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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum vol.34 no.2 Talca dic. 2019  Epub 03-Ene-2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762019000200257 

RESEÑA

JUAN CARLOS YÁÑEZ ANDRADE. (COORD.). GOBERNAR ES ALIMENTAR. DISCURSOS, LEGISLACIÓN Y POLÍTICAS DE ALIMENTACIÓN POPULAR. CHILE, 1900-1950.

BRUNO LUTZ1 

1Universidad Autónoma Metropolitana - Xochimilco, México. Correo electrónico: brunolutz01@yahoo.com.mx

YÁÑEZ ANDRADE, JUAN CARLOS. . (COORD.)., GOBERNAR ES ALIMENTAR. DISCURSOS, LEGISLACIÓN Y POLÍTICAS DE ALIMENTACIÓN POPULAR. CHILE, 1900-1950. ., ., VALPARAÍSO: :, UNIVERSIDAD DE VALPARAÍSO, ,, 2018. ,, 160p. PÁGINAS

Esta obra colectiva publicada por la Universidad de Valparaíso, reagrupa seis artículos que abordan diferentes aspectos relacionados con la "buena" alimentación del pueblo, durante la primera mitad del siglo XX. El origen de este valioso trabajo académico fue la celebración de una mesa de trabajo en el marco del Tercer Congreso Panamericano de Historia de la Medicina. De manera general, el tema de las políticas alimentarias ha sido relativamente poco trabajado por sociólogos e historiadores dejando a los economistas la labor de informarnos sobre los procesos mercantiles de distribución de alimentos. No obstante, en complemento al análisis del sector primario de producción y de los mercados, el examen de las intervenciones institucionales en la dieta de las personas es susceptible de revelarnos la dimensión ideológica de la alimentación. En efecto, querer mejorar la forma de comer de un sector de la población tiene muchas implicaciones. La iniciativa de Juan Carlos Yáñez y sus colegas pone en el centro de la reflexión las consideraciones económicas, clasistas y raciales que operaron detrás de las políticas del buen comer de los estratos inferiores de la sociedad chilena. Al respecto, el coordinador escribe: "Este libro busca ser un aporte al conocimiento de lo que podemos denominar el periodo constitutivo de las políticas sociales en materia de alimentación cuando las condiciones de subalimentación crónica se hicieron visibles en el marco de la crisis económica de 1929 y la posterior Gran Depresión" (11).

En el primer capítulo, el estudio a cargo del Doctor Yáñez Andrade describe el estado del arte de las investigaciones en Ciencias Sociales sobre la alimentación en Chile. Así el lector se entera de que las monografías obreras de principio del siglo XX abordaron de forma marginal el consumo alimentario promedio de las familias proletarias y, en las minas de carbón y cobre, "las políticas de alimentación que llevaron a cabo los empresarios para mejorar el rendimiento productivo de la población" (33). Aunado a lo antes señalado, el historiador menciona cómo, a finales del siglo XIX, el gobierno implementó iniciativas -junto con los demás países del continente- para optimizar las posibilidades de "comer bien" en un contexto económico adverso. En 1892 se estableció el Consejo Superior de Higiene Pública, en 1918 la Dirección General de Sanidad y en 1937 el Consejo Nacional de Alimentación. A la par de estas creaciones institucionales, en la Universidad de Chile se formaron las primeras generaciones de médicos preocupados por el estado nutricional de los sectores populares y, adicionalmente, por el mejoramiento de la raza. Una alimentación más completa y sana no solo iba a garantizar el aumento demográfico de la población y mejores aptitudes de los adultos para el trabajo en fábricas y minas, sino a permitir, a la larga, aumentar la estatura promedio de los hombres y las mujeres. El concepto de "equilibrio alimenticio" se fue arraigando paulatinamente en el léxico de los médicos, colocando a la alimentación como principal factor de higiene y salud pública.

En el siguiente capítulo, el mismo autor se dedica exclusivamente a analizar el Primer Congreso sobre Alimentación Popular, celebrado en 1931. Este evento reunió a médicos deseosos de incidir en el "debate social y científico con la finalidad de formular políticas públicas sobre alimentación" (46). El medio centenar de científicos presentes abordó cuestiones como las formas de capacitar al pueblo, y en particular a las mujeres, mediante técnicas de vulgarización científica. Estaban interesados en establecer medidas de cuidado de la infancia, mejoramiento de la producción y consumo de la leche, así como del perfeccionamiento de las instituciones sanitarias. Propusieron ampliar la enseñanza agrícola y doméstica a las escuelas públicas de provincia. Aunado a las recomendaciones anteriores, la Sociedad Médica de Valparaíso sugirió un mayor consumo de pan integral, miel, uva y pescado. Destacó también la necesidad de crear Restaurantes Económicos Cooperativos con el fin de asegurar una alimentación básica y equilibrada para las familias de los trabajadores. Los médicos deseaban enmarcar su labor social en las iniciativas de la Sociedad de Naciones (SDN) y promover la realización de encuestas sobre el estado nutricional de la población. Cuatro años más tarde, un estudio de la SDN iba a mostrar que solo el 30 por ciento de los chilenos consumía más de 3.000 calorías diarias, mínimo recomendado en esa época.

En el tercer capítulo, Marcelo Sánchez aborda el importante tema de la eugenesia. Desde finales del siglo XIX abogados y médicos "descubrieron", o mejor dicho, explotaron la posibilidad de recurrir a la gran capacidad de adaptación del cuerpo humano para buscar optimizarlo en función de la edad, sexo y clase social. Se consideraban válidos los postulados del determinismo hereditario, por lo que médicos como Cruz-Coke aceptaron la idea de que la alimentación era capaz de modificar las características físicas heredadas. En esa época se hablaba de "aumentar el vigor de la raza". Médicos inspirados en Malthus, promovieron el uso de anticonceptivos, mientras que otros reflexionaron sobre la relación entre alimentación y eugenesia. Siendo ministro, el doctor Salvador Allende denominó en 1939 a la leche, carne y el pescado "alimentos protectores". Para los médicos católicos era necesario combatir lo que llamaban los "venenos raciales": la tuberculosis, la mala alimentación, el alcoholismo y las enfermedades venéreas, ya que el alcohol y la mala alimentación eran considerados como los factores explicativos de la criminalidad entre las masas pauperizadas. Pero es respecto a la idea de higienizar y mejorar la raza mediante la modernización de la puericultura que médicos, funcionarios y miembros del clero estaban todos de acuerdo. Liberales y conservadores compartían los principios de una política eugenésica de la alimentación de los estratos bajos de la sociedad. Idea de que a mejor alimento mejor pensamiento (es decir a favor del gobierno en turno). Reagrupaban a las familias obreras y campesinas en la categoría de "capital humano", expresión ilustrativa de la perspectiva clasista y eugenista que dominaba en ese entonces el discurso de las élites. Hubiera sido bueno comprender cómo se tejieron complejas redes de intercambios entre abogados y médicos respecto del eugenismo, sobre la base de sus lecturas, movilidad laboral y participación en congresos. Tal vez hubiera sido útil también agregar un apartado sobre los anuncios publicitarios que, en esta primera mitad del siglo XX, enaltecían las virtudes terapéuticas y/o estéticas de nuevos productos industriales para mejorar el funcionamiento y la apariencia del cuerpo. En todo caso, la promoción de las virtudes nutritivas de determinados alimentos procesados se inscribía dentro de esta creencia bien fundada de la influencia de los alimentos en el metabolismo. El autor destaca la preocupación de los médicos por la alimentación del soldado; su obsesión por aumentar la estatura promedio de la población e incrementar la masa muscular de los varones para optimizar su labor física.

En el apartado siguiente, Ximena Salgado aborda el tema de la leche en los programas de ayuda alimentaria entre 1930 y 1935, en Chile. Para abatir las altas tasas de mortalidad y desnutrición infantil "se elaboró una política general de alimentación orientada a aumentar el consumo de alimentos ricos en proteínas y vitaminas, entre los cuales destacó la leche" (84). Esto se manifestó en la pasteurización obligatoria de la leche, con el fin de garantizar la inocuidad de dicho producto y por ende asegurar su omnipresencia en la dieta de las familias pobres. "De esta forma, el discurso higienista -en conjunto con los agentes del Estado- apostó por proponer un modelo de sociedad en la cual el 'trabajador moderno' se alzaba como un ser totalmente civilizado, moralmente correcto, conocedor de la higiene y de lo saludable para él y su familia" (91). Pero la leche producida, envasada y conservada en condiciones no higiénicas, en lugar de ayudar a la niñez constituía un factor adicional de transmisión de enfermedades. Tal vez se hubiera podido detallar más las iniciativas gubernamentales para promover el consumo de la leche pasteurizada y los factores que frenaron este cambio de dieta (además de su elevado precio). En todo caso, la investigadora expone de manera convincente cómo el proceso histórico de democratización de la ingesta de leche se dio a la par de la creación de plantas industriales y una reglamentación moderna para garantizar la calidad de este producto.

El penúltimo artículo es una nueva aportación del coordinador de la obra aquí reseñada centrada esta vez en una encuesta sobre la alimentación popular llevada a cabo por médicos mandatados a Chile por la Sociedad de las Naciones, en 1935. Como antecedentes a esta iniciativa, fueron la creación en 1902 de la Oficina Sanitaria Panamericana y la realización de las primeras encuestas sobre salud y alimentación a finales de la segunda década del siglo pasado. Lo interesante de esta encuesta de la SDN es que se consideró al núcleo familiar (en ese entonces conformado en promedio por 5,7 miembros) y se establecieron seis categorías socioeconómicas a partir de los ingresos del hogar. "La investigación de Dragoni y Brunet reveló un promedio de consumo de 2.357 calorías, correspondiendo la menor ingesta al primer grupo (979 calorías) que ganaba menos de un peso por día y el mayor (3.543 calorías) al grupo que ganaba sobre 5 pesos por unidad de consumo", (119). Este estudio cuantitativo confirmó los resultados de trabajos anteriores respecto del rezago social y económico de las familias chilenas en el contexto de la Gran Depresión. A pesar de sus limitaciones metodológicas, dicha encuesta sobre el estado de salud y consumo de alimentos ha sido la más importante en Chile entre 1900 y 1950. Cabe agregar que gran parte de las recomendaciones de Dragoni y Burnet fueron atendidas por las autoridades gubernamentales.

La última contribución se refiere a los principios del buen comer de la mujer embarazada y de los hijos. Dentro de una batería de medidas legales a favor del acceso a la salud y la alimentación de los trabajadores y su familia, la ley "Madre Niño" de 1930 ocupa un lugar destacado "al poner atención en el binomio central del proceso reproductivo y de la primera infancia, ayudó a perfilar las políticas asistenciales hacia la mujer que estaba pronta a dar luz, y que, además tenía la responsabilidad de ofrecer los cuidados al recién nacido" (135). La cartilla de alimentación para el "embarazo normal" era un instrumento de información y control que buscaba reducir la tasa de mortalidad infantil, una de las más altas del mundo. El principio de las cartillas era el lugar que debía ocupar en la vida diaria de las beneficiario(a)s debido a su formato de bolsillo, la información de valor universal que contenía y los datos personales de su dueño(a). La autora señala atinadamente que dicha cartilla tenía como objetivo moralizar y homogeneizar las conductas de determinados sectores de la población, particularmente en el marco de las campañas sanitarias. Los higienistas se esmeraron por crear una regulación en cuanto a salud y alimentación. "El carácter normativo y de control de los cuerpos se observa en la prohibición de ciertos alimentos, evidenciando un interés por cambiar los hábitos y costumbres populares" (139); era la preocupación de médicos varones de clase media alta urbana hacia mujeres gestantes de clase baja. De ahí el alcance limitado de la cartilla: las embarazadas de clase popular debían, en su vida cotidiana, hacer frente a una serie de carencias (económicas, de higiene, agua potable...) junto con la reproducción de hábitos, todos los cuales iban en contra de los principios enunciados por los dos médicos autores de dicho documento oficial, quienes promovían una dieta balanceada, saludable e higiénica, según los criterios de la época.

Finalmente, es menester reconocer que la obra colectiva de sugestivo título "Gobernar es alimentar" es un trabajo pionero en el estudio de las condiciones sociales de existencia a través de las políticas dietéticas. Muestra la preocupación de los médicos por mantener con buena salud al sector obrero y campesino de la población a pesar de las carencias diversas. Aprovecharon su intervención en el ámbito social en esta primera mitad del siglo XX, para destacar las virtudes demográficas y raciales de la eugenesia. Quizás se hubiera podido hacer más hincapié en las prácticas alimentarias autóctonas que fueron denostadas en el discurso oficial, así como las influencias que los higienistas chilenos recibieron de sus colegas de Europa, Estados Unidos y América Latina. En todo caso, los seis capítulos que conforman este libro de portada atractiva permiten al lector tener un interesante vistazo de la importancia histórica de la alimentación en el ámbito de las políticas públicas en Chile.

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