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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.68  Santiago  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602012000100021 

Revista de Filosofía
Volumen 68, (2012) 223 - 226

RESEÑAS

 

Eugenio Correa. La concepción tecno-económica del tiempo. Editorial Midas, Santiago 2012, 242 pp.


Ante todo, diría que el gesto de asombro que anima como bajo continuo al libro de Eugenio Correa -La concepción tecno-económica del tiempo- es el que puede suscitar el regateo de países del medio-oriente, cuando uno está delante de algo: un cinturón, un sombrero, y hasta una botella de Coca-Cola, que en principio no tiene precio, y se trata a continuación de acordar su valor para hacer la transacción correspondiente.

Tal vez al hacernos cargo de presentar la obra de nuestro amigo, el Doctor en Filosofía Eugenio Correa, sobre la concepción tecnoeconómica del tiempo, podríamos partir por una fórmula particularmente provocativa del sociólogo-filósofo Jean Baudrillard, tomada de sus Estrategias fatales, de 1984: "Lo más social que lo social = la masa". En el contexto histórico, diríamos con Baudrillard que la insistencia reiterada en tanta ideología e ideologización, que caracterizó a los siglos XIX y XX, lo social acaba quedando fuera de sí, la realidad desemboca en la hiperrealidad, y el fuera-de-sí de lo social viene a ser la masa.

La amplia tesis, que de hecho corresponde a la Tesis Doctoral en Filosofía de Eugenio Correa de la Universidad de Chile, guarda relación con lo anterior.

Nuestra situación actual la podríamos describir como de economicismo, y en este sentido resulta tanto mas relevante una Tesis como la actual, porque ante todo despliega un análisis crítico de la economía.

Podríamos decir que si lo propio del ser humano es proyectar el mundo, el mundo lo proyectamos no solo a través de la economía, sino por medio del derecho, la política, la técnica, la ciencia, la moral, la religión, el arte y la filosofía. Podemos llamar a éstas "programaciones" a través de las cuales proyectamos el mundo en todo momento. Pero entre ellas hay enfrentamientos tanto intra- como inter-programáticos, y esto quiere decir que, por ejemplo, en el caso de la economía, en su interior compiten no solo distintas corrientes, teorías, estrategias y programas económicos, sino también la programación de la economía compite con la política, el derecho, la moral, la religión.

En forma tácita, diría que ésta es la cuestión de fondo en el libro de Eugenio.

Lo que sigue al planteamiento de más arriba de Baudrillard de la saturación de las ideologías y el nuevo imperio de la economía, o si se quiere, del economicismo, es el paso a la determinación, no de finalidades ante todo económicas, sino más bien de una hipertelia, de un vertiginoso y laberíntico exceso de finalidades, que conduce al extravío. Ello nos permite a la vez introducirnos en los pliegues del pensamiento de Correa. Apoyémonos para ello en la siguiente cita de su texto:

Lo que actúa es una idea fantasmática de la modernidad, un progreso desprovisto de un significado racional y teleológico. El crecimiento constante representa la esencia de un proceso en que lo cualitativo se reduce a lo cuantitativo, donde lo mejor es lo que es más. La expansión económica es un medio que se ha convertido en fin, sin atender, de un modo determinante, a un contexto de necesidades humanas.

El concepto mismo de lo que es una necesidad humana se ha reducido al de un bienestar que resulta de una cuantificación en orden a la demanda de bienes. La satisfacción del consumidor es el único horizonte donde aún se puede apreciar el elemento humano. Por otro lado, el sistema económico establece cuales son las necesidades a las que hay que dar satisfacción. En la época moderna, en especial a partir del siglo XX, predomina entonces una "concepción técnico-económica del tiempo"; esta forma de pensamiento se relaciona con lo que Heidegger ha descrito como "temporalidad impropia", de donde se determina una "concepción vulgar del tiempo".

Podríamos decir que esta tesis de Correa va de la mano de otra con la que naturalmente interactúa, a saber, la de la abstracción, en lo que él reconoce que esta idea ya está en Georg Simmel y su Filosofía del dinero.

Destaquemos desde ya que el libro que estamos presentando está brillantemente desarrollado y hace gala de una interesante sinergia entre filosofía y economía. Ante todo, lo que indiscutiblemente se gana con la obra en cuestión es una acertada visión de nuestro tiempo desde el punto de vista de la condición ontológica actual de la economía y el contexto histórico en que se presenta.

Comenzando por la tesis de la abstracción, ella corresponde a la vez a un argumento central de Michel Foucault en Las palabras y las cosas y a su vez muy particularmente de la historia de la economía que nos presenta allí. Con apoyo en Marx, cabe reconocer también con Foucault, que hemos transitado de valores de uso a otros de cambio, en todo lo cual hemos partido por el trueque hasta llegar al papel moneda, que en sí mismo, como algo físico, no vale nada. Agreguemos al respecto que el último paso en esta historia económica lo da otra vez Baudrillard al destacar como último momento el valor fractal, en que el valor queda fuera de sí, como sucedería con nuestro dinero actual que circula telemáticamente nada más que en bytes, sin que necesariamente haya un respaldo físico de ello.

De acuerdo a la mencionada distinción marxiana entre valor de uso y valor de cambio, el primero está ligado al trabajo que hay tras el producto. Sin duda que el gran desarrollo de la economía va aparejado con una acentuación cada vez mayor en el valor de cambio, y agregaríamos, ahora con Baudrillard, que el valor de cambio fue alcanzando en la tardomodernidad un tal exceso, una tal desmesura que el propio valor de cambio quedó en definitiva fuera de sí, y éste es -según el sociólogo-filósofo- el valor fractal.

Correa advierte incluso que nuestro sistema vive de una deuda impaga, imposible de pagar e incluso inconveniente de que se pague. Si se pagara, el capital invertido podría provocar una crisis. De este modo se explica a su vez muy claramente también lo que Baudrillard ha llamado la "orbitalización de la economía", lo que, en otras palabras, es la hiperrealidad de la economía, y junto con ello, su quedar fuera de sí, similar en ello al valor fractal de las armas atómicas, que también se han orbitalizado, para solo estar ahí como amenaza, pero sin que jamás se utilicen, ya que su utilización equivaldría a la destrucción total.

Con el alemán, formado en la Universidad Libre de Berlín, donde ha sido también profesor, Horst Kurnitzky y su libro La estructura libidinal del dinero, que corresponde a su Tesis Doctoral, Correa introduce una nueva perspectiva muy interesante en su texto, a saber que cuando el valor de cambio se ha escindido a tal grado del valor de uso, puede verse ello en el sentido precisamente de una supuesta "estructura libidinal del dinero". Formado parcialmente en Antropología, el arquitecto Kurnitzky, sobre todo a través de estadías en México, remite al origen antropológico de la economía, que tiene que ver con el ganado: pecunia, la moneda, viene del ganado, que operó, por decirlo así, como una protoforma del dinero en la era del trueque. Mas, lo que a su vez interesa destacar en ello es que el ganado jugó originariamente el papel de cierto sustituto a los sacrificios humanos - cuando en vez de estos últimos comenzaron a realizarse sacrificios animales, y de ganado en particular. Lo que tenemos en ello en definitiva es un origen religioso de la economía. Y tengamos presente a su vez que Freud concibe la religión como sublimación libidinal.

Hagamos entrar en escena la dimensión de lo posible, que especialmente desde Leibniz en adelante juega un rol decisivo en la historia de la filosofía. Y con lo posible nos seguimos moviendo por supuesto en el terreno de las abstracciones. El sugestivo fenómeno de la profecía autocumplida (recordemos Edipo rey) en la economía tiene que ver con ello. La actual Directora del Fondo Monetario Internacional, el Presidente de la Reserva Federal de EE.UU. tienen que preocuparse muy especialmente de cada palabra que dicen, dado que por una palabra demás, puede entrar de inmediato en acción la profecía autocumplida. Y en ello estamos barajando nada más que mundos posibles (abstractos). Anuncio, pero nada más que anuncio de algún problema, los depositantes corren a retirar sus inversiones, y se genera la crisis que se había anunciado.

Correa relaciona a su vez la mencionada abstracción, y todo lo que involucra, con una desvinculación de lo real y su imagen. Esta última se expresa también en el comportamiento prospectivo-económico: proyectos a futuro, basados en escenarios probabilísticos, que apuestan por determinada tasa de interés, a propósito de lo cual, nos dice Correa, estamos de cara a una "representación monetaria del tiempo".

Pues bien, esta primera tesis de la abstracción, se condice con la otra a la que hace alusión el título del libro: la concepción tecno-económica del tiempo. Con apoyo especialmente en el pensamiento de Martin Heidegger, se trata, ante todo, de que el tiempo remite a una temporalidad existencial, es decir, al modo como temporalizamos el tiempo, y ello puede dar lugar a una temporalidad tanto propia como impropia. En la temporalidad propia temporalizamos la existencia no solo "entre" el nacimiento y la muerte, sino incluso como siendo-al-nacimiento y siendo-a-la muerte. Es decir, en la temporalidad plena estamos tensados en el abismo de la existencia, sin dejar fuera la determinación que suponen nacimiento y muerte para cada cual.

Por de pronto, a grandes rasgos, ello es así si nos basamos en la opera magna del pensador de la Selva Negra: Ser y tiempo. Si tomamos en cuenta la breve conferencia que Heidegger le dirige a los coterráneos de su ciudad natal, Messkirch, titulada "Serenidad", la temporalidad propia es la del pensamiento meditativo (besinnliches Denken) que se demora en las cosas, y la impropia es la del pensar calculante (rechnendes Denken) que se caracteriza por la premura. Éste es el pensamiento de nuestra "Era de la Técnica". En atención a ello, con la temporalidad impropia sucede que descuella únicamente el presente, el instante que, por lo mismo, se atomiza, sucediendo entonces que saltamos de instante en instante. Éste es el tiempo impropio, del que se ocupa Correa, para analizarlo y relacionarlo con la economía particularmente en su estado actual. En ello prima el concepto de eficacia y la cuantificación del tiempo al modo del valor-horas-hombre, todo lo cual se traduce en un tiempo ocupado, pero que a fin de cuentas significa falta de tiempo.

En la Conferencia "¿Qué significa pensar?" Heidegger comienza diciendo que con la Modernidad se dio inicio también a la Unruhe, la inquietud, la pérdida de la quietud, Ruhe (medieval).

Pues bien, en esa inquietud, en ese tráfago, en esa vorágine vivimos.

En este sentido, el libro de Eugenio Correa nos invita a pensar la economía desde esta perspectiva para abrir el velo de una posible salida.

Cristóbal Holzapfel
Universidad de Chile
hcristob@gmail.com

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