SciELO - Scientific Electronic Library Online

 
vol.69Miguel Ruiz (Ed.). Sofistas, pensamiento y persuasión índice de autoresíndice de materiabúsqueda de artículos
Home Pagelista alfabética de revistas  

Servicios Personalizados

Revista

Articulo

Indicadores

Links relacionados

  • En proceso de indezaciónCitado por Google
  • No hay articulos similaresSimilares en SciELO
  • En proceso de indezaciónSimilares en Google

Compartir


Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.69  Santiago  2013

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602013000100028 

Reseñas

 

Agustín Squella. ¿Es usted liberal? Yo sí, pero... Santiago: Lolita Editores, 2012, 276 pp.*


En una entrevista en Letras Libres a Seyla Benhabib, la teórica política estadounidense, le preguntan por la acusación de liberalismo que pensadores como Slavoj Zizek hacen contra Hannah Arendt. Benhabib responde así:

Para muchos intelectuales europeos "liberalismo" es una mala palabra. No lo es para mí: los europeos identifican liberalismo con liberalismo de mercado e individualismo carente de principios. Pero también existe el "liberalismo político" (...). Esta clase de liberalismo no versa sobre el mercado (...), sino sobre el imperio de la ley, el constitucionalismo y la razón política.

Probablemente el abogado, académico y columnista Agustín Squella esté de acuerdo con Benhabib. O es lo que se puede desprender de su último libro: ¿Es usted liberal? Yo sí, pero... Donde el "pero" apunta a no confundir su liberalismo con el neoliberalismo -"una expresión empobrecida e interesada del liberalismo económico", "una versión empobrecida y muy distinta de las raíces igualitarias del pensamiento liberal", escribe-, y sobre todo a enunciar lo que el autor llama "liberalsocialismo", es decir, aquella posición, la de Squella, que concilia el ideal de una sociedad libre con el de una sociedad igualitaria.

El aparente oxímoron se alimenta de autores como John Stuart Mill, John Rawls, Manuel de Rivacoba y Rivacoba, Luigi Ferrajoli y Ernesto Garzón Valdés, pero especialmente de Norberto Bobbio: "mi convicción liberalsocialista, mi liberalismo con "pero", debe muchísimo a las ideas de Bobbio, hasta el punto de que bien puede no ser más que un eco o reflejo de las que él tuvo", escribe Squella.

En el derrotero para explicar sus ideas, Squella distingue entre liberalismo y conservadurismo, reseña brevemente la historia del primero, distingue las distintas izquierdas latinoamericanas, defiende a la centro izquierda chilena (también cuestiona su conducción política postdictadura) y hasta se refiere al rol de los intelectuales. Pero sobre todo, explica la importancia que la idea de igualdad tiene, o debiese tener, para un liberal: el argumento central del libro, del liberalsocialismo del autor, es que la igualdad es el supuesto de la libertad (de hecho, Squella recuerda que ambas son hijas de la Ilustración). El argumento es simple, y se remite, entre otros, a los ya citados Rawls y Bobbio: para que la segunda sea un derecho real, igual para todos, los individuos requieren las condiciones materiales (salud, educación, trabajo, alimentación, vivienda y vestuario) para hacerla efectiva. Escribe Squella:

[J]unto al garantismo liberal es el caso desarrollar un garantismo social que lejos de ser incompatible con aquel, es condición de su efectividad. La garantía de los derechos sociales no va en contra de los derechos personales y políticos, los complementa.

 

Aunque, claro, la cuestión sigue siendo, al menos para un liberal: ¿cuál (o cuánta) es esa seguridad mínima que exige la libertad? Y, más importante todavía: ¿quién o quiénes la determinan?, ¿a quién le damos ese poder?

A medio camino entre ensayo sobre el liberalismo (socialista) y memorias de un liberal (socialista), en muchos pasajes del libro, Squella se entretiene, tal vez se distrae, con episodios y anécdotas de su vida: algunas atingentes, otras que en un principio lo son pero que, de salto en salto, nos llevan a otro lado para volver luego al camino principal. Nos enteramos, por ejemplo, de sus maldades de niño, de sus encuentros con ilustres desconocidos de Valparaíso, o de su trabajo con el ex presidente Ricardo Lagos (en el diseño de lo que sería el Consejo Nacional de la Cultura y la Artes y en las Conferencias presidenciales de humanidades).

El ensayo, como género -especialmente si nos remitimos a quien hay que referirse en este ámbito, Montaigne- permite esos desvíos; incluso a veces se agradecen, porque enriquecen el texto, pero también se corre el riesgo de que el lector no se encuentre con lo que espera, que se demore -demasiado- la entrada en materia. ¿Es usted liberal? Yo sí, pero... camina en los límites de ese riesgo, pero al final, sobrevive, y de buena manera, pues logra prolongar la virtuosa liviandad que Squella ya mostró en ¿Cree usted en dios? Yo no, pero... El lector no encontrará ni utopías verde oliva, ni al mercado como designio fatal. Sino que otro liberalismo, al que se refería Benhabib, el de Squella, que en realidad es el de siempre: moral, económico y político. Más realista que romántico, tal vez reformista, pero que no renuncia a los principios ni al cambio político.

*Esta reseña es una versión ampliada, y con algunos cambios de redacción, de la aparecida el domingo 16 de febrero en "Revista de Libros" del diario El Mercurio.

 

Juan Ignacio Rodríguez Medina
diezdemedina@gmail.com

 

Creative Commons License Todo el contenido de esta revista, excepto dónde está identificado, está bajo una Licencia Creative Commons