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Idesia (Arica)

versión On-line ISSN 0718-3429

Idesia v.24 n.2 Arica ago. 2006

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34292006000200001 

IDESIA (Chile) Vol. 24 Nº 2; 5-6, 2006

EDITORIAL

Sr. EMILIO RODRÍGUEZ
Rector, Universidad de Tarapacá Magister en Finanzas, Universidad de Chile.
Doctor en Ciencias Económicas y Empresariales, Universidad Complutense de Madrid.
Diplomado en Gestión Universitaria por la Organización Universitaria Interamericana.

LA CIENCIA EN CHILE: DESAFÍOS PARA EL BICENTENARIO

En Chile se está realizando un trabajo científico que muestra un desarrollo notable en los últimos 25 años. En efecto, los principales indicadores de progreso científico señalan incrementos significativos en el número y formación de los investigadores, en la cantidad y calidad de las investigaciones desarrolladas, en la eficiencia en el empleo de recursos crecientes, etc.

Sin embargo, al realizar un análisis comparativo observamos que la dinámica de crecimiento de la investigación y desarrollo en otros países está por sobre lo que se hace en Chile.

Ciertamente, Chile invierte cerca del 0,7% del P.I.B. (producto interno bruto) en investigación y desarrollo, en tanto que los países de la O.E.C.D invierten en promedio sobre el 2,2% del P.I.B. Incluso países del tercer mundo que, no obstante, son potencias económicas como China, Brasil e India tienen inversiones en investigación y desarrollo que superan el 1,2% del P.I.B. ¿Cómo se puede ser competitivos en esta perspectiva?

El primer desafío país consiste en asumir íntegramente la importancia de la investigación y desarrollo para fortalecer el crecimiento interno y el posicionamiento competitivo de Chile.  Las cifras indican que la investigación y desarrollo suelen lograr altas tasas de rentabilidad privada y social (Dowrick, 2002).

En este contexto, es evidente que Chile debe apostar con mayor vigor a la investigación y desarrollo. Probablemente los recursos del royalty minero sean una forma de avanzar en esta dirección.

No obstante, no se trata sólo de un problema de cantidad de recursos, sino que de distribución de los mismos. En esta perspectiva, existen al menos tres consideraciones fundamentales: i) la generación y consolidación de nuevos investigadores; ii) el necesario énfasis en la investigación aplicada al desarrollo productivo del país; iii) el necesario equilibrio centro y regiones del país.

Los resultados del Fondo Nacional de Desarrollo Científico y Tecnológico (FONDECYT) muestran un crecimiento en los niveles de recursos invertidos en ciencia y tecnología. Sin embargo, mientras que en el año 1995 se tenían 445 proyectos FONDECYT nuevos, dicha cifra se ha reducido a 364 proyectos nuevos en el año 2004, lo que sugiere una concentración de los recursos en grupos e investigadores consolidados.

La creación de estímulos para investigadores jóvenes, como se ha dado inicio en el presente año, más la generación de una base de trabajo sustentada en pares evaluadores internacionales, garantizaría transparencia y un adecuado empleo de los recursos públicos.

Por otro lado, la investigación científica y tecnológica es valiosa por sí misma y la búsqueda de la verdad y su posterior difusión aporta al acervo de conocimientos en sentido amplio. Sin embargo, un país de escasos recursos como Chile, con baja inversión en investigación y desarrollo, debe apuntar también a la investigación aplicada al desarrollo productivo.

Si la investigación se aplica al desarrollo productivo, las implicancias para el progreso del país son mayores. Se fortalece la economía y, por ende, los futuros recursos destinados a investigación y desarrollo. Además, las empresas comienzan a coparticipar de la investigación.

En Chile las empresas privadas realizan menos del 30% del esfuerzo en investigación y desarrollo, cuestión que es significativamente diferente en los países desarrollados.

Finalmente, el necesario equilibrio regional en materia de investigación es fundamental. Precisamente la investigación aplicada al desarrollo regional puede mostrar aristas impensadas para el país.

Las regiones tienen una dinámica de crecimiento distinta del centro del país. Los problemas de desarrollo productivo en regiones deprimidas requieren de la intervención del Estado para la generación de bienes públicos que ayuden a vencer los desafíos tecnológicos que existen en estas zonas.

A modo de ejemplo, el desarrollo de agricultura en zonas áridas, la aplicación de biotecnología a la propia agricultura o al cultivo de productos marinos pueden significar un cambio radical en economías como las de Arica y Parinacota. No se trata entonces sólo de la generación de alta investigación, sino que de la necesaria adecuación de resultados científicos y tecnológicos a una realidad particular, con la finalidad de fortalecer el desarrollo productivo.

Chile puede más. Pero todo Chile, no sólo la Región Metropolitana. Chile merece más. Pero todo Chile, no sólo la Región Metropolitana.

Para ello, la generación y consolidación de nuevos investigadores, el énfasis en la investigación aplicada al desarrollo productivo, en un contexto de armonía territorial, resultan desafíos ineludibles de cara al Bicentenario del país.

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