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Revista de filosofía

versión On-line ISSN 0718-4360

Rev. filos. vol.72  Santiago nov. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-43602016000100017 

RESEÑAS

 

Cristóbal Balbontín.
Husserl y la aporía de la constitución de lo social.

Libros del Amanecer, Santiago, 2014, 143 págs.

 

El libro de Cristóbal Balbontín, Husserl y la aporía de la constitución de lo social, aborda un problema crítico no solamente en el amplio marco de la filosofía contemporánea, sino también en los complejos y fluctuantes bordes de la filosofía de Husserl. En efecto, si hay una cuestión que pueda caracterizar –por su recurrencia y rendimiento filosófico– las orientaciones fundamentales de la filosofía contemporánea, ésta es sin duda la cuestión del otro. Ciertamente hay también otros problemas capitales que bien podrían definirla –la muerte, el cuerpo, las disposiciones afectivas– pero el problema del otro parece en cierto modo condensar y expresar no solamente las preocupaciones filosóficas centrales del siglo recién pasado, sino también sus tensiones y hasta paradojas más significativas. Ante este problema, los bordes disciplinarios –éticos, antropológicos, políticos– parecen disolverse y convertirse en una especie de prima philosophia, inseparable de las cuestiones más acuciantes de la filosofía contemporánea.

El horizonte polémico, por así decirlo, está constituido por la sospecha ante el primado irrecusable de la modernidad: la subjetividad –o la conciencia– como principio constituyente y constitutivo de cualquier objetividad. La prosecución racionalista e idealista del principio de la conciencia conduce a una crítica en distintos registros, pero cuya insignia de batalla quizás sea la recuperación de la palabra "vida". Sin embargo, como toda transición, esta orientación general de la filosofía contemporánea no está exenta de ambigüedades: por una lado, determinada por aquello a lo se dirige y, por otra, por aquello que abandona, pero que no siempre termina por dejar atrás. Esta ambigüedad es plenamente perceptible en Husserl: por una parte, sus fuentes aristotélicas –vía Brentano– con nociones tales como las de intencionalidad, evidencia o mundo de la vida (Lebenswelt) y, por otra, cartesiano-kantianas como el ego-cogito o la conciencia trascendental. Las diversas recepciones de Husserl –en el contexto ya de la tradición fenomenológica– testimonian esta ambigüedad a la que ha estado sometida la obra de Husserl.

Sin embargo, más allá de las diversas inflexiones de estas recepciones, la crítica ha solido centrarse justamente en la orientación trascendental de la fenomenología de Husserl: finalmente, como afirma Cristóbal Balbontín, el "regreso a las cosas mismas" (zurück zu den Sachen selbst) –y que es justamente el lema que podría ser interpretado en clave realista– no significa otra cosa que el regreso a una conciencia trascendental como condición de toda trascendencia posible de las cosas. Cristóbal Balbontín en este sentido se suma a una larga tradición de crítica al trascendentalismo husserliano. Sin embargo, la novedad a mi entender reside no tanto en el objeto de la crítica, sino en el "desde dónde", en el lugar escogido para ejercer esa crítica. Por lo pronto, el lugar no son los extramuros de la ciudadela husserliana, sino el propio interior de su edificación o incluso diríamos su baptisterio, su pila bautismal. Lejos de toda crítica meramente extrínseca que opera desde supuestos ajenos a lo criticado, Balbontín pretende probar el edificio husserliano desde su propio interior, desde su misma fisonomía y desde sus propios cimientos. Crítica inmanente que además elige bien el dispositivo de la crítica: la teoría husserliana de la constitución de lo social o, en otras palabras, la teoría del otro como dispositivo capaz de poner en crisis el trascendentalismo de la fenomenología de Husserl.

La crítica, en primer lugar, se centra en la teoría husserliana del otro: la teoría de la empatía (Einfühlung). Como es sabido, el tema se desarrolla fundamentalmente en la quinta meditación de las Meditaciones Cartesianas. Es allí donde encuentra su desarrollo más pleno y donde Husserl aborda el problema del otro desde la subjetividad trascendental constituyente, intentando demostrar a la vez que la fenomenología trasciende el ego cogito. Sin entrar en el detalle de la compleja teoría husserliana de la empatía, señalemos simplemente que el resultado parece ser –y tal es la opinión del autor– que igualmente la teoría de la constitución del otro a través del recurso a la empatía no implica abandonar el idealismo trascendental, antes bien perseverar en él: "Husserl insistirá –precisa Cristóbal Balbontín– en que inevitablemente la percepción de los otros, su acontecimiento, ocurre en mi conciencia y a partir de mis experiencias trascendentales. No es posible dar cuenta del otro yendo fuera de mi conciencia". O en palabras del propio Husserl: "Tenemos que ver cómo, en qué intencionalidades, en qué síntesis, en qué motivaciones se configura en mí el sentido alter ego y, bajo el título de una experiencia concordante del extraño, se verifica como siendo e inclusive como estando presente ahí él mismo en un modo que le es propio".

El nudo crítico de la cuestión es claro: la tensión entre restituir el otro en mí y constituirlo al mismo tiempo como otro. Es esta tensión la que se manifiesta en la teoría de la empatía: "La quinta meditación –afirma Cristóbal Balbotín–, que aborda el problema del otro en un momento de acentuado idealismo, revela como una contradicción la tracción a la que está sujeta la experiencia del otro entre dos tendencias: restituir el otro en mí y constituirlo como otro. Paradoja que está latente en toda su filosofía y que lleva a que la quinta meditación estalle sin proporcionar una respuesta satisfactoria". El otro horada el edificio husserliano, como horada todo trascendentalismo, al poner en crisis al sujeto constituyente y la suficiencia de la subjetividad trascendental como fundamento apodíctico de todo conocimiento. El enfrentamiento con el otro como alteridad radical fisura y detona la suficiencia inconcusa del yo trascendental.

Si Husserl, indirectamente, y por las propias tensiones en juego, nos revela los límites de la subjetividad trascendental, no puede pues sorprender que desde la misma orilla de la fenomenología y su tradición hayan surgido teorías que abandonen todo fundamento en un sujeto trascendental e interpreten la alteridad ahora desde un fundamento dialógico: ya no el alter ego, sino el tú. Las dificultades que evidencia la teoría trascendental de la alteridad y que Cristóbal Balbontín examina detalladamente –la recuperación de la facticidad del mundo de la vida, la primacía del mundo cultural, la insuficiencia del otro en el tiempo, el conflicto entre las diversas motivaciones de la conciencia– revela la irreductibilidad del otro como alteridad radical que se escapa al poder del ego cogito. Esta alteridad radical queda perfectamente reflejada en la siguiente descripción del autor: "El otro se anuncia, se exhibe, da cuenta de sí, se impone, da noticia de sí. Pero ese dar noticia de sí, como siendo el que está ahí, el otro revela un ser que es irreductible, cuya evanescencia traza una distancia irresoluble que se anuncia como infinito. Se puede ver, se puede sentir la apariencia del otro, pero su existencia absoluta no puede ser aprehendida. Ella se anuncia extraña a mi vivencia. Así, el ser del otro invita a un horizonte que está más allá del ego cogito. Del mismo modo, como el otro se revela a través del signo, a través del cuerpo, así también está más allá del signo, más allá del cuerpo. El otro atraviesa y desfonda su propio cuerpo. Al ser del ego cogito le comparece un ser absolutamente otro que, en su anunciarse como otro, a su vez lo desborda. En consecuencia, debemos decir, el encuentro del otro es un ¡no!, una prohibición, es resistencia a la mirada espontánea del yo que alegremente va, es disenso, altura, asimetría, libertad’’.

La odisea de Husserl, este viaje a las profundidades el alter ego, no es pues el viaje del Ulises de la Odisea, sino el de Ulises de James Joyce, como nos lo sugiere el autor en una feliz analogía: "Con el cómodo retorno de la conciencia sobre sí ante el problema de la alteridad, –afirma Balbontín– Husserl recorre, de alguna manera, la odisea de la Fenomenología del espíritu previamente trazada por Hegel. Pero dicho recorrido es un fracaso. A diferencia del Ulises de la Odisea, este es el Ulises de James Joyce. No se trata del héroe que regresa a la morada de Ítaca y donde el perro Argos, Euriclea, su nodriza, y Penélope lo reconocen, sino que se trata del Ulises donde la palabra vuelve sobre sí huérfana. El dublinés Joyce sufre una desafección de la presencia. Cada ahora evoca un antaño o una otra vez; cada allí, un allá. Todo lo que ve y pretende conocido termina evocando una llamada procedente de otro lugar. Así el retorno a la paz del hogar de la subjetividad se ve impelido por un exilio inicial que no cesa de alejarse". Ante este diagnóstico queda solamente al lector de este sugerente libro juzgar si la odisea de Cristóbal Balbontín es finalmente la de Homero o la de Joyce. Sea como sea, lo cierto es que sin duda Cristóbal Balbontín, como el Odiseo, se atrevió a salir de casa y navegar –con auténtico denuedo intelectual– en mares procelosos y difíciles de surcar.

 

Gustavo Cataldo Sanguinetti

Universidad Andrés Bello

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