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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum v.25 n.2 Talca  2010

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762010000200013 

Revista Universum Nº25 Vol.2, II Sem. 2010, pp. 195-213

 

ARTICULOS

LA PERSPECTIVA BRASILEÑA DEL DESARROLLO Y DE LA INTEGRACIÓN LATINOAMERICANA Y REGIONAL (1945-1964): INTELECTUALES, POLÍTICOS Y DIPLOMACIA

 

Claudia Wasserman (*)
(*) Doctora en Historia. Profesora Asociada de la Universidad Federal de Río Grande del Sur, en el Pos-Grado en Historia Social y Programa de Pos-Grado en Relaciones Internacionales. Investigador del CNPq. Brasil.
Correo electrónico: claudia.wasserman@ufrgs.br


RESUMEN

El desarrollo y la integración fueron temáticas presentes en la historia de intelectuales, políticos y creadores o técnicos de la política externa brasileña. En el período entre 1945 y 1964, esos temas fueron particularmente importantes. El objetivo de este artículo es traer al público algunas de esas propuestas, permitiendo descubrir los matices de los significados y contenidos asumidos por esos temas en el contexto general del llamado período populista, pero también revelando las diversas ideologías acerca del desarrollo y de la integración en los diferentes gobiernos, intelectuales y diplomáticos.

Palabras clave: Desarrollo - integración - política externa brasileña - intelectuales.


ABSTRACT

Development and integration were issues presents in the worries of intellectuals, politicians and diplomats. In the period between 1945 and 1964, those themes were particularly important. The aim of the article is bring to public some of these proposals, enabling to find the nuances of the meanings and contents embedded by those subjects in the populist period, but also revealing the ideologies about development and integration in the different governments, intellectuals groups and diplomatic personal.

Keywords: Development - integration - brazilian foreign policy - intellectuals.


 

I. INTRODUCCIÓN

A lo largo de toda la historia contemporánea brasileña, políticos, intelectuales y los creadores, técnicos de la política externa estuvieron preocupados con el tema del desarrollo. Una verdadera obsesión nacional, el desarrollo fue pensado con la finalidad de reducir el atraso, las desigualdades y la dependencia y como forma de atingir los niveles de desarrollo de los países centrales del capitalismo. La integración regional también fue un tema central en los discursos, pero estaba siempre asociada a la cuestión del desarrollo y como una de las condiciones para igualarse a los países del llamado Primer Mundo.

El desarrollo y la integración adoptaron, a lo largo de la historia y en diferentes contextos, significados y contenidos diversos, a veces cambiantes y, otras veces, acumulativos. El periodo de fines de la Segunda Guerra Mundial hasta el Golpe Civil y Militar de 1964 representó el ápice del nacionalismo brasileño, cuando las ideas relacionadas al desarrollo y al integración continental se creían no solamente posibles, sino también, urgentes.

La posibilidad era facilitada por la existencia de una coyuntura externa favorable, relacionada con la política de "Buen Vecino" de los Estados Unidos en el periodo de la Guerra Mundial, lo que ha resultado en un relativo ablandamiento de las históricas relaciones de dependencia; por la existencia de gobiernos nacionalistas, con políticas específicas dirigidas para el desarrollo y la aproximación con los países del continente; y por la generación de excedentes suficientes para completar los procesos de industrialización sustitutiva, iniciados tempranamente en el siglo anterior.

La urgencia estaba relacionada con la inestabilidad del contexto, marcado por la bipolarización del mundo y la presión por la "alineación automática"; por la existencia de poderosos movimientos sociales que presionaban en el sentido de la ampliación del Estado de bienestar social; y por la conciencia de que la industrialización era incompleta y que la complementariedad, que podría venir con la integración, lograría suplir las carencias productivas.

El objetivo de ese texto es discutir la perspectiva de Brasil acerca de esos dos temas, el desarrollo y la integración, a partir del examen de los intelectuales, políticos y los creadores o técnicos de la política externa brasileña, en el período entre 1945 y 1964, permitiendo descubrir los matices de los significados y contenidos asumidos por esos temas en el contexto general del llamado período populista, pero también revelando las diversas ideologías acerca del desarrollo y de la integración en los diferentes gobiernos, intelectuales y diplomáticos.

Aunque los tres aspectos (intelectuales, políticos y técnicos) se mezclen unos con otros, los ambientes en los cuales actuaban eran distintos y, por lo tanto, daban a los diferentes actores del proceso más o menos autoridad al enunciar sus propuestas. Así como los efectos de sus discursos en la lucha política y en la definición del contexto internacional serán diversos también.

A lo largo de todo ese periodo, que se extendió desde el gobierno de Eurico Gaspar Dutra hasta el Golpe Civil y Militar de 1964, surgieron discursos en torno del panamericanismo, del regionalismo y de la integración latinoamericana. Aunque semejantes en algunos aspectos, esas propuestas son bastante diferentes en lo que respecta al grado de independencia y autonomía propugnadas por cada una de ellas.

II. POLÍTICOS

El período que se extendió de 1945 hasta 1964 puede ser considerado como la era del populismo en Brasil. El país, gobernado por Eurico Gaspar Dutra, Getúlio Vargas, Juscelino Kubitscheck, Jânio Quadros y João Goulart, vivió una fase democrática marcada por la disputa entre dos proyectos de desarrollo económico. Por un lado, estaban los representantes de la llamada burguesía nacional-desarrollista, que apostaba al fortalecimiento de la economía por intermedio de la nacionalización de puntos estratégicos de las actividades productivas (como energía, siderurgia y comunicaciones) y del control de la remesa de lucros para el exterior por parte de las empresas extranjeras instaladas en territorio nacional. De otro lado, estaban sectores burgueses que consideraban el capital extranjero como recurso fundamental para la promoción del desarrollo. Esas teorías acerca del desarrollo económico brasileño dictaban las principales tendencias de los gobiernos del período y tenían influencia en la definición de la política externa, en las relaciones del país con las potencias mundiales del capitalismo y con los países vecinos.

El gobierno de Eurico Gaspar Dutra (1946-1951) fue marcado por el alineamiento con los Estados Unidos en el campo de la política externa. La redemocratización de inmediato a la posguerra respondió al reclamo popular, resultado de la victoria de los Aliados y del fin del Estado Novo (dictadura de Getúlio Vargas), pero no correspondía a la ideología del primer mandatario, que era abiertamente conservador. La luna-de-miel "democrática" perduró poco tiempo. En 1947, Dutra puso al Partido Comunista en la ilegalidad, ordenó la casación de los diputados constituyentes electos en 1946 y rompió relaciones diplomáticas con la URSS. En el plano económico, el gobierno de Dutra profundizó las relaciones de dependencia con los Estados Unidos, consintiendo el ingreso de capital extranjero en actividades productivas nacionales y una extraordinaria evasión de divisas, quinientos millones de dólares entre 1946 y 1952.

En 1947 fue organizada una Comisión "Brasil", personificada por el norteamericano John Abbinck y por el brasileño Otávio Gouveia de Bulhões, con el objetivo de preparar un programa de desarrollo para Brasil. La Comisión Abbink-Bulhões fue instalada a partir de la firma, en Petrópolis, del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), revelando el sentido del binomio "desarrollo y seguridad", que representaba el axioma ideológico del gobierno. Una de las recomendaciones del informe "Abbink" era del incremento del libre comercio. El objetivo de Washington era la abolición de las barreras aduaneras y de cualquier tipo de restricción al flujo comercial y financiero entre los países.

El gobierno de Getúlio Vargas (1951-1954) se caracterizó por la instalación definitiva de la polémica entre nacionalistas, de un lado, y entreguistas, de otro. La campaña por la autonomía brasileña en el campo del petróleo, entre 1947 y 1953, definió las diferencias entre los dos proyectos de desarrollo. El país se dividió entre los que pensaban que el petróleo debería ser explotado exclusivamente por una empresa estatal brasileña y los que defendían que la prospección, refinería y distribución deberían ser actividades de empresas privadas, extranjeras o brasileñas. En diciembre de 1951, Getúlio Vargas envió al Congreso el proyecto 1516 que prevee la creación de una empresa mixta, con control mayoritario de la Unión. Este proyecto tuvo un sustituto que defendía un rígido monopolio estatal, excluyendo cualquier participación privada. Dentro del país los debates se encendieron.

El Partido Comunista Brasileño, en la ilegalidad, lideró una serie de manifestaciones, juntamente con los estudiantes de la UNE, en apoyo al monopolio estatal, mientras que la gran prensa ("O Estado de São Paulo", Diário de Notícias, "O Globo", etc.) defendían la posición de los intereses privados. Gran parte de la oficialidad mostró simpatía a la estatización del petróleo, aunque no estuviesen de acuerdo con el activismo de los comunistas y su adhesión a las tesis nacionalistas. Finalmente, después de una batalla parlamentaria de 23 meses, el Senado aprobó la creación de la Petrobrás, sancionada por Vargas -ley 2004- el 3 de octubre de 1953.

Más allá de la cuestión del petróleo, Vargas denunciará vehementemente, en diciembre de 1951, la política de remesa de lucros de las grandes corporaciones extranjeras que enviaron al exterior; en la época del Gobierno Dutra (1946-51), más de 950 millones de cruzeiros de lo permitido en ley. Para fiscalizar la política de transacciones en moneda extranjera, la remesa de lucros al exterior e investigar el comercio exterior, Vargas, perfeccionó la Supervisión de la Moneda y del Crédito (SUMOC) e implantó la Comisión Consultiva de Intercambio Comercial con el Exterior y la Comisión de Revisión de las Tarifas de Aduanas, inaugurando definitivamente una nueva fase en las relaciones comerciales del país.

Su gobierno se caracterizó por iniciar una nueva orientación de política externa, que respondía a los objetivos nacionales, sobretodo ligado al desarrollo económico, que debería ser implementado a partir del incremento de la política de sustitución de importaciones. Por tanto, fueron identificados los puntos de estrangulamiento de la economía brasileña y se definió la necesidad de ampliar el sector de bienes de capital.

"Construir y modernizar puertos, carreteras y ferrocarriles, además de incrementar la producción de fierro, acero y energía eléctrica", bien como prospección de petróleo y energía atómica eran parte del plan varguista para incrementar la economía (Vizentini, 1995, p. 58). En ese sentido, la política externa debería atender a los principios del nacionalismo. Intentaba, por ejemplo, establecer transacciones comerciales y financieras con los Estados Unidos que pudiesen favorecer sus objetivos internos que eran ligados al desarrollo industrial.

Así mismo, Vargas fue criticado por la firma, en marzo de 1952, de un acuerdo militar con los Estados Unidos, en el cual Brasil recibiría equipos militares y servicios, y se comprometía a entregar materiales básicos y estratégicos (uranio y arena monazítica) a los norteamericanos. Otra vez, Vargas se aisló todavía más. Para los nacionalistas, él no debería haberse aproximado militarmente de los Estados Unidos; para los defensores del capital privado, él no debería haber criticado la política de remesas de lucros. El pragmatismo diplomático de Vargas fue, por lo tanto, un primer ensayo a la desobediencia al alineamiento automático, aunque no pudiese todavía entenderlo como una política externa independiente.

Los gobiernos de Café Filho (1954) y de Juscelino Kubitscheck (1956-1961) son considerados como un retroceso en la política nacionalista y en la relativa autonomía en relación a los Estados Unidos. Después del suicidio de Vargas, el país fue gobernado por el vicepresidente João Fernandes Café Filho que nombró a Raul Fernandes para el Ministerio de las Relaciones Exteriores (exministro en el gobierno Dutra) y Eugênio Gudin para las Finanzas, ambos francamente favorables a una reaproximación con los Estados Unidos y con organismos internacionales de crédito. El nuevo gobierno apoyaba la codicia de empresarios extranjeros en torno de Petrobrás y de otras empresas brasileñas. Al mismo tiempo, a principios de 1955, Café Filho anuló la instrucción 70 de la SUMOC, introducida por Vargas y que limitaba la fuga de capitales extranjeros del país, y la sustituyó por la instrucción 113. Por fin, las tentativas de aproximación con algunos países de América Latina, iniciadas tímida y secretamente en el final del gobierno Vargas1, fueron suprimidas y la dimensión regional fue prontamente sustituida por un discurso panamericanista, que fue profundizado durante el gobierno Kubitscheck.

En los dos primeros años del gobierno de Juscelino Kubitscheck, la política externa estaba anclada en la alineación automática con los Estados Unidos y en la atracción de inversiones extranjeras, lo que resultó en la instalación de la industria automovilística en Brasil. El panamericanismo de Kubitscheck se expresó solamente a partir de 1958, con el rescate de los contenidos nacionalistas y del pragmatismo diplomático experimentados por Vargas, en su último gobierno. La Operación Panamericana (OPA), inaugurada en 20 de junio de 1958, por el presidente Kubitscheck, fue una iniciativa de la diplomacia del gobierno brasileño, con el objetivo de perfeccionar las relaciones entre los países de América Latina y los Estados Unidos.

El contexto de los "países latinoamericanos, asolados por problemas económicos crónicos que se agravarán con el final de la guerra, continuaban alimentando esperanzas que los Estados Unidos asumiesen algún tipo de compromiso que implicase recursos destinados a amenizar sus males y acelerar su desarrollo económico" (FGV-CPDOC, 2009). Kubitscheck quería posicionar Brasil como el país que buscaba la responsabilidad de organizar esas acciones en favor del desarrollo.

La principal iniciativa diplomática del gobierno Kubitschek, fue la OPA, quien tenía la propuesta de que los Estados Unidos, por inversiones en los países latinoamericanos, asumiesen el compromiso con la erradicación del subdesarrollo. Se partía de la idea de que la miseria y la desigualdad, a los cuales los países de América Latina estaban sometidos, contribuirían al clima de inestabilidad política y dejarían esos países permeables a la influencia soviética. En el texto de la Operación Panamericana, Kubitscheck resaltaba que: "Sanear esas zonas, les restituiría el vigor, tornarlas más prósperas, equivale a usar medidas preventivas y estratégicas de gran sabiduría, alcance y seguridad" ((Juscelino Kubitscheck, 1958).

La iniciativa produjo resultados en el ámbito de la Organización de los Estados Americanos (OEA), a partir de la constitución de un Comité de veintiún países latinoamericanos, encargados de estudiar los puntos de asfixia de las economías y formular propuestas de saneamiento a través de la cooperación interamericana. Fue, sin embargo, conforme a José Luis Werneck da Silva, "una ilusión de JK". Segun él, la "estrategia de los Estados Unidos no admitía la superación del subdesarrollo brasileño, pero sí, la situación de un capitalismo industrial asociado, incluso con base en la ideología de seguridad nacional contra la izquierda" (1990 p. 30).

Lo que explica el cambio de postura del propio gobierno Kubitscheck en lo que se refiere a la política externa hasta la creación de la Operación Pan-Americana, era la situación interna del país, tanto del punto de vista económico, como político-social, y la explosiva situación latinoamericana. La crisis económica que se abatió después de dos años de gobierno fue consecuencia de la desaceleración del desarrollo industrial, de los gastos excesivos con la nueva capital, los préstamos externos, el descenso en las exportaciones y la fuga de capitales. En 1958, la situación del país era de una inflación acelerada, desempleo y merma del poder adquisitivo de la población. Políticamente, los movimientos sociales se organizaban como nunca: trabajadores urbanos y rurales, funcionarios públicos y organizaciones civiles reclamaban sus derechos, revelando la inestabilidad social del país.

Otros países de América Latina, además de Brasil, exhibían los males del subdesarrollo y de la desigualdad social. Bolivia y Guatemala habían sido sacudidas por protestas que resultaron en revoluciones sociales, lideradas por clases medias nacionalistas, secundadas por comunistas y socialistas, entre 1952 y 1954. Los cubanos, liderados por Fidel Castro, intentaron derribar la dictadura oligárquica de Fulgêncio Batista, en el ataque al cuartel de Moncada en 1956, pero fracasaron. En 1959, no se hallarían apenas victoriosos, pero también pasarían a influenciar toda la América Latina y amenazar el poder de los Estados Unidos en todo el sub-continente.

En el plano internacional, los Estados Unidos enfrentaba una crisis económica y estaban involucrados en la Guerra de Corea, mientras tanto la Unión Soviética presentaba las primeras señales positivas de la planificación económica y revisaba sus presupuestos políticos, reconociendo las atrocidades de Stalin. En esa situación, se vislumbraba la posibilidad de una alteración del equilibrio internacional, con ligera superioridad del comunismo. Seducido por los beneficios que podrían surgir de la apertura económica a los países del este, Kubitscheck defendió el restablecimiento de las relaciones comerciales con la Unión Soviética y la aproximación bilateral con países como Rumania, Yugoslavia y República Democrática Alemana.

El cambio de postura del gobierno Kubitscheck, de una posición conservadora, aliada incondicional de los Estados Unidos, por una actitud de regateo y de mayor autonomía ocurrida por todo ese contexto interno y externo. El Panamericanismo resultaba de la desconfianza del desempeño norteamericano en retribución a la sumisión de algunos países de América Latina. Kubitscheck pretendió aparecer con el liderazgo latinoamericano en las relaciones con Washington, señalando la posibilidad de alteración de esa subordinación a través de la unión de las fuerzas subcontinentales, pero siempre dentro de una posición conservadora y anticomunista.

El gobierno de Jânio Quadros (1961, enero a agosto) profundizó los preceptos de la política externa brasileña, implementadas desde el último mandato de Getúlio Vargas y los dos últimos años de la presidencia de Juscelino Kubitscheck: una posición de relativa autonomía en relación a la disputa internacional entre las potencias capitalistas y socialistas. Ocurrió durante su gobierno la formulación de la Política Externa Independiente (PEI), como un

conjunto de principios articulados, extrapolaba el ámbito regional y abría perspectivas mundiales, ultrapasaba las vacilaciones de los gobiernos anteriores y daba a la política externa un perfil y un lugar de destaque en la vida nacional (Vizentini, 1995, p.177).

El contexto internacional contribuyó para la elaboración de una propuesta más autónoma, sobre todo por la realización de la Conferencia de Bandung (1955)2 y por la formación de un movimiento de países No-Alineados, cuya primera reunión ocurrió en Yugoslavia, en 1961. También era la época de la independencia de decenas de países africanos y de la opción de los cubanos por el bloque socialista.

La PEI era igualmente fruto de un contexto interno nacionalista, que cuestionaba la alineación automática con los Estados Unidos, porque económicamente Brasil sufría cada vez más la presión de una industrialización incompleta, de las dificultades de sustentar el crecimiento económico, por la ausencia de una industria de bienes de capital y por la falta de infraestructura (energía y transportes) necesaria al desarrollo. Para hacer frente a las carencias específicas de la economía brasileña, el gobierno reflexionaba sobre la necesidad de diversificar socios, ampliar el mercado de los productos primarios y de los manufacturados brasileños en la dirección de los países africanos, asiáticos y socialistas.

La PEI, formulada por el Ministro de las Relaciones Exteriores del gobierno de Jânio Quadros, Afonso Arinos de Melo Franco (enero a agosto de 1961), imprimió un giro en la conducción de la política externa brasileña, porque, a partir de entonces, Brasil definió el conflicto entre países desarrollados y países subdesarrollados como fundamento de su política internacional, abandonando relativamente la Guerra Fría como línea definitoria de sus relaciones externas. O sea, un pensamiento que venía siendo delineado desde el gobierno de Vargas, con leve retroceso en Café Filho y en el principio del gobierno Kubitscheck, alcanzó su máxima expresión con Jânio Quadros y João Goulart: la obsesión por el desarrollo económico y la ampliación de los recursos económicos y sociales definirán la política externa del país. En el contexto de esas definiciones, el muy efímero gobierno de Jânio Quadros fue pródigo en demostraciones independientes: inicio de los entendimientos para la renovación de relaciones diplomáticas con la Unión Soviética, visita del vicepresidente a la República Popular de China, y la condecoración del Che Guevara.

Una de las importantes medidas del gobierno de Jânio Quadros, en lo que se refiere a la política externa brasileña, fue la firma del Tratado de Uruguaiana, en abril de 1961. El acuerdo, firmado entre Argentina y Brasil trataba de cooperación cultural, asuntos económicos y políticos que interesaban a los dos países. En la ocasión fue firmado un Convenio de Amistad y Consulta que reafirmaba la posición de regateo frente a los Estados Unidos, y apuntaba a una tendencia, definida tiempo después con la profundización de las relaciones regionales.

El gobierno de João Goulart (1961-1964) profundizó sustancialmente las perspectivas independientes, en vista de sus convicciones políticas más próximas de los sectores burgueses nacionalistas que de aquellos que emanaban de los defensores del capital externo como propulsores del desarrollo brasileño. Del punto de vista pragmático, el país se posicionó preparando la primera reunión de la Conferencia de las Naciones Unidas para el Comercio y para el Desarrollo (UNCTAD - United Nations Conference on Trade and Development), en el sentido de minimizar los efectos del deterioro de los términos de intercambio en el mercado internacional sobre el nivel de desarrollo de los países periféricos. Al mismo tiempo, resistió a la presión de los Estados Unidos en diversas reuniones de OEA, orientadas a la expulsión de Cuba. En ocasión de la VIII Reunión, en Punta del Este, en enero de 1962, Brasil, Argentina, Bolivia, Chile, Ecuador y México no concordaron con la exclusión de Cuba del sistema interamericano y fueron en contra de la aplicación del bloqueo económico a la isla. Mientras tanto, algún tiempo después, en el episodio conocido como Crisis de los Misiles, Brasil votó en favor del bloqueo naval norteamericano a Cuba, aunque fuera contra una intervención militar.

El deterioro de las relaciones entre Brasil y Estados Unidos a lo largo del gobierno de Goulart fue resultado de las medidas adoptadas en el plan interno, que parecían una afrenta a la seguridad de todo el Occidente. Era un gobierno que surgía percibido como izquierdista, pero que para mantenerse en el poder, necesitaba, a cada medida, afirmar su distancia en relación al comunismo internacional. La renovación de las relaciones comerciales y diplomáticas con Unión Soviética fue inmensamente dificultada por la sospecha que recaía sobre el gobierno. La desconfianza con relación al gobierno brasileño aumentó considerablemente cuando, en el inicio de 1962, varios gobiernos estaduales, entre los cuales el de Río Grande do Sul, de Guanabara y de Pernambuco, estatizaron las empresas extranjeras de transportes, energía y comunicaciones. Aunque el gobierno de Goulart afirme que la estrategia de estatización de empresas extranjeras no fuera un proyecto del gobierno central, pero sí medidas aisladas de gobernadores estaduales, y que haya realizado una visita de cortesía a los Estados Unidos, eso no fue suficiente para ablandar las dudas en relación al apoyo de Brasil al bloque capitalista.

Para evitar mayor desconfianza externa, todo el discurso del gobierno de João Goulart sobre política internacional fue direccionado para el tema del desarrollo económico y de las reformas necesarias al crecimiento y la mejor utilización de los recursos. Los temas políticos más dificultosos, tal como la actitud de neutralidad y equidistancia de las potencias o la defensa de no-intervención, fueron siendo abandonados en favor de una posición más pragmática y conciliadora.

América Latina recibió tratamiento especial en el contexto de la PEI, sobre todo en el gobierno de João Goulart. Los antecedentes habían sido el intento de incrementar el pacto ABC, hecho por Vargas, la firma del Pacto de Montevideo, que constituyó la ALALC, en 1960, y el Pacto de Uruguaiana, durante el gobierno de Jânio Quadros. Para Goulart, la unión de los países latinoamericanos estaba relacionada a la superación del subdesarrollo. En el Mensaje enviado al Congreso Nacional en 1963, João Goulart resaltaba la importancia del entorno regional:

la acción conjunta de los países latinoamericanos no debe restringirse al campo del comercio entre los países del continente, pero inscribirse en un contexto general: mercados más amplios; condiciones más favorables para los países subdesarrollados; y la integración económica de América Latina con vistas al desarrollo (Mensaje de João Goulart al Congreso, 1963, p. 156).

La mayor aproximación de Brasil con los países latinoamericanos fue realizada a través del cumplimiento de los protocolos de ALALC, de la posición brasileña en las reuniones de OEA, del incremento de las relaciones bilaterales con países como Uruguay, Chile, México y Argentina, y de los viajes del presidente Goulart a los países de América Latina.

El Golpe Civil y Militar de 1964, direccionado en contra las fuerzas nacionalistas y populares personificadas por João Goulart, representó la etapa terminal de la experiencia populista brasileña. Los gobiernos que entre 1945 y 1964 tuvieron, en mayor o menor medida, una preocupación con la conciliación entre el capital y el trabajo, manteniendo las fuerzas populares sobre control, fueron destituidos, en gran medida, debido al proceso de latino-americanización de la Guerra Fría, que colocaba bajo sospecha ideológica todo y cualquier gobernante que se aproximase de los movimientos populares.

Entre 1945 y 1964, la política externa brasileña salió paulatinamente de una posición de alineación automática con los Estados Unidos por una posición de mayor autonomía en el ámbito internacional, donde la situación de regateo estuvo presente con mayor o menor intensidad a lo largo de todo el período. Eso ocurrió en razón, por un lado, del contexto internacional de la Guerra Fría, del aumento de las reivindicaciones populares en todo el mundo, de la crisis del capitalismo y los sucesos económicos del mundo socialista, y, por otro lado, por las condiciones internas del capitalismo brasileño que pasaba por el proceso de industrialización sustitutiva, donde una parte de la burguesía brasileña vislumbró la posibilidad de un desarrollo autónomo del capitalismo, mientras tanto, otra parte de la burguesía pretendía prosperar a partir de los impulsos de inversiones extranjeras.

Los gobiernos que se sucedieron entre 1945 y 1964 tuvieron una política externa marcada, por lo tanto, el tema del desarrollo económico y en la mayor o menor adhesión del país al mundo occidental y su seguridad al frente del comunismo.

III. INTELECTUALES E INSTITUCIONES

Entre los años 1950 y 1970, los intelectuales brasileños se preocuparon por el tema del desarrollo del país y todos los asuntos que estuviesen relacionados a ese proceso. Mientras tanto en las décadas de 1920 y 1940, el mundo intelectual brasileño estaba concentrado en los estudios sobre la formación, orígenes y composición de la sociedad nacional, y analizaba temas como ocupación económica del territorio, el sentido de colonización, la abolición de la esclavitud, cuestiones raciales, éxodos, migración, estudios sobre las razas formadoras, etc., en las décadas subsiguientes, entre 1950 y 1970, las ciencias sociales y los intelectuales se preocuparon por el proceso de industrialización del país, con el desarrollo económico y con la falta de desarrollo, realizando pesquisas e investigaciones sobre movimientos sociales en las ciudades y en el campo: estructura agraria, infraestructura urbano-industrial, demografía, integración regional, forma de explotación de los recursos nacionales, etc.

Fueron creadas instituciones de seguimiento, especialmente destinadas a entender el atraso brasileño y elaborar sugerencias y propuestas para superarlo, considerando todos los obstáculos que se situaban entre Brasil y las potencias mundiales del capitalismo. Organizaciones como la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), el Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB), partidos como el Partido Comunista Brasileño (PCB) e intelectuales como Celso Furtado, Nelson Werneck Sodré, Hélio Jaguaribe, Florestan Fernandes, José Honório Rodrigues, Caio Prado, Ruy Mauro Marini, Theotonio dos Santos fueron responsables por la discusión de nuestra condición periférica, subdesarrollada y atrasada, y por la elaboración de propuestas para superar esa situación.

El nacionalismo fue el tono predominante de esas instituciones y de los intelectuales que de ellas participaban, pero el tema de la integración latinoamericana apareció como una de las condiciones para combatir los males que frenaban el desarrollo.

La creación de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), en 1948, reunió intelectuales de todos los países de la región que defendían esas ideas de autonomía económica. El economista Celso Furtado, miembro de la CEPAL, defendía la intervención política y el planeamiento estatal como instrumentos propuestos para remover los obstáculos al desarrollo.

Para los cepalinos -como Raul Prebisch, Celso Furtado, Aníbal Pinto, Oswaldo Sunkel, entre otros- la dependencia y la miseria eran resultados de la situación periférica, frutos del "modelo de crecimiento para fuera". Propugnaban una nueva etapa en el desarrollo latinoamericano, de "desarrollo para dentro", donde el centro dinámico de la economía se sitúa "dentro de la Nación". Eso, según los estudiosos de la CEPAL, solo sería posible por la planificación de la economía y,

la interiorización de los centros de decisión, o sea, sustituyendo la variable exógena demanda externa por la variable endógena inversión como motor de la economía, equivale a desplazar para el interior de la Nación los centros de decisión (Cardoso de Mello, 1986. p. 21).

En la lucha por la industrialización nacional, los cepalinos creían que una "política bien orientada" podría remover los "obstáculos estructurales" como, por ejemplo, la "fragilidad de la demanda", el"desempleo estructural" y la "escasa capacidad de ahorro". Los cepalinos participaban activamente de las políticas económicas gubernamentales y creían en la posibilidad de remoción de esos obstáculos a través de "reformas estructurales".

Desde 1952, empezó a actuar una entidad que reunía intelectuales para discutir los obstáculos al desarrollo brasileño, el Instituto Brasileño de Economía, Sociología y Política (IBESP). En julio de 1955, IBESP fue sustituido por el Instituto Superior de Estudios Brasileños (ISEB), órgano subordinado al Ministerio de Educación y Cultura y fundado a partir de un decreto del presidente Café Filho. El Instituto reunía intelectuales con perspectivas políticas e ideológicas diferentes, pero que convergían en la necesidad de formular un proyecto para el futuro de la sociedad brasileña. El nacional-desarrollismo fue concebido como práctica capaz de llevar a Brasil a superar el atraso y la dependencia. Nombres como Cândido Mendes, Nelson Werneck Sodré, Álvaro Vieira Pinto, Alberto Guerreiro Ramos e Hélio Jaguaribe formaban parte del Instituto que no tardó en pronunciarse sobre la política económica desarrollista de Juscelino Kubitcheck.

El principal debate en torno de la gestión Kubitcheck fue relacionado al papel del capital extranjero en el desarrollo económico de Brasil. Las discusiones ocurrían en los cursos de ISEB, a partir de sus publicaciones, en los Centros de Cultura Popular, de la Unión Nacional de los Estudiantes (UNE), y en revistas como Brasiliense, Anhembi, Senhor y Estudios Sociales. En esas publicaciones eran frecuentes las posiciones de intelectuales como Elias Chaves Neto, Otávio Brandión, Everardo Dias, Teothônio dos Santos, Caio Prado Jr., Fernando Henrique Cardoso, Maria Isaura Pereira de Queiroz, Florestan Fernandes, Sérgio Milliet, Paulo Francis, Otto Lara Resende, Astrogildo Pereira, Jacob Gorender, Mário Alves, y otros, algunos ligados a universidades, otros identificados con partidos políticos de izquierda como PCB y más algunos escritores y periodistas independientes.

La polémica establecida en el interior de ISEB entre Hélio Jaguaribe, de un lado, y Vieira Pinto, de otro, en torno del carácter del nacionalismo ejemplifica las divergencias en el campo intelectual sobre dos proyectos para el desarrollo brasileño. Un gran desafío intelectual de la época era justamente esclarecer en qué consistía el adjetivo nacional que acompañaba el sustantivo desarrollo. La confrontación se establecía entre aquellos que defendían la opción de apertura al capital internacional y los que exhortaban la defensa de las riquezas y de la economía del país contra la voracidad imperialista. La carta testamento de Getúlio, de 1954, donde denunciaba la acción de empresas extranjeras en el agravamiento de la crisis del país, volvió el debate más apasionado. Hélio Jaguaribe, por ejemplo, defendía lo que él mismo llamó el "nacionalismo de fines", que consistía en aceptar la presencia del capital y de empresas extranjeras, siendo esa la forma más eficaz de explotar los recursos y llevasen a la mayor finalidad para el desarrollo del país. Vieira Pinto, por su parte, defendía que los recursos para el desarrollo también fuesen nacionales, llamado de "nacionalismo de medios". Argumentaba que al defender la presencia del capital extranjero como algo útil al desarrollo de Brasil, el gobierno de Juscelino acabó por tornarlo perjudicial a la economía brasileña, con la posible desnacionalización de la economía y la sumisión al imperialismo.

Los efectos económicos de la política desarrollista de Juscelino Kubitcheck no demorarán en decepcionar a la intelectualidad brasileña que había inicialmente defendido el Plan de Metas. La inflación de 25% en 1958, el desequilibrio constante en la balanza de pagos y la presión de FMI por una política de aprieto para abonar nuevos préstamos, tanto como el costo de la nueva capital, llevaron a la intelectualidad a un nuevo padrón de actuación. La articulación política seguía siendo el tono de los intelectuales brasileños que, después de las promesas no cumplidas por Juscelino Kubitcheck y del descontrol del gobierno Jânio Quadros, se aproximaron al movimiento sindical, de los estudiantes y de los movimientos populares, surgidos a partir de 1961. Junto con el crecimiento y la industrialización, también ocurrió una mayor diferenciación de la estructura social. Surgieron debates sobre las clases sociales y sus comportamientos. Las expectativas de los intelectuales brasileños con respecto a los posibles comportamientos de las clases populares tuvieron gran impacto en los estudios académicos y debates políticos. En esa misma línea, la Revolución Cubana ejerció una gran fascinación en la intelectualidad brasileña que evaluaba acerca de la capacidad de transformación social de nuestra realidad.

Después del Golpe de 1964 todas las perspectivas de autonomía fueron sepultadas en los escombros del autoritarismo y de una deuda externa que era de U$ 2,5 billones antes de 1964, que en el gobierno de Médici pasó para U$ 13,8 billones y para U$ 52, 8 billones durante el gobierno Geisel. Hubo una revisión en las interpretaciones acerca del nacionalismo y del desarrollismo. Intelectualmente se consagrarán dos perspectivas diferentes acerca de la nueva situación brasileña. La primera estaba ligada a los intelectuales liberales, entre los cuales el sociólogo Fernando Henrique Cardoso que escribió, junto con el chileno Enzo Falleto, el libro Dependencia y Desarrollo en América Latina, en 1969.

El libro enfatizaba tanto la dependencia como la situación en la cual se encontraban los países latinoamericanos. Describía las historias particulares y las estructuras de clases como criterios para entender los niveles de dependencia a los cuales estaban sometidos los países de América Latina. Según los autores, algunos países podrían atingir el grado de desarrollo económico de los países centrales, en función del nivel de autonomía de sus élites, o mejor, debido al "control nacional del aparato productivo". Aunque tengan descartado la posibilidad de desarrollo autónomo del capitalismo (como querían los cepalinos), Cardoso y Falletto entendían el sistema capitalista como formado por países centrales y periféricos, donde algunos de esos últimos podrían saltar de un grado a otro. El estudio fue responsable de la creación de una escuela de pensamiento en América Latina, conocida como Teoría de la Dependencia.

Otros autores que revisarán las tesis nacional-desarrollistas fueron: Florestan Fernan-des, André Gunder Frank, Ruy Mauro Marini, Theotônio dos Santos, entre otros. Este grupo de intelectuales, conocidos como vertiente marxista de la Teoría de la Dependencia, pasó a descartar la posibilidad de desarrollo autónomo del capitalismo en regiones periféricas del sistema. Para esos autores, el subdesarrollo y la dependencia se encontraban más cerca de nuestra realidad, que el desarrollo y el nacionalismo, y pasaron a ocupar papel central en los análisis después de 1964.

Theotônio dos Santos, uno de los economistas representativos de esa nueva perspectiva, señaló que la Teoría de la Dependencia constituye un complemento de la teoría del imperialismo en lo que se refiere al funcionamiento del sistema capitalista en los países subdesarrollados. Frank y Marini fueron responsables de las tentativas de entender la inserción de América Latina en la economía internacional, subrayar las especificidades de la condición de subdesarrollo y enfatizar la condición dependiente como una característica interna de las sociedades latinoamericanas.

Concretamente los teóricos del nuevo marxismo criticaban las teorías que defendían el progreso por etapas, en boga en América Latina. Para ellos, la Cepal pensaba "por etapas" al considerar la posibilidad de desarrollo autónomo del capitalismo; Cardoso y Faletto pensaban "por etapas" porque consideraban la posibilidad de expansión y diversificación de las economías, mientras las clases medias y el Estado asumiesen sus funciones. Los teóricos de la modernización, como Gino Germani, por ejemplo, pensaban "por etapas" al considerar la posible transición de las sociedades tradicionales a las modernas. Y, finalmente, los marxistas vinculados a los partidos comunistas pensaban "por etapas" al considerar la necesidad del paso a la fase democrático-burguesa.

La vertiente marxista de la Teoría de la Dependencia, representada por André Gunder Frank, Ruy Mauro Marini, Theotônio dos Santos, Tomás Vasconi, Vânia Bambirra, entre otros, realizó un esfuerzo para desprenderse de la posición desarrollista, en función del fracaso de esas tesis en explicar y proponer alternativas políticas para la crisis latinoamericana.

En relación al concepto de dependencia, esos autores la consideraban como una condición, significa decir que la dependencia era una situación en la cual un cierto grupo de países tenían su economía condicionada por el desarrollo y expansión de otra economía. La condición no se caracterizaba apenas por la dependencia, pero también por el subdesarrollo, premisa fundamental de la tesis marxista:"La historia del subdesarrollo latinoamericano es la historia del desarrollo del sistema capitalista mundial" (Marini).

Vincular la temática de la dependencia a la teoría imperialista de Lênin fue un punto común a los autores marxistas de esa vertiente, ya que para ellos la superación de la dependencia se encontraba en la ruptura con el sistema capitalista en su totalidad. Ese debate se amplió para el abordaje de temas como la persistencia del atraso, la necesidad de preservación de nuestros recursos naturales, el problema energético, y la manutención de las desigualdades sociales. Aunque exhaustivamente diagnosticados y debatidos, esos temas y problemas delineados desde los años 1950 llegan a los días de hoy sin una solución razonable, tanto en el campo político como intelectual.

Entre fines de la Segunda Guerra Mundial y el Golpe Civil-Militar de 1964, los intelectuales brasileños estuvieron absorbidos por el problema del desarrollo, preocupados con los obstáculos que se ubicaron entre los países atrasados y los países centrales del capitalismo y estuvieron dispuestos a encontrar soluciones para esos males que afligían a Brasil y América Latina como un todo. Por eso, los discursos nacionalistas fueron tremendamente más vigorosos que los relativos a la integración. La protección a las actividades productivas nacionales en relación a los Estados Unidos y a las inversiones extranjeras en general eran prioridad de los gobiernos y de los intelectuales, ya que el comercio regional, con los países latino-americanos, debería atender a los intereses del nacional-desarrollismo. Por eso, la creación de ALALC, un tipo de embrión de las más recientes tentativas de integración regional, respondió igualmente al problema central de la época: el desarrollo económico.

Por eso es que se puede afirmar que aunque en el periodo en cuestión hayan existido debates en torno de regionalismo (tendencia a la aproximación regional con los países vecinos y de mayor coincidencia económica), panamericanismo (aproximación a los Estados Unidos) e integración (aproximación a toda América Latina, representando una postura contra Norteamérica), la tónica del período era el nacionaldesarrollismo que subordinaba incluso instituciones más bien relacionadas con integración a su ideología nacionalista.

IV. PRODUCTORES DE LA POLÍTICA EXTERNA

Los creadores de la política externa brasileña a lo largo del período estudiado son representados por los Ministros de Relaciones Exteriores del país. Eran hombres políticamente articulados, intelectuales destacados en sus actividades profesionales, que iban desde las lides jurídicas, al periodismo, economistas, profesores etc. Oscilaban entre la alineación automática a los designios de Washington y el rechazo a la dependencia. Los primeros, conservadores, influenciados por los presupuestos ideológicos de la Escuela Superior de Guerra (ESG, 1948), consideraban a Brasil como el mayor país de América del Sur y creían que, por su posición, el país debería ser un "aliado preferencial o privilegiado" de los Estados Unidos. Por eso, defendían un proyecto de desarrollo económico que estuviese asociado internacionalmente al norteamericano. Otros diplomáticos, Ministros de las Relaciones Exteriores, consideraban nefasta la interferencia de los Estados Unidos en la definición de la política externa brasileña. Eran partidarios de una cierta autonomía en los organismos internacionales o defenderán claramente una "política externa independiente". Consideraban que el proyecto de desarrollo del país debería, por lo mínimo, controlar la presencia del capital extranjero. Entre los ministros que se destacaron en ese período están Raul Fernandes, João Neves da Fontoura, Oswaldo Aranha y San Tiago Dantas, entre otros.

Raul Fernandes fue Ministro de las Relaciones Exteriores en el gobierno del general Eurico Gaspar Dutra, después de la salida de João Neves da Fontoura. Durante su gestión, Brasil cortó relaciones diplomáticas con URSS y no reconoció la República Popular de China, manteniendo la alineación con los Estados Unidos. La firma del Tratado Interamericano de Asistencia Recíproca (TIAR), implicaba un compromiso militar entre los estados latino-americanos signatarios y los Estados Unidos. Parecía tratarse de la institucionalización de la Doctrina Monroe. El panamericanismo se exacerbó a partir de la creación de la Organización de los Estados Americanos (OEA), en 1948, que determinaba que las disputas regionales deberían ser solucionadas en el ámbito interno y no por la ONU, lo que implicaba un cierto aislamiento internacional de la región. También, tanto la OEA, como el TIAR eran equipados por los Estados Unidos, representando una verdadera estructura material del poder norteamericano en la región. Una de las marcas de la gestión de Raul Fernandes fue una disputa entre él y Oswaldo Aranha, delegado brasileño en la ONU y presidente de la Asamblea General. Aranha defendió por ejemplo, el reconocimiento de la República Popular de China, por parte de Brasil, revelando su disposición en no seguir sin reflexión las decisiones de la política externa norteamericana. Aunque Aranha fuese un admirador de la cultura de los Estados Unidos, defendía la posibilidad de autonomía por parte de Brasil. El conservadurismo de Raul Fernandes fue retomado en 1954, cuando, después del suicidio de Vargas, fue nombrado nuevamente para el Itamarati por el presidente João Café Filho.

La designación de João Neves da Fontoura como Ministro de las Relaciones Exteriores durante el gobierno Getúlio Vargas, en 1951, representó un leve cambio en el conservadurismo hasta entonces presente en el plan internacional. Aunque defendiese la alineación con los Estados Unidos, João Neves también estaba identificado con el proyecto de desarrollo económico del gobierno de Vargas y ejecutó las orientaciones del pragmatismo diplomático y del regateo con los Estados Unidos. João Neves defendía la alineación del país a la política norteamericana, la defensa del mundo Occidental y el anticomunismo, apoyando inclusive el involucramiento de tropas brasileñas en la Guerra de Corea, aunque Brasil no las haya enviado, debido a una decisión del gobierno de Vargas de condicionar ese involucramiento en el conflicto al apoyo norteamericano a las necesidades de la economía brasileña. João Neves tuve que ratificar el apoyo a los Estados Unidos en el conflicto, pero impedir el envío de las tropas, en función de las dificultades en sustentarlas en el exterior. Del punto de vista del desarrollo, João Neves da Fontoura defendía la obtención de recursos externos, considerando los límites de la economía brasileña. Durante su gestión frente al Ministerio, hubo una preocupación en vincular la política externa y el desarrollo económico, por la ampliación de las misiones brasileñas en el exterior, mayor representatividad en las organizaciones internacionales y el establecimiento de agregados culturales en las embajadas brasileñas, con el objetivo de divulgar informaciones sobre el país.

Francisco Negrión de Lima, Ministro de las Relaciones Exteriores entre julio de 1958 y diciembre de 1959, recibió la misión de impulsar la Operación Pan-Americana y estimular el alargamiento de las relaciones comerciales de Brasil con países no-tradicionales, como países del mundo socialista, asiáticos, africanos y, sobre todo, latinoamericanos. Durante su gestión, Juscelino rompió con el Fondo Monetario Internacional (FMI), en junio de 1959, con el argumento de que la política ortodoxa de combate a la inflación preconizada por los acreedores era incompatible con el Plan de Metas, que suponía el desarrollo del país y el combate a la desigualdad. Un de los más combativos defensores de la medida, Horácio Lafer (PSD paulista), electo diputado federal por São Paulo en 1958, substituyó a Negrión de Lima a finales de 1959, en ese contexto interno y cuando, externamente, la Revolución Cubana profundizaba medidas contra los Estados Unidos.

En las reuniones de la OEA, Horácio Lafer trató de impedir la expulsión de Cuba de la entidad, aunque evitase el conflicto directo con la posición norteamericana. Durante la V reunión de la entidad, Brasil insistió en la idea de vincular la presencia de agentes subversivos al tema del subdesarrollo, resaltando la necesidad de contener la miseria y la desigualdad en los países latinoamericanos como forma de evitar la inestabilidad política. Ese fue el germen de la Alianza para el Progreso, propuesta un poco más tarde, en marzo de 1961, por el presidente de los Estados Unidos, John F Kennedy.

En el Ministerio, Horácio Lafer también presidió la firma del primer acuerdo comercial entre Brasil y Unión Soviética (diciembre de 1959) y fue responsable por una política de aproximación entre Brasil y los otros países de América Latina. Durante su gestión fue firmado el Tratado de Montevideo (febrero de 1960) que marcó la creación de la Asociación Latino-Americana de Libre Comercio (ALALC), que reunía Argentina, Brasil, Chile, México, Paraguay, Perú y Uruguay y pretendía crear una zona de libre comercio.

El período que se inicia con la gestión de Lafer fue marcado por la ascensión del nacionalismo y de una política externa regulada por el llamado "interés nacional", que incluía un programa destinado al desarrollo. En esa época, intelectuales, gobernantes y creadores de la política externa brasileña estuvieran influenciados por las teorías desarrollistas, según las cuales era imprescindible proteger las empresas nacionales, estableciendo un espacio autónomo en relación a los centros hegemónicos del capitalismo.

Afonso Arinos de Melo Franco fue responsable por el lanzamiento de las bases de lo que quedaría conocido como la Política Externa Independiente (PEI), así llamado por su sucesor, Francisco San Tiago Dantas. Cupo a Arinos modernizar el Itamarati para conferir la capacidad técnica y administrativa destinadas a atender las transformaciones propuestas por la PEI. La renovación de relaciones comerciales con países del Este Europeo y con la República Popular de China fue acelerada durante la gestión de Afonso Arinos y, como consecuencia, las exportaciones brasileñas para el Este europeo se dobló, para alcanzar más de seis por ciento del total. La perspectiva "neutralista" de Arinos fue confrontada por la realidad internacional y la presión ejercida por los Estados Unidos en defensa del posicionamiento de todos los países capitalistas, sobretodo los más dependientes. Del mismo modo, el posicionamiento brasileño contra la intervención militar de los Estados Unidos en Cuba, en el episodio conocido como la invasión de Playa Girón, fue difícil mantener el "regateo neutral" propuesto por la PEI.

San Tiago Dantas sucedió a Afonso Arinos en el Ministerio de las Relaciones Exteriores y fue un de los responsables por la implementación de la "Política Externa Independiente". Éste tenía por base los objetivos de: participación intensa en ALALC y UNCTAD, visando la defensa de los precios de los productos primarios y el crecimiento del comercio internacional; desarme y coexistencia competitiva, pero pacífica; y cooperación económica internacional para el desarrollo de los países subdesarrollados. La concepción básica era de que Brasil, respetadas las normas de procedimiento de comercio internacional, se resguardaba el derecho de negociar con todos los países, de acuerdo con sus propias conveniencias.

A lo largo del gobierno de João Goulart, el Ministerio de las Relaciones Exteriores cambió cinco veces de comando. Esta oscilación se explica por la persistente ambivalencia del gobierno brasileño, y también, por consecuencia, del propio Itamarati, en relación a los Estados Unidos. Si, por un lado, el gobierno Goulart era nacionalista radical y tenía tendencia a contrariar con frecuencia las posiciones norteamericanas, por otro lado, esa fustigación podría ser fatal para la continuidad del gobierno y para recibir los préstamos de los Estados Unidos, necesarios para la implementación de las reformas pretendidas.

Por eso, la PEI fue aplicada con cautela. En relación a la gestión San Tiago Dantas, distingue "la necesidad de, aunque todo, mantener relaciones económicas privilegiadas con los Estados Unidos en aquel momento" (Vizentini, 1995, p. 240).

La oposición relativa a la renovación de relaciones comerciales y diplomáticas con la Unión Soviética aumentó sensiblemente desde el período anterior, bien como las presiones de los Estados Unidos por expulsar a Cuba de la OEA. Siendo difícil mantener la neutralidad ante los graves acontecimientos externos y de la crisis económica y de legitimidad política interna, Dantas se inclinó por las cuestiones comerciales. En ese sentido, los productores de la política externa brasileña en el período de João Goulart fueron obligados a presentar a Brasil como país de diplomacia autónoma e independiente, para obtener una posición destacada entre los países subdesarrollados, pero, también tuvieron que demostrar apoyo suficiente a las medidas norteamericanas que visaban la seguridad del sistema capitalista, con el objetivo de mantener el país en una posición privilegiada ante la potencia.

V. CONCLUSIONES

La investigación de las perspectivas de políticos, intelectuales y la diplomacia brasileña acerca de los problemas del desarrollo y de la integración, entre fines de la Segunda Guerra Mundial y el Golpe de 1964, permitió entender que en el contexto del populismo brasileño, el tema del desarrollo fue predominante.

Paralelamente al desarrollo y a la perspectiva de que el país pudiese atingir el mismo grado de adelantamiento que los países centrales del capitalismo, orbitaran otras temáticas que respondían como coadyuvantes en el contexto intelectual, político y diplomático.

El nacionalismo había sido, por ejemplo, una realidad del proceso de crecimiento económico de los países centrales. Por eso, surgió como una exigencia para aquellos que, en la periferia, pretendían llevar sus países al mismo nivel. Había, mientras tanto, más allá de un debate político e ideológico acerca del nacionalismo, aquellos que eran francamente favorables a la penetración del capital extranjero en todos los ramos de la economía. Entre los nacionalistas existían los más radicales, como el historiador, miembro del ISEB, el militar comunista Nelson Werneck Sodré que afirmaba ser contra la importación de libros extranjeros, porque la lectura de ellos por los autores nacionales podría impedir el desarrollo de una literatura autóctona. Esos intelectuales, entre los cuales estaban casi todos los militantes del Partido Comunista, consideraban la presencia del capital extranjero, en forma de inversiones productivas o préstamos, un daño irreparable al desarrollo autónomo de la nación. Existían, mientras tanto, nacionalistas que consideraban la inversión extranjera como el único modo de obtener la infraestructura necesaria a la implantación de industrias de bienes de capital.

La integración también fue discutida e implementada por algunos gobernantes, con cautela y atendiendo a la demanda por el desarrollo. El discurso político, intelectual y diplomático de la integración fueron desproporciónales a los esfuerzos realizados para su implementación. La prédica en torno de la integración latinoamericana o de la integración de países no-alineados, tercermundistas etc., pareció en todos los casos más una amenaza dirigida a los Estados Unidos que la posibilidad de Brasil de articular un bloque de apoyo o rechazo a los intereses de la potencia, dado un entendimiento verdaderamente integracionista. También la CEPAL, que fue una comisión montada contra la voluntad de las potencias, objetivaba más estudiar y proponer soluciones para el subdesarrollo de América Latina como un todo, y no tanto un esfuerzo para articularla.

Atraer el interés y volver el centro de las atenciones de los Estados Unidos fue el objetivo de casi todos los gobernantes y diplomáticos del período. Aún cuando ellas eran abiertamente nacionalistas buscaban mantener relaciones privilegiadas con el centro. Eso significa que en la época, aunque existía la PEI, las ideas de desarrollo autónomo de capitalismo y el nacionalismo, prevaleció, explícitamente o no, la idea de que Brasil podría, antes de que los demás países del Tercer Mundo, y especialmente en América Latina, alcanzar el grado de desarrollo capitalista de los países centrales.

NOTAS

1 Durante el gobierno de Getúlio Vargas hubo una tentativa de dar continuidad a las relaciones entre Brasil, Argentina y Chile, iniciadas con el Pacto de ABC (Pacto de No-Agresión, Consulta y Arbitraje), firmado en 1915. Hubo un intercambio secreto de correspondencia entre Vargas y Juan Domingo Perón, pero la presión que Vargas estaba sufriendo internamente no permitió la profundización de esos contactos.

2 Ocurrió en abril de 1955 en Indonesia y reunió países subdesarrollados de Asia y de África. En esa conferencia fueron presentados los principios políticos de la "no alineación", de una postura diplomática y geopolítica de equidistancia de las potencias. También, a partir de Bandung, se consagró la idea de un conflicto Norte-Sur, que ultrapasaba el conflicto Este-Oeste, típico de la Guerra Fría, expresando una nueva y brutal división del mundo entre países pobres y países ricos.

 

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Artículo recibido el 28 de junio de 2010. Aceptado por el Comité Editorial el 29 de septiembre de 2010.

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