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Idesia (Arica)

versión On-line ISSN 0718-3429

Idesia vol.33 no.1 Arica feb. 2015

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-34292015000100001 

Volumen 33, N° 1. Páginas 3-11 IDESIA (Chile) Diciembre 2014 / Enero-Febrero, 2015

EDITORIAL

Andrés Contreras Méndez, presidente de la Asociación Latinoamericana de la Papa (ALAP): ¡La papa es de la América morena!

Pablo Marcos Espinoza Concha

Departamento de Español,
Facultad de Educación y Humanidades,
Universidad de Tarapacá,
Arica-Chile.
pespinozac@uta.cl

Nos costó encontrar un espacio en la agenda del ingeniero agrónomo Andrés Contreras Méndez (Algarrobo, 61 años, tres hijos). Sus días son largos y corre desde su casa, en el sector Cabo Blanco, para cumplir con sus actividades de docente, investigador y director del Instituto de Producción y Sanidad Vegetal de la Facultad de Ciencias Agrarias de la Universidad Austral de Chile (UACh).

Para la historia y los catálogos su nombre quedó inscrito como el presidente de la Comisión Organizadora del XXI Congreso Latinoamericano de la Papa (ALAP); el V° Seminario Latinoamericano de la Papa: Uso y Comercialización; la Xa Reunión de la Asociación Chilena de la Papa (ACHIPA); y el Segundo Congreso Iberoamericano de Investigación y Desarrollo en Patata, actividades que se celebraron en Valdivia entre el 7 y 12 de marzo de 2004. Quedó conforme con lo realizado y plantea que "se hizo lo que se tenía que hacer". Acerca del balance comenta que "asistieron 240 personas -125 de ellos extranjeros-, se inscribieron 138 trabajos de alto valor científico y, para variar, muy pocos chilenos...". Por su trayectoria y por el amor que pone a lo que hace, Andrés Contreras es, sin lugar a dudas, muchísimo más.

Luego de estas actividades gremiales -que calificaron al tubérculo como Universal delicia, y a Contreras como insumo periodístico obligado de medios de comunicación nacionales e internacionales- volvió a lo suyo, al terreno. Eso sí, y como es su costumbre, no sin antes levantar la voz para defender al "primer amor de su vida", su motivación profesional y su verdad: las papas.

Le tiene una fe ciega a las variedades originarias de papas y cree firmemente que si se suman esfuerzos gubernamentales y empresariales estas se podrán exportar a los exigentes mercados del primer mundo. "¡Si es hasta antioxidante!", arenga Contreras con alegría. Con ello, Valdivia y todo el sur del país se favorecerían con una actividad económica intensa, solo hay que volver la mirada a lo propio y vivir en armonía con el medio ambiente. Plantea que debe valorarse más a Chile, "no entiendo cómo lo foráneo va a ser siempre mejor que lo nuestro, no lo entiendo. A veces creo que es un problema casi genético el que tenemos", comenta con rabia. Es cosa de revisar la historia: ¡la papa y el maíz le cambiaron el hábito alimenticio al mundo entero!

Asimismo, no entiende cómo los funcionarios de Instituto Nacional de Desarrollo Agropecuario (INDAP) y del Servicio Agrícola y Ganadero (SAG) no se sumaron a las actividades donde debatieron acerca del futuro de un cultivo tan importante. "Ellos son los que trabajan con los pequeños agricultores, los que transfieren tecnología, y no se capacitan, es el colmo", dice.

A modo de síntesis, "para mejorar el agro chileno debe haber un cambio de mentalidad; actuar en todos los niveles para ser competitivos, eficientes, formar alianzas y asociarse para obtener un mejor precio. Ahora estamos en los tiempos del Tratado de Libre Comercio (TLC)", enfatiza.

¿Solanum tuberosum, familia de las solanáceas?

8 A. M. Andrés Contreras mira fijamente la pantalla de su computador, con su mano izquierda mueve el mouse y le ordena a una idea que se haga párrafo. Mientras lee, observamos sus dominios, entramos a su mundo, y el suyo se escribe con cinco letras: ¡papas! De ello no cabe duda y él se encarga de clarificarlo. Libros, fotografías, diapositivas, calendarios y posters dan cuenta de su actividad profesional como estudioso de este recurso fitogenético. A su espalda, colgadas en una pared, una veintena de credenciales confirman su participación en congresos y seminarios -nacionales e internacionales- acerca del cultivo. En la puerta, y como lectura obligada, dos calcomanías dan la bienvenida: I love potatoes y Eu amo la batata.

-Don Andrés, ¿cómo llegó a estudiar las papas?

-En tercer año de la carrera de agronomía, en la UACh, el profesor Sergio Mora nos hacía preparar un seminario; tenía un temario que integraba a alumnos de tercero a quinto año y se daban los miércoles a mediodía. Apareció uno que se llamaba Clasificación de la papa chilota y le dije a mi amigo Edgardo Barría, "chico, este es tu tema, como eres de Chiloé". Edgardo me respondió que estaba aburrido con las papas y que tomaría uno de trigo. La verdad es que yo no sabía en lo que me metía y fui a hablar con el profesor Mora. Le pregunté qué hay que hacer y me dijo solo trabajar, pero primero vamos al campo experimental para presentarte el material.

-¿Qué encontró?

-Me mostró algo que para mí fue impactante. Conocía las papas en el plato y en alguna feria había visto rosadas y amarillas. Pero cuando empecé a ver en "jabas" papas alargadas, otras azules, de dos colores y al partirlas me encontré con una pulpa pigmentada, me fascinó tanto que le dije que tomaba el tema inmediatamente. ¡No lo podía dejar!

-¿En qué consistió su trabajo?

-Desarrollé una clasificación general. Al revisar la bibliografía acerca de su morfología me encontré con los más grandes taxónomos del mundo y les escribí. Para mi sorpresa, me respondieron y eso fue lo más maravilloso, ahí sentí que estaba haciendo algo importante. Así arranca mi historia. ¡Ahhh!, y en mi seminario obtuve nota máxima.

-¿Y en el campo laboral..., donde las "papas queman"?

-Luego de mi seminario -que lo preparé en tres meses- le dije a mi profesor Sergio Mora que no quería dejar botado el tema, que lo transformaría en una tesis. Esta la desarrollé en tres años y luego de rendir mi examen de grado fui contratado por el Servicio Agrícola y Ganadero, en Osorno, estuve a cargo -por un año y medio- de la parte de Sanidad Vegetal.

-¿Y las papas?

-Ahí trabajé con agricultores de la reforma agraria, en certificación de semillas, y nuevamente me topé con las papas. Realicé cursos y aumenté notablemente la superficie certificada. Me tocaba traer semillas de cereales y forrajeras a la Universidad Austral -que era la única institución que podía hacer estos análisis y certificar el material- y pasaba a conversar con el profesor Mora. En una oportunidad me dijo, "Andrés, usted tiene que volver a la Universidad, queremos que se haga cargo de las papas y de un par de cursos más". Así volví a la UACh.

-Para los tiempos que corren, ¿considera que la papa es un cultivo importante?

-No porque sea especialista o sepa algo de papas, pero puedo decir que es uno de los cultivos que por su volumen alimenticio, su calidad energética y por algunos aminoácidos es tremendamente importante en la alimentación de los pueblos.

Hay que revisar la historia. En América Latina siempre se le consideró así y cuando saltó al viejo continente y empezó a desarrollarse, también lo fue allá. Es más, por su volumen de producción, por el 1840 o 1845, y debido a su importancia, se transformó en un monocultivo; con ello apareció la enfermedad llamada tizón tardío (Phithoptora infestans) y que hasta hoy es el más grande problema que tiene. Esto provocó, entre 1845, 46 y 47, la gran hambruna europea, con pérdidas superiores al millón de vidas y las migraciones hacia América más grandes que conozca la historia.

-¿Se le ha dado la importancia que merece?

-En nuestro continente, y tal vez por tenerla tan cerca, no hemos desarrollado variedades y técnicas adecuadas para aumentar su producción. Es porque está tan próxima y convivimos con ella. A modo de ejemplo, hoy en países más avanzados los rendimientos promedios están entre las 45 o 46 toneladas por hectárea y en América Latina apenas 13 a 14, pero aún con esta producción y sus usos es tremendamente importante.

-¿Habría que buscar variedades que se utilizaron en el pasado?

-Mirémoslo de otro punto de vista. Estamos en un mundo en evolución continua y, con ello, el ser humano también. Además, a veces provocamos un desarrollo evolutivo mucho más acelerado en plantas y animales que como lo habría hecho la naturaleza con su ritmo.

Cuando ocurrió la hambruna europea los cuasi-científicos de la época -que no conocían las leyes de Mendel- se preguntaron dónde podían encontrar "sangre nueva" para introducirlas a sus variedades enfermas y así mejorarlas. Se sabe desde antiguo que el cruzamiento entre especies animales es positivo para conseguir resistencia para ciertos problemas. De allí que cuando empezaron a buscar los centros de origen de las plantas de cultivo, y en especial de la papa, dieron con un montón de lugares de América Latina.

-En esta mirada, ¿cuáles son las zonas más importantes?

-Debemos mencionar la meseta peruana-boliviana y Chiloé. En ambas zonas existían muchas variedades nativas cultivadas que evolucionaron con el ser humano y también otras tantas silvestres. Se las llevaron y consiguieron otras mucho más resistentes a enfermedades y plagas, con mayores rendimientos y calidades diferentes.

-Entonces, ¿debemos mirar al pasado?

-Para nosotros no es mirar al pasado, sino buscar en los centros de origen el material que aún queda y que tiene genes valiosísimos, tanto para conseguir nuevas variedades como para lograr una mejor calidad alimenticia para el ser humano. Esos genes se desarrollaron en forma natural y respondieron a las condiciones medioambientales. Son variedades cultivadas que el ser humano adaptó a su uso -sin mucha tecnología, por supuesto- y que presentan condiciones interesantes para el consumo actual.

-¿De dónde es originaria la papa?

-Siempre he dicho que la papa es de la América morena y la encontramos desde el sur de las Rocallosas, en los Estados Unidos, hasta el Archipiélago de los Chonos, en Chile. Asimismo, en todo el cordón andino existen múltiples especies y variedades nativas. El mayor centro está en lo que llamaríamos la meseta peruana-boliviana-chilena-argentina, en todo el altiplano, y que evolucionaron con el ser humano. Ese es el centro principal.

-¿Y cuál es grado de importancia de la papa chilota?

-En Chiloé encontramos una gran variedad de papas nativas y se le considera de segundo orden, pero no por eso menos importante. Ahí se presenta un material que, mirado del uso de los países desarrollados, es más rápido de ser mejorado por poseer el mismo fotoperíodo. Las papas chilotas se desarrollan entre los 35° a 38° de latitud sur, igual que en esos lugares y, por lo tanto, sacar nuevas variedades es mucho más rápido.

El ejemplo que grafica esto se dio en 1850, cuando se llevó a Europa, vía Panamá, la Púrpura casposa de Chile. El desarrollo que provocó esta en el viejo continente fue tan explosivo, extraordinario e importante que, hasta en la actualidad, es una de las variedades más utilizadas para el mejoramiento genético. Casi todas, por no decir todas, las papas europeas tienen sus ancestros en la Púrpura casposa de Chile, que es una papa chilota. Este fenómeno también se dio en América del Norte, donde el 90% de su material genético proviene de ella.

¡A valorar nuestros productos! -Profesor, ¿cómo se orienta al consumidor para que compre variedades locales?

-Este es un proceso lento. Nos han metido desde el nacimiento de la república que todo lo que trajeron los conquistadores era mejor que lo que había, lo propio. Ese es nuestro gran dilema. En nuestra cultura latinoamericana tenemos un patrón, casi genético, que dice que lo externo es mejor que lo interno, es un gran error.

-¿No valoramos las variedades locales?

-Como chilenos no valoramos las cosas propias. De ahí debemos saltar hacia un proceso de reingeniería para potenciar nuestras variedades, nuestra genética y nuestras especies vegetales. Es un tema complejo. Aquí no hablo solamente de papas, está el pepino dulce, el maíz, el tomate, los porotos y una serie de plantas, hortalizas y frutas. Todo este material ha sido tomado por los países desarrollados y ahora debemos pagar royalties porque han vuelto al país.

-¿Cómo se logra esto?

-Tal vez la culpa es de nosotros los científicos. Creo que nos falta una fuerte difusión para mostrar lo que tenemos y también para decir lo que podemos hacer. El recurso humano está. Es cosa de ver cuántos profesionales que están en la educación superior y en las entidades gubernamentales han sacado sus doctorados en el extranjero. Lo que falta son los medios, los recursos económicos, empresarios que inviertan y valoren los recursos fitogenéticos del país.

-¿Cómo se les puede motivar a invertir en el sector?

-Para ellos (los empresarios) sería importante obtener, luego de las investigaciones, un producto novedoso y salir al mercado a ganar. El ejemplo de la murta -que fue llevada a Australia- y ahora, luego de un proceso de ingeniería genética, se comercializa con el nombre de Golden berries, cuando es nuestra, ¡de todos nosotros!

-¿Considera que es una buena oportunidad para los inversionistas privados?

-Cabría formularles la pregunta, ¿qué haremos con el material riquísimo en calafate, maqui, avellano, frutilla, o las plantas ornamentales, aromáticas y medicinales? Estas tienen una riqueza genética infinita. A nosotros no nos dan los recursos para investigar. O, simplemente, no sabemos venderles estas ideas a los inversionistas privados. El gobierno puede apoyar la investigación, pero no a producir, esa es la tarea de los empresarios, ellos saben cómo funciona el libre mercado.

-¿Aplicar reingeniería?

-La reingeniería debe apuntar a potenciar la mentalidad de nuestros consumidores. En el caso de las papas, la idea es que se pueda utilizar este material en el país o bien saltar a un mercado externo con un producto nuevo, de colores atractivos, con altos contenidos proteicos y, lo mejor, antioxidantes.

-¿Cómo evalúa a los empresarios locales que se dedican al mercado de las papas?

-Ellos utilizan, principalmente, variedades europeas. Lo que propongo es ingresar al mercado -interno y externo- con un producto nuevo. Ahí deberíamos tener el apoyo de PROCHILE para la difusión. El empresario es eficiente en la parte productiva, pero solo podrá salir al extranjero siempre y cuando tenga el apoyo gubernamental.

-¿Qué experiencias similares conoce?

-El ejemplo claro es Holanda. Ahora ellos son la nueva patria de la papa. Han realizado un gran trabajo en "papa semilla" e "industrial", exportan a más de 150 países. Eso sí, con un tremendo apoyo estatal lograron salir al mercado. Eso es lo que necesitamos, que el gobierno patrocine lo que Chile produce, que fortalezca la salida y la comercialización externa. Es la única forma, el privado solo no lo puede hacer.

-En este sentido, ¿cuál debería ser el rol del gobierno?

-Apoyar con las instituciones que tiene. A modo de ejemplo, el Ministerio de Agricultura, mediante el Servicio Agrícola y Ganadero, debe señalarle al mundo que se puede producir en Chile papas libre de enfermedades cuarentenarias. Así los compradores las adquirirían sin ningún problema. Esto no ocurre con la firma de los Tratados de Libre Comercio con Europa y Norteamérica, ellos nos impusieron sus medidas para arancelarias.

-¿En qué consisten?

-Son los problemas fitosanitarios que ellos no admiten y, sencillamente, nos impiden exportar papas. Entonces, tenemos comercio libre, pero hasta por ahí nomás.

Se reconoce al país como un todo, pero no a sus regiones que están totalmente sanas para la producción de "papas semillas" o "papa consumo". Si así fuera, se llegaría a Europa sin ningún problema y con variedades tanto o mejor que las del viejo continente.

-¿Cómo se debería dar esa pelea?

-Con otras medidas gubernamentales. Los privados no tienen nada que hacer en ese punto. El gobierno es el que tiene que tratar de poner en la mesa de discusión este punto. Si ellos nos imponen medidas paraarancelarias de orden fitosanitarias, nosotros deberíamos trabar la llegada de sus productos.

-Si se solucionan estos inconvenientes, ¿cómo ve el futuro de la actividad exportadora para Valdivia?

-Muy buenas, y no solo para Valdivia. La IX, X y la XI regiones tienen áreas interesantísimas. El país entero tiene un potencial productor-exportador elevado; eso sí, para lograrlo hay que estimular a los productores para que obtengan calidad. Luego, el gobierno deberá potenciarlas y dar reconocimiento internacional a ellas (las áreas). Tendrán que mostrar y certificar, tanto el clima como el suelo, y decir dónde se generan estas cosas (productos).

-¿Se logra con la asociatividad?

-¡Está claro! ¡Un productor solo no llega a ninguna parte! La competencia provocada por la globalización es bastante fuerte. Que un productor exporte no dice mucho, por el contrario, es la región la que tiene que jugársela. Así no solo se apuntaría a Europa y Norteamérica. Hay que mirar a toda el Asia-Pacífico. Si le vendemos una papa por habitante a los chinos estaríamos produciendo, a lo mejor, el doble de la superficie actual. Para eso se necesita ingenio, audacia, creatividad, asociatividad, cooperativismo y hacer las cosas muy bien. Tenemos que llegar con productos nuestros y dejar de ser el trampolín de las variedades europeas. ¡Si tenemos tanta riqueza en Chile!, ese es el punto.

-¿Cuánto cuesta al país certificar como libre de enfermedades esta ecorregión?

-No creo que mucho. El Servicio Agrícola y Ganadero por años ha estudiado y, constantemente, hace análisis en suelos donde se plantan papas. Ellos tienen los lugares muy bien determinados, los potenciales y las áreas que están sanas. Tiene que haber un gran programa de difusión. Aquí no es mucho lo que se tiene que investigar para determinar qué zona es la mejor, ya se sabe y se tienen los antecedentes. Hay que traer y al mismo tiempo enviar al extranjero misiones para que den a conocer las bondades de nuestro país.

-¿Pero usted ha estado toda su vida en esto?

-Termino con una anécdota. Para hablarles a los expertos de la Asociación Latinoamericana de la Papa siempre pongo una foto de los papales del sur de Chile. Son fotos espectaculares, con el volcán de fondo y las nubes. Ellos me decían, ¡ya viene Andrés a hablar de Chile y de su potencial! Pero ahora, cuando los tuvimos acá por el congreso, los hicimos viajar por Puerto Octay, Frutillar y Puerto Varas y vieron los cultivos, el suelo, el clima, el volcán y la producción. Nos dijeron: ¡aquí parece que Dios se quedó con ustedes! Realmente, lo que les presentaba el país era algo extraordinario. Daba gusto escuchar: "¡tienen un país hermoso, cuídenlo! Ahora nosotros trataremos de cambiar nuestras perspectivas económicas para con Chile". Tenemos que invitar a los compradores y mostrarles in situ lo que tenemos; ¡no es gasto!, es la mejor inversión.

Dejamos a Andrés Contreras Méndez pintando sus sueños de un futuro mejor para todo el sur del país. Además, como diría un hípico, este ingeniero agrónomo -que cambió el sol de Algarrobo por la lluvia de Valdivia- recién dobla la primera curva de la vida. Eso sí, cuando cruce la meta -la que se trazó hace más de cuarenta años- se reinventará, pues considera que "hay mucho que hacer todavía por el bien de Chile y dejar el corazón en la tierra".

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