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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.70  Santiago nov. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602014000100013 

RESEÑAS

 

Grégoire Chamayou.
Les corps vils. Expérimenter sur les êtres humains aux XVIIIe et XIXe siècles.

Paris: Editions La Découverte, 2008, 423 pp.

 

La relación entre la filosofía y los cuerpos miserables, los condenados a muerte, los presidarios, los huérfanos, las prostitutas, los internados, los pacientes de hospital, los paralíticos, los esclavos, los colonizados, los moribundos que han sido explotados por el proceso de constitución y articulación de la ciencia médica moderna es un tema poco habitual en la disciplina histórica como desde la filosofía. Tampoco se ha cuestionado los estrechos lazos que se establecen en las lógicas de sacrificio de sujetos considerados de “un menor valor” a favor de la practica científica moderna. Es en este contexto que Grégoire Chamayou, egresado de l’Ecole normale supérieure (Lyon) agregado en filosofía, especialista sobre filosofía alemana, filosofía de las ciencias y técnicas, ha arribado a desvelar las prácticas de la ciencia médica, su filosofía y su relación con los seres humanos a través de las experimentaciones médicas.

Con Les corps vils. Expérimenter sur les êtres humains podemos pensar que se trata de una clásica obra de historia de las ciencias y sus dispositivos, como también de ser una obra que se enmarca en los estudios filosóficos y biopolíticos foucaultianos. Sin embargo, no resulta ser así cuando vamos viendo que Chamayou va más allá con su análisis de los cuerpos y el poder, mostrando una diversidad y particularidad de casos donde ha accionado la ciencia médica y la experimentación sobre los cuerpos. Así, su libro se le puede situar como una historia y filosofía política de la ciencia médica, puesto que descubre las diversas formas y maneras de adquisición de los cuerpos para la explotación física y cognitiva por la ciencia médica. Por lo tanto, a través de su lectura podremos encontrar un novedoso análisis donde se cruzan la historia, la filosofía y la antropología política.

El libro se propone la realización de una historia epistemológica de los dispositivos experimentales de la ciencia médica interrogándose sobre: ¿Qué es una experimentación, un ensayo, un test? ¿Cuáles son las mutaciones de la práctica experimental? ¿Cuáles han sido las mutaciones de la práctica experimental? Cuestionamientos que siguen en la línea de las formas de la problematización ética, es decir, estudiar las diversas maneras de plantear la interrogante sobre la licitud de las prácticas de experimentación, como: ¿De qué se ha hecho la pregunta de la moralidad de la experimentación humana? ¿Cuáles han sido las dificultades que han surgido a lo largo de esta empresa de legitimación? Agregando que en el marco de una historia tecno-política de las ciencias experimentales existe la interrogante de ¿Cómo los experimentadores han obtenido o procurado los cuerpos sobre los cuales han experimentado? ¿Cuáles son los medios que se han utilizado? Y es aquí donde el autor retoma una idea de Platón sobre la ciencia y su arte de adquisición, donde la ciencia es una especie de caza, en tanto así la experimentación humana supone una suerte de caza del hombre. Técnica de adquisición, que según el autor supone objetos muertos o vivos, como también de procedimientos y técnicas discurso-filosóficos que luchan por la apropiación de diferentes sujetos. La noción de adquisición desarrolla así una noción de tecnología de miserablización, es decir, un proceso de degradación material y simbólica del ser humano. Tratando de elaborar un convencimiento a los seres humanos de su propia inferioridad reduciendo su poder de control y bajando los precios de su adquisición por otros. Esta miserablización de los cuerpos sirve como una herramienta de dominación y también de formación de subjetividades subalternas de parte de los dominados. Así, el poder de experimentar de parte de la ciencia médica toma una serie de dispositivos de adquisición de los cuerpos miserables.

Chamayou, a través de once capítulos muestra y analiza con erudición las dinámicas diversas de experimentación y sus dispositivos de adquisición. En el primer capítulo, “Los cadáveres del suplicio”, el autor retoma la frase de Walter Benjamin planteando que “no existe ningún documento de cultura que no sea también un documento de barbarie”. Esta lectura de los documentos científicos le llevan a mostrar elementos que los historiadores de la ciencia y antropólogos han dejado en silencio; las formas y modalidades de la experimentación médica y penal. Interesante es ver cómo la medicina ha sacado provecho de la pena de muerte para experimentar a través de las disecciones, las cabezas cortadas por las guillotinas, entre otras acciones, estableciendo un proceso de experimentación postmortem.

Los capítulos segundo y tercero muestran cómo los cuerpos condenados son sometido a procesos de experiencia médica donde los criminales son considerados como sujetos moralmente inhumanos. Esto en contraposición del médico quien juega el rol de persona benéfica. También a estos mismos cuerpos se les práctica la inoculación a la cual el Estado mismo recurre en las defensa de los experimentadores. Los discursos filosóficos en este sentido, los cuales analiza el autor, fueron determinantes en la legitimación de estas inhumaciones desde una moralidad aceptada.

El capítulo cuarto analiza los procesos de autoexperimentación que llevaron a los mismos médicos a experimentar sobre sus cuerpos. Práctica que hacia el siglo XIX fue condenada, planteándose como solución la creación de un gran dispositivo: la clínica.

Aquí, el quinto capítulo el autor lo consagra a analizar la articulación de un contrato de asistencia y, por cierto, cómo la experimentación sobre los cuerpos miserables encuentra un espacio de desarrollo institucionalizado. La clínica aquí reproduce una lógica de distinción donde los pobres, a diferencia de los ricos, poseían más riesgos en la vida cotidiana y, conforme a la idea de progreso de la ciencia médica, se sacrificó a los más pobres, puesto que eran objeto de un mayor grado de riesgo. El autor examina cómo esta idea de progreso también ha sido objeto de una serie de debates teológicos sobre la experimentación médica, sobre la deontología médica y la codificación de la misma experiencia. Estos debates filosóficos, abordados en el sexto capítulo, sobre la moral de la experimentación se superan con la invención de nuevas tecnologías críticas, como la estadística que termina siendo utilizada como fundamento de la propia validez científica de la medicina.

Examinar el surgimiento del derecho en el siglo XIX como un nuevo dispositivo al servicio de la adquisición y la experimentación es el tema del octavo capítulo. En este siglo es, según el autor, cuando ciencia y ética convergen de manera exacta, la idea de continuar experimentando era la condición esencial del progreso del saber médico. Este derecho de experimentación médica se utilizó, simplemente, sin el consentimiento de las personas. A esto se le agrega que, moralmente se construye una relación de médico-paciente, donde la experimentación se realiza por el “bien del paciente”, cristalizando una relación de paternalismo de los médicos, proceso detallado en el noveno capítulo. Sin embargo, esta relación de paternalismo, puntualizada en el décimo capítulo, se transforma posteriormente de un proceso de experiencia pasiva a una experiencia activa. La nueva experimentación que se desarrolla en el mismo siglo en el continente europeo consiste en una experiencia espontánea, en situaciones de accidentes, lo que le permite al médico no realizar una experiencia postmortem. El hecho de que el sujeto se encuentre con vida permitía conocer los procesos orgánicos y biológicos, conduciendo a las experiencias de vivisección.

El último capítulo titulado la “experimentación colonial” trata una época poco conocida en la historia de la humanidad y que Chamayou problematiza en torno al colonizado en tanto que animal. El autor analiza las experiencias de inoculación que se realizaron a esclavos y cómo los esclavos bajo el discurso médico fueron desplazados a una categoría de muertos sociales. Esta clasificación de la población construyó una legitimación moral de las prácticas experimentales sobre la población considerada “inferior” para los europeos. El surgimiento del racismo científico sobre los sujetos colonizados implicó la aplicación de dispositivos como la raciología experimental, la medicina racial y la teoría de la aclimatación. El racismo como técnica, según el autor, sirvió como base y nuevo espacio para la experimentación de los nazis, por ejemplo. En definitiva, el autor explica cómo la experimentación médica colonial se define como un dispositivo técnico-político, reproducible, transferible, modificable, que busca definir los cuerpos a través de la raza como categoría.

En definitiva, el libro de Chamayou forma parte de uno de los pocos estudios genealógicos y epistemológicos de la ciencia médica en Europa a través de los usos tecno-políticos de los cuerpos en los siglo XVIII y XIX. Interesante es el cruce disciplinario que realiza el autor partiendo desde una historia y antropología del cuerpo, apoyándose en los discursos filosóficos y científicos de este período histórico, donde la degradación del cuerpo termina en una pérdida de humanidad de los mismos. En resumen, el amplio conocimiento de las relaciones de poder sobre el cuerpo, las implicaciones éticas y filosóficas que existían en este período nos invita a interrogarnos sobre cuestiones de orden contemporáneo, como pueden ser las experimentaciones médicas en pueblos indígenas en el continente latinoamericano, entre otras.

 

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