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Revista de geografía Norte Grande

versión On-line ISSN 0718-3402

Rev. geogr. Norte Gd.  no.54 Santiago mayo 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34022013000100004 

Revista de Geografía Norte Grande, 54: 51-66 (2013)

ARTÍCULOS

La geografía histórica, la imaginación y los imaginarios geográficos1

 

Perla Zusman2

2 CONICET - Instituto de Geografía, Universidad de Buenos Aires (Argentina). E-mail: perlazusman@yahoo.es


RESUMEN

Las nociones de imaginación e imaginación geográfica son ampliamente usadas en la geografía en la actualidad. El objetivo de este texto es identificar las formas a través de las cuales algunos geógrafos anglosajones han construido su noción de imaginación e imaginación geográfica, qué papel le han otorgado en su proyecto disciplinar y cómo han articulado estas ideas en sus análisis de geografías pasadas. En primer lugar, se han trabajado las propuestas de geógrafos de la décadas de 1960 y 1970 que recurrieron a estas nociones para superar el escaso interés por lo social y cultural de la geografía. En segundo lugar se presentan las perspectivas desarrolladas en la década de 1990 de la mano de las geografías poscoloniales y de la cultura visual. Finalmente se presentan las repercusiones de estas perspectivas en algunas líneas de trabajo en América del Sur.

Palabras clave: Geografía histórica, imaginación, imaginarios geográficos, epistemología.


ABSTRACT

Notions of geographical imagination and imagination are widely used in Geography today. The purpose of this paper is to identify the assumptions of these notions within some Anglo-Saxon geographers; specifically we are interested in studying the role of these ideas in their own discipline project and how these ideas were articulated in their analysis of past geographies. Firstly this paper discusses the concepts of imagination and geographical imagination used during the 1960s and 1970s with the aim of overcoming little Geography awareness with social and cultural aspects. Secondly we present perspectives around these ideas developed in the 1990s by postcolonial geographies and visual culture studies. Finally, we recognize their impact on some lines of research that are being developed in South America in the last decades.

Key words: Historical geography, imagination, imaginative geographies, epistemology.


 

Los términos imaginación, imaginarios geográficos, geografías imaginarias o imaginativas circulan desde hace alrededor de dos décadas en algunos ámbitos de la Geografía internacional (Harvey, 1990; Gregory, 1994; Soja, 1996; Cosgrove, 2008a; Daniels, 2011). La incorporación del término imaginario en la disciplina en América Latina (Hiernaux, 2002; Lindón, Aguilar, Hiernaux, 2006; Lindón 2007; Hiernaux, 2007) es contemporáneo a su difusión en las ciencias sociales de la región (Canclini, 1997; Telles, 2004, Gorelik, 2002). Su uso generalizado en las Ciencias Sociales a nivel internacional lleva a autores como Wunenburger (2008) a suponer que el "éxito" del término se asociaría al interés de ciertas perspectivas posmodernas de hacer desaparecer "el sujeto como autor de sus representaciones, en beneficio de procesos de simples juegos (de textos, imágenes, etc.) que, por combinatoria y deconstrucción engendran, de manera indefinida, nuevos efectos de significación (J. Derrida, G. Deleuze, etc.)" (Wunenburger, 2008: 18). Por su lado, García Canclini sostiene que, frente a la pérdida de credibilidad de las teorías totalizadoras y frente a las dificultades que se presentan para conocer la totalidad de lo real, "lo imaginario viene a complementar, a dar un suplemento, a ocupar fracturas o los huecos de lo que sí podemos conocer" (Canclini, 2007: 90).

En Geografía, la idea de imaginarios geográficos parecería haber sustituido a otros términos que, en otros contextos, permitieron relacionar lo cultural con lo espacial como fue la idea de percepción en la década de 1960 (Capel, 1973). A su vez, ella parece convivir con aquellas discusiones que trabajan con el concepto de representaciones espaciales3 (Bailly, 1985; Di Méo & Buléon, 2005). El objetivo de este texto es realizar un recorrido por los usos de la noción de imaginarios geográficos en el campo de la Geografía Histórica. En la medida que este camino ha sido recurrentemente frecuentado por la Geografía anglosajona, nuestro análisis busca identificar las tendencias que se han desarrollado en esta tradición. Reconocemos dos coyunturas claves en su conceptualización: la primera se vincularía a las propuestas que surgen como reacción al cuantitativismo en la décadas de 1960 y 1970 representadas por la Geografía humanista y en Geografía marxista; la segunda se asociaría a las Geografías poscoloniales y los estudios de cultura visual llevados adelante en la década de 1990.

¿Qué idea de imaginario geográfico construye cada autor? ¿Qué relación establece cada autor entre la imaginación y su estudio de las geografías pasadas? ¿Están presentes estos conceptos hoy en los trabajos de Geografía Histórica en América del Sur? Estas preguntas guían el recorrido que proponemos llevar adelante en el presente texto.

Terrae incognitae, imaginación e imaginarios en la visión del pasado de la geografía humanista

La idea de imaginario geográfico irrumpe en la geografía histórica de la mano de los aportes de la Geografía Humanista, una perspectiva de análisis de base fenomenológica que, desde la década de 1960, toma en cuenta la subjetividad en el conocimiento del entorno y que reconoce la proximidad entre la Geografía y el arte o la poesía. La Geografía humanista procuraba otorgar protagonismo al sujeto en un momento en que la racionalidad económica y cuantitativa era hegemónica en la disciplina.

Dentro de la Geografía estadounidense, esta propuesta de investigación fue delineada por J.K.Wright (1891-1969) quien se desempeñó como presidente de la Asociación de Geógrafos Americanos y de la Sociedad Americana de Geógrafos. Su tesis, presentada en la Universidad de Harvard, se tituló The Geographical lore of the time of Crusades (1925) (El conocimiento geográfico en la época de las Cruzadas). En este trabajo Wright reconoce la influencia de las ideas religiosas, comerciales, políticas e intelectuales en el conocimiento del entorno en el período medieval. A su vez, establece diferencias entre el saber geográfico de un académico o religioso y el de un comerciante, un soldado o un peregrino. Mientras que los primeros alimentan su visión, en parte, en los conocimientos heredados de la antigüedad, los segundos la adquieren a través del viaje y de la exploración (Keighren, 2005).

Esta línea de reflexión encuentra continuidad en los contenidos de la conferencia que Wright dicta como presidente de la Asociación de Geógrafos Americanos, en ocasión de la reunión anual celebrada en 1946, titulada Terrae incognitae: the place of the imagination in geography (Terrae incognitae: el lugar de la imaginación en geografía) (Wright [1947] 1977). Para J.K. Wright las terrae incognitae (tierras desconocidas) no son comunes para todos los grupos humanos. De hecho, los espacios inexplorados para los europeos en el siglo XVI, no eran los mismos que para los pobladores americanos. De esta manera, J.K. Wright busca superar la perspectiva occidental que universaliza procesos que tienen que ver con su propia historia. A su vez, reconoce otras formas de conocimiento sobre la superficie terrestre diferenciadas del saber científico de carácter eurocéntrico. Estos presupuestos epistemológicos sostienen su propuesta de Geosofía (Geo: tierra, Sofía: conocimiento), es decir de una historia de la Geografía que toma en cuenta no solo el estudio del conocimiento de los académicos sino también de otros sectores sociales. En la medida que las terrae incognitae varían conforme a los grupos sociales, la Geosofía pretende dar cuenta de todos los puntos de vista, de todas "las ideas geográficas, tanto verdaderas como falsas, de todas las modalidades de gente- no solamente geógrafos sino agricultores y pescadores, ejecutivos y poetas, novelistas y pintores, beduinos y hotentotes" (Wright, 1977: 182). Para Wright todos estos sujetos se aproximan a ámbitos geográficos desconocidos a través de sus imaginarios, vinculados en parte con la experiencia que cada grupo tiene del mundo real (Keighren, 2005).

La elaboración de imaginarios pone en acción a la imaginación. En tanto facultad sicológica (Wunenburger, 2008), la imaginación se combina con lo racional en la construcción del conocimiento. Wright homologa el canto de las sirenas del relato de la Odisea con el poder seductor e imaginativo del arte y la poesía que podría ser puesto en diálogo con los distintos tipos de conocimiento geográfico. Este tipo de imaginación que Wright reconoce como subjetividad estética, garantiza la empatía entre el geógrafo y su lector, y permite "participar con él [el lector] de las impresiones que el lugar o la circunstancia, han dejado en nosotros: hacerlo descender de su elevado puesto de mira y hacerlo ver con nuestros propios ojos y sentimientos" (Wright, 1977: 177).

Wright reconoce en todo geógrafo esta capacidad imaginativa que denomina libido geográfica "consistente enteramente en la sensibilidad estética al estímulo de las montañas, desiertos o ciudades tanto como a un deseo intelectual de resolver objetivamente los problemas que tales entornos presentan" (Wright, 1977: 178). Si el geógrafo no posee esta capacidad imaginativa puede recurrir a impresiones imaginativas prestadas, es decir puede acudir a los puntos de vista de los viajeros o a los otros saberes incorporados a su proyecto de Geosofía (el de agricultores y pescadores, ejecutivos y poetas, novelistas y pintores, beduinos y hotentotes) que demuestren una sensibilidad para captar las especificidades de la relación entre la naturaleza y la sociedad.

Su reflexión sobre el papel de la imaginación en la construcción del conocimiento geográfico lo lleva a concebir que las tierras incógnitas no solo existen en la geografía material sino que también pueden encontrarse "en la mente y el corazón de los hombres" (Wright, 1977: 187). A través de sus dos acepciones de lo desconocido (aquella que tiene que ver con los ámbitos de la superficie de la tierra no explorados y aquella que se vincula con los espacios de la mente no escrutados), Wright propone una epistemología para la geografía que tome en cuenta la subjetividad como elemento clave en la diferenciación espacial, una diferenciación que tiene que ver con las formas de imaginar el medio, de aproximarse y actuar en él.

David Lowenthal y Hugh Prince recogen la propuesta de Wright para restaurar la primacía de lo sensible (Wunenburger, 2008) y analizar las valoraciones y preferencias que los sujetos desarrollan frente al medio. "Ni el mundo, ni las imágenes de él son idénticas a la geografía" afirma Lowenthal ([1961] 1977: 189). Este señalamiento expresa el reconocimiento de que el conocimiento geográfico se construye en el vínculo entre realidad y aquello que en la época se denominó percepción y que incluía un conjunto de procesos distintos más o menos relacionados: desde el contacto sensible, la experiencia, la organización del conocimiento a través de imágenes hasta las actitudes y decisiones que definen nuestras intervenciones en el medio (Capel, 1973). Lowenthal (1977) observa que la antropología cultural, la sicología filosófica y la lingüística4 ofrecían avances teóricos para entender tanto la organización de cosmovisiones privadas e individuales como grupales (ligadas a la estructura social, al contexto cultural y al lenguaje). Desde su punto de vista, las ideas de experiencia y de imaginación discutidas en aquellas disciplinas, nos ayudan a aproximarnos a las geografías personales5 que conviven con aquellas geografías diferenciadas desde el punto de vista cultural y también con aquellas otras desarrolladas en distintos momentos históricos.

Bajo estos presupuestos Lowenthal & Prince (1964, 1965) trabajan el gusto de los ingleses por el paisaje. Ellos demuestran que las ideas que se desarrollaron en Inglaterra fueron modeladas a través de la literatura, la pintura, la arquitectura y popularizadas entre los distintos sectores sociales. Este análisis muestra las preferencias por las áreas rurales en relación a las urbanas, de lo viejo en relación a lo nuevo, de lo bucólico y lo pintoresco en relación a lo industrial. En esta misma línea Lowenthal (1975) se interesó por entender la forma en que distintas sociedades interactúan con el pasado. Esta aproximación puede implicar su negación, creación, recreación o invención. También puede significar que los vestigios dejados por sociedades anteriores en el paisaje sean valorizados selectiva y jerárquicamente.

Ahora bien, así como Lowenthal ([1985] 1998) reconoce que las sociedades tienen distintas formas de vincularse con su entorno, también entiende que ellas se relacionan de forma diferencial con su pasado y que el vínculo que se entabla hoy con ese pasado difiere de aquel que tuvieron los protagonistas de aquellos momentos que estamos recreando en la actualidad. Ello lo lleva a recuperar en su estudio la frase que abre el libro The Go-Between del novelista inglés Leslie Poles Hartley "El pasado es un país extraño". De esta manera, Lowenthal afirma que "hasta el siglo XIX, aquellos que dedicaban alguna reflexión al pasado histórico se lo imaginaban similar al presente. El drama de la historia dejaba constancia de los principales cambios en la vida y el paisaje, pero la naturaleza humana se suponía que permanecía constante y los acontecimientos siempre daban a causa de las mismas pasiones y los mismos prejuicios (...) Así, los cronistas describían los tiempos pasados con una inmediatez y una intimidad que reflejaban esta supuesta semejanza (...) Solo a fines del siglo XVIII, empezarían los europeos a concebir el pasado como un dominio diferente, no ya solamente otro país sino un sinfín de tierras extrañas con historias y personalidades únicas" (Lowenthal, 1998: 7).

El pasado para Lowenthal presenta las mismas dificultades para su exploración que las tierras incógnitas (materiales y mentales) de Wright y, en la aproximación al mismo, la imaginación es una facultad a partir de la cual se puede otorgar sentido a las acciones, a los pensamientos y a las materialidades pretéritas, siempre permeadas por las visiones del presente. Del mismo modo, para Prince la imaginación aparece como un artilugio metodológico del investigador que consiste en la búsqueda por recrear en su mente las miradas de época. Esta tarea puede ser facilitada por testimonios materiales, visuales o textuales. Así, podrían comprenderse, por ejemplo, las actitudes diferenciadas entre antiguos colonizadores y recién llegados en relación a la valorización de escenarios, recursos y formas de vida (Prince, 1971).

David Harvey, el marxismo y la imaginación geográfica en la concepción histórica del espacio y del tiempo

El cuantitativismo no solo despertó las reacciones de aquellas vertientes de base fenomenológica, sino también de algunas propuestas marxistas. De hecho es el propio David Harvey que recomienda recurrir a la imaginación para incorporar los procesos sociales en el análisis disciplinar. En su texto Urbanismo y desigualdad social (1973) propone hacer uso de la imaginación espacial para poner en relación procesos espaciales y procesos sociales en los análisis urbanos. Para construir su definición de imaginación espacial Harvey se inspira en la idea de imaginación sociológica de Wright Mills. Esta implica que cada individuo pueda captar su situación en su tiempo y en relación con sus contemporáneos. "La imaginación sociológica nos permite captar la historia y la biografía y la relación entre ambas dentro de la sociedad. Detrás de su uso está siempre la necesidad de saber el significado social e histórico del individuo en la sociedad y el periodo en que tiene su cualidad y su ser" (Mills citado en Harvey, 1985: 16). Desde su punto de vista, la imaginación geográfica o conciencia espacial permite comprender el papel del espacio en la trayectoria personal y en la de las otras personas, en las "transacciones entre individuos y organizaciones" (Harvey, 1985: 17). La imaginación geográfica contribuye a que el sujeto comprenda su vínculo con acontecimientos y lugares próximos o más distantes. A su vez, puede hacer un uso creativo del espacio6 y "apreciar el significado de las formas espaciales creadas por otros" (Harvey, 1985: 17).

Para Harvey la incorporación en el análisis de la imaginación geográfica supone trabajar cuestiones que no están lejos de aquellas que los geógrafos humanistas han buscado introducir en la disciplina en la década de 1960. Se trata de establecer "las relaciones entre forma espacial, significado simbólico y comportamiento espacial" (Harvey, 1985: 26). Harvey reconoce que las geografías personales planteadas por Lowenthal participan en la conformación del espacio social; ellas constituyen una "imagen común" provenientes de algunas normas del grupo (y, probablemente, de ciertas normas para actuar con respecto a dicha imagen), y en alguna medida una "imagen única que es altamente idiosincrática e impredecible" (Harvey, 1985: 28). En síntesis, es esta imagen común presente dentro de un grupo cultural la que precisa ser incorporada en el estudio de la relación entre formas espaciales y procesos sociales.

Siguiendo esta perspectiva, Harvey otorga importancia a la imaginación geográfica también en su proyecto de geografía histórica del espacio y del tiempo desarrollado en la década de 1990. Para Harvey las ideas de espacio y tiempo no pueden disociarse del modo de producción y de sus relaciones sociales características (Harvey, 1990: 418). En particular, Harvey analiza la reconfiguración que hace el capitalismo, tanto de las nociones del espacio y del tiempo como de la geografía mundial en la búsqueda de disminuir el tiempo de producción de plusvalía, de aminorar los tiempos de rotación de capital y ampliar los espacios de producción y consumo. Bajo la compresión espacio temporal, las distintas significaciones otorgadas al espacio y al tiempo por distintos actores sociales entran en conflicto. Este conflicto se expresa en la lucha por la apropiación y dominación de espacios y tiempos particulares. En este marco, Harvey comprende, por ejemplo, el interés de la Comuna de París de 1871 por destruir la columna de Véndome. Los comuneros la consideraban símbolo de la reorganización espacial que tuvo lugar con la reforma de Hausmann orientadas a imponer por las normas y valores del capitalismo. De hecho, en este contexto los trabajadores fueron expulsados del centro de la ciudad. Así, la destrucción de la columna se convirtió en un símbolo de la preocupación del movimiento de 1871 por imponer su propio orden espacial: comunitario y no jerárquico (Harvey, 1990: 421).

Dentro de su análisis, Harvey otorga a la imaginación geográfica un papel político destacado no solo para reflexionar sobre el rol de las ideas del espacio y del tiempo en el pasado sino también sobre el futuro de estas nociones. Desde esta perspectiva, la imaginación geográfica, en tanto conceptualización que permite comprender espacialmente el tiempo que nos toca vivir, también puede ayudar a reflexionar sobre los conceptos de espacio y tiempo que deseamos establecer en una sociedad que se pretenda "socialista y ecológicamente responsable" (Harvey, 1990: 432). De esta manera, Harvey otorga significatividad a la imaginación geográfica en la elaboración de un proyecto político. Esta politización de la imaginación geográfica, difícil de encontrar en el marco de la Geografía humanista, se observa también en los estudios de Geografía poscolonial. Sin embargo, el contenido otorgado a esta politización adquiere otras connotaciones que observaremos a continuación.

Las geografías poscoloniales y los imaginarios geográficos de Edward Said

Hacia la década de 1990 la idea de imaginarios geográficos se difunde ampliamente en los estudios de Geografía poscolonial. Estos análisis se interesaron en desvendar el compromiso de la Geografía con los proyectos de los imperios modernos. Desde esta perspectiva, se entiende que este saber disciplinar contribuyó a la dominación colonial tanto a través de sus intervenciones materiales como también a través de sus conceptualizaciones y discursos. Estos discursos vehiculizaron ciertos imaginarios sobre aquellos espacios de ultramar que legitimaron y promovieron las acciones imperiales. La fuente de inspiración de los estudios en Geografía poscolonial fue fundamentalmente la interpretación que Edward Said (1935-2003) construyó sobre la forma en que Occidente construyó su imagen de Oriente.

En efecto, en su texto Orientalismo (1978) Edward Said destaca que la expansión imperial no solo fue llevada adelante por estrategias militares, administrativas o políticas, sino que la cultura también ha tenido un papel decisivo en la medida que, en términos de Gramsci, ha permitido la construcción de hegemonía. Said señala la aportación de distintos tipos de textos -desde novelas hasta memorias de gobierno pasando por literatura de carácter antropológico, arqueológico o lingüístico- en la construcción de imaginarios geográficos sobre Oriente, un Oriente que habla más de Occidente que de los propios procesos que tuvieron lugar en Asia. El crítico literario palestino recurre al pensamiento de Foucault para comprender que la construcción cultural que Occidente hace de Oriente pone en juego relaciones de poder asimétricas. Así, el pensamiento orientalista supone una voluntad -a través del conocimiento- de "controlar, manipular y hasta incorporar, aquello que es un mundo manifiestamente diferente (o alternativo y nuevo)" (Said, 1990: 24).

La relación poder-conocimiento sobre Oriente se expresa en las geografías imaginarias a las que se refiere Said. En términos de Gregory (1995b), Said politiza la poética del espacio de Gastón Bachelard, orientada a otorgar una contenido emocional (a través de sueños, imágenes y vocabularios) a aquellos lugares que podrían aparecer como distantes (Said, 1990: 65). El autor de "Orientalismo" desvenda la significatividad política de estas geografías imaginarias, reconociendo que ellas convierten a Oriente en "un campo cerrado, un palco teatral anexo a Europa (...). En la profundidad de ese palco teatral existe un prodigioso repertorio cultural cuyos apartados individuales evocan un mundo fabulosamente rico: la Esfinge, Cleopatra, el Edén, Troya, Sodoma y Gomorra, Astartea, Isis y Osiris, Saba, Babilonia, los Genios, los Magos, Nínive, el Preste Juan, Mahoma y una docena más, escenarios, en algunos casos, apenas nombres, medio imaginarios, medio conocidos; monstruos demonios, héroes, terrores, placeres, deseos" (Said, 1990: 73), todos ellos no sufren modificaciones a lo largo del tiempo, "son lo que son, porque son lo que son, ahora y siempre" (Said, 1990: 80).

Este Oriente esencializado se constituye así en la alteridad espacial de Occidente y es depositario de ciertos imaginarios que aparecen representando lo misterioso, lo sensual, un espacio dominado por gobiernos absolutos, en contraposición a un Occidente concebido como contenedor de acciones racionales y gobiernos democráticos.

Los imaginarios geográficos de Said promovieron el desarrollo en la Geografía Histórica un conjunto de líneas de trabajo que se interesaron por explorar las representaciones, fantasías y sueños sobre los espacios de "los otros" vehiculizados a través de los relatos de viaje, de las fotografías, las pinturas y las cartografías. A través de estos dispositivos culturales se promueven y divulgan imágenes como las del desierto del Sahara visto como un espacio hostil para ser vivido por el hombre occidental, donde solo pueden sobrevivir las poblaciones nómadas, aunque algunos viajeros lo entienden como un espacio de fuga de la vida urbana europea (Zusman, 2008); o del trópico presentado a veces como un paraíso terrenal, otras como un espacio de abundancia y fertilidad pero también de excesos y enfermedad (Driver, 2004). En los estudios también se analizan las fantasías masculinas en torno al harén, uno de los espacios más reservados e inaccesibles del mundo musulmán para sociedades occidentales7. En la medida que ellos no podían ser visitados, las lecturas de distintos textos como "Las mil y una noches" conducía a los viajeros imaginarse la vida en el harén como un ámbito donde predominaba la sensualidad y el erotismo (Cerarols, 2008).

En particular, Derek Gregory se interesó por analizar los imaginarios geográficos presentes en los relatos de viajeros que visitaron Egipto hacia mediados del siglo XIX (Gregory, 1995a, 1995b). Si bien su concepción de imaginarios geográficos se nutre en la perspectiva de Said, Gregory pretende superar las limitaciones que se plantearon a la conceptualización de este crítico literario palestino al proponer una idea de Oriente menos monolítica y más plural que se asemeje más a la heterotopía foucaultiana. Así, desde su punto de vista, los imaginarios de los viajeros -como Gustav Flaubert o Florence Nightingale- se construyen a partir de textos leídos en el lugar de origen y a partir de las miradas moldeadas en la cosmovisión europea. Sin embargo los viajeros diferenciados desde el punto de vista cultural, de clase y género en el destino renegocian estos imaginarios que así se tornan múltiples, ambiguos e inestables. A pesar de ello todos los imaginarios participan en la construcción de un Egipto que es transcripto y traducido en clave europea, compuesto pictóricamente y exhibido a los fines de tornarse un espacio liminal entre occidente y oriente, entre lo familiar y lo desconocido (Gregory, 1995b)8.

A través de esta búsqueda, Gregory se propone un objetivo más ambicioso que es comprender algunas estrategias epistemológicas de la modernidad que ordenan y jerarquizan estos imaginarios geográficos. En este sentido, la noción de mundo como exhibición de T. Mitchell permite comprender las distintas estrategias culturales (museos, exposiciones, entre otras) que, asociadas a la colonialidad del poder (Mignolo, 2003), presentan al mundo como un cuadro para ser visto y experimentado de una única manera, aquella establecida por las potencias imperiales. Esta organización naturaliza la superioridad y dominación occidental y la inferioridad de la población no europea. Bajo este orden epistemológico se organizan ciertos imaginarios sobre las poblaciones aborígenes, sobre las formas de vida de las poblaciones urbanas y rurales en los continentes asiáticos y africanos. Desde el punto de vista de la Geografía, ello significa el triunfo de espacio abstracto sobre el vivido y garantiza la efectividad de los procesos de apropiación territorial imperial (Warf, 2009). Esta relación entre expresiones visuales, imaginación y procesos de dominación son las que han orientado los análisis de gran parte de los trabajos de las geografías poscoloniales. Sin embargo, será Denis Cosgrove quien procurará construir una reflexión específica sobre la relación entre lo visual y los imaginarios en Geografía.

Visualidad y creatividad en los imaginarios geográficos. La aportación de Denis Cosgrove

La década de 1990 vivenció también la consolidación de la línea de trabajo en cultura visual en la Geografía anglosajona en general y en la Geografía histórica en particular9. A partir de reconocer la centralidad de la experiencia de la visión en la definición de la tradición disciplinar, los análisis orientados por esta perspectiva procuraron, en primer lugar, deconstruir los supuestos epistemológicos, metodológicos e ideológicos que suponían la correspondencia directa entre la realidad y las representaciones, sean estas paisajísticas, fotográficas o cartográficas. En segundo lugar, esta línea de investigación, al considerar que el conocimiento es perspectivo y diferenciado desde el punto de vista de género, de clase y étnico, buscó superar la postura que sostenía la existencia de una mirada de carácter universal desde donde había sido posible y era posible elaborar representaciones de carácter geográfico. Partiendo de la desconstrucción de estos supuestos, en tercer lugar, se persiguió entender los efectos performativos de las prácticas de visualidad tanto en el pasado como en el presente. En este marco se pretende comprender la proliferación de imágenes en el contexto de la globalización y a analizar qué ideas y valores sobre el territorio son comunicadas a través de las representaciones sobre el espacio difundidas, por ejemplo, a través del Google Earth, del Discovery Channel o de Internet (Lois, 2009, Hollman, 2008, Tolia-Kelly, 2012).

Quizás sea Denis Cosgrove (1948-2008) uno de los primeros geógrafos que buscaron comprender la relevancia de la visión en la construcción de las formas de aproximación de la Geografía a la realidad. De hecho, ya en su texto Social Formation and Symbolic Landscape (1984), Cosgrove entiende que en las descripciones geográficas, en los conceptos de paisaje y de región, en las representaciones cartográficas o en la propia forma de presentación de los modelos de la geografía cuantitativa, lo visual ocupa un papel destacado. Además de ser garantía del realismo y de la síntesis buscadas por el conocimiento disciplinar, "parece que los geógrafos requieren que la demostración de sus teorías sea sustentada por una evidencia visual del mundo que los rodea" (Cosgrove, 1984: 31).

A partir de estas reflexiones Cosgrove también se ha interesado por comprender las relaciones entre la visión y la imaginación. Así entiende que la significación otorgada a las representaciones incorpora elementos de la imaginación. En este sentido, la imaginación es "entendida como la capacidad de formar imágenes mentales, especialmente de las cosas que no se ha sido directamente testigo o que no han sido experimentadas" (Cosgrove, 2008a : 8). Las representaciones permiten que las imágenes que se derivan de los sentidos o de la imaginación dejen de ser individuales y se tornen colectivas (Staszak, 2009).

Cosgrove se distancia de las propuestas que trabajan las imaginaciones geográficas asociadas a procesos de dominación, orientadas por un reconocimiento de cierta instrumentalidad social donde, desde su punto de vista, son las preocupaciones en torno al poder y la justicia las que se están discutiendo en última instancia. Así, desde su perspectiva, el papel de la imaginación es complejo "ya que se interesa, a veces, en alcanzar el bien y realizar deseos y sueños (aun cuando estos se consigan bajo el costo de producir un daño desconocido en los otros) y, otras veces, en provocar conscientemente un daño en el mundo" (Cosgrove, 2008a: 9).

Apoyándose en la perspectiva de Paul Ricoeur, Cosgrove pone el énfasis en entender el papel de la imaginación en el desencadenamiento de procesos creativos y, particularmente en sus implicancias en la transformación de la geografía material10. Se trata así, siguiendo la perspectiva de Ricoeur, de acudir a la imaginación "a los fines de incidir en elmundo y en su historia a fin de que ambos se vuelvan más habitables" (Begué, 2003: 25).

Según Cosgrove, la imaginación lleva a que la información captada a través de los sentidos no sea reproducida de forma mimética sino que sea "metamorfoseada" generando nuevos significados. "Las transformaciones del mundo en la imaginación puede llevar a transformaciones materiales en la naturaleza: drenaje de pantanos, conservación de especies, encuentro de un camino en medio del mundo silvestre" (Cosgrove, 1994: 388).

En uno de sus últimos textos, Cosgrove abordó la relación entre imaginarios ambientales (ideas, imágenes mentales y valores en relación al medio) y representaciones visuales (pinturas de paisajes, fotografías, mapas, imágenes digitales, películas y videos) en ciertos momentos relevantes de la historia estadounidense del siglo XX a fin de comprender el papel activo de los primeros en la construcción del mundo social, particularmente en la conformación de las teorías ambientalistas y en la política ambiental. Esto implica que las ideas y valores de determinadas épocas son las que orientan la lectura que se hacen de ciertas imágenes concebidas como representativas de la relación de la sociedad con su entorno11. Así, Cosgrove reconoce la relación entre la divulgación de ciertas pinturas y fotografías icónicas del Parque Yosemite con la preocupación de preservar un ámbito presentado como paradisíaco luego de finalizada la guerra civil. Hacia inicios del siglo XX el Parque Yosemite se constituye en el paradigma de las políticas proteccionistas en el marco del aumento de la explotación del oro, de la deforestación y del sobrepastoreo y de la expansión de la ciudad de San Francisco (Cosgrove, 2008b: 1865-1866). En este contexto, se constata una asociación entre los idearios nacionalistas y la preservación del mundo silvestre. Del mismo modo, Cosgrove se interesa por identificar los idearios difundidos por el fotoperiodismo y por filmes respecto a las tormentas de polvo que tuvieron lugar en las planicies estadounidenses hacia la década de 1930. Estos dispositivos de visualización ofrecen una imagen apocalíptica del avance de las nubes de polvo. Ellas aparecen arrasando las áreas cultivada, provocando miseria y migración. La fotografía y el cine contribuyeron a representar los efectos de los intereses del capitalismo ajeno a las llanuras del Oeste y desconocedores de los imperativos y ritmos naturales. Así desde el discurso fílmico y foto-periodístico, frente a la codicia humana, la naturaleza aparecía tomándose su venganza.

Cosgrove se aproxima también a las imágenes y discursos que en la década de 1950 presentan cierta preocupación en relación al crecimiento urbano a expensas de la ocupación de tierras dedicadas a las actividades agrícolas y al ocio afectando las características estéticas de paisaje norteamericano. Esta inquietud, que está presente aún en la actualidad, se apoya en la lectura de mapas y fotografías áreas. Si bien en un principio estas representaciones visuales fueron leídas como la expansión del modelo de vivienda industrial fordista, posteriormente estos mismos dispositivos visuales fueron interpretados como expresión del crecimiento suburbano que se imponía en la "naturaleza prístina y en la vida social de las familias norteamericanas" (Cosgrove, 2008a: 1870)

Otras imágenes destacadas por Cosgrove son aquellas vinculadas a las pruebas nucleares llevadas adelante en las décadas de 1940 y 1950 en los "desiertos" del Oeste americano y los atolones del Pacífico, concebidos como espacios de "poca utilidad" (marginales) para la "civilización". Las fotografías de revistas como Life o Newsweek o los noticieros de cine y televisión representaron los test nucleares a través de fotos que retrataban el momento en que el hongo se elevaba en la atmósfera provocando el efecto de lo sublime en el espectador. En el marco de la guerra fría, estas imágenes expresaban el poderío armamentístico de Estados Unidos. Este tipo de prácticas (y las imágenes asociadas) serán puestas en cuestión en la década de 1960 con la crítica ambientalista, que elegirá a las imágenes de la tierra enviadas por los proyectos lunares Apolo para mostrar al planeta como "un organismo vulnerable" (Cosgrove, 2008a: 1874).

Cosgrove encuentra una continuidad entre las representaciones del planeta obtenidas en el marco de los proyectos espaciales de la National Aeronautics and Space Administration (NASA) y aquellas que desde el siglo XV muestran a la Tierra como un globo. Desde su punto de vista, se revitalizan las ideas sobre la unidad de la vida, sobre el íntimo vínculo entre el cuerpo de la tierra y el cuerpo humano y sobre la relación entre la individualidad y la trascendencia concebidas como "el sueño de la Cosmografía" (Cosgrove, 2006: 25).

Al distanciarse de las propuestas que asocian imaginación con prácticas de dominación12 Cosgrove permite que la creatividad se despliegue a través de la imaginación. Pero esta creatividad está permeada de ciertos valores individuales y colectivos. En este sentido, Cosgrove busca alimentar un proyecto disciplinar propio, que, siguiendo la línea de trabajo definida por J. K. Wright, Hugh Prince o David Lowenthal se interesa por contribuir a defender intereses universales y humanitarios. La defensa de estos intereses no deja de poseer cierto contenido político. Como vimos David Harvey nos proponía imaginar los conceptos de espacio y tiempo que desearíamos establecer en una sociedad que se pretenda "socialista y ecológicamente responsable". Del mismo modo Cosgrove estaría buscando poner la imaginación geográfica al servicio de la creatividad a los fines de construir, en términos de Ricoeur, un mundo más habitable.

Una primera exploración sobre el uso de la idea de imaginarios geográficos en los estudios de geografía histórica en América del Sur

En términos generales, la Geografía histórica en América del Sur se abocó a la reconstrucción de los espacios pasados, tomando en cuenta dinámicas de carácter ambiental (Cunill Grau, 2005), económico (Moraes 2000), o técnico (Santos, 1978). Algunos de estos trabajos han sido orientados por las propuestas anglosajonas clásicas (Difrieri, 1981; Randle, 1981), por las perspectivas de los geógrafos franceses (Santos, 1978; Tovar, 1986) o por las propuestas de historiadores políticos o económicos contemporáneos (Abreu, 2006; Moraes, 2000). Sin embargo, el énfasis otorgado a lo material, apenas ofrece espacio para el tratamiento de las representaciones o imaginarios asociados a esa geografía material. Así por ejemplo, los relatos de viaje fueron utilizados esencialmente para reconstruir los paisajes pretéritos (Rey Balmaceda, 1976) y no como una forma de aproximarse a las ideas, fantasías o valores de una época y a sus efectos en la configuración del entorno.

Algunos estudios de la Geografía Histórica en América del Sur, particularmente aquellos orientados al análisis de los procesos de formación territorial13, hacia la década de 1990, han comenzado a trabajar la cuestión de los imaginarios. Si bien, este tipo de abordaje en los textos de Geografía Histórica merecerían una investigación particular, nuestra primera aproximación nos lleva a observar que no son las perspectivas de los geógrafos anglosajones que hemos abordado en la primera parte del artículo las que han influenciado en esta forma de abordar la relación entre espacio y tiempo, sino que es esencialmente la perspectiva de E. Said en torno a los imaginarios geográficos la que ha inspirado a los estudios llevados adelante por geógrafos o por historiadores que desarrollan trabajos en conjunto con geógrafos en la región. Se entiende que existe una relación entre las valoraciones estéticas, racionales y oníricas realizadas por las elites intelectuales y políticas y los proyectos políticos que modelan los territorios.

Particularmente las descripciones de viajeros o naturalistas o las memorias de distintos funcionarios pasaron a ser objeto de interés en la medida que en ellos podían identificarse los imaginarios geográficos respecto a las características ambientales y sociales de algunas áreas del continente. En este sentido, un particular interés ha despertado el proceso de definición y difusión de los imaginarios del desierto (Lois, 1999, Zusman, 2000), de la tropicalidad (Rojas López, 2007), del sertón (Moraes, 2009) o de la Cordillera de los Andes como muralla (Hevilla, 2007). Los análisis realizados demuestran que estos imaginarios geográficos han sido útiles a la hora de denominar y dominar áreas sometidas a otras formas de organización política, económica y social (las de las poblaciones indígenas o campesinas). Homologados a los conceptos de vacío, de tierras hostiles o infértiles, ellos promovieron la incorporación de estas áreas a la lógica de los países en constitución, invisibilizando sus efectivos ocupantes. En algunos casos, estas imágenes mostraban algunas áreas con escasas condiciones, en términos ambientales, para ser incorporados a los modelos económicos vigentes. En muchos otros, como en la Puna Argentina, estos imaginarios influyen y definen aún hoy la forma en que estas zonas son pensadas e incorporadas a las economía nacionales o transnacionales, desestimando las formas de vida de las poblaciones locales (Benedetti, 2005; Castro, 2007; Tomasi, 2010).

Los trabajos han indagado también las ideas y sueños geográficos que acompañaron la definición de los proyectos estatales nacionales. Así, por ejemplo, la consolidación de un proyecto de territorio moderno en Chile implicó el pasaje de un imaginario de país horizontal a vertical. La extensión del ferrocarril cumplió un papel clave en la consolidación del proyecto de país vertical (Núñez, 2010). A su vez, el proceso de formación del territorio argentino involucró el ideal agrario jefferso-niano de formación de un país de pequeños agricultores, como puede observarse en el proyecto de país ideado por Domingo Faustino Sarmiento pero que solo se efectivó en algunas áreas de la provincia de Buenos Aires, de Santa Fe o Entre Ríos (Zusman, 2006).

El estudio de los procesos de incorporación de áreas bajo dominio indígena permite entender que, dentro de los proyectos estatales, la Patagonia, el Chaco, la Amazonia y la Araucanía fueron imaginadas como la alteridad de la nación (Serjé, 2005). Desde el punto de vista de Margarita Serjé , la presentación de estos ámbitos como los lugares de la inseguridad y el desorden, permitieron reservar al Estado-Nación los ideales de seguridad y de orden (social y estético). A partir de aquí se imaginaron políticas específicas como la organización de reservas indígenas, los planes de colonización, los parques nacionales y, más recientemente, los proyectos de carácter turístico (Osorio Machado, 1989; Fortunato, 2011; Núñez, 1999; Navarro Floria, 2007).

Reconocemos que la indagación realizada en torno a la relación entre imaginarios y Geografía Histórica en la región es muy inicial y que también el recorrido realizado hasta el momento por la Geografía Histórica local en la exploración de esta área de trabajo es aún incipiente. Un camino interesante para trabajar sería articular la relación entre imaginarios geográficos hegemónicos e imaginarios geográficos que negocian y resisten a los primeros y que acaban reconfigurando la geografía material.

Conclusiones

El recorrido realizado en torno al papel que distintos geógrafos anglosajones han otorgado a la imaginación y a los imaginarios geográficos en el entendimiento de las geografías (materiales y simbólicas) del pasado, nos lleva a recuperar las ideas que García Canclini nos ofrece sobre su relevancia social. Parafraseando a este sociólogo cultural, parecería que las geografías imaginarias vendrían a complementar, ocupar fracturas o los huecos de lo que sí podemos conocer. En este sentido, las primeras búsquedas por incorporar la imaginación y los imaginarios en la Geografía fueron orientadas por un interés por trabajar aquello que hasta entonces la disciplina no se había interesado por conocer cómo era el componente cultural en la definición de las relaciones con el entorno. La postura fenomenológica representada por la perspectiva de John K. Wright entendía a la imaginación geográfica como una sensibilidad estética frente al "estímulo de las montañas, desiertos o ciudades" (Wright, 1977: 178) que ayudaba tanto a conocer lo desconocido como a compartir con los otros las variadas experiencias respecto de los lugares. Siguiendo la línea marcada por Wright, David Lowenthal y Hugh Prince entendieron que esta sensibilidad involucraba los valores, gustos y preferencias. En el desarrollo de esta sensibilidad en relación al pasado y a sus paisajes estos geógrafos reconocían la influencia de expresiones artísticas como la literatura, la pintura o la arquitectura que, a su vez, ofrecían indicios sobre las miradas de época.

Desde la perspectiva de David Harvey la imaginación geográfica procuraba llenar el hueco dejado por la ausencia de lo social en el estudio de las formas espaciales. La imaginación geográfica, puesta en práctica para aproximarnos al pasado, permitiría, por un lado, entender las nociones de espacio y tiempo que convivían y entraban en conflicto en una determinada época y, por el otro, comprender las luchas por la apropiación espacial que se derivaban del choque entre estas nociones.

Ya en la década de 1990, los estudios de geografías poscoloniales procuraron incorporar al análisis las fuentes textuales, pictóricas, fotográficas y literarias para comprender que el proceso de dominación imperial en los territorios de ultramar incluía dispositivos culturales y que los imaginarios geográficos que ellos vehiculizaban permitían entender los proyectos coloniales, sus silencios y fisuras. En términos de Derek Gregory, los espacios coloniales se mostraban múltiples, ambivalentes e inestables.

A su vez, la propuesta de Cosgrove pretendía llenar el vacío derivado de la desconstrucción de la representación visual como fiel retrato de la realidad y, siguiendo la herencia humanista, buscaba abordar las ideas y valores de época que creaban y recreaban los significados que se otorgaban a las distintas representaciones de la superficie terrestre, sean estas de los paisajes o de la tierra en su totalidad.

Hemos también presentado algunas líneas de trabajo que se están llevando adelante en la Geografía Histórica en América del Sur en las que los imaginarios parecerían ser los portadores de los idearios culturales de las elites locales en la búsqueda por organizar los territorios de los estados nacionales siguiendo las propuestas político-territoriales europeas o norteamericanas. Además de indagar sobre los caminos recorridos y diseñas nuevos caminos por recorrer, quedaría también por analizar si, detrás de estas lecturas del pasado realizadas en el Cono Sur, también se hacen presentes o podrían perfilarse, como se observa en las propuestas de David Harvey o Denis Cosgrove, un proyecto para la Geografía Histórica comprometida con un futuro y que, en términos de Ricoeur, se oriente a imaginar un mundo más habitable.

NOTAS

3 Desde esta perspectiva se concibe la construcción de las representaciones como parte de un proceso cognitivo de carácter racional que implica la elaboración de imágenes mentales. Estas imágenes otorgan significación a los lugares en el marco de una red de lugares (Bailly, 1985).

4 En su comentario del texto "Geography, experience, and imagination: towards a geographical epistemology" Livingstone (1994) reconoce las influencias de los filósofos Willard Van Orman Quine, Roderick M. Chisolm, Karl Polanyi y del lingüista Benjamin Lee Whorf en las ideas de Lowenthal.

5 "El entorno privado, pues, incluye mucho más variados paisajes y conceptos que el mundo compartido, lugares y potencias imaginarios, tanto como aspectos de la realidad con los cuales solo cada individuo es familiar. El infierno y el Jardín de Edén pueden haberse desvanecido en nuestro mapa mental, pero la imaginación, la distorsión, y la ignorancia todavía adornan nuestros paisajes privados" (Lowenthal, 1977: 200).

6 Para este geógrafo marxista los artistas plásticos poseen una gran habilidad para trabajar con la imaginación geográfica. Esta habilidad no se asocia solo al desarrollo de la experiencia estética sino que también a la mayor exploración de relaciones espaciales desde el arte.

7 En su libro Sueños en el umbral la escritora marroquí Fatima Mernissi historiza los harenes y distingue entre "harenes imperiales" y "harenes domésticos". Mientras que los primeros se vinculan con la expansión territorial y el crecimiento económico de las dinastías musulmanas, los segundos corresponden a aquellos que se conforman después de la pérdida de poder musulmán en 1909, luego de la derrota del imperio otomano. El harén imperial otomano alimentó las fantasías de occidente e inspiró los cuadros orientalistas que se pintaron entre los siglos XVIII y XX. En contraposición al harén oriental conformado por "espléndidos palacios llenos de mujeres lujosamente ataviadas y reclinadas lascivamente con indolencia, con esclavos a su lado y eunucos vigilando las puertas (...) los harenes domésticos (...) son más bien una familia ampliada, prácticamente sin ningún aspecto erótico digno de mención. En estos harenes domésticos vivían juntos un hombre y sus hijos con sus esposas (.) No es la poligamia lo que lo define como harén, sino el deseo de los hombres de recluir a sus esposas y mantener una familia ampliada en vez de dividirla en unidades nucleares (Mernissi, 2002: 41). En este libro Mernissi describe al harén doméstico como un espacio en que la vida cotidiana se desarrolla en forma lúdica y creativa.

8 La cuestión de las geografías imaginativas ha sido abordada ampliamente por Derek Gregory en el libro Geographical Imaginations. En este texto, de neto corte epistemológico, explora los imaginarios espaciales y urbanos creados a través del discurso disciplinar y recreados a partir de la interacción de la Geografía con la teoría social. Las ideas de imaginación geográfica de David Harvey y de Edward Said, y la conceptualización de Timothy Mitchell del mundo como exhibición son fuentes de inspiración de la idea de imaginarios geográficos trabajada en este texto. Gregory reconoce el carácter eurocéntrico de los imaginarios construidos por los discursos científicos occidentales y sus implicancias en el desencadenamiento de procesos de exclusión. La incorporación de las interpretaciones feministas y de los estudios subalternos pretenden contribuir a superar estas exclusiones. Rosalyn Deutsche nos ofrece una lectura interesante de esta obra de Gregory Derek. Desde el punto de vista de Deutsche, Geographical Imaginations nos aproxima a una interpretación posdisciplinaria de la Geografía donde su discurso tiene más que ver con el género de ficción que con un relato científico. Además, esta especialista en historia del arte sostiene que Gregory se preocupa más por los efectos del discurso disciplinar que por el campo del conocimiento propiamente dicho (Deutsche, 1995).

9 La relación entre visualidad, imaginarios y cartografía ha sido profundizada en la última década. En la medida que ella merece una indagación particular, preferimos no trabajarla en este artículo y dejar su análisis en manos de especialistas.

10 Cosgrove busca asociar algunas conceptualizaciones específicas de Ricoeur en torno a los imaginarios con algunas cuestiones discutidas en la Geografía cultural. Así el imaginario cósmico atribuye la tierra la idea de madre fecunda y al aire la de libertad y espíritu. El imaginario onírico -unión de la psiquis y el cosmos- otorga poder imaginativo a términos como humedales, desiertos, bosques, mares. Finalmente los imaginarios poéticos (basados en los símbolos cósmicos y oníricos expresados a través del poder metafórico del lenguaje) asociados a la geografía imperial europea de fines del siglo XIX y principios del XX han permitido crear los imaginarios del "Este misterioso", de "Africa Negra", de "los polos helados" y del carácter paradisíaco de "las islas australes". De la misma manera, las ideas de ideología y utopía (entendidas como imaginarios con distintas implicancias políticas: la primera como reafirmación de la autoridad y el orden social y la segunda como la ruptura con dicho orden social) pueden expresarse en la organización urbana y territorial de Estados Unidos. Mientras que el plano de Washington sería expresión de la ideología federalista, la organización del medio oeste en pequeños municipios mostraría la utopía agraria jeffersoniana. (Cosgrove, 1994).

11 Las interpretaciones de los imaginarios ambientales vehiculizados a través de distintas representaciones visuales, correspondientes a distintas coyunturas, podría ser también objeto de críticas semejantes a las que fue objeto el Orientalismo de Said. Cosgrove nos ofrece un único relato que orienta la lectura de las imágenes. Seguramente estas lecturas pueden ser múltiples, culturalmente diferenciadas y también conflictivas entre sí.

12 El interés por resaltar este tipo de valores lo lleva a distanciarse de las propuestas que entienden las distintas representaciones del globo como expresión de los proyectos imperiales (Cosgrove, 2006).

13 Desde esta perspectiva interesa trabajar la génesis de conjuntos espaciales contemporáneos que, en el pasado, no tenían necesariamente unidad e integración. Además, la constitución territorial se entiende vinculada a procesos de tipo político, económico y cultural donde entran en juego distintos proyectos en pugna (Ver Moraes, 2000).

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1 Artículo recibido el 6 de abril de 2012, aceptado el 1 de agosto de 2012 y corregido el 4 de septiembre de 2012.

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