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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.20 n.1 Talca  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762005000100019 

 

Revista Universum No 20 Vol. 1 : 271 - 273, 2005

DISCURSOS

Discursos en la ceremonia de entrega de la Medalla al Mérito Abate Juan Ignacio Molina a Guillermo Blanco

EL PERIODISTA GUILLERMO BLANCO

 

Emilio Filippi


 

La Universidad de Talca me ha conferido el alto honor de ocupar esta tribuna para expresar algunas ideas y echar a volar algunos recuerdos e impresiones acerca de la personalidad periodística de mi muy apreciado amigo Guillermo Blanco Martínez.

Nada puede ser más grato para quien les habla que abordar este encargo tan justo para rendir un homenaje sincero a uno de los periodistas que ha dignificado la profesión al situarla en un nivel de excelencia tanto por el fino tratamiento de las formas como por el desarrollo de un pensamiento profundo, en que ha logrado unir las diversas facetas de sus concepciones humanistas entrelazadas con un maduro pragmatismo.

Tengo la satisfacción de haber compartido con Guillermo el ejercicio de un trabajo que nos significó, muchas veces, sufrir tensiones que, por lo demás, nos eran comunes a gran parte de los chilenos que vivimos durante largas jornadas con el alma en un hilo o que sentíamos como propios los anhelos, aspiraciones o angustias de las gentes que debíamos pasar por etapas de inéditas emociones y anormales temores frente a lo que hasta muy poco antes eran situaciones que conocíamos de lejos, pero que jamás pensamos que podían tocarnos tan de cerca.

La experiencia periodística de Guillermo Blanco es de larga data, como es sobradamente sabido. Redactor en La Voz, de la cual fue subdirector, y en la revista Rumbos, en las que se dio a conocer por el amplio espectro de sus conocimientos culturales, también por el sentido elevado del humor que se demostrase con creces más adelante en su cultísima participación en la revista Ercilla con "La Vida Simplemente", y luego en Hoy con sus famosas "Páginas en blanco". En ellas, muchas veces haciéndole el quite a la censura y a la inevitable autoprotección ante el hacha implacable de la suspicacia maliciosa, que exigía decapitar textos que por la calidad y solvencia con que habían sido escritos, hacían temer a los oficiosos depredadores intelectuales que podrían causar más de una crisis en lo político, lo económico o lo social.

Guillermo Blanco, lo digo con orgullo de amigo, ha sido un periodista a carta cabal. Y así lo demostró, como enviado especial de Ercilla a Vietman, cuando en ese territorio se realizaba una espantosa guerra. También escribió en el diario La Época, y en la actualidad lo hace en La Nación. Con la misma propiedad de siempre y conservando vivo el espíritu democrático de sus posiciones, sin transar el desafío permanente para alcanzar un nivel de convivencia civilizada que siempre proclamara y con respeto a quienes han sostenido o sostienen posiciones discrepantes de las suyas aunque siempre leales a las formas elevadas de los diálogos destinados a conducir al lector al puerto seguro de una convivencia civilizada.

No creo incurrir en un ditirambo si sostengo, con plena convicción que Guillermo Blanco, el periodista que, con tanta justicia recibiera el Premio Nacional en 1999, y que ahora es merecedor de este extraordinario homenaje de la Universidad de Talca, es, además de un sobresaliente profesional, un ciudadano acreedor de los mayores reconocimientos de los habitantes de este país, que han sido testigos de que estamos ante un luchador que sabe usar con elegante coraje las armas preciosas de su escritura solamente comprometida con la verdad, la justicia y los grandes valores del espíritu. Por lo demás, Guillermo ha sabido, también, mostrar el ejemplo de su estilo y de sus virtudes profesionales a los numerosos discípulos que ha logrado reunir a través del tiempo, en sus cátedras en las escuelas de Periodismo de las Universidades Católica de Chile y Diego Portales y en sus participaciones cívicas ayudando con sus talentos en la recuperación democrática de Chile, la cual forma parte de un ideario patriótico al cual se ha negado, por suerte, a renunciar.

Nada ha podido ser más grato para mí que rendirle un justo homenaje a un hombre que, en el campo de esta profesión, que tanto amamos, ha sido un notable ejemplo de consecuencia y devoción. Ejemplos de su calidad y estilo hay centenares. Podríamos charlar muchísimo rato contando detalles de sus condiciones personales, del carácter que el mismo Blanco reconoce es como un revólver, cuando debe enfrentar lo que estima es contrario al bien y a lo que aspira como ciudadano de un pueblo civilizado y maduro espiritualmente. Veamos algún ejemplo.

En una entrevista que le hiciera una distinguida periodista de la revista Ya, Silvia Peña Pinilla, el periodista Guillermo Blanco Martínez le revela que sus reacciones frente a las injusticias han sido repetidas y, para demostrarlo le contó, por ejemplo, que en una oportunidad en que estaba viendo una película de Irene Pappas, que calificara de "maravillosa" - Blanco empezó a sentir que le quedaba chica la camisa cuando vio que la muchedumbre apedreaba a la protagonista por ser la pecadora del pueblo. En esos momentos empezó a comprobar que se le hinchaban las venas, por lo que tuvo que salirse de la sala por no poder reprimir el especial estado de ánimo que lo afectaba y que le obligaba a evitar un espectáculo en donde la injusticia se mostraba con tanta crueldad.

Humanamente, este extraordinario periodista se ha visto enfrentado a sopesar muchas situaciones de injusticia que le obligan a rebelarse, no por la fuerza como hacen otros, sino con gestos personales que ciertamente dejan una huella en quienes tienen oportunidad de conocerlos y percibirlos. No ha sido muy fácil esta tarea como se puede comprender perfectamente.

El arma más preciosa de Guillermo Blanco es, por cierto, su pluma, que la usa con una tremenda propiedad y galanura. El reciente libro sobre Miguel de Unamuno, El León sin sus gafas, logra mostrar a las nuevas generaciones de periodistas el estilo de un verdadero periodista que, además de haberse posesionado del tema que iba a tratar, realiza un trabajo de investigación de alto nivel, que podría ser mostrado como un ejemplo en esta forma de hacer periodismo. El placer que he sentido al leerlo sin pausa, no solamente constituye un agrado profesional al comprobar el grado de madurez y galanura que ha alcanzado Blanco como escritor, sino la solvencia que puede lucir su condición de periodista de envergadura superior.

De ahí que deba repetir el grado de orgullo personal y la alegría que siento al concurrir a un acto testimonial como en el que ahora participamos.

 

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