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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum vol.35 no.2 Talca dic. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762020000200012 

EDITORIAL

EDITORIAL

Claire Mercier1 

1Editora Jefa. Universidad de Talca. Chile

En este segundo número del año 2020, tenemos el honor de contar con el dossier titulado: "Entre pasajes, escrituras e imágenes: proyecciones latinoamericanas de la Geocrítica", a cargo de la Dra. María José Punte (Universidad Católica, Argentina), la Dra. María Lucía Puppo (Universidad Católica, Argentina) y la Dra. Macarena Urzúa Opazo (Universidad Finis Terrae, Chile). Ellas mismas realizan una excelente presentación del dossier en la introducción de este; así que no me queda nada más que agradecerles por la confianza y felicitarles por su profesionalismo.

Luego, se da el paso a tres artículos de investigación. Primero, "¿La reactividad, un imperativo político? Transformaciones históricas de las temporalidades en el quehacer periodístico chileno", de Antoine Faure, ensayo que considera la reactividad en relación con las transformaciones diacrónicas en el quehacer periodístico. Segundo, Andrés Ferrada Aguilar, en "El espacio novelesco en Conjeturas de la memoria de mi tribu de José Donoso", problematiza el estatuto genérico de las memorias del escritor chileno considerando un proceso de novelación de estas, así como el despliegue de una poética escritural opaca. Tercero, en "Ramiro Pérez Reinoso: acercamientos y problemáticas latinoamericanas en Chile", Aldo Ahumada y Stefan Vrsalovic abordan el pensamiento del filósofo peruano, esencialmente el papel que jugó en la institucionalización de la filosofía en Chile.

Finalmente, el número cuenta con tres reseñas. Primero de Silvia Falorni acerca del libro de Antonia Viu: Materialidades de lo impreso. Revistas latinoamericanas 1910-1950 (2019); segundo de Sarah Ceniceros acerca de la obra de Ana Gallegos Cuiñas: Las novelas argentinas del siglo 21. Nuevos modos de producción, circulación y recepción (2019); tercer y último, Felipe Donoso comenta el libro de Jorge Larraín: Populismo (2018).

Antes de cerrar este editorial, me gustaría compartir una experiencia llevada a cabo durante la pandemia. A petición de nuestro Editor y Gestor de Comunidades, el Dr.(c) Jose Navarro-Conticello, se publicaron el semestre pasado, una vez a la semana en nuestras redes sociales, suerte de haikus pandémicos redactados por la Editora Jefa, la Dra. Claire Mercier. Experimentos temáticos que oscilan entre el humor y el amargor, estas quince micro-reflexiones tuvieron como propósito ofrecer la creación de un espacio comunitario para nuestros/as queridos/as lectores/as, con el fin no solamente de pensar la pandemia, sino también de desprendernos de ella.

N°1:

- La "nueva normalidad": bello oxímoron. Dos palabras con sentidos contradictorios puestas juntas. La normalidad no es nueva. Es no más. Si fuese nueva, se trataría de un nuevo estado de lo normal. Pues sería otra cosa que la normalidad. La normalidad es circular: no se transforma, se mantiene. Pero Chile desde hace siete meses está bajo el régimen de una excepcionalidad que por su larga duración la convierte en nuestra normalidad...

N°2:

- Lo "esencial": la pandemia, redefiniendo todo, replantea lo que es esencial. Comida, cigarrillos, conexión internet, una hora sin escuchar los gritos de sus hijos, papel higiénico o libros: cada uno tiene una idea de lo que le es esencial. ¿Por qué mi esencial, no es lo esencial? ¿Por qué uno puede prescindir de pan, pero no de Netflix? Lo esencial por su elasticidad parece dividirnos. Se dice que la pandemia nos está revelando lo esencial: tener tiempo, no gastar dinero en futilidades, etc. Pero lo esencial no es esencial y muchas veces superfluo.

N°3:

- La "primera línea": ¿hasta qué punto puede operar la comparación entre el estallido social chileno y la pandemia del Coronavirus? ¿Hasta qué punto se puede asimilar el personal de la salud con los "luchadores" de las revueltas de Octubre? ¿Hasta qué punto puede operar, en ambos casos, la metáfora bélica? Al parecer, una única cosa es clara: no hay, en ningún caso, ni héroes, ni épica. Más bien víctimas de un neoliberalismo salvaje. Pero hasta la ética de la víctima es cuestionable. La pregunta que queda es la siguiente: ¿cuál de estas dos primeras líneas contribuye realmente a la defensa de la inmunidad comunitaria?

N°4:

- La "repetición": los días de cuarentena se parecen a la película El día de la marmota. Sin embargo, algunas personas aprovechan este tiempo para realizar cosas inéditas. Otras repiten lo que era el cotidiano antes del encierre: trabajar y hacer labores domésticas esencialmente. Incluso, ciertas personas miran de nuevo series o películas ya vistas, ante la lasitud de lo nuevo. ¿Cómo entender que algunas novedades cansan más que ciertas repeticiones? ¿Cuál es la diferencia entre una mala y una buena repetición? Hay por una parte actividades impuestas y, por otra, tiempo deliberadamente ocioso. Esta repetición libera de una cierta concentración y hasta de nosotros mismos. La buena repetición es fuente cómoda de olvido, permite pensar sin pensar, estar presente sin imponerse.

N°5:

- El "cariño": antes de la cuarentena, ya se había implementado la limitación de los contactos físicos. ¿Y si esta medida fuese definitiva? ¿Y si los gestos cariñosos fuesen recuerdos del mundo de antes? Los gestos cariñosos no son anodinos. No siempre son auténticos, pero sí revelan la naturaleza de una relación: verdadera, falsa e incluso incómoda. ¿De qué puede estar hecho un mundo relacional sin señas tangibles? Un mundo sin gestos cariñosos es posible y su ausencia no impide vivir. Mejor: permite una sanitización de las relaciones. En efecto, el contacto físico puede tener algo de intrusivo. Es la paradoja del cariño: puede ser brutal. Pero el cariño físico es también revelador de las complejidades y consistencias de nuestras relaciones sociales: todavía necesitamos de la "insociable sociabilidad" de Kant.

N°6:

- La "mascarilla": con la llegada de la mascarilla en nuestras vidas cada uno imagina un mundo más frío, distópico, sin interacción social, ni emoción. ¿Pero ya no era el caso antes? ¿El espacio público era más amigable antes de la mascarilla? ¿Nos sonreíamos tanto antes? Paradójicamente, la mascarilla nos revela nuestras relaciones con los otros o más bien su idealización. No se tiene el recuerdo de sonrisas en el metro o en el colectivo. Más bien rostros impasibles y ensimismados. El problema con la mascarilla tiene que ver con el secreto y la disimulación. Este deseo por saberlo todo. Pero, ¿por qué no aceptar que la transparencia no es posible e incluso a veces no-deseable?

N°7:

- El "teletrabajo": el teletrabajo parece una notable mejora de nuestras condiciones de trabajo en cuanto a su carácter autónomo y flexible. Pero algunos se dan cuenta de la evidencia y extrañan el hecho de "ir al trabajo": los colegas, una oficina, una atmósfera y las conversaciones de pasillo. Lo que se extraña no es el trabajo, sino lo que pasa en el trabajo y está justamente desprovisto de una lógica productiva: intersticios temporales, como los small talks, durante los cuales no se dice nada, no pasa nada. Cuando se reduce el trabajo al teletrabajo, se pierde el poder de ser improductivo.

N°8:

- La "limpieza": la experiencia del confinamiento puede ser una experiencia doméstica, en la cual cada mancha debe ser eliminada. Entre fatalidad y aburrimiento, la búsqueda de la limpieza se convierte en una obsesión, un medio de evasión, hasta de liberación. En plena crisis sanitaria, atrae la capacidad des-contaminadora de las labores domésticas. Se trata de volver útil y bajo control un cotidiano confinado vacío. La pasión por la limpieza tiene la paradoja de ser sin objeto, de no crear nada y de volver todo liso, neutro. Una pasión sin pasión. Pero la limpieza en estos días puede hasta darnos la sensación de limpiar un poco nuestro corazón.

N°9:

- El "corte de pelo": la crisis que estamos viviendo no es solamente sanitaria, sino que también capilar. ¿Cómo el coronavirus cambió la mirada hacia nosotros mismos? ¿Qué hacer cuándo lo que mostramos ya no depende de nuestra voluntad? En comparación con el conteo diario de los muertos, la cuestión del pelo puede ser irrisoria. Pero esta crisis no es solamente psicológica, económica, política, medical, etc., sino que también estética. En efecto, la pandemia se hace primero visible por nuestra apariencia: pelo, guantes y mascarillas. Nuestra apariencia es el reflejo de la crisis; está en crisis.

N°10:

- La "vida mecánica": es sorprendente esta aversión que se siente para las personas que queremos. Y cualquier persona que haya vivido con otra conoce esta ambigüedad que consiste en querer a una persona, pero odiar algunos rasgos suyos. La co-habitación es paradójica: nos hace vivir con gente volviéndola insoportable. Y durante el confinamiento, los seres queridos están siempre aquí con sus manías, sus deseos, sus necesidades y sus ritmos. La co-habitación llega incluso a des-encarnar al otro mientras está siempre aquí: queda una suma de costumbres con las cuales debemos lidiar, como nos vemos nosotros mismos reducidos a manías que estamos imponiendo a los demás. Pero el problema no reside en el otro, sino que en la co-habitación que impone una disminución de la vida, la cual se reduce a meros mecanismos o el fin de la espontaneidad.

N°11:

- Los "posibles": ¿por qué no poder hacer en cuarentena lo que es posible hacer, como leer, cocinar o practicar yoga? La situación de confinamiento es idónea para realizar estas actividades: más tiempo y una crisis de la cual queremos escapar. No obstante, muchos no logran abrir un libro y se dicen que harán deporte mañana. No se hace lo que es posible hacer y no es un problema relativo únicamente a la pandemia. Lo posible parece imposible de realizar. Un cierto número de posibles siempre se quedarán en estado de posibles, por procrastinación, flojera o simplemente decisión propia. Pero a veces, el goce no reside en la realización pobre e incompleta, sino que en la contemplación de la pura y perfecta posibilidad. Y hay que tener un gran poder para preferir el carácter inacabado de los posibles al trabajo realizado.

N°12:

- Los "amores en tiempos de confinamiento": primero están las personas que se conocieron antes del confinamiento, pero que no pudieron "confinar" juntos. Me imagino que vivieron un romance del siglo XVII con una relación basada únicamente en una correspondencia por Skype, Zoom, etc., y cuyo contenido fueron las peores experiencias: perder un ser querido o un empleo, por ejemplo. Espero que el reencuentro sea bello. Segundo, están las personas que se conocieron justo antes del confinamiento y que pudieron "confinar" juntos. Ellos viven desde hace cuatro meses una distancia social negativa: siempre acoplados, fusionados. Tercero están las parejas que después de todo esto se van a distanciar socialmente de una forma definitiva. Finalmente, los solteros que van a tener que seducir de día, con mascarilla y de preferencia en su edificio. Sé que no es fácil, pero mejor esto que pasar de nuevo cuatro meses solo.

N°13:

- El "dinero esencial": gran parte de nosotros finge entender algo a la economía. Lo que descubrimos durante el confinamiento es que la gente muy bien pagada no provee los servicios esenciales: educación, alimentación, salud, etc. El problema es que la cajera del supermercado es reemplazable, mientras que Beyoncé no. Por esto proponemos inventar una divisa que se mide en términos de utilidad. Para los gastos básicos, como el arriendo, habría que tener un empleo esencial como enfermera o agricultor, o entregar un servicio a la comunidad: asociaciones, servicios a la persona, etc. Y el dinero "real" sería destinado a una economía paralela: comprarse una piscina o crema de bronceado. Y si el trabajo perjudica al planeta o a la salud de los demás, se le restaría a la persona dinero esencial. Así tendríamos enfermeras en palacios entregando a revistas people su success story.

N°14:

- El "mundo de después": al parecer no todo el mundo recibió la invitación para el mundo de después, cuyo tema era: "vamos a cambiar". Ya vendrá el fin del confinamiento y las colas en McDonald, Zara y Starbucks. Ya vendrán los pedidos de crêpe plátano-Nutella. Un plátano que se dio vuelta alrededor del planeta cinco veces más que nosotros estos últimos cinco años. Ni hablar del aceite de palma. Estamos viviendo una pandemia tipo plaga del Antiguo Egipto; el mundo se paró y empezamos de nuevo de la misma manera que antes. Por supuesto, se entiende la pequeña satisfacción que produce el consumo. Por supuesto renunciar a un frappuccino y un nuevo jean no va a permitir un cambio sistémico. No somos perfectos, pero sí podemos quedarnos con el tema del cambio; a largo plazo será más satisfactorio que un crêpe plátano-Nutella.

N°15:

- El "pangolin": esta cuarentena nos hace preguntar si hasta nos hemos convertido en el objeto de nuestros males. El pangolín es un animal solitario; ¿cuántos cumpleaños, cuántas juntas familiares y con seres queridos tuvieron que cancelarse por culpa de la pandemia? El pangolín es un animal nocturno; el teletrabajo se reveló una estafa que hace coincidir los tiempos laborales con los de ocio y trabajar hasta horas avanzadas en la noche invernal. El pangolín tiene hábitos escurridizos. Es un sinónimo de evadir, ¿no?; la consigna oximorónica de un encierro libre tendría que ver... El pangolín se enrolla hasta formar una bola cuando se siente amenazado. Es el animal más traficado en el mundo se dice. Es sin embargo una estrategia que le sirvió poco para protegerse del ser humano... Al final, lejos de ser pangolines, seguimos siendo nuestro propio mal.

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