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Revista chilena de cirugía

versión On-line ISSN 0718-4026

Rev Chil Cir vol.65 no.6 Santiago dic. 2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-40262013000600001 

EDITORIAL

 

Necesidad de médicos especialistas de calidad

Qualitie's specialists doctors 'needs

 


 

El ejercicio de la Medicina, dado su desarrollo y creciente complejidad, ha requerido fragmentarse en especialidades, a fin de entregar a los pacientes una atención de la mayor calidad y al día en los últimos adelantos de la disciplina. Asi, la atención por médicos especialistas (incluyendo en esto al especialista en atención primaria o medicina familiar, el pediatra, el cirujano general o el subespecialista, dedicado a cultivar un campo más restringido), se ha constituido en la forma moderna de ejercer la Medicina y es un modo de atención que requiere y exige toda la población.

En nuestro país, el déficit de médicos especialistas se estima en 1.500 profesionales, lo que se ve potenciada por la asimetría de la ubicación geográfica de los mismos. La mayoría de estos médicos se concentra sólo en algunas de las grandes ciudades chilenas, dejando a algunos lugares como Arica, Tocopilla, Maule, Aysén y Magallanes, por nombrar a algunas, en franca desventaja.

Para corregir este déficit se hace imperativo aumentar las becas otorgadas por el Estado y mejorar la distribución de los profesionales de la salud a lo largo del país. Pero no basta sólo con una inyección de recursos, sino que la solución pasa por una mejor coordinación entre todos los actores que participan en el proceso formativo de los especialistas y por una mejoría en una formación a largo plazo que garantice la calidad de ese profesional.

La formación de los especialistas en Chile es fruto principal de la colaboración del estado y las universidades. Por medio de esta colaboración, el estado provee de recursos, campos clínicos y da orientaciones acerca de las necesidades-país que hay que cubrir y las Universidades entregan la fuerza docente y la estructura de los programas formativos. Este modo de formar especialistas provee un número importante de profesionales que, como valor agregado, se desarrollan en campos clínicos que son fiel reflejo de la realidad de salud de la nación. Sin embargo esta colaboración, que ha entregado la mayor proporción de los especialistas que el país dispone, podría mejorar para hacerse más eficiente. Se necesita, desde este punto de vista, una nueva política de estado que incluya las necesidades de formación que el país demanda, una mejor integración entre los diferentes servicios de salud (así, lo que a uno le puede faltar para iniciar un programa formativo, le puede ser entregado por otro) y un diálogo abierto con las universidades que proveerán los docentes. Este sistema integrado podría incluso contituirse en uno nacional, al modo de lo que sucede en los países européos o en los EEUU de Norteamérica (matchingprogram en los EEUU).

Por otra parte, la vida útil de un médico puede alcanzar en promedio a los 40 años de ejercicio profesional. Para enfrentar ese período, de constantes cambios en el modo de ejercer su respectiva disciplina, el especialista debe tener una base académica tal que le permita seguir actualizándose y adquiriendo conocimientos para ir acorde al ritmo del tiempo y de la evolución de la información. Tiene que estar capacitado para enfrentar y absorber los cambios en la tecnología, los avances de la investigación y todo lo que implique un mejoramiento en su entrega diaria de atención a los pacientes. Si no se puede garantizar una formación de esa calidad, que provea de herramientas y estímulos para el aprendizaje de por vida, no es esperable una evolución exitosa como médico. Y ese es uno de los grandes objetivos a que se debe aspirar hoy, entregar a los futuros médicos una formación sólida y de calidad, basada en estándares de alto nivel que permitan que ese especialista sea en el largo plazo.

Las agencias acreditadoras suelen ser criticadas por los parámetros en que se rigen para garantizar la calidad de los programas universitarios de las distintas especialidades de la medicina. Sin embargo, la rigurosidad en la formación es lo que se debe potenciar, obviamente de acuerdo a la situación y a las características del país. Es necesario considerar la realidad nacional, pero sin transar los altos estándares de calidad en la formación médica.

En este último aspecto, es imprescindible avanzar hacia la generación de un consenso acerca de los perfiles de egreso para cada especialidad. Si ha habido malos entendidos y desencuentros entre los diferentes actores del sistema, en gran parte ha sido debido a ciertos asuntos semánticos y a las distintas percepciones acerca de los perfiles de egreso para los especialistas. La generación del mencionado consenso permitirá definir con claridad los programas de formación, los requisitos de práctica, de infraestructura y de cuerpo docente que caracterizarían los mínimos requeridos para formar un especialista de calidad. Además, y como un fruto asociado y virtuoso, permitirá establecer criterios y estándares de acreditación de programas que reflejen dicho consenso. Es hora entonces para convocar al Estado, las Facultades de Medicina, la Academia de Medicina, las Sociedades Científicas, al Colegio Médico y a las organizaciones de alumnos de especialidades a conformar el conjunto del cual emergerán los consensos mencionados.

Por otra parte y tal como se dijo, dos grandes entes son los fundamentales para velar por todo este proceso, el Estado y las Universidades. El esfuerzo de ambos debiera complementarse con una política para retener a los especialistas en el sistema público, que se comprometa con su desarrollo profesional continuo y no se limite solo a aspectos financieros. Si no se desarrolla un plan asi concebido y no se retiene a los especialistas en el servicio público, los campos clínicos del estado perderán a uno de los componentes fundamentales del proceso formativo que nos preocupa, los que permanecerán en dichos campos sólo por el tiempo a que los obliga las fianzas que han establecido con el Estado. Por otra parte, si los campos clínicos del estado no cuentan con los especialistas o estos son escasos y trabajan en jornada parcial, el procreso formativo será trunco y a jornada parcial. Para lograr la formación de un especialista de calidad se requiere dedicación completa. La Academia de Medicina, en el informe sobre la situación actual de la educación médica en Chile, editado por los Dres. Alejandro Goic y Rodolfo Armas Merino recomienda: "La formación de especialistas es un proceso que requiere dedicación de jornada completa y dedicación exclusiva para el adecuado cumplimiento de sus obligaciones académicas y asistenciales, teóricas y prácticas"

Resulta importante impulsar el desarrollo en calidad de la formación de especialistas y profundizar en su desarrollo académico con la misma dedicación que se le ha prestado al pregrado. De esa manera se lograra una formación ordenada, sistemática y que proporcione a los alumnos de postgrado las competencias necesarias para ejercer su especialidad a un gran nivel de calidad y por un período prolongando de tiempo para beneficio de toda la posición del país.

 

Dr. Luis Ibañez A.
Decano Facultad de Medicina Pontificia Universidad Católica de Chile
Presidente Asociación de Facultades de Medicina de Chile

 

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