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Universum (Talca)

On-line version ISSN 0718-2376

Universum vol.19 no.2 Talca  2004

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762004000200015 

 

Revista Universum Nº 19 Vol.2 :186 - 197, 2004

ARTICULOS

El hombre, ese fantasma: el yo como otredad en la narrativa de Roberto Bolaño

 

Patricia Poblete Alday (*)

(*) Programa de Doctorado en Literatura Hispanoamericana, Universidad Complutense de Madrid, España.


RESUMEN

Esta ponencia hace un breve recorrido por la caracterización de personajes en la obra narrativa del escritor chileno Roberto Bolaño, con miras a establecer una cierta tipología común. Dicha tipología se inscribe, claramente, dentro de los márgenes de la postmodernidad y las condiciones existenciales que ésta impone al individuo, producto de las cuales éste comienza a ver disueltas no sólo sus certezas, sino también su personalidad. Para este análisis se integran postulados y teorías provenientes de la historia y la teoría literarias; de la antropología cultural, el psicoanálisis social, la sociología y la historia de las religiones. El punto de encuentro y síntesis de estas corrientes se sitúa principalmente en la Mitocrítica de Gilbert Durand.

Palabras clave:

Literatura chilena - Literatura hispanoamericana - Roberto Bolaño


ABSTRACT

In this work we analyze the character's profile in the chilean writer Roberto Bolaño's books. With this we want to propose a general typology in his literature, which is clearly part of the postmodern times and its existencial conditions. These conditions make possible the actual dissolution not just of the human certains, but the own personality. This work uses history and literary theory's tesis, and also uses theories which come from the cultural anthropology, the social psychoanalysis, sociology and religion's history. The Gilbert Durand's Mythcriticism makes a good synthesis of all these disciplines and methodological perspectives.

Key words:

Chilean Literature - Latin-American Literature - Roberto Bolaño


 

Al caer de la tarde, dos desconocidos se encuentran en
los oscuros corredores de una galería de cuadros.
Con un ligero escalofrío, uno de ellos dijo:
Este lugar es siniestro, ¿Usted cree en fantasmas?
Yo no respondió el otro ¿Y usted?
Yo sí dijo el primero y desapareció.
GEORGE LORING FROST
Memorabilia (1923)

Esta ponencia hace un breve recorrido por la caracterización de personajes en la obra narrativa del escritor chileno Roberto Bolaño, con miras a establecer una cierta tipología común. Dicha tipología se inscribe claramente dentro de los márgenes de la postmodernidad y las condiciones existenciales que ésta impone al individuo, tanto para su desarrollo personal como en su interacción con los otros y con el medio.

Sobre la existencia de un "sustrato de indeterminación" en estas narraciones, que se relaciona inexplicable pero directamente con las formas de la maldad y la perversión, el sujeto bolañiano se configura como un ente que se disuelve en un constante movimiento de búsqueda y huida, hasta devenir en una sombra ambigua; un reflejo borroso del Sí Mismo en el agua; un Narciso fantasmagórico que se fascina y se espanta al mismo tiempo.

En estas condiciones, el estatuto ontológico del individuo se resemantiza, y la otredad se instala dentro del Sí Mismo. La relación problemática deja de ser la que se establece entre un Yo y un Tú, y se desplaza al eje Yo-Mi Mismo, relegado la imagen del Otro en el mejor de los casos a un segundo o tercer plano.

* * *

"La grieta era profunda e insondable. Uno de los campistas dijo que su nombre era Boca del Diablo. Otro aseguró que los lugareños afirmaban que allí, en efecto, moraba el demonio o una de sus figuraciones terrenales. Pregunté el nombre del niño desaparecido y uno de los campistas respondió: Elifaz (1998: 429-430)

El párrafo corresponde a uno de los episodios más logrados de Los detectives salvajes (1998), la novela que consagró a Roberto Bolaño como uno de los mejores narradores de habla hispana en la actualidad. El párrafo es, además, uno de los más sugestivos y escalofriantes que encontramos a lo largo de las más de 600 páginas de la novela. En él, Xosé Lendoiro, un abogado romano, cuenta cómo la cueva aúlla y parece tragarse a los voluntarios que descienden por ella; voluntarios que regresan lívidos y mudos, cubriéndose la cara con las manos.

Bolaño no es Stephen King, pero episodios como éste no disuenan dentro de su narrativa. En ella la literatura siempre aparece ligada a algunas formas de la maldad. Y decimos "algunas" ya que la maldad aquí como en el episodio del pozo nunca se manifiesta de forma visible, sino que permanece como un halo misterioso e indeterminado.

Estos estados de indeterminación, que actúan como atmósferas macabras, sólo llegan a tomar un matiz algo más definido en tres de las novelas de Bolaño: La literatura nazi en América (1996), Estrella distante (1996) y Nocturno de Chile (2000)

Mientras que en el primero la filiación con el nazismo es el rasgo evidente que liga a todos sus protagonistas con la maldad, en los dos últimos los estados represivos y malignos se vinculan con el Chile dictatorial. Sin embargo, es significativo precisar que este entorno sociopolítico, que tiene un referente histórico real, concreto y compartido, nunca cristaliza, en estas obras, como ejercicio de tortura, violación, masacre o cualquier otra forma de violencia institucionalizada.

En Nocturno de Chile, a través del recuento delirante que hace de su vida el sacerdote Urrutia Lacroix en la que cree será su última noche, se revive la coyuntura política de 1973 y el ambiente represivo al que dio paso, condensando en las figuras de los enigmáticos señores Odeim y Oido (Miedo y Odio, al revés). Urrutia Lacroix, miembro del Opus Dei, poeta y crítico literario, acaba impartiéndole sin resquemores éticos ni morales clases de marxismo a Pinochet y a la Junta de Gobierno; así como además asiste impávido e ignorante a las macabras tertulias literarias realizadas en la casa-centro de tortura de un agente de la policía secreta. La maldad, aquí, se liga directamente con las condiciones del entorno.

"Chile entero se había convertido en el árbol de Judas, un árbol sin hojas, aparentemente muerto, pero bien enraizado en tierra negra, nuestra fértil tierra negra en donde los gusanos miden cuarenta centímetros" (2000:138)

Sin embargo, tal y como apuntábamos más arriba, lo maligno no cuaja en ninguna manifestación singular, visible y descriptible, que se incluya en el tiempo ni en la corriente del relato. Pareciera ser, más bien, un correlato de las propias pulsiones internas del sujeto individual e histórico que posibilitan su aparición, su reconocimiento y su ulterior identificación. De hecho, Urrutia Lacroix experimenta en sí mismo los síntomas de estas fuerzas desconocidas:

"De angélica mi poesía se tornó demoníaca (...) Escribía sobre mujeres a las que zahería sin piedad, escribí sobre invertidos, sobre niños perdidos en estaciones de trenes abandonados. Mi poesía siempre había sido, para decirlo en una palabra, apolínea, y lo que ahora me salía más bien era, por llamarlo tentativamente de algún modo, dionisíaca" (2000:101)

En Estrella distante el entorno es el mismo: el de Chile bajo la represión. Sin embargo, el mal aquí se personifica como un solo hombre: el Teniente Ramírez Hoffman, también conocido como Carlos Wieder o como Alberto Ruiz Tagle, poeta aéreo y presunto autor de desapariciones y crímenes ocurridos durante los primeros años de la dictadura militar. A lo largo de la narración, los personajes permanecen hechizados o atemorizados por su figura, signada por algo "innombrable, pero presente, tangible" (1996b:17)

Asimismo, los poemas de Wieder son oscuros y crípticos, con constantes referencias a la muerte individual y colectiva, y por ello se hacen solidarios tanto del ambiente histórico que refieren como de esa realidad que permanece oculta pero a la vez presente, con el mal abismante pero posible. A través de Carlos Wieder se evidencia, como señala el crítico Juan Andrés Piña:

"la apretada relación entre la literatura y el horror, como si acercarse a la experiencia de la escritura lector o autor conllevara necesariamente una cercanía con ciertas alarmantes formas de perversión"1.

En estas tres obras, en suma, la literatura se liga a la maldad, al odio y al fanatismo a través de las condiciones del entorno; moldeados por un ambiente y por una ideología fascistas. Los poetas y escritores reseñados en ese falso diccionario de literatura que es La literatura nazi en América son presentados como un desfile de excéntricos y psicóticos, cuya peligrosidad radica en su aparente calma. En Estrella distante, Wieder, "el gran poeta de los nuevos tiempos" (1996b:45) aparece como una leyenda negra, misteriosa y siniestra: el poeta-aviador de Huidobro, que utilizaba las palabras como paracaídas, se transforma con Wieder en un ángel oscuro que sólo acarrea desorientación y muerte. En Nocturno de Chile, finalmente, el panorama literario de nuestro país se muestra sumergido en el pantano de la represión, cuando no plenamente solidario de ella.

Pero además de ser evidente esta relación entre historia-maldad-literatura, a falta de evidencia concreta la ligazón entre los términos es, en la narrativa de Bolaño, paradójicamente débil. El autor privilegia y desarrolla con más ahínco la mantención de la maldad como un halo invisible, intocable, innombrable, pero aún así perceptible. Que rodea a sus protagonistas y acecha cada acción narrativa, pero nunca se desvela como tal.

Esta relación con la maldad y las fuerzas oscuras conforma un orden subterráneo y desconocido, que no es sobrenatural pero tampoco humano y condiciona, como una mala estrella, las vidas de los personajes. La maldad, el miedo, la sensación de peligro, en esta forma latente e indeterminada, la encontramos también en Monsieur Pain (1999), novela en la que un francés anodino, si bien puede reconocer esa presencia inquietante, es incapaz de racionalizarla, y por ende de aplacar sus temores: "El olor de esta noche es especial, es como si algo se estuviera moviendo por las calles, algo impreciso, que conozco, pero que no consigo recordar qué es" (1999a:51)

En La pista de hielo (1993) hallamos un orden similar, terrible y desconocido. Allí la ciudad de Z aparece como epicentro de una fuerza misteriosa y maligna, que los lugareños asocian al Palacio de Benvingut (el "edificio del infierno", 1993:87) y a la críptica inscripción que hay a su entrada: "Somos así porque Benvingut nos ha hecho así" (1993:142). Esta fuerza misteriosa se personifica en la figura del Recluta, quien termina asesinando a la mujer que ama, como obedeciendo un impulso que lo supera y que lo gobierna.

En el volumen de cuentos Putas asesinas (2001) vemos el rastro de esta presencia en varias narraciones. En "Últimos atardeceres de la tierra", por ejemplo, las vacaciones de un hombre y su hijo son quebradas por la irrupción de un "período aparentemente normal, pero dominado por unos dioses helados" (2001:56), que el narrador asocia con el tipo de "cosas que no se pueden contar" (2001:54) y que son antesala de todo desastre. En "Buba", el éxito de un equipo de fútbol completo se relaciona necesaria pero inexplicablemente con el ritual sangriento, angustiante y secreto de un africano. En "Dentista" lo maligno parece emanar de un cuadro colgado en una habitación, sin que el narrador sepa el porqué ni mucho menos el cómo.

En Llamadas telefónicas (1997) un hombre huye de un influjo desconocido que lo atormenta y lo lleva al suicidio («Enrique Martin»); dos mujeres se esconden de un asesino que nunca se materializa («William Burns»), y una norteamericana advierte la presencia de algo innominado que ha de marcar el resto de su existencia ("Vida de Anne Moore"). Al igual que en el resto de las narraciones de Bolaño, aquí jamás llegamos a conocer la mecánica de esta fuerza, sino tan sólo sus síntomas.

Esta dialéctica entre lo dicho y lo omitido sitúa la obra de Bolaño como una literatura de la postmodernidad. Esta filiación es crucial y profundizaremos en ella más adelante. Por ahora sólo señalaremos dos puntos estructurales. El primero: que dicha dialéctica reproduce lo que Lyotard llamó lo "impresentable"2 del arte actual; esto es: hace ver que hay algo que se puede concebir y que no se puede ver ni hacer ver. El segundo: que lo que Iser y Jauss han llamado "lagunas de indeterminación"3 en un texto (los huecos, lo no dicho, lo implícito) adquieren una importancia central en la narrativa de nuestros días. En otras palabras: en el texto de ficción lo no dicho es el fundamento de constitución de lo dicho, y se manifiesta por medio de sus espacios vacíos.

Por medio de esta doble configuración de los mundos ficcionales, donde la maldad como la hemos llamado tentativamente subyace al mundo cotidiano gobernando su funcionamiento, se gatilla el comportamiento central de los personajes bolañianos: la búsqueda. Búsqueda de un sentido último que, al estar determinada por esta desconexión entre causa y efecto, así como por la lógica que subyace a todo hecho visible, se ve condenada al fracaso.

La conciencia de esta imposibilidad de hallar un sentido atormenta continuamente a nuestros personajes. Al narrador de "Gómez Palacio", cuento incluido en Putas asesinas, por ejemplo: "Todo aquello no tenía sentido, pensaba, pero en el fondo sabía que tenía sentido y que ese sentido era el que me desgarraba" (2001:28). El personaje de "Días de 1978", asimismo, sabe que la imagen de un hombre que conoció en el pasado: "perdura en su memoria de forma misteriosa, como si estuviera allí para decirle algo, algo que es importante, pero que B, por más vueltas que le da, no sabe qué es" (2001:68).

La búsqueda de los personajes, al fracasar o desembocar en una fugaz percepción de la realidad subterránea percepción que, no obstante, no supone su comprensión no sólo se vuelve infructuosa, sino que deviene en huida. Esta estructura de búsqueda, persecución y fuga se evidencia especialmente en Los detectives salvajes, donde el núcleo de los real visceralistas, a la vez que va tras las huellas de Cesárea Tinajero, huye de dos sujetos que les persiguen. Esta huida será el móvil que articula y define sus vidas, a la vez que el formato que determina la segunda parte de la novela, es decir el rastreo acucioso y polifónico de la vida de Belano y Lima que realiza un compilador desconocido.

El viaje como huida signa también los relatos cortos de Bolaño. "El Ojo Silva" y "Vagabundo en Francia y Bélgica" ambos pertenecientes a Putas asesinas lo actualizan con bastante claridad. En el primero un fotógrafo recorre el mapa escondiéndose de la Secta del Dios Castrado; una congregación prohibida y misteriosa que lo ha condenado por toda la eternidad. En el segundo el narrador pasea y derrocha "para perderse, para ver pasar los días" (2001:83). Finalmente en "Enrique Martin", relato de Llamadas telefónicas, la huida se percibe como una maldición que los personajes se traspasan unos a otros.

La búsqueda que deviene fuga cristaliza de diversos modos en esta narrativa. En Amuleto (1999) es la exclusión mental del mundo y de su racionalidad. En Nocturno de Chile toma la forma del viaje de estudio que Urrutia Lacroix realiza a Europa. En Putas Asesinas se constituye como exilio, político y existencial. Pero es en La literatura nazi en América donde la huida toma sus ribetes más interesantes, al menos a efectos de esta ponencia.

En esta novela vemos el motivo plasmado en los escritores que se esconden entre juegos de máscaras y espejos, disfrazando, fragmentando su identidad hasta acabar perdiéndola por completo. Como Max Mirebalais, quien se escinde en múltiples alter egos, excéntricos y contradictorios; o como Ignacio Zubieta y Jesús Fernández-Gómez, quienes actualizan el viejo tema del doble en el capítulo "Los héroes móviles o la fragilidad de los espejos".

Tras el deseo aparente de enlazar casualidades, descifrar lenguajes y percibir signos, intuimos sobre todo a partir de La literatura nazi... que esta búsqueda-huida-persecución no es sino una búsqueda del Propio Yo. Bajo el suave despotismo de lo innominado, el sujeto se ha convertido en la obra de Bolaño en un desconocido para sí mismo, que vaga con la esperanza de que la articulación de las exterioridades ilumine el reencuentro con el Yo que lleva dentro, escondido y agazapado.

El sujeto, incluso dentro de la misma diégesis, se convierte en un ente ficcional, como ya veíamos en La literatura nazi... Un invento, de sí mismo o de los otros. La literatura, la narración, no ayuda como podría esperarse a fijar los referentes individuales ni a entender la propia subjetividad. Auxilio Lacouture, narradora de Amuleto, ve desvanecerse su entidad persona y personaje entre las lagunas y las distintas versiones de la historia de su encierro en un baño durante la violación de la autonomía universitaria en el México de 1968:

"muchas veces escuché mi historia, contada por otros, en donde esa mujer que estuvo 13 días sin comer, encerrada en un baño, es una estudiante de medicina o una secretaria de la Torre de Rectoría, y no una uruguaya sin papeles y sin trabajo y sin casa donde reposar la cabeza. Y a veces ni siquiera es una mujer sino un hombre" (1999b:148)

Los personajes de estos relatos, para decirlo en términos de Lipovetsky4, vagan en pos de sí mismos como Narcisos desorientados. La búsqueda, por supuesto, es planteada en términos completamente autorreferenciales. Lo que buscan estos personajes en última instancia no es tanto una explicación del mundo ni una justificación de su orden, sino una significación que oriente sus vidas. Lo que los impulsa, pues, no es un reconocimiento del otro, sino de sí mismos. Como en La pista de hielo, donde dentro de los límites de Z toda relación interpersonal es resquebrajada por el miedo y por la desconfianza. Gaspar Heredia, uno de los tres narradores, entiende y relata en los siguientes términos el acercamiento entre él y Caridad:

" [Caridad] entró a la tienda, se desnudó e hicimos el amor (...) Como si el asunto no fuera con nosotros y los amantes de verdad estuvieran muertos y enterrados" (1993:161)

Asimismo, en Monsieur Pain el protagonista ve la recuperación de su paciente César Vallejo aquejado de un hipo eterno no en términos de salvar una vida, sino de asegurar la propia y precaria estabilidad

"y dar fe con ese acto de una realidad, de un orden lógico y superior dentro del cual podríamos seguir siendo quienes éramos, tal vez llegar, finalmente, a reconocernos" (1999a:23)

En este contexto, el hombre se convierte en un fantasma, sin sentidos ni referentes. Como Arturo Belano, hojeando un álbum de fotografías en medio de una aldea abandonada en medio del desierto africano ("Fotos", Putas asesinas), o como Auxilio Lacouture, quien narra ajena a cualquier coordenada espacio temporal... La misma huella del sujeto se hace borrosa y laberíntica, lo que nos queda claro con la reconstrucción de los itinerarios de Wieder, en Estrella distante, y de Arturo Belano en Los detectives salvajes. En el caso del primero:

"Las noticias sobre Carlos Wieder son confusas, contradictorias, su figura aparece y desaparece en la antología móvil de la literatura chilena envuelto en brumas" (1996b:103)

En el caso de Arturo Belano, su odisea por México, Europa y África se reconstruye sólo mediante fragmentos, a través del esfuerzo titánico de un compilador también fantasma que articula discursos de una cincuentena de personajes que coinciden, con mayor o menor claridad, en que describir a Belano, esto es, comprenderlo, ficharlo, reducir su alteridad agigantada y tenebrosa, es tarea imposible. El resto de los personajes incluyendo el narrador se mueven siempre como sombras en un discreto segundo o tercer plano. Ninguno termina de perfilarse completamente; sus conductas se mantienen muchas veces inexplicables a lo largo de los textos. El narrador mismo, todos los narradores de Bolaño, emborronan continuamente las propias marcas de lo que Dolezel llama "autoridad autentificadora"5 de lo narrado con frases como "A partir de aquí, mi relato se nutrirá básicamente de conjeturas" (1996b: 29) o "Todo lo anterior tal vez ocurrió así. Tal vez no." (1996b:92)

A lo anterior debemos sumarle la presencia constante figuras que alguna vez pertenecieron al "mundo real", pero que al aparecer en un ámbito ficcional, junto a personajes de ficción, y en calidad de almas errantes, acentúan la fantasmagorización reinante. Lilian Serpas, en Amuleto, es "esa mujer que aparecía y desaparecía por los bares y cafeterías de la avenida Bucareli" (1999b:73). Enrique Lihn, en Llamadas telefónicas, es un maestro olvidado en medio de un mundo fosilizado, que se le aparece al narrador en sueños. César Vallejo, en Monsieur Pain, es la risible ausencia de un poeta desconocido e indigente, que sin pronunciar palabra ni acometer acción alguna marca el pulso de la novela desde la primera a la última página.

En esta última obra se hace más evidente esta condición de fantasma que acecha la ontología de los personajes bolañianos. En ella el protagonista, Pierre Pain Peter Pan, el fantasma del País de Nunca Jamás comprensiblemente aparece rodeado sólo de sombras, de personajes que jamás terminan de tomar fisonomía humana. Éstos, de hecho, nunca son caracterizados, ni física ni psicológicamente. Incluso los personajes con mayor cercanía a Pain un ex profesor y un antiguo compañero de universidad terminan revelándosele como extraños. En el cuento "El retorno" (Putas asesinas) el narrador mismo es un hombre muerto, quien describe desde el más allá su condición de conciencia errante; conciencia de "el vacío que se había instalado en mi alma mucho antes de morir" (2001:143). En "Joanna Silvestri", uno de los últimos relatos de Llamadas telefónicas, encontramos una frase que puede resumir bien, y de forma bastante explícita, esta condición existencial del sujeto, tanto en este volumen como en toda la narrativa de Bolaño: "todos somos fantasmas (...) todos hemos entrado demasiado pronto en las películas de fantasmas" (1997:174)

Es una constante en la narrativa bolañiana que los narradores se refieran al resto de los personajes en términos de "fantasmas". Con ello se recalca no sólo la condición de extranjeros de sí mismos, sino también la imposibilidad, o en el mejor de los casos la complejidad, de establecer vínculos que supongan afectos intensos. Esto se ilustra claramente en los trágicos finales que se le dan en La pista de hielo a las relaciones amorosas establecidas en la ciudad de Z, o en la enferma relación que sostiene la pareja del cuento Llamadas telefónicas y que concluye, también, con una muerte trágica.

Todos somos fantasmas. Pero eso no hace de la obra de Bolaño una narrativa fantástica. La fantasmagorización se relaciona mucho más con el marco de referencia histórico, social, político, que con la afiebrada imaginación de un escritor de ficciones. Viene a ser la forma literaria, y aparentemente contrapuesta, de lo que Lipovetsky ha llamado el proceso de individualización6, y que remarca el nombre de Roberto Bolaño dentro de los márgenes de la postmodernidad.

Contextualicemos. Fines de los años sesenta. La generación radical de la época gasta los últimos cartuchos de la utopía y con su derrota se cumple el vaticinio que Nietzsche y Freud lanzaran ya en los albores del siglo XX. La idea de un individuo unitario y coherente, afincado en una teleología de la historia, termina de morirse y con ello nos instalamos, según Callinicos y Eagleton7, el inicio de la postmodernidad.

Tras esta derrota, y con la posterior afirmación de la caída de los metarrelatos esta vez acompañada por el cierre de las alternativas sociopolíticas que Fukuyama denominara "el fin de la historia" 8 al sujeto no le quedaría más alternativa que refugiarse en el hedonismo9. Esto es, al no estar sometido a un principio organizador que sea capaz de garantizar su efectividad10, en la época postmoderna ya no se justifica la subordinación de lo individual a reglas colectivas pretendidamente racionales. Se fomenta, en cambio, un proceso de personalización, que desemboca en un narcisismo que, según Lipovetsky11, sería el rasgo distintivo de nuestra era, la era del vacío.

Al erosionarse el sentimiento de pertenencia a una sucesión de generaciones enraizadas en el pasado y que se prolonga en el futuro; sin certezas ni asideros, el Yo se desliga de cualquier compromiso externo desarrollando lo que Jünger llamó "segunda conciencia"12 y se convierte en un Narciso angustiado por la condena a vagar en pos de sí mismo, de su propia esencia desunificada. La individualización no es, por tanto, y como pudiera pensarse, un proceso de afirmación del Yo, de delimitación egótica de sus fronteras y sus dominios, sino un frágil intento de reconstrucción. Tan frágil que ni siquiera se asumen los riesgos que suponen las relaciones interpersonales y se opta, en cambio, por el desapego emocional.

El Narciso de Lipovestky coincide en su ambigua fisonomía con el hombre absurdo de Camus13, que nace del choque entre las ansias de respuesta del individuo y la negación de éstas por parte del mundo. Lo absurdo es, aquí, "el divorcio entre el espíritu que desea y el mundo que decepciona, mi nostalgia de unidad, el universo disperso y la contradicción que los encadena"14. El hombre absurdo, pues, no puede colmar el foso entre la certeza que de su existencia tiene y el contenido que intenta dar a esa seguridad en un universo privado de cimientos e ilusiones. Al morir el sujeto que se autodefinía como criatura, efecto o analogía de un principio absoluto y trascendental, surge la imperiosa necesidad de resignificar la existencia personal sobre la base de una suma de "pequeñas razones" 15 que no suman una razón total, sino que conjuran parcial y provisoriamente la pérdida del referente metahistórico.

Aunque con una leve diferencia de terminología, el análisis psicológico de la postmodernidad arroja los mismos resultados. Después de la caída de los mitos nos dice el hombre se abandona a la búsqueda solitaria de la identidad interna16. Y mientras no encontremos algún mito que nos devuelva nuestro sentido de identidad personal, que estructure nuestra vida y "salve la brecha entre consciente e inconsciente"17 el conocimiento del Otro seguirá siendo eclipsado por el conocimiento del Yo y, en consecuencia, la psicologización de la historia y de la cultura seguirán en aumento.

Desde aquí, fracasada la dinámica del tú-a-tú y asumida la fantasmagorización (la propia y la del resto), el periplo de los personajes en la obra de Bolaño se resemantiza. Ya no es (sólo) una búsqueda de aventuras ni un salto kamikaze al vacío. El Narciso angustiado que habita el tipo humano retratado en esta narrativa se mira al espejo y ve una figura desconocida, que lo espanta y lo atormenta y al mismo tiempo lo intriga y lo fascina. Tal y como dicen los narradores de "Detectives" (Llamadas telefónicas) que sucedió con Arturo Belano cuando, preso en Concepción, se miró en un espejo: no se reconoció.

La otredad, entonces, deja de estar situada fuera de sí para incubarse en los límites de la propia piel. La relación que conflictúa ya no es la del Yo y el Otro (¿qué otro, si mi ausencia me acongoja, si en el mejor de los casos mi propia complejidad me atrapa?); sino la de la propia epidermis con lo que ésta recubre (o esconde). La del Yo-Externo y el Yo-Interno. La del Consciente y el Inconsciente. La Máscara y la Esencia, o como quiera llamársele. El Yo es habitado por la Otredad.

Todos somos fantasmas. Pero, al parecer, nadie va a facilitarnos las cosas abriéndonos los anaqueles de la literatura fantástica.

BIBLIOGRAFÍA

Obras de Roberto Bolaño

1993 La pista de hielo, Alcalá de Henares, Fundación Colegio del Rey.         [ Links ]

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1996 (b) Estrella distante, Barcelona, Anagrama.         [ Links ]

1997 Llamadas telefónicas, Barcelona, Anagrama.         [ Links ]

1998 Los detectives salvajes, Barcelona, Anagrama.         [ Links ]

1999 (a) Monsieur Pain, Barcelona, Anagrama.         [ Links ]

1999 (b) Amuleto, Barcelona, Anagrama.        [ Links ]

2000 Nocturno de Chile, Barcelona, Anagrama.         [ Links ]

2001 Putas asesinas, Barcelona, Anagrama.         [ Links ]

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3 Iser, W., El acto de leer. Teoría del efecto estético, Madrid, Taurus, 1987;         [ Links ] H.R. Jauss, Experiencia estética y hermenéutica literaria, Madrid, Taurus, 1987.        [ Links ]

4 Lipovetsky, G., La era del vacío, Barcelona, Anagrama, 1996.         [ Links ]

5 Dolezel, L., Heterocósmica. Ficción y mundos posibles, Madrid, Arcolibros, 1998.         [ Links ]

6 Lipovestky, G., Op. cit.

7 Callinicos, A., Contra el postmodernismo: una crítica marxista, Bogotá, Ancora, 1994.         [ Links ] T. Eagleton, Las ilusiones del postmodernismo, Buenos Aires, Paidós, 1997.        [ Links ]

8 Fukuyama, F., El fin de la historia y el último hombre, Barcelona, Planeta, 1992.         [ Links ]

9 De hecho, Daniel Bell entiende la postmodernidad como supeditación de los órdenes tecno-económico y político-jurídico al imperio del hedonismo. Ver Bell, D., Las contradicciones culturales del capitalismo, Madrid, Alianza, 1992.         [ Links ]

10 Es decir, a lo que entendemos por metarrelatos, que son definidos por Martin Hopenhayn como "categorías trascendentales que la modernidad se ha forjado para interpretar y normar la realidad" (Ni apocalípticos ni integrados, Santiago de Chile, FCE, 1994, p. 159).         [ Links ] Estas categorías tenían por función integrar, bajo una dirección articulada, el proceso de acumulación de conocimiento, de desarrollo de las fuerzas productivas y de ordenamiento de todas las prácticas sociales.

11 Op. cit.

12 Jünger, E., Acerca del nihilismo, Barcelona, Paidós, 1994.         [ Links ]

13 Camus, A., El mito de Sísifo, Madrid, Alianza, 1999.         [ Links ]

14 Op. cit, p. 67.

15 Hopenhayn, M., Op. cit.

16 Bruner, J., Myth and identity en H. Murray (comp): Myth and mythmaking, NY, George Braziller, 1960, p. 285.         [ Links ]

17 May, R., La necesidad del mito, Barcelona, Paidós, 1992, p. 36.        [ Links ]

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