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Revista de geografía Norte Grande

versión On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  n.40 Santiago sep. 2008

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022008000200009 

 

Revista de Geografía Norte Grande, 40: 109-110 (2008)

RESEÑAS

David Harvey y Neil Smith. Capital financiero, propiedad inmobiliaria y cultura
Barcelona: Universitat Autònoma de Barcelona, 2005, 78 p.

Abraham Paulsen Bilbao1

1 Académico Instituto de Geografía Pontificia Universidad Católica de Chile. E-mail: apaulsen@uc.cl


En el libro "Capital Financiero, Propiedad Inmobiliaria y Cultura" encontramos aquella mirada catastrofista con la cual los radicales proyectan el presente y futuro de las ciudades casi impensando las ciencias sociales, cayendo así en el lugar común (Sassen, S.; Soja, E.; Ingersoll, R.; Borja, J.; Sorkin, M.; Sennett, R.; Castells, M., entre otros) de la denuncia de los procesos de desfragmentación y/o disgregación que afectarían a las urbes contemporáneas, promovidos, fundamentalmente, por la globalización.

Así como mutó el Estado desde la concepción de Estado – (Nación) – Bienestar al Estado – Neoliberal – Subsidiario, cambian también las ciudades, sus funciones, y lo más relevante, sus objetivos. Smith plantea desde un enfoque integrativo (globalización – territorialización – urbanismo) las vicisitudes que hoy experimentan las políticas de reproducción social y cómo este fenómeno modifica la estructura e "ideología" de la ciudad, y la razón de ser de los gobiernos locales, municipales y regionales. La ciudad, más que ser un espacio de reproducción social, es ahora un ámbito de producción social, aglutinando y estableciendo lógicas de combinaciones de factores e insumos que intervienen en la producción de bienes y servicios, lo que, a su vez, dota a estos espacios de una dimensión competitiva que tiñe a ciudadanos e instituciones con un nuevo perfil que le da una significación semántica muy diferente a lo que entendemos hoy por vida urbana, civilidad, ciudadanía, civilización.

Los espacios de producción de bienes y servicios requieren de gobernabilidades flexibles, débiles (desde la perspectiva de la cohesión social) y fragmentadas (ya que son áreas concretas las que compiten, no regiones, ciudades ni países), que originan un fenómeno descrito por Sassen, S. y Borja, J. como "Fascismo Urbano" en algunas ciudades norteamericanas. La ciudad que aglutina a distintas clases sociales se manifiesta como un espacio en el que los conflictos y contradicciones entre un grupo y otro son solucionadas por las autoridades en función de un pragmatismo conservador. Lo anterior incide en que en las ciudades, desde la represión, se aplanan las diferencias y/o diversidades y los ciudadanos ya no gestionan ni conflictúan políticamente sus diferencias, imponiéndose los enfoques más conservadores que, de paso, aminoran las posibilidades siempre crecientes de revueltas.

En Estados Unidos de Norteamérica las clases medias, medias altas y acomodadas se organizan para "defenderse" de los más pobres por cuanto les tienen miedo; este miedo se traspasa a la gestión de los territorios. Se origina una nueva tipología de lucha de clases que no se escenifica ni en el Estado nación ni en las relaciones básicas de producción, sino que más bien se aloja en los territorios locales y se conjuga en las eras de la globalización. Como la lucha de clases define a la ciudad industrial, esta nueva tipología definiría a la ciudad global contemporánea.

No obstante, parece necesario realizar un matiz. Todo grupo de poder tiende a proyectar al futuro las condiciones operativas que le permiten disfrutar de la posición de privilegio que coyunturalmente pueden poseer. De lo anterior se deriva que es característica de la utopía conservadora frenar la revolución y el cambio y procesos claves de crisis y transformaciones violentas, a lo menos en Latinoamérica. Los conservadores siguen un discurso en el cual determinados llaman al orden y a la recuperación de un pasado en el que estarían situadas las claves de la estabilidad; lo anterior superaría la dimensión temporal de la ciudad de producción social, abarcando también a algunas las ciudades industriales.

Harvey, situado ahora en un paradigma revisionista – neomarxista – postmoderno, incorpora una nueva faceta al concepto de renta monopolista, presente originariamente en el Capital. Traslada el ámbito de acción de este tipo de renta desde los productores (en la línea marxiana) a los "actores dominantes en el espacio urbano-regional", entendidos como aquellos que mediante el capital financiero son capaces de modificar en algún grado y en virtud de sus propios intereses al espacio urbano con el fin de instalarse en escenarios (y actividades) "ganadores" (con un gran potencial de ser integrados a la globalización), con la concurrencia de un sector público que apoya, mediante la introducción de capital fijo, la ganancia de un capital intangible, tremendamente poderoso y trasformador, definido bajo el paraguas semántico de competitividad. Dicho de otro modo, los protagonistas o aquellos que tienen algo que ganar con la globalización, requieren, para que sus planes fructifiquen, de un sector público que aliente la competitividad mediante la introducción de capital fijo, por ejemplo, en obras de infraestructura que sean capaces de generar espacios diferenciados, una imagen nueva de la ciudad y la construcción de un tipo específico de oferta cultural. La ciudad, entonces, deja de ser el escenario de los actos colectivos e individuales y se transforma en una representación que se vende al mundo.

Tal especificidad aparece como diametralmente opuesta a los fenómenos de estandarización tan propios de la dinámica globalizadora, que proyectados en el largo plazo producirían espacios capitalistas uniformes que en virtud de la minimización de las diferencias dejarán, si no prosperan otras instancias de diferenciación, de ser competitivos. En esta profecía, cuya dinámica responde a los motores de un proceso único, encontramos el tamiz marxiano desde el cual este autor observa y analiza la realidad y al proceso de "Revolución Urbana", que identificaría a las ciudades postindustriales contemporáneas y que tendría como componentes la ruptura del tiempo y el espacio mediante la introducción de Internet y sus elementos afines, la emergencia y reinado de las áreas metropolitanas, el imperio del capital financiero y la generación de fórmulas de producción social anotadas previamente que influyen en la gobernanza y en las características y conductas de las sociedades urbanas.

Por último, quisiera dar cuenta del ritmo o la melodía en la cual se escribe la obra de Harvey y Smith. Los tiempos en los cuales se denotan los procesos (más en Smith que en Harvey), son rápidos, casi efímeros. Los eventos descritos acontecen en un abrir y cerrar de ojos, por cuanto la globalización supera la velocidad de la historia humana en tanto se mide en bites y no en segundos y minutos. Entonces, el destino apocalíptico de las ciudades es inminente y está a la vuelta de la esquina; nos queda entonces reflexionar acerca de qué posibilidades existen en materia de resistencias (que es, la condición postmoderna) o si solo es factible que los grupos sociales asuman esta condición de modo sumiso incorporándose a la lucha por conseguir aquellos factores que les otorgaran la anhelada competitividad y que como todo lo sólido, se desvanece en el aire.

 

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