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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.24 n.1 Talca  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762009000100007 

Revista Universum Nº 24 Vol. 1, I Sem. 2009, pp. 110-126

 

ARTICULOS

 

ACERCA DE LLAMOS Y MARICONES. IDENTIDADES Y CONFLICTOS ENTRE ARICA E IQUIQUE

 

Bernardo Guerrero Jiménez
Sociólogo. Académico de la Universidad Arturo Prat. Chile
Correo electrónico: Bernardo.Guerrero@unap.cl


RESUMEN

Se analizan las representaciones simbólicas que tanto ariqueños como iquiqueños realizan del otro. Las relaciones de conflictos entre ambos que parecen expresarse, aunque no en forma exclusiva, en la práctica del fútbol, sirven para detectar fenómenos de racismo y de homofobia. Las figuras del maricón y del llamo, operan como vehículos para destruir la imagen del otro. Pero, también se pueden ver como complemento. En el fondo aparece la imagen de un hombre que porta las banderas del nacionalismo y de la virilidad, que responde a las necesidades del proceso de chilenización.

Palabras claves: Identidad Cultural - Racismo - Homofobia - Región.


ABSTRACT

Symbolic representations are analyzed as locals from Iquique and Arica express one another. The conflict relations between both cities, though not exclusively in the practice of soccer, show and help detect the phenomenon of racism and homophobia. Images such as queer and llamas act as a means to destroy the opponent. But they also act as a complement. In the background, the image of a man bearing the banner of nationalism and manhood appears so as to respond to the needs in the process of shaping the Chilean nationality.

Key words: Cultural Identity - Racism - Homophobia - Region.


 

A MODO DE PRESENTACIÓN

En octubre del 2007 los ariqueños hicieron realidad un viejo sueño. Se constituyeron como región, la número 15, llamada Arica y Parinacota. Con ello dejarán de depender, en lo administrativo, de Iquique.

Se espera con la nueva región, que haya más espacio para la toma de decisiones. Toda vez que se instalará un nuevo aparato administrativo que lidere los anhelos por crecimiento económico y desarrollo de esta ciudad. Más allá de ponderar si basta con que se constituya la región, para alcanzar mejores niveles de vida, lo que importa en este trabajo es discutir temas relacionados con la identidad cultural. Esto es, ver cómo la nueva región puede acometer la tarea de construir un perfil de identidad que conecte los temas del pasado, presente y futuro.

Para ello, nos proponemos discutir las relaciones de conflictos entre dos ciudades hermanas, Arica e Iquique y cómo estas dos, se perciben y auto-perciben en términos de imágenes metafóricos. Se trata de ver como a través de representaciones simbólicas, insertas en cada uno de los imaginarios urbanos, los habitantes de cada una de estas ciudades, en base a su historia producen identidad. Ver como a través de esas construcciones explicitan los conflictos, toda vez que el uso de esas figuras denotan en unos, homofobia y en otros, racismo.

Utilizamos para ilustrar las ideas que presentamos la observación que realizamos con ocasión del partido de fútbol entre Municipal Iquique y San Marcos de Arica, realizado el 13 de abril del 2008. En este encuentro, y sobre ello nos explayamos más adelante, observamos las puestas en escena de las rivalidades entre estas ciudades vecinas. Este partido tuvo una gran cobertura de prensa, sobre todo, por los hechos de violencia que se sucedieron al final del encuentro.

Iquique y Arica ingresaron al fútbol profesional en la década del 80 del siglo pasado. Esto ha permitido que los hinchas se desplacen en caravanas de una ciudad a otra. Las barras oficiales o no, despliegan sus recursos para asistir a los partidos. Piden dinero en las calles, y consiguen viajes especiales a bajos precios. Enarbolan sus banderas, pintan sus consignas en las grandes extensiones de género que tienen como fondo los colores que simbolizan a sus ciudades.

Los viajes de cuatro horas por vía terrestre, a través de 270 kilómetros por el desierto y quebradas, a veces en pequeños vehículos japoneses comprados en el sistema de Zona Franca -ZOFRI- o bien en buses que regularmente cubren esa ruta, sirven para expresar, su amor por la ciudad.

Son jóvenes en su mayoría los que se movilizan en estas caravanas. En los estadios ocupan un lugar que la autoridad le determina, que les permite estar relativamente aislados de sus rivales. Cantan y saltan según la norma que el fútbol argentino exporta a través de la televisión. Bombos, bengalas y coros llenan de sonidos y de voces el recinto. "El que no salta es llamo" o bien "El que no salta es hueco", son los cantos que logran que todos los espectadores corean. Los primeros están dirigidos a los de Arica, los segundo contra los de Iquique.

Por lo general, son viajes que se realizan horas antes del evento y se regresa apenas éste termina. Dentro como fuera del estadio el consumo de alcohol y marihuana es frecuente.

El resto de los espectadores observa estos duelos. A veces se suman a los cantos y aplauden algunas ocurrencias. En el último duelo en el estadio "Tierra de Campeones" de Iquique, y meses previos a la realización del iberoamericano de atletismo, sobre la pista de recortán que aún no estaba terminada y protegida con planchas de cholguán, en una de sus partes, no protegida, un jugador de Arica, hacía su precalentamiento. Saltaba con sus zapatos con estoperoles. Un hincha del sector vecino a marquesina, molesto por el marcador adverso, gritó: "Cuidado llamo culiao, creí que esa huevá la venden en Tacna".

Esta graciosa ocurrencia encierra varias cuestiones que más adelante desarrollaremos. Una de ella tiene que ver con la vecindad con Tacna y como en esta ciudad peruana, se adquieren productos a bajos precios, y en algunos casos falsificados o pirateados.

Sirvan estas líneas para entender mejor las reflexiones que realizamos en torno a los conflictos entre iquiqueños y ariqueños.

LA IDENTIDAD, ESBOZO TEÓRICO

Las identidades culturales son procesos de construcción en base a materiales dados por la historia de cada comunidad. Se elaboran a partir de eventos que cada comunidad considera significativos –no necesariamente positivos o agradablesconscientes o no-conscientes. Enfatizamos el componente dinámico y constructivista de la identidad para evitar caer en posturas esencialistas. La identidad habita en el imaginario donde es constantemente recreada. Para Renato Ortiz (1996, 77) "la identidad es una construcción simbólica que se hace en relación con un referente. Este puede ser la nación, la clase, el género, la etnia". A ello habría que agregar otros componentes como la geografía, el paisaje, la comida, la música, el deporte, etc.

Stuart Hall en su artículo "Quién necesita identidad" (2003: 13) plantea dos situaciones. En la primera hace ver la extraordinaria atención que ha merecido el concepto de identidad, y en segundo lugar, hace mención al proceso de deconstrucción que ha sufrido este concepto. Sugiere ver a la identidad cultural, entre otras tantas consideraciones, del estilo, como una relación, una práctica discursiva, y no como algo integral, originario y unificado. Para Ossa, tal definición de identidad enfatiza: 1. Que la identidad es un proceso en el cual entra en juego la conciencia como capacidad para decir yo; 2. Que la identidad se representa en forma simbólica -lo que alude a las dimensiones del lenguaje y de una acción o práctica reflexiva-. Este autor, comentando a Habermas, plantea que es "la capacidad de permanecer idénticos a sí mismos que tienen los sujetos dotados de competencias para hablar y actuar; 3. Precisamente por medio del lenguaje y de la acción, la identidad se relaciona con un grupo de pertenencia. Esta identidad personal supone la identidad grupal" (1991).

Se repite con cierta insistencia en las bondades de contar con identidad. En tiempos de globalización, el discurso que postula la pérdida de ésta, gana más adeptos, aunque los supuestos sobre la que se levantan, son más que discutibles. Lo que no se discute con más pasión, es el hecho de que la identidad también puede producir violencia.

Esta discusión la sostiene Sen (2007: 10), cuando reflexiona acerca del carácter singular y abarcador de la identidad. Plantea una crítica al modelo singularista de la identidad, que reduce al ser humano, a ser miembro de un solo grupo. Si antes era la nacionalidad y las clases sociales, ahora es la civilización y la religión. Las consecuencias de esta postura son evidentes: "se fomenta la violencia cuando se cultiva el sentimiento de que tenemos una identidad supuestamente única, inevitable -con frecuencia beligerante-, que aparentemente nos exige mucho (a veces cosas muy desagradables). La imposición de una identidad supuestamente única es, a menudo un componente básico del "arte marcial" de fomentar el enfrentamiento sectario" (2007: 10). En suma la promoción de una identidad única, basada en el modelo singularista, puede llevar a un espiral de violencia, como la que hemos observado al finalizar el siglo XX, el caso de la ex - Yugoeslavia aparece como el más conocido.

En términos generales, la identidad posee una dimensión colectiva, referida, a cuestiones tales como el género, la raza, la etnia o la religión, tal como apunta Ortiz, pero también a cuestiones más específicas. En este sentido Appiah, citando a Ian Hacking (2007: 115), nos dice que la identidad se refiere a clases de personas: "hombres, gays, estadounidenses, católicos, pero también mayordomos, peluqueros, filósofos". Estas clases de personas se crean a partir de etiquetas. Las clases de personas existen en la medida que se inventan categorías que los reducen a ciertas categorías. Cuando se aplican a las personas pasan a tener efectos sociales y psicológicos.

Para que los otros encajen en ciertas categorías se requiere contar de términos en el discurso público, de tal modo que se puedan usar para ciertos grupos. De ese modo categorías como heterosexuales u homosexuales, hombres blancos o negros, funcionan como fórmulas de adscripción. Catalogar a alguien con tal o cual etiqueta, supone manejar un conjunto de tipos ideales concerniente al grupo en cuestión.

Debe haber también una internalización de esa etiqueta. Esto significa, siguiendo a Appiah (2007: 121), que la identificación supone una fuerte dimensión afectiva y narrativa. Debo encajar en mi historia hechos -ficticios o reales- que ayuden a configurar mi identidad. Y por otro lado, deben existir patrones de conductas referida a mi identidad. Se espera que debo actuar de este modo y no de otro. El autor citado introduce la dimensión ética en el sentido de que ciertos actores hacen algo que supera el simple reconocimiento de sus deseos, por ejemplo, el gay que lucha por el reconocimiento de sus derechos.

La identidad cultural tiene, además, otro tipo de connotaciones éticas. El posible enclaustramiento que nos lleva a una concepción única de la identidad, tiene consecuencias no siempre fáciles de prever. Una salida a esa cuestión es la propuesta de Appiah. Éste plantea la idea del cosmopoliticismo arraigado (2007), que implica reconocer antes que nada el carácter universal del ser humano, que se presenta bajo la fórmula: "antes que nada soy un ser humano". El carácter singularista de la identidad es la que ha permitido el surgimiento de brotes de violencia. Sucede cuando un grupo se autodefine como superior y se plantea la eliminación de otros colectivos, apelando a la pureza de la raza, por ejemplo, es el caso de los nazis en la Segunda Guerra Mundial.

LLAMOS VERSUS MARICONES: SIMBOLIZACIONES Y VIOLENCIA

El quiénes somos y el modo en cómo nos representamos al otro, se hace acudiendo, generalmente, a metáforas. La expresión "somos chilenos" por ejemplo, hay que ubicarla en el registro del nacionalismo. Y su expresión simbólica se nos hace presente a través de la bandera, el escudo o bien el himno nacional. El día de la Patria, el 18 de septiembre. El otro, el peruano o el boliviano, se expresa en iguales condiciones, contextualizado además en una historia de guerras. Las relaciones con esos otros, están mediadas, por las historias que en cada sistema educacional se cuenta. Chile, elaboró en la figura del roto su mejor síntesis. Perú y Bolivia, encuentran en la figura del indio su mejor expresión, sobre todo si se le vincula a la civilización de los incas.

La disputa entre iquiqueños y ariqueños tiene una data que proviene de la anexión de ambas ciudades a la soberanía nacional, a consecuencia de la Guerra del Pacífico de 1879. Relaciones de vecindad, mediada por sus vínculos con el Estado central. Ambos puertos, por su posición geopolítica, han necesitado de una atención preferencial por parte del poder radicado en Santiago. Consideraciones geopolíticas, perciben a esta zona, escasamente poblada de acuerdo al territorio que ocupan, como escenario que hay que chilenizar en forma permanente. Tal fue el caso de la instalación del Puerto Libre en los años 50, en Arica, y de la Zona Franca, en los 80, en Iquique. Ambas políticas de excepción, que significó un crecimiento económico para Arica, en desmedro de Iquique, y viceversa permite explicar, en parte el origen de esos conflictos. El Puerto Libre de Arica produjo en el imaginario identitario de los iquiqueños la sensación de desprotección. A la inversa, sucedió con la Zona Franca. En otras palabras, ambas ciudades, al carecer de proyectos propios de desarrollo, pelean entre sí, para recibir la ayuda del Estado. En esa dirección hay que leer además la demanda de Arica para convertirse en región. Y no sólo carecen de propios caminos, sino que además deben adecuarse a los dictados del Estado nacional, que no siempre coinciden con los de las regiones.

Interesa ver cómo ambas ciudades, tocadas de diversas formas por sus relaciones con el Estado central, simbolizan esas relaciones. O mejor dicho cómo ambas ciudades simbolizan al otro. Esta simbolización permite, sintetizar en un objeto definido, sea un animal u otro ente, los conflictos y la violencia entre grupos. Durkheim, en Las formas elementales de la vida religiosa (1992), establecía las relaciones entre el tótem y el clan. La tesis de este sociólogo francés, resumía la idea de que el clan se simbolizaba en el animal u objeto de la naturaleza, como plantas o árboles. La adoración a esas entidades no era más que la adoración al grupo social. En el caso que nos ocupa, esas entidades construidas por el otro, buscan, a diferencia de lo planteado por el autor de El suicidio, ofender y humillar.

Iquique representa a Arica a través del llamo1. Animal ancestral y fundamental para los grupos étnicos que habitan la zona macro-andina, de la que tanto Arica como Iquique, forman parte. La actividad económica de los aymaras, su dieta alimenticia, su textilería, actividades religiosas -Floreo del Llamos- tienen como protagonista a esta animal. La calidad de su carne, en términos de sus atributos carece de colesterol- por ejemplo, lo convierte en un bien apetecido. Tanto en Arica como en Iquique, se expende esta carne. Pero, su consumo, a pesar de sus costos y de su valor nutricional, no es masivo. Una sola explicación: es carne de indio2.

La noción de llamo, tiene una fuerte carga valórica y racista. Decirle a los ariqueños, llamos, es decirle, indios. Y eso es visto como una ofensa. Y es así, porque tanto la población mestiza de ambas ciudades ha elaborado, vía proceso de chilenización, una imagen racista de los aymaras. En otras circunstancias, ser tildado de llamo, debería ser un orgullo.

Para nadie es un misterio que las ciudades del Norte Grande de Chile tienen un rostro andino, a veces perceptibles, otras veces no tanto. Uno de los temas que cruza nuestra identidad nortina es precisamente lo andino. La música, la gastronomía, el lenguaje, entre otros tantos temas, así lo demuestran. Nuestro pasado tan bien expresado en el complejo Chinchorro3 es la evidencia más nítida de éste.

No obstante, la población mestiza por su intento de blanquear ese pasado, ha construido un estigma sobre lo andino. La expresión "indio" o "paisano" o "paitoco" así lo demuestra.

La población andina hasta los años ochenta había sido invisibilizada por el Estado ("en Chile no hay indios, somos todos chilenos" expresó el Ministro de Agricultura de Pinochet, Alfonso Márquez de la Plata) o bien los mismos aymaras, por protegerse, se auto-invisibilizaron. Para el sentido común y para las elites europeizantes en el poder, para la educación, en todos sus niveles (pre-básico, básico, medio y universitario) había una relación de equivalencia entre aymaras y bolivianos. Era lo mismo. La categoría "indio" servía para englobar a todos aquellos que tenían un pasado andino. Incluso en la llamada novela obrera surgida en el ciclo salitrero, los autores de izquierda hacían el mismo ejercicio. La novela, Los pampinos de Luis onzález Zenteno, contiene varias apreciaciones en esa dirección. Y varios más. En la escuela llevar apellidos aymaras eran razón para la discriminación.

A partir de los años 80, y gracias a la acción de las organizaciones no gubernamentales, el tema andino comienza a aparecer en la agenda académica, toda vez que se empiezan a desarrollar políticas de desarrollo y de re-etnificación destinadas a frenar el proceso de des-estructuración que estaban experimentando. Uno de los casos más emblemáticos lo constituye la acción del Centro de Investigación de la Realidad del Norte, Crear, que produjo una abundante bibliografía, además de trabajos en el altiplano, en la perspectiva de la investigación-acción (ver www.crear.cl/ publicaciones). Pero sin duda, el libro de Van Kessel, Holocausto al Progreso: Los aymaras de Tarapacá (1980) es el hito que señala la presencia pública de los aymaras en la agenda, no sólo académica, sino que también social, cultural y política.

En la década de los años 90, y con el retorno de la democracia, los aymaras alcanzan una presencia más activa y demandan al Estado por mejores condiciones de vida. Bajo la égida del Estado se crea la Comisión Especial de Pueblos Indígenas (CEPI) y que luego da origen a la Comisión Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI). Por otro lado, hay un despertar de otros grupos étnicos que reclaman ser reconocidos por el Estado (atacameños, diaguitas, quechuas, entre otros).

Los aymaras se organizan y alzan orgullosos sus voces y sus emblemas. Cada vez ganan más espacios y visibilidad. Enuncian con orgullo y con cierta propiedad ser pueblos originarios. Las universidades regionales abren carreras de interculturalidad. En la Universidad Arturo Prat de Iquique, por ejemplo, las señaléticas no sólo están en español, sino que también en inglés y aymara. En fin.

El mercado regional nortino consume folclore andino, sobre todo música. E incluso, se concibe como un elemento propio de la identidad regional. El sonido de esta música, su estética y discurso musical, estructura buena parte del consumo musical. En los tiempos de la dictadura militar (1973-1989), esta actividad folclórica se utilizó como bandera de lucha. El caso del grupo Illapu y de Osvaldo Torres, son los más elocuentes. A menudo en la confrontación región versus Estado, la música andina se utiliza como oposición a la música central, sobre todo, la cueca. Se dice que tantos iquiqueños como ariqueños, bailan diabladas u otros ritmos andinos, más que aquella danza del Chile central.

¿Por qué entonces los iquiqueños sienten que ofenden, y por qué los ariqueños se ofenden con ese apelativo? Una sola respuesta. Nuestra sociedad sigue teniendo un fuerte componente racista del que aún no nos hacemos cargo. Esta es una tarea pendiente para nuestro sistema educativo y para los medios de comunicación. Y este racismo tiene una larga data. En la época de la constitución de las ciudades puerto, producto del ciclo salitrero, en la población oriental, específicamente en los chinos, se concentró buena parte del racismo (Guerrero, 1996: 79).

Pero hay que añadir por los menos una curiosidad. Los ariqueños han construido buena parte de su orgullo a través de las momias de Chinchorro. Y aquí es donde aparece la contradicción. Éstas, como la figura del llamo, nos conectan a una misma meseta cultural, a un mismo horizonte simbólico. La diferencia está en que la cultura de Chinchorro está en el pasado. Y los aymaras en el presente. Hay pues una parte andina de Arica, y de Iquique también, no asumida de forma positiva.

Se asume la cultura de Chinchorro, con orgullo, por lo mismo que está en el pasado. Y habita en un rango de 9 mil años de antigüedad. Es un pretérito, y valga la redundancia, momificado. Es un pasado más que histórico, es arqueológico. Es un pasado muerto. Mientras que los aymaras viven y conviven con la población mestiza y criolla.

Los ariqueños, por su parte simbolizan a Iquique, haciendo rima de unas de las más preciadas auto-presentación colectiva de esta ciudad: "Iquique tierra de campeones y de... maricones". Esto último, debido a la gran cantidad de homosexuales que se dice hay en el puerto. Como no hay un censo para dar cuenta de ello, hay que suponer que los homosexuales en Iquique tienen y gozan de una mayor visibilidad. Situación al parecer, típica de los puertos. Y otro tanto en Arica, Antofagasta y Calama, la ciudad minera.

La homosexualidad en Iquique, sobre todo, la masculina y de los sectores populares siempre ha gozado de una gran visibilidad. Al igual que en otras ciudades, en cada barrio popular es posible advertir su existencia. En estos sectores, se advierte una tolerancia hacia ellos. Hay también homofobia, que en muchos de los casos se expresa en chistes y en sobrenombres: "nuco", "hueco", "revolver", etc. Pero, muchas de estas expresiones adquieren cariño u odio, según el tono en que se expresen. Son politonales. La homosexualidad en los sectores pudientes se expresa de un modo menos evidente.

Iquique, y Arica también, ha sido por mucho tiempo una ciudad popular y con una vida hacia fuera. Es decir, hacia la calle y con una ocupación del espacio público bastante intensa. El patio de la casa se traslada hacia la calle o hacia la plaza. El mundo homosexual popular, por lo mismo, se muestra, expansivo y provocativo. Hablar fuerte, vestirse de mujer, pintarse, etc., expresa su condición de un modo abierto. En los años 60 y 70, el imaginario urbano convivía con las figuras de homosexuales famosos como "la Marilyn", el "Simón" y el "Luchito". En el mundo de la bohemia, el cabaret de Julio Prieto, se convirtió en un lugar emblemático en los años 60, hasta la actualidad, aún cuando ese tipo de diversión, por el tema del tráfico y consumo de pasta de base, ha mermado. Por otro lado, el nuevo Iquique, producto de la Zona Franca, ha desplegado hacia el sector sur, nuevas formas de diversión (Guerrero 2000: 251).

Esta exposición pública del mundo gay, sin grandes pudores, en una ciudad relativamente tolerante al tema, creó la imagen de un colectivo de campeones y de maricones. La rima vendría a expresar la realidad de tal evento.

Si decirle llamo a los ariqueños es racismo, decirle a los iquiqueños maricones, es homofobia. Ambas formas de representarnos, son por lo tanto, dañinas para el orgullo de las dos ciudades. Son lesivas en la medida que se siga construyendo elementos identitarios para agredir al otro. Y de paso, agredir a los aymaras y a los homosexuales.

LA EXPRESIÓN DE LAS IDENTIDADES

La expresión de las identidades en forma colectiva se realiza preferentemente a través del fútbol4. Es en este campo donde congregados los unos y los otros, y simbolizadas ambas ciudades en sus respectivos equipos, sirve para vehiculizar lo anteriormente descrito.

La historia de los enfrentamientos deportivos entre ambas ciudades, desde la década de los años 40, da cuenta de estas rivalidades, que por cierto no tuvieron la resonancia que gozó el partido entre San Marcos de Arica y Municipal Iquique, el año 2008. Viejos futbolistas cuentan que jugando un match en los años 40, los iquiqueños al marcar un gol en tierras ariqueñas, gritaban "gol de Chile" haciéndoles notar a sus rivales su condición de peruanos.

Un partido de fútbol, puede ser visto como una puesta en escena de identidades, de sus dinámicas y sus conflictos. No son otra cosa los llamados clásicos. En este tipo de partido, alimentado por los medios de comunicación (programas especiales, recuentos, etc.), se acentúa el carácter excepcional de éstos. Expresiones como: "podemos perder con cualquiera, menos con Arica" o viceversa, dan cuenta de la "trascendencia" de lo que se juega.

En este tipo de encuentro, el público aumenta. Las barras, sobre todo las bravas, una importación, primero del fútbol inglés y luego del argentino, detrás de los arcos copan esos espacios con grandes lienzos. Consignas inspiradas en el fútbol rioplatense sirven para canalizar los términos del orgullo y de la violencia. Por ejemplo:

"Dime llamito qué pasó en Arica
Que no tuviste huevo, no pudiste aguantar
Esos peruanos que se la dan ‘’Bravo’’
vieron a los furiosos y se echaron para atrás
Hay que vergüenza que en el primer tiempo
abandonaste a Arica llamo llamo cagoooon!!
llamo cagoooon!!! llamo cagooon!!
Día del abandono ...
es por eso que tu padre siempre será el DRAGOOOON!!!"

El rival entona o escribe:

Ni un brillo la barra del curigay,
no hay equipos que nos superen,
somos lo más grande del norte,
mucho más que los huecos de ikk
ni un brillo este torneo, mejor hablamos con nuestros amigos peruanos
para ir a jugar a la Liga del Perú…¡Carajo…!
ARICA…SIEMPRE …ARICA
(htpp/pasion.com/?p=131)

O bien esta certificación:

Iquiqueño hueco culiao, Iquique la ciudad de Chile con más maracos y más centros gay de Chile, la zofri llena de puros indios, peruano, bolivianos, y de otros países, los que trabajan en Iquique son todos de afuera, ustedes son unos flojos maricones y eso todo Chile lo sabe.

Iquique tierra de maricones
si hasta Prat era maricón y saltó del barco

les pica la raja, ya que ahora le sacaremos la chucha nuevamente5.

O expresiones como "el que no salta es llamo" se constituyen en marca de identidad. Los rivales, por su parte entonan "el hueco" en una especie de letanía. O bien, del mismo modo "el que no salta es hueco". Ello además de las consabidas bromas y ocurrencias que el público lanza según la ocasión. Todo este repertorio identitario, racista y homofóbico se construye bajo el amparo del escenario del fútbol6, aunque también es posible advertir en la vida cotidiana conductas belicosas.

Las representaciones y auto-representaciones entre ariqueños e iquiqueños, en estos últimos años, y motivado sobre todo por el ingreso de ambos cuadros al fútbol profesional, ha llevado a que los primeros se autodefinan como "delfines" y los segundos como "dragones celestes".

Debemos suponer que llamarse delfines tiene que ver con la presencia de estos cetáceos en la costa norte, percibidos como inteligentes y amistosos. Dragones, en el caso de Iquique, por el cerro duna que se parece a este animal mitológico, y que es parte importante en el imaginario urbano local.

Las banderas iquiqueñas suelen llevar en el centro a este animal, a veces con cara alegre y en otras, no tanta. El delfín no parece ocupar un lugar protagónico en los emblemas de la hermana ciudad.

De este modo el dragón celeste, o el delfín, se constituyen en emblemas que protegen a los grupos que lo invocan.

Ambos animales, sin embargo, no movilizan el odio ni la discriminación. Exceptuando claro está cuando "los otros" en vez de llamar dragones a los iquiqueños, los nombran "drogones" por el tema del alto consumo de pasta base, no sólo en la ciudad del 21 de mayo, sino que también en Arica.

ORGULLO Y ÉPICA IDENTITARIA

Los estudios sobre la identidad cultural señalan que ésta, se crea y recrea a través de la historia (Güell 1996, 27). Como se sabe no se da en el vacío y recoge elementos de la tradición y de la memoria. Los iquiqueños encontramos en el 21 de mayo, el ciclo salitrero, 21 de diciembre de 1907, en la historia deportiva, en la industria pesquera, en la Zofri y ahora en el nuevo ciclo minero, nuestras formas de autopresentarnos. En Arica, el 7 de junio, la fundación de la Junta de Adelanto de Arica, el Puerto Libre, la Virgen de Las Peñas, etc.

Todos estos hechos tienen una historia corta en el tiempo, pero con una fuerte connotación épica. El 21 de mayo, es un hecho que cada año se dramatiza señalado las consecuencias que tuvo para la soberanía chilena el haber anexado a Iquique a Chile. La épica del boxeador Estanislao "Tani" Loayza y su combate frente a Goodrich (1925), lo mismo que los enfrentamientos de Arturo Godoy con Joe Louis (1940), están inscritos en la memoria colectiva como hechos fundamentales. Ambos son los primeros boxeadores chilenos que disputan en Nueva York, los títulos del mundo.

Resulta entonces que para los iquiqueños es el deporte, sobre todo el fútbol y el box, donde se construye buena parte de su identidad. La figura de Prat y del Tani Loayza o bien de Arturo Godoy constituyen los íconos fundamentales. Son los David que se enfrentan al Goliat, llámese Estado central o como quiere que se le denomine.

Hay también una identidad que se levanta sobre el componente de clases. Y éste tiene que ver con la dimensión obrera o pampina de nuestra forma de ser. El nacimiento del movimiento obrero, la matanza de la Escuela Santa María, constituyen hechos universales que acaecieron en Iquique y en la pampa. La universalidad de La Cantata de la Escuela Santa María, por ejemplo, ubica a Iquique, en esa misma dirección.

En lo político, la acción de Jorge Soria Quiroga7, ayuda aún más a producir identidad por sus constantes referencias al Estado central, a la idea que "quieren matar a Iquique" provocando con ello, que la ciudad se aglutine en torno a él. Es cierto, es una identidad construida en oposición al Estado central, estructurada en torno a elementos mesiánicos ("Yo he salvado a Iquique") o de simbologías como "Cuando atacan a Iquique, me atacan a mí" etc., pero que de igual forma logra crear y reproducir identidad (Guerrero, 2004)8.

En Arica estos íconos, en donde la identidad se levanta, no tienen tanta gravitación. El gran orgullo de los ariqueños, las momias de Chinchorro, no genera la épica que produce en los iquiqueños al ver una pelea del Tani o de Godoy.

Las lógicas de la identidad tienen que ver con el apego emotivo a un pasado glorioso. El de los iquiqueños se vincula con la industria el salitre, y sobre todo con la lucha obrera. Y para ser más preciso con la matanza en la Escuela Santa María. Y este hecho pervive gracias a la labor de un mediador simbólico, en la expresión de Ortiz (1996), en este caso Luis Advis y Quilapayún que crea la Cantata de la Escuela Santa María.

En Arica, el gran orgullo de sus habitantes se remonta a la época del Puerto Libre, pero este hecho no tiene aún, en la perspectiva histórica, una resonancia mayor, capaz de ser convertido en un hecho épico, tal como lo es la industria del salitre para los iquiqueños. Esto a pesar de que esta experiencia comercial, es un tema recurrente en la memoria de los habitantes de la hermana ciudad, Pero, no logra traducirse en un catálogo de orgullo que vaya más allá de la nostalgia. Algo similar sucede con el hecho de haber sido sede del mundial del año 1962. La acción de la Junta de Adelanto de Arica parece ser para los habitantes de la vecina ciudad un ícono de importancia. En muchos de los casos, su re-fundación se plantea como la solución para sus males.

En la narrativa nacionalista, la gesta de la Toma del Morro es comparable con la del 21 de mayo, pero como se sabe, tiene este último hecho una densidad dramática y trágica más fuerte que el ocurrido el 7 de junio en la ciudad de Arica.

ARICA E IQUIQUE: ¿QUIÉN ES MÁS CHILENO?

Ambas ciudades anexadas a la soberanía nacional han ido socializando desde el 1879, con un conjunto de ideas y creencias acerca del ser chileno. A nivel de la vida cotidiana ambas ciudades respiran, sin embargo, un indiscutible aire andino. El rostro aymara de ambas ciudades resulta más que evidente. Tanto en Arica como en Iquique, observamos barrios enteros construidos y habitados bajo una estética andina. En el centro de la ciudad, salones de peluquería, restaurantes, entre otros, evidencian esa presencia. Sin embargo, en ambas ciudades, el fenómeno del Terminal Agropecuario se muestra como el más claro ejemplo de presencia india. Sobre este particular no hay muchos estudios. La tesis de grado de Robles (2008) "Terminal Asoagro: Espacio público, imaginarios sociales e identidad cultural andina en la ciudad de Arica" revela esos aspectos al estudiar, por ejemplo, los apellidos de sus integrantes, la realización de carnavales, etc. En Iquique, no es diferente.

Desde hace un tiempo los ariqueños han "inventado la tradición", según el célebre título del libro de Eric Hobsbawm (2002), del Carnaval de Arica con un fuerte componente andino, se ha ido instalando en el imaginario de los de Arica, y de la nación.

Pero también en ambas ciudades y con el apoyo de la escuela y de los medios de comunicación social, el ritual nacionalista es fuerte. Toda la sociedad parece movilizarse cuando desfila, ya sea para el 21 de mayo o bien para el 7 de junio.

No obstante, para iquiqueños y ariqueños, los rituales nacionalistas como los ya indicados y los rituales religiosos como asistir a la fiesta de La Tirana o a la Virgen de Las Peñas, no son, en modo alguno, contradictorios. Ambas ciudades expresan una identidad cultural en la que se combinan sin exclusión el rostro andino con el rostro ciudadano asociado a la idea de ser chilenos.

La dinámica de los conflictos entre unos y otros, hace que en algunos casos, los iquiqueños, usen en forma indistinta el apelativo de "indios" o de "peruanos", para herir u ofender a los del Morro.

Sin embargo, es conocida la gran capacidad que han mostrado los ariqueños, al organizar desde hace cuarenta años, campeonatos nacionales de cueca. Y como bien se sabe, no hay nada más chileno que bailar cueca. Hay pues una especie de mandato inconsciente en torno a demostrar que se vive la chilenidad, a través de este baile nacional. Ello no ocurre en Iquique con la fuerza que sí acontece en la ciudad sede del mundial de 1962. Es preciso si, recordar que en Iquique, y luego de las migraciones producto de la Zofri y del nuevo ciclo minero, los nuevos habitantes han instalado media luna para la práctica del rodeo y clubes de huasos. Varias y pequeñas tiendas ofrecen artículos relacionados con el vestir del huaso.

Sea como sea, la dinámica de las relaciones entre estas dos ciudades se registra en torno a un escenario, que el proceso de chilenización no ha logrado uniformar.

Existe un sustrato popular y andino, mestizo para ser más preciso, sobre la que se edifican estas construcciones culturales. Cada grupo, en su afán por mostrarse más chileno que el otro, elabora un repertorio de cualidades a su favor. Los de Arica, con la organización de los campeonatos nacionales de cueca muestran que la chilenidad es algo cristalizado. En Iquique, y tomando como eje temático el 21 de mayo, la sociedad civil, al igual que los ariqueños, el 7 de junio, dan muestra de lo mismo.

Lo común de ambas ciudades, más allá de las representaciones simbólicas que hacen de sus diferencias y de las formas que poseen para autodefinirse, comparten un pasado, un presente y un futuro.

Las dos dependen del modo cómo el Estado Central las toca con su varita mágica. En estos últimos cien años y ocurrida la crisis del salitre, Iquique se sumió en una crisis mayor. Como ya lo hemos dicho en otras oportunidades, la práctica del deporte, fue el único instrumento que tuvieron los iquiqueños para no pasar inadvertidos frente a Santiago. Algo similar ocurrió con Arica, pero en la década de los años 50, con la promulgación del Puerto Libre, los ariqueños tuvieron la posibilidad de acceder a una especie de modernidad del consumo. Este modelo habría de ser aplicada en los años setenta a Iquique con la Zona Franca. Grosso modo, el bienestar de una ciudad se realiza en desmedro del otro.

Sin embargo, ambas le reclaman lo mismo al Estado Central, atención preferencial.

CHILENOS VERSUS MACHOS: A MODO DE CONCLUSIONES

La trama de las luchas y conflictos por la identidad observada entre ambas ciudades, dejan ver, y como ya lo hemos dicho, procesos inacabados que se relacionan con las asignaturas pendientes de la democracia: racismo y homofobia.

Detrás de estos epítetos se esconden afirmaciones que tiene que ver con el nacionalismo y las relaciones de género. La figura del chileno civilizador y conquistador (que viene a ser lo mismo) que los iquiqueños creen representar, se complementan al del macho (conquistador) que los ariqueños creen simbolizar. Los primeros civilizando a los indios y los segundos disciplinando a los maricones.

Ambas figuras coinciden con el eje dominante del nacionalismo duro, avasallador y por sobre todo, masculino. La ocupación del Norte Grande, ya sea por los españoles y por los chilenos, fue obra de hombres: guerreros y aventureros. Los primeros trayendo la verdadera religión, en este caso el cristianismo, y los segundos, la chilenidad. El conquistador que violó a la india se transforma en el patrón del padre ausente (Montecino, 1996). La india que se enamora del portugués Vasco de Almeida, se convierte al cristianismo y crea la leyenda de la fiesta de La Tirana. El soldado chileno que representa al roto, ingenioso y fiero a la vez, de origen campesino recrea la figura del ibérico conquistador. El roto, socializa a nivel de las clases populares, el modelo del nuevo señor de estas tierras.

En este plano más que contradictorio, ambos discursos se complementan. Ser chileno y ser macho, figura encarnada en el soldado de la Guerra del Pacífico, en el obrero pampino, en el rudo boxeador, en el fiero futbolista, en el tripulante en los tiempos de la industria pesquera, entre otras tantas figuras, transporta esta idea y creencia.

Los discursos identitarios puestos en un campo de juego como el fútbol, sirven para ver cómo el proceso de chilenización con fuerte énfasis en lo masculino, logra complementar dos ejes. En tierra de indios y de maricones, el macho chileno parece ser el nuevo extirpador de idolatrías.

NOTAS

1 Que junto a alpacas y vicuñas forman la familia de los auquénidos (Auchenidae).

2 Es interesante notar los pretextos que se construyen para evitar el consumo de este animal. Se dice:" la carne es dura"," hay que quitarle primero el mal olor", etc. Argumentos falsos, por cierto.

3 Gentes de la zona que la habitaron hace 9.000 años atrás. Una de sus características por la que se le conoce fueron sus técnicas de momificación artificial compleja.

4Hay otros campos, pero para efectos de este análisis hemos elegido el fútbol.

5 En el original todo con mayúsculas.

6 En el primer partido del 2008 realizado en Arica, en el tablero marcador en vez de poner "Visita", pusieron "Huecos". El club San Marcos fue multado con $ 200.000.

7 Alcalde de Iquique, desde el año 1964. Nacido en 1936. Actualmente está procesado por fraude al fisco. Dueño de una gran oratoria y de capacidad para movilizar discursos de identidad cultural, sobre todo en torno a las relaciones de conflicto entre Santiago e Iquique.

8 Llama la atención en Arica la no existencia de estudios sobre, por ejemplo, el alcalde Luis Valcárcel, populista de similares característica a Jorge Soria.

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Artículo recibido el 11 de agosto de 2008. Aceptado por el Comité Editorial el 12 de enero de 2009.

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