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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.20 n.2 Talca  2005

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762005000200006 

 

Revista Universum Nº 20 Vol.2: 82-107, 2005

ARTICULOS

Con la cruz y con el aguardiente: la empresa vitivinícola Jesuita en el San Juan Colonial

 

Celia López-Chávez (*)

(*) Dra. en Historia de América, Universidad de Sevilla (España). Associate Professor, University Honors Program, University of New Mexico (USA).

Artículo recibido el 12 de noviembre de 2004. Aceptado por el Comité Editorial el 28 de enero de 2005.

Correo electrónico: celialop@unm.edu


RESUMEN

El artículo analiza la actividad vitivinícola de los jesuitas en San Juan (Argentina), durante el período colonial. Se presentan tres aspectos relacionados a la producción de vino y aguardiente: la formación de la propiedad, la comercialización del producto y la mano de obra esclava y asalariada. Ante la falta de fuentes oficiales o privadas que permitan reconstruir la vida económica de la region y, en particular, la empresa vitivinícola, las fuentes jesuitas adquieren un particular valor para conocer dichas actividades. El objetivo es que, a través del estudio de la empresa jesuita, se puedan extraer conclusiones que permitan conocer mejor el desarrollo de la empresa vitivinícola en la región y sus conexiones comerciales, especialmente con el mercado de Buenos Aires.

Palabras clave:

Jesuitas - Historia Económica de la Iglesia en América - San Juan - Vitivinicultura Argentina - Comercio de aguardiente - Mano de Obra Colonial


ABSTRACT

This paper analyzes the viticulture activity of Jesuits in San Juan (Argentina) during the colonial period. Three aspects related to the production of wine and brandy, are presented: the formation of property, the trade of products, and slave as well as free labor forces. In light of the fact that there is a lack of official and private sources that allows the reconstruction of the region's economic life, especially, the viticulture enterprise, Jesuit sources become of great value to learn of those activities. The objective is that, through the study of the Jesuit enterprise, it is possible to get conclusions that will permit to better understand the development of viticulture in the region along with its commercial connections, especially with the Buenos Aires market.

Key words:

Jesuits - Economic History of the Church in América - San Juan - Argentinian Viticulture - Brandy Trade - Colonial Labor Force


 

En la historia de las actividades económicas de la Compañía de Jesús en América en el período colonial, el aspecto más importante a considerar es la producción y comercialización a gran escala o al por mayor de aquellos frutos o productos típicos de las regiones donde los jesuitas se instalaron. En la mayoría de los casos la Compañía consiguió consolidarse, mantenerse y ejercer su actividad misional y educadora gracias a su participación en la principal actividad económica de la región. Los jesuitas de San Juan dedicaron su actividad industrial a la producción de aguardiente y vino. Esta ponencia analiza dicha actividad industrial con el propósito de ofrecer un modelo que sirva para el análisis de la empresa vitivinícola en la región.

Los tres grandes temas a considerar en el análisis de la empresa vitivinícola jesuita en San Juan son: en primer lugar, la propiedad, su formación y expansión; en segundo lugar, la producción y comercialización del principal producto, en este caso el aguardiente y el vino, y en tercer lugar la mano de obra usada para la producción y comercialización. Este esquema de análisis y sus conclusiones pueden ser aplicados al caso de la empresa vitivinícola en general, en Cuyo, durante la colonia. En otras palabras, el funcionamiento de las actividades económicas de los jesuitas permite arribar a conclusions generales sobre la economía de la región. Esta perspectiva no es nueva, ya que estudios similares se han hecho para otras regiones de América colonial, en los que se ha usado el modelo jesuita a manera de ejemplo para conocer y entender el funcionamiento de las haciendas coloniales, su producción y comercio y su participación en las economías regionales1 .

En San Juan, así como en el resto de Cuyo, la economía de los establecimientos jesuitas estuvo centrada en la explotación de las propiedades rurales, pero debieron adecuarse a una serie de condiciones locales. No tuvieron en San Juan las enormes haciendas de México, Perú el resto de Argentina o Chile, aunque tampoco su capacidad lo permitía tratándose de una residencia con un número pequeño de padres jesuitas y ubicada en una ciudad marginal del espacio colonial. Tampoco se trataba de haciendas como en otras partes de América, sino que en el caso de San Juan la típica propiedad de explotación rural fue la chacra o finca, cuya explotación estaba condicionada por la necesidad de tener cerca el acceso al agua, dadas las características áridas de la región.

Las circunstancias específicas que llevaron a los jesuitas a adaptarse a la realidad sanjuanina se originaron por un lado en las características que adquirió la propiedad de la tierra en la región y por otra parte en las condiciones geográficas que limitaban la explotación a las tierras de regadío y de suelos de calidad.

Las donaciones de las primeras propiedades les dieron a los jesuitas las bases para la formación de su patrimonio rural y urbano en San Juan. Pero además compraron y permutaron tierras; vendieron las que no les interesaba explotar y arrendaron otras. Sin embargo, en este proceso de expansión las más importantes fueron, sin duda, las donaciones de las primeras décadas. Este fenómeno se dio en otras regiones de América donde los jesuitas se instalaron. En el caso específico de Chile, estos regalos en dinero o en tierras jugaron un papel fundamental en la formación del patrimonio rural de los jesuitas y el caso de San Juan se incluye también en este fenómeno2 .

Para su reestablecimiento en San Juan en el siglo XVIII, los jesuitas recibieron donaciones de propiedades rurales y urbanas. Las fincas donadas (procedentes de diferentes benefactores) habían surgido del fenómeno de parcelación de la tierra, característico de la región de Cuyo en el siglo XVII y parte del XVIII. El resultado fue el surgimiento del minifundio o la pequeña propiedad a la que se denominó "chacra", cuya extensión variaba pero en la mayoría de los casos era de aproximadamente dos cuadras (tres hectáreas), en torno a la cual se asociaron los factores de la producción3 . Las condiciones geográficas de la región, por otra parte, también limitaban la explotación de las propiedades sólo a las parcelas cercanas a las fuentes de agua, que contaban con fácil regadío4 .

Los vecinos de San Juan habían solicitado, en repetidas ocasiones, al padre provincial Antonio Covarrubias que la Compañía de Jesús volviera a fundar una residencia en la ciudad. En 1655 los jesuitas habían fundado la primera residencia, cuya existencia fue de diez años, ya que en 1666 debió abandonarse por falta de recursos, sobre todo de jesuitas que la ocuparan. Finalmente, en 1712 la orden jesuita contó con la donación de Francisco Antonio de Marigorta y su esposa Josefa Molina de una estancia a orillas del río San Juan y junto a la laguna de Guanacache. Los mismos donantes también compraron para los jesuitas media cuadra de tierra contigua a la otra media que habían tenido en la primera fundación en el centro de la ciudad, frente a la plaza. Así, quedó toda la cuadra en contorno para la residencia jesuita que recibió el nombre de San José, con sitio inclusive para una huerta5 . A lo largo del siglo XVIII y hasta 1767 (año de la expulsión de la Compañía de Jesús de toda América) dicha cuadra se iría llenando de edificios, proceso que culminaría con la construcción de la iglesia.

Durante el siglo XVIII los jesuitas recibieron en donaciones un total de diecisiete propiedades, cuatro de ellas fueron posteriormente vendidas. Estas ventas no se realizaron inmediatamente después de ser adquiridas, sino una, dos o tres décadas después de haber sido explotadas y de haberse aumentado su valor6 . Para la fecha de la expulsion, año 1767, los jesuitas de San Juan contaban con cuatro propiedades rurales más tierras en el valle de Ullum7 . Las cuatro propiedades eran: la hacienda o chacra de Puyuta, la viña de San Xavier, la hacienda de Santos Ejercicios o viña del Padre Jofré y la estancia de Guanacache; esta última, dedicada a la crianza de ganado. De estas propiedades, la que se analizará en el contexto de la empresa vitivinícola jesuita en San Juan es la chacra de Puyuta, ya que la mayor parte del aguardiente y vino producido y comercializado provenía de esta propiedad.

Denominada también "viña de arriba", la chacra o hacienda de Puyuta aparece en la documentación desde el año 1727. Anterior a esta fecha parece que ya tenían los jesuitas tierras en Puyuta, que habían sido vendidas o donadas por Sipriano Tula8 . Pero fue sólo a partir del año 1733 y hasta 1767 cuando se puede conocer en forma continua la explotación de esta propiedad, a través de las cuentas de recibo y gasto e inventarios de la residencia jesuita.

En el año 1734 la chacra de Puyuta tenía tres mil ochocientas plantas de viña y se estaba trabajando en la construcción de un molino9 . En 1767, según el inventario hecho en el momento de la expulsión, habían doce mil seiscientas setenta y tres plantas de cepas10 . Es decir que en treinta y tres años se había triplicado la superficie cultivada y, por lo tanto, la producción también. Para conseguir esto habían extendido sus límites por medio de la compra de las tierras que colindaban con ella. La formación de esta propiedad tuvo características diferentes al resto. Se trataba de una zona de suelos de calidad y con acceso al regadío. Estas características determinaron la decisión de los jesuitas de invertir allí.

El cuadro "Aumento de la extensión de la propiedad de Puyuta entre 1734 y 1753" muestra claramente que sólo por compras la Compañía había adquirido (en un período de diecinueve años) unas cuarenta y un cuadras. Esto equivalía en superficie a unas 61,5 hectáreas. Según el inventario y tasación hechos al momento de la expulsión, esta propiedad incluía además de la extensión con las doce mil seiscientas setenta y tres cepas, otras diez cuadras ubicadas alrededor de dicha viña11 .

Entre 1734 y 1737 los jesuitas hicieron la primera compra importante de tierras en Puyuta, de once cuadras (a 35 pesos la cuadra), a Simona Fernández y su marido de apellido Tula12 . También entre estos años se compraron otras tierras anexas a las anteriores y por las que pagaron 383 pesos 4 reales en ropa y ganado y 122 pesos en plata, lo que hace un cálculo aproximado de catorce cuadras de extensión. Según palabras del propio rector de la residencia jesuita, en el año 1753 estas tierras fueron no sólo pagadas sino que se pagó demás por ellas13 . En 1750 la Compañía adquirió por compra en Puyuta dos cuadras trece varas y un tercio de tierras, a 70 pesos14 . Esta propiedad limitaba hacia el oeste con otras tierras (dos cuadras trece varas y un cuarto por dos cuadras nueve varas) que la Companía obtuvo por permuta con Juan de Echegaray, a quien, a cambio, la residencia jesuita le dio unas tierras que le habían sido donadas15 . Por el norte, las tierras de la permuta con Echegaray limitaban con las de Pedro Silvera y en el año 1753 los jesuitas compraron doce cuadras (por un total de 300 pesos) a uno de sus herederos, su nieto Juan José Silvera16 .

A todas estas negociaciones de compras y permutas también hay que agregar la venta de tierras por parte de la Compañía en la zona de Puyuta. Además de la permuta, la residencia jesuita también vendió parte de sus tierras a Juan de Echegaray y a otros dos propietarios: Juan Alvarez y Francisco Maradona17 .

Aumento de la extensión de la propiedad de Puyuta entre 1734 y 1753


Año Extensión Compradas a: Precio

1734-1737 11 cuadras Simona Fernández y su marido Tula 385 pesos (35 por cuadra)
 
  14 cuadras Pablo y Ursula Silvera 383 pesos 4 reales (ropa-ganado) 122 pesos (en plata)

1750 2 cuadras 13 varas 1/3   70 pesos

1753 2 cuadras 13 varas 1/4 Permuta con tierras de Juan de Echegaray -------
 
  12 cuadras Juan José Silvera 300 pesos

Total en extensión y pesos 43 cuadras 26 varas   1.260 pesos 4 reales

Desde el punto de vista económico, la chacra o hacienda de Puyuta fue la propiedad más importante de la Compañía de Jesús en San Juan entre los años 1735 y 1767. La producción de mosto de la viña de dicha chacra constituía más de la mitad del total de mosto usado anualmente por los jesuitas para la elaboración de aguardiente18 . Aunque no se ha podido reconstruir la producción para todo el período (por las discrepancias en la forma de asentar estos datos en las cuentas), las cifras que exhibe el cuadro sobre la "Cantidad anual de mosto" para los años1742 a 1748 sirven de muestra aproximada. Entre estos años el resto del mosto (no procedente de Puyuta) venía de: la pequeña viña de San Clemente, la viña llamada de los Quiroga, el pago de censos y algunas deudas (hechos a veces en mosto) y de limosnas.

Cantidad anual de mosto (en arrobas) producido por la residencia jesuita de San Juan, 1742-1748


Año Mosto de Puyuta Mosto total

1742 60 534

1743 9 178

1744 204 734

1745 300 650

1746 356 832

1747 900 1170

1748 1260 1656

Total 3089 (53,68 %) 5754

Para el año 1759 la producción de mosto de la chacra de Puyuta había aumentado a 1.900 arrobas anuales19 . Según las mismas fuentes jesuitas, de cuatro arrobas de mosto se obtenía alrededor de una arroba de aguardiente20 . Por lo tanto para el año antes citado la producción de aguardiente de la chacra de Puyuta era de unas 475 arrobas. Si se considera el equivalente en litros de cada arroba en 35,55, la producción era de unos 16.886 litros.

Para el momento de la expulsión de los jesuitas de San Juan había 12.673 cepas en la viña de Puyuta. También en la chacra había una bodega (de unos cuarenta metros de largo) con dos lagares, alambiques de cobre y todos los elementos necesarios para almacenar vino y aguardiente: tinajas, botijas bodegueras (que se elaboraban en la misma chacra) y un horno para cocerlas21 . Respecto a los lagares de la bodega, es importante señalar que no hay indicios en la documentación que permitan suponer que los jesuitas usaban el lagar tradicional de cuero de buey. Por el contrario, los libros de cuentas brindan detalles que indican que los lagares eran de piedra, usando para su construcción materiales como cal, canto y lajas22 .

La chacra tenía también un molino donde se elaboraba la harina para consumo y para vender, con el trigo cosechado en la misma chacra (cada año se recogían entre 50 y 80 fanegas de trigo, es decir un mínimo de 4.600 kilogramos). Había huertas de frutales y diferentes tipos de cultivos que proporcionaban lo necesario para sustentar a la mano de obra que allí trabajaba23 .

El trabajo en la chacra estaba dirigido por un mayordomo, a quien a veces se le llama en la documentación capataz, y por un padre jesuita de la residencia que solía estar en forma permanente, aunque en ocasiones dejaba las tareas de control en manos del mayordomo. En las épocas de poda y cosecha eran contratados peones conchabados. La mano de obra permanente de la propiedad eran los esclavos. Según la tasación hecha después de la expulsión, habían en Puyuta 66 esclavos de diferentes edades (15 varones, 21 mujeres y 30 niños)24 .

La chacra de Puyuta fue lugar de comercio y también de oración. En ella se realizaba venta al menudeo de productos elaborados allí mismo (como vino, aguardiente, jabón, harina, pan) y proveía de algunos de ellos a la pulpería que los jesuitas tenían. Pero también esta propiedad se convirtió en lugar de congregación de los fieles de la zona y de los trabajadores de la misma chacra quienes asistían a los servicios religiosos de una capilla dedicada a Nuestra Señora de los Desamparados.

En la hacienda de Puyuta (también llamada "viña de arriba") existieron las mismas actividades que en una hacienda agrícola de cualquier otra región: el cultivo y una pequeña actividad ganadera que sirviera tanto para las tareas de agricultura como para el consumo. Había variedad de cultivos destinados al consumo también pero con el predominio del cultivo típico de la zona, cuya producción proporcionaba un excedente para ser comercializado en un mercado regional. Una hacienda, entendida como tal, debía participar con su o sus productos en un mercado más lejano que el local y esto se dio en el caso de la chacra de Puyuta con la producción de aguardiente y su comercialización en Buenos Aires.

LA PRODUCCIÓN Y COMERCIO DE AGUARDIENTE

La participación jesuita en los diferentes mercados regionales de América colonial es un hecho conocido, aunque no totalmente demostrado por la falta de cifras para reconstruir, en períodos largos de tiempo, los porcentajes de participación de la Compañía en relación al total del comercio de un producto. El azúcar y vino de las haciendas jesuitas del Perú, el trigo de Chile, los paños de Quito, el azúcar de Cuba, la yerba mate del Paraguay, el ganado de las haciendas de México y las estancias de Argentina, son ejemplos de esa participación jesuita en el comercio de los frutos y géneros más importantes de las diferentes regiones. En la mayoría de los casos la Compañía consiguió consolidarse y mantenerse gracias a la participación en la principal actividad económica de la región. Los vinos y aguardientes de Cuyo están incluidos en esta lista. Desde el momento en que los jesuitas tomaron posesión de las primeras propiedades rurales en San Juan y Mendoza, comenzaron la explotación de ellas con el cultivo de las plantas de vid y la instalación de bodegas para producir vino y aguardiente.

La vinculación a mercados de exportación se dio en todas las regiones y, en el caso específico de los vinos y aguardientes de Cuyo vendidos en Buenos Aires, se trataba de comercio exterior porque era una división administrativa diferente a la de Chile (de la cual dependía Cuyo). Por esta razón la venta de estos productos en Buenos Aires estaba cargada con el impuesto de sisa o almojarifazgo, aunque los jesuitas no siempre lo pagaran (como se verá más adelante).

Los jesuitas formaron parte de los mercados regionales en los que participaban también los comerciantes laicos, pero al mismo tiempo la Compañía contaba con un sistema de conexiones comerciales dadas por la colaboración institucional, entre colegios y misiones25 . De esta forma, los jesuitas tuvieron los beneficios que les brindaba el formar parte de una estructura administrativa y económica que respaldaba sus compras, ventas, inversiones, etc. Era como tener en cada ciudad un intermediario seguro y confiable: la misma Compañía. En otras palabras, lo que beneficiaba a la orden jesuita era su independencia en cuanto a la producción y comercialización.

Los jesuitas de San Juan dedicaron su actividad industrial a la producción de aguardientes y en una pequeña proporción a vinos. Esta característica coincide con la especialización local, ya que la producción sanjuanina se concentró fundamentalmente en aguardiente y la de Mendoza en vino26 .

La producción de aguardiente de la Compañía de Jesús en San Juan se dedicó a ventas al por mayor y algo también al menudeo. En cambio, el destino del vino producido fue sobre todo para comercio al menudeo, o para ser vendido o intercambiado por otros productos en el lugar de origen, es decir en la misma ciudad de San Juan (se trataba casi siempre de pequeñas cantidades)27 . Los envíos de vino a Buenos Aires no fueron regulares: del año 1732 a 1735 y luego en 1743. Después de este año no hay más ventas en Buenos Aires de vinos jesuitas de San Juan. Para entonces ya existía la clara especialización de San Juan en aguardientes y de Mendoza en vinos. Efectivamente, los vinos comercializados al por mayor en Buenos Aires fueron los producidos por los jesuitas de Mendoza. Las ventas al por mayor de aguardiente de la residencia jesuita de San Juan estuvieron destinadas fundamentalmente al mercado de Buenos Aires. Entre los años 1732 y 1764 hubo sólo tres envíos a diferentes ciudades: Santa Fe, Córdoba y Mendoza.

En el cuadro "Aguardiente vendido en Buenos Aires por los jesuitas de San Juan, 1732-1764", se observa la tendencia de su comercio. Si bien son cifras anuales aproximadas y la serie tiene numerosos vacíos, se pueden extraer algunas conclusiones válidas, por ejemplo que existió un aumento más o menos regular de las ventas a lo largo del período estudiado. Hubo, sin embargo, algunos años en los que las cantidades vendidas disminuyeron respecto al año inmediatamente anterior: por ejemplo en los años 1744 y 1745, respecto a 1743; la venta en el año 1749, en comparación a 1748; la de 1752, respecto a 1751 y especialmente la gran disminución de 1763, en relación al año 1762.

Es difícil determinar las causas de estos altibajos. La baja de los años 1744 y 1745 se pudo deber a la piedra y peste, que destruyeron las cosechas del año 1743. También causas naturales pudieron influir en las disminuciones de los años 1751 y 1752, en relación a 1750, por lo que se deduce de los registros anotados en los libros de cuentas28 . Entre los años 1762 y 1764 hubo un descenso tanto en las ventas de aguardiente jesuita en Buenos Aires como del total vendido procedente de San Juan. En este caso, evidentemente debieron existir causas que afectaron a toda la producción sanjuanina; probablemente se trató de otro fenómeno natural.

Aguardiente vendido en Buenos Aires por los jesuitas de San Juan y el total vendido en Buenos Aires procedente de los comerciantes de San Juan: 1732-1764 (en número de arrobas)29

Año Aguardiente jesuita30 Total procedente de San Juan31
1732 116 6888
1733 168 9056
1734 7404  
1735 40  
1736    
1737    
1738    
1739    
1740    
1741    
1742    
1743 308  
1744 152  
1745 134  
1746    
1747 434  
1748 435  
1749 172  
1750 502  
1751 372  
1752 180  
1753 588  
1754    
1755    
1756 7044  
1757 320 18112
1758 288 12646
1759 768 12136
1760 608 12036
1761 884 9620
1762 810 14808
1763 152 9694
1764 376 6300

Si se comparan las cifras anuales del total de arrobas de aguardiente vendido en Buenos Aires, procedente de San Juan, con el de la residencia jesuita, especialmente entre los años 1757 y 1764, se observa una participación aparentemente poco significativa de los aguardientes de la Compañía de Jesús. Sin embargo, cuando se contrasta la cantidad de aguardiente jesuita vendido en Buenos Aires con el que otras órdenes religiosas de San Juan vendían, existe un predominio de la Compañía. Para conocer su porcentaje de participación y el de los eclesiásticos se han elaborado los siguientes cuadros aunque sólo sea para un período corto, 1760-1763.

Aguardiente vendido en Buenos Aires por eclesiásticos en general y jesuitas en particular en relación al total procedente de San Juan (en número de arrobas)32

Año Cía. de Jesús % Eclesiásticos % Total
1760 608 5 844 31.9 12036
1761 884 9.1 2298 23.8 9620
1762 810 5.4 1428 9.6 14808
1763 152 1.5 380 3.9 9694
Total 2454 5.3 7950 17.2 46158

En relación al total de aguardiente sanjuanino introducido para la venta en Buenos Aires, el porcentaje de los pertenecientes a eclesiásticos era de 17.2 % y la venta de la Compañía representaba un 5.3 % del total. En cuanto a la participación jesuita dentro del volumen de ventas de eclesiásticos, el porcentaje era de 30.9 %. El resto (69.1 %) correspondía al aguardiente vendido por los conventos de Santo Domingo, San Agustín y La Merced y por otros religiosos cuyas cantidades representaban un 35.7 %. En este último caso se trataba de personas eclesiásticas diferentes y cada una por separado no constituía una venta importante. En este sentido, la cantidad de aguardiente vendido por la Compañía de Jesús en Buenos Aires representaba un porcentaje elevado tratándose de una sola institución.

Aguardiente vendido en Buenos Aires por eclesiásticos de San Juan entre 1760 y 1763 (en número de arrobas)33

Año Cía. de Jesús Sto. Domingo San Agustín La Merced Otros Total
1760 608 746 944 - 1546 3844
1761 884 112 384 172 746 2298
1762 810 - 192 - 426 1498
1763 152 108 - - 120 380
Total 2454 966 1520 172 2838 7950
% 30.9 12.1 19.1 2.2 35.7 100

Por su parte, los jesuitas de Mendoza introdujeron para su venta en Buenos Aires en el mismo período 2.846 arrobas de vino34 , poco más de las 2.454 arrobas de aguardiente de los jesuitas de San Juan.

En relación al total de aguardiente procedente de San Juan para ser vendido en Buenos Aires, el porcentaje correspondiente a eclesiásticos no constituía una cifra importante: se trataba de un 17.2 % del total. Sin embargo, es necesario preguntarse aquí cuál era el margen de ganancia o beneficio que podían tener los comerciantes laicos y cuál el de los eclesiásticos y, en este último caso, cuál era el beneficio de la Compañía de Jesús específicamente.

Una de las vías para responder a estas preguntas es el análisis del precio del producto en el lugar de origen y el precio al que era vendido en Buenos Aires. Los libros de contabilidad de la residencia jesuita de San Juan ofrecen información de precios y aunque la serie no es completa para todos los años del período 1732 a 1762, permite al menos extraer algunas conclusiones. Por otra parte, las fuentes jesuitas en este caso permiten completar el vacío de información existente en el resto de documentación colonial sobre los precios de origen del vino y aguardiente. No es el objetivo del presente estudio hacer un análisis especializado del tema de los precios. Sólo se intentarán responder algunas preguntas para entender el posible beneficio del que disfrutaba el comercio jesuita.

Existía una diferencia notable entre el precio de origen y el precio de venta en Buenos Aires. Este fenómeno era normal en la época y la subida del precio iba desde el 50 % al 200 % en algunos años. Por otra parte, los precios mostrados en el cuadro siguiente coinciden con la tendencia de los precios de vinos y aguardientes en Buenos Aires y, en general, con los precios de los productos del mercado americano del siglo XVIII, es decir que se trataba de valores estancados con tendencia a la baja35 .

Precios de la botija de aguardiente y de vino en Buenos Aires y en el lugar de origen, San Juan, según el libro de recibo de la residencia jesuita (en pesos y reales)36

Año

Precio del aguardiente en:

Precio del vino en:

 

Buenos Aires

Origen

Buenos Aires

Origen

1732

26

 

16

 

1734

 

10

   

1735

 

14

 

8

1736

 

18

 

8

1737

 

10

 

8

1738

 

10

 

5

1739

 

10

 

4

1740

 

14

   

1741

 

14

   

1743

24.4 a 26

 

12.4 a 16

 

1744

 

16

 

6

1745

20 a 24

 

10

 

1747

23

     

1750

24

     

1751

24

     

1752

20

     

1756

 

6.2

   

1757

 

7 a 8

   

1758

18

     

1762

15 a 18

     

El precio de los vinos y aguardientes en Buenos Aires era fijado por el Cabildo secular de la ciudad. Su intervención era constante y controlaba no sólo el precio sino también la forma de distribución para evitar la especulación. Para el año 1732, el precio de la botija de aguardiente en el comercio secular era de 25 pesos37 , por lo tanto se trataba de casi el mismo precio que citaban los jesuitas en sus cuentas38 . De esta manera, el aguardiente jesuita se estaba vendiendo más o menos al mismo precio que el de los comerciantes seculares.

Desde la salida del producto de San Juan los seculares pagaban impuestos, fletes y comisiones por la venta a intermediarios o agentes (4 % del valor del producto). También en los gastos se incluía el precio de los envases (botijas). En cuanto a los impuestos a pagar, éstos eran muchos y variados39 . En cuanto al flete, se pagaba cinco pesos por botija. Teniendo en cuenta todos estos gastos, especialmente los impuestos, el precio pagado en Buenos Aires al comerciante secular sanjuanino le dejaba muy poco margen de ganancia. Su beneficio era aproximadamente de 7 reales a 6 pesos en el siglo XVIII (concretamente a partir de 1730). Para algunos años, sobre todo en el caso del vino, no hubo beneficios y el saldo llegó a ser negativo en algunos casos40 .

En el marco de las exenciones impositivas a los eclesiásticos, los de Cuyo estuvieron exceptuados del pago de estos derechos pero no por mucho tiempo41 . La información de los archivos locales es poca y fragmentada respecto al tema de las exenciones. En el caso de San Juan, hasta el año 1745 existen registros en las cuentas del ramo de botija donde figuran los asientos de cargas de aguardiente de eclesiásticos que salían exentos del pago de dicho impuesto, o cargas exceptuadas también por tratarse de limosnas a la iglesia42 . Hay indicios para suponer que entre 1740 y 1761 la excepción de impuestos a los eclesiásticos en San Juan no fue automática, sino que los religiosos debían solicitar este privilegio. Esto se deduce de la frecuencia con que se encontraba junto a la licencia otorgada a un clérigo, una petición de excepción por parte de éste43 . Según una Real Provisión del Gobierno de Lima del año 1761 la inmunidad eclesiástica debía ser respetada y esto supuestamente se debió aplicar en la región de Cuyo. Respecto al caso específico de los jesuitas, seguramente no pagaron esos derechos de salida en San Juan. Esto se deduce de la no mención en los libros de gasto del pago de impuestos.

El tema de la exención impositiva a eclesiásticos y, concretamente a los jesuitas de San Juan es un tema extenso y por lo tanto imposible de analizar en este artículo. En conclusión se puede decir que, debido a las denuncias de los oficiales reales de lo que consideraban un "fraude" se dictó la real cédula del 24 de octubre de 1764 por la que se ordenaba que los cabildos seculares de San Juan y Mendoza hicieran cada año (con intervención del juez eclesiástico) el aforo y registro de los vinos y aguardientes que pertenecían a religiosos. En el año 1768 se dictaron instrucciones más precisas sobre el aforo y registro de vinos y aguardientes, estableciendo entre las medidas más importantes: nombramiento de aforadores para los caldos eclesiásticos, publicación del aforo, exención de la alcabala, control del alcohol consumido por los frailes, elaboración e intercambio de guías entre los oficiales reales y disminución o baja del total del aforo a aquel número de cántaras correspondientes al consumo de la comunidad o persona eclesiástica44 .

Sin duda la legislación había progresado en cuanto a minuciosidad y precisión. En el caso de estas últimas instrucciones, se trataba de medidas concretas que incluían los diferentes aspectos que pudieran estar encubriendo el fraude. Estas medidas se aplicaron en Buenos Aires a partir de abril de 1768 y en Chile desde el 2 de julio de 176945 . Para estos años ya los jesuitas estaban fuera de América habiendo sido expulsados en 1767. No obstante la Corona española continuó dictando normas cada vez más restrictivas respecto al comercio de eclesiásticos46 .

Los jesuitas, por lo tanto, no pagaron impuestos de salida en San Juan y, si lo hicieron, fueron casos excepcionales y no hay constancia documental de ello. Por otro lado, el pago del impuesto de sisa en Buenos Aires fue tan cuestionado que sólo se tiene constancia de que se pagó en 1750 por años atrasados al haber perdido el pleito judicial contra el arrendatario47 .

La Compañía pagó los fletes por el transporte de aguardiente y vino. Aparecen en el libro de gasto como pagados en pesos y también en ropa y géneros a los fleteros o trasladistas. Así como el comercio secular, también los jesuitas pagaron cinco pesos de flete por botija. Sin embargo, en ocasiones la residencia jesuita usó sus propias carretas y mulas. Si éste era el caso, sólo se pagaba a algunos peones que acompañaban al padre jesuita que hacía el viaje48 . Además, las carretas a su regreso solían darles ganancias también con el transporte de pasajeros49 . En relación al gasto en envases, concretamente botijas, éstas eran en parte compradas y en parte fabricadas por los mismos jesuitas utilizando hornos que tenían en la chacra de Puyuta. Cada botija costaba unos 12 reales.

La residencia jesuita de San Juan tenía un agente laico en Buenos Aires, aunque el colegio que la Compañía tenía en Buenos Aires también solía participar en esta conexión comercial ofreciendo sus servicios a la residencia jesuita de San Juan para distribuir sus aguardientes y vinos. El agente laico trabajaba tanto para los jesuitas de San Juan como para el colegio de Mendoza. No aparece citado en la documentación el porcentaje de comisión que recibía o si tenía un sueldo fijo. Esto hace más difícil el cálculo de los beneficios. No obstante, suponiendo que recibiera un 4 % de comisión (un peso por botija) como en el caso del comercio secular y teniendo en cuenta que en ocasiones transportaban el producto en sus propios envases, se podría estimar el beneficio para los jesuitas de San Juan entre 2 y 8 pesos por botija para el siglo XVIII.

El total de impuestos que los jesuitas no pagaban por extraer sus aguardiente de San Juan e introducirlo en Buenos Aires (haciendo uso de su exención impositiva) era de 3 pesos 3 reales aproximadamente. Esta fue probablemente la mayor ventaja que tuvieron. Aun cuando la ganancia hubiera sido mínima (entre un real y un peso) lo que, seguramente, nunca tuvieron fueron pérdidas. En los libros de cuentas no se hace mención en ningún caso de las desventajas del comercio de aguardiente.

Tal como ocurría con el comercio de seculares, la venta de aguardiente en Buenos Aires les permitía a los jesuitas obtener todos aquellos productos que no producían, fundamentalmente ropa, géneros (telas), tabaco y yerba. El agente laico en Buenos Aires remitía a la residencia jesuita de San Juan las cargas de estos productos que se compraban con las ganancias de las ventas de aguardiente. Así como los comerciantes seculares se convirtieron en "agentes que dinamizaban la economía cuyana"50 , los jesuitas también actuaron como estímulo de la misma. En este sentido, la Compañía participaba en la actividad económica más importante de la región (producción y venta de aguardiente) y también suministraba productos traidos de Buenos Aires que eran muy demandados en una ciudad de frontera. Estos productos comprados por los jesuitas en Buenos Aires con las ganancias de la venta de aguardiente se convirtieron también en parte del comercio jesuita al ser vendidos en San Juan o usados para pagar mano de obra (aunque un porcentaje, por supuesto, era dedicado al propio uso de los jesuitas de la residencia y de su mano de obra esclava)51 .

LA MANO DE OBRA VINCULADA A LA EMPRESA VITIVINÍCOLA

La mano de obra esclava negra coexistió con la mano de obra asalariada en las propiedades jesuitas del San Juan colonial. Tanto una como otra, participaron de la producción del principal producto de la región, cumpliendo diferentes funciones. Este tipo de división del trabajo se dio también en otras haciendas jesuitas y laicas a lo largo y ancho de América colonial. Siendo la mano de obra esclava la de mayor número y por tratarse de mano de obra permanente, constituyó la fuerza de trabajo más importante sobre todo en las propiedades rurales americanas. Esta situación se dio también en el caso de la mano de obra de las propiedades jesuitas en San Juan, cuyo modelo se extiende también a Mendoza.

Para la fecha de la expulsion, las propiedades jesuitas de San Juan contaban con 104 esclavos negros de los cuales cincuenta y uno eran varones y cincuenta y tres eran mujeres52 . Este número, casi parejo de mujeres y varones, no era fortuito. Los jesuitas de San Juan promovieron el aumento del número de esclavos por medio de las uniones matrimoniales. Si bien hubo compras de esclavos a lo largo del siglo XVIII, el mayor aumento de la población esclava se produjo por la cría de esclavos, producto de una cierta estabilidad familiar que los jesuitas se encargaron de fomentar53 .

La chacra de Puyuta concentraba la mayor parte de la mano de obra esclava, conclusión, por otra parte, lógica si se considera que en Puyuta se producía el vino y aguardiente cuya venta representaba la actividad económica más importante de la residencia jesuita en San Juan. El resto de los esclavos negros se distribuía entre la casa y la iglesia, ubicadas frente a la plaza mayor, la estancia de Guanacache y la viña de San Xavier.

Esclavos negros de la residencia jesuita de San Juan por propiedad, año 176754

Propiedad Varones Mujeres Niños Total
Casa-Iglesia 14 6 9 29
Puyuta 15 21 30 66
San Xavier 1 1 1 3
Guanacache 2 1 3 6
Total 32 29 43 104

El aumento regular de esclavos adultos tuvo relación directa con la extensión de las propiedades (en particular la chacra de Puyuta) y el incremento de la producción. La compra de esclavos adultos a partir de 1743 era necesaria para aumentar la mano de obra esclava existente y poder así cosechar más uvas, como consecuencia del aumento de la superficie cultivada, y producir más vino y aguardiente.

En el cuadro siguiente se muestran algunas cifras que permiten tener una idea aproximada del aumento de los esclavos adultos en relación a la producción de mosto y a la venta de aguardiente. Si bien los vacíos de información son notables para algunos años, es la reconstrucción más completa que se ha podido elaborar en base a los libros de recibo y gasto, en donde en ocasiones hay errores y muchas veces falta de registro de cosechas y ventas para algunos años. La producción de mosto de Puyuta constituía más de la mitad del total del mosto usado anualmente por los jesuitas para la elaboración de aguardiente. Entre 1742 y 1748 dicha propiedad produjo 3.089 arrobas de mosto, lo que equivalía al 53,68 por ciento del mosto producido en todas las propiedades jesuitas de San Juan, cuya cifra fue de 5.754 arrobas para el mismo período.

Pero Puyuta no sólo contribuía a la economía jesuita de San Juan con las cosechas, sino que también en esta propiedad se encontraba la bodega en la que se elaboraba todo el aguardiente que luego se vendería en Buenos Aires en una de sus propiedades menores55 , era en la bodega de Puyuta donde se elaboraba el aguardiente con destino a Buenos Aires. Los esclavos de Puyuta trabajaban en la elaboración de este aguardiente; en consecuencia, un aumento en las ventas podría estar relacionado con el aumento del número de esclavos adultos, como se verá más adelante. Como el objetivo de este análisis es simplemente mostrar algunas cifras que sirvan de referencia (debido a las limitaciones de las fuentes), se ha incluido también en el cuadro el aguardiente vendido en Buenos Aires, principal centro de comercialización de este producto, ya que puede reemplazar el vacío de información de producción de mosto a partir del año 1749.

Relación entre el aumento de esclavos adultos, la producción de mosto y la venta de aguardiente de la residencia jesuita de San Juan, 1742-176256

Año Esclavos adultos Producción de mosto (arrobas) Aguardiente vendido en Buenos Aires procedente de Puyuta (arrobas)
  Compra Total Puyuta Total
1742 0 28 60 534 *
1743* 3 28 9 178 308
1744 0 34 204 734 152
1745 0 35 300 650 134
1746 0 37 356 832 *
1747 0 35 900 1.170 434
1748 0 39 1.260 1.656 435
1749 0 38 * * 172
1750 0 41 * * 502
1751 0 41 * * 372
1753 4 48 * * 588
1754 4 * * * *
1755 1 51 * * *
1756 0 * * * *
1757 0 * * * 320
1758 8 * * * 288
1759 0 * 1.900 * 768
1760 2 * * * 608
1761 0 * * * 884
1762 0 66 * * 810

* Este signo significa falta de registros para esos años. En cuanto a 1743, la disminución en la producción de mosto de este año fue consecuencia de la pedra y la peste que destruyeron las cosechas de la temporada de 1743.

Siendo los esclavos los trabajadores permanentes en la chacra de Puyuta, se puede suponer que un aumento regular en el número de esclavos adultos permitía un aumento de la actividad laboral en la chacra puesto que la cosecha era el resultado final de todo un año de trabajo, cuidado de la tierra, etc. Como se puede ver en el cuadro anterior, es notable el aumento en la producción de mosto entre 1744 y 1748. En el mismo período el número de esclavos adultos también se incrementó, de treinta y cuatro a treinta y nueve esclavos. Es difícil (con la información disponible) calcular cuánto podía contribuir el trabajo de un esclavo en el aumento de la producción. Sin embargo, no es arriesgado suponer que cinco esclavos en edad de trabajar, como es este caso, podían influir significativamente en la producción de una propiedad en donde había un total de treinta y siete esclavos adultos en el período 1744-1748.

Si bien hay un importante vacío de información sobre la producción de mosto entre los años 1749 y 1758, el hecho de que la producción para el año 1759 no haya disminuido sino aumentado notablemente respecto al año 1748 (1.260 a 1.900 arrobas de mosto) muestra que la producción de mosto continuó aumentando. Este incremento coincidía con la compra de esclavos adultos, especialmente entre 1753 y 1758.

En cuanto a la relación entre el aumento de esclavos adultos y la venta de aguardiente (consecuencia directa del incremento de la producción de mosto), el cuadro muestra un aumento importante de la compra de esclavos adultos desde 1753, que sólo se entiende si se considera que la demanda de mano de obra se debió al aumento de las cosechas y, en consecuencia, de la producción de mosto y elaboración de aguardiente. Entre los años 1751 y 1762 hubo, a pesar de algunos altibajos, un aumento en la venta de aguardiente en Buenos Aires. En el mismo período el incremento de esclavos adultos se puede considerar más o menos importante: veintiún esclavos en diez años.

Las condiciones en las que vivían los esclavos también influyeron sin duda en el rendimiento de su trabajo. En este sentido los jesuitas de San Juan, al igual que en otras haciendas y colegios de América colonial, aplicaron la política de cubrir de manera suficiente las necesidades básicas de alimento, vestimenta y vivienda. A esto se sumaban: la asistencia en caso de enfermedad y las recompensas en regalos (tabaco y yerba, especialmente) por trabajos especiales, o por su buena conducta57.

Algunos esclavos adultos fueron indispensables en la economía de la residencia, por su conocimiento de ciertos oficios. La posesión de ciertas habilidades en una actividad específica determinaba el precio de un esclavo, además del sexo, la edad y la salud. En la residencia jesuita de San Juan se puso especial empeño en la enseñanza de oficios a los esclavos, generalmente pagando a maestros que les entrenaban. Existía una mínima especialización de funciones. Así figuran entre 1750 y 1767, los siguientes oficios: zapatero, albañil, barbero, botijero, amasandera, hilandera, cocinero y cocinera. También había especialidades propias de la producción de vino y preparación de cultivos, como en el caso de la compra de un esclavo en 1754 por cuatrocientos pesos, quien sabía fabricar odres para almacenar el aguardiente y quien también servía como podador. Además, los jesuitas pagaron a un maestro para que enseñara el oficio de botijero a dos esclavos58 .

En cuanto a la mano de obra asalariada, relacionada con las tareas de producción y comercio de aguardiente y vino, se puede establecer una clasificación de los trabajadores asalariados de la región en tres tipos: permanentes, conchabados y eventuales59 .

Fue necesario hacer la distinción entre permanentes y conchabados porque existió una diferencia dada por el tiempo de alquiler de esta mano de obra. La contratación por conchabo iba desde una semana a seis meses, poco más o menos, y se le pagaba al peón conchabado por día trabajado. El trabajador permanente generalmente era contratado por año (aunque se dio también el caso de seis meses a un año) y su trabajo tenía un salario fijo anual. Los trabajadores eventuales fueron aquellos llamados a hacer tareas específicas, relacionadas especialmente con los trabajos de traslado de productos y viajes, o requeridos para determinadas épocas del año como cosecha, poda, etc.

Un ejemplo de trabajador permanente era el caso del mayordomo de la chacra de Puyuta. Su salario se pagaba anualmente. Es difícil determinar la frecuencia con que eran reemplazados. El mínimo de tiempo trabajado era aproximadamente de dos años y el máximo podía llegar a cinco años60 . El capataz de Puyuta tenía un salario anual en 1743 de 80 pesos; a partir de 1749, y al menos hasta 1754, fue de 100 pesos61 . A manera de comparación se puede citar el caso de Córdoba (Argentina) donde el salario del capataz de la hacienda de Santa Catalina era de 100 pesos para el año 176662 . En este último caso, las tareas tuvieron que ver fundamentalmente con la producción ganadera, mientras que en el caso de Puyuta, se concentraban trabajos de cultivo, cosechas, producción y parte del comercio de lo producido. Tanto en el caso de las propiedades jesuitas de San Juan como en el de la mayoría de las propiedades rurales de esta época, los contratos de capataces eran orales, estipulándose el salario anual sin contrato por escrito.

El trabajo de los peones conchabados sí, en cambio, era controlado por escrito. Eran trabajadores libres contratados por un período de tiempo que solía ser de una semana (poco más o menos) hasta seis meses, aproximadamente. Los trabajos fueron variados, siendo el más frecuente el del tiempo de vendimia63 . Si se compara este tipo de trabajo a conchabo con el de otras propiedades rurales para la misma época, existió una similitud dada fundamentalmente por la frecuencia con que eran contratados los trabajadores. Era común la demanda estacional de trabajo en época de cosechas64 . En el caso de San Juan y Mendoza, la demanda de trabajo era entre los meses de febrero y abril, para la vendimia, y entre junio y septiembre para la poda y otras tareas de preparación de cultivos. También se contrataban peones para ayudar en algunas faenas relacionadas con la producción de vino y aguardiente65 .

Existen algunos detalles acerca de la frecuencia de las fugas de peones, quienes huían con la paga sin completar su tiempo de contratación. En el caso de la residencia jesuita de San Juan, entre 1734 y 1764 la documentación cita sólo dos casos de peones que escaparon con parte de su paga sin cumplir con su contrato. En los dos casos se trató de indios66 . Por otra parte, aparece en ocasiones el registro de las "fallas" de los peones, es decir el no ir a trabajar cuando se les esperaba. Evidentemente la palabra falla se refiere al hecho de fallar en el sentido de no rendir lo esperado que en este caso implicaba faltar al trabajo67 .

En ocasiones los registros son tan ilustrativos acerca de ciertos peones que faltaban frecuentemente o que tenían fama de mentirosos que merecen ser citados. Por ejemplo, el caso del botijero Domingo Correa, que había enseñado a hacer botijas a dos esclavos de la chacra de Puyuta, de quien se dice: "67 pesos ... le pagué en todo este tiempo por no haber trabajado de continuo por novelero"68 .

En cuanto a los salarios, entre 1751 y 1764 los jesuitas pagaban entre dos y cuatro reales al día en época de vendimia69 . Se pagaba de 3 pesos a 6 pesos al mes a un peón que se contrataba por meses para trabajar en las propiedades rurales, sin especificar sus actividades, que podían ser múltiples. Es decir que un peón que trabajara a conchabo todo un año, ganaba entre 36 y 72 pesos anualmente. Como comparación citamos el caso de la estancia de Santa Catalina en Córdoba donde un peón rural, hacia 1766, ganaba entre 50 y 60 pesos al año70 .

A diferencia de los trabajadores permanentes, en el caso de los peones a conchabo se necesitó de un control por escrito de los días trabajados y el pago a cuenta de su salario. Los jesuitas de San Juan anotaban estos datos en un pequeño cuaderno o libro, encabezando la página con el nombre del peón, debajo sobre una línea horizontal se marcaban los días trabajados con líneas (palos) verticales, y a continuación se registraban las cantidades que en plata y ropa se les pagaban71 .

El peonaje por deudas no existió de forma sistematizada, como se dio en algunas propiedades de México, pero hay algunos indicios en la documentación que permiten suponer que algunos trabajadores quedaron adeudados al recibir en pago ropa y plata antes de completar su trabajo. Este caso se dio especialmente con los trabajadores denominados "eventuales", caso que se analiza a continuación. Se incluyen en este grupo aquellos trabajadores que eran contratados para un trabajo específico. El pago se hacía por la tarea realizada y no por días o meses. Este era el caso de trabajadores que trasladaban cargas de todo tipo y que servían como arrieros o vaqueanos para el traslado de personas también. Entre los trabajos de este tipo se pueden mencionar: trasladistas o fleteros, arrieros, picadores de bueyes, capataces de carretas, vaqueanos, acarreadores de piedra, adobes y madera, de harina y cal, etc. No todos los registros de pagos a este tipo de trabajadores se incluían en un cuaderno aparte. En general, la mayoría de los pagos están registrados en el libro de gasto, por mes y año. Sin embargo se han localizado algunos pagos a arrieros que figuran en forma separada en el cuaderno de pagos a peones. En este caso específico el registro no se hacía por día trabajado sino por número de cargas transportadas. Inclusive se ha detectado en estos registros que los trabajadores debían ropa o plata a cuenta de su salario. Este es el único caso que se ha encontrado de deudas pendientes por parte de trabajadores. Sin embargo, no parece que haya sido un fenómeno generalizado, ni por cantidades excesivas que se debían72 . Lo que sí es importante destacar en este tema es que parte de los salarios que se pagaban tanto a peones conchabados como a trabajadores eventuales, se hacían en géneros (telas) y ropa.

Por la frecuencia y regularidad con que algunos de estos trabajadores eventuales prestaron servicios a la residencia jesuita, se los podría considerar casi como permanentes. Es el caso de Ramón Gegena, quien entre 1753 y 1764 trabajó para la residencia haciendo viajes de traslado de cargas de aguardiente a Buenos Aires, viajes a San Luis y dentro de la misma ciudad de San Juan acarreando materiales. También trabajó en la estancia que los jesuitas tenían en Guanacache73 . En el caso de los fleteros la residencia requería sus servicios una vez al año, cuando se hacía el traslado de las cargas de aguardiente a Buenos Aires. En ocasiones se contrataron hasta dos fleteros por año para hacer estos viajes74 . Entre 1742 y 1764 aparecen en el libro de gasto catorce nombres de fleteros que llevaron a Buenos Aires el aguardiente de los jesuitas de San Juan. El precio que se les pagaba por carreta era de ciento cinco pesos, siendo el precio de cada carga entre diez y catorce pesos75 . Para la segunda mitad del siglo XVIII, el sector de los fleteros o trasladistas constituía uno de los grupos socioeconómicos vinculados al comercio de vinos y aguardientes en la región de Cuyo. Las actividades de producción y comercialización de vinos y aguardientes se habían desarrollado lo suficiente como para que existiera una especialización de funciones: productor, bodeguero y trasladista76 . La actividad económica de la Compañía de Jesús en San Juan concentraba las dos primeras funciones y para la tercera contrataban trasladistas o fleteros. Por otra parte, la Compañía también envió parte de su producción en sus propias carretas, en estos casos se contrataban capataces de carretas y peones.

Tanto las características explicadas sobre la mano de obra vinculada a la empresa vitivinícola jesuita en San Juan, como el hecho de ser productores y bodegueros, así como lo relacionado a la venta en Buenos Aires del aguardiente y la compra en esta ciudad de productos para ser vendidos en San Juan, son elementos que nos brindan un panorama general de la actividad económica de cualquier propietario particular de la región dedicado a la vitivinicultura. Por supuesto, sin olvidar que la gran ventaja de los jesuitas la constituian las donaciones y la exención impositiva. Ante la falta de fuentes documentales privadas que ayuden a reconstruir la vida económica de la región, y en particular la empresa vitivinícola, los documentos jesuitas se convierten en una fuente valiosísima de información. Es gracias a la minuciosidad administrativa jesuita y a sus libros de gastos e ingresos que todavía se conservan en los archivos provinciales que es posible reconstruir la vida económica no sólo de la institución jesuita sino de la región en general. Esa minuciosidad se debió en gran parte a que los colegios y residencias jesuitas debían mantenerse por sí mismos; en otras palabras, si no generaban los beneficios necesarios como para pagar todos sus gastos, se cerraban. El dinero era fundamental para mantenerse y lleva r a cabo la labor misional y educativa .En el caso de los jesuitas de San Juan , la fuente fundamental de ingresos provenía de la venta de aguardiente en Buenos Aires y la venta en San Juan de los productos comprados con las ganancias de aguardiente. En otras palabras, el mensaje de la cruz nunca pudo haberse transmitido sin la existencia del aguardiente.


1 Bauer, A., (compilador), La Iglesia en la economía de América Latina, siglos XVI al XIX. México, Instituto Nacional de Antropología e Historia, 1986.         [ Links ] Riley, James. "Santa Lucía: desarrollo y administración de una hacienda jesuita en el siglo XVIII", Historia Mexicana XXIII, 2, 243-248.         [ Links ] Riley, James "La riqueza de los jesuitas de Nueva España", en Bauer, Op. cit., 481-483, 488. Cushner, Nicholas, Farm and Factory. The Jesuits and the Development of Agrarian Capitalism in Colonial Quito 1600-1767. Albany, State University of New York Press, 1982.         [ Links ] Cushner, Nicholas, Jesuit Ranches and the Agrarian Development of Colonial Argentina, 1650-1767. Albany, State University of New York Press, 1983.         [ Links ] Cushner, Nicholas, Lords of the Land. Sugar, Wine, and Jesuit Estates of Coastal Peru, 1600-1767. Albany, State University of New York Press, 1980.         [ Links ] Ewald, Ursula, Estudios sobre la hacienda colonial en México. Las propiedades rurales del Colegio Espíritu Santo en Puebla. Weisbaden: Franz Steiner Verlag GMBH, 1976.         [ Links ] Von Woseber, Gisela, La formación de la hacienda en la época colonial. El uso de la tierra y el agua. México, UNAM, 1989.         [ Links ] Brown, Kendall, "Jesuit Wealth and Economic Activity within the Peruvian Economy: the Case of Colonial Southern Peru", The Americas XLIV, 1.         [ Links ] Conrad, Herman W., A Jesuit Hacienda in Colonial Mexico: Santa Lucía 1576-1767. Stanford, 1980.         [ Links ] Colmenares, Germán, "La economía de los jesuitas en el virreinato de Nueva Granada", en Bauer, Op. cit., 394-395. Chevalier, Francois, Land and Society in Colonial Mexico. The Great Hacienda. Berkeley-Los Angeles, University of California Press, 1972.         [ Links ] Macera, Pablo, "Instrucciones para el manejo de las haciendas jesuitas del Perú, siglos XVII -XVIII", Nueva Coronica, II, 2.         [ Links ] Fuente, Ariel de la, "Aguardiente y trabajo en una hacienda catamarqueña colonial: La Toma, 1767-1790", Anuario del Instituto de Estudios Histórico-Sociales, 3, 94-95.         [ Links ] Tovar Pinzón, Hermes, "Elementos constitutivos de la empresa agraria jesuita en la segunda mitad del siglo XVIII en México", en Haciendas, latifundios y plantaciones en América Latina. México, 1975, 164-165.         [ Links ] Mörner, Magnus, "La hacienda hispanoamericana: examen de las investigaciones y debates recientes", en Haciendas, latifundios ..., 24. Aranguiz Donoso, Horacio, "Notas para el estudio de la hacienda de la Calera de Tango, 1685-1783", Historia, 6 , 221-262.         [ Links ] Valdés Bunster, G., El poder económico de los jesuitas en Chile (1593-1767) . Santiago de Chile, 1980.        [ Links ]

2 Macera, Op. cit. 14-15; Riley, "La riqueza de los jesuitas ...", en Bauer, Op. cit., 487; Cushner, Jesuit Ranches ..., 12-14. En el caso de Chile el valor de las propiedades donadas superaba al de las adquiridas por compra. Entre 1593 y 1753 la Compañía de Jesús recibió donaciones de propiedades por un valor de 410.694 pesos, mientras que el valor de las compras ascendió a 156.612 pesos (Valdés Bunster, Op. cit., 122-123).

3 Las mercedes reales y encomiendas concedidas por servicios a la Corona derivaron en el siglo XVII en un proceso de fragmentación debido a varias causas. Una de ellas era la herencia (la división de las mercedes reales que un individuo dejaba a sus descendientes). Otra causa fue la extinción de la encomienda por la disminución de la población indígena y, una tercera causa fue la crisis del siglo XVII antes citada que llevó a algunos propietarios a endeudarse con la Real Hacienda y, como consecuencia, a la confiscación de sus propiedades, a la venta de parte de ellas o a la pérdida completa pasando a ser inquilinos. Fanchín de Arredondo, Ana, "Factores que condicionaron la propiedad de la tierra en San Juan y su parcelación a finales del siglo XVII, comienzos del XVIII. San Juan, 1983, sin publicar; también de la misma autora: "Aportes para el conocimiento de la encomienda en San Juan", en VI Jornadas de Historia Económica. Vaquerías, Córdoba, 1984, sin paginar.

4 "La chacra o chacara (palabra de origen quechua) era el centro productor de la economía regional, y era una parcela de regular extensión dedicada al cultivo de vides, hortalizas y cereales. En el mismo predio se elaboraba el vino o el aguardiente. La chacra se convertía así en unidad de producción, ya que ella reunía a los recursos naturales, la mano de obra asociada a la encomienda, o a la esclavitud, y a los dueños del capital". Fanchín de Arredondo, "Factores que condicionaron la propiedad ..." y Rivera, Ana María, Comercio, fiscalidad y competencia: vinos y aguardientes de Cuyo. Tesis doctoral inédita, Universidad de Sevilla, 1987, cap. III.        [ Links ]

5 "Acta de expulsión, Inventario de instrumentos pertenecientes a esta residencia, San Juan de la Frontera, 26 de agosto de 1767", Archivo General de la Provincia de San Juan (en adelante AGPSJ), Serie Documentos Históricos (en adelante SDH), libro 6, folio 150. Marigorta compró el solar de la ciudad (que donó a la Compañía) a Diego Salinas. El solar estaba ubicado junto a la propiedad que les fue donada a los jesuitas en 1655, en el centro de la ciudad, frente a la plaza y que en 1712 volvieron a ocupar. En cuanto al donante Francisco de Marigorta, se trataba de un noble vizcaíno que se casó en San Juan y no tuvo hijos (Larraín, Nicanor, El país de Cuyo. Buenos Aires, Imp. Alsina, Gobierno de San Juan, 1906, 35.         [ Links ] Pertenecía al segundo grupo de españoles llegados a Cuyo a fines del siglo XVII, formado por funcionarios políticos y militares que se casaron con hijas y nietas de conquistadores (Videla, Horacio, Historia de San Juan. Buenos Aires, Academia del Plata, 1962, I, 314.         [ Links ] Para el año 1695 Francisco de Marigorta administraba una encomienda (con un cacique y doce indígenas) de su esposa María de Morales (Fanchín de Arredondo, "Aportes para el conocimiento de la encomienda ..."). Seguramente Marigorta enviudó y contrajo matrimonio con Josefa Molina. Para 1700-1710, Marigorta no tenía indígenas a su servicio pero sí un esclavo negro y tres mulatos (Fanchín de Arredondo, "Aportes para el conocimiento de la encomienda ...").

6 Para más información sobre la formación del patrimonio rural y urbano jesuita en San Juan, véase: López, Celia, Con la cruz y con el dinero: los jesuitas del San Juan colonial. San Juan, Editorial Fundación Universidad Nacional de San Juan, 2001, 49-72.        [ Links ]

7 Ibid., 256-260.

8 Esto se deduce de la existencia en el inventario de escrituras, testamentos, etc. incluido en el acta de expulsión de 1767: "Un testamento de Sipriano Tula. Un instrumento de mensura. Un instrumento de división de las tierras de Sipriano Tula". En 1727, para hacer una partición de unas tierras en Puyuta se citaron a las partes y en la escritura de partición se menciona a la Compañía de Jesús, representada por su rector: "... y haga saber a las partes que son el Reverendísimo Padre Rector Timoteo Ignacio Viñales de la Compañía de Jesús que tiene las tierras del dicho Tula ...", "Escritura de partición de tierras en Puyuta, San Juan, 2 de agosto de 1727", AGPSJ, SDH, Libro 4, Folio 20.

9 "Libro de gasto, inventario año 1734", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 95 vuelta.

10 "Inventario y tasación, San Juan de la Frontera, 18 de noviembre de 1767", AGPSJ, SDH, Libro 6, Folio 177 vuelta y Libro 7, Folio 161 vuelta.

11 "Inventario y tasación, San Juan de la Frontera, 18 de noviembre de 1767", AGPSJ, SDH, Libro 6, Folio 178 y Libro 7, Folio 162.

12 "Libro de gasto, junio de 1737", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 106. En el libro de gasto se especifica lo siguiente: "... en tierras que compre tengo dados 338 pesos 7 reales". Según consta también en el libro de gasto estas tierras se terminaron de pagar en julio de 1750: "... 48 pesos a la Simona Fernandez por tierras. A quien se debía un pico de restos de once cuadras de tierras que vendio al padre rector Ignacio Morgado a razón de 35 pesos cuadra. El 1/3 en plata y lo demas a genero que llaman conchavo y se le restaba un pico de 78 pesos 5 reales parte a genero y parte a plata y le satisfice en generos a precio de plata y en reales ..." ("Libro de gasto, julio de 1750", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 151).

13 "Libro de gasto, estado de la casa del año 1753", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folios 174. El rector de la residencia, Juan María Montero, decía lo siguiente en el inventario de la casa: "Advierto aquí que hallé un cuadernito del tiempo del padre superior Ignacio Morgado que compró a Pablo Silvera, y Ursula su hermana otra tal cantidad de tierras en dicho paraje de Puiugta. (Linda por el Oriente en el estero con las tierras del dicho Don Joseph Riveros, y al poniente las tierras nuestras que fueron de la Simona Fernández y del difunto Tula) cuya porción de tierras entre dicho lindero del Estero de Oriente a Poniente, y desde dicho Estero de Norte al Sur hasta el pedregal (son las que les tocó por ihuela al dicho Pablo Silvera y la dicha Ursula) las hallo pagadas y con exceso por dicho padre superior Morgado, y mi antecesor Ignacio Godoy como parece de dicho apunte de letra del Hermano Francisco Torres, y del Padre Ignacio Godoy; quienes fueron los que plata dieron por dichas tierras, y a mi juicio están pagadas en exceso pues entre los dos Padres Superiores se le dio a Pablo Silvera y a la Ursula se les dieron en ropa a razón de conchavo según fue el trato del padre Ignacio Morgado 383 pesos 4 reales, y en plata 122 pesos que una y otra cantidad importan 505 pesos 4 reales con que están repagadas".

14 "Libro de gasto, agosto de 1750", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 153.

15 "Libro de recibo, año 1753", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 77 vuelta. En el inventario del estado de la casa del año 1753 el rector de la residencia, Juan María Montero, se refería a esta permuta en estos términos: "De dichas tierras pertenecientes a la donación de Doña Inés" (se refiere a una donación que les hizo Inés Durán y su marido)" con fianza del Padre Provincial Juan de Sorozaval permute al sargento mayor Don Juan de Chagaray como consta de escriptura que le otorgué de dos quadras y trece varas y quarto de largo de oriente a poniente, y de sur a norte dos quadras y nueve varas por otras tantas que dicho sargento mayor Don Juan de Chagaray tenia compradas a Antonio Riberos alias el motilón con escritura de que dicho señor me hizo en el paraje de Pujucta y son en la misma forma de las que permute en dichas tierras del Rey, es a saber de oriente a poniente las dos quadras y trece varas, sus linderos al oriente las tierras y cerco de la chacara, y por el poniente con las tierras que compré a Juan Joseph Silvera; y las dos cuadras y nueve varas de sur a norte, linderos del norte son las tierras que compré a Silvestre Navarro y a su Hna Carmelita y los del sur las tierras del motilón y Diego Pérez " ("Libro de gasto, estado de la casa del año 1753", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folios 174 vuelta).

16 "Libro de gasto, estado de la casa del año 1753", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folios 173 vuelta y 174. Esta propiedad provenía de una merced real otorgada en el siglo XVI a Sebastián de Villanueva. En 1684 su nieto Pedro Silvera reclamaba en juicio esas tierras situadas "en Puyuta a una legua de la ciudad". Seguramente la compra hecha por los jesuitas a uno de los herederos correspondía a una porción de aquella merced real. La parcelación de las mercedes por ventas o herencias fue una característica de la estructura de la propiedad en Cuyo.

17 "It. A dicho Don Juan de Chagaray con licencia de dicho Padre Provincial en las tierras donación de Doña Inés Durán vendí las que tiene cercadas a precio de sesenta la quadra las que hubiere debajo de dicho su serco, las que hasta agora no se han medido por la Instrucción de mensuras de Sr. Larreinaga receví a quenta de las que hubiere rebajadas las de la permuta 300 pesos como constara de mi recivo. It. En virtud de la Licencia referida, vendí a Don Francisco Maradona cuatro o cinco quadras las que tubiere debajo de su serco, y tengo rezevido a quenta otros 300, y de Don Juan Alvares de Miranda quatro cientos pesos tengo rezevido, por las quadras que hubieren y se hallaren, a la parte del norte ..." ("Libro de gasto, estado de la casa del año 1753", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 174 vuelta ; también en: Libro de recibo, año 1753, AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 77 vuelta).

18 "Libro de recibo, enero de 1741 a marzo de 1750", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folios 63-73. La producción de mosto era el primer paso para la elaboración de vino y aguardiente. Se obtenía de pisar la uva en un lagar. Para el siglo XVIII los jesuitas usaban un lagar construido de piedra y no el lagar tradicional hecho de cuero de buey. En su libro Contribuciones al estudio de la vitivinicultura argentina, Maurín Navarro describe el lagar tradicional y la elaboración de vino. Dice que estaba formado por cuatro estacones de algarrobo fijados al suelo que sostenían un cuero de buey donde se arrojaban los racimos de uva . El orificio que se utilizaba era el de la cola del animal, ya que permitía introducir fácilmente (y sin romperlo) un caño para el desagüe. Se pisaba la uva reventando los granos con los pies, produciéndose el mosto, que una vez almacenado en cantidad se le hacía salir por el caño. El mosto, o sea la parte líquida de la uva, con el hollejo pasaban a un noque (especie de balde) con dos anillas por las que se introducían dos varillas, que hacían las veces de asas y servían para llevar el mosto a la bodega. En el interior de la bodega se colocaban las botijas o tinajas que contenían el mosto provistas de un agujero hecho a unos 15 cm. de altura del fondo, abertura que se tapaba durante el proceso de fermentación hasta su conversión en vino. Una vez hecho el vino se cambiaba de envase a una vasija de conservación, cuya abertura se tapaba con cal, yeso o barro con el fin de evitar la entrada de cualquier cuerpo extraño. Para elaborar el aguardiente se destilaban los vinos en alambiques. Véase: Maurín Navarro, E., Contribución al estudio de la vitivinicultura argentina. Buenos Aires, Editorial Sanjuanina, 1967.        [ Links ]

19 "Libro de gasto, estado de la casa, años 1758 y 1759", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 220.

20 "Libro de recibo, cosecha de abril-mayo de 1742", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 65 vuelta-66.

21 "Inventario de la viña de arriba, Acta de expulsión, San Juan de la Frontera, 26 de agosto de 1767", AGPSJ, SDH, Libro 6, Folio 154.

22 "... se hizo en la chacara un lagar de cal y canto con su piquera" ("Libro de gasto, estado de la casa, 22 de febrero de 1744", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 134 vuelta). "Se hizo un lagar nuevo de lajas con su piquera"("Libro de gasto, estado de la casa, marzo de 1748, AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 145). "Se volvió a levantar las paredes de un lagar y el lagar también que la avenida había derribado, y las ormigas habían trasminado ..." ("Libro de gasto, estado de la casa, marzo de 1751", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 157 vuelta). La documentación no menciona la existencia de bodegas subterráneas, tal como lo recomendaba el Padre Manuel Morales. Este jesuita aconsejaba las bodegas subterráneas para evitar la alteración de los caldos en la época de los vientos calientes. En cuanto a la bodega típica de la época, Maurín Navarro en su obra Contribución al estudio de la vitivinicultura argentina la describe: "... de adobe o adobón, techada con tijerales de palos torcidos de algarrobo o chañar".

23 "Inventario de la viña de arriba, Acta de expulsión, San Juan de la Frontera, 26 de agosto de 1767", AGSPJ, SDH, Libro 6, Folio 154 vuelta.

24 "Inventario de la viña de arriba, Acta de expulsión, San Juan de la Frontera, 26 de agosto de 1767", AGPSJ, SDH, Libro 6, Folios 152-153 vuelta.

25 Carbonell De Masy, Rafael, Estrategias de desarrollo rural en los pueblos guaraníes (1609-1767). Barcelona, Monografías Quinto Centenario, Antonio Bosch, 1992, 222-227.        [ Links ]

26 Una de las dificultades del proceso de producción de vino en aquella época era el peligro de avinagramiento, convirtiéndose en lo que llamaban "vino torcido"o, según las fuentes jesuitas también llamado "vino picado". Según estas mismas fuentes el envasijar mal el líquido podía provocar mermas en la producción. El vino malo solía ser vendido por poco precio al menudeo o se dejaba para el gasto de la casa ("Libro de gasto, abril de 1741", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 63, 65 vuelta y 67). Había una serie de factores que podían influir en la producción de mal vino. En San Juan, ante la abundante producción de vinos con probabilidad de "torcerse", se destinaron los excedentes vínicos a la destilación en alambiques. De ahí que la producción de San Juan fuera más de aguardiente que de vino (Rivera, op. cit., cap. III). Por otra parte, la producción sanjuanina de vinos era abundante si se tiene en cuenta que para conseguir una carga de aguardiente (4 arrobas) eran necesarias 24 cargas de vino. Una arroba de aguardiente era vendida casi al doble que una de vino. En cuanto a la producción de vino y comercialización en el caso de Mendoza, véase: Coria, Luis, Evolución económica de Mendoza en la época colonial. Mendoza, Universidad Nacional de Cuyo, Facultad de Ciencias Económicas, 1988, 117-135 y 169-172.        [ Links ]

27 El comercio al menudeo se realizaba en la misma chacra y también en una pulpería, propiedad de los jesuitas.

28 Los fenómenos naturales eran frecuentemente los motivos de las bajas en la producción y en consecuencia en la venta de vinos y aguardientes. El rector de la residencia de San Juan se refería a la cosecha de 1743 de la siguiente forma: "La cosecha de este año por la piedra que cayó dos veces y la peste de alquichi fue corta" ("Libro de recibo, abril de 1743", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 67 vuelta). En otras ocasiones eran inundaciones u otro tipo de amenazas naturales las causas de la destrucción de los medios usados para la elaboración de vinos y aguardientes. Por ejemplo, en la lista de mejoras de la casa del año 1750, se registraba lo siguiente: "... se volvió a levantar las paredes de un lagar y el lagar también que la avenida había derribado, y las hormigas habían trasminado" ("Libro de gasto, estado de la casa, marzo de 1751", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 157 vuelta.

29 Una arroba equivalía a 35,5 litros. Las cantidades en la documentación están registradas en carretadas, cargas, botijas y arrobas. Teniendo en cuenta las medidas usadas por los mismos jesuitas hemos reducido a arrobas las cantidades siguiendo estas medidas:

1 botija= 2 arrobas

1 carga= 2 botijas=4 arrobas

1 carreta=21 botijas=42 arrobas (aunque había carretas con más capacidad)

30 Los datos han sido extraídos del libro de recibo de la residencia jesuita, donde figuraban los envíos de aguardiente a Buenos Aires, pero no se ha podido reconstruir la serie completa por la falta de registros para algunos años. Fuente para los años 1732 a 1759: "Libro de recibo", AGPSJ, SDH, Libro 4, Folio 128-131 y 145; Libro 5, Folio 63-91. Fuente para los años 1760 a 1764: "Razón de las piezas de vino y aguardiente...", AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 250.

31 Fuente: Rivera, Op. cit., apéndice estadístico 5.

32 Fuentes: "Razón de las piezas de vino y aguardiente ...", AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 250.

33 Fuentes: "Razón de las piezas de vino y aguardiente ...", AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 250. Rivera, Op. cit., apéndice.

34 "Razón de las piezas de vino y aguardiente ...", AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 250.

35 Rivera, Op. cit., cap. VI.

36 Fuente: "Libro de recibo, años 1732 a 1762", AGPSJ, SDH, Libro 4, Folio 124-145 vuelta y Libro 5, Folio 63-92.

37 Rivera, Op. cit., cap. VI.

38 "Libro de recibo, año 1732", AGPSJ, SDH, Libro 4, Folio 125 vuelta. En la lista de deudas a la casa "no liquidadas en Buenos Aires", el rector de la residencia mencionaba lo siguiente: "... escriviome dicho Don Martin" (se refiere al agente Martin de Arraiz) "que el aguardiente se estaba acabando de vender a 26 pesos, y el vino a 16".

39 Los impuestos que durante el siglo XVIII (hasta 1767, que es el año final del período que se estudia aquí) debían pagar los comerciantes de vinos y aguardientes cuyanos eran los siguientes: impuesto del mojón o mojonería, el gravamen de visita de salida, el derecho de guía o licencia, el arbitrio, la sisa y también impuestos municipales a pagar en ciudades de camino al destino final.

40 Rivera, Op. cit., cap. VI.

41 Un extenso análisis del tema del privilegio eclesiástico de no pagar impuestos puede verse en: López, Op. cit., 119-137.

42 Rivera, Op. cit., cap. IV.

43 Ibid.

44 "Real Cédula, Madrid, 14 de marzo de 1768", AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 345.

45 Rivera, Op. cit., cap. IV.

46 Finalmente, tanto para el caso de Cuyo como para el resto de la América española, el problema no terminó de resolverse hasta 1785. Por una real cédula, ese año se suprimieron completamente los privilegios a los religiosos y se obligó tanto a eclesiásticos como a laicos a pagar sin excepción los derechos de alcabala y almojarifazgo. En el caso de los vinos y aguardientes cuyanos, la aplicación de la legislación nunca fue tan estricta. A comienzos del siglo XIX todavía continuaban saliendo vinos y aguardientes libres de impuestos a nombre de eclesiásticos.

47 López, Op. cit., 133-134.

48 "Libro de gasto, abril de 1743", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 132 vuelta.

49 "Libro de recibo, año 1734", AGPSJ, SDH, Libro 4, Folio 127.

50 Rivera, Op. cit., cap. VI.

51 Para un análisis en detalle de este tema, véase: López, Op. cit., 150-158.

52 "Acta de expulsion, San Juan de la Frontera, 26 de agosto de 1767", AGPSJ, sdh, Libro 6, Folio 138- 171.

53 Para el tema de la población esclava y su aumento, véase un análisis exhaustivo en: López, op. cit., 177-192, y Celia López-Chávez, "Microhistoria de la esclavitud negra en el siglo XVIII: el caso de la residencia jesuita de San Juan de la Frontera", Colonial Latin American Historical Review (1996), II, 181-194.

54 "Acta de expulsión, San Juan de la Frontera, 26 de agosto de 1767", AGPSJ, SDH, Libro 6, Folio 138-171.

55 Se trata de la viña y bodega donadas por Lorenzo Quirós y vendidas a Clemente Salinas y Cabrera en 1757.

56 Fuente: "Libro de recibo, abril de 1742 a diciembre de 1762", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 66-89; "Libro de gasto, enero de 1742 a diciembre de 1762", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 125 vuelta-235. Para la venta de aguardiente jesuita entre los años 1760 y 1762 la fuente es: "Razón de las piezas de vino y aguardiente que han entrado en esta ciudad (Buenos Aires) de las de San Juan y Mnedoza en el año de 1760 ..., Buenos Aires, enero a octubre de 1760", AGI, Audiencia de Buenos Aires, Legajo 250, sin paginar, y "Razones de las piezas de vino y aguardiente ... para los años 1761 y 1762", AGI, Buenos Aires, Legajo 250, sin paginar.

57 Sobre el tema del tratamiento al esclavo, véase bibliografía en nota 63.

58 "Libro de gasto, febrero de 1751", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 154 vuelta. También hay registros sobre oficios de esclavos en: diciembre de 1753 (Libro 5, Folio 168), julio de 1763 (Libro 5, Folio 238) y año 1754 (Libro 5, Folio 181).

59 Sobre clasificación del trabajo para el caso de Mendoza en la época colonial puede verse: Coria, Op. cit., 106-108 y 153-165.

60 "Libro de gasto, marzo de 1742 a noviembre de 1757", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 129-203 vuelta.

61 "Libro de gasto, mayo de 1743", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 133; "Libro de gasto, febrero de 1754", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 177 vuelta.

62 Albores, Oscar, Mayo, Carlos, Sweeney, Judith, "Esclavos y conchabados en la estancia de Santa Catalina, Córdoba (1751-1771)", Revista América, num. 5.

63 "Libro de gasto, años 1762 a 1764", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 225-247.

64 Fuente, Op. cit., 111-117; Amaral, Samuel, "Trabajo y trabajadores rurales en Buenos Aires a fines del siglo XVIII", Anuario IHES, 33-41.

65 "Libro de gasto, mayo de 1751 a julio de 1758", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 159 vuelta-208 vuelta.

66 "Libro de gasto, año 1734", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 93.

67 "Al capataz de la chacara Alfonso Rodrigues ... cumplió su año con dos meses y ocho días de más se le descontó unas fallas" ("Libro de gasto, septiembre de 1752", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 163 vuelta).

68 "Libro de gasto, diciembre de 1753", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 168.

69 "Libro de gasto, enero de 1751 a diciembre de 1764", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 159-182.

70 Albores, Mayo, Sweeney, Op. cit.

71 "Libro de gasto, cuaderno de pagos a peones", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 297-300; 318-318 vuelta.

72 Por ejemplo los registros de pagos a dos arrieros: el chileno Juan Gimenez por acarreo de adobes y piedra y "el arriero Rojo" por cargas de harina y de cal. En los dos casos, figuran al final de la lista de cargas transportadas una lista de ropa y plata que los arrieros debían ("Libro de gasto, cuaderno de pagos a peones", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 297-297 vuelta y 318).

73 "Libro de gasto, mayo de 1743 a junio de 1764", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 133-244 vuelta.

74 "Libro de gasto, diciembre de 1749 y marzo de 1751", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 149-149 vuelta y 154 vuelta.

75 "Libro de gasto, septiembre de 1756", AGPSJ, SDH, Libro 5, Folio 197 vuelta.

76 Rivera, Op. cit.

 

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