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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.23 n.2 Talca  2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762008000200013 

Revista Universum N: 23 Vol.2: 211-213 , 2008

RESEÑAS BIBLIOGRÁFICAS

Hiperindustria Cultural

Álvaro Cuadra, Universidad Arcis, Santiago, 2008, 171 páginas.

 

Carlos Ossandón Buljevic (*)

(*) Doctor en filosofía y letras de la Universidad de Gante, Bélgica.


 

No es primera vez que el profesor e investigador Álvaro Cuadra nos amenaza, digámoslo así, con sacudidas o transformaciones importantes en los dominios de la significación y de la comunicación. En un texto anterior, ya desde su propio título: De la ciudad letrada a la ciudad virtual (2003), nos advierte de un desplazamiento cultural de proporciones, con consecuencias no menores en las formaciones simbólicas, políticas y sociales. Sin apartarse de este diagnóstico, aunque incursionando por más atrevidos confines, en el nuevo texto ahonda en unas mediaciones que parecen redefinir o rearticular las posibilidades de la "experiencia" misma.

Cuadra no se conforma, sin embargo, con una descripción más acabada de los nuevos contextos que definen el presente. Su texto busca no sólo qué pensar sino sobre todo cómo pensar estos nuevos contextos, a través de qué conceptos, instigando qué tipo de urdimbre o de tejido entre estos. Esto explica su interés por precisar y relacionar cinco nociones básicas, desarrollando un módulo constituido por las nociones de Signo, Tiempo, Realidad, Saber y Poder. A partir de estos componentes el autor realiza un muy loable esfuerzo por repensar la dimensión cultural misma.

En contraste con enfoques más o menos corrientes en comunicación social, el objetivo más importante que persigue el libro no tiene que ver, al menos no principalmente, con la descripción general de los nuevos espacios comunicacionales del capitalismo más avanzado. No empecinado en mostrar, una vez más, los límites de aquel modelo ilustrado o liberal de espacio público privilegiado por Habermas en su conocida Historia y crítica de la opinión pública, o en insistir en la preponderancia que tiene hoy el mundo de las imágenes o de los simulacros, el autor busca moverse en un plano más determinante, más básico o elemental. En la línea de Bernard Stiegler, la pretensión es estrechar los vínculos o las correlaciones entre lo material y lo perceptual (cfr. Régis Debray: "De la technique comme horizon révolutionnaire", Le Monde, 31 mayo 1996), entre la mediación técnica, los lenguajes digitales y la "experiencia". Es esta madeja entre las nuevas tecnologías, las prácticas que les son concomitantes y sus posibles perceptuales y cognitivos la que nuestro autor pretende desenredar. Cuadra piensa que las mutaciones que se vienen dando en el ámbito de la "experiencia" no son disociables de unas mediaciones que como tales no pueden ser concebidas como meros instrumentos o suplementos, sino antes bien como las condiciones donde se reconfiguran las memorias, los imaginarios, las representaciones espacio-temporales, las identidades incluso.

No tributario de las llamadas "superestructuras" culturales, como tampoco de esos "espíritus de época" de filiación romántica, el análisis se detendrá, más bien, en un mundo de signos y de prácticas cada vez más importantes en la definición de una cultura de alcance planetario. Se trata de unas redes y flujos que operan sin pausas, ni fisuras ni fines, como un universo en desordenada expansión y que, en una de sus facetas, ha sido equiparado a ese cerebro atribulado del Funes de Borges. Unas telarañas que no se emplazan verticalmente en la medida que son sostenidas, reproducidas y modificadas por unos usuarios que poco parecido tienen con los ya antiguos receptores.

Digamos, y este es un punto de inflexión importante en el texto, que estas realidades exteriorizan, extrapolando a Walter Benjamin, una "trama muy especial de espacio y tiempo". Ellas plasman, dice Cuadra siguiendo a Stiegler, unas regulaciones e integraciones en los ámbitos de la cardinalidad y la calendariedad que reconfiguran lo real y cuyos modus operandi perturban aquellas representaciones espacio-temporales que se validan amparándose en determinados relatos o formalidades discursivas. Ahondando más propiamente en uno de los dos ámbitos destacados por Stiegler, Cuadra subraya la "sincronización" que se estaría dando, sin mayores distancias ni retrasos, aunque no con iguales intensidades y alcances, entre los flujos temporales que caracterizan la virtualidad y los flujos de conciencia de los públicos hipermasivos. Esta inquietante "sincronización" (si he entendido bien, sin demoras o prórrogas, por lo tanto) entre los flujos mediáticos y los flujos de conciencia le enseña los dientes, digámoslo así, a unas concepciones que se resistirían o no estarían dispuestas a ajustar de este modo el tiempo de la conciencia con el tiempo del objeto temporal.

En la correlación que se establece entre las tecnologías comunicacionales, el plano semio-pragmático o de "usos", y la "experiencia" perceptiva, cognitiva o temporal, nuestro autor parece llegar a un cierto tope o límite materialista de cuño benjaminiano. Sin embargo, no se trata tan sólo de una deuda epistemológica, en la medida que su libro tiene el propósito, de la mano de Stiegler, de ampliar y sobre todo de resignificar la noción de "reproducibilidad técnica", tan cara a Benjamin, sujeta ahora a inéditas o más gigantescas magnitudes y operaciones. Es el paso de la "reproducibilidad técnica" a la "hiperreproducilidad digital". Al punto que se podría decir que el texto que comentamos es, básicamente, algo así como la cala fenomenológica de estas dos nociones claves.

El texto posibilita así rendimientos complementarios a la obra de Walter Benjamin. En este caso, no principalmente asociados a los cruces entre estética y política, o a discusiones propias del campo de las artes visuales en Chile, de filiación también benjaminiana, tal como lo constata Miguel Valderrama en su reciente libro (Modernismos historiográficos, 2008). El propósito principal de Cuadra no es, sin embargo, tal como él mismo lo confiesa en un artículo-resumen publicado en la revista Re-Presentaciones de la Universidad de Santiago de Chile (n. 2, 2007), redactar un texto sobre Benjamin sino antes bien inspirarse en una heurística y en unas "correspondencias" presentes en la obra del frankfurtiano para desde allí - lo sigo parafraseando - interpelar los más recientes escenarios de la comunicación y de la subjetividad.

Me parece que es ésta propiamente la traza que sigue Cuadra. Tratando de caracterizar un poco mejor esta dirección, agregando una nueva variable, se podría decir que, aun cuando el texto incursiona por derroteros genealógicos, estableciendo ciertas discontinuidades entre la "ciudad letrada" de Ángel Rama y los actuales escenarios, estos alcances histórico-culturales no obnubilan su atrevimiento más decisivo. Me refiero al empeño por describir o fenomenologizar, más allá de cualquier concesión a las ideas de declive o regresión, las actuales "experiencias" y matrices culturales.

Digamos, para terminar, que el texto representa un esfuerzo muy importante por renovar los estudios en comunicación. Si nos atenemos a la evolución del autor, es fácil advertir como este interés diseña ya una obra, un perfil académico. En este esfuerzo de renovación se proyecta una lúcida crítica a unas concepciones que descuidan aquellos factores constitutivos de los nuevos lenguajes y operaciones o que, descansando en un manejo básicamente "instrumental" de los llamados "medios", reaparecen o se incrustan una y otra vez como "sentido común" en muchos debates públicos. En contraste, entonces, con estas naturalizaciones, Álvaro Cuadra nos invita a explorar las dimensiones desconocidas del nuevo universo de signos, de esa inconmensurable e inquietante Biblioteca de Babel que nos describe borgeanamente inspirado.

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