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RLA. Revista de lingüística teórica y aplicada

versión On-line ISSN 0718-4883

RLA v.47 n.1 Concepción  2009

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-48832009000100003 

RLA, Revista de Lingüística Teórica y Aplicada, 47 (1), I Sem. 2009, pp. 37-60

 

ARTICULOS / ARTICLES

 

PERMANENCIA Y DESPLAZAMIENTO, HIPÓTESIS ACERCA DE LA VITALIDAD DEL MAPUZUGUN1

PERMANENCE AND DISPLACEMENT, HYPOTHESIS ABOUT THE VITALITY OF THE MAPUZUGUN

 

Hans Gundermann1, Jaqueline Canihuan2, Alejandro Clavería3, Cesar Faúndez4

1 Universidad Católica del Norte, Chile. E-mail: hgunder@ucn.cl
2 Universidad Tecnológica Metropolitana, Chile. E-mail: kaniwan@gmail.com
3 Universidad Católica del Norte, Chile. E-mail: alclaver@hotmail.com
4 Universidad Tecnológica Metropolitana, Chile. E-mail: cesar_faundez@gmail.com

En homenaje al Dr. Adalberto Salas


RESUMEN

El artículo examina la situación actual de la lengua mapuche, a través de los resultados de investigación entregados por tres recientes estudios sociolingüísticos basados en encuestas de amplia cobertura. En todos los casos se concluye que la vitalidad del mapuzugun se encuentra sujeta a un rápido retroceso. Las hipótesis que explican la pérdida de vitalidad y tendencias de desplazamiento presentan divergencias. Se discute cada una de ellas y se propone un esquema explicativo más completo.

Palabras claves: Bilingüismo, pueblo mapuche, vitalidad lingüística, desplazamiento.


ABSTRACT

This article examines the current situation of the mapuche language based upon the results of three sociolinguistic studies using wide coverage surveys. In every case we conclude that the vitality of mapuzugun is subject to a quick regress. The hypotheses that explain such a loss of vitality and displacement tendencies diverge. We discuss each of them and we propose a more comprehensive explanation scheme.

Keywords: Bilingualism, mapuche people, linguistic vitality, displacement.



1. INTRODUCCIÓN

Es notorio y preocupante el retroceso del mapuzugun, la lengua mapuche, y su reemplazo por el castellano. El pueblo mapuche comparte este problema
con la comunidad indígena aymara chilena cuyo idioma, el jaqui aru, permanece vigente pero igualmente amagado por la lengua nacional. Fenómenos de desplazamiento lingüístico son comunes a las lenguas amerindias del continente, aun cuando todavía conserven contingentes importantes de hablantes. La desaparición de algunas lenguas indígenas y las amenazas a la pervivencia de otras constituye una de las preocupaciones que en materia cultural aborda la política indígena de los últimos quince años2. Su acción constituye algo más que un gesto de reconocimiento étnico; es también una manera de enfrentar el retroceso lingüístico en curso. El interés académico por la situación del bilingüismo en los pueblos indígenas de Chile no es nuevo3. Bajo impulso de organismos públicos y también privados4 se han llevado a efecto durante los últimos años algunos estudios extensivos. Con ellos se ha ido estableciendo un perfil de la distribución, características y factores concurrentes en el bilingüismo y en los fenómenos de desplazamiento de las principales lenguas indígenas de Chile. Todos confirman que en el caso mapuche la lengua originaria se encuentra sometida a fuertes presiones de cambio que inciden en un sostenido retroceso del número de hablantes y en el deterioro de sus niveles
de competencia5.

Menos acuerdo existe, sin embargo, en las razones que explicarían el empobrecimiento de los hablantes y el aumento del monolingüismo castellano. Sobre esta materia tres tesis se han sostenido. La primera, a cargo del destacado, y recordado, lingüista Adalberto Salas podemos resumirla como la de la persistencia de la lengua en los espacios intraétnicos tradicionales (Salas, 1992, 1996). Unos años atrás y con base en un estudio de encuestas sociolingüísticas a hogares aymaras, atacameños y mapuches, principalmente rurales, Vergara y Gundermann (2005), esbozaron una explicación histórico estructural limitada del desplazamiento. Más recientemente, Zúñiga (2007) aplicó un modelo elaborado para la dinámica sociolingüística de Papúa Nueva Guinea a la interpretación de la realidad mapuche, con datos provenientes de una encuesta aplicada a individuos, indígenas y no indígenas, rurales y urbanos. Una nueva investigación de la vitalidad del mapuzugun en el sur de Chile, realizada esta vez con innovaciones en los medios de evaluación, confirmó lo ya conocido de la distribución del bilingüismo (Gundermann, Canihuan, Clavería y Faúndez, 2008). Representa también una ocasión para revisar críticamente las tesis que se han sostenido acerca del bilingüismo y la permanencia o desplazamiento del mapuzugun en Chile.

2. LA VITALIDAD DEL MAPUZUGUN SEGÚN UNA
INVESTIGACIÓN RECIENTE

El más reciente estudio de la distribución del bilingüismo mapuche - castellano se diseñó en base a encuestas: una de atributos sociolingüísticos a hogares mapuches, otra de actitudes referidas a lengua y cultura indígena, y una tercera de medición de competencia, todas aplicadas por entrevistadores mapuches hablantes del mapuzugun. Complementariamente, se consideró un componente cualitativo de entrevistas a personalidades culturales y políticas indígenas6. El test de medición de competencia fue preparado con la finalidad de disponer de un medio de evaluación directa de las habilidades de producción en la lengua indígena. Su elaboración se basó en instrumentos aplicados por estudios análogos en Latinoamérica. Discrimina entre hablantes y no hablantes del mapuzugun y, al interior de los hablantes, entre pasivos y activos en los niveles de competencia básica, intermedia y alta (para mayores detalles, confróntese Gundermann et al., 2008). Por su intermedio se añade información de nuevo tipo al perfil de caracterización sociolingüística del mapuzugun que se viene construyendo desde hace algunos años.

Según el test de competencia un 61,7% de la población mapuche de 10 años o más carece de competencia en su lengua. Constituye una proporción muy alta de personas, que se acerca a dos tercios del total. Seguramente muchos mapuches monolingües del castellano conocen algo de vocabulario, saludos o frases convencionales, pero son incapaces de comunicarse en su lengua, aun de manera básica o elemental. Sólo un 38,3% del total demuestran competencia. El nivel básico alcanza un 4,0% y el intermedio un 9,6%. Ambas categorías expresan grados de conocimiento y capacidad de producción lingüística en una escala ordinal. Comparten la condición de ser insuficientes para desplegar una comunicación expedita con la lengua mapuche. Ninguna de las dos puede considerarse, en la mayoría de las situaciones, una etapa de aprendizaje. Entre quienes poseen estos niveles prevalecen las personas adultas o que ya desarrollaron capacidades comunicativas. Competencia alta demuestra un 24,7% de los mapuches, concentrándose este atributo entre los adultos y adultos mayores. Representa la proporción de la población que posee el mayor capital lingüístico en su lengua. Un lugar prominente ocupan en este grupo algunos mayores que, además, dominan mejor su lengua que el castellano. No obstante, sabemos que en los días presentes esto constituye más la excepción que la regla. En un panorama de bilingüismo como el mapuche, la lengua minoritaria puede poseerse sin que las personas la empleen activamente en la comunicación. La entienden en mayor o menor medida, pero no la hablan. Este fenómeno está presente, aunque su cuantía no es alta. Sólo un 5,2% del total es hablante pasivo de la lengua originaria.

La distribución del bilingüismo mapuche manifiesta una considerable heterogeneidad. Hay zonas en que el mapuzugun ha desaparecido, en otras se conserva poco y en unas cuantas se mantiene vital. Los resultados del test de competencia así lo confirman. La Tabla I pone en evidencia esta variación según regiones administrativas. La Araucanía es la mejor posicionada en el bilingüismo mapuche, pero sin que el estado de cosas allí presente pueda ser considerado libre de problemas. Un poco más de la mitad de las personas demuestra competencia en su lengua (un 51,6%), pero sólo un tercio (33,2%) presenta una competencia alta, situación de dominio a la que se debe aspirar para asegurar la vitalidad de la lengua. Junto con personas que pueden desenvolverse fluidamente en su lengua encontramos también un 13,1% de casos con competencia intermedia y un 5,3% con competencia básica. Los demás son monolingües del castellano. De este modo, la región de la Araucanía mantiene el mayor volumen de hablantes del mapuzugun en el sur de Chile. Con todo, no debe olvidarse que el desplazamiento de la lengua también allí está desarrollándose activamente.

Tabla I. Distribución de la competencia con el mapuzugun según regiones de residencia (en cifras ponderadas y proyectadas).

Una proporción intermedia de hablantes presenta la Región del Biobío. Se debe recordar, no obstante, que en su interior se encuentran dos zonas con un marcado contraste. El área pehuenche en la comuna de Alto Biobío cuenta con muchos hablantes competentes de todas las edades. Por el contrario, en el sur de la provincia de Arauco (comunas de Lebu, Cañete, Los Álamos, Contulmo y Tirúa) los hablantes desarrollados escasean; el estado de la lengua es, por tanto, parecido a algunas áreas de las regiones de los Ríos y los Lagos. Considerado el conjunto, sólo un 10,8% de las personas tiene competencia alta, un 6,9% competencia intermedia y un 2,3% competencia básica. En consecuencia, un 80,0% de los pobladores mapuches de la región no tiene competencia en su lengua. Las de los Ríos y de los Lagos presentan la situación regional más dificultosa de permanencia de la lengua. Apenas un 6,7% de la población mapuche de esta extensa zona -principalmente mayores y ancianos- posee competencia alta demostrable. La mayoría se encuentra en las comunas cordilleranas de la provincia de Valdivia. La competencia intermedia y la básica se presentan en porcentajes mínimos. Como resultado, un 90,8% del total no tiene competencia alguna en la lengua originaria.

Un factor significativo de variación en la vigencia de la lengua mapuche es la residencia rural o urbana. La permanencia del mapuzugun es mucho mayor en las zonas rurales que en los pueblos y ciudades del sur de Chile. Los hablantes son escasos en el grupo de los residentes urbanos: un 6,0% con competencia alta, un 5,3% con intermedia y un 2,1% con básica. Aumentan notoriamente en las zonas rurales: un 33,0% con competencia alta, un 11,5% con intermedia y un 4,8% con básica. Las fuertes diferencias detectadas pueden entenderse por la presión que reciben los indígenas urbanos para hablar el castellano y, al mismo tiempo, la ausencia de redes sociales y estímulos suficientes para el empleo regular y la transmisión de la lengua.

Los resultados de la medición de competencia justifican una visión pesimista acerca de la disminución de hablantes y el declive intergeneracional de la lengua originaria. La Tabla II entrega cifras ponderadas y proyectadas al conjunto de la población mapuche del sur de Chile, rural y urbana, según tramos de edad en decenios. Basta una somera inspección de los datos para hacer evidente la correlación entre el aumento o disminución de la competencia y los tramos de edad altos o los de jóvenes y adultos jóvenes. Así, por ejemplo, apenas un 14,3% de aquellos entre 10 y 19 años comprueban competencia, concentrándose en los niveles básicos e intermedio y con un buen número de hablantes pasivos. Algo parecido se repite con los integrantes del tramo entre 20 y 29 años, entre quienes sólo un 19,4% demuestra competencia. Entre los mayores la situación se invierte. Una mayoría de aquellos que integran el tramo de edad de 70-79 años manifiesta competencia (un 73,3%), la mayoría en el nivel de alta.

Tabla II. Distribución de la competencia en mapuzugun según estratos de edad en el sur de Chile (regiones del Biobío, Araucanía, los Ríos y los Lagos).

El tercio y algo más de personas mapuches que el test de competencia estableció como hablantes debemos considerarlo como un síntoma del retroceso que padece la lengua y no como una situación estabilizada de bilingüismo. La forma que toma la distribución de los hablantes según estratos de edad sugiere un continuo y progresivo retroceso de la competencia y del empleo del mapuzugun. Esa progresión es notablemente ordenada, como se advierte en la tabla precedente. Congruente con ello es también la percepción de los entrevistados acerca de la prevalencia de uso del mapuzugun a medida que consideramos la generación de los padres y luego la de los abuelos. Por lo demás, las observaciones informales que se logran en la interacción con personas mapuches, la percepción de éstos mismos acerca de lo esporádico del uso de la lengua, la constatación de que la mayoría de
los ámbitos de interacción social están penetrados extensivamente por el castellano, así como las propias declaraciones de personalidades culturales y políticas del pueblo mapuche atestiguan sobradamente y confirman el sentido general de los resultados presentados.

Las diferencias en la proporción de hablantes y en el dominio de la lengua según regiones, áreas y tipos de residencia resalta la heterogeneidad del bilingüismo mapuche. Tal variación puede considerarse un reflejo de la ausencia de uniformidad temporal del proceso de cambios lingüísticos. Podría al respecto pensarse que la lengua logra sostenerse y transmitirse y por tanto mantenerse vital sólo en algunas partes. Ello es sólo parcialmente cierto. Lo es en el sentido que hay regiones y zonas particulares en su interior donde se mantiene más vigorosa. Esa proposición es también válida para microzonas (y por extensión también para grupos locales). No lo es en cuanto a aspectos claves para la existencia social del mapuzugun en posición de lengua subordinada. Con avances diversos, en todas partes el proceso de transformaciones lingüísticas se dirige hacia resultados de desplazamiento. La
lengua quedó o está cada vez más quedando relegada a las generaciones de mayores y ancianos sin que se produzca una transmisión extensiva de la misma. Su empleo se limita, la frecuencia de uso se enrarece y las situaciones sociales que la implican son exclusivamente intraétnicas. Expresan bien lo anterior las muy desfavorables distribuciones de la lengua que encontramos en niños, adolescentes y adultos jóvenes.

Los términos del problema no son desconocidos. Estudios previos basados en encuestas, según se detalla más abajo, también entregaron resultados sombríos y comparten la preocupación por el extendido retroceso del mapuzugun. Los que aquí resaltamos vienen entonces a ampliar y confirmar la vigencia y el dinamismo de la tendencia de desplazamiento.

3. TRES EXPLICACIONES DE LA PÉRDIDA DE
VITALIDAD DEL MAPUZUGUN

Adalberto Salas es quien primero y más explícitamente ha formulado un esquema complejo, pero discutible, acerca de la distribución y la dinámica del bilingüismo mapuzugun-castellano y el desplazamiento del primero por el segundo. Varias hipótesis se encuentran en la base de su argumento. Primero, su comprensión de la distribución del bilingüismo en un continuum rural-urbano; distribución que, como segundo aspecto, se la aprecia afectada por el aislamiento geográfico: favorablemente en los casos de ruralidad más extrema, y desfavorablemente cuando una integración más avanzada conduce a los indígenas a la residencia indígena urbana o a la proximidad con los centros urbanos. En tercer lugar, acepta que la antigüedad de las relaciones entre mapuches y no mapuches tiene un efecto en la persistencia de la lengua, cuestión que puede apreciarse cotejando regiones y áreas del sur de Chile. Finalmente, considera que las tomas de posición mapuches respecto de la lengua propia, la nacional y el bilingüismo tienen un efecto sobre la persistencia o no de la lengua nativa, su empleo, transmisión y vitalidad (Salas, 1992: 43-56; 1996: 266-268). Como se puede advertir, constituye una tesis de la persistencia de la lengua, limitada a los espacios intraétnicos tradicionales, y del desplazamiento en las demás.

El continuum rural (las comunidades mapuches)-urbano (los centros urbanos donde residen, o a los que se remiten para distintos efectos) y la del aislamientointegración geográficos pueden considerarse variantes de la ya clásica tesis del continuum folk-urbano elaborada por el antropólogo Robert Redfield en la década de 1940 (Redfield, 1944 y 1963). Para estos fines, lo rural o tradicional corresponde con la persistencia y vigencia social de la lengua, y lo urbano o moderno con su desplazamiento hacia el monolingüismo castellano. La explicación histórica con base en "la antigüedad del contacto" se impone en virtud de la heterogeneidad de los procesos que afectan a grupos mapuches distribuidos por un muy extenso territorio del sur de Chile. Las prácticas lingüísticas mapuches, a su vez, nos llevan a la consideración de un plano microsocial de análisis.

La tesis del continuum rural-urbano ocupa la imagen de ondas de intensidad decreciente, en un espejo de agua, por ejemplo, a medida que se alejan de las fuentes de emisión: las ciudades regionales primadas, los centros urbanos de alguna importancia, luego los pueblos y villorrios, en ese orden de importancia. Según esta metáfora, a mayor distancia y aislamiento respecto de los centros urbanos y del dominio que desde éstos se ejerce sobre la lengua nativa, mayor permanencia tiene la lengua minoritaria. Si bien algunas distribuciones estadísticas de hablantes pueden estimular juicios de esa naturaleza7, esta hipótesis se demuestra incapaz de incluir en un mismo esquema de explicación situaciones de notable permanencia de la lengua en algunos sitios de las inmediaciones de la capital regional de la Araucanía o, en un nivel de análisis microsocial, la buena salud de la lengua entre familias residentes en zonas donde, por el contrario, el balance general es crítico. No es adecuada para entender el pasado ni aclarar el presente de la lengua mapuche. Una hipótesis espacial es capaz de graficar una distribución de atributos lingüísticos, pero difícilmente de explicarlos. Las relaciones espaciales por sí solas no constituyen factores explicativos. Son un efecto o resultado de fuerzas externas e internas y de procesos históricos generales y particulares.

Resulta acertada la intuición de Salas (1992) al otorgar a la comunidad local mapuche un papel relevante en la reproducción de la lengua ("la población rural más cerca del extremo vernáculo" (Salas, 1992: 46), pero por razones un tanto distintas a las que sustentamos. Desde su punto de vista, "la orientación de la vida hacia el asentamiento tradicional (…) determina cuál será la lengua predominante en un individuo dado" (Salas, 1992: 45), aseveración que se condice poco con el hecho de que, por razones históricas y sociológicas en varias zonas importantes esa posibilidad prácticamente no existe. O que, cuando se hace presente, "la posición personal" respecto de la lengua puede ser decisiva: "muchos padres de familia… prohíben hablar en mapudungu (a sus hijos)" (Salas, 1992: 47). Asimismo, en varios pasajes del argumento el campo del bilingüismo se dicotomiza para sostener que la transmisión y permanencia se asocia a la orientación de la vida tradicional y a la inversa con la vida urbana. Se destaca menos, entonces, el amplio espacio intermedio, en los hechos más representados que el polo conservador y, sobre todo, el importante volumen de población mapuche monolingüe de castellano existente ya en la década de 1990. Por lo demás, plantea lo anterior para un momento en que la sociedad indígena es mucho más fluida en su movilidad y en que los espacios rurales se han redefinido significativamente por relación con el pasado. Puede uno, entonces, preguntarse acerca de las posibilidades de hacer realidad la orientación tradicionalizante de la vida mapuche. La propia historia mapuche moderna de algunas regiones debe también ponernos en alerta acerca de las dificultades que se alzan ante los individuos para participar de ese polo tradicional.

Debido a lo anterior es que una perspectiva más precisa se logra considerando que los efectos de la exposición externa8 son anulados, matizados, pero también reencauzados o incluso potenciados por el sistema de relaciones propias a la sociedad indígena. De ahí que el análisis de la fuerza causal de las relaciones externas debe complementarse con otros niveles de análisis: las relaciones y prácticas sociales internas y lo que allí ocurre en materia de comunicación verbal; la articulación entre las relaciones externas e internas, y la puesta del conjunto anterior en una perspectiva de proceso. En definitiva, con Salas no se resuelve satisfactoriamente en un argumento articulado una explicación de las tendencias del bilingüismo mapuche. Se avanza en la identificación de aspectos y factores concurrentes en el proceso, pero no se formulan adecuadamente como una totalidad comprensiva.

Algunos años atrás, al autor principal de este artículo le correspondió participar de un estudio del contexto sociolingüístico de comunidades escolares aymaras, atacameñas y mapuches de Chile. Se realizó en 44 comunas del país con una alta proporción relativa de indígenas y focalizadas por el Programa Orígenes y por el Programa de Educación Intercultural Bilingüe del Ministerio de Educación (Vergara y Gundermann, 2005)9. Sus resultados aportaron un diagnóstico más que preocupante acerca de la lengua mapuche. En las regiones del Biobío y la ex de los Lagos, la población indígena de las comunidades escolares estudiadas es minoritaria. Hace excepción la Araucanía en que el promedio mapuche de esas localidades se alza hasta un 54,9% (Gundermann, 2005: 69). En la práctica, no existen entonces comunidades escolares compuestas exclusivamente de indígenas, por lo que los hablantes del mapuzugun sólo encuentran contextos en que el castellano opera como la lengua universal. Con frecuencia esos hablantes representan minorías en los propios segmentos mapuches de las comunidades escolares consideradas. Con distribuciones de bilingüismo como las anotadas, la vigencia de la lengua originaria queda principalmente librada a lo que los individuos mapuches y sus redes sociales internas hagan o dejen de hacer.

Las declaraciones de competencia pusieron en evidencia un variado panorama, por lo general pesimista. En la Región del Biobío un 45,6% de los que con 18 o más años se declaran mapuches señalan poseer competencia en su lengua. Entre ellos, la competencia activa alta llega a un 41,8% (aportado principalmente por casos del Alto Biobío, una zona lingüísticamente conservadora) (Gundermann, 2005: 56). En la Araucanía, a su vez, respecto de un 67,1% de los autodeclarados mapuche señala competencia con su lengua, pero donde la competencia activa alta llega sólo al 27,3% de ellos (Gundermann, 2005: 70). En la ex Región de los Lagos (provincias de Valdivia y Osorno), la competencia declarada llega a un 49,5%, pero donde apenas un 12% tendría competencia alta (Gundermann, 2005: 87). Según otros registros, la lengua indígena ya no es mayoritariamente la primera lengua aprendida: entre los que declaran competencia prima claramente el castellano y mapuzugun de manera simultánea o a veces el castellano (Gundermann, 2005: 59, 73 y 89). Se reconoce, asimismo, que el mapuzugun tiende a emplearse escasamente en la comunicación y su mayor frecuencia de empleo se limita al hogar y las relaciones familiares (Gundermann, 2005: 61-64; 75-81 y 91-94). Por último, la información de la o las lenguas que empleaban más frecuentemente los padres y los abuelos de los hablantes pone en evidencia para las tres regiones (aunque con momentos de inicios e intensidades variables) la antigüedad del desplazamiento de la lengua indígena en favor del castellano. En cada caso se incorporan consideraciones históricas y sociológicas que permiten contextualizar el proceso (2005: 64-66, 81-83 y 94-97). En Arauco, Valdivia y Osorno, la situación de pervivencia de la lengua se presenta especialmente crítica. Se señala que si bien en el resto de las áreas mapuches del sur de Chile la vitalidad del mapuzugun también disminuye rápidamente, el proceso todavía no alcanza la gravedad que reviste en las provincias indicadas.

Este es el primer estudio extensivo que se lleva a efecto en el sur de Chile para cuantificar dimensiones relevantes del panorama sociolingüístico mapuche. Los resultados preliminares publicados representan un avance en el reconocimiento de las difíciles condiciones en que pervive el mapuzugun. Sin embargo, la contextualización y explicación de la dinámica social y lingüística que revela la vitalidad o pérdida de vitalidad de la lengua fue todavía bastante incipiente. La muestra de hogares, basada en un universo sui generis (44 comunas con porcentajes relativos altos de indígenas y con presencia de proyectos pilotos de educación intercultural bilingüe) levanta obstáculos para la comparación de resultados con estudios posteriores. El instrumento de recolección de datos, una encuesta a hogares donde se consiguen declaraciones de conocimiento y competencia, suele ser objeto de dudas por generar resultados de evaluación lingüística indirectos. Una respuesta de tipo histórico estructural al desplazamiento de la lengua está sólo esbozada y debe enriquecerse con la consideración de otros planos de análisis.

Más recientemente, Zúñiga (2007) elaboró, apoyándose en los resultados de la Encuesta Mapuche realizada por el Centro de Estudios Públicos (CEP) en 2006 (CEP, 2007) y con arreglo al modelo de análisis de la vitalidad de una lengua propuesto por Landweer (2000), un consistente balance de la pujanza actual del mapuzugun. Consigna un 43,6% de hablantes entre activos y pasivos (rurales y urbanos del sur de Chile, incluida la Región Metropolitana) (Zúñiga, 2007: 18)10.

Este mismo autor concluye su artículo manifestando una viva preocupación por la rápida disminución del bilingüismo mapuche11. Los criterios empleados son la posición relativa en el continuum rural-urbano; los ámbitos de uso o desuso de la lengua; la existencia o no de diglosia y, en tanto que comunidad bilingüe, la presencia de fenómenos de code swiching; la dinámica poblacional y de grupo en la sociedad mapuche; la distribución de los hablantes en las redes sociales de las que participan; la fuerza identitaria de la comunidad lingüística; el prestigio de la lengua y la existencia de una base económica estable y aceptable que favorezca o al menos no desestimule el empleo de la lengua vernácula. Para cada una de estas dimensiones se proponen escalas ordinales que gradúan las respuestas en cuatro valores (Zúñiga, 2007: 12).

Respecto del primer criterio se asume que la sociedad mapuche se hace progresivamente más urbana y que sus segmentos rurales sostienen una creciente facilidad de comunicación, movilidad e interacción con centros urbanos. Es precisamente en los medios urbanos donde menos condiciones propicias se encuentran para el empleo de la lengua por los bilingües (Zúñiga, 2007: 12-13). En cuanto a los ámbitos de uso, la escala contempla desde el empleo restringido al hogar, hasta otro en que se ocupa en todas las circunstancias de la vida mapuche. Mientras más delimitado y restringido a lo doméstico es el empleo de la lengua originaria, menos vitalidad es invocable para ella (Zúñiga, 2007: 13). Y este sería el caso con el mapuzugun. A su vez, la diglosia supone bilingüismos relativamente estabilizados en que ambas lenguas cumplen funciones complementarias, lo que se contrapone con el cambio de código (code switching) favorable al empleo del castellano en las prácticas comunicativas de los mapuches bilingües. Este último sería el caso más extendido (Zúñiga, 2007: 13-14). La dinámica poblacional refiere a la existencia de una masa crítica suficiente para la reproducción de la lengua y también a la presencia de población inmigrante. La mapuche es la comunidad lingüística originaria y la chilena castellano hablante es la inmigrante, hoy claramente mayoritaria. La situación generalizada es la de que esta última prescinde del todo de la lengua nativa, incluso de formas pasivas de competencia (Zúñiga, 2007: 14). A su vez, la densidad y la orientación (endo o exoindígena) de las redes sociales que integran los sujetos mapuches bilingües es un parámetro de importancia para evaluar las oportunidades de comunicación en la lengua vernácula que ofrece el sistema de relaciones sociales mapuche. El autor omite pronunciarse sobre el particular por no contar con dominio profesional e información sobre la materia (Zúñiga, 2007:14-15).

La siguiente dimensión de evaluación remite a la identidad étnica y al reconocimiento interno y externo de ella. Una identidad étnica fuerte y un significativo reconocimiento interno y externo tendrían un efecto favorable en el empleo de la lengua minoritaria. A su vez, cuando funciona como identificador étnico, la lengua puede ayudar a sustentar la identidad colectiva. Estas valoraciones estarían cambiando favorablemente sin que la información de la que dispone el autor le permita ir mucho más lejos en su análisis (Zúñiga, 2007: 15).

El prestigio de la lengua, a su vez, puede presentarse desde una completa desacreditación externa e interna, hasta su exacto contrario. Los valores que adopte esta dimensión incidirán en la viabilidad futura de la lengua. Desde una situación de bajo prestigio, los cambios en curso (propiciados por la política indígena, por ejemplo) estarían incidiendo en una mejoría de su valía social (Zúñiga, 2007:.15). Finalmente, la existencia de una base económica autónoma o dependiente incidirá en las elecciones que en materia lingüística adopten los hablantes. Advierte el autor que, debido a la fuerte dependencia económica externa de la sociedad mapuche, difícilmente puede provenir de aquí un estímulo a la continuidad de la lengua (Zúñiga, 2007: 16).

Los datos provenientes de la encuesta CEP12 confirman la existencia de posiciones desfavorables y valores negativos para la lengua en las escalas ordinales construidas para cada una de las ocho dimensiones. La conclusión general es lapidaria. Desde el análisis multidimensional que emprende se elabora una tesis que avala la visión de la dinámica sociolingüística mapuche como desplazamiento. Estos resultados guardan una importante convergencia con aquéllos obtenidos en el estudio de 2003 (Vergara y Gundermann, 2005) y en el de 2007 (Gundermann et al., 2008). Con todo y lo valioso del estudio de Zúñiga resulta útil incorporar algunas observaciones críticas. Primero, puede uno preguntarse por la adecuación entre el instrumento de evaluación elaborado para una realidad de Papúa Nueva Guinea y la historia, sistema regional y patrón de relaciones interétnicas del que participa la sociedad mapuche. Un esfuerzo de ajuste habría sido provechoso. En segundo lugar, la noción de "masa crítica" podría ser objeto de un mayor desglose y análisis debido, primero, a la heterogeneidad de contextos de vida mapuche y la variación de las proporciones que en ellos ocupan los indígenas. Segundo, la pluralidad de situaciones de mono y bilingüismo existentes (desde áreas con un monolingüismo castellano generalizado y ya antiguo, hasta lugares con persistentes bilingüismos). Y tercero, el efecto diferenciado que la variación consignada en los dos puntos previos tiene sobre la reproducción de la lengua nativa.

A su vez, la asociación entre identidad étnica y lealtad lingüística podría ser también objeto de una mayor elaboración: no en todos los casos -y así lo pone en evidencia el ejemplo mapuche- se da una relación de correspondencia directa entre uno y otro asunto. Una fuerte identidad étnica mapuche con una importante legitimidad interna no se compadece con las tendencias de desplazamiento acelerado que se observan en la lengua nativa. Otro tanto sucede con el criterio de prestigio: éste puede envolver varias y contradictorias valoraciones. Parece muy general, asimismo, organizar el análisis de los datos principalmente según una dimensión étnica (mapuche/no mapuche) y residencial (rural/urbana). Es riesgoso insistir en que "la pertenencia a un grupo étnico como el lugar de residencia son factores determinantes en el nivel de competencia lingüística" (Zúñiga, 2007: 18). La relación entre pertenencia étnica y continuidad lingüística es un dato obvio en las circunstancias de Chile, pero la identificación étnica no guarda una relación unívoca con competencia activa o transmisión de la lengua. Las distribuciones de los hablantes según la residencia rural o urbana, a su vez, encuentran una heterogeneidad zonal y en la base familiar de importancia, tanto que la apelación a la residencia oscurece más que aclara los factores concurrentes hoy en la persistencia o abandono de la lengua.

4. EL MODELO DE DESPLAZAMIENTO EN CURSO

Con el trabajo de Fernando Zúñiga hemos avanzado en un razonamiento y análisis sociolingüístico diversificado que atiende a una batería de dimensiones relevantes de caracterización de la vitalidad lingüística del mapuche. Nuestra principal observación a su esfuerzo es que el análisis no es llevado suficientemente lejos, revisando la adecuación de sus instrumentos, integrando los factores en un esquema unificado y comprometiéndose más en su explicación sociohistórica. Consideramos que un conjunto coordinado de hipótesis explicativas podría mejor hacer justicia a la complejidad del proceso de reemplazo en que se encuentra el mapuzugun o lo que de manera análoga vive el jaqui aru aymara del norte de Chile (Gundermann, González y Vergara, 2007). Estas deben reconocer niveles de explicación y, en cada caso, dimensiones, aspectos o factores concurrentes, tanto externos como internos. Pero aquello no consiste sólo de una perspectiva estructural de procesos regionales, dominación social, políticas educacionales o acción de instituciones; también debe destacarse a los actores sociales mapuches y "chilenos", a fin de cuentas los agentes productores del proceso sociolingüístico en desarrollo. Corresponde entonces prestar suficiente atención a sus prácticas comunicativas y a las consecuencias de ellas. En un plano subjetivo cabe incorporar las motivaciones, valoraciones, racionalizaciones y evaluaciones de esas prácticas, hasta donde ello sea posible de pesquisar. Este ejercicio analítico debe complementarse con un esfuerzo de integración de esos niveles y aspectos y, con ello, de puesta en relación y jerarquización de los mismos. No obstante y a pesar de la importancia de la construcción de una síntesis, esto resulta todavía insuficiente si acaso el modelo de explicación no se pone en perspectiva histórica. De una parte, postulando las etapas y atributos característicos del proceso; de otra, contextualizando el mismo en un marco regional y nacional también cambiante. Aquí hacemos una contribución a la resolución de tal empresa intelectual.

En los párrafos siguientes intentaremos formular, con base en la información precedente, un modelo de explicación de la dinámica de reproducción y reemplazo lingüístico del idioma mapuche, en tanto que lengua regional minoritaria y minorizada. Sostenemos la tesis de que la dinámica de la lengua mapuche es la de una transformación tendiente a su desaparición y completo reemplazo por el castellano. Ciertamente, ello no se ha realizado y, de llegar a realizarse, lo será en el largo plazo. Esto no es algo irreversible y no necesariamente ocurrirá así en la próxima o incluso las próximas dos o y tres generaciones. Lo que importa destacar es que el proceso en que se encuentra la lengua mapuche hoy puede caracterizarse según un conjunto de tendencias que la dirigen hacia su desaparición. Así se desprende del análisis de información correspondiente a dimensiones cruciales para la reproducción de una lengua: la disminución de los haberes o capital lingüístico que toma características dramáticas en algunas zonas; la paulatina interrupción de la transmisión de la lengua; las modalidades recesivas del uso del mapuzugun e incluso las actitudes ambiguas de los propios mapuches respecto de su idioma.

El desplazamiento lingüístico que analizamos sigue lo que pudiéramos calificar de un modelo genérico de cambio sociolingüístico moderno. Las características que adquiere el reemplazo de la lengua mapuche (como lengua dominada) por el castellano (en posición dominante) son comunes o generales a otras realidades de Chile (la aymara en particular) y probablemente a numerosas lenguas amerindias de Latinoamérica (Adelaar, 1991). En los casos citados se reúnen aproximadamente los mismos elementos y éstos se organizan en una secuencia y proceso semejantes, que tiene por resultado un estado regresivo de la lengua originaria en favor de la lengua nacional. Los principales factores concurrentes son la integración de las regiones y territorios indígenas al país, a través de la acción del Estado y del mercado; lográndose por lo anterior, la propia transformación sociocultural de los pueblos indígenas y, con ello, una reubicación desventajosa de la cultura y lenguas nativas en el sistema de relaciones interétnicas.

Consiste en un proceso de larga duración, a lo menos de un siglo. En algunas zonas como Chiloé ello viene dándose posiblemente desde hace más tiempo. También culmina más tempranamente13. Un momento que nos parece representar un antes y un después en las condiciones de reproducción lingüística mapuche se da con la reorganización forzada de su sociedad en reducciones a partir de las últimas dos décadas del siglo XIX y las tres primera del siglo XX. Junto con ello, o en su reemplazo, cuando el proceso reduccional no alcanza algunas áreas, se llevan a efectos desplazamientos a zonas marginales y aisladas. La otra cara del reasentamiento y los desplazamientos es el poblamiento de las zonas indígenas con contingentes de "chilenos", hasta representar ya a principios del siglo XX definidas mayorías demográficas, otorgando una inflexión social decisiva a la conformación de los sistemas regionales modernos del sur del país. Desde entonces los mapuches integran estructuras sociales en que ocupan posiciones de inferioridad en cuanto a riqueza, poder económico y político y prestigio social. En el espacio regional se distribuyen como una miríada de grupos sujetos a relaciones locales de dominación económica y social. De lo anterior no escapa la cultura y la lengua nativa.

Con la formación de las regiones del sur del país aumenta exponencialmente la interacción mapuche con su entorno. De una parte con sujetos no indígenas cuando, ante la pobreza de tierras y para cubrir necesidades económicas, se vinculan con las economías agrarias empresariales o, decididamente, migrando a medios urbanos. De otra, se establecen nexos continuos con agencias y agentes públicos (y privados)14 con una fuerte incidencia en materias culturales. La expansión y demanda de escuelas estatales y privadas, o la alta participación en la conscripción militar así lo certifican. Por lo demás, las relaciones interétnicas pueden ser fluidas y cambiantes en el tiempo, según las zonas de que se trate; la distancia social que pone límites a la comunicación entre sujetos étnicamente distintos no es algo general o inmutable en el tiempo y varía considerablemente en uno y otro sentido. Por cierto, los flujos de interacción y comunicación que el sistema de relaciones interétnicas regional construye y expande se realizan bajo evidentes condiciones de dominación.

Las instituciones culturales y los medios de comunicación regionales han invisibilizado y obviado regularmente la cultura indígena; sólo en el presente se han abierto muy tímidamente y casi de manera anecdótica, o aun folclorizante, a la cultura mapuche. Y esto, a pesar de que el mapuzugun fue dominante en el pasado, e importante desde el punto de vista del número de poseedores y usuarios durante el siglo XX, incluso hasta el presente. El propio ordenamiento social de las prácticas discursivas naturaliza, transforma en el orden de las cosas al castellano como la lengua general y al mapuzugun como la lengua de los "indios". O, vista desde dentro, "el idioma nuestro", que se usa en dominios discursivos indígenas porque sólo a ellos interesa que sea así. Insistamos en que pese a la existencia de prácticas y voluntad de resistencia lingüística, en los hechos la hegemonía de los preceptos que privilegian el castellano es hasta ahora incontrarrestable. De esta manera, a medida que nos acercamos al plano de las prácticas de comunicación lingüística mapuche, se pone en evidencia una relevante dimensión psicosocial y, en el corazón de ella, la cuestión del prestigio lingüístico. Este se puede caracterizar por su ambigüedad (lealtad cultural y lingüística en un plano discursivo, ambiente castellanizado en la comunicación cotidiana) y una tendencia a referirla como herencia y patrimonio pero sin sentido de futuro (Gundermann y Godoy, 2005; Lagos, 2004; Gundermann et. al., 2008)15. Lo paradojal es que asumiendo la lengua mapuche como dada y el castellano como un bien cultural a adquirir, los mapuches emprendieron fatigosos trabajos para poseer una y se condujeron con la otra como algo que ahí estaba y que no requería una inversión cultural equivalente, en el mismo instante en que se filtraban conceptos que jerarquizaron en perjuicio del mapuzugun la distribución de los valores sociales adscritos a ambas lenguas.

El desplazamiento del mapuzugun es también en un proceso con varias temporalidades, debido a factores históricos, geográficos o sociopolíticos. Como hemos visto, la lengua mapuche no se sumerge en un camino conducente a su desplazamiento en todas partes al mismo tiempo ni de la misma manera. Esto se da mucho más temprano en un área como la de Chiloé debido a la coexistencia, prolongada por siglos, de relaciones cercanas entre huilliches, españoles y chilenos. También en Arauco y a ambos lados de Nahuelbuta el control territorial del Estado y el poblamiento con no indígenas se inicia al menos medio siglo antes. Otras zonas quedan aisladas. De allí entonces las diferencias regionales y las variaciones locales que hemos detectado. Pero señalar esto no basta ya que es requisito reconocer diferencias en la fuerza, rapidez y extensión del cambio lingüístico. Y ello es resultado tanto de factores externos16 como internos17. La formación del sistema escolar en las zonas mapuches es un importante acelerador de los cambios, no sólo a través de la generalización del castellano y una acción represiva directa, sino de una manera más amplia construyendo una hegemonía de ideas acerca de educación, cultura, lengua y civilización. Alcanzando con ello la colaboración activa de los propios mapuches en el doble movimiento de expansión-contracción de las lenguas en relación.

El proceso de cambios adquiere un carácter progresivo, en el sentido de que una vez tomada la senda del desplazamiento las tendencias de transformación han mantenido una dirección general18. No obstante, los factores concurrentes en la dinámica de cambio no son exactamente los mismos antes que en el presente. Y, por tanto, la propia dinámica no es la misma ayer que la de hoy. Deseamos llamar la atención acerca de las innovaciones recientes en el tipo de residencia y coexistencia étnica y su incidencia en la lengua. La aceleración del cambio lingüístico es también resultado de la expansión del mundo de relaciones mapuches con su entorno. No sólo el inmediato (mejoría de las comunicaciones, relaciones con mercados locales y pequeños centros de servicios urbanos), sino que también a través de la interregionalización de la sociedad. A través de las migraciones y la movilidad tiene lugar en el último medio siglo una importante redistribución espacial de la sociedad mapuche, que aumenta su dispersión hacia áreas urbanas, a veces rurales, exclusivamente castellano-hablantes. La expansión de los espacios sociales y el consiguiente aumento de la interacción se han profundizado las últimas décadas (Gundermann y González, 2008; Gundermann, González y De Ruyt, 2008). Con todo ello se intensifican y abren nuevas necesidades de comunicación que presuponen el uso expedito de una lengua común (el castellano), la alfabetización y escolarización (en castellano), el consumo de medios de comunicación de masas (radio, televisión, más recientemente internet) cuya lengua es el castellano, el aprendizaje en el manejo de medios de comunicación personal (telefonía convencional, telefonía celular, internet), etc.19.

Probablemente sea la vida urbana la expresión más extrema de estas nuevas condiciones. La radicación urbana mapuche en Concepción, Santiago, Temuco u Osorno se inició a mediados del siglo XX, pero es desde la década de 1960 en adelante que ella amplifica su volumen. Hoy se ha venido generalizando de otro modo. Las migraciones a larga distancia prosiguen, a la vez que se ha ido intensificando la doble residencia rural urbana en el sur de Chile. Está en juego también una redefinición de los hogares principales. Ahora algunos son urbanos, peri o suburbanos sin que por ello se abandonen las actividades rurales. Como sea, todo esto supone otra frecuencia e intensidad de relaciones con hablantes monolingües del castellano. Con ello se profundiza el efecto de relegamiento-abandono-retracción del mapuzugun.

Pero podríamos irnos deslizando sin darnos cuenta a suscribir una hipótesis ecológica de cercanía-lejanía de los centros urbanos castellano-hablantes como principio que mejor explicaría la dinámica sociolingüística del mapuzugún. Misma que criticáramos al analizar las tesis en curso acerca de la distribución y el desplazamiento de la lengua mapuche. En realidad, hemos hablado de algo más complejo que una oposición campo/ciudad: se trata de un conjunto de nuevas condiciones de la migración, la movilidad espacial y la comunicación, ahora multiorientadas, en que esa distinción clásica es menos relevante. Por lo demás, la propia información del estudio en que se apoya este análisis sugiere la importancia que en la continuidad lingüística tienen el impulso y las decisiones familiares en complementación con las redes y grupos parentales. Y éstos pueden hoy estar presentes cerca o lejos de los centros urbanos. Lo más cierto es que una intensa relación con monolingües del castellano obliga a una competencia equivalente con la lengua y no, siempre y necesariamente, al abandono del mapuzugun. A la inversa, en zonas muy distantes de las ciudades de la región están presentes familias y grupos en cuya biografía se ha acelerado el cambio lingüístico para hacerse exclusivamente castellano-hablantes o, en contrario, para insistir en ella y mantenerla viva.

5. CONCLUSIONES

El bilingüismo mapuzugun-castellano es un hecho de larga data en la experiencia lingüística mapuche. Luego que la Araucanía se incorporara a la administración del Estado nacional a finales del siglo XIX, se estructura un sistema de relaciones sociales entre mapuches y "chilenos" mucho más densas que en el pasado. Un aspecto de ello fue la acción de instituciones culturales como la escuela fiscal y misional y la generalización paulatina del bilingüismo, no necesariamente con pérdida generalizada del mapuzugun. Esto arrancó antes en el área meridional (con heterogeneidades propias) y en Arauco, mientras que en unos pocos lugares, dentro y fuera de la Araucanía, representa un fenómeno más tardío. Es la década de 1960, aproximadamente, cuando el bilingüismo termina de generalizarse en esta región. Los vectores de transformación tomaron a partir de entonces una dirección más definida. Constituye este momento un punto de inflexión importante, como antes lo fue la formación del bilingüismo mapuche desde finales del siglo XIX. Nuevos cambios en la residencia, la movilidad espacial y las comunicaciones se hacen presentes durante las últimas dos décadas y, con ello, no sólo se intensifica la redistribución de la población mapuche en el espacio nacional e internacional sino que, también, se crea una relación mucho más fluida y dinámica hacia y desde los espacios de residencia tradicional. El castellano es la lengua exclusiva o principal de estos nuevos flujos de relaciones y comunicación. En cosa de un siglo, entonces, se transita de un monolingüismo extendido a un bilingüismo subordinado de la lengua nacional, para de allí dirigirse a otro estado, hacia el tercer cuarto del siglo XX, en que el castellano ya es universal. Este bilingüismo no se estabilizó ni diferenció funciones sino que, por el contrario, abrió paso al bilingüismo subordinado de la lengua originaria y al monolingüismo castellano dominantes hoy.

En virtud de esa progresión del bilingüismo y su deriva hacia un estado recesivo del mapuzugun, es que nos parece insuficiente la tesis de la conservación limitada propuesta un par de décadas atrás por Adalberto Salas. Seguramente representó un momento de la historia cultural y lingüística moderna mapuche pero, en el momento que se formuló, ella ya no caracterizaba a la mayoría de las zonas indígenas del sur de Chile y tampoco, desde luego, a los mapuches urbanos. Las fronteras sociales y lingüísticas internas fueron haciéndose más permeables durante el último medio siglo a medida que los espacios laborales, residenciales, educativos, sociales y culturales fueron distendiéndose e implicando familias, redes y localidades rurales mapuches. La lengua de este más abierto sistema de relaciones no pudo ser otra que el castellano.

El análisis multidimensional de la vitalidad del mapuzugun aplicado por Zúñiga a partir de la formalización realizada por Landweer para realidades de Nueva Guinea tiene la ventaja de considerar aspectos importantes de las nuevas condiciones en que se desenvuelve la lengua mapuche. Toca asuntos relevantes como el reconocimiento del carácter hoy mayoritariamente urbano de la sociedad mapuche y sus implicaciones para la vitalidad de la lengua, la orientación interna o externa de las redes sociales y de comunicación, las consecuencias para la comunicación derivadas de que los mapuches representan minorías demográficas socialmente dominadas, la posición socioeconómica mapuche en las regiones de origen o en las áreas de destino, etc. La interpretación de los datos de la encuesta del CEP con base en la variación de estos parámetros le lleva a suscribir la tesis del carácter recesivo actual del mapuzugun: "lengua minoritaria que está siendo abandonada por un número sustancial de sus hablantes" (Zúñiga, 2007: 22). Sus resultados son coherentes con hallazgos previos (Vergara y Gundermann, 2005) y con lo obtenido mediante mediciones directas e indirectas por el estudio más reciente (Gundermann et al., 2008). No hacemos reparos acerca de los resultados generales del estudio y tampoco la selección de las dimensiones con que se analiza la situación mapuche. Consideramos discutible, no obstante, el que se aplique sin una cuidadosa revisión un modelo de análisis de la vitalidad lingüística traído, propiamente, del otro lado del mundo. Y que, además, no integre el análisis de las heterogéneas dimensiones que se consideran en un conjunto articulado y jerarquizado de factores. Resuelto esto, su propio análisis podría enriquecerse considerablemente, ganando en pertinencia, profundidad, precisión, complejidad, contextualidad y perspectiva histórica.

La solución a algunos de estos problemas podría alcanzarse a través de lo que denominamos un conjunto coordinado de hipótesis explicativas. El análisis debe considerar niveles macro y microsociales. Por una parte, es indispensable incluir asuntos como el sistema de relaciones interétnicas, la dominación social estructural, la estructura de la distribución espacial de la población mapuche o los mercados de fuerza de trabajo de los que participan. Por otra, igualmente importante es considerar los grupos, las redes, los patrones de interacción social y comunicativa mapuches y con no indígenas. Pero este segundo nivel interno interesa abordarlo no sólo desde una perspectiva objetivante. Es en su dimensión subjetiva donde adquieren real preeminencia los actores sociales indígenas, sus prácticas sociales y comunicativas, sus juicios, motivaciones, valoraciones y visiones de la lengua
y la cultura. Ya sea que el movimiento del análisis transcurra desde los sujetos y su subjetividad hacia las relaciones sociales y los sistemas de contexto, o al revés, es necesario incorporar una perspectiva histórica de proceso. La integración de estos planos y niveles es indispensable buscando arribar a un esquema explicativo integrador. En este trabajo hemos esbozado en qué podría consistir esta tarea, abriendo vías de análisis y proponiendo algunas respuestas.

NOTAS

1 Este artículo se preparó con base en la información generada por el estudio "Perfil sociolingüístico de comunidades mapuche de la VIII, IX y X Región" (CONADI-UTEM, 2007) y por el Proyecto Fondecyt N°1060973 "Comunidades translocales: grupos y redes sociales indígenas en un contexto de postcomunalidad". Utilizamos la grafía del mapuzugun propuesta por la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI).

2 Durante 1996 se creó en el Ministerio de Educación el Programa de Educación Intercultural Bilingüe (PEIB). Por su parte, la Corporación Nacional de Desarrollo Indígena (CONADI) cuenta con una Unidad de Cultura y Educación.

3 En el campo de los estudios mapuches podemos citar a Álvarez-Santullano y Contreras, 1995; Chiodi y Loncón, 1995 y 1999; Croese, 1983; Durán y Ramos, 1988b; Durán y Ramos, 1986 y 1987a y b; Fernández, 1986; Fernández y Hernández, 1984; Forno, 2003; Giannelli, 2005; Gundermann, 2005; Gundermann y Godoy, 2005; Hernández, 1993; Hernández y Ramos, 1979, 1983 y 1998; Lagos, 2004; Salas, 1992 y 1996; Sánchez, 1993-1994; Sepúlveda, 1984, Vergara y Gundermann, 2005. El listado es referencial, no exhaustivo. En el de los pueblos indígenas andinos (aymara, quechua y atacameño) los autores principales son: Mamani M., 1982; Harmelink, 1985; González S., 1990; Grebe, 1986; Gundermann, 1994 y 1995-96); Mamani J.C., 2003; Vergara y Gundermann, 2005 y Gundermann, González y Vergara, 2007.

4 En particular, el Centro de Estudios Públicos (CEP), asociado a un sector de la derecha política del país.

5 Mayores detalles pueden encontrarse en Vergara y Gundermann, 2005; Zúñiga, 2007, y Gundermann, Canihuan, Clavería y Faúndez, 2008.

6 La fase de campo se realizó entre mayo y julio de 2007 en las regiones del Biobío, la Araucanía, y las actuales de los Ríos y los Lagos. La aplicación de los instrumentos consideró un uso extensivo de la lengua nativa. Por este medio se buscó además disminuir durante el proceso de entrevista la posibilidad de ocultamiento y autorrepresión lingüística. El estudio se circunscribió a 58 comunas con mayor presencia de población mapuche. En búsqueda de estimaciones más precisas y con niveles de error estadísticos similares, a la población objetivo se aplicó un muestreo estratificado por residencia rural / urbana con base en información del Censo de Población y Vivienda 2002 (INE, 2002), y por el grado de competencia conocido en el uso de la lengua mapuche, según la encuesta CASEN 2003 (MIDEPLAN, 2003). La selección de la muestra se realizó por conglomerados y la de las unidades muestrales fue multietápica (entidad o manzana censal, hogar e individuo). Para estimar los errores muestrales a priori, se supuso que la selección corresponde a un muestreo aleatorio simple para estimadores de proporción con varianza máxima y un nivel de confianza de 95%. El tamaño de la muestra ascendió a 2.017 hogares con 7.801 integrantes, a los que se aplicó el cuestionario con preguntas de caracterización general, cultural y sociolingüística. Al interior de cada hogar se seleccionó al azar una persona de 10 años o más, a los que se aplicó un test de actitudes y uno de evaluación de competencia en mapuzugun, de los cuales se consideraron 2.010 casos.

7 En nuestros propios datos, las diferencias rural y urbana; la vigencia de la lengua en las comu

nas de la cordillera andina, por definición alejadas de los centros urbanos provinciales y regionales ubicados en el llano central o la costa; la existencia de algunos enclaves lingüísticos geográficamente aislados hasta tiempos recientes.

8 La fuerza deletérea de las ciudades, la participación masiva en el sistema escolar, las relaciones interétnicas conflictivas en ciertos enclaves geográficos o, más recientemente, la incrementada movilidad laboral interregional y las migraciones.

9 El estudio fue encargado por este último Programa y realizado por un consorcio universitario compuesto por el Instituto de Estudios Andinos de la Universidad Arturo Prat de Iquique y el Instituto de Estudios Regionales de la Universidad Católica de Temuco, con el apoyo de PROEIB Andes, de Cochabamba, Bolivia. En un primer momento también participó la Universidad de Los Lagos. El trabajo de campo se llevó a efecto en 2002 y 2003. Con la excepción de Putre en la región aymara y Puerto Saavedra en la costa de Cautín, se consideró sólo comunidades escolares rurales con la más alta presencia relativa de indígenas del país. En este sentido es que sus resultados pueden considerarse expresivos de las mejores situaciones de persistencia de las lenguas nativas continentales de Chile. Una encuesta a hogares donde se preguntaba por el conocimiento y uso de la lengua nativa entre sus miembros y un test de actitudes lingüísticas y culturales proporcionó la información de base.

10 Se habrá advertido que las proporciones de hablantes que arroja uno u otro estudio difieren entre sí. Ello es atribuible a las distintas muestras y universos de referencia: comunidades escolares rurales con alta presencia indígena en zonas de mayor conservación relativa de la lengua; mapuches rurales y urbanos del sur de Chile y la Región Metropolitana y, en la más reciente investigación, presentada más arriba, mapuches rurales y urbanos de las cuatro regiones meridionales de residencia tradicional. Cambian también los registros de edad que se consideran para efecto de cómputos. No obstante, en el último de los estudios, los resultados del test de competencia (medición directa) son inferiores en 8,3 puntos porcentuales de los que arroja la encuesta a hogares (medición indirecta basada en auto declaraciones de competencia). Esto último es atribuible a los métodos e instrumentos y sólo parcialmente a las muestras. Es decir, que cuando se trabaja con declaraciones de competencia se tiende a incluir individuos que bajo un escrutinio directo (test de competencia) no logran calificar como hablantes. En algo incide la tendencia de los respondentes por aparecer -ante entrevistadores mapuches, hablantes competentes en su lengua- integrando hogares con más haberes lingüísticos que los que efectivamente poseen. Cuestión asociable también al aumento de la identificación mapuche y a cambios en la valoración de la cultura indígena. Por otra parte, el instrumento empleado para registrar comprensión y producción declarada -un instrumento que quiso ser sensible a todas las condiciones de posesión de la lengua, aun las más elementales- incluyó un cierto número de casos con conocimientos tan básicos de la lengua que con el filtro del test ya no pudieron quedar inscriptos como hablantes. Nótese que los resultados van a contracorriente de lo supuesto, en el sentido de que con un instrumento de medición indirecto se esperaba encontrar subdeclaración de competencia. Y, por el contrario, con este último se obtiene sobredeclaración.

11 "Tanto los datos presentados… como las consideraciones hechas… sobre la vitalidad etnolingüística del mapudungun son alarmantes. Obsérvese que no hay contradicciones: todo apunta en la dirección de una lengua minoritaria que está siendo abandonada por un número sustancial de sus hablantes" (Zúñiga, 2007: 22).

12 Investigación basada en una muestra probabilística por conglomerados y multietápica en que se entrevistó a 1487 personas mapuches rurales y urbanas y un grupo de control compuesto por igual número de no mapuches vecinos de los anteriores en las regiones del Biobío, Araucanía, las actuales de los Ríos y los Lagos, además de la Región Metropolitana. Permanencia y desplazamiento, hipótesis acerca de la vitalidad del mapuzugun / H. Gundermann et al.

13 Caso equivalente al andino atacameño de la provincia de El Loa en el norte del país en que su lengua regional, el kunza, estaba ya a finales del siglo XIX en franca desaparición.

14 Los inicios de la incorporación moderna del castellano en la sociedad mapuche y el papel que en ello le cupo a la escuela misional han sido tratados por Durán y Ramos (1988a).

15 Existe la necesidad de contar con más etnografías de las prácticas lingüísticas. Estudios de dominios lingüísticos y ámbitos de uso del mapuzugun y castellano, prácticas de code switching, procesos de enseñanza y aprendizaje de la lengua nativa, la cuestión de la lealtad cultural y lingüística, aspectos referidos al prestigio de la lengua, etc., son cada vez más necesarios para afinar el conocimientos de las dimensiones sociolingüísticas del bilingüismo mapuche. Ello supone estudios intensivos en hogares y localidades, con periodos de observación prolongados, el uso de entrevistas focalizadas y de grupo, etc. No es suficiente, aunque representa un paso necesario, el conocimiento de las prácticas lingüísticas al interior de una familia mapuche (Hernández y Ramos, 1983). Tampoco de ello puede derivarse una suerte de promedio del bilingüismo en su conjunto. La generalización de resultados en la investigación etnográfica es teórica (Strauss y Corbin, 1990).

16 La educación escolar obligatoria en castellano y la expansión del sistema escolar en las regiones mapuches constituye una realidad ya hacia mediados del siglo XX.

17 Los cambios en las prácticas, las actitudes y las valoraciones de las familias y las redes parentales respecto de la comunicación con el mapuzugun y el castellano.

18 Puede ser que en el presente esas tendencias estén redireccionándose, menos hasta ahora por la acción de la educación intercultural que por un cambio en el contexto o ambiente sociocultural regional. Esto queda de manifiesto por la fuerza de la afirmación étnica y cultural mapuche que ha irradiado ampliamente, aunque no sea universal, entre sus miembros del campo y la ciudad. Pero también por algo de mayor aceptación, tolerancia e incluso simpatía que la cultura y la lengua mapuches adquieren hoy para un sector de la población no indígena regional (confróntese la encuesta CEP y algunos de los análisis a que dio lugar en la revista Estudios Públicos N°105, 2007). Fenómeno este último cuya solidez está por establecerse y que, sospechamos, puede ser reversible. No obstante, como lo señala nuestra propia revisión de las actitudes lingüísticas y culturales, se da una notoria valoración y un claro erigir la lengua como un símbolo étnico, aunque no acompañado de un cambio importante en las prácticas cotidianas con la lengua (Gundermann et. al., 2008).

19 Estos últimos, posibles de utilizar con el concurso del mapuzugun. Otra cosa es que esa posibilidad se traduzca en un uso extendido. Pero no todo es negro: hoy la comunicación con los mayores en el campo suele hacerse a través de teléfonos celulares y ello da ocasiones para, cuando se conoce, usar la lengua vernácula.

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Recibido: 01-10-2008. Aceptado: 26-03-2009.

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