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Revista chilena de literatura

versión On-line ISSN 0718-2295

Rev. chil. lit.  no.96 Santiago dic. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952017000200005 

Presentación

Presentación

Ignacio Álvarez1 

Horst Nitschack2 

1Universidad Alberto Hurtado, Chile.

2Facultad de Filosofía y Humanidades, Universidad de Chile, Chile.

El XX Congreso de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios (SOCHEL) se realizó entre los días 25 y 28 de octubre de 2016 en la Universidad de Chile. Tuvo como lema y eje organizador la frase: “Diálogos y diferencias: la literatura en Chile y su lugar en el mundo”, pues nos interesaba ofrecer un espacio que pensara las condiciones en las que se produce la literatura chilena en el presente, una cuestión de la máxima urgencia y al mismo tiempo de la mayor antigüedad.

Como ya es tradicional en los congresos de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios, la convocatoria fue amplia y los temas abordados por las ponencias fueron variados. Dicho de la manera más resumida posible: durante los cuatro días de congreso más de 180 investigadores,venidos de universidades de todo Chile y también de instituciones de Brasil, México, España, Argentina, Alemania, Colombia, Estados Unidos y Suecia, presentaron más de 170 ponencias en esta reunión.

En la última sesión se acordó dedicar un número de la Revista Chilena de Literatura a la publicación de algunos trabajos originados en las presentaciones que se leyeron en el Congreso, y así se comunicó a los asistentes. El origen de la gran mayoría de las colaboraciones que se leerán a continuación está, entonces, en esta reunión. Cabe señalar que, de acuerdo a los estándares académicos de nuestra revista, todos los trabajos publicados en esta ocasión fueron sometidos a evaluación ciega de pares y aprobados en dicha instancia.

¿Por qué la literatura en Chile y la literatura chilena en el mundo? Para nosotros se fue haciendo claro que las condiciones del presente, el aquí y ahora en el que se desarrollan literaturas nacionales como la chilena debe pensarse en una dimensión mundial. Por supuesto, esa convicción deriva en primer lugar de la condición geopolítica básica que condiciona nuestra experiencia durante las últimas décadas: de modos diversos y problemáticos, heterogéneos y contradictorios, vivimos una fase del capitalismo que ha terminado por modelar un mundo globalizado, esto es, un mundo de relaciones sociales que se dan a nivel mundial con una velocidad e intensidad inéditas (Larraín 27).

Pero no solo la evidencia última respalda esta perspectiva. Es bien probable que la mundialidad de las literaturas nacionales latinoamericanas sea un horizonte que nunca debió omitirse en su estudio y que, por otro lado, nunca se ha omitido del todo. Como se desprende de los trabajos de Immanuel Wallerstein, desde fines del siglo XV ya es posible pensar en una economía-mundo (21-4): esto significa que las literaturas coloniales, las literaturas de la formación nacional y en realidad todas las literaturas modernas de Latinoamérica, de maneras a veces obvias y a veces inéditas, deban leerse también en una dimensión mundial.

La invitación al congreso de la Sociedad Chilena de Estudios Literarios implicaba, entonces, una doble perspectiva. La literatura en Chile quiere decir, por supuesto, la literatura chilena, pero al mismo tiempo apela a las literaturas de otros espacios tal como se han leído en Chile. Su lugar en el mundo invita a pensar, otra vez, la producción nacional en el contexto global, aunque como una pregunta amplia: ¿cuál es el Chile que está fuera de Chile? ¿cuáles son las redes de sus escritores y de las escrituras a lo largo de la historia?

Al proponer estos temas nos hacíamos eco de una discusión teórica relevante para los estudios literarios en los últimos años. En efecto, una de las consecuencias del proceso de globalización es la redefinición de la dependencia entre centros y periferias - resultado del colonialismo de la época moderna- junto con la emergencia de nuevos actores y sujetos culturales. Para la teoría literaria ello significa la necesidad de una revisión del concepto de ‘literatura universal’ acompañada por la sugerencia de reemplazarlo por el concepto de ‘literaturas del mundo’. Esta última formulación promete ser menos normativa, menos totalizadora, más abierta a relaciones igualitarias entre las ‘grandes’ y las `pequeñas’ literaturas, entre la producción de los antiguos centros y la de un nuevo mundo des-centrado culturalmente pero globalizado económica y financieramente.

Los cuatro artículos que reúne el dossier Literatura mundial / literaturas del mundo ofrecen un marco para la reflexión nacional y latinoamericana cuyas coordenadas enunciamos más arriba. Ese marco tiene aristas teóricas y también formulaciones ejemplares y problemáticas, aunque tal vez sea mejor definirlas como ejemplarmente problemáticas, dependiendo de la lectura que se les dé.

Mariano Siskind parte de una problematización radical de un ‘mundo’ que pudiera preexistir a las conceptualizaciones de las cuales debe ser considerado como el resultado. Ello implica que, tanto en el caso del concepto de ‘literatura mundial’ como en el de ‘literaturas del mundo’, el mundo en el cual se sitúan las literaturas, el o los mundos que representan, de hecho, es creado por estas literaturas y no es un mundo que les precede. Si bien las literaturas deben ser consideradas como creadoras de su mundo, también disponen de la potencialidad para el anquilosamiento de estructuras solidificadas ideológicamente. Pensamos, por ejemplo, en las textualidades que rechazan crear “un” mundo y afirman un movimiento permanente, una desestabilización continua de las coordinadas conocidas y habituales de tiempo y espacio. La subversión o transgresión de los espacios y tiempos definidos por tradiciones, costumbres, convenciones y leyes es probablemente uno de los actos fundamentales de cualquier literatura que hace parte de una literatura mundial o de una literatura de los mundos. La ambición intrínseca de una escritura que hace parte de ‘literatura’, en el sentido enfático, siempre ha sido hacer surgir un nuevo mundo o nuevos mundos, liberarse de las restricciones, cegueras y mentiras, del mundo concreto del cual emerge. Ello ya vale para la famosa cita goetheana en la cual proclama la Weltliteratur: el “mundo” al cual se refiere es el mundo más allá de las literaturas nacionales, un mundo que debería aparecer con y en esta Weltliteratur. Para Goethe, no obstante, el “mundo” no es el resultado de actos de habla, de actos literarios o de una ficción, sino de poderes concretos: las fuerzas de la naturaleza, las prácticas colonizadoras, el comercio internacional y las transacciones financieras, como aparecerán en la segunda parte del Fausto -todo lo que Marx poco más tarde denominará como “capital”. Desde este punto de vista tenemos que preguntarnos cómo leer la afirmación de Siskind, que formula con referencia a Laclau y Mouffe, que “la sutura del mundo es una fantasía”, “que el mundo como totalidad de sentido como marco para la conceptualización e institucionalización de relaciones, traducciones, influencias, préstamos y reescrituras literarias es una ficción hegemónica que el discurso crítico puede desestabilizar, dislocar y reconfigurar” (p. 16). No hay duda de que las distintas fuerzas históricas y políticas -de preferencia hegemónicas- se expresan y se manifiestan en y por lo simbólico y lo imaginario, los registros con los cuales significamos y semantizamos nuestro mundo. Por ello, la decisión de Siskind a favor de “los mundos habitados por cosmopolitas marginales”, “ansiosos de intervenir en esos mundos, listos para subvertir sus órdenes que, según ellos, los margina” no es solamente la decisión a favor de una “ficción” alternativa, sino a favor de sujetos que actúan y se expresan desde nuevas experiencias que también son mundiales, desde formas de convivencia excluidas y negadas en las literaturas canonizados - sean universales, sean nacionales.

El viaje, en este caso la literatura de viajes y aún más precisamente la literatura de viajes de mujeres del siglo XIX, cuando el viaje no era solamente una aventura arriesgada para las mujeres, sino también un desafío de las expectativas con las cuales eran confrontadas en las sociedades donde vivían, este viaje es otro ejemplo, otra práctica de liberación y transgresión de un mundo bien definido. Con certeza, esta es una de las razones por las cuales la literatura de viajes -constitutiva de lo que para nosotros es el ‘mundo’- ha sido tan poco frecuentemente considerada como parte de la literatura universal. Un aporte fundamental y novedoso del artículo de Francesca Denegri es que el ejemplo de estas tres mujeres cuyos relatos de viajes constituyen su corpus de investigación nos recuerda que el desplazamiento, el movimiento y la búsqueda de nuevos horizontes parte -por lo menos en la gran mayoría de los casos- del sufrimiento, y trae consigo nuevos sufrimientos y privaciones. La experiencia del viaje, y aún más la experiencia de las mujeres que viajan, conserva siempre un rasgo de su etimología, un peligro, y el ‘peligro’ nos remite a la cercanía de la muerte (en francés ‘périr’: perder la vida). Los viajes, el nomadismo, las migraciones y transculturaciones son en primer lugar y antes de todo experiencias padecidas. Son la respuesta forzada a una situación y a prácticas de convivencia que se han vuelto insostenibles e insoportables para los sujetos que se deciden al movimiento y crean las ‘literaturas en movimiento’ (Ette) que complican la existencia y la autoconfianza de una literatura mundial. Los casos de las tres viajeras estudiadas hacen parte de estos viajes, de estos desplazamientos para los cuales no hay retorno. Estas mujeres no queman las naves llegando al mundo deseado; su partida significa quemar el mundo del cual buscan liberarse. No es que les falte un medio para retornar; es peor, no habrá adónde retornar. No hay adónde regresar como héroe / heroína -ni siquiera como sobreviviente. Ello, según Francesca Denegri es la gran diferencia de género en las literaturas de viaje. Literaturas del mundo, es lo que nos enseña este artículo, no son solamente las marcadas por las tensiones entre centro y periferia, sino aquellas que perforan los discursos hegemónicos. La desestabilización en este caso proviene menos de un escándalo provocado por el texto, por lo que relata o expresa, que por las condiciones de su existencia: las autoras se liberaron de las labores, las responsabilidades y las expectativas por las cuales la identidad de mujer fue definida para entregarse a mundos desconocidos. Se nos ofrecen como ejemplo de literaturas del mundo en las cuales los sujetos nuevos se encuentran incluidos, no es solamente como un acto literario sino a menudo como una experiencia concreta, muchas veces sufrida.

El primer autor con el cual América Latina encontró un lugar no cuestionado en el canon de literatura mundial es, sin duda, Jorge Luis Borges. En “Borges en el mundo, el mundo en Borges”, Daniel Balderston, no obstante, demuestra que para el propio Borges no era tan obvio considerarse un autor ‘del mundo’. Su mundo era “la orilla” desde la cual el lector Borges hacía las excursiones en las regiones más remotas de las literaturas del mundo para crear su propio mundo. Constata Balderston: “Borges, sin embargo, es una presencia incómoda en las reflexiones sobre la literatura mundial: descree del todo en su existencia, pero parece conocerla mejor que nadie. Su fina ironía desplaza el centro; por eso algún lector de ‘La esfera de Pascal’ puso en un pequeño monumento en el centro de la Universidad de San Pablo en el Brasil: ‘NO UNIVERSO DA CULTURA O CENTRO ESTÁ EM TODA PARTE’”. Borges ha vivido en su juventud en Europa, en Suiza precisamente, pero una vez regresado a Buenos Aires construyó su universo literario independientemente de un contacto físico con esta Europa, insistiendo -no obstante-, como nos recuerda Balderston, en que los argentinos no pudieron hablar solamente “de orillas y estancias” sino también “del universo”. Tal vez es esta una de las fascinaciones de los cuentos de Borges: nos hablan ‘del universo’ y del universo se puede hablar con igual legitimación desde cualquier lugar del mundo, del universo todos se encuentra indefinidamente distantes, todas las literaturas deben superar una distancia indefinidamente parecida para hablar de él, si realmente exista o no.

El artículo de Gesine Müller aborda la relación literatura mundial / literaturas del mundo desde una región y desde una realidad literaria precisa, la de las literaturas del Caribe. La autora propone cinco criterios que permiten conceptualizar las relaciones, divergencias y tensiones entre literatura mundial y literaturas del mundo:

  1. El multilingüismo: en el caso de la literatura mundial, la traducción en otras lenguas, en el caso de las literaturas del mundo, la referencia a un multilingüismo en el propio texto.

  2. El movimiento: la literatura mundial se escribe desde un centro (cultural, de conocimiento, económico), mientas las literaturas del mundo se mueven sin centro a pesar de que sus movimientos son, en la mayoría de los casos, resultado de las economías y políticas de los centros (las migraciones).

  3. La relación entre global-local: la literatura mundial narra los ‘microcosmos’ en función de un ‘macrocosmos’, las literaturas del mundo narran desde su particularidad.

  4. La escritura sedentaria contra una escritura no-sedentaria: la condición de lo no sedentario favorece la creación de literaturas del mundo.

  5. Contra la autoridad interpretativa hegemónica del norte (Europa / Estados Unidos) que define literatura mundial, el acto emancipativo de las literaturas del mundo que reclama sus propios criterios y valores de convivencia.

Los ejemplos presentados de las literaturas del Caribe, de las lenguas inglesa, francesa y española (en este caso, particularmente la literatura cubana) hacen evidente en qué medida las emergentes ‘literaturas del mundo’ son resultado de una política cultural que se refleja en el otorgamiento de premios y de una política de las grandes editoras dispuestas a la publicación de los textos de autores de esta región. Ello, no obstante, evidencia un cambio significativo en el tradicional concepto de literatura mundial: se abre para las ‘literaturas del mundo’ y gana con ello una nueva dimensión.

Los cuatro artículos se acercan a la temática literatura mundial - literaturas del mundo desde perspectivas diferentes, con problematizaciones distintas, pero coinciden todos en el diagnóstico de que el concepto de literatura mundial está en transformación, se abre para literaturas, para experiencias de escritura, para sujetos culturales que antes aparecieron, si es que aparecieron, como exóticos, marginales, periféricos para concederles una papel decisivo en lo que se norma y produce como literatura mundial / literaturas del mundo.

Bibliografía

Ette, Ottmar. Literatur in Bewegung. Raum und Dynamik grenzüberschreitenden Schreibens in Europa und Amerika. Weilerswirst: Velbrück Wissenschaft, 2001. [ Links ]

Larraín, Jorge. Modernidad, razón e identidad en América Latina. Santiago: Andrés Bello, 1996. [ Links ]

Wallerstein, Immanuel. El moderno sistema mundial. I. La agricultura capitalista y los orígenes de la economía-mundo europea en el siglo XVI. Trad. Antonio Resines. México: Siglo XXI, 2007. [ Links ]

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