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Revista chilena de literatura

versión On-line ISSN 0718-2295

Rev. chil. lit.  no.96 Santiago dic. 2017

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-22952017000200055 

Dossier Literatura Mundial/Literaturas del Mundo

Borges en el mundo, el mundo en Borges

Borges in the world, the world of Borges

Daniel Balderston1 

1Universidad de Pittsburgh, Pittsburgh, Estados Unidos.

Resumen:

Este artículo versa sobre las maneras en que Borges personifica (por sus lecturas y sus referencias) la literatura mundial a la vez que la critica como idea. Examina textos diversos, desde poemas de sus primeras épocas a la conferencia “El escritor argentino y la tradición” (1951) a textos tardíos. Analiza la actitud escéptica de Borges con respecto a la posibilidad de una literatura mundial, y sus diversas estrategias para socavarla, a la vez que habla de su inmensa y varia erudición.

Palabras clave: Borges; literatura mundial; escepticismo; literatura argentina; erudición.

Abstract:

This article deals with the ways in which Borges (due to his readings and his references) personifies world literature as well as critiques it as an idea. It examines a variety of texts, from his early poetry to the 1951 lecture on the Argentinian writer and tradition to later texts. It analyses Borges’s sceptical stance towards the possibility of world literature, and the different ways in which he undermines it as an idea, while at the same time describing his immense and wide erudition.

Keywords: Borges; world literature; scepticism; Argentinian literature; erudition.

“El mundo será Tlön”: Borges, con singular (o falsa) modestia, propone que en un futuro inmediato (solo siete años después de la primera publicación de su relato) el mundo conocido se convertirá en otro, gracias en parte a su participación en la publicidad de la existencia (virtual) de un planeta imaginario. En “El Aleph”, a pesar de múltiples referencias al universo, todo lo visto en la frase larga (“Vi el populoso mar, vi el alba y la tarde . . .”) son cosas de nuestro mundo, de planeta Tierra, y esto a pesar de que uno de los antecedentes que Borges menciona en el epílogo de 1949 al libro El Aleph es el cuento “The Crystal Egg” de H. G. Wells, que tiene que ver con el planeta Marte. ¿Qué nos puede decir Borges sobre nuestro mundo? A lo largo de su carrera reseña una antología de cuentos de Turquestán, traduce a Kafka y a Michaux y a Melville y a Woolf, escribe relatos ubicados en el Japón, en la India, en Checoslovaquia, en Guatemala (para solo nombrar algunos lugares), se refiere a centenares de miles de autores y títulos. Durante tres años escribe una columna cada quince días sobre “Libros y autores extranjeros” en El Hogar, donde incluye notas sobre literatura china, sobre Isaac Babel, sobre escritores norteamericanos. Hablaba inglés como segunda lengua nativa y se manejaba bien en el francés, el alemán, el latín, el italiano, el portugués y el inglés antiguo. Pocos como él se podrían considerar ciudadanos del mundo, y sin embargo insiste numerosas veces en su condición de “mero sudamericano”, en su modo intenso de posicionarse como “escritor argentino”, en su declaración de ser uno de los descubridores de las posibilidades poéticas de los barrios marginales de Buenos Aires.

Aun en sus referencias a la historia mundial y a la literatura mundial, Borges expresa un escepticismo tajante. El título de su primer libro de cuentos, Historia universal de la infamia (1935), se burla de la idea hegeliana de Weltgeschichte, como también lo hace de modo feroz en “El pudor de la historia” (1952), donde dice que es fácil producir eventos que representan supuestos cambios en la historia mundial y que varios gobiernos (menciona la URSS y los estados fascistas, pero sin duda piensa también en el gobierno peronista) se encargan de producirlos bajo “el influjo de Cecil B. de Mille” (Obras completas 754). Se está burlando aquí de nada menos que la declaración de Goethe en Valmy, “Von hier und heute geht eine neue Epoche der Weltgeschichte aus, und ihr könnt sagen, ihr seid dabei gewesen” (Borges traduce: “En este lugar y el día de hoy, se abre una época en la historia del mundo y podemos decir que hemos asistido a su origen” [754]). Las dos fechas que rescata como momentos de real cambio en la historia del mundo son la introducción del segundo actor por Esquilo y el elogio que hace Snorre Sturluson en el Heimskringla del adversario inglés: Dice Borges: “yo he sospechado que la historia, la verdadera historia, es más pudorosa y que sus fechas esenciales pueden ser, asimismo, durante largo tiempo, secretas” (754). Y en otro ensayo del mismo momento, “Destino escandinavo”, dice que “[e]n el siglo XII, los islandeses descubren la novela, el arte del normando Flaubert, y ese descubrimiento es tan secreto y tan estéril, para la economía del mundo, como su descubrimiento de América” (54). Es decir, recorre el “sistema-mundo” pero duda que esté articulado como sistema.

La aproximación escéptica de Borges con respecto a la literatura mundial también se puede notar en su análisis, sostenido durante un período de cuarenta años, de uno de los fenómenos más locales de la literatura, la escritura (por parte de escritores urbanos con distintas agendas políticas) de poesía en habla gaucha desde 1818 (los primeros poemas gauchescos de Bartolomé Hidalgo, escritos durante los comienzos de los movimientos por la independencia de España) hasta 1879 (la fecha de publicación de La vuelta de Martín Fierro, la segunda parte del poema largo de José Hernández). El Martín Fierro había sido proclamado como poema nacional, incluso como epopeya, por Ricardo Rojas y Leopoldo Lugones en la segunda década del siglo XX (durante las celebraciones de la independencia argentina, de 1910 a 1916); Borges notó que el deseo por un poema épico que diera sentido y unidad a la nación en un momento de inmigración europea masiva se derivaba del ideario del romanticismo alemán, y que el objeto escogido para ese estatus canónico estaba marcado por el realismo de la novela del siglo diecinueve. El deseo por una tradición autóctona era un producto de importación europea. Ese argumento adquirió su forma más aguda en la conferencia de 1951 “El escritor argentino y la tradición”, presentado en el momento de apogeo del gobierno peronista, en la que Borges afirma que “los nacionalistas simulan venerar las capacidades de la mente argentina pero quieren limitar el ejercicio poético de esa mente a algunos pobres temas locales, como si los argentinos sólo pudiéramos hablar de orillas y estancias y no del universo” (271)1. De esto, llega a la afirmación de las ventajas de la visión periférica: “Creo que los argentinos, los sudamericanos en general, . . . podemos manejar todos los temas europeos, manejarlos sin supersticiones, con una irreverencia que puede tener, y ya tiene, consecuencias afortunadas” (273).

Borges hace la mayor parte de sus estudios formales en el Collège Calvin de Ginebra, de 1914 a 1918 (aunque nunca se presentó para los últimos exámenes, quedándose sin el bachillerato), y esos años europeos se extienden hasta 1921, con un segundo viaje familiar en 1923-24. Después se quedará en el Río de la Plata hasta 1961, cuando acepta una invitación a enseñar por un semestre en la Universidad de Texas en Austin. Desde esa fecha hasta su muerte en 1986, sus viajes son incesantes. Sin embargo, los 37 años en casa, en el Río de la Plata, fueron importantes para sus pensamientos sobre el mundo, como explicita en el último párrafo del primer capítulo de Evaristo Carriego (1930), su único libro escrito como tal. Allí cita el poema de Browning “Home-Thoughts from the Sea” - “Here and here did England help me”- pero desplaza la afirmación de Browning: “me sirve como símbolo de noches solas, de caminatas extasiadas y eternas por la infinidad de los barrios. Porque Buenos Aires es hondo, y nunca, en la desilusión o la pena, me abandoné a sus calles sin recibir inesperado consuelo, ya de sentir irrealidad, ya de guitarras desde el fondo de un patio, ya de roce de vidas” (111-12). Este escritor tan erudito, esta mente tan ecuménica, encuentra su centro en Buenos Aires, ciudad (y región) que decide no dejar por largas décadas, a pesar de numerosas invitaciones de acompañar a Adolfo Bioy Casares y Silvina Ocampo en sus viajes a Estados Unidos y Europa, como consta en el Borges de Bioy. Cuando se resuelve a aceptar cuantas invitaciones le lleguen, de 1961 hasta su muerte en Ginebra en 1986, ya está ciego: es un viajero que no ve, y que sin embargo colabora en un libro de viajes y fotos con el título de Atlas (1984)2.

En 1921, al llegar a Buenos Aires después de siete años en Europa, publica el poema “Arrabal” en la revista Cosmópolis en España, y lo incluye con cambios menores en Fervor de Buenos Aires, su primer libro, en 1923. El poema (en la versión de 1921) termina así:

y sentí Buenos Aires

y literaturicé en la hondura del alma

la viacrucis inmóvil

de la calle sufrida

y el caserío sosegado (Textos recobrados 1919-1929, 99).

En 1943, durante el largo período rioplatense (de 1924 a 1961), cambió esto a:

y sentí Buenos Aires.

Esta ciudad que yo creí mi pasado

es mi porvenir, mi presente;

los años que he vivido en Europa son ilusorios,

yo estaba siempre (y estaré) en Buenos Aires (Obras completas 32).

Es decir, Borges falsifica su propia historia, proyectando (a través del joven poeta de 1921) su certeza de ser un poeta local y no mundial. La versión original de “Arrabal”, escrito en sus años de mayor cercanía al expresionismo alemán (tema de un libro reciente de Carlos García) y de militancia en el ultraísmo español, es un poema que expresa un arraigo en la ciudad natal.

Sin embargo, no es del todo así. La primera edición de Fervor de Buenos Aires incluye los poemas “Benarés” y “Judería”, y Luna de enfrente (1925), el poema “Apuntamiento de Dakar” y unos “Soleares” muy influidos por Federico García Lorca y ambientados en Andalucía. Un manuscrito de 1919, “Calle desconocida”, tiene un dibujo muy detallado de casas bajas y una calle marginal de Buenos Aires, lo cual sugiere que el “descubrimiento” de Buenos Aires no data del año del regreso de la familia (1921) sino que se produce antes, a través de la nostalgia. (Otro poema de la misma época, que luego se llamará “Ciudad”, tiene el título inicial de “Nostalgia inescrutable”). El vaivén entre lo local y lo global marca ese período inicial de su producción literaria, como marcará toda su producción posterior. Como observa Beatriz Sarlo en Borges, un escritor en las orillas, se equivocan profundamente los que ven a Borges solo como un escritor cosmopolita (o “europeizante”, o “escapista”); se podría agregar que también se equivocan los que lo quieren ver sobre todo como el gran escritor argentino o hispanoamericano. Las tensiones entre criollismo y cosmopolitismo, entre nacionalismo y un antinacionalismo tajante, informan toda su obra. Un cuento como “Historia del guerrero y de la cautiva”, que emparenta el descubrimiento de la ciudad romana de Ravena por parte del invasor “bárbaro” Droctulft a la preferencia por la vida entre los indios de la pampa argentina por parte de una inglesa, es emblemático de esa actitud: de algún modo, la historia de Droctulft reivindica la idea de Sarmiento de valorar la “civilización” sobre la “barbarie” como proyecto político para la nación argentina, pero la historia de la cautiva inglesa a quien conoce la abuela inglesa de Borges en el cuento subvierte el proyecto sarmentino (e incluye algunos ecos de un libro irónico de la época de Sarmiento, la Excursión a los indios ranqueles, de Lucio Mansilla)3. Otro relato semejante es “La trama” (publicado inicialmente en 1957 e incluido en El hacedor en 1960), que propone paralelos entre el momento del asesinato de Julio César por la comitiva dirigida por su protegido, Marco Bruto, y un relato de un gaucho bonaerense asesinado por su ahijado.

Mencioné “Tlön, Uqbar, Orbis Tertius” al principio de este ensayo, y de cierto modo es, con “El Aleph”, el cuento de Borges que mejor expresa su experiencia tensa de arraigo y desarraigo. Escrito en Salto en el Uruguay (donde Borges a veces veraneaba con su prima hermana Esther Haedo, casada con el novelista uruguayo Enrique Amorim), afirma la participación periférica de un inglés amigo del padre de Borges, de un noruego en Rio Grande do Sul en el Brasil, de una argentina casada con un príncipe francés, de un gaucho muriéndose en un catre en la frontera uruguaya-brasileña, de Borges y sus amigos (Bioy Casares, Alfonso Reyes, Pedro Henríquez Ureña entre otros), en un proyecto, ideado inicialmente por un esclavista rico de Nashville, Tennessee, en el siglo XIX, de imaginar un planeta imaginario y de escribir una enciclopedia que hablara (en orden alfabético, y por lo tanto de modo fragmentario) de su flora y su fauna, sus debates filosóficos, sus lenguas y sus costumbres. Borges escribe:

Ahora tenía en las manos un vasto fragmento metódico de la historia total de un planeta desconocido, con sus arquitecturas y sus barajas, con el pavor de sus mitologías y el rumor de sus lenguas, con sus emperadores y sus mares, con sus minerales y sus pájaros y sus peces, con su álgebra y su fuego, con su controversia teológica y metafísica. Todo ello articulado, coherente, sin visible propósito doctrinal o tono paródico (434).

Y dirá al final del cuento que ese planeta imaginario ha invadido el nuestro (hacia 1947, siete años después de su primera publicación), y que su historia “armoniosa (y llena de episodios conmovedores) ha obliterado a la que presidió mi niñez” (443). Resume:

Casi inmediatamente, la realidad cedió en más de un punto. Lo cierto es que anhelaba ceder. Hace diez años4, bastaba cualquier simetría con apariencia de orden -el materialismo dialéctico, el antisemitismo, el nazismo- para embelesar a los hombres. ¿Cómo no someterse a Tlön, a la minuciosa y vasta evidencia de un planeta ordenado? (442-43).

“El mundo será Tlön” y “desaparecerán del planeta el inglés y el francés y el mero español” (443), pero mientras tanto, Borges se ocultará en un hotel de Adrogué en las afueras de Buenos Aires para traducir al español el UrneBuriall, de Sir Thomas Browne, ese monumento de prosa barroca inglesa que es a la vez una reflexión sobre el misterio de la muerte.

El manuscrito del cuento da una instancia maravillosa de cómo Borges urdió esta pesadilla. Una nota de pie de página en la segunda sección del relato dice: “Russell (The Analysis of Mind 1921, página 159) supone que el planeta ha sido creado hace pocos minutos, provisto de una humanidad que ‘recuerda’ un pasado ilusorio” (437). Russell escribe, en el pasaje en cuestión:

[E]verything constituting a memory-belief is happening now, not in that past time to which the belief is said to refer. It is not logically necessary to the existence of a memory-belief that the event should have occurred, or even that the past should have existed at all. There is no logical impossibility in the hypothesis that the world sprang into being five minutes ago, exactly as it then was, with a population that wholly ‘remembered a wholly unreal past. There is no logically necessary connection between events at different times; therefore nothing that is happening now or that will happen in the future can disprove the hypothesis that the world began five minutes ago. Hence the occurrences which are called knowledge of the past are logically independent of the past; they are wholly analysable into present contents, which might, theoretically, be just what they are even if no past had existed (159-160).

Russell se apresura en agregar: “I am not suggesting that the non-existence of the past should be entertained as a serious hypothesis. Like all skeptical hypotheses, it is logically tenable, but uninteresting” (160). El manuscrito, sin embargo, esconde un segundo intertexto: en otra versión de la misma nota, Borges agrega: “Stapledon (Philosophy and living 1939, pág. 229) fantasea q. el universo consta d. u. sola persona”. En el segundo tomo de la obra en cuestión, publicada por Penguin en 1939 (un año antes de la escritura del relato), Stapledon (mejor conocido por su ciencia ficción que por sus indagaciones filosóficas) escribe:

The atomistic or granular theory of experience . . . [if] taken seriously . . . makes memory impossible. According to the theory a particular act of memory is just a system of mental imagery to which is attached a feeling of “pastness.” It has also certain relations within a wider system of possible imagery, similarly toned with “pastness,” namely “my past experience.” But within the terms of the theory it is quite unintelligible that memory should be about actual events which formerly occurred and are now non-existent. For if it is about actual past events, the conscious act of remembering must be something more than a mere present event having no contact with the past. Something or other that was present at the past event must persist now. Such a spanning of past and present the theory does not admit. So far as the theory is concerned, memory must be a gigantic illusion. I may have come into being a few seconds ago equipped with a complete set of bogus memories which have no relation to a real past. If we insist on believing that memory really reports the past we must refrain from describing consciousness in such a way as to make this impossible (2: 229).

Stapledon ha suplementado las hipótesis escépticas de Russell (imposibles de refutar, como afirma Russell) con la idea de que una sola mente sería suficiente para imaginar el mundo. La fábula de Borges convierte esta fantasía filosófica en realidad, en el mundo de 1947 que invade el de 19405.

Russell había dicho que la hipótesis de que el mundo haya sido creado hace sino minutos era “logically tenable, but uninteresting” (160). Borges recordaría esa declaración (sin citarla nunca como tal) varias veces en sus ficciones policiales heterodoxas. En “La muerte y la brújula” (1943), por ejemplo, el detective Lönnrot responde al análisis de un asesinato por parte de su colega Treviranus (que terminará teniendo la razón) al decir que la hipótesis de Treviranus era “[p]osible, pero no interesante. . . . Usted replicará que la realidad no tiene la menor obligación de ser interesante. Yo le replicaré que la realidad puede prescindir de esa obligación, pero no las hipótesis” (500). Y en “Abenjacán el Bojarí, muerto en su laberinto” (1951), el poeta Dunraven y el matemático Unwin discuten la naturaleza del misterio del lugar:

--No multipliques los misterios -le dijo [Unwin]-. Éstos deben ser simples. Recuerda la carta robada de Poe, recuerda el cuarto cerrado de Zangwill. --O complejos -replicó Dunraven-. Recuerda el universo (600).

Los dos jóvenes han llegado a un rincón remoto de Cornwall la primera semana del verano de 1914: el narrador nos dice, lacónicamente, que buscaban aventuras: “hartos de un mundo sin la dignidad del peligro” (600). Su aventura real comenzará poco después, con las declaraciones de guerra; en el interín, las delicadas leyes de la ficción policial (inventadas, según Borges, para ser transgredidas: véase “Los laberintos policiales y Chesterton”) les servirán como entretenimiento pero tal vez también les permitirán crearse sus propios mundos. Esos mundos, como el de “Tlön”, se hacen sólidos a través de actos de la imaginación.

El “Finder’s Guide” en la página web del Centro Borges (www.borges.pitt.edu) indexa centenares de miles de referencias en la obra de Borges. Hay de todo, desde efemérides de escritores importantes a personajes de la realidad argentina ligeramente disfrazados (sobre todo en las obras en colaboración con Bioy Casares6), a referencias a los más variados campos del saber y de la cultura popular. Borges, libros y lecturas de Rosato y Álvarez recopila miles de anotaciones de Borges en algunos libros que leyó (los que donó a la Biblioteca Nacional en 1973, cuando dejó el puesto de director que había ocupado desde 1955). A la vez, Borges ha influido enormemente en la literatura contemporánea, desde Pynchon y Rushdie a Shammas y Sjon. En Yo el Supremo de Roa Bastos (1974) la presencia de Borges es fuerte, en detalles como la traducción de la adivinanza anglosajona de la polilla a la discusión del género de los equivalentes de la palabra luna en diferentes lenguas. El entenado de Juan José Saer (1983) es en cierta forma una glosa (palabra que usará Saer como título de su próxima novela) al verso de “Fundación mitológica de Buenos Aires” (1928), “donde ayunó Juan Díaz y los indios comieron”. La Argentina retratada en un capítulo de The Satanic Verses de Salman Rushdie, y la presente en Gravity’s Rainbow de Pynchon, se basan en escritos de Borges. Alberto Rojo ha trazado las relaciones entre Borges y la física cuántica, y Floyd Merrell también. William Goldbloom Bloch y Guillermo Martínez, entre otros, han estudiado los conocimientos de Borges de las matemáticas. La influencia de Borges en el cine (Cozarinsky), en las artes visuales (Gracia) y en la música (Turci-Escobar, pero también las obras de compositores como Diego Vega) es notable. Y Borges es un referente inevitable en los escritos sobre el hipertexto, el internet y la informática en general (entre otros, el libro de Sasson-Henry y la compilación de Herbrechter y Callus) son abundantes, como también lo son los estudios de Borges y la filosofía (Arana, Nuño, Johnson, Dapía y muchos otros). Borges es un lector asombrosamente hospitalario, y ha abierto puertas a obras creativas, y líneas de investigación en las ciencias exactas y en las ciencias sociales, de forma muy notable. Las páginas de la revista que dirijo, Variaciones Borges (fundada en Dinamarca en 1995 por Iván Almeida y Cristina Parodi), han sido a su vez hospitalarias a investigaciones en los campos, y sobre los temas, más diversos.

Sin embargo, Ignacio Sánchez Prado observa en la introducción a su compilación América Latina y la “literatura mundial” (2006) que Borges está completamente ausente de las reflexiones de Franco Moretti sobre la novela mundial (cosa que no sorprende por el hecho de que no fuera novelista) y que apenas se menciona en La République mondiale des lettres de Pascale Casanova (Sánchez 33), cosa que sí es sorprendente. No aparece una sola vez en las 1300 páginas del Dictionary of Untranslatables de Barbara Cassin. Pero es una injusticia: Susan Sontag escribe, en una carta a Borges a los diez años de su muerte: “That, of course, was part of your modesty: your taste for finding your ideas in the ideas of other writers” (111), y Pablo Ruiz ha escrito que “there is maybe no other figure, in any language, who may dispute with him the place of supreme reader” (222).

Borges, sin embargo, es una presencia incómoda en las reflexiones sobre la literatura mundial: descree del todo en su existencia, pero parece conocerla mejor que nadie. Su fina ironía desplaza el centro; por eso algún lector de “La esfera de Pascal” puso en un pequeño monumento en el centro de la Universidad de San Pablo en el Brasil: “NO UNIVERSO DA CULTURA O CENTRO ESTÁ EM TODA PARTE”. Ese lector de Borges, “el escritor en las orillas”, como lo llamó Beatriz Sarlo, supo ver la fuerza de su escepticismo con respecto a lo “mundial” en la literatura y en la historia, supo apreciar el modo en que Borges socavó los cimientos de la “república mundial de las letras”. Borges es la figura paradigmática del sabio, y como tal es muy consciente de los límites de sus saberes. Se define en el ensayo sobre Groussac en Otras inquisiciones como “un lector hedónico” (233), y sin duda uno de sus máximos placeres es leer -con picardía, con desconfianza, con imaginación- las obras serias, mayores de la raza humana.

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1 Estudio los apuntes para esta conferencia en “Detalles circunstanciales…”.

2 Sobre la recepción de Borges en inglés y francés en la época de su fama mundial, véase la excelente tesis de Lies Wijnterp.

3 Sobre esto, véase el capítulo acerca de ese cuento de mi libro ¿Fuera de contexto? (1996, versión original en inglés de 1993).

4 Es decir, en 1937, ya que esta parte viene de la “posdata de 1947”. El cuento se escribe y se publica en 1940, en momentos de la conquista de Europa por los nazis, pero recuerda los momentos previos a la guerra e imagina un mundo distópico futuro.

5 Estudio este manuscrito de “Tlön”, que es también el manuscrito del poema “La noche cíclica” (sobre el eterno regreso) en un artículo que está por aparecer, “Un cuento y un poema”, que saldrá en la revista Lo que los archivos cuentan, de la Biblioteca Nacional del Uruguay.

6 El Borges Center de Pittsburgh y el Centro Borges de la Biblioteca Nacional de Buenos Aires están por publicar en coedición un extraordinario volumen que guiará al lector por los mundos de Bustos Domecq y Suárez Lynch: Borges-Bioy en contexto de Cristina Parodi.

Recibido: 19 de Junio de 2017; Aprobado: 18 de Julio de 2017

Correspondencia: daniel.balderston@pitt.edu

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