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Revista de geografía Norte Grande

versión On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  n.37 Santiago jun. 2007

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022007000100008 

 

Revista de Geografía Norte Grande, 37: 89-94 (2007)

RESEÑAS

 

Mateo Martinic. De la Trapananda al Aysén. Una mirada reflexiva sobre el acontecer de la Región de Aysén desde la Prehistoria hasta nuestros días
Santiago, Biblioteca del Bicentenario. Pehuén Editores, 2005. 539 p.

 

Martín Lara1

'Instituto de Historia, Pontificia Universidad Católica de Chile (Chile). E-mail:mllara@uc.cl


Sabemos que son muchos los factores que mueven a los historiadores para investigar y escribir sobre una determinada temática. Desde la necesidad de abordar nuevos puntos de análisis sobre ciertos temas ya desarrollados, pasando por vislumbrar problemas presentes a la luz del pasado, hasta inaugurar cuestiones completamente novedosas para el mundo de la academia. En este caso, a Mateo Martinic el motor que lo embarcó a escribir sobre la región de Aysén, creo que por sobre el centenario de su colonización que sería de corte formal, en el fondo, es una deuda con su memoria. Por cuanto ya nos cuenta en la parte introductoria del libro, que desde pequeño, el abstracto pero difuso concepto que escuchó, con los años se fue transformando en una necesidad vital y real de volcar al papel una historia que pueda dar cuenta acerca del pasado de una zona que es una extensión natural de la región geográfica que ha sido fundamental en su quehacer como persona e historiador, Magallanes.

El tema de la memoria no es menor, por cuanto esta se encuentra íntimamente ligada al espacio geográfico como configurador de las manifestaciones culturales de sociedades que, en este caso, por estar aisladas por tantos años, sientan las bases de la identidad y amor por el terruño que, según el autor, es una sensación adquirida por maduración y por la conciencia de formar parte de una cultura aysenina (p. 478-79). Ya desde este punto de vista, el libro es un aporte a la geomemoria.

De la Trapananda al Aysén es un libro que sorprende por varias razones. En primer lugar, por volver a las ligas de la historiografía, la utilización de la geografía como una disciplina necesariamente utili-zable para el desarrollo coherente de la historia. Lo que se palpa no solo en la parte introductoria, sino que lo interrelaciona a lo largo del texto. Ya lo señaló Heródoto, Polibio y Pausanias en la antigüedad, lo dijo también Braudel hace no muchos años con su concepto de geohistoria, y en nuestro país, la producción de Martinic, como ningún otro, reafirma este punto. Esta claro, historia y geografía no pueden ir separadas cuando se quiera dar respuesta a fenómenos que acontecen al quehacer humano, no necesariamente por ser el escenario en donde se manifiestan los actos, sino también porque el papel que cumple la geografía muchas veces se ha transformado en protagonista para que los aciertos y fracasos del hombre trasciendan al desarrollo global de su papel en la historia. Qué mejor ejemplo que el dado por las guerras y batallas a lo largo de la historia, o sin ir más allá, en la confluencia de estas disciplinas en facultades de diversas casas de estudio a lo largo y ancho del mundo.

En segundo lugar, porque el libro que nos entrega su autor es la primera visión global sobre dicha región, no necesariamente entendido por ser un compendio enciclopédico sobre esta sino por ser un texto que, especialmente en su parte final, nos invita a la reflexión sobre las problemáticas de nuestro país como sociedad y que en el transcurso de la historia republicana, especialmente desde la segunda mitad del siglo XX, no hemos podido dar respuestas coherentes a problemas pretéritos que afectan a una parte significativa del territorio nacional. Sobre este punto nos detendremos más adelante.

La Región de Aysén es particular por muchas razones. Entre ellas se cuenta ser una de las más extensas de nuestro país, ya que su espacio constituye el 14,2% del total americano de Chile. Ser una de las últimas fronteras del país en ser poblada de modo permanente, sin olvidar el caso de los grupos indígenas que la habitaron por alrededor de ¡14.000 años! Contar con las reservas de agua dulce más importante del hemisferio meridional, excluyendo al continente blanco y los Campos de Hielo Sur compartido con la Región de Magallanes. Por estar asentada aquí una sociedad con características pluriculturales que da como consecuencia una población singular en el contexto de la realidad chilena: desde los trabajadores de la provincia de Llanquihue, traídos por empresas colonizadoras; pasando por los chilotes que deseosos de trabajo y esperanza en un porvenir económico se asentaron con sus tradiciones; los chilenos que avecindados en Argentina desde fines del XIX, concluyeron su circuito en Aysén, y los extranjeros, particularmente ingleses, españoles, alemanes y belgas, estos últimos, motivados por encontrar una tierra que permitiera alejarse del caos del viejo continente. Sin contar, por cierto, a los inmigrantes sirios, liba-neses y palestinos (p. 455-57); hasta llegar a los uniformados y sus familias, cuya misión fue y es la defensa de los intereses del país, en una región sensible históricamente en temas de cuestión limítrofe. Estos y otros puntos son sobrados ejemplos de la relevancia para que una región como esta tenga una historia.

La estructura interna del libro está dividida en siete partes, en su gran mayoría organizadas de modo temático, pero salvaguardando una coherencia cronológica, a la que anteceden un breve prólogo y una completa descripción geográfica. Asimismo, en la parte final de las subdivisiones temáticas, se pueden encontrar en orden: un interesante colofón; fuentes de consulta o bibliografía; índice onomástico; índice de mapas e índice de tablas, que en conjunto arroja un total de 539 páginas.

La pulcritud de la investigación que desarrolla el profesor Martinic, de la cual él está consciente, como lo dice en su preámbulo, se nota en la constitución y firmeza de la gran diversidad de fuentes que utiliza. Esto realmente es algo meritorio, pero no novedoso en los trabajos del autor, que siempre se han caracterizado por el respaldo que utiliza en sus escritos. Desde las fuentes primarias, muchas de ellas inéditas como es el caso de los documentos de contabilidad Estancias Lago Posadas y Lago Chio 1919-1927, o el Libro de crónica del Convento de N. S. de los Dolores, años 1937-1943, con los que intuimos, se podrían desarrollar monografías referidas a la historia económica y de la vida privada de dicha comunidad religiosa y su influencia en el desarrollo regional, aspectos que en lo general, ya tratados en otras investigaciones referidas a Chile central, para esta zona serían un real aporte. Pasando por narraciones inéditas como las Memorias del Baker de Lucas Bridges (p. 156) y Mi estadía en la Patagonia de Karl Kraft (p. 201) de sustantiva importancia en el desarrollo de la historia de la vida cotidiana de esa región. Hasta llegar a consultas de las cesiones del cuerpo legislativo y un consumado estudio relativo a los periódicos del país y el extranjero. Sin embargo, no podemos dejar pasar la magra utilización de las tesis de pregrado existentes. Son mucho más de cuatro las memorias referidas a la zona de Aysén que en los últimos años se han realizado, y de una calidad incuestionable, pasando por las que se han escrito en el Instituto de Historia de la Universidad Católica que cuentan alrededor de cinco, las del Departamento de Ciencias Históricas de la Universidad de Concepción (dos), las del Instituto de Geografía de la Universidad Católica (tres), excluyendo a los que tienen por temática la arquitectura y agronomía que sumados bordean la decena. Ahí faltó un poco de astucia en la búsqueda y en reconocer los estudios realizados por estudiantes sobre el tema.

Siguiendo con las fuentes y para cerrar esta parte, hay cuatro cosas que decir. En primer lugar, que la historia de Aysén por ser relativamente reciente en comparación con el resto del país y, por la constitución y estructura de la población, tiene la particularidad de ser la única región del país que cuenta con un material documental completo de su pasado, que lo podríamos equiparar a las palabras referidas por Paul Johnson con respecto a la historia de Estados Unidos. En segundo lugar, meritorio es la utilización de las buenísimas fotografías que nos presenta a lo largo del texto, que lamentablemente las correspondientes al siglo XX tardío, hubiese enriquecido el libro al haberlas publicado en color, cosa que creemos, no dependía del autor sino del sello editorial. En tercer lugar, se nota a lo largo del libro, una carencia completa en el manejo de historia oral de primera mano, que de haber estado presente, nos acercaría más al pensamiento y reflexión de la población rural de la zona, muchas veces excluida de las historias oficiales y, en este caso eruditas, como la que presenta nuestro autor. Por último, y en cuarto lugar, a pesar que las nombra, en mayor grado tendría que haber sido la utilización de la fecunda producción bibliográfica de la historia trasandina relativa a la Patagonia, la cual, como sabemos, está íntimamente ligada al contexto social, económico y geopolítico de la nuestra.

La primera parte del libro titulada "El poblamiento originario" es una visión global acerca de las comunidades indígenas prehistóricas de la región. Utilizando principalmente investigaciones arqueológicas, el autor va describiendo las tentativas fechas de arribo a la zona y sus posibles caminos, que de modo claro, señala que fue por las dos vertientes de la cordillera. Manifestándose de esta manera, un grupo cazador-recolector en la parte oriental y cazadores-recolectores marinos en su contraparte. En base a los yacimientos y los residuos que en estos se encuentran, señala las distintas fases o estadios temporales del desarrollo humano en la zona. Se vale para ello de las últimas investigaciones realizadas, como de la colaboración de algunos especialistas entre los que se cuentan a Francisco Mena, un reconocido investigador sobre el tema. En la secuencia clasificatoria de esta parte, Martinic devela interesantes aportes, como por ejemplo, el caso de la sección oriental de la tierra firme, específicamente en su parte central, durante el período Holoceno Tardío en que la población, según las estimaciones, alcanzó un total de medio millar de almas, muy por encima de lo que se podía pensar en una zona hostil al habitat humano. En su parte histórica, el autor demuestra su destreza en la conjugación de fuentes para hacer inteligible el desarrollo y decadencia de las últimas bandas de la etnia de los chonos. Precisamente sobre ellos parte con la descripción que hizo Morrell hacia 1824 y remata con los datos proporcionados por Francisco Vidal sobre los habitantes que quedaban en las Cuaitecas (p. 45).

Ya en ocasiones anteriores, el autor tuvo la oportunidad de escribir sobre los primeros descubrimientos y reconocimientos realizados por navegantes occidentales sobre la costa pacífica de la Patagonia. Por tanto, la segunda parte del libro "El conocimiento geográfico. El arribo y presencia de los foráneos", no es más que la maduración de sus conocimientos al respecto. Sobre ello, parte con el clásico viaje de Magallanes, una vez cruzado el tempestuoso y peligroso estrecho en el XVI, siguiendo con la zaga decimonónica de Darwin por sus aguas, hasta concluir con las descripciones hechas por funcionarios de la Armada y de los científicos de principios del siglo XX, entre los que destaca la labor prestada por el profesor del Instituto Pedagógico de la Universidad de Chile Hans Steffen (p. 87-92). Entre estos hechos, no deja pasar inadvertido, el aporte en el conocimiento geográfico continental de la región realizado por los malogrados viajeros que fueron en búsqueda de la Ciudad de los Césares, de cuya leyenda, Martinic da una breve pero completa descripción. Concluye dicha sección del libro, con el real pero controversial aporte que se materializa en el conocimiento geográfico de Aysén en base al trabajo demarcatorio por las comisiones mixtas, en pos de solucionar las diferencias limítrofes con la República Argentina que, bien vale decir, hasta el día de hoy siguen trabajando. Es menester recordar, la buena utilización de las fuentes, como es el caso del texto original de Thomas Holdich y no su incompleta traducción ¿Territorio en disputa?, que es de uso masivo.

Con el amanecer del siglo XX, Aysén ve dar sus primeros pasos en el lento proceso de integración a Chile central. Tal como afirma el autor, un factor de vital importancia en esto es el interés que asume el Estado tras la conciencia que toma ante la amenaza del futuro desmembramiento de su territorio en detrimento de la Argentina que, en este período, estaba consolidando su proceso de conquista llevado a cabo 25 años antes. Dentro de esta coyuntura, se inaugura la tercera parte del libro "El dominio del territorio. El poblamiento fundacional". Martinic identifica el período comprendido entre 1903 y 1928 como la primera etapa de los arribos de colonos a estas tierras. Entre ellos, el autor recuerda el gran aporte en términos cualitativos y cuantitativos prestado por los chilotes (p. 452), aunque reconoce que su llegada a esta, es más tardía de lo que se conoce tra-dicionalmente. Del mismo modo, nos presenta la eficiente labor prestada por Felipe Westhoff como uno de los pioneros en la industria maderera. Con respecto al origen de este personaje que, según el autor lo sitúa en Westfalia (p. 112), tenemos serias reservas, por cuanto otras investigaciones sitúan a este mismo Felipe Westhoff como oriundo no de Alemania, sino ¡de Rusia...! No queremos polemizar sobre este punto, sino dar a conocer nuestras dudas. Evidentemente el apellido es de raíz germánica, pero su origen ruso respondería a la emigración conocida por parte de estos grupos a fines del XVIII que, invitados por Catalina la Grande a colonizar las tierras de la actual Ucrania, emigran más tarde de estas con la ascensión al trono del zar Alejandro II, y que en años posteriores se agudizaría el éxodo con la llegada de Alejandro III. El dato con el cual fundamos el problema es el que nos proporciona Olga Ulianova en dos textos por ella publicados (1999 y 2000) quien además nos dice que las fuentes chilenas ya lo nombraban en 1860 y, coincidiendo con Martinic, que este pionero fue el que bautizó la isla de Melinka, en honor a su hermana. Pero que Ulianova más sutil todavía, plantea que este toponi-mio tiene su origen en la palabra rusa malenki, que quiere decir chiquitito o pequeño. El asunto lo planteamos por cuanto consideramos que uno de ellos está errado en su posición o tal vez ambos. Lamentablemente el profesor magallánico no presenta la fuente de donde extrajo su información. Ulianova sí.

Siguiendo con la tercera sección del libro, el autor va describiendo la progresiva llegada de los colonos, su establecimiento en Palena, las primeras concesiones para la explotación maderera y las dinámicas sociales consiguiente de su establecimiento, todo esto resguardado con un sólido entretejido documental y narrativo. Especial alusión dentro de esta parte es la relativa a la tarea emprendida por diversas corporaciones entre las que se cuentan la Sociedad industrial del Aysén; Compañía explotadora del Baker; la Pastoril del Cisnes-Anglo Chilean Pastoral Limited; la Industrial y ganadera Yelcho Palena y la Sociedad Hobbs y Cía., que serpentean sus dominios y radios de acción desde el valle Simpson, Lago Buenos Aires, cuenca del Baker, Lago Verde, Lago San Martín, Río Mayer, entre otros. Terminando dicha sección con una rica descripción de la oleada de pioneros civiles que toman a esta tierra como su hogar desde 1920 en adelante, con un correspondiente análisis del impacto en sus vidas y del ecumene en general.

La cuarta parte del libro, titulada "La intervención del Estado. La institucionaliza-ción del territorio" da cuenta del proceso de reconversión de intereses de Estado que desde Santiago se dio en pos de solucionar el abandono de las tierras patagónicas. Un gran paso en este sentido fue la puesta en marcha del reconocimiento de Aysén como distrito elector con el decreto con fuerza de ley Ne 232 del año 1 931, que si bien más de una vez se modificó, fue la base de lo que después se hizo en esa línea. Asimismo, en la sección se da gran relevancia a las personas, civiles y militares, que ayudaron a Aysén y sus habitantes a estar en el inconsciente de los gobiernos de turno como una especie de Pepe grillo. Un paso decisivo en este esfuerzo fue el trabajo del intendente Luis Marchant, quien en el transcurso de tres años desarrolló un loable papel en el devenir histórico de Aysén (p. 277-78). Mismo rol cumplió años más tarde Julio Silva (p. 354-57) y el intendente Atilio Cosmelli (p. 368). En esta parte, el autor estudia con gran detalle y elocuencia las dinámicas de las relaciones fronterizas de los habitantes de Aysen con sus vecinos argentinos, lo que él denomina una servidumbre onerosa, y que esta situación, entre otras, provocará más tarde la necesidad de contar con una eficiente red de comunicación terrestre con la zona de Palena y de esta con Puerto Montt. Asimismo, realiza un exhaustivo trabajo en materia económica, dando a conocer la política agraria y sus consecuencias en la tenencia y extensión, como también, en el de-sarrollo de la ganadería, agricultura, pesquería y explotación forestal. Se agradece en esta parte la utilización de tablas gráficas para una mayor y taxonómica comprensión del tema. Concluye esta sección con la idea que bajo este período, la región de Aysén termina por asimilarse a la fisonomía simbólica de Chile, principalmente gracias a la influencia de un conjunto de factores, entre los que se cuentan: una red político-administrativa; la llegada de nuevos contingentes colonizadores desde el centro del país; la influencia de la Iglesia Católica y la labor prestada por los miembros de las Fuerzas Armadas y su tarea humanitaria, de singular valor en esta aislada región.

La segunda mitad del siglo XX, el autor la reconoce como el "Advenimiento de la modernidad", nombre con el cual titula la quinta parte del libro. Aquí identifica tres claras etapas del desarrollo de la región haciéndola coincidir con la gestión de tres intendentes. La primera, la sitúa entre los años 1958 y 1964, que se caracteriza por la administración regional del ya citado intendente Cosmelli que, como buen conocedor de la zona, supo dar énfasis en aspectos completamente olvidados de la región. Entre estos cabe mencionar la conectividad de la región en materia vial, fluvial, marítima, aérea y de telecomunicaciones, especialmente en lo referido al sistema de correos y teléfonos. Esto causó una mejora en el nivel de vida de los ayseninos que se agudizaría con la inyección monetaria y su eficiente utilización en materia de salubridad e higiene en las principales ciudades y villas, sumado a un plan de construcción de habitaciones para los pobladores, redes asistenciales en materia de salud y edificios para la educación primaria-secundaria. Gran culpable de este desarrollo además del intendente, fue la influencia de la CORFO en materias de índole productivo en la ganadería, innovaciones tecnológicas, industrial, préstamos y capacitación (p. 370-71).

La segunda etapa, comprendida entre 1964 y 1970, continuó el proceso anterior de desarrollo en la región bajo la dirección de Gabriel Santelices. En esta parte, el autor desarrolla con mucho conocimiento de causa la labor prestada por dicho intendente, por cuanto Martinic fue su alter ego en la Región de Magallanes en el mismo lapso. Describe con gran detalle cómo los planes del gobierno de Eduardo Frei Montalva se hicieron sentir en la región, con una mayor autonomía en materia administrativa, la puesta en marcha del Plan Socio-Económico para la Provincia de Aysén y sus resultados en el mejoramiento de la calidad de las personas en todas las esferas del quehacer social. Particular atención cabe la lectura del último párrafo en la segunda columna de la página 375, en la cual, tal vez, el autor en persona de Santelices, hace alusión a su propia experiencia como intendente de Magallanes.

La tercera etapa de esta sección es la extendida entre los años 1970 y 2003, período amplio y febril en la historia del país y de la región en particular. Esta se caracterizó por la repetida práctica de la rotativa de intendentes, pero que según el autor, no fue tan evidente como en años anteriores, gracias a la marcha de las reformas modernizadoras del gobierno de Frei padre. Sin tocar temas "sensibles" para el período que nos referimos, el autor subraya el aspecto económico y de conectividad, dando un gran protagonismo a la inauguración de la Carretera Austral como una verdadera columna vertebral del crecimiento de la región bajo el gobierno de Pinochet. Lo mismo hace en la descripción de los gobiernos de la Concertación en materia de apoyo económico para el desarrollo regional, dando a conocer que incluso el aporte a infraestructura vial fue mayor proporcionalmente que el de sus hermanas de los extremos del país (p. 381). Al igual que en la cuarta parte, el autor continúa con un análisis relativo al desarrollo económico a través de las principales áreas de producción. Concluyendo con un acabado e interesante análisis de la patológica cuestión limítrofe con Argentina, en particular sobre la Laguna del Desierto, dando para ello sus puntos de vista, los cuales compartimos principalmente por su ponderación y honestidad.

En la sexta y séptima parte del libro, tituladas "La gente y los pueblos de Aysén" y "La Región de cara al siglo XXI" respectivamente, nos entrega una mirada global y reflexiva sobre dicha región. Con una tremenda elocuencia y responsabilidad como historiador y agente social, muestra el sentir de la población sobre su habitabilidad en la región, sus aspiraciones y sus desafíos. En cuanto a la sexta parte, reitera la temática de la colonización, pero de un modo más profundo, aclarando lo planteado anteriormente, como es el caso del aporte cualitativo de cada uno de los grupos inmigrantes, en este caso los chilotes, dando a entender que no solo fueron fuerza de trabajo, sino una contribución en términos de cultura material e intangible, como también, lo hace con el aporte de los extranjeros. Presenta los orígenes de las primeras instituciones sociales como las escuelas, agrupaciones culturales y deportivas en cada una de las villas, pueblos y ciudades de Aysén. Además, de una breve historia de cada una de ellas, atendiendo a sus particularidades arquitectónicas y sociales, tomando como referencia las descripciones realizadas por los memoralistas. Con respecto a la séptima parte, cual médico, presenta un diagnóstico de los problemas latentes, y un recetario para solucionarlos, focalizándolo principalmente en: materia de integración física al país; economía regional; preservación del ambiente y la calidad de vida. Cierra esta parte con una reflexión sobre la identidad y cultura de la región dando un mensaje de altura de miras, seriedad y vocación a las futuras autoridades para que resguarden un patrimonio que le pertenece no solo a Aysén, sino a todo Chile, haciendo especial referencia sobre los recursos naturales y la identidad cultural.

Un hermoso colofón cierra el libro, en donde brevemente y con cariño se refiere a la gente de Aysén, para luego dar la palabra a sus propios protagonistas. Uno de ellos, Félix Elias, custodio de la memoria regional se abre paso narrando la experiencia de un olvidado compañero de gestas heroicas del colono: el caballo. Siguiéndole a continuación Arturo Barros, un protagonista de la hazaña del Simpson quien, en una emocionante narración poética concluye el libro.

Entre los aspectos que se podrían arreglar del texto para una segunda edición, se encuentra una mejor puesta en escena de los mapas que en su totalidad están carentes de escala gráfica; orientación cardinal y sistema de coordenadas, que creemos es una falta de cuidado editorial; por último, una inclusión de un esquicio le habría proporcionado un contexto a la región en la proyección cartográfica del país. Así también, el mapa presentado en la página 100, correspondiente al Nº 5 del libro, relativo a la cuestión limítrofe, hubiese sido conveniente presentarlo con las referencias topográficas o información orográfica que facilite la lectura para una mayor comprensión del tema y la disputa entre las tesis de ambos países, pensando que este libro no será solo consultado por especialistas, sino también por escolares y lectores en general. Por lo mismo, conveniente sería en una segunda impresión, que esperemos se realice, una inclusión de un glosario geográfico, el cual prestaría una función didáctica y práctica al lector.

En cuanto a su estructura física, para quienes nos fijamos en estos detalles, el libro es atractivo, flexible, con excelente diagramación en doble columna de los textos. La portada y contraportada a todo color nos muestra la rica diversidad climática y ecológica de la región. Por una parte, el libro es inaugurado con una hermosa reproducción del Lago Leones, que también se presenta en la página 441. Mientras que en la contraportada, el Valle de la Luna cierra el libro con las palabras referidas a él por su autor.

Excelente producción la que nos presenta el Premio Nacional de Historia año 2000. Completo, coherente, reflexivo, acucioso y erudito (especialmente en sus citas al pie de página), con gran dominio sobre el tema y sobre todo, pensado en algo que realmente necesitamos en nuestros días sobre temáticas referidas a la historia regional y local. Cuidado para los historiadores, que Martinic lentamente se acerca al norte...

 

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