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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.24 n.2 Talca  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762009000200004 

Revista Universum Nº24 Vol.2, II Sem. 2009, pp. 42-72

 

ARTICULOS

 

Patrones culturales de uso del tiempo libre en Chile. Una aproximación desde la teoría Bourdieuana

 

Modesto Gayo (*)
Berta Teitelboim (**)
María Luisa Méndez (***)

(*) Doctor en Ciencias Políticas y de la Administración, Universidad Santiago de Compostela, España. Máster en Análisis de Encuesta y Estadística, University of Manchester, Inglaterra. Licenciado en Ciencias Políticas, Universidad Santiago de Compostela, España. Profesor Asistente de la Escuela de Sociología de la Universidad Diego Portales. Chile.

(**) Licenciada en Estadística. Magíster en Estadística, Universidad de Chile. Profesora Asociada de la Escuela de Sociología de la Universidad Diego Portales. Chile.

(***) Doctora en Sociología, University of Manchester, Reino Unido. Magíster en Antropología y Desarrollo, Universidad de Chile, MPhil in Cultural Studies, University of Birmingham, Reino Unido. Licenciada en Sociología, Pontificia Universidad Católica de Chile. Profesora Asociada de la Escuela de Sociología de la Universidad Diego Portales, y Coordinadora Académica del Instituto de Ciencias Sociales (ICSO) de la misma universidad. Chile.

Correos electrónicos: modesto.gayo@udp.cl; berta.teitelboim@udp.cl; marialuisa.mendez@udp.cl


RESUMEN

En los últimos años, ha cobrado una creciente importancia el estudio de los patrones de participación y gusto culturales. A este respecto, la obra del sociólogo francés Pierre Bourdieu se ha constituido en la referencia clave, a la que han recurrido tanto adherentes como detractores. En este trabajo presentamos los resultados de una investigación empírica que refuerzan dos de las tesis más significativas de la aportación de este intelectual: las de la homología, en nuestro caso entre sub-campos culturales, y la de la relación entre cultura y estructura. En otros términos, frente a las tesis de una creciente individualización, este estudio muestra cómo los patrones de participación cultural en Chile tienen fuertes bases clasistas. Asimismo, se subraya la edad como una variable clave. Finalmente, desde un punto de vista metodológico, desarrollamos el estudio con la técnica que el autor señalado hizo célebre, el análisis de correspondencias múltiples.

Palabras claves: Gusto - Desigualdad - Participación cultural - Clase social - Cultura - Edad -Análisis de correspondencias múltiples.


ABSTRACT

During the last decade, studying the patterns of taste and cultural participation has been increasingly important in academic debates. Pierre Bourdieu’s work has been acknowledged as a key reference in the area. In this article we show results of an empirical research that support two of the most significant ideas of this intellectual: the homology thesis, and the idea of the relationship between culture and structure. In other words, against the idea of an increasingly individualised society, this study shows how cultural participatory patterns in Chile are strongly influenced by social class. Moreover, age is highlighted as a very important variable for understanding the same phenomenon. In addition, from a methodological approach, we make use of a statistical technique that the French author made famous, multiple correspondence analysis.

Key words: Taste - Inequalities - Cultural participation - Social class - Culture - Age - Multiple correspondence analysis.


 

Scientific theory as I construe it emerges as a program of perception and of action -a scientific habitus...- which is disclosed only in the empirical work that actualizes it. It is a temporary construct which takes shape for and by empirical work. Consequently, it has more to gain by confronting new objects than by engaging in theoretical polemics that do little more than fuel a perpetual, self-sustaining, and too often vacuous metadiscourse around concepts treated as intellectual totems. (Bourdieu, en Bourdieu y Wacquant, 1992: p.161).

 

1. INTRODUCCIÓN

Durante la última década, el interés suscitado por el estudio de los patrones de comportamiento individual referidos a prácticas y gustos culturales ha sido creciente. Aún cuando existe variedad de aproximaciones, es posible destacar tres como particularmente relevantes. En primer lugar, encontramos el argumento que incorpora a la variable cultural como un factor explicativo no sólo de la desigual distribución de patrones culturales sino de la desigualdad misma. En esta línea, destaca la célebre obra de Bourdieu La distinction (1979) y su recuperación e incesante (re)interpretación1. En segundo lugar, se estudian las prácticas culturales como variable dependiente y con el interés de investigar nuevas dimensiones de la desigualdad, y no la puramente ocupacional y económica (Chan y Goldthorpe, 2007; Gayo y Teitelboim, 2009). En tercer lugar, no hay un interés tan centrado en la explicación, sino una focalización en nuevas o diferentes formas en las que las prácticas y los gustos culturales se configuran, lo que es una forma de estudiar la sociedad o el cambio que se ha venido produciendo en la misma. Un ejemplo de ello son buena parte de las contribuciones al debate que está teniendo lugar sobre el consumidor de cultura conocido como "omnívoro" (Peterson y Kern, 1996; Ollivier, 2008; Warde et al., 2007 y 2008; Warde y Gayo-Cal, 2009), e igualmente las tesis sobre la individualización (Beck y Beck-Gernsheim, 2002; Bauman, 2007).

Adicionalmente, la investigación sobre patrones de consumo cultural ha tenido un foco en el estudio de casos, como son las investigaciones sobre España de Ariño et al. (2006) y sobre el Reino Unido de Bennett et al. (2008), las cuales tendrían profundidad teórica y extensión temática muy diversas. En este sentido, existe consenso al interior del campo de estudio del capital y consumo culturales en torno a la idea de que la particularidad de las sociedades es un elemento que enriquece pero también vuelve compleja la discusión entre casos (Katz-Gerro, 2004). Asimismo, al interior de los estudios de consumo cultural hay reflexiones que se refieren a cambios socioculturales que afectarían a las sociedades contemporáneas, como serían los casos de fenómenos como la individualización (Beck, 1992), la globalización (Castells, 2003), la sociedad de consumo (Lury, 2000), entre otros. Así, este campo de investigación enfrenta la doble labor de identificar las particularidades de cada sociedad y, al mismo tiempo, estudiar estos procesos generales de cambio. Es así como se vuelve relevante partir por conocer las características del campo cultural, y en particular los patrones de consumo cultural propios de cada sociedad, de cara a una reflexión que pueda incluir los procesos de cambio anteriormente mencionados.

Tomando lo anterior en consideración, el presente estudio se propone identificar estilos de vida, entendidos como agrupaciones de prácticas culturales observadas en el espacio social, y estudiar las variables que estructuran este espacio en Chile. Con ello, pretendemos contribuir a entender de forma compleja la participación cultural en este caso, ligando dicha comprensión a los debates que han venido desarrollándose a nivel tanto nacional como internacional.

2. TEORÍA E HIPÓTESIS BOURDIEUANAS

El campo de estudio de la cultura ha sido bastante fructífero durante las últimas décadas, particularmente desde perspectivas de sociología cultural norteamericana (Alexander y Seidman, 1998; Alexander, 2000), y en concreto desde aquellas que abogan a favor del enfoque de la producción de la cultura (Edles, 2002; Griswold, 2004, entre otros). No obstante, a pesar de la gran producción académica que ha tenido lugar en las últimas dos décadas, el gran referente contemporáneo en el estudio sobre participación y gusto cultural continúa siendo la obra de Pierre Bourdieu, en concreto su libro La distinction (1979).

Bourdieu explora la manera en que la estructura social es incorporada en la forma de disposiciones, o la introyección de oportunidades objetivas como expectativas. En efecto, su teoría de la práctica es una contribución a la comprensión de la reproducción mediante la observación de la internalización de lo externo y la externalización de lo interno. La anterior dinámica se daría en el terreno de la práctica, es decir en un plano prediscursivo, incorporado, encarnado o corporeizado, lo cual orientaría la acción de acuerdo a un sentido práctico. En otras palabras, la práctica sería lo que las personas hacen cuando sus disposiciones (habitus) encuentran limitaciones y recursos en el tiempo y el espacio.

De esta forma, este planteamiento teórico parte de la doble dificultad de, por un lado, comprender la práctica exclusivamente en términos individuales de acción y decisión, y, por otro, comprenderla como exclusivamente determinada por estructuras supraindividuales. Así, Bourdieu ofrece la noción de habitus como un vínculo entre ambos niveles. Este autor (Bourdieu, 2003) argumenta que la noción de habitus desmiente dos falacias complementarias: por un lado, la falacia del mecanicismo en el cual la acción aparece como un efecto mecánico de causas externas, y por otra, la falacia del finalismo, es decir, que los actores actúan libremente todo el tiempo (Méndez, 2007).

Bourdieu define habitus como el sistema de disposiciones durables y transportables que funcionan como la inclinación o propensión a actuar de un modo particular y a exhibir formas particulares de juicio. El habitus sería el producto de la socialización primaria de los individuos, la que tendría lugar en la familia y la escuela, en este orden. Como conjunto de orientaciones, este mecanismo se configura como un elemento central a la hora de dar explicación a las prácticas culturales de las personas.

Para fines de esta investigación, el concepto de habitus es importante al menos por dos razones. La primera porque nos permite entender la transmisión cultural entre generaciones. La segunda porque sirve para dar coherencia a las múltiples actividades que los individuos realizan en los diferentes campos sociales. Asociado al habitus operaría el dispositivo de la "distinción". Ésta funciona a modo de mecanismo social de acuerdo con el cual las personas, miembros de la clase dominante tratarían de diferenciarse de los otros miembros de la sociedad, a través del ejercicio de actividades o la demostración de habilidades, cuya producción tiene un alto costo relativo, lo que las hace necesariamente escasas. En otros términos, las prácticas culturales no serían el producto de actividades individuales, autónomamente generadas, sino el resultado y la concreción de luchas simbólicas que están teniendo lugar en la sociedad de referencia.

Sin embargo, para una comprensión integral de este concepto, el mismo debe ser expuesto en conjunto con los de campo y capital. El campo se define como un espacio social en el que ciertos grupos de recursos están siendo disputados (desde bienes culturales, a credenciales académicas, al mercado de la vivienda, entre muchos otros). Cada campo funciona con su propia e implícita lógica, la que define lo que es o no valioso y la forma de luchar por los recursos dentro del campo. Cada campo tiene su propia estructura de poder y de distribución del mismo. Como lo expresa el propio Bourdieu, pensar en términos de campo, es pensar en términos relacionales (Bourdieu, 2003). Para Bourdieu estas posiciones son objetivas en la medida que imponen determinaciones sobre sus ocupantes. Cada campo sigue ciertas regularidades o una lógica implícita, la cual guía a los agentes de forma individual o colectiva en búsqueda de una mejor posición en un espacio jerárquicamente estructurado.

Por su parte, la noción de capital involucra un cierto stock de recursos. Sin embargo, y como forma de diferenciarse de la teoría del actor racional, Bourdieu indica que los agentes no necesariamente se mueven de acuerdo a una maximización del beneficio dentro del espacio social. En vez de ello, la teoría de la práctica de Bourdieu indica que ellos se moverían en una búsqueda de articulación o coherencia entre el habitus (disposiciones), la lógica del campo y su "pool" de capitales (económico, social, simbólico y cultural). Específicamente, el capital cultural se manifestaría en tres formas: (a) encarnado o corporeizado, en la forma de disposiciones de larga duración (b) objetivado en el estado de bienes culturales (obras de arte, por ejemplo) y (c) en un estado legitimado por medio de credenciales educativas y de formación cultural.

Son varios los argumentos que se derivan de las ideas antes descritas:

1. 

 

 Las valoraciones y los juicios sobre los objetos o bienes culturales tienen raíces sociales. Esto significa que la sociología puede, y quizás debe, tener algo que decir sobre dicho fenómeno.

2.

 

Las raíces sociales son de dos tipos.

2.a.

 

De clase, lo cual indica que en un momento determinado los gustos y prácticas culturales están fuertemente condicionadas por los capitales culturales y económicos de los que se dispone.

2.b.

 

 

Longitudinales o de socialización primaria; en jerga bourdieuana conocidas como el efecto del habitus a través de las trayectorias individuales, lo que significa que la formación de los capitales que condicionan los gustos y prácticas culturales tiene lugar a partir del acervo cultural y de las posibilidades económicas disfrutadas o padecidas en el seno de la familia.

3.

 

 

 

 

 

El habitus funciona como un principio ordenador con efecto transversal en diferentes campos, dentro de los cuales opera una dinámica de distinción. Esto quiere decir que los individuos tenderán a ocupar posiciones similares en los diferentes campos (homología). Estos últimos suelen compartir similares ejes estructurantes (educación y recursos económicos, como los dos habitualmente más destacados). En efecto, de acuerdo con Bourdieu, aunque cada campo tenga sus propias reglas, luchas y mecanismos de reproducción, los mismos presentan similitudes destacables, lo que es denominado por Bourdieu como homologías, que se comprenden como similitud dentro de la diferencia (Bourdieu, 1979) o similitudes que sólo son levemente distintas. De esta forma, se hace posible ver cómo la estructura del espacio social es homóloga en diferentes campos y cómo el gusto aparece como algo coherente, consistente y en lo que se puede confiar cuando hay movimiento entre campos. Para este estudio, exploramos y hacemos uso de la lógica de la homología en cuanto similitudes entre sub-campos culturales, y no entre campos (economía, política, intelectual...). Esto será fundamental a la hora de entender nuestros resultados.

4.

 

 

 Los individuos tratan de diferenciarse a través de la apropiación y de la forma de apropiación de los bienes culturales. Esto significa que la sociedad es vista como un conjunto en el que conviven diferentes clases definidas de acuerdo con su estatus. En este marco, cobra importancia la distinción entre alta y baja culturas. Históricamente, la alta cultura sufre un proceso de redefinición de acuerdo a la lógica de diferenciación auto-impuesta por la clase dominante, por lo que su contenido sufrirá variaciones en el tiempo.

Al primer argumento podríamos denominarlo hipótesis de la relación cultura-estructura (2a). Al segundo lo denominaremos hipótesis de la reproducción social (2b). El tercer argumento sería la hipótesis de la homología (3). El cuarto argumento sería la hipótesis de la distinción (4). El presente artículo se centrará en las hipótesis primera (relación cultura-estructura) y tercera (homología2).

3. ¿QUÉ SABEMOS DEL CASO CHILENO?

3.1. Los estudios realizados

La investigación en torno a los patrones de consumo cultural ha sido particularmente abundante tanto en Europa como en Estados Unidos. Sin embargo, y a pesar de tener menor visibilidad internacional, los estudios en esta área también han estado presentes en Latinoamérica, y Chile no ha sido una excepción. En la investigación desarrollada en este país (Catalán y P. Torche, 2005; PNUD, 2002; F. Torche, 2007) se ha hecho uso de encuestas tales como las de "Consumo Cultural y Uso del Tiempo Libre", realizadas por el Consejo de la Cultura y las Artes en conjunto con el INE en los años 2004 y 2005 y la Encuesta Nacional del PNUD del 2001, que son los dos ejemplos recientes más destacados, las cuales entregan un conocimiento bastante preciso sobre la frecuencia con la cual los chilenos realizan un conjunto, considerablemente amplio, de actividades culturales (televisión, radio, lectura de prensa, cine, ópera, museos, y un largo etcétera3).

De este modo, en primer lugar, se sabe que desde los años 90 se ha producido una incorporación creciente de la población al consumo cultural, y que ello ha afectado a todos los estratos sociales. Otro patrón, en segundo lugar, ha sido el que se refiere al uso de la radio y la televisión. En contra de lo que sucede con otras actividades culturales, debieran ser ambas consideradas más como constantes que como variables, pues su uso o exposición a estos medios está tan extendido entre los chilenos que difícilmente el acceso a los mismos pueda ser considerado ya un problema social. Esto implica que tanto en radio como en televisión, la universalización de su uso obliga a buscar las fuentes de discriminación en los tipos de programas consumidos.

Asimismo, en tercer lugar, con respecto a las variables explicativas, cabe destacar la relevancia asignada a los recursos a disposición de los individuos. En este sentido, los ingresos, la clase social o grupo socioeconómico, el estatus y el tiempo serían factores que afectarían fuertemente a las prácticas culturales. Esto significa que, en general, se ha prestado una atención preeminente a las condiciones estructurales (dinero, tiempo, estatus ocupacional) a partir de las cuales se produce el comportamiento cultural. Adicionalmente, también se ha otorgado relevancia a la edad, aunque sea de una forma indirecta, al hablar del particular comportamiento de los jóvenes.

El grado de refinamiento alcanzado no sólo ha conllevado la distinción entre campos o sub-campos (lectura de libros, asistencia a eventos de tipo variado, gusto musical, y otros), según se entienda este concepto, sino que ha permitido hacer toda una serie de diferenciaciones al interior de cada uno de aquéllos (tipo de películas de cine, contenido de los programas de televisión, género de los libros leídos o preferidos). Es por todo lo anterior que podríamos afirmar que, actual e independientemente de los límites de la información recogida, el trabajo de descripción de la participación cultural en Chile ya ha sido realizado4. No obstante, otras versiones del mismo ejercicio son obviamente posibles y serían intelectualmente convenientes.

3.2. Limitaciones

Lo que ha faltado en el caso chileno no son advertencias sobre la relevancia de la dimensión cultural, sino un tratamiento sistemático y profundo de la misma. A modo de ejemplo, la insistencia en la importancia del estatus en la que han venido insistiendo importantes investigadores de la Universidad de Oxford (Chan y Goldthorpe, 2007), y posteriormente algunos de sus colaboradores (para el caso chileno, véase Torche, 2007), no hace más que debilitar la relevancia de esta dimensión, en la medida que se reconduce la dimensión simbólica al prestigio ocupacional y a los patrones matrimoniales vinculados, olvidando o desconociendo que el capital simbólico tiene riqueza, variedad y lógicas propias. En un sentido diferente, el informe del PNUD (2002) intenta algo que es valioso y ello por dos motivos. En primer lugar, porque trata de tomarse lo subjetivo en serio, y desde esta perspectiva incluso sugiere que el consumo cultural pudiera tener efectos benéficos para el individuo, entendiéndose éstos en términos de su cultura cívica, su participación dentro del colectivo social y sus valores políticos. En segundo lugar, porque la dimensión del consumo cultural estaría vinculada con otras dimensiones culturales, ya mencionadas, entre las cuales habría algún tipo de relación, cuya forma y dirección no pueden ser determinadas en el estudio, y ello es reconocido. Sin embargo, esta aproximación, independientemente de su mérito y alcance, no nos ayuda a entender la subjetividad propia de las prácticas culturales. En otros términos, por ejemplo, lo que una persona piense de la democracia no nos permite ver el significado o la razón asociados a la práctica de un deporte o a la asistencia a un concierto de música clásica, al menos tal y como se ha planteado hasta ahora.

En todo caso, el presente estudio no profundiza en la dimensión subjetiva de la práctica cultural, y se dedica a estudiar la asociación entre prácticas culturales, de tal modo que se pueda entender, en la lógica de la homología, que más que ante patrones aislados, estamos ante constelaciones de prácticas asociadas, producto de cuya relación sistemática emerge un entendimiento posible de los estilos de vida. Además, como han hecho estudios previos, estudiamos la asociación entre los mismos y otras variables comúnmente identificadas con la estructura social (educación, edad...).

4. ¿QUÉ ES LO QUE NO SABEMOS?

A partir de lo que sabemos, como ha quedado expuesto anteriormente, ¿qué es lo que no sabemos? Un aspecto que ignoramos es la interrelación entre consumos particulares, es decir, no se ha estudiado de forma sistemática y con metodología adecuada los patrones de asociación entre diferentes prácticas y gustos culturales. Por tanto, necesitamos estudiar la relación entre las diferentes prácticas culturales, tanto intra-campo (dentro de cada uno de los campos por separado) como inter-campos (poniendo en relación lo que sucede en los diferentes campos).

Otra cuestión que requiere una atención más atenta es la investigación sobre las variables que explican el consumo cultural. No es suficiente con decir cuáles son y cómo se ordenan, según una escala que incluye unas pocas actividades (Güell et al, 2005, en Catalán y P. Torche), sino que es necesario comprobar si encontramos lo mismo cuando los estilos de vida son estudiados de forma más compleja. Además, si ordenamos las variables estructurantes de acuerdo a su relevancia empírica, debemos tener indicadores claros que sustenten este ejercicio. En consecuencia, debemos indagar en torno a las variables que estructuran las dimensiones más relevantes del espacio social de los estilos de vida, aunque ya hay contribuciones que ayudan al respecto.

Además, el aporte proveniente del estudio de las variables estructurantes debe ir acompañado de un análisis de la asociación entre las mismas, y de la aportación a la explicación, tanto en términos absolutos como relativos, de cada una de ellas. Por ejemplo, en nuestro estudio se observa (véase sección 6.2) que la clase y la educación están fuertemente correlacionadas5. Lo mismo sucedería con las dos variables mencionadas y la edad, aunque este último patrón de asociación tenga particularidades propias. Esta tarea es muy importante, y ello por varias razones. Por un lado, porque nos permite saber qué variables están asociadas, y cuál es la forma de su relación. Ello podría eventualmente significar que tienen algo en común, lo cual podría llevar al factor realmente explicativo, o que una de ellas contribuye a explicar a la otra. Por otro lado, porque no se trata solamente de saber qué variables afectan a las prácticas culturales, o están preferentemente asociadas con las mismas, sino también de saber en qué medida lo están. Para ello necesitamos cifras de su contribución a la explicación de la variabilidad total (aunque éstas sean indirectas, como sucede en el caso del análisis de correspondencias múltiples). La medición de las contribuciones nos permite clasificar o hacer un ranking de las variables a partir del cual podemos atribuir importancia relativa a las mismas.

Finalmente, sería muy conveniente realizar una investigación sobre las trayectorias asociadas a los patrones de consumo cultural, o lo que puede ser denominado la producción del capital cultural en un sentido amplio. Al menos si queremos tomarnos la teorización bourdieuana en serio, la socialización de los individuos tanto dentro de su familia como en la escuela son tan importantes, y marcan por ello de tal modo la visión del mundo y los comportamientos individuales, que la ignorancia de estos factores, a los que en su conjunto podríamos llamar la "trayectoria" (en la propia terminología de Bourdieu), nos impide hacer un tratamiento cabal de las bases sociales sobre las cuales se configuran las mentes y los cuerpos de los sujetos finalmente actuantes.

En el presente trabajo abordamos los últimos puntos indicados, hasta ahora poco o nada estudiados en el caso chileno, excepto la temática de las trayectorias, dado que para el análisis, aunque fuere preliminar, de las mismas carecemos de datos.

5. DATOS6 Y METODOLOGÍA

Los datos utilizados corresponden a la "Encuesta de Consumo Cultural y Uso del Tiempo Libre", realizada por el Consejo de la Cultura y las Artes en conjunto con el INE7. Esta encuesta fue realizada en 2 etapas: en el mes de julio del año 2004 se realizaron 1.524 entrevistas a una muestra aleatoria de la Región Metropolitana, y en el año 2005, se aplicó un cuestionario muy similar a una muestra con las mismas características en las 12 regiones restantes, alcanzando el número de entrevistas los 3.366 casos. Esta información se trabaja en conjunto, para lo cual las instituciones que realizaron esta tarea fundieron ambas encuestas en un solo archivo de datos, lo que finalmente da como resultado una muestra de 4.890 casos8.

La técnica estadística utilizada en el análisis de los datos corresponde al análisis de correspondencias múltiples (ACM), la cual es una técnica multivariada que se utiliza en el análisis exploratorio de variables categóricas. Esta técnica estadística multivariante fue desarrollada principalmente por la escuela francesa9, y tomó fuerza en la sociología a partir de la década de los 70 cuando P. Bourdieu (1979) estudió las aplicaciones prácticas de la misma, buscando dar respuestas distintas a las ofrecidas por la estadística clásica (basada en el análisis de regresión) en coherencia con una propuesta teórica que él entendió como relacional10.

Desde este punto de vista, en el campo de las ciencias sociales, donde frecuentemente las encuestas han sido el instrumento de medición por antonomasia, el uso de estos métodos ha ayudado a descubrir interrelaciones entre las características medidas, poniéndolas de manifiesto en gráficos bidimensionales que pueden ser interpretados con relativa facilidad. Generalmente se necesita medir un conjunto de aspectos que es muy difícil que sean captados por una sola pregunta de un cuestionario, y esta metodología permite precisamente detectar las interrelaciones entre una gran cantidad de categorías de las variables11.

Esta técnica de análisis no requiere hipótesis ni supuestos de ninguna naturaleza, debido al carácter descriptivo y exploratorio de la misma. Lo que se busca es resumir el gran volumen de datos en un gráfico de fácil interpretación. A este respecto, se debe distinguir entre variables activas y suplementarias (variables sociodemográficas en este caso; ver anexo 3). La construcción del espacio social está asociada a las primeras. Las segundas permiten realizar una interpretación empíricamente fundada de los ejes o dimensiones. En nuestro caso, en lo que se refiere al primer tipo de variables, los sub-campos culturales analizados corresponden a la realización de actividades artísticas, toma de lecciones, asistencia a actividades culturales, música, libros, lectura de diarios y revistas, radio, viajes y posesión de obras de arte. Esta información está resumida en 32 variables activas, las que en conjunto suman 97 categorías o modalidades (ver anexo 1). Por su parte, las variables suplementarias pueden ser representadas en el espacio social, pero no contribuyen a su formación, y son utilizadas para la interpretación de los ejes o dimensiones del espacio social construido a partir de las variables activas.

En nuestro caso, a propósito del análisis de datos realizado, hemos podido observar que tenemos dos ejes a interpretar, los cuales representan un adecuado porcentaje de la varianza explicada (ver anexo 2), ya que para un número tan alto de categorías o modalidades (97), el porcentaje de la varianza que representan estos ejes es bastante elevado. Si bien se podría analizar un eje más para complementar la información, no se consideró necesario incluirlo en este trabajo ya que hacía mucho más complejo el análisis y no se encontraron hallazgos adicionales que pudieran ser considerados clave o complemento a los descritos por los dos primeros ejes.

En el gráfico 1 se presenta el ordenamiento que tienen en el espacio las distintas categorías de las variables, y posteriormente esta misma figura se divide en cada uno de los cuadrantes con el objetivo de permitir un análisis gráfico más nítido y preciso. Finalmente, se completa la exploración con el análisis de las variables sociodemográficas, las cuales fueron definidas como suplementarias, lo que significa, como queda dicho, que la construcción del espacio social de los estilos de vida no está influido, desde el punto de vista estadístico, por estas variables (gráfico 6).

6. HALLAZGOS

Con el objetivo de preservar en la exposición la misma lógica contenida en el desarrollo del análisis de correspondencias, dividimos analíticamente esta sección en dos apartados. En el primero trataremos los estilos de vida de los chilenos, prestando particular atención a las asociaciones que se dan entre gustos y prácticas culturales. Dicho de otro modo, en este momento atenderemos a la hipótesis de la homología12. Por su parte, en el segundo apartado presentaremos los resultados de la investigación que se refieren a las variables que estructuran o explican los patrones culturales previamente descritos. En otras palabras, atenderemos a la hipótesis de la relación cultura-estructura.

6.1. Los estilos de vida

En el gráfico 1 se puede observar el ordenamiento en el espacio del conjunto de modalidades13 que son consideradas como constitutivas o representativas del consumo cultural en Chile14. Para simplificar la exposición, se prestará atención únicamente a las modalidades que contribuyen de manera significativa, lo que corresponde a todas aquéllas en las cuales su contribución particular es mayor que la media de las contribuciones totales a los distintos ejes. La lectura de este mapa sigue un principio básico de proximidad, es decir, cuánto más cerca están las modalidades, más probable es compartir las actividades o preferencias. Para facilitar la interpretación del gráfico, éste fue dividido en cada uno de los cuatro cuadrantes y cada uno de ellos fue analizado de forma separada15.

Antes de avanzar hacia la presentación de los resultados, es importante advertir que las categorías que están alrededor del origen o en el cruce de los ejes corresponden al perfil medio del consumidor cultural en la población objeto de estudio, como la situación chilena, lo que significa que no muestran cercanía o correspondencia con las categorías en torno a las cuales emergen las diferencias culturales. En este caso, podemos destacar, como categorías que no contribuyen sustantivamente a la conformación de la nube de puntos, a las variables vinculadas a la no participación en actividades culturales tales como: sacar fotografías, tocar instrumentos, realizar trabajos artísticos, actuar en obras de teatro, etcétera.

Una vez analizados los resultados, podemos decir que el espacio social de los estilos de vida en Chile presenta, por un lado, una clara dispersión de las actividades culturales, lo que significa que en el gusto y en la práctica, relativos a las mismas hay fuertes desigualdades o diferencias entre las personas. Por otro lado, e igualmente importante, las actividades muestran grados variables de asociación entre las mismas. Esto significa que las prácticas y gustos culturales forman parte de patrones los cuales se configuran a partir de su entrelazamiento. Este hallazgo da respaldo a la hipótesis de la homología, entendida ya sea como la ocupación de similares posiciones en sub-campos culturales diferentes, o como la defensa de la existencia de una relación entre la cultura y la estructura, lo que en realidad puede ser pensado como dos formas de hablar sobre lo mismo, esto es, la ocupación de posiciones en el espacio social de los estilos de vida de acuerdo a los capitales acumulados por las personas. Pero, ¿cuáles son esos estilos de vida?

En primer lugar (véase cuadrante de la derecha superior, gráfico 2), observamos a las personas que viajan fuera del país y muestran una mayor propensión relativa a asistir a eventos culturales: van a recitales, al cine o ven DVD, asisten al teatro, exposiciones, conferencias, compran libros, siempre leen el diario, en su casa poseen pinturas, esculturas. Podríamos concluir que son los que pertenecen a la "elite", o lo que en la literatura anglosajona ha sido denominado el "snob", personaje que representa por antonomasia la conocida como "alta cultura" o, en términos propiamente bourdieuanos, la "cultura legítima". En sí mismo, la identificación de este grupo podría llevar a postular la confirmación de la que hemos denominado la hipótesis de la distinción. El hecho de que no lo hagamos proviene de la dificultad de asignar una explicación a una realidad, que admite otras posibles e igualmente verosímiles. A modo de ejemplo, cabe pensar que las diferencias de estilos de vida pueden deberse a los recursos acumulados por una cierta clase social y no tanto al mecanismo de la distinción, el cual activaría la diferenciación como medio para hacer evidentes diferencias de estatus o de "lo que las personas valen", como si de recursos escasos se tratara. Puesto que la "distinción" apela en algún momento al ámbito de la subjetividad y esto no es tratado en este estudio, no es posible que avancemos más en la línea de su contrastación empírica. Una investigación sobre este mecanismo explicativo exige una metodología que se adapte a su demostración, y no la mera especulación.

En segundo lugar (véase cuadrante de la derecha inferior, gráfico 3), encontramos a un grupo de personas cuyo rasgo más característico es la realización de actividades culturales. Entre ellas, estarían algunas como sacar fotos, pintar, realizar trabajos manuales, escribir, tomar clases de computación. Además, les gusta la música electrónica y el hip-hop y/o el rap. Podríamos llamarlos "activos", dado que su forma de relacionarse con el ámbito cultural tiene mucho que ver con su participación como actor y no principal o necesariamente con un papel como observador de lo realizado por otros.

Un tercer estilo de vida (véase cuadrante de la izquierda inferior, gráfico 4) está caracterizado por personas que no participan ni acceden a eventos culturales. En general, el patrón, al menos en términos relativos, es que no leen, no van al cine, tampoco ven DVD, no viajan. Si escuchan música o leen, es sobre temas religiosos. Se les podría denominar los (culturalmente) "inactivos".

Finalmente, el cuadrante de la izquierda superior (gráfico 5) corresponde a personas que tampoco suelen tener participación en eventos culturales, no realizando ningún tipo de práctica cultural, y se distinguirían por el hecho de preferir la música romántica, suave o melódica. Son los "pasivos". El hecho de distinguir entre dos tipos de no activismo cultural tiene que ver con los hallazgos que exponemos en el apartado sobre las variables estructurantes, pues desde el punto de vista de los estilos de vida no pareciera haber grandes diferencias, sino, por el contrario, la semejanza que otorga la no participación en actividades culturales o su bajo consumo cultural.

En resumen:

1.  Se observa una clara división entre participantes en el consumo cultural o consumidores culturales, y los que no participan.

2.  También se observa con nitidez que emerge un estilo de vida que podríamos calificar de "alta cultura", o que incorpora actividades de "cultura legítima".

3.  Entre los que participan, se observa una diferenciación entre los que realizan la actividad y los que sólo o principalmente observan.

4.  Las categorías asociadas al grupo de los que hemos denominado "pasivos" están muy concentradas en el espacio, lo que podría indicar que se da una gran similitud entre sus estilos de vida. Obviamente, esto es así sobre todo cuando los comparamos con los que más participan.

6.2. Las variables estructurantes

Una vez realizado el análisis de los estilos de vida, en donde se constató la existencia de relación entre prácticas y gustos culturales, nos interesa prestar atención a las variables eventualmente explicativas o estructurantes que están relacionadas con los patrones de participación cultural descritos. El análisis de correspondencias múltiples permite distinguir entre las variables activas y las suplementarias. Las primeras son las que contribuyen a la generación del espacio social, esto es, definen la posición de los individuos y las categorías de prácticas y gustos en el mismo. Por su parte, las variables suplementarias pueden ser representadas en el espacio social (en este caso, de los estilos de vida), pero no participan matemática ni lógicamente en su producción. El objetivo último es hacer una separación analítica entre variables explicadas y explicativas, para evitar que ambas dimensiones de la explicación (lo explicado y lo explicativo) se mezclen en el análisis de los datos. Se consigue, con este procedimiento, una radiografía o descripción precisa de la realidad o fenómeno de interés, en este caso los estilos de vida o los patrones de consumo cultural, para posteriormente abordar el estudio de la producción social del mismo.

Si el espacio social matemáticamente construido tiene n dimensiones (esto es en la práctica un número igual al de categorías incluidas en el análisis), lo primero que nos interesa es detenernos en el conjunto de las mismas que serán empleadas en la investigación. Aunque las soluciones pueden ser diversas, como en nuestro caso nos interesaban los patrones generales de participación (es decir, no partimos de intereses específicos, como podrían ser temas como el género, los jóvenes, la clase obrera, u otros) decidimos optar por las dos dimensiones principales, pues eran, por definición, las que más inercia (en terminología de ACM) o variabilidad muestral explicaban, y es un procedimiento muy recurrido en estudios de este tipo.

En el presente estudio, la selección de sólo dos ejes o dimensiones estaba justificado, al menos en una parte importante, por la gran contribución del primer eje a la explicación (estadística) de la variabilidad de los datos, alcanzando casi un 10% (véase tabla en anexo 2), lo que dado el número de modalidades utilizadas en el análisis es una cifra muy elevada. En términos más sociológicos, la diferenciación de acuerdo a los estilos de vida en Chile tiene mucho que ver con lo que sucede en esta dimensión. Por ello era clave saber qué variables eventualmente explicativas estaban asociadas a la misma, lo que, en definitiva, nos permitiría resolver o dar una respuesta a la hipótesis bourdieuana que postulaba la relación entre cultura (estilo de vida) y estructura (clase social). Asimismo, fue estudiado el eje 2 para indagar en fuentes adicionales de producción de diferenciación social.

Con respecto a la representación del espacio social, en el gráfico 6 se observa el mapa de las variables suplementarias16. Fueron utilizadas las siguientes: el género, la edad (recodificada en tramos), el nivel socio-económico, el nivel educacional, y la región (pertenece a la Región Metropolitana o no) del encuestado. Para facilitar la interpretación se trazaron líneas para unir las categorías de las variables que más contribuyeron a la conformación del espacio social: el grupo socioeconómico, la educación y la edad.

El eje 1 está asociado a las variables ya mencionadas: grupo socio-económico, estudios y edad. En el gráfico 6 puede observarse como las tres están relacionadas, aunque de forma asimétrica o no del mismo modo. Por lo que respecta al grupo socioeconómico (que aquí adoptaremos como indicador de clase social) y la educación, sus trazados o trayectorias casi se superponen de forma perfecta. En otros términos, existe una fuerte correlación entre la ocupación de posiciones socioeconómicas altas y la posesión de un elevado nivel educativo, e igual sucede con los otros estratos socio-económicos y grados educativos. A modo de ejemplo, esto significa que existe un estilo de vida que es característico de las personas ubicadas en un grupo socio-económico alto (ABC1) y con educación superior, tal como puede ser observado en el cuadrante superior derecho del gráfico 6.

A su vez, decíamos que la edad estaba asociada a las variables clase y educación, pero de un modo diferente. En este sentido, se observa cómo edad, clase y educación están fuertemente relacionadas a partir del tramo de edad 25-34 años y hasta los grupos de mayor edad. El patrón de relación sería el siguiente: a mayor edad, más bajo será el estrato socio-económico e inferior la educación. No cabe duda de que la primera tentación es interpretar el gráfico de acuerdo a la trayectoria histórica de Chile, como un país en el que las oportunidades educativas y económicas han mejorado en las últimas décadas, pero una lectura más detallada sería necesaria, pues podrían estar presentes otros mecanismos (por ejemplo, pensiones medias muy bajas en la vejez). Por su parte, los más jóvenes, con edades comprendidas entre los 15 y los 24 años, estarían al margen del patrón de asociación, previamente descrito y muestran un estilo de vida característico de su grupo de edad.

Desde un punto de vista estadístico, tanto el eje 1 como el 2 representan con la misma fuerza el nivel educacional y el grupo socioeconómico, que, como se observa en el gráfico 6, son líneas prácticamente paralelas. Por su parte, vivir en regiones o en la Región Metropolitana es representado por el eje 2, aunque su efecto no es muy claro. Por lo que respecta a la variable género, no parece influir mayormente en los estilos de vida que tenga la persona, al menos en estas dos primeras dimensiones para el conjunto del espacio social17.

En consecuencia, y tras hacer un repaso de la relevancia de algunas variables suplementarias, si prestamos atención a los cuadrantes relativos a los estilos de vida, podemos subrayar algunos hallazgos importantes. En primer lugar, observamos, con escasa sorpresa, que las personas con mayor nivel educacional y de estrato socioeconómico alto son la "elite" cultural chilena. En segundo lugar, el activismo cultural, o el grupo de los que hemos denominado "activos", tiene su principal representante en los jóvenes. Ellos son los que se comprometen de forma intensa con el hacer cultural y no la observación de lo realizado por otros18. Tercero, los "(culturalmente) inactivos" son, en general, personas mayores con bajo nivel educacional y que pertenecen a estratos socioeconómicas también bajos, estando probablemente muchos de ellos fuera de la fuerza de trabajo. En cuarto y último lugar, identificamos un estilo de vida, al que hemos adjetivado de "pasivo", que corresponde a personas que si bien tienen un perfil que parece capacitarlos para acceder a eventos culturales, no realizan casi ningún tipo de ellos. Son personas generalmente de edades medias, entre 35 y 54 años, que están en pleno desarrollo profesional y/o dedicadas a la crianza de los hijos. De todo ello, podríamos concluir que la "alta cultura" todavía está asociada a la acumulación de cierto tipo de capitales (económico, cultural), lo que da apoyo a la hipótesis de la relación entre cultura y clase. En Chile, la práctica cultural tiene una fuerte base clasista. Las clases sociales tienen una vía de expresión a través de sus estilos de vida, los cuales tienen efectos diferenciadores evidentes.

En resumen,

1.  El primer eje o dimensión explica mucho más que los otros ejes. Esto significa que las variables asociadas a este eje (clase, educación y edad) tienen una importante relevancia relativa.

2.  Se observa una clara diferenciación por estrato socioeconómico. Éste, a su vez, muestra una fuerte correlación con el nivel educacional.

3.  La edad afecta fuertemente a los patrones culturales. En relación con el grueso de la población de edad intermedia, los jóvenes y los adultos mayores (aunque el rango de edades de los estilos de vida pueda variar) tienen un perfil cultural peculiar; obviamente muy distinto entre sí. La edad se ve reflejada en las distintas preferencias culturales en Chile, y a partir del grupo de 25-34 años, edad, clase social y educación se correlacionan fuertemente, lo cual "probable-mente" muestra el paralelo histórico entre generación y extensión del sistema educativo, además de la situación de precariedad que sufren muchos chilenos en la vejez.

4.  El género en los dos primeros ejes factoriales no aparece como una variable que contribuya a la conformación de grupos. Una exploración preliminar de otras dimensiones tampoco dio un resultado positivo.

Gráfico 1: Los estilos de vida

Gráfico 2: Los estilos de vida. Cuadrante derecha superior

Gráfico 3: Los estilos de vida. Cuadrante derecha inferior

Gráfico 4: Los estilos de vida. Cuadrante izquierda inferior

Gráfico 5: Los estilos de vida. Cuadrante 4: izquierda superior

Gráfico 6: Variables estructurales

7. CONCLUSIONES Y EVALUACIÓN FINAL

De nuestro estudio se desprende que las prácticas y gustos culturales muestran claros patrones de asociación. Estas pautas incluyen un conjunto de actividades y preferencias que son coherentes entre sí. Esto implica un refuerzo para la hipótesis de la homología, pues los individuos con similares capitales tendrían comportamientos coherentes en diferentes sub-campos culturales. Es decir, el tipo de gusto musical estaría relacionado con la asistencia o inasistencia a la ópera o a una obra de teatro, lo cual tiene que estar referido a variables latentes, a las que nos hemos referido como variables estructurantes, que explican la consistencia entre estos comportamientos. Además, los estilos de vida que han emergido del análisis de los datos dieron muestras de que la distinción entre alta y baja culturas todavía opera en el Chile actual, lo que se esperaría de una lectura de Bourdieu que ha sido extensamente aceptada.

Sin embargo, otras distinciones también están activas y deben ser subrayadas. En este sentido, debemos hacer un par de comentarios. El primero, se refiere a que la distinción entre lo alto y lo bajo, desde un punto de vista cultural, tiene que ver con la participación o no participación, respectivamente, de las personas en actividades culturales19. El segundo enfatiza la división de acuerdo a la edad que se produce en el área de la alta cultura entre activismo cultural, de los más jóvenes, y disfrute como observador de las actividades culturales, de los adultos. Por el lado de la baja cultura, también encontramos una división por la edad, pero su comportamiento parece estar menos diferenciado y se caracteriza por el común denominador de la no participación o el bajo consumo cultural relativo.

En lo que respecta a las variables que estructuran el espacio social de los estilos de vida, de forma resumida, podemos hacer los siguientes comentarios. En primer lugar, antes de referirnos de forma más precisa a nuestros hallazgos, conviene referir que en las últimas dos décadas se ha venido desarrollando, con creciente intensidad, una línea de investigación sobre lo que vino en llamarse el "omnívoro" cultural y que tuvo como figura fundadora a R. Peterson (1996), en trabajos desarrollados con otros colegas. Tomando como principal punto de referencia la obra de Bourdieu, mayormente La distinction (1979), el argumento iba dirigido a atacar la distinción que en este libro se hacía entre alta y baja culturas y el encaje de las mismas con la división entre clases dominante y dominada. Peterson nos hablaría de una sociedad más abierta en las que las viejas divisiones ya no operarían para la mayoría de la población. Ahora, los estratos socio-económicos medio-altos y altos se mostrarían propensos a valorar estéticamente actividades y objetos culturales tradicionalmente vinculados a la cultura popular y a los estratos con menores recursos económicos y educativos. Todo ello motivado por la emergencia de una sociedad más tolerante y abierta, en la que las fronteras valorativas se volverían borrosas. En este sentido, la clase perdería importancia en la estructuración de los fenómenos sociales, en concreto del consumo cultural, lo que estaría en línea con lo propugnado por muchos otros sociólogos en las décadas de los ochenta y los noventa, si bien a menudo con temáticas de interés diferentes (entre ellos, Pakulski, 1996). Tomando como marco esta problemática, nuestro estudio demuestra que en el Chile de comienzos del siglo XXI la clase social tiene un fuerte impacto en las prácticas culturales de los chilenos. Debe quedar claro que no es posible sostener que Bourdieu haya sido el primero que planteó la existencia de una relación entre la cultura y la estructura, o, más específicamente, entre los patrones de comportamiento cultural y la clase social. Destacadamente, esto es parte de toda la tradición marxista. En cambio, debemos reconocerle al autor francés su empeño en relacionar la acción de los individuos con las estructuras históricas de tipo social en las cuales deben desenvolverse, sean éstas las que fueren. La sociedad no es en primera instancia una posesión de los individuos, sino que tiene entidad propia, una lógica que le pertenece. En términos bourdieuanos, las lógicas de los campos sociales, del juego o lucha que en cada uno de ellos acontece, tienen un fuerte impacto en las personas que en los mismos actúan, en una medida similar, a la dependencia que aquéllos tienen con respecto al interés que éstas muestran en su constitución. Esto es lo que sucede con la estructura social, pues en sus efectos continúa operando independientemente de que el individuo se sienta más o menos individualizado y se comporte en coherencia con su creencia. Nuestro estudio no dice nada sobre lo segundo, pero deja claro que existen notables diferencias en los estilos de vida de los chilenos y que los mismos tienen una fuerte base clasista20.

Además, clase, educación y edad están correlacionadas. El caso de la clase y la educación es más evidente, pues la relación entre ambas variables es fuerte y positiva en todo momento. Esto significa, como podríamos esperar, que cuánto más elevado es el nivel educativo de una persona más probable es que ocupe posiciones elevadas en la estructura social o de clases. Esta relación tan estrecha dificulta atribuir causalidad, y sugiere lo recomendable que sería la realización, por un lado, de un estudio de las diferencias entre individuos con igual o similar acumulación de capital cultural, pero diferente forma o tipo del mismo, y, por otro lado, de un estudio adicional de los patrones culturales de personas con igual capacidad económica y diferente grado de acumulación de recursos educativo-culturales. Esto nos ayudaría a discriminar entre estas dos variables para poder determinar cuál de las mismas es más decisiva a la hora de entender el consumo cultural. Asimismo, se destaca la relación entre las variables mencionadas y la edad. Esto no se da para los más jóvenes, aquellos entre 15 y 24 años, pero es evidente para los individuos de 25 años y más. ¿Qué es lo que este patrón significa? Que el chileno promedio de mediana edad, que por estilo de vida estaría entre los 25 y los 54 años, tendría mayormente una educación media (esto es, entre básica y universitaria), y que la vejez, o las edades que más se aproximan a la misma (desde los 55 años) estaría fuertemente asociada a un nivel socioeconómico bajo y a unos estudios básicos.

Es importante reconocer la relevancia de la edad. Su importancia no sólo hace mención al ciclo vital, sino, y esto de forma decisiva para nuestros propósitos, a la historia de las sociedades (político-institucional, ideológica, económica) y a los cambios generacionales que con la misma conviven. Si bien en Bourdieu hay un énfasis en la subjetividad y en las condiciones históricas sobre las que la misma se constituye (Bourdieu, 2003), pareciera que la edad, o los factores asociados a la misma (envejecimiento, conflictos generacionales, tendencias o trayectorias epocales de tipo ideológico), no tuvo cabida en su esquema explicativo-analítico, aunque su realidad se haga evidente en nuestro estudio y otros similares (Gayo-Cal et al., 2006).

Finalmente, con respecto a otras variables relacionadas con los estilos de vida, podemos afirmar, por un lado, que la influencia del género en los patrones de consumo cultural y uso del tiempo libre no parece ser decisiva. Por otro lado, el escaso efecto asociado al espacio, entendido éste último como la división entre la Región Metropolitana y las otras regiones, posiblemente no implique que el mismo o la dotación geográfica de infraestructura no importa, sino que pudiera sugerir que habría que recoger datos con información más específica sobre la relación entre la residencia y la disponibilidad de oferta cultural21.

RECONOCIMIENTO

La realización de este trabajo fue apoyada económicamente por la Universidad Diego Portales (Santiago, Chile), como parte de un proyecto "semilla" titulado "Capital cultural: producción, configuración y efectos" (CG 160325019).

María Luisa Méndez desarrolló parte de este artículo en el marco del proyecto FONDECYT de Iniciación N°11080257, "Construcción de la identidad de clase media en Chile: tensiones entre demandas de autenticidad".

Queremos reconocer y agradecer los importantes comentarios recibidos producto de la evaluación del presente trabajo, los cuales sirvieron, sin duda, para mejorarlo hasta su estado actual.

NOTAS

1 Una investigación que se ha dedicado recientemente a una evaluación sistemática de la teoría bourdieuana se ha desarrollado en el Reino Unido bajo el título de Cultural Capital and Social Exclusion (CCSE) project. Información detallada sobre este estudio puede ser encontrada en la siguiente página web: http://www.open.ac.uk/socialsciences/cultural-capital-and-social-exclusion/project-summary.php

2 Como queda dicho, se trataría de homología entre los sub-campos culturales (lectura, cine..). Para una forma similar de abordar el estudio del campo cultural, puede verse Bennett et al. (2009).

3 Para un listado o catálogo bastante completo de las actividades sobre las cuales se ha recogido información en las encuestas del CNCA-INE, véase la tabla referida al análisis realizado por nosotros e incluida en el anexo 1, al final del presente trabajo.

4 En el momento en que esto se escribe el CNCA está trabajando, en conjunto con algunas universidades, en el análisis de una nueva encuesta de consumo cultural, correspondiente al año en curso, 2009.

5 Hallazgos similares pueden encontrarse en Gayo-Cal et al. (2006). Una exploración del espacio social de los estilos de vida en el Reino Unido, también está disponible en Savage et al. (2005).

6  En esta nota quisiéramos dejar constancia de la excelente disponibilidad mostrada por el CNCA tanto para facilitarnos los datos como, más en general, para responder a nuestras demandas. Además, debemos subrayar la importancia del esfuerzo que esta institución ha hecho para llevar adelante las tres principales encuestas de consumo cultural y uso del tiempo libre (2004, 2005 y 2009) que se han realizado en Chile hasta el momento presente. Este trabajo ha sido fundamental para situar la información disponible en Chile a la altura de estándares internacionales de aceptación académica. Una muestra de ello es el artículo recientemente publicado por F. Torche (2007), en el que las dos primeras encuestas mencionadas fueron utilizadas como una fuente de datos clave.

7 Ambas instituciones corresponden a instituciones del Gobierno de Chile.

8  En sentido estricto, se trata de dos encuestas distintas. No obstante, su tratamiento como una sola está justificado tanto por el cuestionario empleado como por la población sobre la cual se construyó la muestra.

9  Benzécri, Jean Paul (1973, 1976): L'Analyse des Données, Tome I : La Taxinomie, 1973 ; Tomo II : L' Analyse des Correspondances, París, Dunod, 2de, Éd. 1976.

10  "Relacional" desde el punto de vista del estructuralismo significa que los elementos (signos, comportamientos...) tienen sentido dentro de un sistema o estructura compuesto por otros elementos de la misma naturaleza, y no por sí mismo o en solitario.

11 Levi J.P. y Varela J., (2003): Análisis Multivariante para las Ciencias Sociales, Editorial Prentice Hall, 1ª edición.

12 Para cualquier clarificación sobre el significado de las hipótesis, véase apartado 2 del presente estudio.

13 "Modalidad" es un término propio del análisis de correspondencias y se refiere a las categorías de las variables, las cuales, en nuestro caso, expresan gustos y prácticas culturales, como ya quedó dicho.

14  Está fuera de discusión, por obvio, que las preguntas contenidas en el cuestionario del CNCA no son exhaustivas ni cierran la discusión sobre otras posibles, igualmente interesantes y dignas de atención. En todo caso, la información analizada puede ser considerada una representación o muestra razonable y bastante completa de actividades culturales sobre las cuales los chilenos, consciente o inconscientemente, tienen que decidir y sirven para discriminar entre sus estilos de vida, como han venido a denominarse los agregados de prácticas y preferencias a los que nos estamos refiriendo.

15 Para ver un análisis realizado con la misma lógica, véase Gayo-Cal et al. (2006).

16 En el anexo 3, se encuentran las tablas con las frecuencias de cada una de las categorías de las variables suplementarias.

17 Exploramos otras dimensiones en busca del efecto del género, pero, en una primera mirada, no encontramos ninguna que nos pareciese particularmente significativa.

18 De este modo, presentamos una imagen de los jóvenes radicalmente distinta a la pasividad con la que habitualmente se les ha asociado desde aproximaciones interesadas en el voto.

19 Este hallazgo es muy similar al encontrado para el Reino Unido en un estudio reciente (Gayo-Cal, 2006).

20 En este punto es importante tener presente que por "clase" hemos entendido cada una de las categorías que forman parte de la clasificación de grupos socioeconómicos que hemos explicado en el apartado referido a los datos y los métodos.

21 Para un estudio en el que se crea un indicador de calidad de vida en el barrio, el cual es utilizado como variable explicativa, véase Gayo y Teitelboim (2009).

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Anexo 2: Valores propios

Control panel of Eigenvalues

Anexo 3:
Variables suplementarias

 


Artículo recibido el 19 de enero de 2009. Aceptado por el Comité Editorial el 10 de julio de 2009.

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