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Revista de geografía Norte Grande

On-line version ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  no.36 Santiago Dec. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022006000200008 

Revista de Geografía Norte Grande, 2006, Nº 36, p. 103-105

RESEÑAS

Pablo Camus. Ambiente, Bosques y Gestión Forestal en Chile. 1541-2005

Santiago: Centro de Investigaciones Barros Arana de la Dirección de Bibliotecas, Archivos y Museos -Lom Ediciones, 2006. 390 p.

Abraham Paulsen1

1 Instituto de Geografía, Pontificia Universidad Católica de Chile. E-mail: apaulsen@uc.cl


Este libro trata del aprendizaje de cómo las personas y las sociedades llegan a hacer más o menos, a saber más y a ser más o me-nos de lo que eran. Trata de los aprendizajes, examina qué cosas hemos aprendido bien y cuáles o no lo hemos hecho o lo hemos hecho mal, cómo obstaculizamos esta competencia, cómo ignoramos constantemente lo evidente, nos equivocamos, desvalorizamos y minamos el capital social y cultural que poseemos. La fuerza de sus líneas se aglutina en aquello epistemológico (lo que tiene que ver con la historia ambiental), que es precisamente de lo que más cuesta escribir, toda vez que nos presenta y enseña una forma de abordar los objetos naturales en sus interrelaciones con la sociedad que ocupa el espacio en el cual se encuentran. Generalmente los recursos, en este caso los bosques, experimentan dos consecuencias de la acción humana: (1) los infortunios o aciertos de la “gestión” (que en algunos casos ha sido más dañina o equivalente a la pura explotación), mediatizada por el nivel de conocimientos que se tiene al momento de implementarla, y/o (2) el agotamiento, que en algunas circunstancias, como aparece demostrado en el libro, va de la mano de la gestión o es una hibridación de la misma. Las consecuencias (entre las cuales contamos a las manifestaciones territoriales), del uso de los recursos son analizadas con rigor y sagacidad, especialmente aquellas que tienen que ver con los cambios de mentalidad y de percepción social que son por una parte, fuentes que aportan a la construcción de una historia de la naturaleza (ya que no hay historia sin pensamiento) o de la percepción de la naturaleza de la sociedad chilena (conformada por elementos endógeno - empíricos y otros exógenos) y por otra, lineamientos que nos permiten deducir el modo como la sociedad intenta satisfacer sus necesidades, la existencia (o inexistencia) de visión de futuro y la presencia del mito de la fertilidad y profusión de la naturaleza de la cual esa cultura ha sido dotada.

Intentaremos en este apartado, ojalá con éxito, generar un derrotero para quienes se animen a la lectura del libro; deconstruiremos el texto en cuatro partes, cada una de las cuales requiere una valoración diferente. La primera parte nos sitúa en el objeto analítico, la historia ambiental, cuyas peculiaridades separa el tratamiento de la información de lo que podría ser una historización tradicional, de una historia ecológica o de una historia económica. El valor de este apartado para un cientista social y especial-mente para un estudioso de las manifestaciones territoriales del actuar cotidiano de las sociedades obligadas a elegir entre recursos escasos y necesidades tan infinitas como la esencia de quien las experimenta, reside en que nos permite enfocar los estudios geográficos en su evolución, en su causalidad, en la contingencia. Aporta y completa a la fotografía parcial de procesos abocándose a las causas últimas que los originan; en este caso, la historia ambiental nos permite analizar a una sociedad que aprende con la misma intensidad que desaprende de sus experiencias, donde las consecuencias más evidentes tienen que ver con la inexistencia de posturas que se mantengan en el tiempo y con los cambios que son posibles de avizorar en términos de prioridades en materia del valor de uso, no uso, legado o existencia asociados a los recursos naturales, en este caso, a los bosques. Quien lee con detalle los contenidos del texto en materia de historia ambiental recogerá como moraleja que la dilapidación de los recursos tiene como punto de partida el que una sociedad renuncia a pensarlos y en lugar de investigar para adoptar opciones, delega en el mercado o en posiciones adquiridas la respuesta a aquellas interrogantes cuya respuesta no ha surgido desde la reflexión autónoma, consciente y responsable.

La segunda parte se aboca a una especie de paleohistoria ambiental. Sin lugar a dudas, la gran fortaleza de este apartado es el descubrimiento y uso científico de una serie de fuentes que nos permiten indagar no solo acerca de los bosques, sino también acerca de las motivaciones que conducen el actuar de los actores sociales e institucionales en lo referente al medio ambiente. Si solo hubiere una descripción de los paisajes que han acompañado el desarrollo de nuestra identidad, valdría, de suyo, la pena destacar el esfuerzo del profesor Camus; pero hay más, hay un valor agregado; el texto niega la visión nacional que tanto nos ha dañado, de que hemos sido bendecidos por un escenario inagotable de recursos, cuyos fundamentos (desde la carta de Pedro de Valdivia, el conquistador que persigue convencer a su autoridad de la rentabilidad que implica apoyar su empresa, lo cual otorga a esta postura, por lo menos, el mote de tendenciosa y manipulada y los aportes de los cronistas, entre otros) son discutidos a partir del método de la reconstrucción histórica, la cual nos revela el conflicto entre bosques y llanos. La metalectura nos condujo a reflexionar acerca de la riesgosa dinámica de una sociedad que mira un entorno como peligroso, sin más beneficio que el producido por la tala y desde cuando está presente esta concepción. Hay una visión de corte postcolonial que mira ingenuamente y con empatía cómplice a las interacciones entre las sociedades fundantes y el medio geográfico y que responsabiliza a los conquistadores y al capitalismo de todos los males ambientales que afectan a nuestra América. Leyendo el texto, sumamos a esta visión la hipótesis de que los bosques comenzaron a experimentar el agotamiento cuando no hubo nadie que los valorara primero y defendiera después ya que nunca significaron otra cosa que un elemento abundante del cual se podía beneficiarse ocultándose, talando, deteriorando. No aparece, en los antecedentes proporcionados por el profesor Camus, una especie de precio sombra social capaz de salvar a los bosques del peligro de extinción y la conducta de los indígenas (esta hipótesis es nuestra) no puede ser categorizada, per se, bajo las lógicas de la sustentabilidad, como se ha dado a entender en diversos escritos; esto es tan erróneo como afirmar que los Incas tenían un sistema de gobierno socialista (como leí en esos textos que nos for-man en historia de Chile en la enseñanza primaria y secundaria). La falacia es la misma, analizar el antes con categorías del presente.

La tercera parte, nos enfrenta a los distintos problemas que han experimentado los bosques a lo largo de la historia y que en definitiva explican su desaparición. Siendo dos los problemas más relevantes, primero, el uso del recurso como recurso energético base para el desarrollo de otras actividades de carácter extractivo, el anti-cluster, el no-cluster que identifica nuestra condición de economía periférica, extractiva, tercermundista o como elemento renunciable en virtud de un mejor aprovechamiento de los avatares con que a veces nos sorprende la economía mundial (boom triguero, desarrollo vertiginoso de la economía china, conflictos de nuestros competidores, demandas sociales, geodemográficas, etc.). Especial mención requiere el tratamiento que se hace de la relación entre modelos de desarrollo impulsados por la autoridad central y el modo como el Estado y la colectividad social enfoca al bosque, que deriva en la pérdida de una categoría esencial en virtud de la gestión, de bosque pasa a constituirse y comprenderse como industria forestal.

La cuarta parte, cuyo reconocimiento deriva de nuestra experiencia como lector, se refiere al catastro y las posturas que se nos presentan de la comunidad científica que ha emprendido la tarea de estudiar la relaciones sociedad naturaleza y de las obras que estos esfuerzos han generado, un insumo por cierto, de gran valor para quienes comienzan el difícil abordaje de temas ensombrecidos por el incremento del PIB, la obligación político-filantrópica de vender aquello que el mercado busca y valora. Solo nos queda rescatar, más allá del valor inherente a una riquísima recopilación de fuentes, el esfuerzo que implica dar cuenta de los costos del desarrollo y de los riesgos que los modelos dilapidatorios comportan al pensar en un país que debe pensarse en el largo plazo considerando siempre la opinión y la intención de voto de aquellos que aún no nacen, deuda pendiente de nuestros sistemas democráticos. Más que un estado del arte de la investigación, es un reconocimiento al trabajo de muchos científicos que se animan a reflexionar y alertarnos acerca del Chile que estamos construyendo.

La composición del escrito le otorga una gran versatilidad, le hace una fuente de consulta obligatoria para analizar los costos de oportunidad, la competencia cualitativa y cuantitativa que supone el usar un recurso de un modo y no de otro y las consecuencias que tales opciones generan hacia el futuro.

A modo de cierre, diremos que la sola lectura del libro es un ejercicio que recomendamos, pero más que leerlo, esperamos incentivar la continuidad y sinergia de un exhaustivo trabajo de investigación, por cuanto adeudamos a las futuras generaciones el resignificar y repensar continuamente nuestros actos.

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