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Formación universitaria

versión On-line ISSN 0718-5006

Form. Univ. vol.5 no.3 La Serena  2012

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50062012000300001 

Formación Universitaria-Vol. 5 Nº3-2012, pág.: 1

EN SÍNTESIS

Ética de los editores

Los autores, los evaluadores y los editores forman la trinidad  necesaria para la buena divulgación del conocimiento. Como ya se explicó, el editor es el responsable de mantener la calidad científica y editorial de la revista, y debe garantizar que los manuscritos que aspiran a ser publicados sean evaluados en forma correcta y expedita, con objetividad y  sin prejuicios. El editor debe proteger los derechos de los autores y de los  revisores y compatibilizarlos para hacer una buena difusión de los nuevos conocimientos. Sin embargo, hay casos de deshonestidad editorial que han llevado a algunas revistas a instaurar formas de solucionar este tipo de anomalías.

La revista británica The Lancet, una de las más antiguas y reconocidas revistas médicas, fue la primera en implementar el sistema el año 1996, nombrando al “ombudsman” de la revista, término sueco que significa defensor del pueblo. En el caso de The Lancet corresponde al defensor de los derechos de los autores y evaluadores que se pudieran sentir afectados por el trabajo y decisiones del editor. En castellano, y en el contexto de las publicaciones, el término ombudsman puede ser “defensor de la buena publicación”. En las revistas manejadas por las grandes casas editoriales, las tareas del editor están bastante definidas y son usualmente transmitidas y exigidas por dichas editoriales. Pero como en toda función delegada, el trabajo puede ser bien o mal realizado y  puede ser eficiente o ineficiente. Esto porque muchas veces se definen las funciones pero no necesariamente la forma de hacerlas, y aparecen así algunos vicios editoriales.

El llamado “efecto remite” es probablemente el mal más generalizado en editores de las grandes revistas. Este consiste en dar tratamiento más ligero a artículos provenientes de autores conocidos o del círculo del editor. Cuando llegan artículos de países  menos desarrollados entonces se envía a evaluadores que el editor conoce como exigentes y basta con una evaluación no muy positiva (sin llegar a ser de rechazo), para que el editor no la considere publicable. Si ese mismo manuscrito hubiera venido de un país desarrollado entonces se aceptaría y se pediría al autor corregir asuntos menores. La endogamia es otro aspecto cuestionable en el accionar de los editores. En el contexto de las publicaciones, la endogamia se refiere a la utilización excesiva por parte de los editores de las revistas que editan para publicar trabajos propios o de miembros del comité editorial, con cierto favoritismo (en las evaluaciones, en el tiempo de publicación y en la extensión de los artículos).  Algunos autores han publicado trabajos sobre este tema de favoritismo de varios tipos que se observa en algunas revistas.

Además de estos problemas de comportamiento y acción hay varios otros de mala conducta y negligencia que caen dentro de esta línea de la ética. Actitudes tales como respuesta inoportuna, mala toma de decisiones, no edición de los informes de evaluación, trato descortés hacia los autores, información incompleta, o arrogancia, pueden ser consideradas antiéticas. Para ilustrar esto último me he permitido personalizar la explicación y relatar un par de experiencias que he tenido como autor de manuscritos enviados para publicacion.

En ocasiones, y cuando no ha habido comunicación con el editor después de un tiempo prudente (varios meses), le he escrito preguntando por los avances en el proceso de evaluación. En una ocasión el editor nunca me respondió a pesar de las insistencias. Varios meses después recibí una separata con el trabajo publicado sin ninguna corrección. En otra situación similar, después de insistir un par de veces, me respondió el sistema automático (unattended email) indicando que “el editor está de vacaciones”. En algunas ocasiones, cuando he notado que la decisión del editor o de algunos de los evaluadores no ha sido correcta, he reclamado al editor, obviamente en buenos términos. En uno de mis artículos (probablemente el más citado), el editor cambió su parecer cuando aceptó haberse equivocado al interpretar erróneamente los comentarios de los evaluadores y el trabajo pasó de rechazado a aceptado. En el otro caso el editor me dijo, sin ninguna explicación, “es mi decisión final porque yo soy el editor”. 

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