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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum vol.34 no.2 Talca dic. 2019  Epub 03-Ene-2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762019000200253 

RESEÑA

LILA CAIMARI. LA VIDA EN EL ARCHIVO. GOCES, TEDIOS Y DESVÍOS EN EL OFICIO DE LA HISTORIA.

JORGE L. GAETE1 

1Magíster en Historia, Universidad Andrés Bello, Investigador asociado al Centro de Estudios Bicentenario. Chile. Correo electrónico: jorlugaete@ gmail.com

CAIMARI, LILA. ., LA VIDA EN EL ARCHIVO. GOCES, TEDIOS Y DESVÍOS EN EL OFICIO DE LA HISTORIA. ., , BUENOS AIRES: :, SIGLO XXI EDITORES, ,, 2017. ,, 146p. PÁGINAS.

En 1989, la historiadora francesa Arlette Farge realizó un fascinante ejercicio intelectual, al dar a conocer al archivo como espacio de investigación historiográfica, resaltando, gracias a su experiencia, los principales elementos que conforman cada uno de sus rincones y las vivencias que el historiador lleva consigo al momento de trabajar con las fuentes que encuentra en este tipo de espacios, junto con las ventajas y riesgos que ellas poseen. Asimismo, supo compartir con el lector reflexiones íntimas acerca del proceso, las que, sumadas a lo anterior, fueron plasmadas en un libro que, gracias a su traducción al español en 1991 se ha convertido en un material relevante e imprescindible para cualquier estudiante de historia.

Tres décadas después, una propuesta similar fue hecha desde América Latina. A lo largo de La vida en el Archivo. Goces, tedios y desvíos en el oficio de la historia, la historiadora argentina Lila Caimarí ofrece al lector, a través de nueve apartados, un relato dinámico, íntimo y sugerente, en el que comparte diversos momentos de lo que ha sido su experienciacomo investigadora, junto con las luces y las sombras que han formado parte de su trabajo en los archivos. Su testimonio está conformado por una serie de escritos disímiles entre sí, pero coherentes a nivel cronológico y temático, en los que da cuenta de su experiencia alrededor de diversas épocas, momentos y necesidades intelectuales de su vida académica.

La autora comienza su texto haciéndose cargo de una verdad ineludible para cualquier historiador, que tiene que ver con la forma en que dialoga con las fuentes. Reconoce cuan complejo es aproximarse y enfrentarse a ellas dentro de un archivo, abordaje que requiere procesarlas y reordenarlas para darles un sentido distinto, asumiendo a la vez que la construcción de un corpus documental propio debe estar sujeto al análisis, que siempre varía de acuerdo a la información que se encuentra, y no debe enfocarse en una mera acumulación de datos. Es valorable la claridad y profundidad que se desprenden de esta idea, más aún cuando inmediatamente ofrece como ejemplo su trabajo investigativo acerca de la prisión argentina, con el que obtuvo resultados similares, al derivar de un enfoque foucaultiano a un estudio de género. Además, el hecho de que la autora anteponga las dudas por sobre las certezas, en cuanto a la reflexión historiográfica hecha a partir de estos procesos, permite que todo aquel que haya convivido de cerca con este trabajo se sienta plenamente identificado.

Dentro del desarrollo del libro, Caimarí comparte una y otra vez sus historias como investigadora, dejando de lado sus obras finalizadas para acentuar en las posibilidades que los archivos le ofrecieron para realizar sus investigaciones, a lo largo de su trayectoria académica. Destaca sus reflexiones acerca del estudio de la historia de la prisión argentina, y que su evolución como historiadora, que la llevó a realizar su tesis doctoral a Francia, gracias a una beca que le permitió conocer nuevos archivos, donde la metodología de trabajo y las posibilidades de las fuentes siguieron siendo las mismas, lo que habla de que, sin importar el lugar o momento profesional en que se encuentre el investigador, las sensaciones que provoca el encontrar fuentes son similares.

Mientras menciona, a través de este libro, sus indagaciones y revisión de fuentes, resulta interesante destacar el capítulo dedicado a los archivos del crimen y el giro digital. Sobre esta idea, se relaciona con el rumbo que ha tomado el trabajo historiográfico en los últimos años. Hoy en día existe, a disposición de los investigadores y de cualquier usuario, una enorme cantidad de material que está al alcance de una descarga. No cabe duda de que hoy contamos con un acceso cada vez mayor a ellos, gracias a diversas iniciativas que han buscado poner en línea, a través de páginas como Scribd.com, Archive.org y otros portales electrónicos, todo tipo de documentación, ya sea en pdf o en otros formatos. Con esta aseveración, podemos plantear que hoy contamos con un gran archivo digital, que funciona de manera complementaria al archivo, entendido como lugar físico y como centro para la investigación.

Hacia la mitad del libro, la autora continúa con sus reflexiones sobre su trabajo y con las posibilidades que los archivos le han ofrecido. Dentro de esta serie de planteamientos, tras mencionar la forma en que la historia de las telecomunicaciones se transformó en un nuevo enfoque, aborda en un tema que, relacionado con esto, se hace muy relevante para la labor que desempeña el historiador. Esto tiene que ver con aquellas fuentes que no se encuentran disponibles a nivel público, por lo que se transforman en un objeto preciado y casi inalcanzable para quien investiga. Quienes hemos estado en esa posición, al igual que la autora, sabemos que es necesario apelar y utilizar todos los recursos disponibles para poder acceder a ellos, desde el enviar correos electrónicos hasta realizar visitas in situ, muchos de los cuales tendrán, en primera instancia, una respuesta negativa. Por lo mismo, comparte su testimonio acerca de este tema y de lo que vivió para poder acceder a un nuevo archivo de carácter policial. El tema se hace aún más complejo si dichos documentos no están organizados como se espera y si ellos están a la venta vía internet, como suele ocurrir.

En las últimas páginas de este texto, se aprecia uno de los gestos más llamativos de la autora. Al compartir una de sus bitácoras de trabajo, sus párrafos nos trasladan a aquellos espacios invisibles que posee la historiografía, como las conversaciones del investigador con sus colegas en medio de un almuerzo, café o paseo, las interrogantes que surgen sobre la labor realizada y, en general, el lado íntimo que rodea al espacio de investigación, temas que no se plasman al momento de escribir, pero que los historiadores vivimos de manera constante. Aquí es posible desprender nuevas lecturas de este libro. De este modo, el título adquiere su máxima expresión, ya que se aprecia la vida al interior del archivo desde todos los ángulos y dimensiones posibles.

De la lectura de este libro es posible establecer varias deducciones. Sin importar el marco temporal o los temas que investiguen los historiadores, la reflexión, la problematización y la formulación de preguntas son pasos transversales que todos quienes se dedican a esta profesión deben cruzar, ya que representan los momentos previos a cualquier investigación historiográfica. Dicho proceso suele ser arduo, complejo e impredecible, debido a que la búsqueda de documentos, la revisión de bibliografía y la elección de fuentes están condicionados a la abundancia o escasez de los mismos, lo que le da al trabajo historiográfico altas cuotas de incertidumbre.

Por otro lado, este libro representa un notable ejemplo de cómo un historiador puede ser capaz de compartir su experiencia en los espacios de investigación, sus certezas sobre los temas que trabaja, las eternas dudas que surgen, y las luces y sombras que rodean las visitas a los archivos y la interacción con las fuentes. Es por esto que se valora la intención que tuvo la autora con el presente texto, en cuyas páginas humaniza el ejercicio de esta profesión de una manera notable y sincera.

En consecuencia, La vida en el Archivo. Goces, tedios y desvíos en el oficio de la historia es un trabajo que agrada y sensibiliza a todos aquellos que acumulamos años recluidos en los archivos, en las bibliotecas y en cualquier recinto que nos proporcione las siempre preciadas fuentes. Rememora momentos, como aquellos en que no se haya la materia prima deseada, y recuerda aquellas situaciones frustrantes donde es necesario cambiar la ruta de la investigación antes de concretarse. Sobre todo, hace tangibles los obstáculos que posee esta labor que, a pesar de ser complejos, terminan siendo los más fructíferos, por lo mucho que se aprende de ellos. Si bien no tiene un afán pedagógico, este libro instruye, ya que Lila Caimarí da una guía a quienes buscan involucrarse o perfeccionarse en esta área, al dar a conocer, de forma honesta, sus ventajas y riesgos, lo que lo transforma en un texto necesario de tener en las estanterías de cualquier interesado o profesional de la historia

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