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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.70  Santiago nov. 2014

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602014000100014 

RESEÑAS

 

José Rafael Echeverría.
El morir como pauta ética. Antología filosófico-literaria de José Echeverría. 

Santiago: Ed. Dolmen, 2013.

 

El año pasado se cumplieron cien años del nacimiento del filósofo chileno José Echeverría que murió en 1996. Su hijo, el sociólogo José Rafael Echeverría, realizó esta valiosa antología que reúne una selección de  sus principales artículos y capítulos de sus últimos libros publicados en España: Libro de Convocaciones I (1986) y Aprender a filosofar preguntando con Platón, Epicuro y Descartes (1997), su obra póstuma. Incluye, asimismo, una biografía y una galería fotográfica. Hace varios años que no se editaban sus textos en nuestro país, desde la aparición del  libro colectivo A fin de cuentas. El pensamiento filosófico de José Echeverría, de homenaje a su pensamiento,  que contiene artículos de Carla Cordua, Marcos García de la Huerta, Humberto Giannini, Agustín Squella y Jorge Vergara.

Echeverría, junto a Jorge Millas, Bogumil Jasinovsky y otros, fundaron la filosofía académica en Chile. Su trayectoria fue excepcional. Abogado de la Universidad de Chile, profesor extraordinario  de Filosofía del Derecho de la misma universidad y de la Pontificia Universidad Católica de Chile, a la cual renunció después del golpe de Estado. Obtuvo el Doctorado de Estado en la Universidad de París con la máxima distinción. Sus dos tesis fueron publicadas en Francia, la principal por la Editorial Vrin (1967). Echeverría fue uno de los creadores del Centro de Estudios Humanísticos de la Facultad de Ciencias Físicas y Matemáticas [de la Universidad de Chile]. La mayor parte de su carrera académica la realizó en la Universidad de Puerto Rico y en la Facultad de Derecho de la Universidad Interamericana de dicho país, donde vivió por más de cuatro décadas. Marcos García de la Huerta señala que “la escritura de José Echeverría puede tener una legibilidad suplementaria mirada a la luz del exilio” (1998, p. 60). Asimismo, encontramos una síntesis de su pensamiento en el Diccionario de filosofía de Ferrater-Mora (2001, pp. 960-962).

Su obra comprende ocho libros  y más de cien artículos. Entre los primeros, solo  El Quijote como figura de la vida humana (1965) se publicó en Chile. La mayoría de sus artículos apareció en Puerto Rico, y más de veinte aún permanecen inéditos. Esto explica, en parte, el escaso conocimiento de su pensamiento entre nosotros.

Su reflexión filosófica comprende cuatro grandes temas: el ontológico, el antropológico y existencial, y los escritos de teoría normativa (filosofía del derecho y filosofía política). Aunque diversos temáticamente, forman parte de un todo coherente. Echeverría coincide con la concepción cartesiana de la unidad del saber, cuyo “tronco” sería la ontología [y] las ciencias sus “ramas”. “La filosofía es la raíz común de todas las disciplinas, desde que se plantean el problema de su propia esencia. Las filosofías especializadas a la vez se fundan en ‘la filosofía a secas’” (Echeverría 1965, p. 1).

A través de sus obras se advierte una progresiva elaboración de un proyecto y una concepción de la filosofía, tributarios de la fenomenología. Hizo suya la idea husserliana de la filosofía como ciencia y búsqueda de principios “indudables y ojalá apodícticos”. Sostuvo que la filosofía –la suya incluida– se mueve entre dos polos, nada fáciles de conciliar. De una parte, la exigencia de rigor, en lo posible de apodicticidad, que proviene de Parménides. De otra, la obligación de esclarecer el sentido de nuestra existencia y de orientar nuestra acción personal e histórica (Vergara 1998). Reafirmó este ideal cuestionando al último Husserl, que en la Crisis de las ciencias europeas aseveró que el sueño metafísico de una fenomenología trascendental y de principios apodícticos había concluido. Pensaba que las distintas filosofías buscaban establecer el vínculo entre nosotros como seres deficientes y el Ser.  

Echeverría pensaba que la filosofía no surgía solo del asombro, como había dicho Aristóteles, sino de la insatisfacción frente a las filosofías precedentes.  Buscó integrar su pensamiento a la tradición mediante un método dialógico e “integracionista”, diferente del eclecticismo del siglo XIX, y análogo al de Ferrater-Mora. Su método integra en una nueva síntesis un conjunto de verdades de las filosofías precedentes. Consecuentemente, realizó un conjunto de penetrantes estudios sobre Platón, Epicuro, Descartes, Rousseau, Marx, Husserl y Ferrater-Mora, una buena parte de ellos incluidos en esta antología.

Su reflexión ontológica se funda en una fenomenología de la experiencia que presentó en dos notables artículos de su época de madurez: “El empirismo trascendental: su raíz en la fenomenología de Husserl y su despliegue como filosofía dialógica rigurosa” (1992) y “El morir como pauta ética del empirismo trascendental” (1993), incluidos también en esta antología. En el primero, rechaza la noción de “sujeto” –y de “yo”–, así como la de “mundo”, y presenta una descripción fenomenológica de la experiencia como sí mismo-el Otro. Dice que en mi experiencia aparecen cuerpos ajenos que son a la vez sí mismos diferentes a mí, superando con ello el declive solipsista de Husserl. En el segundo artículo precisa el sentido de su empirismo trascendental caracterizándolo como un pensar crítico sobre los significados de la categoría de experiencia, no solo los que nos trasmite la tradición y la filosofía contemporánea, sino los que podamos descubrir y explicitar. Esta indagación fenomenológica lo conduce a reconocer que la estructura de la experiencia es una relación entre el yo mismo y lo Otro.

Consideraba su antropología y filosofía existencial como una dimensión de su filosofía, pues su empirismo trascendental era una unidad constituida por ambos tipos de pensamiento: el ontológico, así como el referido a la condición humana y el bien morir. Los mencionados artículos establecen una diferencia entre el tiempo cósmico y el vivencial, entre la muerte como hecho biológico, y el morir como “experiencia conclusiva”. Ésta procura un sentido a la vida ya realizada, totaliza la experiencia y el tiempo vividos; y representa, para el autor, la suprema experiencia y conocimiento de nosotros mismos y del Otro.

En su último artículo, “Una ética en tiempos de luto” (1997), asevera que vivimos un triple duelo: la muerte de Dios, el final de la creencia en el progreso y la revolución; pero, dice que no debemos hundirnos en la desesperanza y el nihilismo. Cree posible “anhelar una vida significativa, que acaso pudiera ser digna y bella, cuando todo parece inclinarnos a desesperar” (p. 187). Propone una ética del bien vivir, cuyo imperativo sería: “actúa siempre de modo tal que tus acciones se articulen en un todo armónico; que al término de tu vida puedas experimentar y aceptar esta experiencia de totalidad como el sentido de tu propia existencia”. “La propuesta ética –escribe– que aquí voy a enunciar y defender consiste en invitar a mis lectores o interlocutores, a aquellos ante todo que han sido afectados por los lutos que dije al inicio, a situarse de antemano en el momento de su propio morir, bajo el supuesto que tal momento pudiera ser para nosotros, una vivencia totalizadora de lo que hayamos vivido. El anticipar tal vivencia hipotética, mientras vamos viviendo, nos ofrece una instancia ética por referencia a la cual resulta posible y legítimo decidir cómo queremos vivir, más aún: cómo debemos vivir si aspiramos a que nuestro actuar sea a fin de cuentas digno de ser aprobado por nosotros mismos” (pp. 196-197).

 

Referencias bibliográficas

Autores varios (1998), A fin de cuentas. El pensamiento filosófico de José Echeverría. Santiago: Dolmen y UNESCO.         [ Links ]

Echeverría, J. (1965), La enseñanza de la filosofía en la universidad hispanoamericana. Washington D.C: Unión Panamericana.         [ Links ]

_____________ (1967), Réflexions métaphisiques sur la mort el le problème su sujet. París: Vrin.         [ Links ]

_____________ (1985), “Ser y estar” Revista Plural, vol. 4: 9-25.         [ Links ]

_____________ (1986), Libro de convocaciones. I: Cervantes, Dostoyevski, Nietzsche, A. Machado. Barcelona: Anthropos.         [ Links ]

_____________ (1997), Aprender a filosofar preguntando con Platón, Epicuro, Descartes. Barcelona: Anthropos.         [ Links ]

Ferrater-Mora, J. (2001), Diccionario de filosofía, tomo II. Barcelona: Arial.         [ Links ]

Vergara, J. (1998), “La concepción de la filosofía de José Echeverría”, en Autores varios (1996), A fin de cuentas. El pensamiento filosófico de José Echeverría. Santiago: Dolmen y UNESCO.         [ Links ]

Jorge Vergara
Universidad de Chile
vergaraestevez@gmail.com

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