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Universum (Talca)

versión On-line ISSN 0718-2376

Universum vol.35 no.2 Talca dic. 2020

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-23762020000200356 

RESEÑA

POPULISMO

1Grado en Filología Hispánica y Máster en Estudios Latinoamericanos Universidad de Navarra, España. Correo electrónico: fidonosoc@gmail.com

LARRAÍN, JORGE. ., POPULISMO. ., , SANTIAGO DE CHILE: :, LOM EDICIONES, ,, 2018. ., 93p. PÁGINAS

Populismo, del sociólogo chileno Jorge Larraín, se propone desarrollar un análisis del concepto de populismo como categoría analítica sociohistórica, relevando la utilidad de esta para el análisis de fenómenos sociopolíticos desde América Latina. El autor considera que "lo que introdujo definitivamente el concepto de populismo en las ciencias sociales fueron los fenómenos políticos y sociales ocurridos a partir de la tercera década del siglo XX en América Latina, particularmente en Argentina y Brasil bajo los gobiernos de Juan Domingo Perón y Getulio Vargas" (10). De esta forma, ubica a América Latina como el lugar emblemático del populismo. Larraín señala que los objetivos de su libro son "contribuir a aclarar lo que se ha entendido por populismo dentro de las ciencias sociales" y "proponer una conceptualización que a partir de las conceptualizaciones teóricas anteriores contribuya a superar la gran cantidad de confusiones que existen sobre este término" (11).

El primer apartado trata del periodo en el que se desarrollan los "regímenes nacional-populares latinoamericanos", en medio del proceso de crisis económica y política, tanto del modelo exportador como del sistema oligárquico que lo sustentaba y que, a pesar de realizar cambios que redundan en "construir un Estado fuerte y desarrollista (...) [y] la integración de las masas excluidas" (14), no terminan por "cambiar el antiguo sistema terrateniente y eliminar radicalmente la aristocracia" (15). La principal debilidad del populismo, según Larraín, es "su intento de satisfacer los intereses contradictorios de las clases en el poder y de las masas emergentes" (16).

El segundo capítulo indaga en la exégesis de las conceptualizaciones anteriores, por medio de tres tipos de explicación de este fenómeno: el análisis de clase tradicional, las teorías de la modernización y la perspectiva postmarxista. La primera concibe el populismo como "una forma de dominación y control político en una situación donde ninguna clase en particular es hegemónica" (23). Esto supone la construcción del Estado como lugar donde "la negociación entre los distintos grupos se realiza y donde las políticas concordadas son implementadas a favor de diferentes grupos" (22). Es decir, el interés del "pueblo" (categoría pre y post marxista) no coincide con los intereses de las clases. Luego, con las teorías de la modernización, se "asocia este fenómeno al carácter de la movilización política dentro del proceso de modernización" (25), sirviéndose, principalmente, de los análisis de Gino Germani y Torcuato di Tella, para quienes "el populismo es una enfermedad o anomalía del proceso de transición a la modernidad que surge por la coexistencia no sincrónica de rasgos sociales e instituciones tradicionales y modernas en una sociedad en proceso de cambio" (26). En otras palabras, existe una "incorporación prematura de las masas latinoamericanas a la vida política, lo que habría generado una presión sobre el sistema político que este no habría podido absorber" (29). El principal problema de esta explicación es su carácter negativo, es decir, el populismo [es] definido como una desviación social, como resultado de un proceso de transición que ha sido incapaz de seguir plenamente el patrón europeo" (31). Sobre ambas perspectivas, la de clase y la de modernización, el sociólogo sentencia que "ninguno de los dos construye una noción de pueblo" (33).En cuanto a la perspectiva postmarxista, es examinada primordialmente a partir de la obra de Ernesto Laclau, quien según Larraín revaloriza "el populismo dentro de una perspectiva de clase no reduccionista" (34) donde el sujeto pueblo se opone antagónicamente al bloque histórico en el poder, a la ideología dominante, y como significante vacío es construido sobre un "conjunto variable de demandas populares que pueden articularse con proyectos de clase diferentes" (36). El autor advierte también que el populismo no sería exclusivo de la derecha o la izquierda, sino que debe ser analizado en las condiciones sociopolíticas desde donde nacen el discurso y las prácticas populistas (44).

En el siguiente capítulo, Larraín se ocupa del desarrollo de una conceptualización propia de populismo. Su punto de partida es la teoría de Laclau "por su capacidad para construir el concepto de populismo teóricamente, es decir, yendo más allá de una enumeración descriptiva y desarticulada de rasgos típicos" (50). El autor precisa que Laclau concibe el populismo como "un fenómeno ideológico de carácter discursivo que interpela a los individuos buscando constituirlos en el sujeto 'pueblo'" (50). Además, la expresión de "las demandas democrático-populares como antagónicas al bloque dominante es una condición sine qua non para que haya populismo, no es una condición suficiente" (51). Larraín describe tres condiciones fundamentales que componen su propio concepto de populismo: i) "un liderazgo personal carismático que le da credibilidad y predispone a las masas a aceptar las interpelaciones popular-democráticas, siendo así constituidas como pueblo en contra del bloque gobernante" (52); ii) Para que el discurso del líder sea efectivo, "la organización política partidaria que media su relación con las masas permita una relación directa entre el líder y sus seguidores sin que las estructuras administrativas partidarias, sean de carácter clientelista o burocrático, puedan interferir en esta relación" (53); iii) Para que exista aceptación de las masas a las interpelaciones populares, es necesario que "el Estado y la institucionalidad política no puedan acomodar ni satisfacer las demandas populares, que el bloque de poder no pueda o no tenga la capacidad de eliminar antagonismos transformándolos en simples diferencias" (53).

En los siguientes capítulos, con su concepto de populismo delimitado, el autor se propone examinarlo en experiencias políticas concretas. Comienza con el análisis de los nuevos movimientos sociales como "grupos humanos que sienten que su propia identidad no es respetada o reconocida" (59). De esta manera, señala que el populismo "no descarta ni elimina el rol de las clases sociales y de la clase obrera en particular, porque la movilización contra el bloque en el poder de todos estos nuevos sujetos constituidos en el sujeto pueblo está siempre articulada con un proyecto de clase" (66). Luego pasa a analizar los usos corrientes del término en la prensa y la política, destacando que se emplea como "una noción peyorativa, teóricamente no elaborada, eminentemente descriptiva e impresionista" (67). El concepto de populismo es utilizado por el espectro político de derecha o izquierda para criticar a sus adversarios, considerado como "soluciones rápidas y fáciles […] a problemas complejos que no pueden realmente resolverse de esta manera" (70). De la misma forma, al ubicar espacialmente el desarrollo del populismo como discurso geopolítico, identifica el populismo europeo con la ultraderecha, caracterizándolo por la defensa etnocéntrica a una "cultura nacional y los empleos frente a la inmigración descontrolada desde otras culturas que entran a competir con los trabajadores locales [...]; son tradicionalistas en los valores; desconfían de las prácticas corruptas y abusivas de las grandes corporaciones de negocios y sienten desprecio por los intelectuales y miembros de la élite" (74). Por otro lado, Larraín observa que en América Latina predominan los movimientos populistas de izquierda, citando los casos de Venezuela, Bolivia y Ecuador, que buscan desarrollar formas de democracia más participativa y programas sociales para la superación de la pobreza, de oferta de medios de alimentación y subsistencia más baratos, alfabetización, subsidios, entre otros. También, "tienen un discurso muy radical y antagónico contra una serie de enemigos y fuerzas que se le oponen" (77). En este sentido, es característica la retórica antiimperialista con respecto al papel hegemónico de la política internacional de los Estados Unidos en la región, que internamente se estructuró bajo el desarrollo del denominado socialismo del siglo XXI en medio de un colapso del sistema de partidos y su poca credibilidad en América Latina (82). Larraín destaca que el populismo en el subcontinente produjo importantes logros "en el desarrollo de formas de participación, pero no tan notables en la construcción de una democracia radical" (83). Los principales problemas fueron "el rol hipertrofiado y carismático del líder con respecto a las masas, la debilidad y la falta de autonomía de la organización política partidaria frente a la voluntad del líder y la incapacidad de la institucionalidad política para acomodar las demandas populares" (84)

El capítulo final propone una reflexión sobre el contexto de producción de estos populismos y la posibilidad de que se desarrollen particularmente en Chile. Son destacables dos dimensiones en este análisis: la crisis de la democracia liberal y de la representación política y el resentimiento por la enorme desigualdad (87). A pesar de reconocer estos problemas, que podrían derivar como demandas sociales en una cadena de equivalentes propia de un movimiento populista, Larraín destaca la "solidez de la estructura institucional y la fortaleza organizacional del sistema de partidos" como contrarios al populismo, sin descartar el avance a un "socialismo democrático ni posibles regresiones de derecha" (93). Este capítulo es el de menos rigurosidad teórica, se deslizan en él sesgos historiográficos conservadores en la valoración del orden, en forma de solidez institucional y fortaleza del sistema de partidos, en la conciliación de los conflictos sociales como contención del populismo, que, para el caso de Chile, reproduce un concepto de populismo con una valoración negativa, lejos de las posibilidades y el objetivo de su operativización inicial. Es precisamente esta hipótesis, es decir, la fortaleza institucional legataria del orden portaliano, no desarrollada con la prolijidad del análisis general, la que en virtud de los acontecimientos políticos de Chile desde el 18 de octubre de 2019 debe ser repensada como una visión acrítica de la política y la sociedad.

El ensayo es un aporte al desarrollo del concepto de populismo y su utilidad teórica radica precisamente en la propuesta de operacionalización a partir de los desarrollos teóricos anteriores. Sin embargo, en el análisis de la democracia, la desigualdad y el populismo en América Latina, a pesar de deslizar la posibilidad del surgimiento del populismo en Chile debido a la crisis de la democracia liberal y la representación política junto con una extrema desigualdad, lo descarta luego en función del orden institucional y de la posibilidad de un socialismo democrático sin pasar por el populismo. El estudio de esta crisis de la "representación política" y "democracia liberal" excede las posibilidades cualquier abordaje desde el populismo y lleva al autor a generalizaciones que la actualidad ha desmentido

Recibido: 22 de Abril de 2020; Aprobado: 04 de Junio de 2020

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