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Izquierdas

versión On-line ISSN 0718-5049

Izquierdas (Santiago)  no.29 Santiago set. 2016

http://dx.doi.org/10.4067/S0718-50492016000400003 

ARTICULOS

 

Memorias callejeras: Territorialidad y guiones de los actos para rememorar en el espacio público los asesinatos de Eduardo y Rafael Vergara y de Santiago Nattino, José Manuel Parada y Manuel Guerrero*

 

Street memories: Territoriality and scripts of the acts that commemorate the murders of Eduardo and Rafael Vergara and Santiago Nattino, José Manuel Parada and Manuel Guerrero in the public space

 

Yael Zaliasnik S.

Chilena, Dra. En Estudios Americanos, Investigadora Postdoctoral FONDECYT, IDEA, Universidad de Santiago, Chile. E-mail: yzaliasniks@usach.cl.


Resumen

El presente escrito se refiere a diferentes procesos de elaboración de la memoria pública de la violencia política. Esto, a través del análisis de los actos que se hacen en la calle para conmemorar dos crímenes del terrorismo de Estado que ocurrieron en distintos territorios de Santiago, en la misma fecha, durante la dictadura en Chile. Al abordar sus elementos de teatralidad, las maneras de ejercitar las memorias evocadas en el presente son consideradas como "exforma/s", oscilando entre la exclusión y la inclusión, la disidencia y el poder. Se verá cómo unas son más subterráneas y periféricas, sin dejar de moverse e incomodar, mientras las otras, simbolizadas en los memoriales que las evocan, son más céntricas y contenidas.

Palabras clave: Teatralidad, Memorias, Territorialidad, Inclusión, Exclusión.


Abstract

The paper focusses on different processes to elaborate the public memory of political violence. This is done through the analysis of the street acts to commemorate two crimes of state terrorism which occurred during the dictatorship in Chile on the same day but at different places. Considering their elements of theatricality, the evocated memories and the means to exercise them in the present are approached as "exform/s", negotiating between exclusion and inclusion and dissidence and power. It will show how some are more underground and peripheral memories that are always in movement and somewhat uncomfortable, while others, symbolized in the memorials that evoke them, are more central and moderate.

Keywords: Theatricality, Memories, Territoriality, Inclusion, Exclusion.


 

Introducción

Santiago de Chile, 29 de marzo de 1985. Se vive una época álgida en lo que respecta a la violencia de Estado utilizada, entre otros propósitos (y valga la paradoja), para intentar aplacar las manifestaciones de rechazo que suscita en la ciudadanía la dictadura de Pinochet. Hace ya dos años que las protestas callejeras van en aumento, pese a los ingentes, desmedidos y rudos esfuerzos por contenerlas y acallarlas. Los autoimpuestos "detentores" del poder se sienten amenazados. Esa mañana, el profesor Manuel Guerrero y el sociólogo José Manuel Parada son secuestrados desde la puerta del Colegio Latinoamericano de Integración adonde estudian sus hijos y Guerrero trabaja de inspector, en la esquina de las calles Los Leones con El Vergel, en la comuna de Providencia. Por la noche, a diez kilómetros de allí, en la Villa Robert Kennedy, cerca de Villa Francia, en la actual comuna de Estación Central, dos hermanos, estudiantes y militantes del Movimiento de Izquierda Revolucionaria (MIR), Rafael y Eduardo Vergara Toledo, son asesinados por carabineros y sus cuerpos sin vida, dejados en un pasaje cerca de Avenida Las Rejas con 5 de Abril. Pese a las versiones de Carabineros y de diferentes medios de comunicación, que los tildan de "antisociales" y se refieren a sus actitudes "sospechosas" y a sus supuestos planes de asaltar una panadería del sector, los jóvenes se aprestaban a participar en la conmemoración del primer aniversario de la muerte de Mauricio Maigret, otro muchacho mirista de 17 años, asesinado un año antes en Pudahuel. También fue personal de Carabineros, -pero de la Dirección de Comunicaciones de Carabineros (Dicomcar)- los que, según se sabrá algunos meses después, asesinaron y degollaron entre esa misma noche y la madrugada del día siguiente a Guerrero y Parada, junto con el publicista Santiago Nattino, secuestrado un día antes que sus compañeros de partido (todos militaban en el Partido Comunista), en Apoquindo con Badajoz, a dos cuadras de su oficina.

Santiago de Chile, 29 de marzo de 2015. Han transcurrido tres décadas desde estos siniestros crímenes. Ambos son casos que pueden ser considerados de algún modo "emblemáticos", icónicos o señeros, vinculados con las memorias de la última dictadura en Chile1. El primero quedó fichado en nuestras memorias bajo la denominación "caso degollados" y nos punza con el rostro (desfigurado y monstruoso) de la violencia desatada y brutal de la dictadura. El segundo, instauró -a través de actos, reacciones, manifestaciones varias- un día especial en el imaginario nacional, el Día del Joven Combatiente, que apunta a la intransigencia y dignidad de la lucha por distintos ideales (aunque muchos relacionan casi instantáneamente, gracias al tratamiento de la prensa -enfatizando únicamente los "disturbios" propios del descontento y la ira-, y a un minucioso trabajo iniciado por la dictadura y continuado en los gobiernos posteriores, sólo con la violencia)2. Para recordar ambos, para mantenerlos presentes, para buscar y exigir justicia, para activar y actualizar sus recuerdos, ideales y luchas, cada año se realizan diferentes actos. En realidad, de alguna manera, casi cuando ocurren estos vergonzosos y aciagos asesinatos, comienza a perfilarse lo que serán sus futuras conmemoraciones, los actos que se irán instaurando y ritualizando para conmemorar estas muertes horrorosas e injustas (y también por librar una especie de batalla para lograr conocer la verdad y obtener justicia, para que sus muertes tengan sentido, para instaurarlas como "emblemáticas"), sus respectivos guiones. Menciono los lugares físicos, los espacios, los escenarios, porque éstos incidirán fuertemente, junto a otros elementos, en el desarrollo de dichos actos. Como señala Rossana Reguillo, el territorio no es un mero "contenedor de hechos sociales", sino una "construcción social en la que se entretejen lo material y lo simbólico, que se interpretan para dar forma y sentido a la vida del grupo, que se esfuerza por transformar mediante actos de apropiación -inscribir en el territorio las huellas de la historia colectiva- el espacio anónimo en un espacio próximo pleno de sentido para él mismo" (1999: 78).

¿Hay una sola memoria o varias? ¿Cómo se construye/n la/s memoria/s en una sociedad? ¿Cuál es la relación entre ésta/s, el territorio y la identidad? ¿Entre memoria y justicia, entre justicia y territorio? ¿Qué, quién y cómo la/s transmite? ¿El territorio incide en sus características? ¿En su transmisión? ¿Quién y cómo la/s cataloga, la/s "encuadra"? ¿Cómo el Estado y sus instituciones se relaciona/n con esta/s memoria/s y la/s incorpora/n a sus procesos de democratización? El estudio de los actos relacionados con los acontecimientos mencionados, ¿cómo puede ayudarnos a responder éstas y otras interrogantes? ¿Son éstos sólo reflejos de distintas memorias o colaboran también en su construcción? Los diferentes actos recurren a distintos elementos de teatralidad, cuyo análisis puede ser útil para dar luces en las respuestas de estas preguntas, para intentar acercarnos a temas dolorosos a través de las maneras en que sus conmemoraciones se escenifican en lugares que fueron, de alguna manera, escenarios de los crímenes primigenios (la población donde estaban y vivían los jóvenes y donde dejaron sus cadáveres, en el caso de los hermanos Vergara Toledo, y el lugar desde donde secuestraron a Guerrero y Parada, en el caso degollados) que se recuerdan, se miran, se perciben, a través de ellos. La idea de este artículo no es fijar nada, menos cuando hablamos de procesos que, por supuesto, no pueden detenerse ni encasillarse (como no puede/n tampoco fijarse la/s memoria/s, ejercicio activo, cotidiano, en movimiento), e intentar acercarnos a través de los actos para conmemorar estos macabros y funestos asesinatos, ocurridos en la misma fecha, para tratar de responder estas preguntas. Para eso, enfatizamos que "teatralidad" no es sinónimo de simulacro ni de inautenticidad, sino algo de lo que se inviste a los acontecimientos a través de la mirada. Dicha mirada (la mirada como sinécdoque de todos los sentidos) "desfamiliariza" ciertos acontecimientos para poder encararlos de manera crítica y reflexiva3, como queremos hacerlo con los actos de memoria, reparando en elementos que pueden tener en común con el teatro, pero no con la idea de verlos como distantes y ajenos espectáculos, sino de profundizar en sus guiones y lo que ellos revelan sobre las distintas memorias de la dictadura y las maneras de mantenerlas presentes que conviven hoy en nuestro país, cómo estos "performan" la memoria, así como otras características de la idiosincrasia nacional, a través de su escenificación.

Comparar los actos conmemorativos de ambos hechos a través de sus elementos de teatralidad puede ayudarnos a conversar, a debatir, a discutir estos procesos, a abrir caminos de reflexión y análisis que nos hablen de algo residual en la sociedad chilena como es la segregación y la existencia de diferentes clases sociales, negociando permanentemente las formas posibles de inclusión/ exclusión, de diversos procesos de memorialización -con distintas maneras de vivir, de apropiarse y de afectar y ser afectado por la territorialidad4-, de distancias físicas y mentales o conceptuales generadas por las diferencias, por fracturas y heridas producto de la desigualdad; de diversas maneras de recordar, de conmemorar, de transmitir memorias y luchas que también son distintas, con personajes, guiones y escenarios diversos, pese a compartir la ciudad, el país, la época, el horror y pese también a lo rotundo de una hipótesis, a lo fijo de un escrito, a lo inmutable de una publicación. Para ello, a través del análisis de los distintos actos -especialmente el acto cultural de la calle El Vergel y el pasacalles y acto político cultural, en Villa Francia-, veremos a la/s memoria/s en sí y a las distintas estrategias para re-actualizarlas como "exforma/s", concepto acuñado por Nicolás Bourriaud para referirse a "la forma atrapada en un procedimiento de exclusión o de inclusión. Es decir, a todo signo transitando entre el centro y la periferia, flotando entre la disidencia y el poder" (2015: 11).

Ambos actos son en la calle. Cada uno a su manera, es una afirmación pública de la vigencia, presencia e importancia de la/s memoria/s, de la necesidad de verdad y de justicia. Por lo mismo, son actos políticos y corpóreos, con corporeidades que salen al espacio público como diferentes "exformas" y maneras de resistencia (a lo establecido, ante el olvido, ante las injusticias). Y si bien tienen esto en común (además de la fecha, de rememorar cruentos asesinatos del terrorismo de Estado durante la última dictadura y de ser ambos en la calle), cada uno tiene características peculiares que los diferencia (porque cada una de estas palabras tiene un significado distinto según quién y desde dónde la enuncie). Las mismas calles en que se desarrollan (que son otras calles, otros barrios, testigos de otra relación con el territorio) marcan distancias, como también lo hacen y demuestran otras peculiaridades de cada acto, sus elementos de teatralidad, entre ellos, su organización, los actores que intervienen, el guión de los discursos (escritos y no escritos), las características de los participantes, el movimiento, todos los cuales están también ligados de una u otra manera con la territorialidad.

 

La calle como escenario y sus habitantes o transeúntes como actores-participantes

La misma noche del viernes 29 de marzo de 1985, los alumnos, apoderados y profesores del Colegio Latinoamericano de Integración se reunieron allí para ver qué acciones emprenderían (los cuerpos sin vida aparecerían al otro día en Quilicura). Desde el año siguiente, comenzarían a realizar velatones afuera de la casa donde funcionaba el colegio. Y continuarían haciéndolas todos los 29 de marzo en ese lugar, incluso luego de que dicha casa comenzara a ser demolida en el año 2006 para construir un edificio. Un ex alumno de ese establecimiento recuerda la costumbre que se instauró en la comunidad del colegio de, espontáneamente, cantar allí afuera, ese día. Así iría surgiendo el acto principal, que analizaremos en este artículo, para recordar estos asesinatos, siempre en la esquina de El Vergel con Los Leones, donde cada 29 de marzo (al comienzo, cuando el acto era más pequeño, si esa fecha caía el fin de semana, se trasladaba al día de la semana más cercano y, desde hace un tiempo, si es en la semana, se mueve al sábado más próximo) se organiza un acto artístico-cultural, que finaliza con una velatón. Todos los años, se realiza también -el sábado o domingo más cercano a la fecha- una caravana (principalmente de automóviles) desde Alameda con Vicuña Mackenna hasta el monumento de Quilicura donde tres enormes sillas desocupadas son escenario de otro acto para recordar igualmente el vacío producido por la abrupta ausencia de estos hombres y el horror de la violencia de Estado ejercida contra ellos y, a través de ellos, a sus familias, y a la sociedad. Allí acuden, sobre todo, militantes del Partido Comunista. Cada año, se suman nuevos homenajes, como el que se realizó también el 2015 en el Paseo Bulnes (organizado por el Colegio de Profesores) y el que se hizo en el Museo de la Memoria y los Derechos Humanos5.

A los hermanos Vergara también se los recuerda con actos en distintos lugares, en otro lugares, todas poblaciones de la periferia de Santiago, en el caso de la capital (pero también en provincia). La principal conmemoración y en la cual profundizaremos en este trabajo es la organizada por jóvenes de la Villa con los padres de los hermanos Vergara, Manuel Vergara y Luisa Toledo, junto a su hija, Ana Vergara Toledo. También desde 1986, cuando vieron que las romerías que comenzaron a realizar espontáneamente luego del asesinato, los 29 de cada mes, encabezadas por organizaciones cristianas, donde participaban los integrantes de la familia Vergara Toledo, no servían para lograr los cambios que querían. Consideraron que estas romerías no eran lo suficientemente visibilizadas ni lograban con ellas llamar la atención para transformar una sociedad que la familia Vergara Toledo -como sinécdoque de una población más vasta- ha sentido constantemente hostil e injusta6. Injusta no sólo porque han tardado años en aclarar lo ocurrido ese día, en juzgar y castigar a los asesinos, en demostrar que sus hijos eran combatientes y no "antisociales", en demostrar que los carabineros los buscaron para matarlos; años en los que ellos han sido provocados constantemente, con detenciones y allanamientos, años en los que incluso se ha gatillado muchas veces el rechazo de los propios vecinos. Es injusta también porque las oportunidades son demasiado desiguales; las diferencias, abisales7. Y ellos, parte de un territorio estigmatizado, castigado, adolorido, discriminado, lo que, por otra parte, provoca una identidad, unión y lazos solidarios importantes, vinculados con un sentimiento de rabia, abandono, rebeldía que los propulsa a salir a la calle8, a mantenerse activos, a ejercer de alguna manera en su territorio (el paisaje y también el cuerpo) la resistencia (y la memoria lo es) como un acto, entonces, para ejercer soberanía. El territorio (nuevamente aplicable al paisaje y el cuerpo), como podemos comprobar casi empíricamente, en la ciudad de Santiago, segrega (Ochsenius 2015), produciendo especies de "guetos" (Marcuse 1997), donde la separación económica, social y política se refleja en el espacio (también corporal); existe una relación entre desigualdad social y segregación espacial (Sabatini, et al, 2001); en una misma ciudad (y los cuerpos que la habitan), se yuxtaponen, de alguna forma, distintas ciudades (Ducci 2000) que, con sus características marcan o señalan también entonces distintos nexos de identidad, distintas memorias y distintas maneras de recordar9.

La actividad en El Vergel es siempre en el mismo lugar, el que se pretende incluso, de alguna manera adicional (más definitiva), marcar. Los lugares dentro de la Villa Francia donde se desarrollan las actividades que ya hace tiempo cuentan con el mismo esquema general (ceremonia; caminata, marcha o pasacalle; acto político/ artístico/ cultural) son, en cambio, más flexibles (otros años, por ejemplo, el pasacalles se ha hecho en el sentido inverso). Esta movilidad en los actos (junto a la inmovilidad de otras señales: como respetar siempre la misma fecha y no pedir permisos, que se refieren a la intransigencia y consecuencia), habla también de distintas memorias y maneras de recordar, que no quieren "asentarse", sino ir cambiando, para mantenerse incómodas, punzantes, inquietas frente a otras más tranquilas y apaciguadas, quizás un poco a riesgo de oficializarse y de convertirse en lo que Jacques Le Goff denomina "institución-memoria" (1991: 141)10.

El escenario o dispositivo escénico11 es fundamental para comprender estos guiones dispares y diversos, aunque a la vez con mucho en común. En general, la calle es lo público y lo abierto por antonomasia. Como recalca Manuel Vergara, es también el espacio natural que tiene el pueblo para reclamar y exigir. "Los pobres logran dar a conocer sus problemas en la calle, en la vía pública, no en reuniones, en petitorios, en diálogos", explica. En dichos espacios han ocurrido hechos que se recuerdan a través de actos que se han convertido en especies de rituales de memoria, donde, pese a lo abierto del espacio, éste ha quedado de alguna manera "marcado" primero por lo allí ocurrido y luego, por los ejercicios que ahí se han realizado y realizan para mantener activas y presentes dichas memorias. Memorias vigentes, re-actualizadas año tras año, mediante distintas actividades que ponen en escena lo ocurrido entonces, lo recordado hoy.

En La condición humana, Hannah Arendt sostiene que la palabra "público" significa dos fenómenos muy relacionados entre sí: por un lado, la esfera pública (puede ser visto y oído por todos) y, por otro, el mundo en común (es común a todos y distinto a nuestro lugar poseído en él de manera privada). Esto iguala, de alguna manera, a todos los participantes, por lo menos mientras intervienen en estos acontecimientos. Arendt afirma que siempre se le ha asignado la cualidad de excelencia al espacio público y, en el caso de los actos de memoria analizados, se acercan y relacionan con esta excelencia a través de la eficacia performativa12. La calle es lo público. La calle es política porque es percibida como de todos, en ella se logran cosas, se puede "gritar", marchar, manifestar, escenificar lo que Eduardo Pavlovsky denomina micropolíticas de resistencia. La calle es movimiento (o ausencia de), participación (o apatía), identidad. La calle es un espacio supuestamente abierto13, con sus construcciones y habitantes, con el espacio ocupado, pero también con sus oquedades.

Calle y callar tienen la misma raíz, tal vez porque como la calle la sentimos de todos, hay ciertos hechos que pueden borrarse de alguna manera, silenciarse, bajo el anonimato14. No obstante, su mencionado carácter público puede también potenciarlos. A esta dicotomía suelen enfrentarse los actos en la calle. Y un ejemplo claro son las actividades en la Villa Francia para la fecha estudiada. Si bien los actos y el pasacalle son públicos, muchos de quienes marchan lo hacen con pasamontañas, máscaras o cubriendo con pañuelos rojos y negros sus rostros. Claro, en memoria de los hermanos Vergara Toledo que militaban en el MIR15, pero también símbolo de que dicha marcha no está libre de temor, como la vida misma, valga lo vago de la afirmación, para los jóvenes de la Villa Francia. Ellos saben que deben cuidarse, que aparecer a rostro descubierto en un acto de este tipo puede ser un primer paso para acercarlos, por ejemplo, a un futuro enjuiciamiento en algunos casos policiales (participan a veces en los actos algunas personas que están clandestinas). De hecho, sólo quienes son autorizados por los organizadores, pueden captar imágenes. Se escenifican, así, las constantes negociaciones de la "exforma", entre ellas, las dificultades de diversas ideas y personas de ser "públicas" en una sociedad que, en la práctica, no fomenta su inclusión (ni acepta realmente la diversidad). En el caso del acto en El Vergel, nadie se cubre el rostro y muchas personas sacan fotografías, en un ambiente extremadamente tranquilo.

Por otra parte, los distintos escenarios marcan, igualmente, diferentes niveles de "lo público", en el primer sentido explicitado por Arendt, aquel que hace referencia a la esfera pública (que puede ser visto y oído por todos). La "visiblidad" en distintos medios de comunicación (y, por lo mismo, su difusión más amplia)16, así como la de los que los ven y/o vivencian de manera presencial, es muy distinta según dónde se realicen. Quienes ven y participan en las actividades de la Villa Francia son, generalmente, quienes viven allí (que corresponde a gente más bien humilde, "anónima" y con pocos elementos "noticiosos" o de interés para los medios de comunicación hegemónicos) junto a personas de otras poblaciones. Quienes no moran en esta población de la periferia de Santiago (con una alta composición obrera), pueden vivir durante años en esta ciudad sin transitar nunca por allí. Providencia, por su parte, es una comuna por donde circula más gente (especialmente, en vehículo, donde la mayor parte de sus habitantes son profesionales), pues ocupa un sitial más central dentro de la ciudad17. Ciudad donde, como en tantas otras, se da una segregación socio-espacial relacionada con el poder, donde existen marcadas diferencias en este aspecto entre centro y márgenes o periferia.

Setha M. Low y Denise Lawrence-Zúñiga, hablan de los lugares inscriptos, de cómo las personas forman relaciones significativas con el espacio que ocupan, le adjuntan significado transformándolo en "lugar" (2004: 13), lo que tiene que ver con la territorialidad18. Es importante en este caso porque, aunque ambos actos son en la calle, son otras calles (con otros actores, otros discursos, otros artistas, otros guiones), y son ejemplos de las diferencias en el apego con el territorio y, por ende, con los sentimientos de identidad generados por dicho apego, lo que se relaciona también con el concepto de topofilia. Éste es el lazo afectivo entre las personas y el lugar o el ambiente circundante. Aunque un tanto confuso como concepto, es vívido y concreto como experiencia personal (Tuan 2007: 13)19.

En Villa Francia, a diferencia de El Vergel, la calle no es sólo el lugar donde ocurrieron los hechos, sino el domicilio de sus gestores y participantes20. Y recordemos que Humberto Giannini explica que es en virtud del domicilio que el ser humano "estructura el mundo" (2007: 18). Esto es muy importante, pues el territorio marca el escenario por su paisaje, pero también por sus símbolos y su fuerte nexo con la identidad (característica importante también de la memoria). En el caso de Villa Francia, el territorio otorga una identidad importante a quienes habitan en esta población (aunque y porque son parte de un territorio en que sus moradores se sienten olvidados o excluidos, esto los aúna y confiere identidad, también por la posibilidad de resistir de manera organizada, colectiva)21. La dictadura y postdictadura y el orden neoliberal que entonces se impuso, llevó a toda la población nacional a un exitismo e individualismo exacerbados que, en el espacio público, se refleja en un repliegue hacia las casas y la vida en éstas. No obstante, existe la idea de que en los barrios de menores ingresos económicos, la vida se hace mucho en la calle, por lo cual ésta es un elemento de identidad significativo. Aunque mermada, la utilización del espacio público para actividades socializadoras sigue siendo mayor en los barrios más pobres. La misma Luisa Toledo, en sus palabras, antes de comenzar la caminata el 2015 hasta la plaza El Faro, habló de esta merma, arengando a sus vecinos a salir a la calle:

No tengan miedo. Vale más la pena vivir libres que morir encarcelados en nuestras propias casas. ¡Fuera de las casas! Dejen los televisores. Acuérdense de los muertos. Acuérdense de los asesinados, de los torturados. Ellos tienen que ser recordados cada año. Vecino, vecina, te llamo a salir a la calle (...) ¡Basta de que nos falte de todo en las poblaciones! ¡A la calle, compañero!

Existe una tradición muy fuerte de vida y actividad en las calles, de socialización en el espacio público, en especial, en poblaciones como ésta, probablemente relacionado con la resistencia que sus habitantes opusieron, sobre todo, en la calle, durante la dictadura. En el acto que analizamos, esto se enfatiza aún más porque dicho acontecimiento (así como otros en este territorio) son organizados y autogestionados por un grupo de sus propios habitantes. Para ello, realizan antes rifas y distintas actividades para reunir fondos. El 2015 elaboraron además, el fin de semana anterior, 47 murales callejeros alusivos a la memoria. Al igual que en los discursos, en estos dibujos y sus leyendas se enfatiza la importancia de mantener vigente el ejercicio de ésta, denunciando las violaciones actuales a los derechos humanos. Cerca de 450 personas de distintas brigadas tanto de Santiago como de regiones, participaron en esta actividad: popular, colectiva, política. El proceso previo a su realización fue también una manera de volver a colocar en escena la conversación y el convivio22, pues debieron ir, puerta por puerta, pidiendo autorización a los vecinos para pintar en sus muros, conversando las ideas colectivamente, en una evidente apropiación del espacio público, con la motivación asimismo de dejar algo en la población además del acto y pasacalles, efímeros por definición.

La autogestión, manifestación de su independencia e identidad, los enorgullece y aúna todavía más, señal de sus irrenunciables principios, de su incorruptibilidad ("¿Quién lucha con arrogancia? ¡Villa Francia!", grita, por ejemplo, el grupo conformado especialmente por jóvenes que fue a apoyar a la familia Vergara Toledo afuera de los Tribunales de Justicia, el 5 de mayo de 2015, cuando se decidiría sobre la solicitud de nulidad de la sentencia de Tamara Sol Farías Vergara, hija de Ana Vergara Toledo)23. La fuerte identidad ligada a la territorialidad, queda en evidencia en habitantes que sienten que la población que habitan, la comunidad de la cual son parte, es activa, politizada, especial. Esto tiene que ver con el presente, pero también con su historia, que los identifica y enorgullece. Como explica Gabriela Raposo, en "Territorios de la memoria: La retórica de la calle en Villa Francia":

No es posible obviar que tanto la fundación de la población (1969) junto a la existencia de una comunidad cristiana de base (1970), el inicio del gobierno de la Unidad Popular (1970) y, posteriormente, el golpe de estado (1973), se desarrollaran no sólo en un muy corto período de tiempo, sino que además, que todo ello tuviese un fuerte impacto político, social y organizacional en la población. Así, el contexto histórico posibilitó la gestación de una narrativa fuertemente politizada, alimentada por la puesta en marcha de nuevos proyectos de sociedad (Unidad Popular), sus derrumbamientos (golpe militar), los reclamos de justicia (violencia de estado), la reflexión y crítica social sobre contingencia, y las disputas y contestaciones frente al accionar del Estado.

Lo que congrega, en cambio, a los asistentes/ participantes del acto en la comuna de Providencia, no es el lugar donde habitan, sino aquel donde estuvo el colegio desde donde fueron secuestradas dos de las víctimas. Todo es mucho más indirecto, más lejano; el nexo con el territorio es más bien casual, tiene más relación con la comunidad de un colegio (colegio, por su parte, con una impronta especial, pero en ningún caso popular). Por lo mismo, quienes participan en el acto vienen posiblemente, en su mayoría, "de afuera", de otros lugares. Providencia, por otra parte, se caracteriza porque sus habitantes son de clase media-alta y alta, se jactan de su seguridad y limpieza, y de ser la tercera comuna más rica de Chile24. En un espacio con habitantes de estas características, éstos suelen hacer actividades dentro de sus casas, más que en la calle, la que les provoca un especial temor, reflejado en rejas y alarmas, así como por la ausencia de vida de barrio en sus calles. El último acto se hizo ya con el memorial (tres bancos con los nombres de los hombres asesinados) -proyecto del colectivo Ciudad Elefante25 patrocinado por la municipalidad (lo oficial)- que poco tiempo antes fue aprobado por el concejo municipal (con 5 votos a favor y 3 en contra y con muchos reparos de los vecinos). Esta férrea intención de "marcar" el lugar (además con apoyos "oficiales" que no rechazan, sino, al contrario, consideran como una reparación necesaria y, de alguna manera -pese a lo tardío y difícil-, "justa", una forma de "oficializar" o "estatizar" el ejercicio de las memorias de la época), contrasta, por ejemplo, con la actitud de muchos de los habitantes de Villa Francia que se enorgullecen de la autogestión (protagonista de toda la historia de la población) y la de los padres de los hermanos Vergara que, además de negarse a aceptar una reparación monetaria por la muerte de sus hijos, tampoco permitieron que el monumento inaugurado el 2008 y financiado por fondos estatales, en Avda. 5 de Abril con Curacaví, para homenajear a las víctimas de la dictadura en la población, llevara sus nombres26.

Las calles donde se realizan estos actos se diferencian también por la presencia, en las paredes de Villa Francia, de numerosos murales, rayados y grafitis, fuerte señal identitaria de varias poblaciones periféricas del Gran Santiago, los que a los ojos de los habitantes de Providencia probablementemente serían perturbadores, reflejos de "suciedad", de lo abyecto, de lo "que perturba una identidad, un sistema, un orden. Aquello que no respeta los límites, los lugares, las reglas. La complicidad, lo ambiguo, lo mixto" (Kristeva, 1988: 11); lo opuesto a la limpieza de la que se jactan. Mary Douglas señala que cuando las personas, cosas o prácticas son vistas como "fuera de lugar", son frecuentemente descritas como suciedad y contaminación. "Los zapatos no son sucios en sí mismos, pero es sucio colocarlos en la mesa de comedor; la comida no es sucia por sí misma, pero es sucio dejar los utensilios de cocinar en el dormitorio o la comida salpicada en la ropa, similarmente, dejar cosas del baño en el salón; ropa en las sillas" (1966: 36), dice. Esta observación puede resumir la dificultad de distintas memorias y sus ejercicios para integrarse en prácticas comunes en una sociedad fragmentada, atomizada y plena de distancias, diferencias, inequidades, donde los participantes y sus formas de reactualizar sus memorias y las memorias evocadas, son frecuentemente vistas como "fuera de lugar" por los demás (insistimos, los habitantes de Providencia, no necesariamente son los participantes del acto de El Vergel), nuevamente, en un constante enfrentamiento entre centro y periferia, poder y disidencia, lo oficial y lo contrahegemónico, la calma y el movimiento.

Por otra parte, realizar dicho acto en un lugar donde estuvo un colegio pero hoy hay un edificio de ladrillos y encuadradas ventanas tiene aspectos simbólicos importantes de destacar. Una construcción portadora, ancla, escenario, de hechos significativos vinculados con hitos importantes en las memorias nacionales que fue demolida y hoy esas memorias deben recordarse frente a otro edificio, pragmático y nuevo, es símbolo innegable del éxito y preeminencia de una ideología neoliberal deshumanizada (constatada en muchos comentarios de vecinos que se opusieron y oponen al memorial). Producto de dicha ideología, instaurada luego de la misma evocada dictadura, el pasado se deshecha, como mercancía, se demuele, se cambia por otro, como el palimpesto de edificios que van ocupando un mismo terreno. El acto (y la construcción allí de un memorial que lo marque)27, en el fondo, es un enfrentamiento, un gesto de resistencia a esta imagen, a lo que dice Avelar que es la memoria en tiempos de mercado, la que busca siempre sustituir (como la metáfora).

La identidad, entonces, está especialmente ligada al territorio, al territorio y la memoria, pues entre las funciones positivas de la memoria común está el reforzamiento de la cohesión social, gracias a la adhesión afectiva, lo que Maurice Halbwachs denomina "comunidad afectiva" (2004: 33). No obstante, como se ve a través de la comparación de estos actos, con otros actores-participantes, así como artistas y discursos muy distintos, con otros movimientos, esta identidad y memorias son diferentes en cada uno de los hechos y territorios mencionados (en un país donde, como vemos, el espacio, así como las memorias y las formas de mantenerlas presentes, parecen muchas veces segregadas o, por lo menos, marcadas por las clases sociales). Así lo señala sin titubeos Rosita Silva, activista por la memoria y los derechos humanos: "Hay que entender la lógica de este país, donde están sintetizadas las muertes por clase, igual que las clases sociales, hay muertos de primera, segunda, tercera y cuarta categoría..."

Manuel Delgado, en Sociedades movedizas, explica que en el espacio urbano "los individuos y los grupos definen y estructuran sus relaciones con el poder, para someterse a él, pero también para insubordinársele o para ignorarlo (2007: 15), lo que podemos relacionar con el concepto de "exforma", de Bourriaud. Esta negociación con el poder, entre la insubordinación y la oficialidad, está presente en ambos actos. En Villa Francia, por principio, no se piden autorizaciones ("¿Pedir permiso a los que mataron a nuestros hijos? Nunca les vamos a pedir permiso, es ilógico", señala Luisa Toledo). Por lo mismo, "tomarse" la calle, en este caso, es un gesto de autonomía y rebeldía. Por otra parte, allí la presencia policial (desde mucho antes de cada 29 de marzo) representa un acto de amedrentamiento más que un diplomático "cuidado" de los vecinos, labor que parecen desempeñar los policías -coordinados por la Intendencia- que cercan y custodian el perímetro por donde no dejan circular autos mientras se desarrolla el acto en la calle El Vergel. En este caso, la calle se utiliza como un gran y tranquilo salón (incluso con sillas, facilitadas el 2015 por la municipalidad) al aire libre (allí, en el 2015, una pareja se sintió tan cómoda y cómplice con los concurrentes que no titubearon en bailar abrazados), más que como un espacio público abierto y bullente de actividades por donde transita mucha gente, apropiándose del territorio (uno más extenso y sin "encuadrar"), como ocurre en las actividades de la Villa Francia.

 

Discursos, guiones, cinéticas y semióticas: Memorias que transitan, memorias que se asientan

Las memorias que se evocan en Villa Francia tienen que ver con la militancia y lo combativo, con el sentido crítico, la rebeldía y, especialmente, con la rabia (rabia que los habitantes de esta comuna hoy experimentan sobre todo contra el sistema que perciben como violento e injusto)28. Estas son memorias subterráneas29, por supuesto, en gobiernos que han tenido un discurso conciliador y evasor de cualquier conflicto (y las memorias son incómodas)30, donde se ha enfatizado las memorias de las víctimas, víctimas de un Estado implacable, pero se han mantenido subterráneas las memorias de luchas y militancias (si bien las formas de lucha y militancia fueron y son distintas, todas las víctimas de los crímenes evocados militaron y combatieron contra la dictadura y las injusticias). Es decir, existe una memoria más marginal sobre todo de lo institucionalizado, lejos del Estado, reacia a dialogar con éste, y otra, con actores que han participado en los partidos políticos, hoy legales, así como, algunos, en los gobiernos postdictadura.

Por lo mismo, las memorias de El Vergel (repetidas en otros actos), se transmiten a través de discursos más apaciguadores, tomando el ejemplo de estas víctimas de la dictadura y abogando por la vida. Esto es evidente, por ejemplo, en las palabras que en el acto del 2015 pronunció María Josefa Errázuriz, alcaldesa de Providencia, quien señaló: "esto es un acto de vida, (...) a pesar de los pesares (...), porque sin duda alguna todos y todas amamos la vida y lo que nos enseñaron precisamente José Manuel, Manuel y Santiago fue cómo ellos amaron la vida". En la misma línea, Manuel Guerrero Antequera, en su discurso en el Museo de la Memoria, sostuvo que "hay otros caminos posibles, sí. Muchos. Entre ellos el cultivar la estética y política de la rabia. Legítima, tal como el dolor. La respeto. Pero no es mi opción. No es en lo que fui educado por mi madre y padre. Soy menos épico que eso".

Por otra parte, en los discursos del acto en Villa Francia es muy importante la mención a la continuidad en la violación de los derechos humanos (que se ha dado en los gobiernos de la postdictadura), como una manera de que los jóvenes se identifiquen y empaticen, y de mostrar que los ideales y motivaciones de la lucha de los hermanos Vergara continúa muy presente en la actualidad (de la mano con la injusticia, motor de la rabia). Para ello, varias veces incluso se nombran distintos activistas muertos en dictadura y democracia y luego de cada uno de ellos se grita "¡Presente!" Para lograr convertir y mantener las memorias vinculadas con sus hijos como emblemáticas, los padres de los hermanos Vergara tienen clara la importancia de homenajear a todos los "jóvenes combatientes", a quienes cayeron en dictadura, así como a los que murieron después y a los que hoy pelean por la justicia, porque los guiones de estos actos no sólo tienen que ver con el pasado, sino también con el presente y con el futuro31, como recalca Manuel Vergara:

No se trata solamente de recordar, de llorar, sino que también invitamos a dirigentes estudiantiles, sindicales, mapuche, según lo que pasó en ese año, para que ellos puedan tener un espacio para plantear sus inquietudes. Así se va uniendo el pasado con el presente. Yo creo que es por eso que los jóvenes se han ido identificando con el 29 de marzo. Porque es el Día del Joven Combatiente, se hace un recuerdo no solamente de los chiquillos, sino que de otros chiquillos, de otras personas.

Es importante reparar también en los símbolos, en lo que representan las memorias de las personas recordadas y cómo se las recuerda. En el acto en Villa Francia se rescata, más que la particularidad de cada caído, la "puesta en común" de los valores e ideales por los cuales ellos lucharon, con el leit motiv siempre presente de lograr una sociedad mejor, más humana, más justa (esta última idea también aparece en los discursos de El Vergel). Por otra parte, hay un componente de clase y de diferentes posibilidades de acceso al poder. Quienes realizan discursos en el acto de El Vergel (por ejemplo, Manuel Guerrero Antequera y Estela Ortiz), así como algunos de los grupos y músicos que participaron (como Quilapayún que, en el 2015, menos de un mes después del acto, se presentó en la Plaza de la Constitución de Santiago, para lo cual, por supuesto, se requiere de un apoyo "oficial"), han tenido y tienen mucho más facilidad para integrarse de alguna manera al sistema y, si bien ha sido difícil e insuficiente, han tenido un mayor y mejor acceso a la relativa "justicia", así como a participar en la vida política del Estado32. En cambio, los protagonistas de los actos de la Villa Francia, aunque coincida también con sus principios, han quedado mucho más marginalizados desde el punto de vista judicial y político, así como económico.

De hecho, las mujeres de Nattino, Parada y Guerrero, quienes organizaron muchas actividades para llamar la atención sobre estos asesinatos y lograr que se hiciera justicia, fueron conocidas en los ambientes de Derechos Humanos como "Las viudas"33. Lamentablemente, la turbia historia de esa época produjo muchas más viudas. No obstante, ellas fueron mucho más visibles y fueron llamadas así. Asistían todos los viernes a las 13 horas hasta el bandejón central, frente a La Moneda34 -el palacio presidencial chileno, en el centro de Santiago, símbolo del poder, incendiado para el golpe de Estado; pintado de blanco, durante los gobiernos de la Concertación-35 para marchar y dejar ofrendas (afiches y claveles que eran esperados y luego retirados por carabineros), llamando la atención sobre lo ocurrido. Probablemente la reacción, convocatoria y difusión que lograron "las viudas", lo horroroso de esas muertes y el hecho de que se asesinó a personas que parecían más "resguardadas" por pertenecer a redes que en Chile siempre han servido, de alguna manera, de "protección"36, hizo que estos asesinatos marcaran de cierta forma su tiempo y el país.

Parada trabajaba en la Vicaría de la Solidaridad, donde colaboraba también Guerrero, bajo el alero del Arzobispado de Santiago y, por lo mismo, de la Iglesia Católica en general37. El poder de los padres de los hermanos Vergara es un "poder" diferente (un cartel de los que llevan los "marchantes" ese día en la calle, dice "articulando el poder de los pobres"), ligado a la imagen de consecuencia (e intransigencia). Ésta les da credibilidad, una imagen que los convierte en líderes, en líderes de personas más anónimas; luchadoras, conscientes y críticas. Poder eso sí relativo, el poder que da no tener mucho que perder que hizo que, por ejemplo, Luisa Toledo, enrabiada por tantos años de injusticia, pateara a Pablo Honorato en los tribunales "de justicia" (justicia que ella, al igual que muchos ven decepcionados que nunca llega)38.

En los actos de Villa Francia, los participantes han ido cambiando según sus organizadores. Antes había gente más educada, gente que con el tiempo se fue acomodando al sistema por lo que participar se les fue haciendo cada vez más complicado y terminaron por restarse. Luisa Toledo cree que lo ocurrido con su nieta fue también un punto de quiebre, por lo que se han ido quedando con "los más pobres, los que no tienen una carrera, no son profesionales, no son nada, pero son de una solidaridad a prueba de fuego, ellos están siempre con nosotros; los más pobres de los más pobres". Ellos mismos describen a los participantes del el acto de Providencia, como gente tranquila, académica, que no quiere conflictos. Buscan manifestarse de manera más pasiva, explica Manuel Vergara (quien cuenta que incluso en un acto al que fue invitado en Quilicura, fue él quien espontáneamente dirigió el grito por ellos). Esto se ve también, por ejemplo, en las actividades recreativas que organizan para los niños (pintan la calle con tiza -la cual, a diferencia de los grafitis, es efímera, puede borrarse rápidamente después del acto, sin alterar el paisaje, sin "ensuciarlo"-, juegan con pétalos de flores), así como por la ausencia de grafitis, carteles y gritos, siempre presentes en la Villa Francia. Entre ellos, además del ya mencionado, se oye "Compañeros hermanos Vergara: ¡Presente! ¡Ahora y siempre!" O "¡Hermanos Vergara: ¡Presente! ¿Quién los mató? Los pacos culiaos..." También en la Villa Francia, entre los carteles que llevan los participantes, así como en los grafitis, se exige el fin de las cárceles, la libertad para Tamara, la libertad para el comandante Ramiro39. Asimismo está presente la mencionada característica que los habitantes de la población sienten que los identifica: el orgullo. Un cartel en el pasacalles señala: "Sin dudar ni agachar la cabeza, que el conflicto sea la existencia". Se repiten las palabras "subversión" y "lucha".

Estas diferencias entre las memorias y entre las maneras de mantenerlas presentes pueden apreciarse igualmente en otras características de sus particulares cinéticas. Por ejemplo, en el caso de Villa Francia, es fundamental la realización de un pasacalles (que ellos prefieren llamar marcha, por su connotación más activa, más combativa, más rebelde), cuyo trayecto a veces se invierte. Con esto se escenifica la reversabilidad de un camino (un camino de carnaval que a su vez, encarna la conciencia en el hecho de que el orden puede ser subvertido), en el 2015, desde la gruta (marca popular y espontánea, símbolo de muerte y memoria, un lugar más íntimo de recuerdo) hasta la vida (plaza: espacio público y colectivo, solidario), pero una vida crítica y rabiosa, con movimiento, acción y opinión. Esto, a través también de distintos discursos orales que son una crítica al presente, buscando un mejor futuro. Se escenifica así el movimiento incesante, signo de algo vivo y político, el andar como práctica política porque, al caminar, recordamos, apropiándonos cinéticamente del espacio y sus memorias, manifestándose de esta manera performativa y particular la sociedad civil, oscilando con baile, música, carteles, gritos, entre lo estético y lo político. "Andar es no tener un lugar", señala Michel de Certeau (1996: 116). Por lo mismo, éstas son memorias que andan, y no se asientan40. Se mueven, transitan, no se detienen, porque no tienen ni quieren "tener un lugar", no aceptan, se rebelan.

La marcha o pasacalles tienen la alegría de la música, tinkus y murgas, siempre de la mano de la crítica y protesta, por ejemplo, a través de personajes y disfraces con mensajes contra el sistema de salud, la justicia; símbolos también muy directos de lo que los aqueja. Los pasacalles, así, con música, bailarines, tinkus, sólo comenzaron a realizarse hace cerca de una década, según explican Manuel Vergara y Luisa Toledo, "porque los cabros querían marchas con peleas; marchar y pelear con los pacos". Esto escenifica el movimiento, una memoria que no se "asienta" fácilmente, una memoria que no es dominante, sino marginal y rabiosa, orgullosamente distante de la memoria oficial. A diferencia de ésta, en el acto de Providencia, la mayoría de los asistentes se sientan en un espacio encuadrado (por los propios carabineros, quienes dirigen el tránsito para cuidar que los vehículos no circulen por ciertas calles). Es curioso que tanto el memorial que existe en Quilicura como el de Providencia sean, en un caso, sillas, en otro, bancos, es decir lugares donde simbólicamente ésta pueda asentarse, símbolos de oquedades, pero también de una memoria más tranquila, reconocidamente "emblemática". Juan Villegas, al referirse a la acción dramática, afirma que "lo inmóvil no provoca tensión, sino en cuanto a su posibilidad de movimiento o desplazamiento" (1986: 36), por ello, son los actos que se realizan en estos lugares, más que sus marcas; así como también las luchas y discusiones por marcarlos, las formas en que se "practican" en estos lugares las memorias.

Por otra parte, la semiología de ambos actos da cuenta de diferencias importantes. En El Vergel, siempre se hacen actividades muy bellas y con símbolos importantes vinculados con la vida, especialmente dirigidos a los muchos niños que participan. Un año, por ejemplo, éstos pintaron elefantes (símbolo del colectivo Ciudad Elefante, entre otras razones, por ser éste un animal con buena memoria, que tiene la capacidad de volver a los lugares significativos y velar a sus muertos), pero también utilizan pétalos de flores (que en el acto del 2015, los niños, mientras jugaban y pintaban la calle con tiza, se tiraron encima).

El mismo año, el colectivo de mujeres sahumeadoras Humitos Sagrados, donde participa Verónica Antequera, madre de Manuel Guerrero Antequera, realizó al comienzo del acto una ceremonia para "limpiar" con el humo de distintas hierbas este lugar. Flores y velas están presentes en ambos escenarios. Al final de la ceremonia inicial en Villa Francia, cada año se comparte un gran pan cocinado por una vecina mapuche, metáfora del compañerismo (de hecho, etimológicamente, compañero es "quien comparte el pan"), del vínculo de estas ceremonias y de la familia Vergara Toledo con la tradición cristiana. La cantante Cecilia Concha Laborde, la única artista que el 2015 estuvo en los dos actos, repara en que estos símbolos distintos dan cuenta de otras realidades.

Los actos tienen diferencias. Esto tiene que ver también con situaciones de vida discriminadoras. Es posible que cuando vivimos en situaciones más resueltas, se generen más simbolismos, con flores, con intervenciones que dan cuenta de la relación del hombre con la naturaleza, con bailes como expresiones del cuerpo, muy válidos y hermosos... En Villa Francia, en cambio, los gestos son más concretos, como compartir el pan cortado en muchos pedazos pequeñitos...

No es común que los mismos artistas se presenten en ambos actos. Otro cantante que ha estado varios años tanto en el escenario de Providencia como en el de la Villa Francia es Francisco Villa. Y es que los artistas y sus obras son reflejo también de estas distintas memorias y formas de re-presentarlas. La memoria rabiosa y en movimiento, de la Villa Francia, queda en evidencia por quienes se presentaron, por ejemplo, en el 2015, en la Plaza El Faro. Estos son vistos por los participantes también como más populares, cercanos al pueblo. Entre otros, cantaron varios grupos de rap y hip hop -géneros asociados precisamente con la subversión, el anarquismo, la rebeldía contra el sistema-, como Palabras en conflicto, grupo en el que cantaba Sebastián Oversluij y que se caracteriza por el rap insurrecto con temáticas anti carcelarias (presentes también entre los carteles del pasacalles, como uno de letras blancas sobre un fondo negro que dice: "Hasta destruir todas las jaulas y derribar todos los muros" o un grafiti en las paredes de la población que dice: "presos a la kalle"), anti-especismo (que llaman a no creerse superior a otras especies). Entre sus canciones, tienen temas como: "Sin Dios ni iglesia", "Guerra a la sociedad", "La población", "A quemarlo todo". En ellos se oye, por ejemplo, "Somos la voz de los que no tienen voz", "nos quieren homogeneizar", "nos declaramos antisociales", "al banco haremos desaparecer". Otro grupo que estuvo presente y se autodefine en facebook como "anarko, rap, punk" es Marmotas en el bar que cantan, con temas contra el plebiscito, los poderosos, la autoridad, la prensa burguesa, la sociedad capitalista. En sus canciones se catalogan, entre otros epítetos, como "fracasados" y "el vómito de la sociedad". También estuvo presente (suele estarlo en los actos de Villa Francia), Subverso, con temas referentes a la desigualdad y una canción que nos recuerda esta memoria que hemos denominado rabiosa: "Memoria rebelde". Hubo además otros músicos, todos con un alto compromiso social (en sus letras y acciones), como Evelyn Cornejo y el Trío Memorial.

En cambio, en el escenario montado en la esquina de El Vergel con Los Leones, se presentó, entre otros, Quilapayún, grupo que si bien para algunas personas "promueve la lucha de clases"41, para otros -como los organizadores y muchos de los participantes de las actividades en Villa Francia- son sinónimo de inconsecuencia, de pusilanimidad, de acomodo, de ideales amordazados. Este conjunto finalizó el acto -con Inti Illimani y todos los concurrentes- cantando "El pueblo unido..." con el puño izquierdo en alto, pero con ejemplos de vida que para algunos desentonan bastante de estos propósitos y símbolos, así como del pueblo, de su pueblo que, alguna vez, sí se identificó con ellos, pero hoy considera que se calmó, aburguesó, alejó, asentó. Por ejemplo, consultada directamente sobre la posibilidad de que este grupo se presente alguna vez en Villa Francia, Luisa Toledo es tajante "no, no los invitarían nunca. Todos los años hay gente de cierta importancia, pero dentro de lo que es lo popular. Más que éstos que salen en la tele (...). No, no vendrían nunca para acá, no".

Es la memoria de cierta manera oficial entonces, la que quiere conservar y conmemorar estos recuerdos como forma de "cerrar ciclos", de terminar procesos dolorosos, de tapiar, de alguna forma, lo pasado, de monumentalizarlo, recordando, de determinadas maneras, algunos hechos en algunas fechas y en algunos sitios específicos, que no pongan en peligro los febles pactos y esfuerzos de conciliación nacional. A estas narrativas que Nelly Richard describe como "suturadoras y apaciguadoras" (2010: 19), se integran cómodamente las memorias relacionadas con el caso degollados, considerado desde siempre como "emblemático" por los gobiernos de la Concertación. Cómodamente porque las figuras de Nattino, Parada y Guerrero y sus atroces asesinatos calzan con la narración de las "víctimas" priorizada por esta memoria oficial y ejemplificada en la museografía del Museo de la Memoria. Se conmemora, asimismo, en una comuna de Santiago que, durante 16 años, tuvo como alcalde a un ex militar, acusado de haber torturado durante la dictadura. No obstante, desde el comienzo de los tiempos, y desde el nacimiento de este museo -como símbolo de esta memoria oficial- irrumpen, cada tanto, otras memorias, memorias rabiosas, combatientes, rebeldes, especies de contramemorias de la memoria oficial. Es lo que ocurrió ya para la inauguración del Museo de la Memoria, cuando la madre y hermana de Matías Catrileo, estudiante mapuche que había sido asesinado recientemente por Carabineros cuando participaba en la toma de un fundo en el sur de Chile, gritaron por la ausencia de interés y justicia tanto de este caso como en el asesinato de los hermanos Vergara Toledo (Zaliasnik 2013). Estas distintas memorias tienen también trayectorias diferentes y otras formas de ocupar el espacio público, como lo demuestran las actividades de cada 29 de marzo en Providencia y en Villa Francia. Una es más tranquila y contenida, al igual que los actos para rememorarla y mantenerla presente, así como las marcas con las cuales se quiere materializar en el espacio público. La otra, en cambio, es una memoria más nerviosa, inquieta, rebelde, ruidosa, intransigente (definida por sus propios actores como "combativa"), una memoria en la que, como en toda memoria, convergen pasado, presente y futuro, y la rabia, en todos estos tiempos verbales (y no verbales/ experienciales), es una constante. La rabia que tiene que ver con sentirse "fuera de lugar" (en la sociedad), a veces se ve como impotencia, casi siempre como injusticia, muchas veces como pena; otras, hambre, y otras, sensaciones que son inefables. Una rabia que puede resumirse en uno y muchos actos simbólicos como, por ejemplo, patear en los genitales a un periodista conocido por identificarse y tergiversar los crímenes dictatoriales y que hoy continúa ejerciendo su profesión.

 

Notas

1 El rótulo "emblemáticos" se usó en los gobiernos de la postdictadura para darle prioridad a ciertos casos de violaciones de Derechos Humanos, ignorando otros. En este trabajo, me refiero así a estos acontecimientos no porque sean vistos como tales desde la oficialidad (que percibe y encara a ambos de manera muy distinta), sino porque son señeros también de otros aspectos a analizar, relacionados con distintas memorias imbricadas con el emplazamiento territorial de sus ocurrencias y actos conmemorativos. Se trataría de "memorias emblemáticas" en el sentido que explicita Steve Stern, de lograr que las historias individuales sean emblemas de una historia más amplia y no "memorias sueltas". En Recordando el Chile de Pinochet, el autor explica que "la gente encuentra allí un ancla que organiza y enriquece el significado de la experiencia y el conocimiento personales, los que de otra manera flotarían o circularían como experiencias individuales más bien desconectadas de la experiencia colectiva" (2009: 106).

2 La violencia es reconocida como una presencia constante por todos, desde otras perspectivas. Porque si bien ciertos sectores, vinculados especialmente a algunos territorios, ven como violentos estos actos, sobre todo lo que ocurre en la noche, con quemas de neumáticos y enfrentamientos con Carabineros, muchos habitantes de dichos espacios realizan estas acciones precisamente porque perciben al sistema como extremadamente violento (una violencia estructural menos visible, menos evidente, más cotidiana), un sistema que los aísla, segrega, invisibiliza y margina de la trama social; que, en el fondo, los niega; una sociedad inicua, injusta y tremendamente violenta con las personas más pobres.

3 Según Victor Turner esto es propio de las actividades liminales. En From Ritual to Theatre, explica: "En la liminalidad las personas 'juegan' con los elementos familiares y los desfamiliarizan. La novedad emerge de combinaciones sin precedentes de elementos familiares" (1992: 27).

4 Esto es "la forma de relacionarse con el espacio de vida que establece el sujeto" (Raffestin, 1989) cit. en Lindón (Reguillo y Godoy 2005: 160). Para marcar un territorio, para darle identidad, además de los acontecimientos que allí ocurren, es importante cómo los individuos lo resignifican, es indispensable reparar y profundizar en la relación que tienen con el lugar, cómo se identifican con él. Esto, en un país profundamente clasista -en todos los grupos socioeconómicos-, donde lo primero que muchos preguntan a quien van conociendo es dónde vive, para catalogarlo dentro de determinada clase social, cerrándose generalmente a la posibilidad de conocer otros aspectos de esa persona, probablemente mucho más compleja que esta rápida y prejuiciosa "radiografía".

5 Obra "emblemática" del gobierno de Bachelet, representante de una memoria institucionalizada, "políticamente correcta", oficial, donde es prácticamente impensable imaginar un acto para los hermanos Vergara Toledo. Existe una gran diferencia en el material (cantidad y ubicación) que allí se exhibe de ambos crímenes. En el segundo piso, en el panel sobre la "lucha por la libertad", hay fotos y textos impresos del "caso degollados" (imágenes de cada uno de estos hombres, un pequeño párrafo sobre su secuestro y de cuando fueron encontrados sus cuerpos, y fotografías también del funeral de Parada y Guerrero). En cambio, es muy difícil encontrar información sobre el asesinato de los hermanos Vergara. En el primer piso y muy a trasmano, en un panel denominado "Ejecuciones", hay exhibida una fotocopia de una carta de Rafael Vergara a su familia desde la clandestinidad, en una vitrina con documentos de otros asesinados en dictadura (Carlos Berger, Carmelo Soria, Germán Palominos), como queriendo enfatizar -con un guión muy propio de este museo y lo que representa- que todos son "víctimas", categoría más "conciliatoria" y menos conflictiva, con la que no concuerdan la mayoría de quienes, cada año, conmemoran, el 29 de marzo, el Día del Joven Combatiente. La carta no está firmada ni hay señales que indiquen de quién es -salvo pistas, como los nombres de sus familiares a los que está dirigida-, por lo cual es muy difícil encontrarla y relacionarla con la memoria que tan indirectamente (quizás como un mero acto "políticamente correcto") exhibe.

6 Inmanuel Kant escribió: "La más grande y repetida forma de miseria e infelicidad a que están expuestos los seres humanos consiste en la injusticia, más aún que la desgracia". Los habitantes de la periferia de la ciudad, son personajes de sus extra-radio, y se sienten muchas veces así, no sólo por dónde viven, víctimas de una violencia evidente y física así como de aquella más soterrada que Bourdieu denomina simbólica (2007: 1112).

7 Aunque fueron juzgados mucho antes los culpables de los asesinatos de Nattino, Guerrero y Parada, aunque recibieron penas mucho más pronto y más altas (cadena perpetua) y aunque César Mendoza, quien formaba parte de la Junta de Gobierno debió renunciar sólo tres días después de que se encontraran los malogrados cuerpos, igual la injusticia (y sensación de desamparo, negligencia e impunidad) en estos temas tiene algo de transversal. Esto quedó en evidencia el 2015, cuando la Tercera Sala de la Corte Suprema ratificara la libertad condicional para Alejandro Sáez Mardones, agente de la policía política de la dictadura cívico-militar chilena que participó directamente en el degollamiento y ejecución de Parada, Nattino y Guerrero y que estaba condenado a cadena perpetua.

8 "Nadie nos va a dar nada, compañeros y compañeras. Todo tenemos que pelearlo nosotros en la calle", dijo, a través de un megáfono y con un pañuelo rojo en su cabeza Luisa Toledo, antes de iniciar el pasacalle-marcha del 29 de marzo de 2015. "En este país la justicia es para los ricos, la injusticia para los pobres"; así terminó, por su parte, el improvisado discurso que Ana Vergara Toledo dio afuera de los tribunales de justicia cuando, en mayo de este año, se ratificó la condena de 7 años de presidio para su hija, Tamara Sol Farías Vergara, por dispararle a un guardia de Banco Estado.

9 Como señala Luisa Toledo en una entrevista en ADN Radio, el 10 de septiembre de 2013, sienten que la pobreza es un factor que ahora (a diferencia del gobierno de la Unidad Popular), los margina. No obstante, es una población con un fuerte sentido de pertenencia e identidad, ligado al territorio, y también y de la mano muchas veces de estos mismos sentimientos colectivos de exclusión social e institucional.

10 Un "riesgo" relativo porque como explicó Manuel Guerrero Antequera, en una entrevista en CNN Chile, el 12 de agosto del 2015, fue el Estado de Chile el que, de alguna manera, ideó y llevó a cabo los crímenes originarios. Por lo mismo, sus familiares sienten que es éste el que debe asumir su culpa y responsabilidad en la obtención de verdad y justicia, de reparación. Para ello, el tema debe ser asumido por toda la sociedad.

11 En su Diccionario del teatro. Dramaturgia, estética, semiología, Patrice Pavis dice que el término "dispositivo escénico" indica "que el escenario no es fijo, y que el decorado no está colocado en el mismo sitio desde el principio al final de la obra" (2008: 140).

12 Ésta es la resignificación estético-política de algunas prácticas culturales de la memoria, en la medida que el protagonismo ciudadano activa la construcción identitaria con un profundo sentido de empatía, solidaridad y lazos sociales. En otras palabras, es la constatación de cómo distintas expresiones artísticas y/o ciudadanas con muchos elementos de teatralidad, afectan, de una u otra manera, la realidad.

13 Cada calle tiene también sus restricciones, producto de la "territorialidad". El acto en Villa Francia no es completamente abierto porque existe miedo, a los "sapos", a los "infiltrados", y sentimientos de aversión por una prensa que es sesgada, arbitraria y mal intencionada. Por otra parte, los medios de comunicación y discursos oficiales han sido exitosos en atemorizar a la población y hacer a muchos temer de este lugar y conmemoraciones. Esto, unido a la suspicacia de los vecinos (con razones muchas veces fundadas), que también les da sentido de identidad, hace que la participación de más gente y de personas de otros lugares sea vista con desconfianza, lo que no "abre" el espacio, sino todo lo contrario. En el acto en Providencia, la calle se cierra de otra manera, cuando se corta el tránsito en El Vergel, entre Suecia y Los Leones, colocando un escenario de espaldas a esta última. Esto hace que muchos de quienes por allí transitan (principalmente en vehículos) no vean ni se enteren -y menos, se unan espontáneamente- del acto.

14 "...nos fuimos perdiendo en el tumulto" dice la letra de la canción Nos fuimos quedando en silencio, de Schwencke y Nilo (la misma que más adelante afirma: "y en cajas de vidrio escondimos la igualdad").

15 Los muchachos con pañuelos rojos y negros también nos hacen recordar la romería que se hizo para enterrar a los hermanos Vergara, con muchos jóvenes portando dicho atuendo, caminando hasta el Cementerio General llevando sobre sus hombros los féretros de los jóvenes asesinados.

16 Por ejemplo, las actividades conmemorativas del trigésimo aniversario del crimen de Nattino, Guerrero y Parada fueron difundidas previamente, entre otros, en Radio Cooperativa, Crónica Digital, Cambio 21; mientras las de Villa Francia, sólo por su radio y medios más alternativos y locales. Esto, obviando que los "operativos" para "evitar disturbios" y los desmanes acaecidos durante el 29 de marzo, asociados al Día del Joven Combatiente, tuvieron bastante prensa en todos los medios de circulación nacional (donde, sin embargo, el desarrollo de ambos actos recordatorios no tuvo espacio).

17 Aunque también es probable (pero la probabilidad es menor) que personas que habitan en la periferia, en una ciudad tan extremadamente segregada, tampoco conozcan esta comuna.

18 Michel de Certeau, utiliza estos términos al revés. Para él, los lugares "practicados" adquieren identidades y significaciones que los transforman en "espacios".

19 "¿Qué es lo que hace que uno ame una ciudad? ¿Qué nos lleva a sentir que en sus calles estamos en casa, que el aire tiene la densidad justa que necesitamos para respirar, que su ritmo es el nuestro? Para mí, sólo aquello que conversa directamente con nuestra piel, con nuestro corazón, con nuestra memoria. Que podamos allí reconocer y reconocernos. Encontrar lo que hemos vivido. Lo que ha vivido nuestra gente querida. Lo que nos han contado. Saberle los secretos a las calles, ponerle nombre a sus sombras", señala la escritora argentina Sandra Lorenzano (en http://www.sinembargo.mx/opinion/03-05-2015/34216).

20 Aunque, en estricto rigor, el pasaje donde fueron dejados los hermanos Vergara pertenece a la población Robert Kennedy y la casa donde viven sus padres es parte de la población José Cardijn, a todo el espacio se le conoce igualmente como "Villa Francia". En este territorio, los hermanos Vergara Toledo eran muy conocidos y queridos. Allí participaban en grupos cristianos y en el MIR. Cuando fueron asesinados ya estaban clandestinos y se movían por las casas de vecinos y amigos quienes les abrían sus puertas. Es decir, hacían actividad callejera. Se puede decir, siguiendo a Rossana Reguillo, que pertenecían al barrio, entendida la pertenencia como "el conjunto de vínculos, actividades, creencias y solidaridades previas (1999: 189).

21 Los padres de los hermanos Vergara Toledo tienen muy claro que el nexo con el territorio es fundamental. Así, destacan la difícil situación de otros "jóvenes combatientes" que no cuentan con un territorio tan fácilmente identificable con sus acciones y vidas, lo cual hace más engorrosas las conmemoraciones de sus muertes. Nombran el caso de Paulina Aguirre, asesinada la misma noche del 29 de marzo de 1985, en la casa de su abuela en El Arrayán (donde hacía trabajo político sola) y ejemplo aún más evidente de la invisibilización de estas memorias que Michael Pollak denomina subterráneas, así como el de Sebastián Oversluij, muerto tras un asalto frustrado a una sucursal de BancoEstado, el 2013. Éste vivía y trabajaba en distintos territorios, diferentes también de aquel donde murió.

22 En su libro El convivio teatral. Teoría y práctica del teatro, Jorge Dubatti rescata este término de los estudios de Florence Dupont sobre las prácticas literarias orales en la cultura "viviente" del mundo greco-latino y lo aplica a lo teatral, que considera una de las manifestaciones convivíales heredadas en el presente. El convivio, del latín convivium, se refiere al festín, convite, reunión, "encuentro de presencias" (2003: 9).

23 El nombre de Tamara Sol y el ideal de que sea liberada aparece en numerosos carteles, grafitis, afiches y gritos en la Villa Francia durante las conmemoraciones del Día del Joven Combatiente.

24 En https://es.wikipedia.org/wiki/Providencia (Chile).

25 Colectivo conformado en 2006 por los familiares de Guerrero, Parada y Nattino, ex alumnos del colegio Latinoamericano y otras personas preocupadas por la defensa de los Derechos Humanos.

26 Las formas de marcar o "materializar" las memorias son muy distintas. Y a través de estas "marcas" pispamos también diferencias entre ambas memorias y maneras de recordar, una que no sólo no tiene problemas en relacionarse con lo estatal, sino que lo considera como necesario y reparatorio (y se perfila más rígida e inmutable, como un monumento con bancos donde "reconocerse" y así, de alguna manera también "asentarse") y otra más crítica y subversiva con un sistema y gobierno al que no sólo no le creen ni los identifica sino que además rechazan (más espontánea, popular, contrahegemónica, escurridiza y rebelde), simbolizada en la gruta (o animita) que, como explica Oresthe Plath, nace por iniciativa del pueblo, en el sitio en el que aconteció una "mala muerte" (2012: 15).

27 Como sostiene Tim Cresswell, en Place: A Short Introduction, cuando habla de la necesidad de situar la memoria ("placing memory", dice), a través de la preservación de edificios, placas, inscripciones, para que quede inscrita en el paisaje como memoria pública (2004: 85).

28 Sentimiento que está presente en distintos soportes. Por ejemplo, escrito sobre la espalda de la chaqueta de un bailarín de tinkus, dice "Chile se levanta con rabia y razón por una nueva constitución".

29 Memorias a las que se refiere Michael Pollak en su libro Memoria, olvido, silencio, que son parte integrante de las culturas minoritarias y dominadas, y se oponen a la "memoria oficial" (2006: 18).

30 Como sostiene Pilar Calveiro, "La memoria viva, palpitante, escapa del archivo, rompe la sistematización y nos conecta invariablemente con lo incomprensible, con lo incómodo" (cit. en Lorenzano y Buchenhorst, 2007: 11).

31 "La historia no es algo muerto que pasó hace rato sino que en cada cosa actual tiene su correlato", canta en "Memoria rebelde" el artista de hip hop Subverso, que se presentó el 2015 (y lo había hecho antes) para el 29 de Marzo en la Villa Francia.

32 En los gobiernos postdictadura, la viuda de Parada, Estela Ortiz, amiga de la actual presidenta Michelle Bachelet, al igual que su hija, Javiera, ha ocupado varios cargos. Otro hijo, Camilo Parada, trabaja con Quilapayún y en el Museo de la Memoria y su hermano, Juan José Parada, en la Secretaría de Comunicaciones (SECOM), que dirige Germán Berger; Manuel Guerrero Antequera, por su parte, fue concejal de Ñuñoa.

33 El caso de Santiago Nattino fue un tanto distinto, porque si bien era militante del Partido Comunista, se cree que su inclusión en este trío se debió, más bien, a la mala suerte de que su nombre figurara en una agenda incautada por agentes de seguridad en la sede del Movimiento Democrático Popular (MDP).

34 Lo siguieron haciendo -en 1986, una vez al mes- hasta el atentado a Pinochet, en septiembre de 1986.

35 La Concertación de Partidos por la Democracia fue una coalición de partidos políticos de izquierda, centro izquierda y centro que gobernó Chile entre marzo de 1990 hasta marzo de 2010.

36 "José era una persona pública. Los dos sabíamos que corríamos riesgos, pero pensábamos que trabajar para la Iglesia lo hacía a él menos vulnerable", recuerda su viuda, Estela Ortiz, entrevistada en http://www.casosvicaria.cl/temporada-uno/el-dia-en-que-la-muerte-llego-a-la-vicaria/).

37 La Vicaría de la Solidaridad (1976-1992) fue un organismo de la Iglesia Católica de Chile que prestó asistencia a las víctimas de la dictadura militar. Allí también trabajaron Manuel Vergara y Luisa Toledo.

38 Luego de la ratificación de la condena de su nieta, Luisa Toledo intentó golpear a los jueces. Después patearía en los testículos a Pablo Honorato, periodista turbiamente asociado con la dictadura quien hasta hoy cubre las noticias ocurridas en los llamados Tribunales de justicia de Chile. Similar golpe recibió su hijo Eduardo en 1984, tras ser detenido por carabineros cuando participaba en una barricada (Torres 2012).

39 Mauricio Hernández Norambuena, alias el "Comandante Ramiro", ex jefe del Frente Patriótico Manuel Rodríguez, participó en el atentado a Pinochet en 1986, escapó de la cárcel e Alta Seguridad de Santiago y hoy cumple una condena en Brasil por el secuestro de un empresario de ese país.

40 Caminar es una actividad importante porque escenifica la incomodidad de una memoria rabiosa, pero, paradójicamente, se representa también y a la vez (con carteles, gritos, discursos), el no movimiento, lo inmóvil de un cambio social, la imposibilidad de cambiar, de superarse económica o laboralmente, así como en materias de salud, etcétera.

41 En noviembre de 2015 el abogado y columnista de el diario El Mercurio, Gonzalo Rojas, renunció a su cargo de profesor en la Universidad de los Andes a raíz de un tributo que le haría el coro de esa casa de estudios a Quilapayún, Illapu, Congreso, Inti Illimani, Los Jaivas y Víctor Jara, músicos que, según él "promueven la lucha de clases, el odio, la violencia".

 

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* Este trabajo forma parte de la investigación Teatralidad de y en distintos espacios de memoria relacionados con la dictadura en Chile (CONICYT FONDECYT/ POSTDOCTORADO FOLIO N° 3150050), periodo 2015-2017.

Recibido: 23 abril 2016; Aceptado: 28 junio 2016.

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