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Revista chilena de literatura

On-line version ISSN 0718-2295

Rev. chil. lit.  no.77 Santiago Nov. 2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952010000200014 

REVISTA CHILENA DE LITERATURA
Noviembre 2010, Número 77, 265 - 285

IV. RESEÑAS

Reed, J. D.

Virgil's Gaze: Nation and Poetry in the Aeneid

Princeton: Princeton University Press, 2007. 240 pp.

 

Virgil's Gaze es un estudio de J. D. Reed que plantea como hipótesis la provisionalidad de la identidad romana nacional que va forjándose en la Eneida con motivo de la travesía fundacional de su protagonista Eneas y sus guerreros. Para Reed, esta configuración identitaria se explica por el exilio de los troyanos hacia su asentamiento en el Lacio, durante el cual se producen encuentros con nuevas comunidades (cartagineses, rútulos, italianos, entre otros) a las que han de enfrentarse e intentar subsumir en su seno, de manera que su identidad en ciernes se ve simultáneamente afectada por procesos de confrontación y asimilación con el Otro. "Lo romano", afirma el autor, es "algo siempre definible por contraste con un Otro" ("something always definable against an Other" (100)) y, en la medida en que ese Otro es sucesivamente reemplazado por Otro durante el viaje, siempre estará en movimiento, vaciándose y llenándose de forma constante. Ese vacío que Reed detecta en la identidad romana nacional en proceso se coordina, además, con un deseo de ser "romano" cuya consumación es diferida continuamente1. Esta problemática étnica, según sostiene Reed, está directamente relacionada con dos estrategias que emplea el narrador del poema épico. Por una parte, con las perspectivas narrativas de la epopeya, es decir, en quién y cómo se focaliza la narración, las que, según Reed, colaboran con la configuración de identidad propuesta en la historia. Por otro lado, con ciertos motivos literarios provenientes de la tradición griega, presentes a nivel intertextual e intratextual, en los que se advierten temas como la muerte, el amor, el sexo, la familia, el poder y el deseo. En este sentido, no es casual que el subtítulo del estudio sea "Nation and Poetry in the Aeneid": la poesía, especialmente la griega, es uno de los sustentos para la formación de la literatura latina y, por extensión, de una identidad nacional adherida a ella. Dichas estrategias, que Virgilio empleó en la elaboración de la Eneida, dan cuenta, de una u otra manera, de las bases de la construcción identitaria romana y de su movimiento constante.

El título de este estudio explica cómo Reed pondrá en evidencia estas estrategias. Lo traduzco como "La mirada de Virgilio". La mirada, "gaze", es, según el propio autor, el tropo central tanto del poema como del estudio pues, como he mencionado, en él la perspectiva narrativa es objeto de reflexión identitaria, y porque cada uno de sus siete capítulos se centra en un personaje o carácter del poema que Reed considera relevante para los ejes temáticos del mismo.

Repasemos los capítulos. La estrecha relación entre las perspectivas narrativas y ciertos motivos literarios es desarrollada en los capítulos titulados "Euryalus", "Turnus" y "Marcellus", los cuales abordan la forma en que son narradas las muertes de jóvenes guerreros (los troyanos Euríalo y Palas, los italianos Camila y Lauso, el romano Marcelo y Turno, rey rútulo), reparando en quién y en cómo se focalizan tales narraciones. Quien focaliza puede ser un sujeto deseante, como en el caso de Niso contemplando la muerte de su amado Euríalo, dada por la espada de Volcente. La blancura de la piel de Euríalo, la delicadeza y languidez con que se desploma, como si fuera una flor de color carmín, y la belleza de sus miembros agonizantes confieren a su muerte un matiz que excede su intrínseca violencia, convirtiéndola en una experiencia cargada de sensualidad para quien la ve, descrita en el lenguaje del sermo amatorius. Reed manifiesta que el imaginario de Virgilio que ha nutrido esta narración tiene un precedente en el período helenístico tardío, y que el motivo de la muerte como potencialmente erótica se encuentra en el Epitafio de Adonis de Bión de Esmirna2, cuya muerte es también focalizada por un "desirer" que, en ese caso, es Afrodita. En la figura de Adonis, según el autor, confluyen los motivos del joven caído (slain youth) y del amante de luto (mourning lover), los que se reproducen en los pasajes en que se narran las muertes no solo de Euríalo, sino también del resto de los guerreros que Reed considera en el primer capítulo. Ambos motivos entroncan, por un lado, con las perspectivas narrativas de estos pasajes y, por el otro, con la configuración identitaria romana: "sus muertes dan lugar a una reflexión acerca de qué significa ser romano" ("Their deaths becomes sites of reflection on just what it means to be Roman" (41)). Además, la procedencia fenicia de Adonis, consignada ya en la mitología griega, gatilla una reflexión que será constante en este estudio: el lugar del Otro en la identidad romana.

Quien focaliza puede ser también un sujeto vengador como, por ejemplo, Eneas ejecutando a Turno. La escena de la muerte está orientada por el punto de vista del héroe troyano: en su óptica converge el anhelo de revancha, de manera más inmediata y, especialmente, el deseo de engendrar la nación romana. Turno ha asesinado al joven y bello Palas, soldado de la tropa de Eneas. Eneas mata al también joven Turno guiado por una especie de economía de "muerte juvenil" (54). Pero, según el autor, lo que subyace a esta acción es que Eneas ve en Turno un obstáculo para llevar a buen término su empresa fundacional, pues su enemigo es el prometido de Lavinia, hija del rey del Lacio, quien ha prometido aliarse con él en contra de los rútulos y concederle sus territorios. Según la profecía que su padre Anquises le revela durante su visita al Averno, de su enlace con Lavinia nacerá Silvio, origen de la prole romana que desembocará, finalmente, en Octavio Augusto. Así, Reed afirma que los cuerpos de Turno y de Lavinia son "dos especies de trofeos para Eneas" ("two kinds of prize for Aeneas" (71)).

Mientras recorremos su estudio, podemos percibir que Reed establece una cadena de motivos intertextuales e intratextuales, que retoma capítulo a capítulo. En "Turnus" no solo detecta el motivo del joven caído, sino que también el del amante de luto en la figura de Juturna, hermana de Turno, quien con su lamento matizará de vez en cuando el largo relato del enfrentamiento entre él y Eneas, así como también la posterior muerte del rey rútulo. Ella, emparentada intertextualmente con Afrodita, lo está además a nivel intratextual, como vemos, con Niso, y lo estará en ese mismo nivel, como se verá más adelante, con Andrómaca y con Dido.

En el capítulo "Marcellus", el autor examina el episodio en que Eneas visita a su padre fallecido en los Campos Elíseos, lugar donde está cifrado el porvenir romano. A través de la óptica de Anquises, Eneas tendrá noticias de su ilustre descendencia, desplegada hasta la época imperial de Roma, así como también acerca de ciertos enfrentamientos bélicos que el pueblo romano tendrá con otras naciones. El autor se detiene especialmente en uno de los miembros de este linaje heroico, Marcelo, quien colmará de fama a su patria, y cuyo destino aciago lo emparenta intratextualmente con los guerreros caídos mencionados anteriormente, e intertextualmente con Adonis. En gran parte de este apartado se examina a Marcelo a la luz del motivo del joven caído, lo cual permite reflexionar acerca de "el porvenir de un patrimonio familiar y, a una escala mayor, el destino de una nación" ("the prospects of a family stock and, on a larger scale, the fate of a nation" (149)), es decir, sobre el lugar de la muerte en la sucesión generacional, en relación con el abnegado servicio de los jóvenes a la construcción de la nación.

Por otra parte, la identidad del Otro como ingrediente fundamental para la configuración de la identidad romana, en la medida en que la tensiona, que la define por contraste, pero que también refleja los rasgos que poseen en común, es tratada con especial atención en los capítulos "Andromache", "Dido" y "Ancient Cities", cuyas líneas temáticas van formando un tramado con las que ya se habían tratado anteriormente, retomándolas y resignificándolas. En "Andromache", a partir del discurso que Andrómaca, viuda de Héctor, profiere durante su reencuentro con Eneas, en el que retrotrae a la caída de Troya, la muerte de su esposo y el incendio del palacio de Príamo en manos de los griegos, Reed advierte que tanto Eneas como Andrómaca se refieren a sí mismos como "bárbaros"3, adjetivo que, claramente, delimita identidades. Lo curioso es que estas palabras alusivas a la idea de barbarie proceden de una óptica griega, pues lo bárbaro es lo "no griego", es decir, en este caso, lo "troyano" o lo "romano". Así, ineludiblemente, la identidad protorromana se hospeda, en un primer momento, en el punto de vista del Otro. En ese sentido, este pasaje es crucial, pues gatilla una serie de reflexiones en torno al lugar de "lo griego" en la configuración de la identidad, la nación y, especialmente, la poesía romana –que habían sido anunciadas en los capítulos anteriores a propósito de los motivos del joven caído y el amante de luto. No es un secreto que "durante siglos la dinámica de la poesía latina fue la traducción desde (y la confrontación con) la poesía griega, implicando a la vez imitación y conciencia de alteridad" ("for centuries the very dynamic of Latin poetry was translation from (and confrontation with) Greek poetry, entailing both impersonation and a consciousness of alterity" (118)), y ese proceso de apropiación y traducción identitaria y cultural es puesto en evidencia por Reed a través de la revisión de figuras como Medea (proveniente de la tradición griega, tratada por Eurípides en su tragedia homónima) confrontada con la de Andrómaca (en las elaboraciones épicas de los latinos Ennio y Virgilio) quienes están trabadas intertextualmente por su desarraigo familiar, destinadas al exilio por su condición étnica4.

Para Reed, no es casual que Eneas esté narrando su encuentro con Andrómaca a la corte de la reina de Cartago, Dido, pues esta tríada de personajes está enlazada entre sí por la experiencia del destierro y del imperativo de refundar sus reinos en tierras extranjeras –los troyanos tras la guerra, los fenicios después del asesinato de Siqueo–, así como también por su condición de "bárbaros". Eneas, intentando generar simpatía entre las comunidades troyana y fenicia, y asimilarlas, no duda en calificarlas de "bárbaras": ambos grupos étnicos poseen un fondo común oriental (87). Reed no solamente atiende al hecho de que ambas etnias no son griegas, sino que también a las descripciones de sus vestimentas y edificios. Como el palacio de Príamo, recordado durante el encuentro de Eneas y Andrómaca, el de Dido es igual a aquél, en términos de suntuosidad y opulencia: "ricos en oro, sin lugar a dudas, los tirios son también "bárbaros" en el mismo sentido en el que lo eran los troyanos" ("emphatically rich in gold, the Tyrians are also "barbarian" in the same sense that the Trojans were" (104)).

Retomando los eslabones intertextuales e intratextuales, Reed afirma que en Dido convergen los motivos del joven caído y del amante de luto que aparecieran en este estudio a partir del poema sobre la muerte de Adonis, de Bión de Esmirna. Sin embargo, tales motivos reaparecen reelaborados y fusionados: el lamento de Dido no es ocasionado por la muerte de su amado, sino que por su partida, y es esa partida la que gatilla su suicidio, muerte que es descrita por el narrador enfatizando su belleza y juventud.

La figura de Dido, pese a funcionar como un espejo para los troyanos, y a condensar motivos intertextuales e intratextuales, a los que ya me he referido, produce una tensión étnica. Para Reed, el quiebre amoroso producido entre Dido y Eneas introduce prolépticamente un hecho histórico, las Guerras Púnicas, que condensa la enemistad entre Cartago y Roma, en los tiempos de la República.

Andrómaca retrotrae en su discurso a sus rivales griegos, generándose un juicio sobre el legado griego en la identidad latina, mientras Dido opera como espejo que, simultáneamente, refleja y transforma a los troyanos. En "Ancient cities" también se emplea la sinécdoque, en este caso, personaje-ciudad, con el fin de reflexionar sobre la identidad protorromana a partir de ciertas ciudades ampliamente referidas en el resto de los capítulos, como Troya, Cartago y Árdea, las que, de una u otra forma, representan parte del patrimonio que sustentará a la ciudad antigua y eterna por excelencia, Roma. Algunas de estas ciudades antiguas no solo se convertirán en refugio temporal para los troyanos durante su exilio, sino que también "difractan los sentimientos de Eneas y sus hombres hacia la caída de su propia ciudad" ("diffract the feelings of Aeneas and his followers at the fall of their own city" (138)). El autor considera que estas ciudades también forman parte de la dinámica de diferencia y similitud que rige la configuración identitaria romana, en la medida en que se erigen como contrastes entre ellas y Roma, pero también como dobletes imperfectos de ella. Tales ciudades serán absorbidas por Roma y "renacerán como ciudades romanas" ("will be reborn as Roman cities" (142)).

Con "Aeneas", Reed concluye su estudio. En este capítulo, el autor no solo vuelve a atraerlo en tanto sujeto deseante y vengador, sino que también advierte que la perspectiva que ha orientado gran parte de la epopeya es la de su protagonista, Eneas. En él confluyen todos los caracteres analizados cuidadosamente por Reed: él ha sido testigo del deceso de Euríalo; su propia mano dio muerte a Turno; gracias a Dido consiguió refugio en Cartago, y por amor a él ella se quita la vida; él es quien dialoga con Andrómaca acerca de la caída de Troya; con su tropa se desplaza por antiguas ciudades en busca de Italia y con sus propios ojos contempla al guerrero que en belleza y valor, pero también en ventura, encajará con el perfil adonizado de sus compañeros de tropa. El deseo es elemental en su figura. Tamizado en las sensuales narraciones de sus guerreros caídos –y por caer–, está también presente en su propósito de avistar y asentarse en Italia, y lo hace someterse tenazmente a las promesas de sus dioses protectores y a la profecía de su padre, aceptando la tarea de "proveer una identidad nacional común a miembros provenientes de muchas razas" ("provide a common national identity to members of many races" (180)) a la patria que está forjando. Su deseo, emanado de su madre Venus, la diosa del amor, y una de las principales promotoras de la empresa, se trasluce en el punto de vista mayormente adoptado por quien narra: "el punto de vista de Eneas no sólo porta un mensaje acerca de él o de sus objetivos, es el mensaje acerca de la transmisión de Troya a Roma" ("Aeneas' viewpoint does not just carry a message about him or its objects, it is message about the transmission from Troy to Rome" (182)). Finalmente, este deseo, según el autor, pareciera consumarse, al fin, una vez que Eneas ha matado a Turno y los caminos se han despejado para su arribo a Roma. En este sentido, el anagrama amor-Roma es elocuente.

Para concluir, el presente estudio me parece una muy buena tentativa de este autor por integrar los textos clásicos a líneas de estudio más contemporáneas, como los estudios culturales, a través del tratamiento de la relación entre la identidad y el Otro, y también a los estudios postmodernos, especialmente, por la insistencia en el deseo/amor y su reverso, la muerte, como componentes fundamentales y en constante oscilación en la configuración de una identidad nacional.

 

NOTAS


1 En varios pasajes de su libro, Reed insiste en la significativa relación anagramática entre los vocablos latinos amor-mora-Roma.

2 Entre las publicaciones de este autor destaca una edición comentada de The Fragments and the Adonis, de Bión de Esmirna, lo que explicaría la permanente referencia a Adonis en su estudio.

3 Reed rastrea este mismo uso en El militar fanfarrón de Plauto y en la Andrómaca, de Ennio, quien fuera uno de los poetas épicos más influyentes en su obra.

4 Tanto más obvia que esta correspondencia entre ambas figuras femeninas es el mismo rescate de la tradición griega que hace Virgilio integrando a Andrómaca en su epopeya, quien ya era un personaje en La Ilíada.

 

Loreto Casanueva

Universidad de Chile
loretocasanuev@gmail.com

 

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