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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.25 n.2 Talca  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762010000200002 

Revista Universum Nº25 Vol.2, II Sem. 2010, pp. 13-28

 

ARTICULOS

EL CARIBE EN SOMBRAS

 

Claudia Caisso (*)1
(*) Doctora en Literatura Latinoamericana. Profesora Titular Seminario Orientado en Literaturas Iberoamericanas y Argentinas, F. de H. y A., U.N.R., Argentina. Investigadora independiente C.I.U.N.R.
Correo electrónico: ccaisso@hotmail.com


RESUMEN

El trabajo reflexiona sobre el estatuto geo-político del Caribe. Se considera la sospecha en torno del descubrimiento europeo en la perspectiva de la crítica cultural de-colonial y se analizan algunos de los argumentos desplegados por Édouard Glissant en El discurso caribeño (1981). En particular se describe la importancia del valor de la "opacidad" a partir del análisis de algunos tópicos, en particular la resistencia del rodeo (detour). Tal cuestión es concebida a la luz de las transmutaciones que la defensa de la creolidad emplaza a diferencia de la "negritud" y su proyección en producciones de las últimas décadas del siglo XX.

Palabras clave: Caribe - opacidad - creolidad.


ABSTRACT

This work focusses on Caribbean geo-politic status. At first time it considers the suspicion pointed out by de-colonial Cultural Studies on America's "discovery" and then analizes some arguments written by Edouard Glissant in Caribbean discourse (1981). The importance of opacity's value in Caribbean discourse is described analizing some topics, in particular "round-about resistance". This question attends some traces that "creolité" defense promoves changing "negroo" movement and constructing some projections in latest decades productions.

Keywords: Carib - opacity - creolité.


 

"el sonido de la sombra de árboles y hombres"

Omeros, Derek Walcott (1990)2

"Oh tierra, si eres tierra, oh tú como el día de nuestra llegada. Oh estás hundiéndote en el salto de agua y en la palabra que hemos labrado. Mira cómo tus palabras me arrastran desde este largo sueño en donde tanto azul y tanto ocre han venido a instalarse. Mira cómo desciendo de esta noche y escucha".

Fastos, Édouard Glissant (1991)3

INTRODUCCIÓN

El Caribe es un área de encuentro intercultural ciertamente compleja porque, entre otras razones, es la zona de llegada del europeo a América. Espacio que los estudios culturales de-coloniales -a poco que se piense en algunos de los trabajos de Walter Mignolo- han señalado como sitio de sospechoso "descubrimiento". Puesto que el discurso del conquistador ha expuesto una vasta serie de encubrimientos del proyecto que precedía a los viajes colombinos y los de otros navegantes cuyo principal propósito fue la expansión de los mercados en el siglo XVI. En tal sentido es plausible señalar, acerca de las afirmaciones del mencionado autor, que la Modernidad admite ser considerada -siguiendo a Immanuel Wallerstein en El moderno sistema mundial4 - como un vasto proceso que bajo aquella designación no hace más que silenciar la herida colonial. Las circunstancias traumáticas de vasallaje por las que las naciones del mundo llamado occidental y cristiano universalizaron sus emprendimientos y al hacerlo los naturalizaron, encubriendo la diferencia entre el centro y la periferia5.

Por ende, el Caribe requiere ser pensado como espacio geo-político que ha ido conformándose como una suerte de parangón del mar Egeo en Europa: cifra del sitio de nominación ante lo insólito que simultáneamente opera como ficción de origen de la "especificidad" de una cultura y dispositivo de los ciclos de enmascaramiento y desocultación. Es la región que han surcado las galeras españolas, holandesas y portuguesas, también las inglesas y francesas portando seres de carne y hueso cruelmente esclavizados en las costas de Angola y el Congo. También es la región atravesada por naves de las tribus arahuacas que en las islas del Mar Caribe y desde las costas del Noreste de América del Sur fueron las primeras en habitar las Antillas6. Etnias hablantes de lenguas arahuacas con la gran familia de los taínos en su seno, cuya reminiscencia celebra en el marco de la cultura letrada cubana la metáfora abierta por el nombre de José Cemí - "el sembrador del vacío"- según puede leerse en Paradiso (1967) de José Lezama Lima.

Por tales motivos ensayar una reflexión sobre el estatuto pluricultural del área desde el título propuesto implica señalar la compleja ruta de encuentro conflictivo de culturas y lenguas, que invita a revisar la herida colonial como paso constitutivo de la cultura latinoamericana. Pero significa poder observar, además, la capacidad de resistencia de algunas culturas no-hegemónicas. Ese impulso se encuentra desplegado de manera singular en el llamado de defensa de la opacidad que aparece en El discurso caribeño de 1981 de E. Glissant.

La formulación de Édouard Glissant responde a la necesidad de resguardar la opacidad de la cultura en el Caribe, a expensas del cuestionamiento de las fábricas de consumo neo-liberales, en un discurso que se autopropone como oscuro y alude explícitamente la categoría gnoseológica del determinismo. Aquella última es concebida como marca fundante de la cientificidad y la propiedad del sentido que la Historia europea encarna cada vez que construye el télos con el que afirma la "objetivación" y la interpretación de lo sucedido.

En tal sentido es una de las vías por las que se evita la tentación de clasificar los modos de ser del habitante del Caribe, y por la cual se resta peso y destino al consumo del Caribe bajo la construcción de un escenario que ha sido básicamente circunscrito a las formas de la economía, de plantación y de la playa turística internacional. Por tanto, "el Caribe en sombras" es metáfora de la plausible ambigüedad que atraviesa una región sumamente potente a nivel de las construcciones identitarias del Caribe y de América Latina, por estar "cifrada" con la huella de la economía de plantación en su seno, y con ella el arraigado uso de la esclavitud contra el telón de fondo del tráfico de los barcos negreros. También por condensar diversas retóricas de naturalización de aquel proceso en las cartas de los conquistadores dirigidas a las metrópolis. Arco que en la mirada de Glissant aparece inscrito en el momento en que el escritor martiniqueño hace señas sobre "el persistente mito de las islas paradisíacas hasta la aparición decepcionante de los departamentos de ultramar"7. Fondo de apariencias por el que las llamadas Indias Occidentales Francesas "estaban destinadas a estar siempre en una relación inestable con su propia realidad", según afirma. Porque el Caribe ha suscitado la descripción profusa de un mundo destinado a ser sometido por la racionalidad europea que concentra la especial realidad de una población diversa en sus lenguas y en las estructuras geo-políticas en las que se organiza8. Revela según el autor, que el ser y la búsqueda de raíces allí es imposible. No se puede "ser" caribeño:

en el Caribe se deviene caribeño. Tal afirmación responde en el texto en cuestión a una doble determinación: a) detenerse en la condición diaspórica de las poblaciones del pasado -desarraigadas del África- y del presente -las migraciones sobredeterminadas por las condiciones de atraso económico desde el archipiélago y la cuenca hacia las metrópolis-; y b) apelar en el marco de la post-modernidad al soporte deleuziano que subyace en la reflexión trabajada a propósito del "rizoma" para desgastar los efectos de fijeza y esencialidad con que amenaza la pregunta ineludible acerca de la "identidad"9.

Por ende, aprehender los alcances de la imagen de las "sombras" es productiva puesto que implica trazar varias conjeturas a propósito de la vectorialidad poético-política que dicho escritor formula como horizonte de escritura. En particular cuando es posible leer la oracularidad de su texto como una suerte de diapasón en el que irrumpen, se metamorfosean y desplazan los valores que funcionaron como pilares en las primeras décadas del siglo XX en la caracterización del proceso de transculturación latinoamericano trabajado, entre otros culturalistas por Ángel Rama, Ana Pizarro y Antonio Cornejo Polar, así como también por algunas de las propuestas por medio de las cuales el movimiento de la "negritud" enfrentó al eurocentrismo.

El diálogo conflictivo, el intercambio disimétrico y el "contrapunteo" cultural aparecen formulados en la mirada de Glissant a propósito de la posibilidad de concebir al Caribe como un condesado de discursos: el intercambio de un vasto diálogo en el que se incluye a cada paso la reflexión sobre la herida colonial.

Contra aquel telón de fondo las líneas del autor de la novela La lézarde (1958) exponen la deriva -la palabra no es inocente-, a propósito del deseo de singularizar el Caribe en términos de obsesiones de escritura. Glissant asume la declinación de las luchas de liberación en el mundo y reconoce una suerte de imposibilidad de sostener la heroicidad propuesta por Fanon en la lucha en Argelia hasta descubrir que a diferencia de otros lugares, en Martinica10 el "Otro" está siempre escuchando, mientras las élites comparecen una y otra vez con el modelo de bien decir del francés, y el modelo político republicano de Francia. Describe en "líneas oblicuas" los avatares de la isla en el archipiélago, en el que Haití y Cuba han sostenido parámetros de liberación ejemplares y vuelve sobre los valores de Césaire transmutándolos. Para decirlo de otro modo: apela al trazado de reflexiones que se presentan y mueven a la manera de rodeos (el "detour" del Discurso vale como traza que varía el "retour" delCahier de Césaire). Obsesiones y circunloquios caracterizables en términos de hacer posible el reconocimiento de un pensamiento poético, que a expensas de sus marcas, interpela los usos de la razón, mientras elabora un programa estético que ha sido y continúa siendo decisivo para el área.

El cosmos de Édouard Glissant destinado a reaparecer en la voz de varios intelectuales caribeños relevantes desde Raphael Confiant a Derek Walcott11 se construye en diálogo con el mundo de Aimé Césaire.

Entre el último, reconocido como "padre de la negritud" y los escritores antillanos de las últimas décadas del siglo XX se mueve un vasto camino de ampliación del ámbito cultural caribeño que en el caso de Glissant se nutre con la reinvidicación de la escritura en lenguas "creóles".

Contra el telón de fondo del trayecto de Aimé Césaire, que en el uso del francés "canibaliza" la lengua del colonizador, Glissant expone otras fuerzas vitales por las que se construye cierto "giro" conmovedor en torno de una escritura poética, que despoja de enfrentamiento y gravedad a la "escritura de retorno" emblematizada por el Cuaderno de un retorno al país natal de 193912.

Por lo tanto, no parece desacertado señalar que entre Aimé Césaire, Franz Fanon -autor de Los condenados de la tierra de 1961-, y Édouard Glissant se abren las vías de una respuesta ciertamente diferente pero a la vez reactiva respecto de las formas de exterminio de los mundos marginales, en particular acerca de las sanciones y censuras que se tienden sobre sus lenguas.

Reversión, diversión, confusión: el Caribe en el Discurso… de Édouard Glissant

La defensa de la opacidad del Caribe13, valor con el que se cuestiona el relato homogeneizador del neoliberalismo occidental, según ya se ha señalado, requiere del respeto de un "derecho" en el umbral en el que el texto postula el esfuerzo por dejar que el Caribe hable y en el que explícitamente se yuxtaponen las obsesiones individuales con los rituales colectivos:

Un esfuerzo "intelectual" con sus estocadas repetitivas (la repetición tiene un ritmo), sus momentos contradictorios, sus necesarias imperfecciones, sus pedidos de formulación (aún una esquemática), frecuentemente oscurecidos por su verdadero propósito. Por el intento de acercarse a una realidad frecuentemente oculta a la vista es imposible una organización en términos de una serie de clarificaciones. Exigimos el derecho a la oscuridad. A través de ella nuestra ansiedad por tener una existencia plena se convierte en parte del drama universal de la transformación cultural: la creatividad de la gente marginalizada que hoy día confronta el ideal de transparente universalidad, impuesta por Occidente con manifestaciones múltiples y secretivas de diversidad (Glissant, 2005)14.

El fragmento ofrece un espectro de cuestiones en el que la marginalidad y la amenaza de supervivencia invitan a reparar en "la preciosa resistencia" de las culturas marginales en el marco de un mundo que 1) espectaculariza los conflictos en el centro mientras minimiza los de la periferia; 2) opaca las condiciones de sometimiento y cosificación para producir "destellos" a través de los que impone razones totalitarias por generales; 3) amenaza a sociedades como las de Martinica, Trinidad y Tobago, Santa Lucía, Haití, Guadalupe y otras, directamente con el exterminio y/o con la asimilación; y 4) impone prácticas genocidas.

El texto de Glissant ha sembrado efectos vigorosos en reflexiones sobre las construcciones identitarias caribeñas tales como el "Elogio de la creolidad" de Jean Bernabé, Patrick Chamoiseau y Raphael Confiant de 198915, el ensayo La isla que se repite de Antonio Benítez Rojo16Omeros y los textos en prosa La voz del crepúsculo de Derek Walcot publicados en español en 2002, entre muchos otros. Los rodeos, las repeticiones, las monótonas confesiones al exceder la escena de la egolatría proponen en la exteriorización del pensamiento cierta cita con la pasividad que implica una profunda erosión de la voluntad yoica. En el marco de una dinámica singular y por momentos de difícil ceñimiento no deja de quebrantar cualquier intento rápido por afirmar la mera identificación de un sujeto y/o una cultura con otro/a. Movimiento o que en la perspectiva de Glissant responde a la cosificación y requiere de los "acercamientos críticos" de un escritor obsedido por sostener la pregunta acerca de las cuestiones concretas que en el seno de la cotidianidad admiten reconocer el problema identitario en el reverso de las razones universales del pasado. De allí que aparezca el vaivén del relativismo -la erosión de la dimensión absoluta de los valores, en particular los del origen, la legitimidad y el retorno- y con aquél, los matices que intervienen en la caracterización de construcciones identitarias a partir de la "relación". Dicha labor enmarcada en la "intención poética" es reconocible cada vez que se asiste o participa en alguna práctica cultural o lingüística solidaria en la que se descasta el vínculo amo-esclavo e irrumpe la reversibilidad: la posibilidad de transformar la gravedad del sentido al modificarse la dirección y la autoridad de las "causas".

La salida que proponemos aquí no nos provee de armas para pelear una guerra económica, una guerra total en la cual toda la gente se halla hoy involucrada. Pero cada acercamiento crítico a la clase de contacto existente entre la gente y las culturas nos permite sospechar que un día los hombres pueden pedir un alto, conmovidos por la singular sabiduría de creolización que será parte de ellos y reorganizará entonces nuestra vacilante clarividencia (Glissant, 2005, p. 3)17.

Desde las múltiples "por secretivas" formas de camuflaje, desde impredecibles e imprevisibles efectos de interacción entre culturas hegemónicas y subalternas, irrumpe la huella de la "relación" como una articulación nueva tendida a propósito del "contacto" traumático entre culturas que Glissant concibe a partir de la observación de los usos del lenguaje, la teoría del caos y la fractalidad.

El Caribe, la Otra América […] La repetición de estas ideas no clarifican su expresión; por el contrario, conducen tal vez a la oscuridad. Necesitamos de aquellas obstinadas sombras donde la repetición lleva al perpetuo ocultamiento, que es nuestra forma de resistencia (Glissant, 2005, 14)18.

Tal magma de nociones y operaciones abre una escena donde la singularidad relativa del Caribe requiere que aquél no sólo no sea asimilado a Europa, al África y a América Latina, sino que tampoco sea definido. Tal apuesta por el abismamiento de la definición construye una travesía que, justo es decirlo, está destinada a incomodar a la comunidad de cientistas sociales. Es, en tal sentido, un texto que se ofrece como a-sistemático puesto que no busca la fuerza de los tratados, aunque paradójicamente haya oficiado como genuino umbral en la construcción de los estudios sistemáticos que se desarrollan en el Caribe y en otros ámbitos del planeta, desde la década del 80. Expone el valor de un movimiento que desde el comienzo postula el deseo de "colocar juntos diversos niveles de experiencia" (Glissant, 1981, p. 4). Rechaza para sí el sueño de la objetividad así como también el de las leyes de la coherencia. Uno de sus aspectos relevantes, en tal sentido, es enfatizar zonas de "coalescencia" que propone el decir en el espacio de la poiesis: el particular espesor y/o adensamiento que le concede al amalgamiento del tiempo el dibujo del espacio con la fuerza de la repetición, 1) como marca de la neurosis19, por el efecto de la represión y el retorno de lo reprimido, 2) como huella de la escritura poética capaz de atravesar los efectos antes señalados en defensa de una poética del sujeto y 3) como cita con la diferencia. El paisaje es en aquel marco uno de los tópicos claves puesto que motivan la irrupción y el imán de la deriva en Glissant: un punto de apoyo desde el cual se favorece la fábula de la irrupción oscura de la "unidad submarina" del Caribe, siguiendo al narrador barbadense George Lamming -autor de las novelas In the Castle of my Skin (1953), The Emigrants (1954) y el libro de ensayos The Pleasures of Exile (1980)-, en el intento por hacer visible las huellas de lo otro. El intento por impedir que la "unidad" y la pluralidad cultural de la región "sean manejadas por otros para los habitantes del Caribe" en un gesto por el que simultáneamente se revierte tanto la descripción de la "maravilla" de los viajes europeos como las matrices "europeas americanas" construidas a propósito de lo "real maravilloso"20 y la novela histórica de Alejo Carpentier21.

Extrañeza que para Glissant permanecería en el territorio de lo inescrutable si no fuera porque el acto de escribir es capaz de patentizar la experiencia de la "duración" -modos de adensamiento de la transparencia- en el paisaje caribeño. Puesto que el paisaje es la cita con lo local, un rasgo irreductible en la inteligibilidad entre la cultura y la naturaleza concebida como tensión orgánica más allá del discurso historiográfico y/o de la novela histórica. El germen de un "desiderátum" del decir que irrumpe como motivo de reflexión tras la propia práctica ficcional22, capaz de integrar las experiencias acumulables pero no historizables, imposibles de ser relatadas desde la Historia como ciencia positiva, o desde la novela histórica. Tópico literario en el que se concibe -en particular en las obras de ficción- el encuentro con experiencias de pertenencia que tanto la Historia como la "medida de la época"23 le niegan a los caribeños.

En tal sentido puede decirse que el "Discurso" no es un ensayo en el sentido clásico del término: propuesto al lector desde su imperfección y monotonía soporta el peso de lo que vuelve y en medio de aquel cerco hace lazo con la belleza. La opacidad poética se transforma así en una forma ambigua de mirar el resguardo de estar en el Caribe sin ser, y sin ser asimilado.

Por ende, la reflexión muestra al Caribe como sitio a desmitificar en el que: a) la negación de la ilusión cronológica; b) la apelación a la repetición, y c) la negación de las palabras que califican la alteridad, en particular la del mundo del negro, abren la escena de las filiaciones necesarias, pero muestran, además, una singular sutileza para ironizar el gesto de conceder la libertad que hay en el blanco hacia el negro entre los rasgos falaces de "buena conciencia". Escena en la que se parodia la dimensión universal de la libertad, contra el telón de fondo de la proclamación de los "derechos universales del hombre". Tópico que ya había sido trabajado, previamente por Césaire sobre la experiencia histórico-política del proceso de emancipación haitiano y que propone un momento de intenso enfrentamiento al eurocentrismo en la escritura de retorno desplegada por Cuaderno de un retorno al país natal de 1939.

A comienzos del siglo XIX, según se sabe, fue proclamada la independencia haitiana, al promulgarse la Constitución Nacional. Allí se levantó el grito que afirmaba "todos somos negros": generalización inclusiva por la que se buscaba ejecutar la promesa de "igualdad" y "libertad" levantada por las banderas de la Revolución Francesa que permaneció incumplida en las colonias. Ante las sangrientas revueltas en que se enfrentaron los negros con los blancos en Saint-Domingue llegaron hasta el planteamiento de una guerra de exterminio, finalmente infructuosa por parte del ejército napoleónico, según documenta el historiador triniteño Cyril Robert Lionel James en su libro The black jacobins (1938). Más tarde en el siglo XX Aimé Césaire en Una tempestad respondería a La tempestad de Shakespeare.

El núcleo de la obra de Aimé Césaire Une Tempête no es el resentimiento, sino una afectuosa disputa con Shakespeare acerca del derecho a representar lo caribeño. Esa tendencia a la disputa forma parte de un esfuerzo mayor por descubrir las bases de una identidad integral diferente a la anterior, dependiente y resultado de una derivación de la europea (Said, 1996, p. 331).

La lectura que Glissant hace en el "Discurso" del texto de Víctor Schoelcher a propósito de Luis Thomas Husson (Director provisional del Interior para la República Francesa),24 y de este último sobre las posibilidades con que cuentan los negros "buenos" desmantela las estrategias discursivas que buscan camuflar las luchas reales de resistencia. Tales efectos ocurren cuando la búsqueda y la llegada a lo real tienen menos que ver con las categorías de las ciencias duras y/o las escuelas históricas, que con el deseo de abrir camino al juego, la burla que descasta, y el ejercicio de la ironía sobre la mirada piadosa que el hombre blanco le dispensa al negro para conservar sus estrategias de dominación. A expensas de aquellas vías variadas se despliega un movimiento que tensiona productivamente la reflexión de Glissant a propósito de la importancia del "camouflage" que el escritor martiniqueño observa tanto en los rituales de la vida cotidiana de los sectores populares como en las élites: el simular ser, la tentación de parecerse al otro como manera de entrar en "complicidad" y enmascarar el vacío que genera la falta de proyectos propios y la falta de raíces.

El Caribe para Glissant no admite pregunta por el origen datable, capaz de ser circunscripto a episodios fácticos, y aunque atravesado por lo fatídico de la experiencia cultural de los sectores que lo han poblado expone las estocadas de cierta sabiduría que nace en la reflexión a propósito de las lenguas en contacto. Tal contacto ha sido sumamente conflictivo, y es en los usos dialectales, deformantes de las lenguas hegemónicas de los países centrales donde aparece la fuerza irreductible de la relación: la poética de la relación como "principio solidario". Se puede afirmar en tal sentido, que en Glissant es posible leer reminiscencias de algunas vertientes relevantes del pensamiento francés contemporáneo25 a propósito del espacio de diseminación que abre la lógica del deseo entre repetición y diferencia. En ese marco el "Discurso" hace señas sobre el hecho de que la escritura -inscripción de una perspectiva singular- es productiva en tanto no responde directamente a la voluntad yoica. El yo no debe intentar adueñarse del decir ni del sentido porque es imposible aspirar a estrategizar la alteridad. Contra aquel telón de fondo las propuestas del pensamiento contemporáneo francés, ya se trate de Lacan, Barthes o Deleuze hacen señas sobre la disponibilidad que el decir de Glissant despliega a propósito de "ser hablado", huellas de la subjetividad que no admiten ser reducidas al territorio de un autor que pudiera volverse tutor del sentido. En el Discurso caribeño Glissant impugna la tutoría volitiva yoica del sentido y el destino en los umbrales de una poética de la subjetividad más exhaustivamente explorada en la Poetique de la relation de 1990 y el Tratado del Todo-Mundo del 2006 en los que continúa la "intención poética" de contrarrestar la cosificación.

Las preguntas acerca de quiénes somos y de dónde venimos, atingentes a la constitución de la subjetividad, impregnan insistentemente las reflexiones sobre las experiencias colectivas, las ficciones de origen que la recusan y los absolutos, laten en el Discurso en la dimensión performativa del "juego" que, según se intena señalar, amplía simultáneamente la pregunta sobre la construcción del espacio subjetivo y la experiencia de la comunidad.

En Poética de la relación se abren surcos a propósito de la desterritorialidad, la ausencia de espacio físico territorial nacional que diferencie la existencia del caribeño respecto del latinoamericano, el americano del Norte y el europeo. Puesto que los últimos pueden ser concebidos como pueblos con una relación segura y definida con el espacio que habitan, con una legitimación basada en una génesis. Así, los franceses aprenden desde temprana edad que descienden de los galos ("Nos ancêtres les Gaulois"), dato que aparece en la primera lección de los libros de historia. Se trata de un asunto difícil de cuestionar puesto que está autorizado por la tradición. En cambio los pueblos mezclados de América ya tienen una relación compleja con la tierra, puesto que no existe la legitimación de la raíz única de la afiliación. ¿De quién es América? ¿De las poblaciones precolombinas que la habitaron antes que todos, de los europeos que la colonizaron, de los africanos que fueron tratados como esclavos y la cultivaron, de los inmigrantes que la adoptaron? No existe el sentimiento de un "absoluto sacralizado de una posesión ontológica, sino la complicidad relacional" (Glissant, 1990, p. 161).

Es a partir de la relación, la "diversalidad" que propone la relación como gesto proliferante que nace y crece en la "diversión" que Glissant crea una poética, para ello toma el concepto de rizoma de Deleuze y Guattari, "raíz múltiple, extendida en redes en la tierra o en el aire, sin que ningún tronco intervenga como predador irremediable" que se opone a la raíz única y al sujeto único totalitarios o imperiales26. La "relación" implica el puente, la erosión de los valores esenciales y absolutos, el desgaste del territorio del concepto, la distracción del vínculo amo-esclavo pero también, según se lee ut supra, la "complicidad". "Convivialidad" y hospitalidad que cerca de las sendas del Discurso habrán de celebrar en el Elogio de la creolidad, Bernabé, Chamoiseau y Confiant.

Contra aquel telón de fondo la experiencia de vivir es estar en el Caribe y en otra parte, se trata de una experiencia discursiva -fenómeno más o menos inconsciente-por la cual la región se deja leer como un condensado o "cifra" de decires, un cúmulo de fracturas en las lenguas metropolitanas, una serie de textos que desde el siglo XV han encubierto, objetivado, objetado y cosificado su condición. Experiencia en el marco de la cual el paisaje aparece como una suerte de palimpsesto en el discurso de los viajeros imperiales y garante de autenticidad en las obras Accionales de los caribeños. Huella junto a la cual la experiencia de burla en los gestos, rituales y usos del lenguaje abre la posibilidad de revertir la dominación del hombre blanco sobre las otras etnias, ya se trate de negros, coolíes (hindostanos importados a las costas de las Guyanas) o indias. Junto al paisaje que no se deja mimetizar juegan las prácticas de la imitación entre las que destella la osadía lingüística puesta en juego27: la variedad de registros dialectales, el latido del "amor bilenguajeante"28.

En la perspectiva de Glissant, al no haber posibilidad de enraizar ni volver a la "patria fraterna" del pasado celebrada por Césaire, la mayoría de los habitantes del Caribe vive al menos entre-dos lugares, más allá de la cuenca y el archipiélago insular, en relación de extraña convivencia identitaria. El Caribe reúne experiencias geopolíticas diversas, desde las Antillas mayores con un país como Cuba, de identidad socialista, frente a Puerto Rico -el estado "libre-asociado" a EE.UU.- con profundas luchas entre los autonomistas y los anexionistas en el siglo XX, y la serie de los "departamentos" de ultramar europeos, entre los cuales se encuentra la Martinica. Aquella variedad, no obstante, remite a la común experiencia singular del trasplante, la pérdida de ritos y prácticas culturales, y la cosificación impuesta por la mirada del Otro (el colonizador) que ha reificado, "canibalizado"29, fijado a las culturas no europeas.

A las representaciones identitarias con las cuales se aspiraba y todavía se aspira a fijar la identidad de lo "descubierto", táctica imperial del pasado que se perpetúa en las representaciones superficiales por medio de las cuales se desconoce lo diferente, responden las producciones de los intelectuales caribeños. Esa respuesta inscrita en el texto de Glissant deviene en Benítez Rojo la posibilidad de pensar a la creolización en términos de "ritmos culturales", napas identitarias trabajadas a la manera de un vasto pentagrama abierto a la mezcla, que encuentra en la matriz de la plantación azucarera una clave ineludible. Variedad de lenguas que muestran la diáspora y el cimarronaje como factores claves, pero que señalan además, el espíritu programático de pronunciamiento estético que es posible reconocer en la lectura del "Elogio de la creolidad", cuando escribir como se habla, e impulsar la lectura del creóle en el Caribe ofrece un horizonte eficazmente transgresor. Puesto que la literatura, el discurso literario caribeño ofrece una teoría sobre el mundo y sobre las lenguas; en creóle resguarda, como señala Eurídice Figuereido la reminiscencia de un proceso que a fines del siglo XX variaría la operación entre dos lenguajes de la época de Rabelais en el siglo XVI, cuando existían dos lenguas con estatutos diferentes: el latín, culto y escrito, y el francés, popular y no-escrito, aún en formación. Hace referencia, según señala la investigadora brasileña30 al comentar algunas de las estrategias de Chamoiseau a una genuina forma de resistencia cultural.

Desde Césaire, ha ocurrido un diálogo productivo entre los escritores, que están citándose continuamente y colocando nuevos marcos identitarios para afirmar una diversidad que los libere de imágenes universalizantes impuestas por el etnocentrismo francés. En islas tan exiguas, con poca densidad demográfica, y más aún, tuteladas por el gobierno francés en la forma de Departamentos de Ultramar, se trata de una lucha provocada para no dejarse asimilar. La criollidad es una marca identitaria, una afirmación con su negación correspondiente: "Se trata -según afirma Jean Bernabé en el "Eloge de la creolité"- de un descenso a sí mismo, pero sin el Otro, sin la lógica alienante de su óptica (Figuereido, 2002, p. 53).

El Caribe deviene efecto de una dialéctica entre la naturaleza y la historia en la que el paisaje es un dato clave, puesto que podría decirse que es metáfora de lo inteligible, lo que se muestra pero no se camufla como las lenguas, los cimarrones ocultándose en los manglares, los sectores dominantes queriéndose parecer a las élites europeas: además deviene sensible en el pensamiento de Glissant. Un diálogo con la ausencia tendido a propósito de la experiencia de la lejanía y el mundo de la relación antes que de la revelación prodigada por el instante de extrañeza en el surrealismo francés o el golpe de lo desconocido en el discurso de lo real maravilloso americano. Glissant, dice a propósito de él que es el lugar de la integración en el ámbito de cierta duración, puesto que el paisaje es una totalidad:

Porque es un todo que ofrece una dimensión inteligible. Al mismo tiempo, el umbral del calor bloqueado por la lluvia; más profundas aún, aquellas fisuras que se hacen visibles cuando se abre el paisaje. En el norte del país, la masa embrollada de verde sombrío que todavía la ruta no penetra. Los fugitivos hallaron refugio allí. Esto puede oponerse a los hechos de la historia. La noche a plena luz del día y las sombras filtrándose. La raíz de la vid y su flor violeta. La densa red de helechos. El lodo primordial, impenetrable y primario. Bajo los acomas que desaparecen de la vista, los árboles de caoba, henchidos, erectos, sostenidos en escala humana por playas azules. El Norte y las montañas son todo uno. Estaba aquella gente de India que fue parte del tráfico del siglo XIX (completando el proceso de colonización) y a quienes llamamos "coolies", en Guadalupe, "malabars". Hoy, los campos llanos de ananás abren surcos áridos en este mundo remoto y lejano. Esta llanura espinosa todavía está dominada por la sombra de grandes bosques. Los huelguistas del distrito de Lorrain, "coolies" y negros, todos martinicos, fueron atrapados allí en 1976: dieron vuelta con sus machetes el campo de hojas empapadas en sangre (Glissant, 2005)31.

Pero el texto de Glissant trabaja además con el duelo especular una y otra vez tendidos a propósito de lo que implica el silenciamiento de las condiciones del colonizado por parte del colonizador. Más de un pasaje se deja leer en proximidad con las notas de Fanon, en particular las dedicadas a señalar la "cobardía" de las élites gobernantes, comprendida como incapacidad para crear. Esos momentos están atravesados por algunas resonancias de Fanon, ciertamente menos violentas y furiosas.

Es posible afirmar, entonces, que se trata de un juego de reflexión sensible en tanto realza el lugar del pensamiento poético como movimiento en el que se despliegan y atraviesan las relaciones especulares de la población caribeña: una acumulación de fragmentos por la cual pensar quiere decir ver por "imágenes": vasculación en la que las propias obsesiones de escritura, inscriben cuestiones que atañen a las culturas ágrafas.

El texto propone que en los impulsos se juegan menos razones universales que un deseo de cuestionar la repetición de los fenómenos en un enfrentamiento excesivo. Glissant advierte que la negritud deviene tan universal como el racismo al que pretendía impugnar: para abrir nuevos caminos traza el tránsito de un pensamiento que en lugar de levantar efectos emancipatorios para el arte como lo hacía el arte de vanguardia enlaza la mirada sobre el espacio singularizado en el paisaje al tiempo del ritmo de algunos rodeos -"detours"- o imágenes por medio de los cuales se inventa a expensas de la reversión y la diversión. La diversión remite a la diversidad y es custodio de la multiculturalidad, aparece como rasgo de todo lo que es capaz de diverger, esto es de bifurcar el campo de lo unívoco, tangencialmente ligado al humor y a la falta de prejuicio respecto de encarnar el absurdo o el acto de hacer reír.

La reversión y su crítica váscula en el "Discurso" como un movimiento que supone la identificación y el desencuentro con el otro especular en África, el enarcamiento de un origen único que como tal es peligroso porque según Glissant se vuelve tanto o más fantasmático que los fantasmas de las élites. La diversión es un proceso en el cual lo que aparece como decisivo es el movimiento de la relación desatada entre otros momentos en: a.) los trucos del creóle y la creolización: dimensión impura de la lengua que se habla imitando al francés; b.) el sincretismo religioso; c.) la identificación del sufrimiento del pueblo negro (en las propuestas del jamaicano Marcus Garvey) ; d.) la vuelta al África en las lecturas y "usos" del Cuaderno de retorno a un país natal de Aimé Césaire, y la acción política de Fanon en términos de "ruptura completa"32.

La palabra poética de Césaire, el acto político de Fanon, nos llevan a alguna parte, autorizando por la diversión el retorno necesario al punto donde nuestros problemas esperan por nosotros. Ese punto es descripto en el Cuaderno de un retorno a la tierra natal así como también en Piel negra, máscaras blancas, por ello quiero decir que ni Césaire ni Fanon son pensadores abstractos. Sin embargo, los trabajos que seguían las teorías revolucionaria y de la negritud de Los condenados de la tierra son universales. Siguen la curva histórica de la declinación de la descolonización en el mundo. Ilustran y establecen el paisaje de una zona compartida en otro lado. Debemos regresar al punto desde el cual partimos. La diversión no es un intento útil al menos que se nutra con la reversión: no un regreso al deseo de los orígenes, a algún estado inmutable de Ser, sino un retorno al punto de confusión, a partir del cual fuimos desviados por la fuerza: allí es donde debemos últimamente poner a trabajar las fuerzas de la creolización o perecer (Glissant, 2005, pp. 17)33.

"Relación" implica, por ende, el doble lazo del puente y el relativismo: juego de la relatividad que alcanza a inscribirse como programa estético34 en el ceñimiento de una elección, desde la inicial antillanía de Glissant hasta la Poetique de la relation: vida del Caribe que transcurre al menos en dos universos culturales. La inclusión de la repetición como marca de la obsesión neurótica destacada por Glissant y como marca del uso oral del lenguaje es indicio del énfasis que se le concede a la subjetividad, a la singularidad, cuyo paso Glissant abre para contrarrestar el efecto de la cosificación que tanto la mirada del colonizador como la identificación fascinada del colonizado reproducen. El trabajo en favor del orden subjetivo en Glissant trae a escena con sus "estocadas" e imperfecciones según se encarga de señalar al lector, es el umbral hacia aquellas cuestiones, así como también el umbral de reconocimiento de la hibridez. A su turno aquel juego con la repetición requiere ser vinculado con rasgos rítmicos que Glissant reivindica en el creóle como una forma de hibridizar el francés, formas de escandir por las que, según dice, el ritmo y la repetición de algunos acentos, la elección de cortes e intensidades ofrecen caudales más expresivos que la rección en la sintaxis. Puesto que el trabajo de diversión o "diversalidad" de los hablantes del creóle trastorna la legalidad que a las lenguas de las Metrópolis le concede la sintaxis de una lengua que se escribe.

En ese marco el paisaje es una cita con los pasos de la auto-conciencia de un pueblo, puesto que puede afirmarse que es el lugar donde no se impone la Historia. En el marco de los estudios postcoloniales, atento al despliegue de una literatura nacional martiniqueña que se diferencie tanto la racionalidad occidental francesa como la universalización de la negritud proclamada por Césaire, Glissant encuentra tensiones desde donde interpelar el peso del pasado en la ficción -uno de cuyos modelos claves en el área es Alejo Carpentier- para argumentar que tal peso responde al modelo del Otro, al de los Amos de la Historia.

Y si no es desacertado sostener que la "relación" implica la relativización de lo absoluto, lo absoluto de un único origen, lo absoluto del Ser, lo absoluto de la teleología y el sentido del tiempo, indica la apertura hacia un mundo entre dos orillas como ya ha sido señalado, entre variables donde lo impredecible y lo indecidible habrán de tener siempre su lugar. Aquellas marcas hablan del valor irreductible de las "re-marcas" (Derrida, 1996), huellas que retornan, se desvían y desvarían. Al hacerlo exponen que la opacidad, la ambigüedad del discurso, la elisión de la transparencia y la falta de coherencia, constituyen una suerte de reverso de las "virtudes" de los usos discursivos que garantizan tanto la legibilidad como la posibilidad de "tener" la última razón. Como tales son un modo todavía genuino de atravesamiento de los vínculos especulares que tiñen las construcciones identitarias en mutación en el Caribe. La dimensión de la sombra lejos de ser el eco de una pregunta metafísica es la marca del atravesamiento de la mirada cosificante del Otro europeo, y, al mismo tiempo la posibilidad de vivir sin ser calificado como lo ha hecho y lo hace el blanco respecto del negro, en particular en sus paradojales gestos de "buena conciencia". Desde diferentes perspectivas pero en un "continuum" que los enlaza los textos de Césaire, Fanon y Glissant exponen en el cuestionamiento a las estrategias de manipulación del "schoelcherismo" vías puntuales de desmantelamiento de la dominación35.

CONCLUSIONES

En función de lo expuesto es posible afirmar que los cambios en las representaciones del Caribe entendidas como construcciones identitarias relacionales posibilitan reconocer en El discuso caribeño de Glissant una teoría respecto de la literatura y de la cultura como espacio de cambio de las perspectivas de la negritud construidas por la poética de A. Césaire. En el énfasis dispuesto sobre la "opacidad" y los juegos del rodeo ligados a las prácticas de la vida cotidiana del caribeño, las obras de ficción y a los usos del lenguaje se abre la relativización de valores como los del origen y el retorno. Por otra parte la intención poética abierta por la dimensión no historizable del paisaje en Glissant propone un espacio que desde la francofonía traza una mirada unitaria más allá de la diversidad de lenguas en el área. La defensa de la creolización se basa en operaciones que haciendo referencia a los rasgos de las lenguas en contacto, que en particular expone el "créole" permite, considerar la dimensión diaspórica de las culturas del Caribe.

NOTAS

1 Texto base de la conferencia dictada en el Ciclo de Conferencias en Interculturalidad, Secretaría de Posgrado de la Facultad de Lenguas, U.N.C., Córdoba, Argentina, octubre de 2009.

2 Barcelona, Anagrama, 1990 (Trad. de José Luis Rivas).

3 La Habana, Fondo Editorial Casa de las Américas, 2002 (Trad. de Nancy Morejón).

4 México, Siglo XXI, 1998; tres volúmenes.

5 Cf. las reflexiones de Walter Mignolo apuntadas en "Pensamiento fronterizo y diferencia colonial", capítulo 1, en Historias locales / diseños globales. Madrid, Akal, 2003, pp. 111-153.

6 Al respecto véase de Yolanda Wood "Encuentro ancestral", crónica elaborada en el marco de la "X Carifesta" realizada en Guyana en 2008, a partir de entrevistas realizadas a poblaciones nómades de campesinos aborígenes que conforman la familia de las etnias originarias que llegaron antes que el europeo a las Antillas mayores (cf. Bibliografía).

7 Cf. Glissant, op. cit., en mimeo, p. 4.

8 Para más información sobre el estatus político de las distintas islas del Caribe.

9 Glissant avanza sobre aspectos que o bien se muestran en la confusión constitutiva de los seres humanos, o bien buscan confundir al lector para corroer los rasgos arquetípicos que fijan las representaciones eurocéntricas. Al hacerlo suscita los "yerros" de un "relativismo" que habiendo irrumpido como intención de interpelar la "universalidad" a expensas de la "diversalidad", es decir: lo diverso, por momentos recae, sin embargo, en la universalidad y "neutralidad" con las que se enreda el culturalismo "post"- colonial.

10  En el "Discurso…" Glissant establece un cotejo entre la Martinica, Brasil y Haití. No parece ocioso señalar que en el abismo o "corte" encuentra una distancia respecto de las experiencias históricas de Cuba y Haití.

11 Premio Nobel de Literatura en 1992.

12 Cf. "Resistencia y oposición" de Edward Said, en: Cultura e imperialismo, cap. III, Barcelona, Anagrama, 1996.

13 Al respecto véase Peter Hitchcock Imaginary States. Studies in Cultural Transnationalism. University of Illinois Press, 2003.

14 Las citas de Glissant corresponden a la edición de Monte Ávila Editores, de Caracas, 2005.

15 Al respecto véase P. Chamoiseau, R. Confiant, J. Bernabé, L. Taylor, "Créolité Bites" en Transition 74(1997), 124.

16 En los agradecimientos y dedicatorias que abren su volumen, Antonio Benítez Rojo anota: " Debo al trabajo de muchos - de Fernando Ortiz a C.L.R. James, de Aimé Césaire a Kamau Brathwaite, de Wilson Harris a Édouard Glissant- una gran lección, y ésta es que toda aventura intelectual dirigida a investigar lo caribeño está destinada a ser una continua búsqueda. A ellos va dedicado este libro" (1998,4).

17 El destacado es nuestro.

18 El subrayado es nuestro.

19 Cf. op. cit. "De lo que concierne a la historia como neurosis" .

20 Cf. Alejo Carpentier "Prólogo" en El reino de este mundo (1948); y Roberto González Echevarría "Isla a su vuelo fugitiva" en Alejo Carpentier: el peregrino en su patria. (1993, pp. 125- 201).

21 "La noción de unidad del Caribe es una forma de auto-descubrimiento cultural. Nos fija en la verdad de nuestra existencia, forma parte de una lucha por la auto-liberación. Es un concepto que no puede ser manejado por otros para nosotros: la unidad caríbica no puede ser manejada por control remoto". (Glissant 1981, 7) El destacado es nuestro.

22 Se hace referencia a las novelas y poemarios de Glissant que preceden la aparición del "Discurso".

23 Se cita aquí una frase de Omeros de Derek Walcott. El largo poema narrativo trabaja insistentemente con el tema de la tala de los árboles y de los hombres que la falta de "espíritu" de la época impuso sobre el planeta y que testimonia en particular el Caribe.

24 Cf. Glissant, op. cit., p. 20.

25 Cf. Glissant, op. cit., p. 20.

26 Cf. Eurídice Figuereido en El archipiélago de fronteras externas. Santiago, Universidad Santiago de Chile (Pizarro 2002, p. 45).

27  Son reveladoras, al respecto, las palabras de Derek Walcott en "Las Antillas: fragmentos de una memoria épica" Discurso leído al recibir el Premio Nobel de Literatura en 1992.

28  Cf. Mignolo (2003, pp. 291-354).

29 Al respecto véase "Calibanismo: modulaciones de la voz del monstruo", cap. VI en Canibalia. Canibalismo, calibanismo, antropofagia cultural y consumo en América Latina. Madrid, Iberoamericana Vervuert, 2008, pp. 461-537.

30 Cf. Ana Pizarro, El archipiélago de fronteras externas, 2002, pp. 50-53.

31 El destacado es nuestro.

32 Cf. E. Glissant, op. cit, p. 17.

33 Cf. E. Glissant, op. cit., p. 17. El destacado es nuestro.

34 Concretamente se hace referencia al efecto germinal que es posible leer en el Discurso de Glissant respecto del "Elogio de la creolidad" de Confiant, Bernabé y Chamoiseau.

35 Obsérvese que en el Discurso, Glissant se detiene a interrogar cuáles son los alcances del hecho de "concederle la libertad a los negros buenos" al analizar ese tópico en la declaración de Luis Housson. Sobre Víctor Schoelcher son valiosas, además, las notas trazadas por Cyril Robert Lionel James en Los jacobinos negros. Toussaint L'Ouverture y la Revolución de Haití (2003, p. 364).

 

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Artículo recibido el 12 de Enero de 2010. Aceptado por el Comité Editorial el 23 de julio de 2010.

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