de cazadores-recolectores, no solo se agrega una necesaria dimensión analítica, sino que se logra un acercamiento de grano más fino para evaluar la geografía cultural pasada. Efectivamente, se accede a un plano espacial amplio, que realiza la evaluación de las modalidades de ocupación de diversos ecotonos por parte de los cazadores -recolectores patagónicos, utilizando las plantas como indicadores de zonas vegetacionales. En apretada síntesis se puede decir que a lo largo de la ocupación predominan las plantas herbáceas por sobre las arbustivas; no obstante, ambas se consideran plantas locales. Efectivamente, los taxa reconocidos en el sitio, en su mayoría, se pueden considerar como locales, pues están disponibles en microzonas de estepa, de laderas o cercanas a fuentes de agua dentro de un rango de unos 6 km desde la cueva. La única excepción es el hallazgo de nalca -Gunnera tinctoria-, que indica el acceso a ambientes que no son cercanos al sitio, ampliando a unos 20 km o más el rango de acción, para incluir ambientes diferentes a aquel en el que se focaliza la ocupación. Esto plantea la existencia de zonas que se visitan específicamente o a las que se accede indirectamente. En general, el análisis de plantas coincide con los resultados del análisis del material lítico y los restos faunísticos en la tendencia hacia la explotación de recursos locales. Hay que decir que el único elemento que indica el uso de recursos foráneos o extrarregionales en la cueva es la obsidiana, procedente de Pampa del Asador, a unos 280 km de Baño Nuevo 1. Los casos de la nalca y la obsidiana plantean no solo dos escalas muy distintas, sino también dos problemas diferentes. En tanto la distribución de la obsidiana obliga a considerar mecanismos de interacción social, la procedencia de las plantas puede leerse como una medida mínima del rango de acción de los ocupantes del sitio.

Debe destacarse la importancia dada a los procesos de formación, que constituye la pieza que da solidez a toda la investigación. Ante todo importa la preocupación por considerar el ruido de fondo, para conocer si lo que se recuperó en el sitio arqueológico es característico del mismo, o si simplemente es lo que aparece en cualquier parte sin el requisito de que sea un depósito arqueológico. Esta es la principal línea utilizada por la autora para caracterizar los elementos vegetales intrusivos. Una variedad de mecanismos de depositación es considerada y evaluada. Por ejemplo, Galium sp. es una planta tintórea herbácea, que es la única recuperada en todos los componentes ocupacionales. La autora, quien conjetura que su depositación pudo no necesariamente resultar de su recolección intencional, considera que pudo haber ingresado a través del pelaje de los animales cazados.

Esta conciencia tafonómica lleva, por ejemplo, a considerar el aporte de partes de plantas como resultado de procesos naturales tales como las lluvias anuales de semillas, o a evaluar las posibilidades de transferencia de material vegetal de la matriz del sitio a los artefactos líticos. Esta última evaluación resultaba fundamental debido a la práctica prehistórica de preparar camadas de pajas y pisos vegetales, o sea, construcciones que requirieron el corte y acarreo de plantas hacia el sitio. La indagación encuentra que tanto casos de transferencia como posiblemente de presencia de restos asociados con procesamiento -también de consumo- han de haber ocurrido, alternativas no siempre fáciles de evaluar. Dada la importancia de las raíces y los tubérculos como alimento entre grupos pampeanos y patagónicos, sustanciada en numerosas fuentes, sus escasas posibilidades de depositación natural y su asociación con artefactos líticos en Baño Nuevo 1, pueden considerarse resultado de actividad humana. Dentro de los límites recién mencionados, la presencia de residuos de plantas tanto en piezas líticas formatizadas como no formatizadas, con filos potencialmente útiles, algunos con rastros evidentes de uso, planteó otra línea de evidencia confirmatoria.

Entendiendo que Baño Nuevo 1 es definido como un sitio residencial con sucesivas y variadas ocupaciones, la investigación arqueobotánica contribuyó a su caracterización.

Para las ocupaciones tempranas del sitio, justamente famosas por la calidad de su información bioantropológica, con el hallazgo de enterratorios de diez individuos, se presenta un contexto de subsistencia caracterizado por la importancia del guanaco y la presencia de huemul, asociado con material lítico relativamente escaso. La utilización de plantas con localizaciones puntuales dentro del paisaje patagónico confirma lo sugerido por los reiterados entierros, implicando un conocimiento preciso de la flora local por parte de los cazadores- recolectores que ocuparon el sitio, con los desplazamientos hacia distintos microambientes que conlleva la colecta vegetal -aún en un plano local-, ya sea como parte de movimientos para fines diversos o específicos. Ese notable conocimiento del ambiente regional, asociado con cierta redundancia ocupacional, es una señal de que regionalmente han existido ocupaciones anteriores a las evidenciadas en ese sitio. Cuatro de los individuos presentaron restos de tártaro dental en los dientes, indicando la ingesta alimenticia. Se identificaron plantas en esas muestras que han servido como testimonio de temas tan variados como el consumo o el uso de la boca como herramienta para ablandar fibras. Esto último es concordante con la presencia de huellas de desgaste en los dientes. El estudio de microfósiles del aparato masticatorio y los estudios de los isótopos estables sobre restos óseos humanos, avalan el uso de vegetales en la dieta, conformando un cuadro de recursos complementarios. Básicamente Carolina Belmar encuentra que las plantas, aunque son consumidas, no tienen una posición preferencial en la dieta.

En relación con otros sitios con ocupaciones tempranas de la región, tales como El Chueco 1 y Cueva de La Vieja, se reitera el patrón de una explotación de recursos vegetales locales. Con el paso del tiempo se verifica un aumento de los datos arqueobotánicos disponibles para el Holoceno tardío, posiblemente vinculado a un proceso de mayor poblamiento y aumento en la densidad de sitios.

En suma, se trata de una adición fundamental a los estudios del poblamiento patagónico, al discutir detalladamente y mediante variadas vías la importancia de las plantas a lo largo del Holoceno en un sitio específico. Finalmente, debe destacarse la detallada especificación de la colección de referencia, que completa magníficamente el libro.

* Sección destinada a informar y comentar únicamente obras relacionadas con la Patagonia, la Tierra del Fuego y regiones adyacente.

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